#16#

Tras la siesta, que no sirvió para descansar, la lluvia había parado.

Se dirigieron en camión hasta una playa en el noroeste de la isla, cerca de un pueblo llamado Chuini. Allí, Kofi, un chico que había trabajado en el Hotel el año anterior, se iba a casar en una boda típica suajili. Lo sabían desde hacía tiempo, y decidieron que era una oportunidad para el reportaje.

Cuando salieron a la playa donde se iba a celebrar el ritual, el sol se dejaba ver entre unos nubarrones negros y el inquieto mar. Rose y Bella se pusieron un enorme pañuelo vistoso haciendo la función de vestido típico, mientras que los chicos llevaban unos pantalones y camisas blancas de lino.

Edward estaba haciendo fotos mientras Rose, Emmet y Bella se encontraban en un lateral alejados del altar preparado en la playa.

—¿Por qué llevan telas negras y velos? Parece un funeral—Emmet tenía una pequeña libreta donde iba apuntando todo aquello que consideraba importante para el artículo.

—Es una parte de la ceremonia se llama kupamba, en el momento en el que se casen los novios todas la mujeres se quitarán esas telas oscuras y…bueno, ya verás. Es interesante. —En ese momento los novios hicieron aparición y Edward se puso al lado de Bella. Esta no podía evitar sentir un suave hormigueo cada vez que ese hombre se le ponía cerca.

—Creo que va a llover. —Dijo Edward en un susurro a Bella. Miró al cielo, las nubes cada vez adquirían un color más oscuro.

—Espero que respete la ceremonia. — Una brisa fresca se deslizó por los cuerpos de los asistentes y novios, sabían que en poco el chaparrón llegaría. Bella tembló por la brisa, y Edward sin dudarlo ni darle mayor importancia al gesto, le pasó un brazo por los hombros, reconfortándola con su calor.

Ella se sentía alucinada de su comportamiento con él, fuera y dentro de la habitación se había convertido en alguien seguro de sí mismo sin cuestionarse nada, y lo impresionante era que se sentía natural y bien.

—Nakupenda pia, nakutaka pia, mpenzi wee. —Ambos contrayentes terminaron la ceremonia con esas palabras y el hombre le retiró el velo negro y la tela oscura, dando lugar a un vistoso y espectacular peinado, a la vez que a un vestido colorido y llamativo.

—¿Qué le ha dicho?—Edward le preguntó a Bella a en un susurro.

Ella no sabía suajili, pero no era la primera vez que estaba en una boda de ese tipo, además de que era una frase tan cargada de sentimientos que ella se la sabía de memoria.

—Te amo también, te quiero también, mi amor. —Le susurró de vuelta, y Edward sintió calor en el pecho. Confundido miró al frente sin querer pensar.

La familia de la novia había dispuesto una especie de carpa hecha de telas típicas impregnadas en aceites previendo el día de lluvia. Los novios estaban sentados en el centro en el suelo, el resto estaban desperdigados por las alfombras. La familia pasaba con bandejas de comidas y bebidas continuamente.

Bella estuvo un rato hablando con los novios, mientras que los tres amigos comían y bebían en una de los lados de la tienda. Edward notaba a cada instante la atracción que el cuerpo de Bella le provocaba al suyo, y aunque quería contenerse físicamente, cada vez que la miraba le daba la sensación de que se le insinuaba, pasando su mano por el cuello, mordiéndose el labio inferior, sonriéndole abiertamente, tan distinta a los días de atrás, se le notaba como libre, y si a eso sumaba el alcohol, se sintió perdido por esa mujer.

La música comenzó a sonar de nuevo, pues se tomaban varios descansos, y las mujeres empezaron a cantar, creando una atmósfera tribal.

—Están sacando a Bella a bailar y están mirando hacia aquí. —Dijo Rose entre aterrorizada y divertida. —A mí que no me saque.

—Creo que te señalan a ti Ed. —Dijo Em riéndose mientras tomaba un chupito de un licor bastante fuerte.

