Capítulo 8

—En el Atrio a las 9,30, te informo que queda una hora…— Canturreó, y  riéndose colgó.

Edward lamía y besaba mi cuello, mientras sus manos masajeaban mi trasero con deleite, por lo que justo colgué y un gemido abandonó mi ser.

—Eres un demonio…—Ataqué su cuello, sin pensármelo, para después besar su boca como una hambrienta, mordisqueando sus labios y entrelazando mi lengua con la suya en una batalla deliciosa.

Me dio la vuelta y se puso sobre mí, frotando su duro miembro contra mi sexo.

—¡Edward!— Estaba preparada de nuevo.

—Cuando me has dicho que no podías…no te he creído…—Dijo entre besos y jadeos, sin dejar de restregarse lentamente entre mis piernas. Eso…me iba a llevar al límite otra vez.

Tomé su trasero con mis manos, aplicando presión contra mí, llegando con la punta de mis dedos a sus testículos, jugando con ellos.

—Mmm…lo que me haces…me vuelves loco…— Me miró a los ojos mordiéndose el labio.

Rodamos de nuevo por esa enorme cama y tomé el control. Le besé el cuello y descendí lamiéndole el pecho, tenía un objetivo, y no me iba a parar. Su erección se clavaba en mi estómago, Edward gemía al contacto y yo mordí sus pezones, escuchando como sus sonidos me alentaban a seguir con mi camino.

Llegué a su abdomen y mirándole a los ojos le lamí, para luego soplarle, vi como se estremecía, me gustaba ser yo la que le hiciera sentir así. Me sentía osada, y veía el placer en su cara, por lo tanto no necesitaba pensar mucho más.

Lentamente llegué a su miembro y lamí su punta, despacio. Edward se arqueó, buscando más contacto con mi boca, reí por su impaciencia. Con mi mano comencé a masturbarlo despacio pero haciendo presión, sin dejar de mirarle a los ojos, volví a lamer su punta deleitándome, lento. De verdad que estaba gozando con aquello, verle la expresión mientras hacía todo para él, estaba resultando muy erótico para mí.

—No me lo creo…— Jadeó. — Eres una diosa…— Su tono de voz me alentó, y despacio metí su pene en mi boca. —Bellaaaa…

Lo masajeé con mi lengua, dándole cada vez mas ritmo, a la vez que tocaba sus testículos con mis manos. Su mano sujetó mi cabeza y comenzó a embestirme sin llegar al fondo. Sus gemidos y mi acción me estaban poniendo al límite, estaba realmente mojada.

—Voy a correrme Bella…— Me avisó. Supuse que dándome la opción.

Con varios movimientos sentí como una ligera convulsión, y saqué su miembro de mi boca terminando con mi mano, se derramó sobre su vientre.

—Dios…mío…— Gritó contenido.

Me incorporé y le miré con deseo, estaba completamente loca con él. No solía ser tan decidida en la primera vez pero…con Edward era algo natural…se sentía natural.

Cogí varios pañuelos de la mesilla, y le limpié, mientras él recuperaba el resuello. Me miró y los arrojé al suelo, con una enorme sonrisa satisfecha, Le había tenido en mis manos, bueno, en mi boca, y eso se sentía bien.

—Ven aquí…— Gateé hasta él, comenzó a besarme. — Eres…

—¿Una descarada?— Me reí ocultando mi cara en su cuello, estaba excitada aún, pero de nuevo un ápice de vergüenza volvió a mí. Era algo que pasaba cuando salías de una escena puramente sexual.

—No… ¿Dónde has estado todo este tiempo?— Me reí y se me calentó el pecho, pero en seguida comenzó a besarme, nuestras lenguas se unieron en una danza sincronizada y ávida. Cortamos el beso en busca de aire. —Ahora que te he encontrado…no te voy a dejar marchar tan fácilmente.

Sus palabras hacían meya en mi interior, ¿era factible comenzar algo así? ¡Oh Ojalá!, yo lo quería conmigo para siempre…

Sin apenas darme cuenta me situó de espaldas a la cama, me cubrió por completo con su cuerpo y entrelazó mis manos con las suyas. Volvimos a unir nuestras bocas en un jugoso beso. La cordura me abandonaba estando con él. Era algo definitivo.

Sentí como una de sus manos se colocaba en mi centro mientras la otra seguía sujetando mis manos, su dedo esparció mi humedad pausadamente a través de mis pliegues. Nuestra nariz se tocaba en la punta, y nos mirábamos fijamente. No pude evitar gemir ante la destreza de su dedo.

—Oh…

—No creerás que me he olvidado de ti…— Su tono ronco estaba por transportarme de nuevo al cielo. Me separó ligeramente y vi como se llevó su dedo a la boca. — Mmm…deliciosa. — Me dejó atónita y sentí como mi sexo volvía a empaparse de nuevo. ¿De dónde había sacado yo esa tendencia al sexo sucio?

