Capítulo 51

3 Abril

Edward POV

Cuando llegamos al hotel la tarde anterior Bella se quedó alucinada, no se imaginaba que íbamos a alojarnos en un lugar más cercano a las historias de la Mil y una Noches que a la realidad. Tras la cena y una ducha rápida se durmió profundamente. Era temprano, lo que me hizo poner en marcha el plan.

Abrí la puerta para dejar paso al servicio de habitaciones, eran las tres de la mañana, había dejado dada la orden en recepción en un momento en el cual Bella estaba distraída y embelesada con el entorno del hotel.

Mi chica dormía plácidamente, sin enterarse de nada, sin moverse ni un ápice.

Preparé el desayuno en la sala y cogí el zumo de naranja, me dirigí a la cama. Dejándolo en la mesilla comencé a destapar su espalda. Dormía completamente desnuda, su suave piel estaba al descubierto toda para mí. A pesar de estar en la fresca madrugada el termostato de la calefacción llevaba ya un rato puesto a una temperatura ideal.

Besé sus hombros, retiré su hermosa melena hacia un lado, su cara tenía una plácida mueca, era preciosa. Me puse sobre ella sin rozarla nada, sin pesarle, apoyado en mis rodillas y codos, seguí besando su espalda hasta llegar a la zona más baja, la sentí moverse y escuché un suspiro.

—Edward…— Se regodeó en mis besos y caricias. —Es muy temprano amor…, ni siquiera veo luz por las ventanas.

Seguí besándola, le destapé su trasero y le masajeé esa zona con ternura, deposité unos besos castos cercanos a su entrepierna haciéndola tensarse.

—Oh…Ed…cielo…—Comenzó a gemir bajo.

Mientras bajaba hacia sus pies, mis manos masajeaban sus muslos. Me arrodillé en la cama y le sujeté uno de sus pies, ella aprovechó para volverse, mostrándome sus pechos, su cuerpo desnudo, su belleza natural. Miró alrededor mientras le hacía un pequeño masaje en la planta, sabía que se rendiría a mis caricias.

—Esto es…—Toda la habitación estaba llena de pequeñas velas, alrededor del jacuzzi en los bancos de piedra pegados a las paredes, en las mesa, en el suelo. Hacía verse mágico, completaba el aura de la estancia que ya de por sí te hacía trasladarte a una época lejana y exótica. —…precioso.

—Es para ti. —Seguí con su otro pie, y ella se rindió al placer del masaje.

—Mmmm cielo…dime que he hecho yo para merecer esto….

—Ser tú mi vida, ser mi Bella. —Besé sus plantas y le miré lleno de felicidad.

—Sé que será un corte de rollo pero…—Su voz sonaba perezosa por su reciente despertar. —… muero de sed.

—Tienes zumo en la mesilla. —Sonreí. Se volvió y miró la copa con admiración.

—Madre mía…— Vació la copa en unos segundos.

—Te conozco demasiado pequeña. — Me tumbé a su lado, frotando con mis manos sus costados, haciendo que se estremeciera a mi contacto.

—Que pretendes rubio…—Me sonrió llegando a mis labios.

—Amarte preciosa, para siempre. — Y nos fundimos en un beso profundo, mezclando nuestros sabores a través de las lenguas juguetonas.

Me puse sobre ella, besé su mentón, con ternura, sus manos acariciaban mi espalda, como si a través del tacto quisiera memorizar cada porción de piel. Bajé mi boca hambrienta su cuello, mordiendo levemente el lóbulo de su oreja, sentí su escalofrío, y mi cuerpo lo recibió en una notable sensación de excitación. Seguí descendiendo al sur, atrape uno de su s pequeños y duros pezones, me volvía loco morderlos, chuparlos, y sentir cómo en esos momentos Bella jadeaba y apretaba sus manos sobre mi cabeza, pidiendo más.

El contacto entre nuestros cuerpos era casi completo, sentir su piel, su olor, mezclado con el mío, con su excitación, la cual yo obviaba conscientemente, era algo tan potente que me hacían perder el norte, y acelerar el proceso para hundirme en ella. Pero no, hoy la iba a amar lentamente, iba a darle cada segundo de lento placer, para que recordara siempre esta espiral de sensaciones.

Ella parecía haber captado la cadencia del momento, no solicitaba más, simplemente se dejaba llevar, sus manos eran comedidas en sus caricias, su s labios lentos en sus besos, saboreando cada momento.