—No creo. —contesto incrédulo.

Bella negaba, y el novio, junto con su padre, se reían mientras la animaban a bailar, entonces la novia y su madre se acercaron donde estaban los chicos. Con una sonrisa enorme evitando cualquier negación por su parte se dirigieron a Edward, diciendo algo que ninguno de los tres entendía.

—Está claro que te llevan a bailar. — Emmet no paraba de reír.

—¿Por qué a mí? —Dijo mientras se incorporaba y sentía cómo el alcohol subía de golpe a la cabeza.

—Te han visto abrazar a Bella durante la ceremonia, estoy convencida de que se piensan que sois pareja. —Rose se unió a las risas de Emmet viendo la cara de desconcierto de Edward, mientras se lo llevaban al centro con unas cálidas sonrisas.

Más gente se unió al baile, y en seguida pusieron a Edward al lado de Bella, se sintió torpe, al igual que ella, bailando, o intentando bailar, esos rítmicos golpes de tambor.

—No tengo ni idea de que hacer. —Le dijo Edward acercándose un poco más a ella.

—Déjate llevar. Míralos. —Ella reía, y él le sonrió pensando que era preciosa, el rubor cubría sus mejillas y los ojos brillaban, le pareció irresistible, se quedó perplejo con la luz que desprendía.

Edward se fijó en los novios que tímidamente se acercaron, para quedarse muy juntos y hacer unos pasos a la vista sencillos, golpeando el suelo mientras él sujetaba su cintura. Edward, envalentonado por el alcohol se aproximó a Bella y se pegó de la misma manera, dejándola asombrada.

—Edward no…

—¡Estoy copiándoles!—Le dijo al oído cuando la notó tensarse.

Entonces unas manos los separaron casi de manera brusca y Edward se quedó parado ante la cara risueña de Bella. Un mujer le gritaba algo inteligible mientras les señalaba a ambos. Bella se le acercó sin pegarse a él y disculpándose con la señora.

—Solo los casados pueden bailar pegados. —Le dijo riéndose.

—Si supieran lo que hemos estado haciendo horas atrás no se habrían puesto así. —Bella sintió

calor y para distraerse forzó una risa tonta. — ¿Podemos salir fuera?, o tampoco está permitido. — Bella captó el tono ronco de él al instante y notó como su interior se activaba.

Asintió y de forma discreta se fueron alejando de la zona de baile, saliendo por uno de los lados de la tienda. Seguía lloviendo, y el cielo estaba más oscuro que de costumbre por las enormes nubes que lo cubrían.

Edward sujetó la mano de Bella, comenzó a acelerar el paso  valiéndose de la luz que desprendía la fiesta. Llegó debajo de una palmera baja y se ocultaron en las enormes hojas que casi llegaban al suelo. Edward apoyó a Bella contra el tronco, la lluvia torrencial les había empapado por completo, las respiraciones por las prisas y la excitación que de la nada habían creado, eran erráticas.

—No entiendo que es lo que me pasa, pero te miro, te rozo, y me enciendo. —Edward se aproximó a ella tratando de cubrir su pequeño cuerpo con el suyo, apoderándose de su cuello con sus labios. Con sus manos comenzó a acariciar su espalda y cintura, despacio.

—Hablas como un pirata de esos de los cuentos. —Bella aunque también caliente por sus caricias, no pudo evitar reírse de ese golfo que parecía caer él mismo en sus trampas.

—Pues serán cuentos eróticos…dime… ¿los lees?—Se despegó de ella lo suficiente para tenerla bajo su dominio.

—Puede, pero después de estos días no los voy a necesitar. —Le devolvió osada.

—¿En serio crees que somos dignos de relatos eróticos?— Le habló con los labios posados en su boca.

Bella soltó una carcajada, más para esconderse y librarse de continuar con esa conversación que por otra cosa.

—Deja de reír. —Le susurró. —Lo voy a sustituir por tus gemidos. — Le dijo fingiendo fastidio.

