#36#

—Así que es el padre de la criatura. —El Doctor Richardson tendió la mano a Edward y este le devolvió el saludo de forma efusiva.

Se había pasado la mañana hasta que llegó la hora de la consulta nervioso por todo el complejo. Por primera vez vería a su bebé, y esto era algo  que no pasaba todos los días, desde luego.

—Bueno Bella ya sabes, túmbate y en seguida vuelvo ¿de acuerdo?—Ella asintió y se puso sobre la camilla.

—¿Te tienes que desnudar?—Edward le miró de repente preocupado.

—No. —Le dijo ella sonriendo. —¿no sabes lo que me van a hacer?. —Evitó una carcajada.

—Recuerdo una vez a mi hermana decir que le habían hecho una eco, y que le habían metido el aparato por dentro. —Puso cara compungida.

—Esa es una Eco vaginal, y aquí me van a mirar por la tripa. —Se tumbó sonriéndole y se levantó la camiseta amplia que cubría su abultado abdomen.

Edward volvió a mirar su vientre, y en un movimiento involuntario se lo rozó con las yemas de los dedos.

—Eres preciosa. —Le miró a los ojos directamente. —Me parece increíble que tengas un hijo nuestro ahí dentro, eres perfecta. —LE decía maravillado.

—No soy la primera que lleva hijos en su vientre. —Le dijo en voz baja.

—Míos si. —Se acercó y le besó dulcemente en la frente.

El doctor repartió el gel por el vientre de Bella, mientras la pareja se daba la mano haciendo presión de vez en cuando, sintiendo cada  uno que estaban juntos en esto. Antes de que el doctor hablara de las imágenes de la pantalla, ambos papás tenían la respiración contenida, esperando que todo lo que les dijeran fuera bueno, pero siempre con la duda. Edward miraba a Bella, nervioso, y ella le devolvía una sonrisa que por los nervios no le alcanzaba los ojos.

—Queréis saber el sexo ¿verdad? —Preguntó moviendo la sonda por el vientre.

Ambos asintieron al unísono. Comenzaron a escuchar el latido acelerado del bebé y el doctor Richardson comentó el buen estado de este, los dos soltaron el aire a la vez y las sonrisas en sus caras se ampliaron sin contención. Por las mejillas de Bella corrían, raudas, lágrimas de felicidad. Edward besó su frente con ternura.

—Parece que este bebé no os quiere mostrar su sexo. —Bella sonrió mirando a Edward.

—Es vergonzosa…—Dijo Edward por lo bajo y Bella negó riendo.

Salieron del médico brillantes y sin conocer el sexo del bebé, pero satisfechos de que todo fuera bien. Edward abrazaba a Bella llevándola por la cintura y ella apoyaba su cabeza sobre el pecho.

—Es increíble. —Decía Edward maravillado. —Era mi bebé al que acabamos de ver. —Bella solo sonreía y afirmaba con la cabeza. — Eres genial. —Besó su cabeza.

—¿Por qué llevo a tu bebé?

—Y por haberme dejado arrasar con tus barreras aquel día en Zanzíbar, por darme cabida en tu vida, por permitirme vivir a vuestro lado…por ser como eres…

A Bella le inundó la felicidad. Edward estaba realmente pletórico, y no ocultaba ninguna emoción. Ese Edward sobrado y golfo que conoció, quedaba relegado a otros momentos, porque en el fondo él tenía ese puntito canalla, pero cuando expresaba todo lo que sentía,  ella no podía hacer otra cosa que derretirse.

Se pararon al lado del coche, él abrió sus brazos para pegarla a su cuerpo y besarle la frente, se separaron y quedaron  mirándose a los ojos.

—Os amo. Como nunca he amado a nadie. —Los ojos de Edward brillaban de emoción y Bella sintió el familiar escalofrío que precede a las lágrimas.

—Yo te amo, y te garantizo que nuestro bebé también. —Se fundieron en un beso lento y apasionado. Jugaron con sus lenguas y con sus labios, se mezclaron sus lágrimas y sus sabores.

Edward salió de la visita al médico con una potente sensación de paternidad, como nunca había sentido. Un vinculo profundo y certero, le unían a esa mujer y a su bebé.

Se separaron ligeramente y Edward se quedó mirando fijamente sus ojos recordando el momento de la ecografía , en la cual él no había distinguido nada en absoluto, pero escuchar su corazón fue suficiente para él.

