#41#

Bella anudaba sus dedos de manera nerviosa y se quedaba observándolos largo rato. Rose y ella estaban en la habitación de la rubia, sentadas en la cama. Tras un rato en el cual Bella quedó entre los brazos de su amiga, siendo reconfortada con dulces círculos sobre su espalda y palabras de consuelo, la situación estaba más o menos controlada según Rose.

—Vamos a ver cielo, tienes que tranquilizarte, no quieres una tila porque te dan asco, y no hay manera de que tomes ningún fármaco para que te relajes. Te ordeno que inmediatamente dejes de martirizarte con el tema. —Bella alzó la vista con una mirada asustada, asintió.

Rose se aproximó a ella y desató sus manos, las cogió entre las suyas y comenzó  a hacerle suaves círculos sobre sus dorsos.

—Respira hondo, ya estás aquí, y nadie te va a pedir que te vayas. No te vas a encontrar con nadie que no quieras, pero por favor te lo pido, deja de machacarte. —Le tendió un vaso de agua fresca que había dejado en la mesilla y Bella dio un sorbo que refrescó todo su cuerpo, el cual parecía hervir.

—Ha sido dantesco…—susurró.

—¿Acaso esperabas algo más suave? Desenmascarasteis a James delante de su mujer. La cual no creía ni una sola palabra de lo que le habíais contado. Se encontró con todo el mogollón encima. —Apretó sus manos. —Y James, poco me parece que hizo, con lo imbécil que es. Edward debe de imponerle bastante, claro después del puñetazo que se llevó en la isla…—Hizo que Bella sonriese unos segundos acordándose del momento. —Menudo gancho derecho tiene tu chico nena…—Empleó un tono macarra con la última frase y Bella se relajó un poco más, dejando ver su sonrisa más amplia. —No tenía ni idea de lo que estabais tramando, no sé cómo Edward te lo dejó hacer.

—¿Por qué?, era la única manera. Y Edward no sabía nada hasta que Jasper me entregó la grabación—Bella le miró confundida.

—Jasper…—Bufó y rodó los ojos. —Espera que le ponga las pilas. Y no, no lo era, no a mi parecer. Tú no tendrías que haberte metido en estos líos en tu estado. A veces te crees la Madre Teresa o algo así y asumes todo, sin importarte tú y tu estado Bells. No estoy de acuerdo con todo esto, pero ya es tontería decir nada, está hecho y bueno, salió…bien. James está fuera y Kate destrozada pero informada. — Bella gimió acordándose de la hermana de Edward. —Ahora tu mente tiene que salir de ese sitio donde la tienes. Deja de sentir empatía por esa mujer, porque tu situación actual es muy diferente. Deja de pensar que te odia, porque…bien—Dudó. —Seguro que ahora sigue haciéndolo, pero en el tiempo que tarde en darse cuenta de lo que has hecho por ella, créeme, estará más que agradecida contigo. —Bella le miró esperanzada. —Céntrate en ti por favor, en lo que tienes entre manos y en Edward, que ese hombre pierde la cabeza y lo que no es la cabeza por ti.

Eran esas palabras las que necesitaba oír, de una amiga cercana. Estaba claro que Edward era posible que se las hubiera dicho, si su shock tras pedirle que se le llevara de la casa de sus padres se le hubiese pasado durante el camino. Pero Bella necesitaba ese hombro amigo en el que apoyarse. Al fin y al cabo Kate era hermana de Edward, y por mucho que quisiera, lo de ser imparcial en este caso no lo veía ella muy viable.

—¿Mejor?—Rose se agachó ligeramente para entrar en el campo de visión de Bella, la cual estaba un poco perdida en sus pensamientos.

—Si. —Murmuró. —Gracias. —Le sonrió y respiró hondo.

—Ahora te voy a pedir el favor de hablar con tu chico. No lo dejes al margen de esto, se siente culpable de todo, tenéis un alma mártir ambos que no me sorprendería que os beatificaran. —Rose rodó los ojos y Bella se rio de nuevo. —En serio, sois tal para cual. Le voy a llamar, y habla con él. Podéis quedaros ambos en casa, yo por mí encantada, aunque ahora tendré que restringir mis gritos orgásmicos y amordazar a mi chico que, en serio, —Le miró cómplice— este sí que berrea llegado el momento.