—No te molestes, a mí también me pones, pero creo que lo controlo más que tú. — Sacó la lengua para pasarla de forma rápida por los labios de Edward.

—¿Estás segura? —Le preguntó sagaz levantando una ceja.

—¿Es que me vas a retar?

—¿Acaso quieres un reto?— se acercó a sus labios y cuando ella los iba a besar él se retiró.

—Vaya Edward…ahora te vas a resistir…—Bajó la mano a la parte más prominente de su pantalón, haciendo presión en su abultada erección y el gimió cerrando los ojos fuerte.

—Cuando te pones en plan malota…—Pegó su boca  al oído de la entregada chica. —…puedes conmigo…—Y levantándole de forma muy discreta la tela que le cubría hasta los pies  comenzó a acariciarle los muslos. Ella gimió bajo. La lluvia que se filtraba entre las hojas les llegaba en forma de gotas mojando sus caras. — Pero yo también puedo jugar contigo, —Le acarició entre las piernas por encima de las bragas. —Es imposible que la lluvia haya llegado aquí ¿verdad?—Le torturó mientras le susurraba. — Abre las piernas un poquito más…para mi…—Y ella obedeció.

—Deja de mandarme… —Le costaba centrarse en ser superior a él mientras hacía eso con ella.

—Si te encanta. —Le dijo contra su boca para después lamerle los labios y besarla con rudeza.

Los jadeos de Bella eran cada vez más audibles, los dedos de Edward entraron en su interior sin ninguna parsimonia, y mientras la penetraba con dos de ellos, el pulgar le rozaba su hinchado clítoris, provocándole con el conjunto, que se despeñara por ese precipicio sin vuelta atrás.

Cuando Edward sintió que ella estaba a punto de llegar al orgasmo aumentó la velocidad y se apartó de su cara ligeramente para observarla mientras ella se corría.

—Cómo me calienta ver cómo te dejas ir. —Bella sufría los placenteros espasmos del orgasmo y Edward se sentía duro ante su tacto, los flujos recorriéndole la mano y la cara de placer de esa mujer entregada absolutamente a él.

Dejó de temblar apoyada contra el tronco y observó cómo Edward sacaba su mano de debajo de su vestido para llevársela a la boca, y volvió a excitarse. Sin saber de dónde sacó fuerzas y se apartó de él dejándole confundido.

—¡Apóyate ahí ¡—Se aprovechó de su perplejidad y apoyándole contra el tronco , comenzó a besarle como si no existiera mañana, saboreándose a sí misma en su boca. Él gimió al sentir su lengua vivaz en sus labios y en su boca, abrasándole sin vuelta atrás. Bella apoyó su abdomen en su erección y comenzó a moverse provocándole una fricción exquisita. Las manos de él la sujetaron por la cintura y por la nuca, profundizando un poco más lo que ella había comenzado. El centro de Bella palpitaba en busca de algo de roce, pero estaba cansada de ser una marioneta en sus manos, y quería demostrarle que ella también tenía iniciativa.

Metió la mano en su pantalón y sujetó con firmeza su excitación, haciendo que Edward aguantara la respiración, tenía la mano fría, y el contraste con su miembro le lanzó más allá de lo que podía controlar. Se ayudó de su mano para bajar el pantalón junto con el bóxer y liberarlo para gozar de mayor libertad de movimientos. De manera  suave esparció la humedad de su punta con el pulgar, mientras le masajeaba con deleite y le miraba a la cara.

—¿Quieres que la meta en mi boca?—Le preguntó sobre sus labios. Ella sintió el poder de sus palabras en el latigazo que su duro miembro dio. Se aplicó en sus movimientos. — ¿No puedes hablar?—Le preguntó melosa. —Te diré lo que te voy a hacer. —Le dijo dominante.

—Bella…—Jadeó, estaba al límite.

—Voy a meterla en mi boca poco a poco. —Le dijo mientras con su mano le hacía sentir exactamente cómo iba a ser. — Pasaré la lengua despacio por aquí…

—Oh…—Edward comenzó a gruñir.

