Capítulo 15

Acción de Gracias.

Bella POV

Abrí la puerta, mis tías estaban con sus chubasqueros puestos y unos gorros a juego, muy simpáticas.

—Hay dulce, esto de la lluvia me harta. — Hilary me besó al entrar.

—¡¡Quitaros las botas antes de entrar!!—Mi madre gritó sacando la cabeza de la cocina, puse los ojos en blanco, a veces se pasaba con sus órdenes.

—¿Está aquí, cielo?—Jackie me preguntó mientras me besaba. Asentí con una sonrisa.

Entramos al salón.

—¡¡Mis cuñadas!!—Charlie se levantó del sillón haciendo teatro para saludarlas.

Edward también lo hizo, visiblemente tenso, le miré sonriendo, me devolvió la sonrisa, inquieto. Adoraba el esfuerzo que hacía por integrarse en mi familia.

—Oh Charlie, te está saliendo panza. —Hilary no se cortó, como siempre, y le miró directamente la zona que sus palabras señalaban.

—Se me han juntado las abdominales en una Hilary, que estoy apuntado al gimnasio. —Rió mientras se pasaba la mano por la barriga.

Mi tía le miró despectivamente mientras Charlie se volvió a sentar en el sillón con gesto despreocupado.

—Y bien, Bella…—Hilary se adelantó hasta nosotros.

—Tías, él es…

—¡¡Edward!! Guapísimo, todo un bombón. — Mi tía Hilary lo captó para darle sendos besos en las mejillas, Edward estaba colorado hasta las orejas, pocas veces le había visto tan ruborizado. —Yo soy la tía Hilary.

—Encantado. — Edward respondió azorado.

—Que voz, querida. — Jackie, que era más cortada que tía Hilary le miró maravillada. —Yo soy tía Jackie. —Y se acercó a besarle.

—Un gusto. —Podía ver su vergüenza vagar a sus anchas, y me dieron ganas de sacarlo de allí.

—No, querido, el gusto es nuestro. —Respondió tía Hilary mirándole de arriba abajo.

—¡Tía!—Le reprendí. —Es mi chico ¿recuerdas?— le agarré por la cintura.

Edward sonreía turbado pero no emitía palabra.

—¡Dejad al chico!— mi padre se pronunció desde el sofá. —Lo estáis agobiando, siéntate hijo, no tengas miedo de estas cotorrillas, en el fondo son inofensivas.

Mis tías le miraron altivas, con la ofensa plantada en sus mirada.

—¿Vamos a echar una mano a mamá a la cocina?—Traté de llevármelas del salón.

Antes de salir le di un beso rápido a Edward y un te quiero mudo. Admiraba su temple, además de sentirme tremendamente orgullosa del impacto que causaba en todo el mundo.

La comida comenzó tras agradecer como todos los años la unión de la familia, los alimentos y como dijo mi tía Hilary, “gracias por la llegada a casa de un imponente chico que provoca que mi sobrina esté radiante”. No me podía creer lo que estaba diciendo.

Empezamos con el pavo.

—Y dinos, Edward—Tía Hilary se arrancó de nuevo—¿Qué es lo que le haces a nuestra sobrina para que esté tan guapa últimamente?— Me sonrojé violentamente y abriendo los ojos como platos miré a mis tías, las cuales se reían, mis padres lucieron como si no se hubieran dado cuenta de la connotación de esas palabras.

—¡Tía!— Le grité.

—Bella ya era preciosa cuando la conocí. —Miré a Edward, que como ya había hecho el cupo de sonrojos, supuse,  lucía un color  normal.

Me sonrió mientras cogía mi mano, le devolví la sonrisa.

—OH querido, eres encantador. —Jackie le miró obnubilada.

Porque eran mis tías, si no, durante muchos momentos debería haberme sentido celosa.

Edward POV

Si pensaba que Reneé era mordaz, desde luego que quedó relegada a la posición de estupenda suegra cuando conocí a las tías. Lo de Hilary era impresionante, la cantidad de indirectas directas que soltaba sin parar haciendo que me sonrojara una y otra vez.

En el momento de su agradecimiento levanté la mirada y la vi sonreír mientras pronunciaba su complacencia, era tremenda, su hermana Jackeline le dio ligeramente con el codo para recriminarle. Yo bajé la mirada al plato disimuladamente.

—Pásame la salsa de arándanos, querido. — Hilary captó mi atención. —Y bien…—comenzó el bombardeo, lo veía venir, no iba a poder probar bocado a gusto en toda la comida. — ¿Como llevas eso de que Bella esté aquí en Taunton mientras tú estás allí en Nueva York, Edward?

Tragué el trozo de pavo y me limpié con la servilleta.