Soltó mi mano y comenzó el descenso. Besó mi mentón, succionó mi cuello, haciendo que sensaciones electrizantes y gozosas se extendieran por todo mi cuerpo. Llegó a mis pechos y con la punta de su lengua jugó con un pezón, haciéndome temblar, lo mordió sin presionar, observándome de vez en cuando, vigilando mis reacciones, todas abandonadas al placer más absoluto. Siguió bajando, besó y lamió mi abdomen y antes de meterse entre mis piernas me miró. Oh…si…

—Eres preciosa.

¡Que se pare la tierra que este y yo nos quedamos aquí para siempre!

Pasó su lengua rápido por todo mi centro, gemí, ¿cómo hacía todo eso? Se entretuvo en mis pliegues, mi entrada, y cuando llegó a mi clítoris, le agarré del pelo para acercarlo más al centro de mi placer, no dejó un rincón por explorar, y eso me volvió loca.

En un momento sentí como sus dedos entraban en mí y comenzaban un ritmo enloquecedor, su lengua mandaba espasmos a todo mi cuerpo. No podía más, sentía cómo el orgasmo no tardaría en llegar, y él seguía con sus maravillosos movimientos.

—Me…voy… —Balbuceé. — Edwaaard…—Y sin apenas poder avisarle me fui en -él…Menuda egoísta que no avisa ¿verdad? — Lo siento…— Madre mía, apenas podía respirar.

Subió hasta mi boca y me besó pausadamente, dándome a probar mi sabor.

—¿Por qué lo sientes?— Sonrió contra mis labios, y se apartó para mirarme.

—No… no, te he dado …la opción que tu a mi sí. — Mmm…dulces estertores postorgásmicos…apenas me dejaban hablar.

—¿Hay algo por lo que tenga que preocuparme?

—No…— Casi estaba recuperada del todo.

Nos quedamos en silencio, yo normalizando mi respiración. Él mirándome atentamente, con esos ojos verdes suyos, que me resultaban más impresionantes que observar las cataratas de Niágara.

—No me lo puedo creer. —Solté en un suspiro. —Eres el dios del cunnilingus. —Le miré con una sonrisa radiante en la cara.

—Me vuelves loco…creo que hoy te lo he dicho varias veces ya. —Con una sonrisa de satisfacción, se tumbó con la cabeza sobre mi vientre, y besó la zona dulcemente. Yo revolví su pelo, riéndome por las cosquillas.

—No quiero romper el momento, pero hemos quedado a las nueve y media en el Atrio. —Bufó con fastidio.

—¿Por qué no te has negado?

—Porque tenía prisa por colgar, había cosas mejores que hacer en ese mismo instante. —Seguía con sus besos, y yo comencé a retorcerme. —¿No empezarás de nuevo…?—le tiré del pelo para separarlo de mi piel, era peligroso.

—Es que creo que no tengo suficiente…— Intentó volver a besar la zona pero aproveché para deslizarme de la cama.

—¡Traidora!—Se quedó mirándome con fastidio, pero esa sonrisa torcida que me rompía amenazaba con aparecer tirando de su comisura.

—No quieras agotarme en una tarde. — Le puse pucheros.

Me puse de pies y me metí en la ducha.

—¡¡El Atrio!! ¿Pero es que nos ha tocado la lotería y yo sin enterarme?—Me quité el casco.

—Si ya sabías que veníamos aquí, me lo has dicho tú. —Se bajó de la moto.

—Es que probablemente no he procesado nada de lo que te he dicho esa tarde. —le guiñé un ojo.

Entramos al restaurante, era de lujo. Llevaba un vestido blanco de tirantes hasta el suelo, corte hippy, y unas sandalias planas.

—Yo no voy vestida para esto— Susurré.

Esto solo era un detalle más que me indicaba que estar en ese lugar no tenía sentido. ¿Acaso estaba soñando con dormir en un hotel cinco estrellas y en comer en un restaurante así?  Desde luego que podría serlo, porque el chico que me miraba con esos ojos, como si fuera una chica perfecta, tampoco parecía muy aparente para mi realidad.

Observé su atuendo, llevaba unos vaqueros oscuros y una camisa de manga larga con las mangas recogidas en el antebrazo, gris plomo. Él estaba elegante hasta en bóxers.

—Estás preciosa. No te preocupes. —Me pasó el brazo por los hombros, y me besó en la cabeza, poniéndome en  modo gelatina de nuevo.

Le dio los cascos a una chica en la entrada, la cual le hizo una radiografía completa. Me hizo gracia, se lo comió con los ojos, no era para menos, y vestido de oscuro. ¡¡Uff!! Si hasta yo dejaba de pensar solo mirándole.

Mientras yo estaba no pensando por mirar al chico que me había llevado al cielo minutos atrás, Edward me cogió la mano y seguimos al Maître hasta la mesa donde ya estaban todos.

—¡¡Pensábamos que os había pasado como a los perros!!— Emmet y sus bromas, rodé los ojos, ya lo iba conociendo. Soltó una risotada, acompañada de diferentes risas del resto.