Entonces sí, Bella rompió en carcajadas ante el comentario socarrón de Rose.

Edward caminaba de un lado a otro de la estancia mientras Emmet le miraba casi sin parpadear.

—Si  yo estaba convencido de que esto iba a hacer que se cayera, y he sido un irresponsable. Debería haber actuado por mi cuenta, ya teniendo las pruebas podía haberlo hecho sin Bella, pero me compra, me mira y me compra. Me asegura que tiene que estar allí, que ella es fundamental para hacerlo…mierda Em, soy pésimo. ¿Cómo no iba a romperse?, ver así a Kate, si eso destroza el alma aunque no estés implicado. Y ese…—Apretó los dientes. —…mira no me quiero calentar, porque todavía salgo a buscarlo y le doy todo lo que no le he dado en casa de mis padres por respeto. Tendrías que haberle visto mirar a Bella, con una suficiencia. —Llevó el puño cerrado a sus dientes y reprimió el grito de ira.

—No creo que este estado de nervios que tienes encima beneficie a Bella, y me da la sensación que yo no tengo el mismo efecto en ti que Rose con tu novia. —Emmet estaba confundido, porque de lo que tenía ganas era precisamente de eso que Edward decía, salir y destrozar a ese bastardo hasta que se le quitaran las ganas de existir, pero estaba claro que él no podía dejarse llevar por el ímpetu del momento.

—¿Se querrá quedar sola?—De repente Edward se sintió invadido por el pánico. Era consciente de que quizá ella necesitaba tiempo para ella, pero él no estaba preparado para dejarla después de todo. –Joder que mierda…¿a qué precio todo esto?…¡mierda!

—Vale ya. —Emmet se levantó y sujetó a Edward por los brazos. —Yo no sé cómo manejarlo, pero vale ya. Me va a dar un infarto si sigues por ese rumbo. Tío, estoy empezando a sudar. Ya está hecho, y después de lo que ha supuesto no os va a afectar de tal manera que os aleje. Simplemente habla con ella, a ver cómo está. —Edward le miró directamente. — Todo el tinglado iba encaminado a que saliera de vuestras vidas y de la de tu hermana, ya está, ahora no la jodais, simplemente. —Le dijo levantando los hombros.

Rose apareció en el salón y encontró a Emmet en la posición de agarre sobre un Edward apunto de salírsele los tornillos del cráneo.

—Por aquí los nervios están peor que por allí, por lo que veo. —Dijo abriendo los ojos en actitud sorpresiva. —Vais a hablar, pero tranquilamente Edward. Que esto no es una pelea vuestra. Deja de hacerte culpable.

Emmet le sonrió orgulloso y Edward le miró frunciendo el ceño. Se preguntó cómo era posible que le conociera tan bien si apenas se habían visto unos minutos cuando llegaron a su casa.

—Si. —Edward pasó raudo por el lado de Rose y se dirigió a la habitación donde Bella estaba mucho más tranquila.

—Eres una gran terapeuta nena, ¿no crees que deberías de dejar la publicidad y dedicarte a psicoanalizar?. —Emmet le estrechó en su abrazo y besó su coronilla.

—Madre mía que cosas dices Em. El caso es que tú no tienes mucha destreza para relajar a Edward.

—Estaba pensando que si no dejaba de dar vueltas al salón, saldría yo mismo a estrangular a ese retrasado con mis propias manos. —Rose se alejó de él  mirándolo con una ceja alzada.

—Acabáramos. —Negó con la cabeza mientras rodaba los ojos.

Cuando Edward entró en la habitación, Bella se mordía el labio nerviosa, no sabía cuánto daño le había causado queriendo estar con Rose ante todo. No lo había pensado, simplemente su actitud defensiva se vio necesitada de su mano amiga, no por ello quería desplazarle pero no había sido consciente de cómo lo había hecho.

—Hola pequeña. —Le susurró al  cerrar la puerta.

—Ed. —Murmuró mirándole tratando de sonreír. —Lo siento.