—Tía…—Bella comenzó a hablar, le hice un gesto para que me dejara a mí, estaba claro que no me libraría y no podía tener a Bella de escudo toda la comida. Ella asintió.

—No me gusta estar lejos de Bella, no lo llevo bien, creo que ella tampoco ¿no?—La miré y asintió conmigo.

—Ahora con los aviones en un par de horas os plantáis el uno en casa del otro rápido. —Aportó Jackie.

—Gracias a eso, aunque si no, no me importaría venir en moto. No podría aguantar mucho tiempo sin verla. —Bella me miró cohibida, le devolví un guiño.

—Entonces…—Hilary seguía con su encuesta. — ¿No pensáis en vivir juntos?, mira que nuestra sobrina levanta pasiones…y sola aquí contigo tan lejos…—Sonrió astuta.

Demasiado directa, no se andaba por las ramas. Eso era algo que Bella y yo tocábamos de vez en cuando, yo lo deseaba desde luego, pero no creo que fuera una conversación fraguada como para comentarla aquí precisamente.

—Tía por favor— Bella se llevó la mano a la frente.

—Hilary ¿no crees que te estás pasando?, ¿quieres dejar en paz a Edward?—Charlie salió a mi rescate de nuevo. —Le estás atragantando la comida, ¿no le ves la cara?— Charlie me palmeó el hombro. —Esta mujer es una alcahueta…—Me dijo por lo bajo.

Traté de ocultar la sonrisa.

—No creo que haya dicho algo malo cielo,—Hilary se dirigió a su sobrina, a modo de disculpa, ignorando por completo a Charlie. — Se ve que os queréis tanto, no hay más que ver cómo te mira, supongo que será cuestión de tiempo.

—Ay, Hilary, eres una pesadita. —Reneé saltó, algo asombroso por su parte ya que normalmente era ella la de las preguntas capciosas. —Supongo que cuando llegue el momento de que Edward se vaya a venir aquí, nos lo dirán a nosotros primero, ¿no hija?

Era lógico, Reneé no estaba echando un cabo, estaba barriendo para casa. Esto estaba resultando verdaderamente incómodo, sobre todo porque cuando Bella y yo hablábamos del tema, la opción era Nueva York, por la oportunidad y porque a ella le apetecía salir de Taunton.

—Esto es el colmo, mamá. —Dijo Bella en un intento de pararlo. —No creo que haya que debatir nada de esto aquí, es algo entre Edward y yo. —Me miró disculpándose. —Perdona Ed, como ves esto parece una reunión de estado, no vas desencaminado llamándolas primeras Damas…—Rodó los ojos.

Vi a Jackie reírse tapándose la boca con la servilleta.

—¿Primeras Damas?— Preguntó Hilary asombrada. —¿Así nos llamas Edwardito?, míralo que avispado. —Comenzó a reír como una soprano. —Si es que cuando te sueltes me vas a caer estupendamente, querido.

Desistí de comer, estaba claro que me atragantaría, miré a Bella, que negaba una y otra vez con la cabeza.

Bella POV.

La comida pasaba entre comentarios subidos de tono por parte de mi tía Hilary, rebatimientos por parte de mi padre mayormente, y sonrojos de Edward ante las encrucijadas en las que le metían.

Yo solo tenía ganas de que llegara el postre y el café, para sacar a Edward de allí.

—¡¡Charlie por favor, no sigas comiendo pavo!!— comenzaba la lucha, papá disfrutaba de la comida de ese día como ningún otro, y mamá terminaba la comida con la bronca que le profería a Charlie cada año.

—Si es que te estás poniendo panzón ya te lo he dicho. —Papá miro a tía Hilary como si la estuviera asesinando, era consciente de que, con todas en su contra, se quedaría sin su deleite personal.

—Papá por favor, te pondrás malo. —Yo se lo dije bajito, mientras mamá iba a la cocina, esperando que me hiciera caso, por una vez.

—Haz un poco de caso a tu hija, cuñado. —Tía Jackie me echó una mano, con la discreción que le caracterizaba, al contrario que a su hermana y compañera,  a la vez que se levantaba de la mesa para ayudar a Reneé

—Hija, esto está delicioso, además esta noche no cenaré. —Me habló bajito, pero todos lo oyeron.

Vi como sonreía a Edward, satisfecho de su promesa, como si eso le diera el poder de seguir comiendo.

Edward sonreía también, supongo que esta situación era graciosa, mi padre podía ser muy payaso.

—¡OH Dios Mío! ,¡¡Y no para!! Un día de estos te dará un infarto. — Mamá entró en el salón seguida de la tía.

