#9#

En la playa no había rastro de la fiesta. Bella tenía un ligero dolor de cabeza, el licor y lo poco que consiguió dormir esa noche estaban pasando factura.

Quedó con Jasper que ella se encargaría de todo por la mañana, él le agradeció poder pasar un rato más con Alice. Casi nadie se apareció para el desayuno, los huéspedes pidieron servicio de habitaciones, por lo tanto la terraza del restaurante estaba desierta. Bella se quedó allí repasando los cuadrantes para dejar todo listo en su semana de ausencia.

Alzó la mirada hacia la recepción y vio a Vasudeba hablando con Marian, se sonrió. Observó como el atractivo chico, de tez oscura y marcados rasgos hindúes, se acercaba a ella.

—Bella, que tempranera para haber habido fiesta. —Ella se levantó.

—Alguien tiene que hacerse cargo del destrozo al día siguiente. —Se abrazaron. —No te esperaba ver hasta mi vuelta del tour por la isla.

—Ya, pero sabía que esta semana se quedaba Jasper solo, y había que preparar todo lo de la convención, me sentía mal por dejarle con todo. Me han dicho que tenemos todas las habitaciones ocupadas. —Bella asintió y le invitó a sentarse con un gesto.

—Estamos a tope. —Le sonrió triunfal. —No podemos quejarnos. ¿Qué tal Jacob?, ¿Vendrá?—El chico hindú se sonrojó.

—No estoy seguro de ello.

—Pero dijo que como profe vendría…—Le miró curiosa.

—Ya pero…—Chasqueó la lengua.

—¿Ha pasado algo?

A la mesa se acercó Fátima con una sonrisa angelical en el rostro, y con los ojos brillantes de emoción.

—Bella, ha llegado la empresa para los trabajos en el pabellón  de yoga. Vasu, no sabía que estuvieras aquí ya…—Se sonrojó hasta la frente cuanto los negros ojos del chico se posaron sobre ella.

—Sí, adelanté el viaje, aquí hay mucho que hacer, y la jefa se nos va de vacaciones. —Obvió la mirada de la morena de rasgos marcados.

—Menudas vacaciones…—Dijo Bella negando. — Llévales hasta allí, iré en seguida. Gracias Fati. —La chica se alejó apenada por la no correspondencia del chico.

—Si vas a hacer algo que te encanta, recorrer la isla por sus lugares más recónditos. — Vasu miró sin entender.

—Ya, ya…así es. —Bella parpadeó seguido. — Se que acabas de llegar del viaje, pero tengo urgencia por terminar el cuadrante para la semana que viene, ¿podrías acercarte al pabellón?—El asintió sonriente.

—Me debes una, que oficialmente sigo de vacaciones.

—Por cierto, hablaremos de Jacob luego ¿sí?—Él, alejándose, le miró tímido, Bella frunció el ceño y volvió la vista a los papeles.

Jacob había estado a temporadas dando clases de yoga en el hotel, era un gran profesor, de los mejores, y no quería que se perdiera la Convención, de hecho era el que más atraía del programa, ya no solo por las féminas, ya que era atractivo y trataba a la gente de una manera que les hacía sentirse en casa, si no porque sus dotes de profesor estaban por encima del resto. Otros profesores que iban a ir habían solicitado unas clases avanzadas para ellos.

Bella no entendía que era lo que habría pasado con Jacob, vivía en Goa, era amigo de Vasudeba desde hacía tiempo, él lo había introducido en este tipo de cursos, y le constaba que le encantaba venir. Si, tendría que hablar con Vasu más tarde de ello.

El día fue pasando y la gente comenzó a aparecer con caras de resaca. Se convirtieron en zombis con un único destino: la playa. Pedían zumos revitalizantes como si fueran vampiros necesitados de sangre que les diera vigor suficiente para afrontar el día.

Bella contempló desde el pabellón cómo Rose llegaba a la terraza con su pamela, sus gafas de sol y sus andares muy poco femeninos para lo que ella era. No sabía si finalmente había pasado algo con Emmet, era bastante dura de roer.

—¿Alguna duda más Erradi?— El hombre negó  mirando los papeles que tenía entre las manos. —Bien, cualquier problema háganmelo saber.

Solo esperaba que para esta semana, el trabajo estuviera finalizado, cambiar el suelo del pabellón de Yoga hacía dos años había costado tres días. Se dirigió hacia Rose con una sonrisa en la cara.