Me aparté de su cuerpo colocándome de lado, atrayéndola hacia mí, quedando uno en frente del otro. Me besó mientras con su mano acariciaba mi pecho, haciéndome que me tensara con sus tiernas caricias. Sus manos viajaron por mis costados, aumentó la fuerza del beso, se hizo más demandante, sus uñas seguro dejaron un camino encarnado por la porción de espalda por la que se arrastraron, haciendo que mi excitación palpitara. Mi mano sujetó su trasero con fuerza pegándola contra mi erguido miembro, su jadeo quedó aplacado por mi boca y mi gemido ante el contacto. Comenzamos a movernos el uno contra el otro en busca de contacto, de fricción, Bella pasó su pierna por encima de mi cuerpo y mi pene se impregnó de su humedad.

—Oh…preciosa, estás empapada.

—Me estás deshaciendo por dentro amor…

Mientras mi miembro rozaba con su sexo mis dedos volaron a su entrada, despacio, introduje la punta de uno de ello. Su cabeza se echó hacia atrás, gimiendo mi nombre. Sonreí, me mataba verla presa del placer, tenía consecuencias directas sobre mí.

Aproveché para lamer con fruición su cuello.

—Eres demasiado sexy cuando te abandonas Bella…—Jadeé contra su piel. —Haces que tenga que acelerarme—. Continué metiendo y sacando despacio mis dedos de su interior, sentía cómo ella se apretaba cada vez más contra mi erección. Yo estaba haciendo esfuerzos por no perder la cordura. Sentía su clítoris sobre mi glande, ella trataba de rozarse con más fuerza. Y yo estaba a segundos del no retorno.

En un rápido movimiento me tumbé sobre mi espalda y la puse a ella sobre mí. Me besó, era demandante, vi cómo sus ojos emanaban lujuria, su cara gritaba deseo, tenía un sexy gesto que decía que esto estaba ya hecho. Se irguió sobre mí, y ayudándose de su mano colocó mi pene en su entrada, sin dejar de mirarme a los ojos.

—Ahora mando yo. —Un excitante sonrisa surcó su cara. Se dejó caer suavemente, haciéndome sentir su interior lentamente arropando mi masculinidad.

Los dos gemimos al unísono, al sentir que estábamos conectados. Bella comenzó a hacer movimientos circulares, esto se sentía demasiado bien, y después de la estimulación anterior, me veía al borde del precipicio. Sujeté con mis manos sus caderas.

—Vaya…gatita…me tienes al límite. —Gemí, y ella respondió mordiéndose el labio inferior y mirándome intensamente. Los círculos sobre mi cuerpo se fueron convirtiendo en ochos, haciendo que la fricción fuera perfecta. Mi mano izquierda dejó de sujetar su trasero con fuerza para comenzar a rozar su clítoris, ella dejó escapar un jadeo en el momento en que sintió el contacto. Despacio, al igual que el ritmo de su cuerpo sobre el mío, hice círculos sobre su centro.

Bella comenzó a galoparme, estaba muy excitada, el rubor de sus mejillas lo demostraban, y el hilo de sudor que caía entre sus pechos le daban una imagen sensual al límite. Sentí sus paredes estrechar mi miembro, me sentía al borde de alcanzar el orgasmo, y solo faltó la descarga que sufrió el cuerpo de Bella y las palpitaciones de su sexo sobre el mío, para derramarme en su interior a la vez que ella alcanzaba el cielo.

Su trémulo cuerpo me abrazó, jadeando, buscando oxígeno.

—Te amo tanto pequeña, eres una gran amazona. —Le dije en su oído. Sentí su risa vibrar contra mi pecho, combinada con su intento de normalizar la respiración.

—Me estoy entrenando para conseguir Cum Laude en prácticas sexuales. — Me hizo reír acordándome de mi broma con mi hermano.

Flash Back 30 Diciembre.

Bella POV.

El pueblo de Cadaqués resultó ser una preciosidad, de cuento, era como esos óleos de pueblos pesqueros, pero real.

La cuñada de Edward ya estaba en casa, y aquello era una revolución en torno a la pequeña Laura, era una delicia.

—Te queda muy bien en tus brazos. —Esme estaba encantada de ser abuela, la felicidad que se respiraba en aquella casa era intoxicante, imposible no contagiarte, era como un mundo aparte.

