Capítulo 43

20 Septiembre.

Bella POV.

Noté el sol en mi cara, traté de moverme. Sentía que me dolía el cuerpo, lo tenía entumecido…entonces dándome la vuelta y sintiendo que bajo las sábanas estaba completamente desnuda, recordé la noche que habíamos pasado. Un sentimiento, similar al orgullo, al notar las molestias musculares, se expandió en mi pecho. Era genial encontrarme así por la maratón de sexo que habíamos tenido durante la noche, sonaría masoca, pero cierto, me regodeé en la sensación casi dolorosa de mi cuerpo. Un escalofrío me recorrió de arriba abajo.

Lo poco que había dormido había soñado. Entonces sin abrir los ojos, por mi mente fueron pasando los recuerdos de ese sueño, una habitación lujosa en colores crema, las vistas de los ventanales a una bahía preciosa, yo tumbada sobre una cama cubierta de toallas, hasta podía sentir el tacto, como si no fuera un sueño. Algo frío sobre mi espalda me hizo estremecer incluso con el recuerdo, la presión del cuerpo de Edward sobre el mío, su lengua paseando por mi espalda, por mi cuello, sus palabras en mi oído, su tono ronco, mi osadía con él arqueándome buscando su contacto. Se sentía tan real…apreté mis piernas porque me sentí excitada. ¿Y si no fue un sueño?

Abrí los ojos y extendí mi brazo hasta llegar al otro lado de la cama, no había nadie. Me incorporé, Edward no estaba.

Escuché la puerta, me quedé quieta.

—Buenos días preciosa, dame unos segundos. —Desapareció, vestido solo con un pantalón de lino blanco y con una bandeja, entre las vaporosas cortinas de la terraza, para aparecer de nuevo y tirarse sobre mi sujetando su peso con los brazos. — Estás tremendamente apetecible esta mañana…— Besó mis labios y comenzó a bajar por mi mejilla hasta llegar al cuello. Fue depositando pequeños besos. —Has…dormido…bien…

—No… me estas preguntando…— otra vez sus provocaciones me dejaban sin hálito. —¿Verdad?

—No…— Susurró. —No lo hago…se que has dormido muy bien.

Apartó la sábana y continuó besándome por el pecho haciendo que inspirara profundamente ante la espiral de sensaciones excitantes que estaba enviando a mi centro. Atrapó un pezón con su boca, y lo lamió pausadamente.

—Edward…— Enredé mis manos en su pelo. ¡¡Madre mía la humedad entre mis piernas aumentaba a un ritmo vertiginoso!!

—Dime…pequeña…— Haciendo un esfuerzo sobrehumano levanté su cabeza de mis pechos para mirarle a los ojos, destilaban deseo, y me contraje ante la potencia de su mirada.

—Tus padres…—Logré articular.

—Mamá está ultimando los preparativos de una boda que tiene esta tarde, y papá ha salido por una urgencia. Nos veremos para comer. ¿Me dejas continuar por favor?. — Su mirada de suficiencia me hizo reír, y acto seguido le atraje a mi boca, para devorarlo.

—Mmm…no he desayunado…y sabes a café. — Dije a la vez que buscaba respirar.

—Y yo tengo hambre…de ti…— Siguió besándome con pasión, y sentí su mano abrirse paso entre los dos, para llegar a mi excitado sexo.

Gemí en su boca al apreciar que sus dedos comenzaban a jugar con mis pliegues, buscando la manera de volverme loca.

—Grita preciosa, estamos solos…—Ronroneó separándose de mis labios. Introdujo uno de sus dedos dentro de mí.

—Oh Edward…— Abrí los ojos y le vi, mirándome, mordiéndose el labio inferior, mientras su destreza acariciando mi clítoris a la vez que me penetraba con sus dedos, causaba estragos en mi .

—Me excita tanto mirarte en este estado Bells…—Su ronca voz me pareció endemoniadamente erótica.

—Edward quiero sentirte…entra en mi…—rogué.

Acto seguido se quitó los pantalones y alcanzando un condón de la mesilla, se lo puso con destreza, para dejar su erecto miembro presto a mis órdenes. Debido a lo empapado que se encontraba mi sexo, Edward se deslizó rápidamente dentro de mí. Con mis piernas abracé su cintura, necesitaba sentirlo dentro, más.

—Házmelo fuerte…— le miré mientras le hablaba. — Quiero sentirte más…— No sabía donde había dejado el pudor, con Edward, simplemente, no estaba.

—Oh Bella…si…—Comenzó a embestirme de tal manera que pensaba que alcanzaría el límite y me rompería.