—Buenos días Rose…o mejor dicho buenas tardes, son las dos y media…¿resaca?—Tomó asiento con ella, esta le miró por encima de las gafas con unos acusados ojos hinchados.

—No pensé que ese licorcito me fuera a dar semejante resaca. —Resopló y quitó la pajita de su zumo.

—Tiene mucho azúcar, suele pasar, entra solo.

—Deberías haber avisado…—Dijo con hastío.

—Vamos Rose, —Bella le puso pucheros. —¿Lo pasaste mal?, no me dio esa impresión.

—No, si fue genial, el problema es hoy.

—¿Dormiste sola?— La sonrisa taimada de Rose apareció sin más.

—Si. —Contestó altiva, —Hacen falta más de un par de piropos y unas miradas ardientes para llevar a este cuerpazo a la cama. Bueno, además de que iba demasiado perjudicada.

—¿Y qué opina él de eso?

—ME dijo que en estos menesteres era incansable y que conseguía todo lo que se proponía. ME encanta el tonteo previo, teniendo claro que vamos a terminar con las piernas enredadas. —Un escalofrío recorrió a la rubia de arriba abajo.

—Te va que ni al pelo, amiga. —Ambas rieron para acto seguido Rose sujetarse las sienes fuerte.

—Me palpita la cabeza Bells.

Bella pensó que había tenido mucha suerte durante todo el día, cuando justo antes de cenar, se encontró de frente con Emmet y Edward, no podía esquivarlos era necesario hacer el planing para los días que les esperaban recorriendo la isla.

—Bella, —Emmet le saludo efusivo besándole en las mejillas y dejándola atónita. —Creo que deberíamos cenar todos juntos para planear el viaje, ¿no estás de acuerdo?—Emmet lanzó una mirada fugaz a su amigo que miraba a Bella sin perder detalle.

—Si no está muy ocupada, claro. —La voz profunda del fotógrafo resonó en el interior de su cabeza.

Bella asintió sonriendo, solo miró a Emmet.

—Por supuesto, hay que trazar un recorrido, y tengo que saber qué es lo que interesa  sacar en la revista, o si se han hecho más reportajes sobre la zona.

—¿Qué te parece si nos vemos en media hora para cenar?

—De acuerdo Emmet. —Y salió hacia la cocina.

—¿Podrías decirle a Rose también?. — El periodista alzó la voz haciendo que Bella se voltease.

—Claro. — Movió la cabeza, —No hay problema. — Y sin mirar más allá de lo debido volvió a su camino.

—¿Tú crees que esto saldrá bien? Me refiero a  que ni te mira tío…nunca había visto a una chica pasar tanto de ti. —Se acercaron hasta la barra.

—Lo sé. Quizá por eso sea más interesante, me devolvió el beso, ella fue quien me abrazó con sus piernas, me desea, pero es empecinada. Si no fuera así me habría apartado, no la forcé. — Edward indicó al camarero lo que querían tomar.

—Bueno, son siete días para que os convirtáis en amantes o enemigos. — Emmet cogió su cerveza y le dio un largo trago.

—Caerá, lo noto. —Se sonrió taimado.

—Son días con sus horas y sus minutos…ya sabes…y además es trabajo.

—No voy a dejar de hacer el trabajo, lo sabes. — Em asintió. — Y sé que puede ser un infierno si ella sigue en sus trece, pero algo me dice que no va a ser así. De todas maneras siempre podemos pactar una tregua, aunque creo que me es imposible dejar de ponerla al límite, me parece muy sexi cuando se enfada. Pero bueno, en el caso de que no quiera darse cuenta que…desea perderse en mi piel…—Edward le dio un tono burlón a su frase y Emmet le dio un codazo fuerte.

—Tío, no te aproveches de los momentos de debilidad…—Volvió a beber de su birra.

—Lo siento Em. —Edward no paraba de reír. —Me mataste con eso anoche, primero porque pensé que estarías haciendo lo propio con Rose en ese momento, y segundo, te pusiste muy tontorrón tío. —Las carcajadas resonaban por el bar.

—¿Cómo están los machos alfa de la manada?—Jasper que había escuchado lo que Edward había dicho se acercó a ellos.

—Bien, aunque aquí el único alfa debes de ser tu que dormiste con tu hembra. —Le dijo Emmet cambiando el semblante y sonriendo.