—Y nos ha pasado, pero ya sabes… tener una veterinaria cerca, ayuda. — Callé a Emmet y sonreí al resto, que continuó riéndose.

—Lleváis un rato ¿no?, vaya chispita. —Me senté al lado de Alice, con Edward a mi derecha. Él hablaba con Jake a la vez que tomaba asiento.

—Hace cuarenta minutos que estamos aquí, habíamos quedado a y media…

—Lo siento…—Me ruboricé.

—¡¡Qué fuerte!! No os ha llegado la tarde…—Alice me susurró excitada.

—Se nos ha ido de las manos, en serio. —Bajé la voz mirando mi servilleta y poniéndola en las piernas.

—Pues imagínate los chistes después de dos James Bond de estos. — Levantó su copa.

—Ya, si Emmet nos ha iluminado nada más llegar…Pero ¿Qué carajo hacemos aquí bebiendo James Bond?—Marqué el nombre del cóctel engolando la voz como si fuera una chica pija.

—Ha sido idea de los chicos, para celebrar que hayamos empatado tan bien, y Rose ha apoyado la moción de inmediato, ya sabes lo que le gustan estos sitios caros. Solo faltabais vosotros, y parece ser que no ha habido ningún problema de conexión…—Hizo un gesto obsceno con sus manos debajo de la mesa, sólo a mi vista.

Esto demostraba que a Alice las copas le estaban haciendo bastante efecto.

—¡Alice!— Le miré alzando las cejas, haciéndome la escandalizada.

—Es que esto debe llevar varios licores. — Y una risita tonta abandonó sus labios. No pude evitar reírme.

—¿Quieres una copa mientras esperamos la cena? — Edward llamó mi atención poniendo su mano sobre mi pierna, la estúpida sonrisa de hacia unas horas volvió a mí, como ese calor para nada pegajoso proveniente de su contacto.

—Creo que paso, prefiero agua, estoy cansada y con una copa quizá no responda…míralos. — Reí observando al grupo, estaban pletóricos, la voz de Emmet estaba por encima de todas. — Ya van calentitos.

—Yo también beberé agua, tenemos que volver en moto…

—¿En qué hotel estáis?— Rose interrumpió. Yo resoplé. — ¿Es una mierda?

—¡Noo!— Reaccioné.—Al revés, estamos en…El Four Seasons. —dije el nombre tan bajito que no tardaron en reaccionar.

—¡¿Qué?!— Alice y Rose exclamaron a la vez. — ¿Ha dicho Four Seasons? — Se preguntaron la una a la otra.

—Sí, he dicho El Four Seasons. — Miré a Edward, que negaba mientras reía.

-Vamos, es un hotel sin más. —Dijo el chico de mi lado como si fuera un incomprendido.

—No, Ed, es un pedazo de hotel. — Rose hizo gestos con sus manos abiertas.

La cena pasó entre chistes y risas, además de las miradas muy significativas, a veces demasiado, entre cada pareja. Todos hablamos de nuestras vidas.

Emmet y Jasper trabajaban juntos en una empresa de automoción, eran ingenieros mecánicos. Estudiaron juntos, coincidieron en asignaturas con Jake que era ingeniero industrial, de ahí su amistad.

A través de una novia de Edward amiga de la compañera de piso de Jake, durante los primeros años de facultad, se hicieron grandes amigos. Desde entonces, aunque todos diferentes en casi todo, eran como hermanos.

Yo me sentía realmente cómoda, como hacía mucho. En apenas un día Edward y yo teníamos tanta complicidad que parecía que lleváramos tiempo saliendo. Mientras hablábamos sus manos se posaban sobre mi pierna, espalda, brazo… acariciándome, haciéndome sentir que estaba ahí, guiños, sonrisas y miradas intensas salpicaron la velada.

No había inseguridades, era yo sin más, nunca me había sentido tan realmente yo con alguien, es decir, no es que me gustara fingir, pero siempre se daba la situación en la cual pensaba demasiado lo que hacer o decir. Bien, este no era el caso, y me gustaba la sensación de libertad que me daba el estar a su lado.

—¿Continuaremos la fiesta?, hay un pub en la playa que es una pasada. — Jasper nos miró a todos.

—Por mí sí, ¿Emmet?— Rose  se le veía muy animada. — Eso de chiringuito de playa me gusta.

—Por supuesto muñeca, yo contigo donde quieras. — El enorme chico se inclinó hacia ella buscando un beso tras el comentario, con un gran ¡oooh! por parte de todos.

—¿Qué dices?— Ed me susurró mientras el resto se decidía. — A mi me da igual, si quieres volver a casa nos vamos.

—No quiero ser aguafiestas pero no me apetece demasiado. Prefiero irme a casa. —Le puse carita. ¿Más fiesta? No gracias.

—Me gusta el plan. — Me besó en la mejilla.

—¿En serio?

—Si Bells, ayer nosotros bailamos suficiente. Y ha sido un día largo. —Me sonrió.

Capítulo 9

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