#27#

—A mi me gustaría…—Murmuraba Bella casi dormida.

—Shhh. —Edward a su lado, abrazándola desde la espalda, y cobijándola en su pecho, acariciaba su brazo embelesado con la sensación de su suave piel.

—En serio…pero es que a penas puedo abrir los ojos. —Intentó reírse, pero incluso para eso estaba cansada.

—Ya habrá tiempo…—Musitó Edward en su oído. —Además dijimos que de momento el sexo tampoco entraba en los planes.

—En los tuyos. —Aseveró Bella adormilada. —En los míos si…—Edward rió ante la tajante afirmación.

—Descansa. —Besó su sien y a Bella se le escapó un suspiro indicando que ya estaba dormida.

Cuando Bella se despertó por la mañana se sentía tan descansada,  tan plena, que se habría puesto a gritar de alegría si no llega a ser porque compartía cama. Le miró de nuevo, apoyado sobre la almohada, con el pelo broncíneo cubriéndole la frente, el torso desnudo y con la sábana cubriéndole hasta la cintura. No lo pudo evitar y con los dedos le retiró el pelo.

Edward comenzó a sentir los movimientos de Bella y arrugó la nariz.

—Vaya… ¿dormiste bien?—Le preguntó sin abrir los ojos haciendo que se sobresaltara.

—Si. —  Hizo una simpática mueca acordándose de  cómo la noche anterior no podía mantenerse despierta.

—Creo que voy a tener que hacer caso a los chicos cuando dicen que te inyecté morfina y no sé cuantos somníferos con mi eyaculación.

—¿Eso dicen?—Edward abrió los ojos y sonrió. —Que cabrones…

—¿Es normal que duermas tanto? ¿Que sea tan súbito?— Se apoyó sobre sus codos y miró a Bella tumbada boca arriba.

—Parece ser…—Levantó las cejas.

—Me gustaría hacerte una proposición. —Bella, que últimamente se sentía excitada y eso había aumentado desde que Edward estaba a su alrededor, sintió una punzada de anticipación en el estómago. —No es eso Bells…—Edward desvió la mirada a su almohada. — Aunque bueno… sabiendo que está en tus planes…no lo descarto. —Sonrió pícaro ante una Bella sonrojada hasta el tuétano.

—Soy tan ovbia…que vergüenza…—Miró al techo.

—Está bien que lo seas. —Pasó la mano suavemente por su cara. — He pensado que como te vas a quedar por aquí unos días en casa de Rose…quizá si tu quieres, podrías venir a conocer a mis padres. —La cara de alarma de Bella fue inmediata. —Si tu quieres…

—Esto…no se… ¿así?… ¿tan rápido?

—Ya, ya sé que de momento no tenemos nada…

—Bueno, un bebé en camino. —Aseveró.

—Ya claro…eso ya lo saben, me refiero en cuanto a nuestra relación…

—He de admitir que me da un poco de corte, no sé. —Bella se sentó y miró al frente. —Te lo explico así de corrido y luego tu ya comentas lo que quieras ¿te parece?

—Claro.

—Si tuviéramos claro lo que tenemos, yo en cualquier momento podría refugiarme en ti. Me refiero a tratar de sentir tu apoyo, o que estás ahí. No quiero decir que tu familia me vaya a poner en un brete, pero yo necesito algo de seguridad y…no se actuar contigo, no sé qué hacer, si dejarme llevar por lo que me apetece, es decir, darte la mano, buscar tu abrazo, encontrarme con tu mirada y que me reconforte…Es una locura lo que estoy diciendo después de mi estado y de lo que hemos hecho…pero es así…—Se volvió y miró a Edward que estaba sentado apoyado contra el cabecero.

—Ven aquí. —Bella se apoyó sobre su pecho y se dejó abrazar por él mientras las manos de Edward acariciaban su espalda con suaves movimientos circulares. —Te entiendo, no tenemos confianza, todo aquello que hicimos en la isla, pasar de una relación personal, y solo disfrutar, nos pone una barrera, pero yo creo que teniendo los dos las cosas claras, es decir, yo quiero estar contigo, y tu parece ser que también ¿no?—Bella asintió, gozando de aquel momento de declaraciones con él. — Pues dejémonos llevar, todo lo vamos a hacer con el corazón, porque además hay una parte que no puede salir dañada, y es esta. —La mano de Edward voló al vientre de Bella, la cual sintió otra vez ese hormigueo que Edward provocaba en ella.

—Oh…Dios Mío…estoy tan salida…—Susurró ganado una carcajada de Edward.