—No lo sientas, no tienes la culpa de nada, al revés. —Se sentó a su lado, nervioso.

—No quería hacerte daño, no quiero separarme de ti…—te necesito cerca, es solo…—Los ojos se le aguaron, cómo alejare de ese hombre al que amaba como si fuera parte de su corazón, de una manera palpable.

Edward se acercó más y la acogió en su regazo. El tamaño de Bella era pequeño, y con la barriga había aumentado pero no tanto como para que Edward no pudiera hacerse con ella para plagarla de mimos.

—Lo sé nena…lo sé. A veces necesitas otro tipo de consuelo. —Besó su cabelló mientras ella hundía su cara en su cuello aspirando su olor, algo que terminó de relajarla. —Ahora solo quiero que pienses en ti, en estar bien, yo si no quieres no me voy a ningún lado. —Había formulado su petición de la única manera que podía hacerlo, no quería separarse de ella ese día ni los sucesivos, a no ser que se lo pidiera.

—Me encantaría que te quedaras, pero…— Tragó saliva. — Tu hermana, quizá sea mejor que estés con tu familia.

En el fondo ella ni se había planteado no estar con él. Que necesitara de Rose no significaba que quisiera prescindir del amor que vertía sobre ella Edward.

—Mi hermana está bien, está arropada por mis padres, y…mi familia eres tú Bella. —Volvió a acunarla acariciando sus brazos por encima de la sudadera que Rose le había dejado para que estuviera más cómoda. —¿Quieres hablar?

—No. —Bella sabía que se refería a lo ocurrido en casa de sus padres hacía unas horas. —Quiero olvidarlo. Solo espero que todo esto haya merecido la pena y que tu hermana se reponga. —Las lágrimas volvieron a hacer acto de presencia, se acordó de la devastación que para ella supuso la ruptura con James. Y se dio cuenta de lo manipulador y la dependencia que podía crear a su alrededor.

—Está bien pequeña. —Besó su coronilla mientras la acunaba con pequeños movimientos. —Ella va a estar bien. Dime que tu también, dime que vas a estarlo. — Edward se sintió enfermo cuando vio la mirada perdida de Bella suplicándole que le sacara de su casa. Se sintió culpable de todo lo que estaba sucediendo, y ahora necesitaba la confirmación por su parte de que todo iba estar bien—

—Contigo. Estando contigo todo está bien. —Ella trató de introducirse en su cuerpo cuando le estrechó con fuerza, dentro de las posibilidades con su ya gran panza. Sintió otra vez ese pinchazo en el abdomen y se removió incómoda.

—¿Estás bien?—Edward ahuecó el abrazo y le miró fijamente.

—Si. —Sonrió. —el cansancio, el estrés, supongo que nuestro bebé no puede con todo.

Edward notó como la boca del estómago se le cerraba con un fuerte pinchazo. S algo le pasaba a su bebé, si todo esto ponía en peligro a Bella…

—Eh…—Bella le sacó de su espiral negativa a tiempo pasando una mano por delante de sus narices. —Estoy aquí.

—Lo sé pequeña. —Sonrió de manera casi forzada.

—Esa no es mi sonrisa. —No quería verlo preocupado. Suficiente con lo que había provocado pidiéndole salir de su casa.

—Eres imposible. —Entonces la sonrisa plena de Edward apareció sin censura y Bella recorrió sus labios con la yema de su pulgar.

—Te amo tanto…te siento tan dentro de mi. —Edward llenó sus pulmones de aire como si fuera la primera vez que respirar en todo el día.

—Y yo preciosa. —Las tripas de Edward rugieron haciendo que ambos se miraran con sorpresa en la cara. —Apenas he comido nada. —Reconoció bajando la mirada .no quería volver sobre lo mismo.

—Yo tampoco, y ahora mi bebé tiene hambre. —La conversación tornó ligera, y ambos lo agradecieron de manera infinita en silencio.

—¿Te apetece salir? O mejor comemos en casa. De todas maneras tengo que invitar a estos amigos tan geniales que tenemos.

—Sin duda. —Suspiró y evaluó las sensaciones de su cuerpo.

No estaba muy por la labor de salir de casa. Habían llegado esa mañana a Nueva York y a ella le parecía que había pasado una semana como poco.