—¿A quién no le queda bien? Es preciosa por favor. —Laura cogió uno de mis dedos y lo apretó en su manita mientras bostezaba con su boquita de piñón. — Pero que bien os ha salido.

Alan y Sofía estaban abrazados en el sillón, ella tenía alguna molestia, pero lo llevaba con mucha naturalidad.

—Esto es cuestión de practicar, y estoy seguro de que vosotros ya estáis matriculados en prácticas. —Alan tenía el mismo humor que Carlisle, estaba muy claro, todos rompieron en una sonora carcajada, que manía de hablar de sexo.

—Alan…—Le reprendió su mujer. —No lleva más que unas horas y ya la estas sacando los colores. —El acento de Sofía era genial, resultaba muy graciosa.

—Tranquila Sofía, creo que ya se me está pasando eso de avergonzarme por las bromas de ese tipo.

—No es una broma, es real. A ver si te crees que esta cosita bonita sale sin práctica—Alan le dio a Edward un toque en la rodilla y se rió a la vez. Este le siguió la broma.

—Nosotros estamos en segundo, y nos hemos graduado en los dos cursos con Cum Laude— Ambos estallaron en risas.

—Estos chicos…son como su padre, vale por favor. —Esme puso mesura en el asunto.

—Creo que Laura tiene sueño Sofía, será mejor que vaya con mamá. —Se la pasé a su madre besándole la manita.

Fin Flash Back.

Edward POV.

—¿Por qué te estás vistiendo?—Bella me miraba desde el sillón donde seguía comiendo pedazos de fruta. —Si son…—miró su reloj de pulsera. — ¡¡Las cuatro y media!!—Su cara adquirió un gesto de asombro digno de una fotografía. — ¿A qué hora me has despertado con tus intenciones pecaminosas?

—A las tres y media. —Sonreí travieso mientras me ponía mis pantalones trekking.

—Yo…—Se tiró sobre el sofá dejando que parte de la sabana que tapaba su desnudez se cayera dejando uno de sus pechos al descubierto. —…Tengo sueño…—Puso pucheros. —…Estas no son horas…—Se mordió el labio de esa forma tan jodidamente sensual. — ¿Por qué no volvemos a la cama ahora que tenemos fuerzas renovadas?— Una sonrisa lasciva y completamente incitante me golpearon fuerte.

Me forcé a no mirarla, sería tan fácil perderse en este momento y en su cuerpo de pecado.

—Tienes que vestirte amor. Abrigarte bien, y en quince minutos nos vamos. —Me miró tratando de poner ojos tristes. — ¿Confías en mi?

—Por supuesto cielo. —Y se levantó hacia el baño quedándose completamente desnuda ya que la sábana quedó sobre el sofá, contuve la respiración, era mi debilidad.

Eran las cinco y media, la cara de Bella era un poema, su nariz estaba roja por el frío de la madrugada, y sus ojos paseaban de un globo aerostático a otro si casi parpadear.

—¿Vamos a subirnos?— La abracé para darle calor.

—Claro… ¿te da miedo?— Por un instante me di cuenta que no tenía ni idea si ahora le gustaría.

—Para nada, me encanta…—Seguía mirando alrededor. —¿Con toda esa gente?

—No, nuestro globo es ese, y solo nuestro. —La sentí temblar de anticipación.

—¡Madre mía Ed!—Su voz aguda por la emoción me hizo reír. La atraje hacia mí y besé su coronilla.

Vi como el chico con el que haríamos la travesía subía las enormes cajas a la cesta, y nos hacía un gesto para que le siguiéramos. Subiéndonos por una escalera al techo de la camioneta accedimos al globo, el cual tenía un enorme sofá con mantas de piel para taparnos.

Con un ruido tremendo, el globo, antes que los compartidos, comenzó a ascender, garantizándonos un vuelo un poco más íntimo.

Bella y yo estábamos acurrucados sobre el sofá, parte de la cesta era más baja para que sentados pudiéramos ver el amanecer.

—Ahora hacen falta las mantas, dijo el chico que manejaba el aerostático, pero en cuanto salga el primer rayo de sol, hará mucho calor aquí. —Me guiñó el ojo cómplice. Mis nervios aparecieron por primera vez durante la mañana, miré a Bella que tenía una cara de sorpresa y emoción preciosa, completamente ajena a lo que se cocía en mi interior.

El cielo fue adquiriendo los colores del amanecer, tuvimos suerte, estaba completamente despejado. Nos sirvieron un té caliente, que nos reconfortó en el frío de la mañana.