—A esto me refiero, seamos sinceros con nuestros sentimientos y sensaciones en cada momento, esto hará que nos conozcamos mejor. — Él siguió acariciando su costado y cuando encontró el final de la camiseta de dormir introdujo sus dedos para rozarle la piel, sintiendo cómo esta se ponía de punta. — Estás muy sensible. —Afirmó.

Bella no contestó, simplemente comenzó a acariciar de manera suave el pecho desnudo de Edward, rozando con sus yemas los pezones, observando cómo reaccionaban. Besó uno de ellos y lo lamió con la punta de la lengua.

—Tú también lo estás. —Susurró.

—Déjame hacerte el amor. — Descendió de su posición cogiendo la cara de Bella entre sus manos y la besó con pasión, creando entre las lenguas y los labios de ambos una danza que ya conocían, pero que habían echado de menos.

Con delicadeza Edward movió a Bella para que descansara sobre la cama mientras él se posicionaba sobre ella sin caer con todo el peso. Solo dejó de besarla para descender con suaves besos húmedos por su mejilla y cuello para llegar hasta su oído, donde paró para susurrarle.

—¿Lo has echado de menos?— Su mano que ya estaba dentro de la camiseta de Bella acariciaba sus pechos con cuidado, se sentían un poco más hinchados, y Edward pensó que lo mejor sería tratarla de manera delicada.

—No sabes cuánto…—Gimió sintiendo cómo el pulgar y el índice de ese hombre jugaban con uno de sus pezones.

Edward se incorporó para ayudarla a quitarse la camiseta.

—Eres tan bonita. —Le dijo mirándola.

Se sonrojó de nuevo, él nunca había hecho ninguna referencia a su belleza, y menos mirándola como en ese momento estaba haciéndolo. Una lágrima inesperada salió de los ojos de Bella corriendo rauda por su sien para perderse en su pelo.

Edward besó su sien y se lamió los labios sintiendo el sabor salado de su lágrima.

—¿Estás bien?—Le susurró.

—Si…—Bella sonrió con los ojos brillantes, se sentía vibrar en ese momento, y su corazón pedía paso a través de las costillas a un ritmo desmesurado. — Estoy demasiado sensible para que me digas cosas bonitas.

—Pues vas a tener que llorar mucho, porque no pienso callarme ni una. — Buscó sus labios y ambos empezaron a perderse en sus besos, en el sonido de sus respiraciones, del deslizar de sus pieles.

Edward comenzó a bajar de manera sinuosa sobre el cuerpo de Bella, dejando un reguero de besos allá por donde pasaba. Se detuvo en sus pechos, y dejó un beso en su pezón haciendo que de nuevo se pusiera erecto. Con la punta de la lengua jugó sobre él, y después sopló levemente. Bella ahogó un gemido y Edward le miró directamente, sonriéndole como nunca le había visto, Bella pensó que se desmayaría, eran demasiadas sensaciones y demasiado potentes, contando que no había hecho más que empezar.

—Tienes unos pechos muy apetecibles. —Susurró y ella se mordió los labios en un gesto de deseo con una mezcla de vergüenza.

Los lamió,  los besó, y absorbió sus pezones con suavidad haciendo que Bella contuviera la respiración.

—Vas a destrozarme los nervios. —Jadeó ella sin pensar. Se escuchó la risa de Edward amortiguada contra su piel.

Edward continuó descendiendo a la zona sur y se detuvo en el abdomen de la mujer que portaba a su hijo en el vientre. Lo besó de manera delicada, y Bella sintió derretirse con ese gesto tan paternal.

Cuando llegó a la humedad de Bella, esta se mordió el labio, allí Edward siguió dejando besos de manera lenta, despacio le abrió las piernas y se colocó entre ellas.

—Siénteme ¿vale?—La miró directamente a los ojos, oscuros por la excitación, y ella tragó saliva de manera audible, entonces Edward con una sonrisa ladeada descendió y besó el interior de su muslo, el cual ya estaba mojado por los líquidos de su excitación. Con el pulgar separó sus pliegues extendiendo su humedad, y de una manera exquisitamente lenta comenzó a lamerle, procurándole un placer, que Bella no estaba segura de poder soportar.

Las sensaciones estaban multiplicadas por mil, y no sabía si era porque hacía tiempo que no había practicado sexo, o porque realmente ese hombre era un as en todo aquello.

Edward disfrutaba de los gemidos de Bella, y con un brazo sujetó las piernas de la mujer inquieta por su destreza. Mientras lamía en círculos su clítoris, introdujo un dedo en su cavidad, sintiendo su sobresalto. Y torturándola de una manera lenta comenzó a moverlo mientras despacio le lamía.