—Quizá si os dejarais de bravuconadas dominantes habríais terminado como yo. — Jasper pidió un té.

—Puede ser que nosotros no hayamos encontrado con quien compartir camino Jazz. —Edward le miró sonriendo, muy pagado de  sí mismo.

—¿Eso crees?—Edward asintió. — Yo no estaría tan seguro, a veces las miradas dicen más que las enormes bocas con las que hablamos. —Jazz había observado en algún momento puntual cómo Edward miraba a Bella durante la fiesta , y no solo se filtraba deseo. — Aunque puede que sea demasiado pronto para darse cuenta de las cosas.

—Venga ya  Jazz, estás enamorado, y ves la vida de color rosa…—Edward le dio un ligero empujón con su brazo.

—Puede ser, puede ser. —Se quedó pensativo.

—Ahí viene esa mujer…madre mía… ¿cómo he podido vivir sin esta maravillosa vista?—Emmet miraba anonadado a una preciosa Rosalie que, renovada tras su recuperación, hacía acto de presencia en el bar, captando todas las miradas masculinas excepto la de Jazz. Este observaba a Edward mirar también a la mujer que entraba, pero sin interés, únicamente para decirse así mismo que todas las mujeres sexis captaban su atención.

Finalmente en la cena también estaban Jasper y Alice, Bella quería que su amigo diera también alguna opinión sobre el tour que iban a hacer. Tras acordar varias zonas que la revista no había sacado en números anteriores, y las prioridades que tenían para el reportaje comenzaron una distendida charla sobre la forma de vida en aquel recóndito rincón del mundo.

Escuchaban la forma apasionada que Jasper tenía de describir aquel lugar, y Bella pensaba en cómo abandonar la mesa de una forma discreta, necesitaba alejarse de las miradas crematorias del chico que tenía en frente, el cual no había podido disimular ni una sola vez su interés, silencioso,  en ella.

Edward por su parte se dio cuenta que no podía dejar de mirarla, se planteó fugazmente el comentario ligero de Jasper en la barra, lo descartó de inmediato, en su mente tenía claro que lo que sentía por Bella era simplemente deseo, algo que no había saciado, y que en el momento que lo hiciese ya no habría más misterio. Necesitaba irse de la mesa, la noche anterior había bebido demasiado y encontraba su cabeza, tras dos cervezas en la cena, sumamente embotada.

—Creo que me voy a retirar chicos. —Dijo Edward.

—Me vais a excusar pero…—Ambos hablaron al mismo tiempo aprovechando un receso en la conversación. Se habían levantado de las sillas y el resto les miraba divertidos. Bella miró a Edward con un hilo de furia, este le devolvió la mirada sonriendo de una manera que a Bella le dio escalofríos.

—¿Os habéis estado haciendo gestos durante la cena para coincidir?—Emmet con una sonrisa pícara les miró a ambos.

—Supongo…—Edward lo dejó caer sin apenas escucharse, pero Bella atenta a todo lo oyó.

—Yo…estoy cansada, no he dormido tanto… como vosotros y mañana comenzamos…—miró a todos esperando que no hicieran más comentarios de ese tipo. —… una gran aventura, tengo que preparar las cosas…

—Claro…—Edward interrumpió. — Yo también necesito descansar, Emmet. —La mirada de advertencia a su amigo bastó para que simplemente se despidieran de la mesa sin más comentarios.

Bella iba delante, era algo obvio que se dirigían hacia el mismo piso. Se arrepentía de no haberle dado una cabaña a ese tipo, se habría ahorrado tanto…

—Bella…—Era absurdo hacer que no le había escuchado, de manera cansina se dio la vuelta. — Está claro que vamos hacia el mismo sitio, y a partir de mañana vamos a estar juntos durante una semana.

—No  me lo recuerdes por favor. —Asintió con gesto cansado.

—Bien, —él sonrió bufando ligeramente. Pensó en la tregua, aunque en el fondo sabía que si las señales seguían siendo las mismas no podría llevarla a cabo— Yo por mi parte voy a dejar de…

—¿De qué? ¿De hacer comentarios fuera de tono?, ¿De mirarme como si fuera un plato de postre? ¿De susurrarme como si fueras mi amante?… ¿de qué Edward?…porque yo no sé cómo voy a lidiar con este asunto durante los días que me quedan, creo que hasta me provocas ansiedad…—Bella había explotado,  antes de que él empezara con su perorata sobre el deseo y las súplicas prefería ser clara, aunque no tenía claro con quien estaba enfadada y si en realidad no era ella la fuente de su furia.