—Esto es…precioso, nunca lo habría imaginado Ed. —Yo me acordé que eso no era cierto.

—Es de los amaneceres más espectaculares ¿no crees?—Asintió sobre mi pecho.

—Gracias Edward, ha sido una mañana perfecta, esto es…mágico.

Suspiré y me levanté del sillón dejando a Bella sentada y bien arropada. Me arrodillé mientras sentía cómo el sol comenzaba a salir por el horizonte, el crepúsculo había terminado y a mí me tocaba empezar.

Bella se me quedó mirando atónita. Saqué su mano de debajo de la manta, algo cálida por tenerla tapada, con mi mano izquierda, mientras que la derecha daba vueltas al anillo que tenía custodiado en el bolsillo, pensé no llevar la caja, demasiado aparatosa para el momento.

—Bella,—Le miré a los ojos con tanta intensidad como mi corazón sentía a mor por ella. — Entraste en mi vida con un empujón, parece increíble. —Me reí acordándome del momento y le vi a ella sonreír cómplice de mis pensamientos. — Ahora, después de pasar por situaciones que bien parece que lleváramos diez años juntos, quiero que sepas que eres lo mejor que tengo en mi vida, que deseo pasarla contigo , porque sin ti se convierte en vacía, en nada, te necesito cerca, te necesito al lado, te quiero conmigo, porque te amo , tanto que me da la sensación que tanto amor no cabe en mi pecho y en cualquier momento se romperá derramándolo. Por todo esto y por mucho más…que ahora no me sale porque estoy demasiado nervioso. —Una risa estúpida abandonó mi boca. —…te pido…—Saqué el anillo caliente de tanto tocarlo. —Que te conviertas oficialmente en mi mujer…si quieres…claro….

Había ensayado trescientas veces el discurso, en el avión, en casa, en el autobús, en el baño, daba igual, me convertí en un adolescente trémulo y solo conseguí decir lo que salió en el momento.

Bella tenía los ojos brillantes, el sol en el horizonte se reflejaba en su mirada, dos rápidas lágrimas surcaron sus mejillas llegando a su sonriente boca.

—Edward…si…—Susurró. Entonces, temblando puse el anillo en su dedo medio izquierdo. Lo miró. —Pero…se pone en el de al lado…

—Yo te lo pongo en el corazón, porque conseguí atraparlo de nuevo. — Se echó a mis brazos y me besó, me sentí dichoso, me sentí en la gloria.

Con ella en brazos me senté en el cómodo sillón y el chico que nos atendía nos trajo dos copas de champán.

—Por nosotros, por nuestra vida juntos.

—Por seguir viviendo momentos tan mágicos como este. —Me dijo con sus ojos chocolates fijos en los míos. Entonces brindamos y bebimos sin perdernos de vista, con mi mano le hice la señal al chico, y mientras mirábamos al horizonte abrió las cajas a los lados de la cesta, de ella surgieron cientos de mariposas azules volando a nuestro alrededor para luego salir hacia el amanecer, creando un espectáculo brillante.

Bella se encogió sobre mí.

—Precioso…—Susurró con los ojos vidriosos.

—Cuenta la leyenda, que en la Capadocia estaba el único lugar de la tierra donde convivían las hadas y los humanos sin problemas, hasta que un hombre y un hada se enamoraron, algo que estaba penado con la muerte. La reina de las hadas perdonó a los amantes, pero convirtió a las hadas en palomas. A partir de entonces, aquí abajo en las chimeneas de las hadas, es donde los hombres se encargan del cuidado de las palomas.

—Y yo prefiero a las mariposas… —dijo Bella en un susurro—. Creo que hacen más justicia a las hadas que las palomas… —Se volvió hacia mí con una sonrisa enorme, y los ojos brillantes como nunca—. Me acuerdo de eso, me acuerdo de estar en la cama de ese hotel, hablar contigo, que yo te conté la historia…¡me acuerdo de todo!

—Te amo Bella.

—Te amo —me devolvió.

Las conexiones de Bella cada vez eran más y sus recuerdos de nuestra relación y de su vida anterior, eran mucho más habituales con el tiempo.

Enamorados, sumergidos en nuestros besos y comprometidos, así surcamos el cielo de la Capadocia, dispuestos a afrontar lo que nos deparara la vida juntos, unidos para siempre.

Epílogo

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