—Edward…—Gimió, y él se relamió al escucharla. Le encantaba tenerla así, y lo había pensado tantas veces en soledad, y había pensado que era algo que no iba a suceder más, que ahora lo estaba disfrutando como nunca lo había hecho.

—Dime nena…—Y sopló en su excitación a la vez que de forma pausada introdujo otro dedo más y continuó torturándola con la boca.

—No puedo más…—Le costaba respirar. — ¡No puedo más!—Edward sintió cómo las paredes se estrechaban contra sus dedos y sin dudarlo aumentó el ritmo con ellos y la presión con su lengua, para acto seguido sentir sus espasmos y sus líquidos sobre su boca.

—Si Bella, estás deliciosa…toda tú eres deliciosa. —Le lamió la zona mientras ella disfrutaba de los últimos coletazos del orgasmo brutal.

—Entra en mi…quiero sentirte dentro…—De repente Bella le rogó, teniendo la necesidad absoluta de sentirlo en su interior. Todavía los escalofríos le recorrían sin piedad haciendo que su centro se estremeciera con la lengua de él recogiendo los restos de su culminación.

Edward se incorporó con la lujuria corriendo por sus venas. Esa petición  solo hizo que ponerlo al límite.

—¿Es eso lo que quieres?— Le preguntó taimado mientras acariciaba sus piernas y abdomen con dedicación. Bella asintió, arrebatada, lamiéndose los labios ahora secos por la respiración errática y profunda que había experimentado.

Edward se puso sobre ella sin pesarle y le besó con ansias. Ella sujetó su nuca profundizando el beso, y alzó las caderas para rozar su miembro más que presto para entra en ella.

—Vamos…hazlo ahora. — Entonces él, ayudándose de su mano, lo colocó a la entrada, y en un solo movimiento entró, dejando que ambos gimieran al unísono.

—Oh Bella…—Estaba apoyado sobre sus codos y mientras embestía, y sentía que iba a explotar, la besaba de vez en cuando. — Que bien se siente…

—No…te lo vas….a creer…

—Dime…

—Me…—Edward sintió las paredes de nuevo estrecharse y solo bastó eso para que él le acompañara en su subida al cielo. —…estoy corriendo…

—Oh…si…—Él tembló con ella, y quedaron unidos durante unos segundos.

Edward le besó el cuello, a la vez que salía de su aturdimiento, y ella comenzó a reír como una lunática.

—Los recuerdos no te hacían justicia. —Siguió carcajeándose y él, extrañado, se apartó rodando en la cama y llevándosela con ella para que se colocará sobre él.

—¿Perdona?—Le miró alzando una ceja.

—Sí, no pensarás que no me he acordado de esto…

—Nunca hablamos de ello por teléfono.

—No sabía si tú estabas dispuesto a hacérmelo recordar. —Los dos reían.

—Vamos…—Le miró desafiante—¿Crees que yo podría olvidarlo?—Pasó sus dedos  por el costado de Bella y esta tembló. —Es genial cómo reaccionas.

—Bueno…las hormonas tienen algo que ver.

—Benditas hormonas entonces. — Sujetó su cara por el mentón y le besó de manera lenta y profunda, envolviéndola de nuevo en una locura muy placentera.

Ambos se sintieron excitados, pero Bella, siendo más obvia, pasó una pierna por encima de las suyas y en un gesto inconsciente se apretó contra él, mojándole a su paso.

—¿Estás lista para otra vez?—Cortaron el beso y Edward le miró risueño.

—Debe de ser la abstinencia de estos meses. —Le dijo cohibida y apartando la pierna.

Él se la sujetó y le acarició justo detrás de la rodilla de una manera muy suave, haciendo que Bella se sintiera más encendida todavía.

—A mi creo que me pasa lo mismo, o bueno…que eres alguien irresistible. Ya lo comprobé cuando te conocí. —Bella se quedó pensativa con el principio de su frase. Y él la sintió ausente. — ¿Bella?—Frunció el ceño.

—¿Qué?—Salió del trance.

—Te has…ido.

—¿No has estado con nadie?—Preguntó directamente para darse cuenta de lo indiscreta que era la pregunta. —Perdona…no…yo no quiero…—Él puso un dedo en sus labios haciéndola callar.

—No. —Le dijo tajante. —Cuando me fui pensaba que no era para tanto, que había sido una aventura, un poco más intensa que las demás, pero una aventura al fin y al cabo. Pero según pasaba el tiempo y no dejaba de pensar en esos días, me preguntaba que estarías haciendo, y aunque las chicas intentaran algo, yo no cedía, me di cuenta de que no podía estar con otra persona. —Bella le miró con los ojos como platos.