Nuestras respiraciones entrecortadas, el sudor de ambos haciendo que nuestros cuerpos resbalaran el uno sobre el otro, mis ojos anclados en sus orbes esmeraldas, los jadeos que envolvían nuestros nombres…y llegó el éxtasis, el nudo de mi interior se deshizo provocándome deliciosas convulsiones, la tensión de Edward en ese momento me indicó que estaba en el mismo lugar que yo, y los gritos de ambos demostraban que habíamos alcanzado el cielo de nuevo.

El uno sobre el otro, sudados, respirando con dificultad, sintiendo los pequeños espasmos residuales del tremendo orgasmo que acabábamos de vivir, no creo que hubiera nadie en el mundo más feliz que yo en ese momento.

—Esto no es apto para cardiacos Edward…un día de estos vas a hacer que me explote la cabeza. — Había recuperado el aliento.

—¿La culpa la tengo yo?— Dijo levantándose de lado sobre su codo y lanzándome una mirada pícara…— Me has dicho esas cosas Bella osada…. —Tocó la punta de mi nariz, me avergoncé al recordar lo que le había dicho. Cogí la almohada y me la puse sobre la cara. — No pequeña…no lo hagas. —Edward me la retiró y me besó apasionadamente. —Me has vuelto loco…me embruja el sexo contigo.

—Y eso que no me has enseñado todo lo que quiero aprender…—Le dije en un tono cauto.

—¿A si?— Levantó las cejas.

—Las chicas hablaron de tantas cosas que hacen…y yo no tengo ni idea de cómo hacerlas, o sí, pero…no sé cuándo.

—Hablaste de sexo con ellas.

—En la despedida…se podría decir que fue de lo que más hablaron, yo solo estaba atenta. Tenía miedo de la primera vez hacerlo mal, pero como me dijeron que yo siempre decía que eras un maestro en la cama, me recomendaron dejarme llevar. Pues lo he hecho…pero ahora…quiero aprender más cosas.

—Cuando quieras y donde quieras…—Me sonrió de medio lado, con aires de suficiencia, algo me decía que su ego se había hinchado. — De todas maneras, tu siempre serás una diosa en estas cuestiones, en cuanto empecemos con las clases, la cama va a volar con nosotros dentro. — Introdujo su cara en el hueco de mi cuello y besó debajo del lóbulo haciéndome estremecer.

—¿Solo la cama?— Le pregunté bromeando.

—Oh…no creo que haya sido muy bueno la disertación sexual que tuviste con ellas. — Edward empezó a reír. — El desayuno está en la terraza, ¿te apetece?. — Me besó y se incorporó.

Estábamos sentados bajo la sombrilla en la terraza de la habitación, yo había devorado el desayuno como si hiciera semanas que no comía.

—Edward…he tenido un sueño…— Quería contárselo, quizá fuera algo que tenía que ver con la realidad, y no quería perdérmelo.

—Dime. — Me miró por encima de las gafas de sol.

—Estábamos en una habitación de hotel, de colores crema…y…—Sentí que la sangre se me agolpaba en la cara. — Estoy tonta…después de lo que hemos hecho esta mañana todavía me da corte hablarte de esto.

—¿Has tenido un sueño húmedo?, Espero que haya sido conmigo…—Bromeó.

—Por favor. —Me hice la ofendida— ¿Con quién si no? No, el caso es que lo sentí demasiado real, y ahora está en mi cabeza como si no solamente hubiera sido un sueño. Hacíamos el amor, pero antes tú…—Desvié la mirada con una pequeña sonrisa. —…lamías mi cuerpo, recogiendo algo que habías extendido por el previamente, algo frío…ha sido algo muy erótico. — La boca de Edward se descolgó.

—Fue el mejor desayuno de mi vida. Te comí entera con yogur y fresas.

—¿Paso?— Otra vez la ola de excitación me recorrió de los pies a la cabeza.

—Ahá, y cuando quieras, lo repito. — Me dijo con una sonrisa ladina. — Es genial que estés haciendo este tipo de conexiones, creo que voy a hacerte el amor más a menudo.

—Si en una noche y una mañana he perdido la cuenta… ¿piensas tenerme todo el día mojada, cardiaca, y a puntos de perder la consciencia?

Se levantó de la silla rápido y se arrodilló entre mis piernas con la cucharilla del tarro de la miel, y levanto la camiseta para dar pequeños toques con esta sobre mi abdomen.

—Qué vas a hacer…—Gemí, la miel líquida causó un leve cosquilleo en mi barriga. Acto seguido comenzó a lamerla, provocando que mi cuerpo respondiera de la única manera que sabía, abandonándose a ello.

—Si…—dijo lamiendo y besando alrededor del ombligo. — Pienso tenerte mojada todo el día y…—Lamió rápido mi sexo.

—Oh…Edward…no sigas por ahí…

—No me interrumpas cielo, estoy desayunando. — Su tono bajo me hizo suspirar. Noté cómo su lengua descendía otra vez hasta alcanzar ese botón que me provocaba estragos.