—Preferiría cenar en casa. —Le miró a través de las pestañas. —Pero si queréis salir a cenar por ahí a mi no me importa quedarme.

—Yo… ¿sin ti?… ¿Dónde?—Le miró alzando una ceja. —Eso es…imposible. –Y acto seguido enterró la cara en su cuello. Inspirando su olor, ese que l e volvía loco. Dejó un reguero de besos por debajo de su oreja y la escuchó suspirar. — Estaré siempre contigo. —Le susurró haciendo que se le pusieran los pelos de punta, acercándose más a su cara para conseguir más fricción por parte de sus labios.

Carlisle estaba en el salón, tirado en el suelo con su nieta, pintando en unos folios esparcidos por el suelo.

—Ezte ez Papá Noel. —Ella le mostró el dibujo naif que había hecho en colores rojos de un hombre grande. —¿Lo podemos poner en el árbol abuelo?—Carlisle asintió con una sonrisa y se levantó con ella para ponerle un lazo y así poder sujetarlo.

Esme entró en la sala, y Carlisle le miró preocupado. Ella le sonrió levemente. Kate había conseguido dormirse tras su momento de pánico que a sus padres les pareció una eternidad, y una hora completa llorando y preguntándose por qué. Finalmente optaron por que se tomara un ansiolítico, de esta manera descansaría algo.

—Abuela mira. —Sofía llegó a sus piernas con el dibujo. — ¿Le guztará? Ez como una fotografía del tío ¿verdad?— Su cara con una sonrisa llena hizo que Esme sintiera una devastación interna ante los hechos. Su nieta no se merecía lo que estaba pasando. Nadie se merecía tener un padre así. Y tan pequeña, sin entender nada en absoluto.

—Si Cielo, es igual que una foto.

—Ze la enzeñaré a tío Ed cuando venga. ¿´Le le ha hecho fotoz a Papá Noel también?. — Llevó el dibujo a su abuelo y este hizo un agujero par pasar un lazo rojo.

—Pues…supongo que si, que habrá estado en el Polo Norte con él. Ya sabes que tu tío viaja mucho.

—Para la prózima vez que vaya le diré que pida directamente miz regaloz. Azi me loz trae todoz seguro. —La niña hablaba mas para ella que para los demás. A sus abuelos se les rompía el corazón. Pero se sobrepusieron a las circunstancias para hacerle ver a su nieta que todo estaba igual.

A unos kilómetros de allí, James, estaba sentado en una barra de un bar. Se terminaba su décimo whisky. En tal estado de ebriedad que ni siquiera pensaba en el daño que había hecho hacía unas horas. Solo pensaba en que la ansiedad de los días atrás, esperando la llegada de Bella, había sido en vano. El día había llegado y él se encontraba mano sobre mano con él mismo. Tan diferente a la escena que esperaba. De alguna manera pensó que se encontraría probando su piel, pasando su lengua por zonas que él sabía que se estremecería. Sintió su entrepierna protestar y se maldijo dentro de su hélice etílica. Apretó el vaso con fuerza, tanta que los nudillos quedaron blancos.

—Zorra…—Siseó para sí mismo.

Se sintió perdedor de todo. En ese momento no se acordaba que tenía una hija, ni una mujer a la que había destrozado por completo. Estaba embebido en su obsesión por Bella. Verla embarazada solo acrecentó su deseo hacia ella. No le importaba que llevara en su seno el hijo de otro hombre, ni siquiera que ese hombre fuera el maldito Edward Cullen, siempre con su aire de suficiencia, creyéndose el mejor con todo. Pensó que le iba a arrebatar a la madre de su hijo, que iba a tenerla en sus momentos más calientes, el hecho de que ella quisiera serle infiel, según habían planeado en su charlas por teléfono , era algo que hacía que la adrenalina corriera por su cuerpo, llevándolo al éxtasis. Pero en ese momento todo era mentira. Todo había sido una trampa.

—Ponme otro…—Arrastró las palabras y levantó el vaso, indicando que quería un whisky doble, sin hielo. Necesitaba que el líquido ocre quemara su garganta, para sentirse vivo por encima de todo.

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