—¿Porqué te fuiste del hotel tan rápido?, no sé si quieres hablar de ello, pero… no lo entendí. No te voy a juzgar por violento y pegar a James, ni por celoso compulsivo, solo…bueno, quería saber, nunca lo hemos hablado. Además, no esperaba que volvieras al hotel. —Edward inspiró profundo.

—Voy a ir por partes. —Bella se sentó cruzando las piernas para mirar de frente a Edward y este se apoyó en el respaldo. — Fui a la isla porque en dos días echándote de menos me di cuenta que quería conocerte más. — LE dedicó una sonrisa inocente. — Entonces llegué y me encontré con la escena de…

—James. — Apuntó Bella como si pensara que él no tenía porque acordarse de su nombre.

—Sí, James. El caso es que yo le conozco. —Bella frunció el ceño y recordó cómo James había hecho algún comentario raro después del golpe. — Él es… El ex marido de mi hermana. —Paró y le miró a la cara para observar su reacción.

Bella sintió que las orejas le bombeaban y que el estómago le daba un vuelco. Recordó a la mujer y a la niña en la isla y un escalofrío nada agradable le recorrió el cuerpo.

—No puede ser…—Susurró.

—No quiero que te sientas mal, por favor. —Edward sujetó sus manos con ternura y se introdujo en su campo de visión, ya que ella se había quedado mirando a un punto inconcluso. — Es un canalla de mucho cuidado.

Una sensación de desasosiego se instauró en el cuerpo de Bella. Pensó en que al final ella se había interpuesto entre la vida de la hermana y la sobrina de Edward, se sintió la responsable de su situación inestable.

—Se divorció de ella por mi culpa…—Dijo ella mirando a la nada.

—No…no fuiste tú…cuando me vio en el hotel y supo que le había pillado, volvió a Nueva york y le pidió la separación a Kate, supongo que para adelantarse a lo que yo le tenía que contar.

—Me dijo que  le había pedido el divorcio cuando vino a la isla por segunda vez…—Le enfocó con la mirada saliendo de su ensoñación oprimente.

—No…—Edward negó confuso.

—Hijo de puta…—Siseó.

—Tranquilízate, ¿vale?, es un bastardo, no hay que darle más vueltas. El caso es que me fui de allí y no sé qué era lo que más me alejó, ver cómo te besaba, reconocerle como mi cuñado en ese instante. Simplemente huí…se me da bastante bien eso de marcharme y no mirar atrás.

Hubo un minuto de silencio, que en realidad pareció más tiempo. Edward retorcía las sabanas de una manera nerviosa y Bella miraba sus movimientos. Puso su mano sobre la de él y ambos levantaron la vista para mirarse.

—Bueno, ahora estás aquí…—Ella le sonrió con cariño y él le correspondió mientras asentía. No quería ni pensar en cuanto de embaucador era James, no le hacía bien en ese momento. Tenía tantas cosas en las que pensar.

—La verdad es que no sabía si seguías con él, porque cuando Kate contó que le había pedido el divorcio, era algo tan rápido, que no sabía si era porque habías decidido darle una oportunidad. Prefería no saberlo y volví a huir. —Chascó la lengua mientras negaba y sonreía—. Cuando de repente me dijiste por teléfono la primera noche que hablamos, que no estabas con él. Me hiciste realmente feliz. — Ella se enterneció con esas palabras.

—Si te hubieras quedado para hablar esa noche…

—Lo sé, soy bastante estúpido, y luego tardar tanto en llamar…

—Justo el día que me dijeron lo del embarazo. —Ambos sonrieron—. Edward… —Bella tomó aire.

—Si… —Bella apretó las manos del hombre con decisión.

—Creo que no estoy preparada para ir a tu casa, no después de lo que me acabas de decir.

—Suponía algo así, pero tienes que saber que no pasa nada. Tú no tienes la culpa de nada, simplemente te dejaste… —Pensó un segundo en cómo llamarlo sin que ninguno de los dos se sintieran dañados con la palabra—, embaucar por un tío casado, el cual te mintió, al igual que hizo con mi hermana. Solo sois dos víctimas del mismo hombre.

—Me siento fatal, no sé si podré mirar a tu hermana alguna vez a la cara… —La atrajo hacia si para abrazarla.

—No me importa que tardes en conocer a mi familia, pero lo que no te voy a consentir es que te sientas responsable de nada de lo que ese cabrón les hizo.

—Quizá si yo no hubiera cedido… —Dio contra su pecho.

—Habría sido otra la que habría caído. —Besó su cabeza y ella se relajó completamente en sus brazos

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