—Para succionar ligeramente desde aquí. —Haciendo un aro con sus dedos presionó del glande hacia abajo y hacia arriba. —Y luego abarcarla toda hasta mi garganta así…— Rodeó el miembro con su mano y lo masturbó firmemente. —Sentiré como te corres y me tragaré todo…

En un movimiento desesperado y al límite de su autocontrol Edward sujetó a Bella por la nuca y la besó de la misma manera brusca que ella jugaba con él. Y como Bella no paró en sus movimientos, Edward explotó al momento. Esparciendo su culminación por el suelo.

Necesitaron un minuto para serenarse, el uno en brazos del otro.

—No lo has soportado. —Bella, tremendamente excitaba por lo que acababa de hacer le habló con un puchero en la cara.

—Te vas a enterar. — Edward le amenazó. —WAW— Espiró con fuerza. —Eres increíble pequeña. —Y le besó dulcemente.

—¡¡Bella!!—Una voz femenina les sacó de su burbuja erótica y ambos se tensaron. —¡¡Bella!!—Era Rose.

Ambos comenzaron a reírse nerviosos.

—Somos como adolescentes. —Dijo Bella rompiendo el apasionado momento que acababan de vivir. Edward seguía riendo, y tenía a Bella abrazada a su cuerpo, sentía su calor y la vibración de su risa.

—Tenemos que salir, han debido terminar. —Edward hablaba contra la frente de ella, mientras depositaba tiernos besos en la misma.

—Qué vergüenza, ninguno nos sabemos controlar. —Rió.

—Somos de sangre caliente Bells. Anda, espera aquí un minuto y luego sal, iré yo primero.

—¿Y qué vas a hacer con esto?—Bella rozó intencionadamente el miembro de Edward, que estaba al aire. —Tu ropa está mojada, y se  te va apegar haciéndolo  muy visible. Ya salgo yo. —Y besándolo, como si fuera algo que llevaran haciendo años, salió del escondite.

—¡¡No puede ser!!—Rose se aproximó a ella riendo. — Estáis muy malitos…

—Shhh, ¡Rose por favor!. —Increpó Bella visiblemente acalorada. —No hemos hecho nada. —Mintió y se sonrojó.

—Lástima mi interrupción. —Dijo sin ocultar el tono jocoso. —Si es que en serio, ¿no os podéis esperar al anoche o algo así? Tu desde que te corres por los taxis a plena luz, todo te queda pequeño. — Le susurró, Bella hizo gestos para dejar eso de lado.

—¿Se ha terminado?

—Pues no lo sé. Se han reunido todos con los novios y están como despidiéndose, pero no lo tengo claro. Emmet está dentro sin idea alguna de que hacer, por eso he salido a buscaros, pensé que estaríais hablando o algo así, salidilla. —Le dijo con retintín. Empezaron a caminar hacia la enorme tienda. —¡¡Edward puedes salir, me imagino en qué estado estás!!—no paraba de reír. — ¡Ni se te ocurra aliviarte…!—Le dijo un poco más bajo.

—¡Rose!—Se llevó un codazo de advertencia.

Edward salió riéndose y ahuecando su camisa.

—Si al fin y al cabo es obvio. —Dijo acercándose a ellas. —Lo bueno es que los tres estamos  mojados.

—¡¡A ver si se van a pensar que hemos estado haciendo un trío!!—Rose añadió y ambos se pusieron a reír como dos lunáticos, mientras Bella sentía que la vergüenza la iba a absorber como un tifón.

Edward le abrazó por los hombros y le besó en la mejilla.

—Tranquila. —Le susurró. El calor que quedó con su beso provocó a Bella sensaciones que no tenía ganas de sentir. — A ti no se te nota lo empapada que estás. —Añadió ladino, lamiéndose uno de los dedos de su mano, discretamente.

—Entremos de una vez. —Un escalofrío terminó en su centro y se irguió del gusto.

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