—Está bien…—Edward levantó las manos en gesto de disculpa. — Se terminaron los acechos, quería decirte que iba a dejar de asediarte, se que lo estoy haciendo. — Edward sintió que se estaba disculpando, algo que nunca había hecho, no lo había necesitado, pero la explosión de Bella le hizo actuar de esa manera. Se le veía al límite, quizá si se dejara llevar…

—Claro que lo estás haciendo…—Bella empezó a levantar el tono de nuevo.

—¿Vamos hacia las habitaciones?, así no tendrás que chillarme, hay gente durmiendo. —Le dijo amable.

—Y ahora te pones así…—Bufó exasperada. —Es increíble, creo que tienes problemas de personalidad. — Comenzaron a caminar hacia las escaleras.

—A partir de ahora seremos compañeros de viaje, nada más. Por mi parte terminé el juego. —Bella tragó seco, odiaba su cuerpo y su mente y su todo, porque en el momento que  le dijo eso, una sensación de desasosiego inundó su ser, y Edward que le observaba como buen fotógrafo, se alegró de ver ese pequeño indicio de decepción ante su tregua.

—Sabía que jugabas…—Le dijo enfadada.

—¿No querías que jugara?—Trató de quedarse serio, aunque por dentro se regodeó en la situación, ella expresaba más de lo que quería.

—No me gusta la gente que juega, prefiero enfrentar las cosas reales.

—Lo de la habitación fue real y huiste. —Se quedó de una pieza, pensó que todo lo que le pasaba cuando él estaba cerca era antagónico, porque realmente se estaba mintiendo demasiado.

—¿No habías dejado de jugar?

—Sí, pero aquello no lo era. Que descanses. —Bella se percató que había llegado a la puerta de su habitación. Él se despidió demasiado serio, Bella sintió decepción y mientras entraba en su habitación un Edward triunfal metía la llave en su puerta.

—¿Pero quien se cree este estúpido?, no huí de ese beso, no quiero sufrir. —”Huiste “, le dijo su voz interna, “tienes miedo y por eso escapaste a pesar de que querías llegar más lejos”.

Bella se metió en la cama, tras hacer su mochila, con sentimientos encontrados. Se sentía impotente, era como si su cuerpo quisiera que él jugara, para ella poder seguirle, era algo que le llamaba demasiado, pero su mente le recordaba una y otra vez las consecuencias nefastas que podría traer ese maldito juego.

¿Por qué era incapaz de disfrutar simplemente del sexo?, envidió a Rose, ella ni se planteaba una relación con Emmet, solo tonteaba y se divertía.

Bien, él había considerado parar de insinuarle que le quería en la cama, entonces sería fácil la convivencia. Ya que ahora solo tenía que lidiar con sus sensaciones y fantasías, aquellas que de vez en cuando inundaban su imaginación, aquellas que le acaloraban de tal manera que necesitaba desahogarse sola, con la sensación de sus manos en su trasero y cintura, sus labios, su aliento. Sintió como se excitaba.

Dio otra vuelta más. No podía dormir, y al día siguiente comenzaban la excursión. Se incorporó en la cama enfadada consigo misma.

—Yo podría hacerlo y después pasar, no me voy a enamorar como una estúpida… ¿porqué no paro de darle vueltas?… — Se golpeó la frente con la palma de la mano y se dejo caer en la cama. —Oh Dios Mío me estoy volviendo loca…

Cerró los ojos para tratar de dormirse…

—No te mientas, deja fluir lo que realmente piensas, no más trabas…te contradices tanto que ya no sabes ni lo que quieres…—Comenzó a hablar en voz alta otra vez. —¿Te gusta Edward Cullen?…Claro, ¿a quién no le gusta?…bien, eso es un paso Bella…Pero no estás enamorada…noooo…me atrae demasiado…es normal, me tiene fichada y no hace más que alterarme, ¿Quién no caería en la tentación?…esa voz tan seductora susurrando…—Suspiró de forma lastimera y sonrió en la penumbra de la habitación.

Sin poder evitarlo su mente le mandó imágenes de ambos juntos, fantasías, y sonriendo se durmió.

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