—Edward, tú que eres el médico hijo, dile que el pavo es sano. —Mi padre rogó, con una mirada anhelante de un aliado en su cruzada contra la féminas, y esperaba que Edward le apoyara, sin duda, se le notaba en la cara. —Además, no cenaré. —Se metió otro trozo de pavo en la boca y le guiño un ojo cómplice a Edward.

Edward me miró, yo, aguantando una sonrisa, tratando de parecer lo más seria posible, le devolví la ojeada negando lentamente.

—Papá no comprometas a Edward, el pavo es sano, pero si lo tomas a la plancha o sin salsas, y no en estas cantidades.

—No te cuidas nada Charlie, eres un dejado. —Tía Hilary volvía a la carga.

—¡¡Vamos hombre!!—Reneé se enervó—y encima tratas de buscar aliados implicando a Edward.

Estábamos con el postre, por fin.

—Si, además de médico, guapísimo…y dime tu padre es médico también ¿no?—De repente Hilary como si estuviera teniendo una conversación mental con Edward preguntó sin reparo.

Mi madre y Jackie la miraron escandalizadas sabiendo los tiros de la pregunta en cuestión.

—Sí, es cirujano cardio-vascular. —Edward respondió educado, a pesar de ver las claras intenciones de mi tía.

Esta quedó maravillada con la respuesta, y antes de que su imaginación le llevara a su autoinmolación, mi madre habló.

—Si Hilary, y su madre es una gran organizadora de eventos, ¿no es así, Edward?— Mi chico, conocedor del cable que le había echado Reneé, asintió agradecido.

Tía Hilary cambió el gesto ante el dato, vi cómo Jackie trató de reprimir una sonrisita sin éxito.

—Bella me ha contado que viajáis mucho. —Dijo de repente Edward en una clara intención de cambiar de tema, para que Hilary no se sintiera mal.

—Sí, tenemos uno planeado para Enero, nos vamos a ir a Argentina ¿verdad Hilary?—Jackie dio con el codo a su hermana sacándola del ensimismamiento.

—Sí, siempre nos ha llamado la atención ese país,—se recuperó de inmediato. — El tango, ese baile…—dijo soñadora. — Esos hombres con ese acento. Yo no entiendo nada de lo que dicen pero desde luego que ese acento…buff es como los franceses…

—No es solo por los hombres y el tango, hermana. —Le reprochó mi tía.

—¿Por qué no te apuntas a un crucero de parejas Hilary? Te iría mejor—Dijo mi padre entrando en conversación.

—¡Ay!, no me aburras, Charlie, no me compares.

—Se va a pasar el viaje buscando a Ricardo Darín. —Dijo mi otra tía hablando un poco bajo.

Todos reímos.

—Que exagerada, Jackie…—dijo haciendo un gesto de desdén con la mano.

—Has llegado a ver sus películas en versión original, sin entender ni papa de español, por lo menos seis veces, querida. —Le reprochó Jackie.

Edward les miraba sin perder detalle. Yo me reí, porque era lo que me quedaba, y miré el reloj de la estantería para darme cuenta que estábamos  a punto  de largarnos de allí.

Entramos en casa, Edward subió para ponerse cómodo y yo dejé las bandejas de comida en la nevera. No tenía ganas de cenar, desde luego.

—¡¡Cielos!! , ¡¡Me va a explotar la cabeza!!—Edward gritaba desde la habitación.

Subí con él riéndome.

—Pues has aceptado la invitación a Milford. —Le dije mientras me sentaba en la cama para quitarme la ropa.

—Sí, pero ya no tienen nada más que averiguar, tienen el informe completo de Edward Cullen. — Se estiró sobre la cama.

—Mi tía Hilary siempre tiene algo que averiguar. —Le sonreí.

Me acurruqué a su lado, pasó su brazo por mi espalda.

—Ya no me da miedo…—Dijo suspirando.

—Quizá no debería haberte presentado a mis tías, te estoy espantando, seguro. —Hice un puchero y negué.

Era tarde para pensarlo, pero era una posibilidad, la comida había rozado lo insoportable.

—Tú no me espantas preciosa. —Se puso de lado y me miró. —Después de hoy te quiero todavía más.

Comenzó a besarme, desmontándome, quitándome de golpe las ganas de pensar.

Llevaba varios minutos perdida entre sus besos y sus manos ansiosas. De repente la actividad cesó. Abrí los ojos para encontrarme con los verdes orbes de Edward mirándome con infinito amor.

—Vente a Nueva York, Bella. —Me susurró, era la primera vez que me lo pedía explícitamente.

Un calor demasiado agradable me recorrió desde los pies hasta instalarse en mi cara.

—¿Ya?—Pregunté tímidamente.

—Sí, ya.

Capítulo 16

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