Con los brazos me atrajo hacia él recostándome sobre la silla, dejando mi sexo expuesto ante su cara, ya que no llevaba braguitas. Volvió a lamerme con tantas ganas que no pude evitar sujetarle la cabeza, enredando mis dedos en su pelo, presionando sobre mi centro. Oh…realmente era un maestro…y yo una alumna aventajada al gozar de sus enseñanzas.

Sentí un dedo, después otro, mi interior los alojaba de buena gana, su lengua acariciaba mi clítoris, y mis piernas se abrían más para facilitar el acceso al placer directo que me estaba regalando.

Empecé a temblar, me mordí el labio con fuerza para evitar que un grito saliera de mis pulmones, aunque mi pecho emitía pequeños quejidos imparables. Sentí llegar a lo más alto, y el ritmo de las caricias de Edward aumentó. Mi tenso nudo se deshizo en su boca, el corazón estaba a punto de salir de mi pecho, un zumbido se instauró en mis oídos.

—¡WAW !— Permanecí con los ojos cerrados recostada sobre el respaldo de la silla. Edward besaba el interior de mis muslos y me seguía haciendo temblar. Entonces sin medir el tiempo que pasó, sumida en ese placer, sentí sus labios sobre mi boca, besándome primero con delicadeza, para después dejar paso a su lengua , con la que comencé a jugar, probando mi propio sabor.

Edward me cargó sobre él, que se sentó en el suelo acunándome en su regazo. Seguimos besándonos con pasión. Se podía decir que había muerto y me habían asignado el mejor ángel celestial que poseían.

—No puedes hacerme esto…—Le dije en cuanto me separé de él. — Me vas a hacer adicta a ti, ¿acaso quieres eso?

—Sería lo mejor, yo ya lo soy a ti, estaríamos en igualdad de condiciones. — Su mano acariciaba mi espalda por debajo de la camiseta.

—Creo que debería devolverte el favor, si me enseñas seguro que lo consigo.

—Es una buena idea, pero la dejaremos para otro momento, así nos tomaremos nuestro tiempo.

—Pero…tú… ¿estás bien?—Podía notar su miembro muy duro contra mi trasero y cadera.

—Si Bells, lo estoy. — Me dijo besando la punta de mi nariz.

—Pues esto…—Dije rozando su erección y haciéndolo gemir. —Me indica todo lo contrario.

—Ya bajará, estoy bien siempre que esté contigo.

Mentalmente me lo apunté, no era correcto que solo yo gozara con sus caricias y él quedara así, no me lo pareció.

Después de comer salí con Esme al cenador de la piscina, me habían dicho que estaba haciendo una temperatura más alta de lo normal en Detroit, así que aprovechamos para estar fuera.

Durante la comida Esme contó que, Alan, el hermano mayor de Edward había llamado esa misma mañana, y había dado la buena nueva de que su mujer, Sofía, una española con la que estaba casado desde hacía tres años, estaba esperando su primer bebé. Edward me había hablado alguna vez de su hermano, vivía en Cadaqués, un pueblo de la costa Mediterránea.

—En tres meses seré abuela…—Dijo Esme con una mirada soñadora. —Ya era hora. Pareciera que estos chicos se hubieran empeñado en no legar sus genes con lo maravillosos que son. —Rió.

—¿Lleva seis meses embarazada?—Pregunté extrañada.

—Hace un año Sofía se quedó en estado y lo avisaron a los dos meses, la cosa se complicó y lo perdió. Por ello ahora han querido asegurarse y hasta ahora no nos han avisado, aunque…bueno, yo hace un mes y medio que lo sé, Alan me lo confesó, pero tenía terminantemente prohibido hablar de esto con nadie, ni siquiera Carlisle.

—Ahora ya es seguro, claro. Es normal que se hayan tomado este tiempo.

—Lo que más me duele es que están demasiado lejos, y no podré disfrutar de mi nieto tanto como quisiera.

—Pero en el nacimiento estaréis allí, Carlisle ya estaba nervioso preparando su cuadrante. —Me acordé de cómo empezó a organizar el calendario para irse a España dos meses enteros.

—Si, eso desde luego. — Esme me miró con cariño. — Pero espero tener nietos a los que visitar sea más fácil…

Me ruboricé a los dos segundos, cuando me di cuenta que hablaba de mi y de Edward.

—Supongo que todavía es pronto…—Bajé la mirada.

—Bueno, cada cosa a su tiempo. —Posó su mano sobre la mía, queriéndome tranquilizar.

Llegaron Edward y Carlisle a sentarse con nosotras, seguidos de Lucy.

—¿Qué le estás preguntando a Bella que está como un tomate?— Me besó en la mejilla.

—Os dejo el café y unos helados que Edward ha insistido en que traiga. —Lucy depositó todo en la mesita.

—Gracias Lucy. —Esme comenzó a servir en cada taza. —Solo estábamos hablando de los nietos Edward, no te engaño, tengo tantas ganas de ser abuela…

—En ello está Alan y Sofía.

—Ya pero…están tan lejos cariño…—Esme le dirigió una mirada simulando pena.

—Mamá…

—Serían preciosos, miraros, con lo guapos que sois, ¿Cómo no os apetece poblar la tierra de bellezas andantes?

—¡Esme!. —Reprendió cariñosamente Carlisle. — Necesitan su tiempo, acuérdate de lo que nosotros hacíamos cuando llevábamos el tiempo que llevan ellos juntos.

Y algo increíble, Esme se ruborizó en el acto.

—Carl…—Susurró, dándole un tierno toque en el hombro.

—¿No ves?, tienes que dejarles practicar, para que luego venga uno bien hecho. — Ambos rieron de buena gana.

Yo no salía de mi asombro, es como si todo de lo que se hablara a mi alrededor fuera de sexo, ¡¡hasta mis suegros!!, ¿suegros había pensado?. Si claro, Edward era mi vida, no quedaba otra.

—Vamos a dejarlo pasar…A Bella se le van a empezar a amoratar los pies, toda la sangre se le está agolpando en la cara, y tened en cuenta que es su primera visita ¿si?— El tono de Edward era jocoso, y no pude evitar reír, seguro que mi cara era una cereza.

—Es cierto, tranquila Bella, te acostumbrarás a estas cosas. No somos tan serios como aparentamos.

—Papá , estás equivocado, no lo aparentáis. —Edward le dijo negando y riendo a la vez.

—Si que lo hacemos, ¿verdad Esme?—Y se incorporó para besar a su mujer en los labios, con un beso más prolongado de lo socialmente permitido.

Yo, a mis padres, nunca les vi darse semejante beso en público. Algo me indicaba de donde había heredado Edward su forma pasional de entregarse en el sexo, desde luego que sus padres no se cortaban para nada.

Si Reneé viera esto seguro se escandalizaría, pero a mi me pareció genial, envidiaba un poquito a Edward, por su familia.

—Entonces…—Empezó Edward. —¿Ya sabéis cuando os vais a España?.

—Si, más o menos. Esta mañana hemos estado hablando, y ya sabes que dará a luz en Diciembre, así que creo que las Navidades las pasaremos allí. —Dijo Carlisle mientras daba vueltas a su café.

Yo cogí un helado de la pequeña heladera que había dejado Lucy en la mesa, eran mis favoritos.

—Es una pena que otra vez en Navidades no estemos juntos, con lo que me gustan a mi pasarlas en familia—Esme empezó a hablar. — Aunque bueno…siempre podríais veniros a pasarlas allí con todos, ¿Cuánto hace que no ves a tu hermano Ed?

—Pues…—Edward empezó a pensar. —Fui en Enero del año pasado, pero bueno…no sé mamá, ya veremos.

—¿Conoces España Bella?. — Carlisle me miró.

—No…la verdad es que si tengo que basarme en lo que recuerdo solo conozco Taunton, Nueva York y esta casa en Detroit. Y por lo que he indagado España no está en mis destinos anteriores.

—Oh…perdona…no quería resultar impertinente.

—¡No!, no lo has hecho, simplemente es así. Tengo muy asumido todo lo que pasó, y que hay muchísimas cosas de las que no me acuerdo, la mayoría claro…— Dije tratando de que no se sintieran incómodos.

—No te preocupes papá, Bella es consciente de todo, no hay problemas. — Edward se acercó y besó mi sien.

—Cadaqués te encantaría Bella, es un sitio precioso. — Esme desvió el tema.

A mi no me preocupaba para nada hablar de mi accidente, o de mi memoria, creo que dolía más a los que me rodeaban, y ya poco a poco, excepto mi madre, todos lo hacían con más naturalidad.

—Creo que la mejor época sería verano de todas formas. —Dijo Edward. —En invierno tiene su encanto pero es algo solitario, no obstante, es mágico.

—Tiene buena pinta—Miré a Edward. — Tú puedes ir con tus padres a pasar Navidades, yo no creo que pueda, ya sabes…mamá…

—Ya, bueno. Ya hablaremos. —Me miró comprendiéndome.

—Por cierto chicos, se me olvidó deciros, tengo entradas para The Mikado, me han dicho que es una obra japonesa , y que está muy bien, como me dijiste que a Bella le gustaba el teatro. — Carlisle nos miró interrogante.

—Por mi perfecto. —Dije entusiasmada por ir a ver una obra.

—De acuerdo entonces.

Capítulo 44

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