—¡Dios…¡¡Vamos a ser papás!!—Bella, rió como una tonta ante la afirmación de su chico.

—A buenas  horas Ed…yo lo sé desde hace ya diecinueve semanas. —Se puso de puntillas y besó su sonrisa. —Te quiero papá.

—Mide quince centímetros…¿te lo puedes creer?.Esto, mi bebé ahora es esto. —Poniendo la distancia entre sus dedos Edward le explicaba a Jasper el tamaño. — Es una pasada, el corazón le late a todo gas, va a ser la leche de deportista, fijo.

Jasper se le quedó mirando de manera incrédula, pero Edward estaba en su mundo, daba la sensación de que estaba drogado.

—¡¡Se le están formando los huesos!!…¡¡Huesos!!—LE dió con el codo y Jasper asentía mirando de nuevo al horizonte desde la terraza del restaurante. —¿Me estás escuchando?

—Si…huesos…— Le dijo condescendiente, aguantando la risa.

—Tío…que pasada…—Inspiró profundamente.

—Tiene que serlo, creo que es la primera vez que te veo así. — Jasper le sonrió. — Tienes una energía en estos momentos que arrasa con todo.

—Dios…es que esto es muy grande. — Dijo sin dejar de sonreír. — Tengo una suerte…—Negó para si. — Que Bella me haya hecho participe de esto…no se tío, me siento pletórico y agradecido.

—Creo que hizo lo que tenía que hacer, ella siempre ha sido consecuente.

—Bella es increíble.

—Es una gozada saber que la correspondes así, es una gran mujer, y las cosas no le han sido del todo fáciles. ME alegra que seas tú el que esté con ella. —Jasper golpeó suavemente la rodilla de Edward.

—Mira quienes están aquí. —Alice llegó con Bella por detrás y se sentó en el regazo de su marido, besándole varias veces en los labios.

Bella puso las manos sobre los hombros de Edward y le acarició dándole una ligera presión. Edward cogió una de sus manos y se la besó con cariño.

—Así que no sabemos el sexo de la niña. —Dijo Alice quedamente, provocando una sonrisa baja de Jasper y Bella.

—Ella definitivamente nos ha dado el culo. —Añadió Edward.

—Como sea niño, os vais a llevar una chasco de cuidado. —Bella se sentó en una silla al lado de Edward sin soltarse la mano que le tenía cogida.

—Nunca será un chasco, pero a mí me da…—Edward levantó las cejas.

—Ya, ya…que es una nena. —La futura mamá rodó los ojos.

Edward miró a su derecha y se encontró a Jasper y a Alice haciéndose confidencias, bajito. Sonrió, y pensando en algo concreto que faltaba por hacer estos días de locura, se mordió el labio. Se acercó para hablar con Bella de manera que su pareja acompañante no les escuchara.

—¿Estás ocupada por las siguientes…—Se dio unos golpecitos en la barbilla pensativo mientras miraba hacia el brillante cielo. —…tres horas?—Y le dedicó una mirada chispeante con una sonrisa ladeada que la dejaron completamente fuera de onda.

—¿Eres consciente de que me compras sin remedio haciendo eso que haces?— Se mordió con lascivia el labio mientras alzaba una ceja.

—Lo soy, desde el primer día que te acercaste a mí en la playa. —Dijo vanidoso. Bella rodó los ojos.

—No estoy ocupada. —Le susurró tratando de reprimir la sonrisa y aparentando estar algo molesta con su arrogancia fingida.

—¿Y te encuentras bien?, ¿Alguna molestia, algo que necesites?—Preguntó solícito.

—¿Tienes hambre, sed, necesitas ir al baño?— Imitó su tono de voz y le recordó la pregunta que le hizo una mañana en el hotel de Zanzíbar. Él le sonrió pícaro y ladeó la cabeza haciendo que se sonrojara. — ¡¡Vale ya!!—Le susurró con brío.

Edward rió y se puso en cuclillas entre sus piernas.

—Estoy pensando en hacer las fotos para la exposición… ¿te apetece?

—Eso…—Bella quedó trabada en sus pensamientos lujuriosos que vagaban a sus anchas por su mente con cada gesto que Edward le dedicaba.

Edward que captó el gesto de su chica se tapó la boca, que formaba una O, de una manera muy afeminada.

—Me ruboriza señorita Swan…—Le dijo con soniquete.

—¿En la cabaña?—Dijo desdeñosa obviando su broma.

—¿Acaso quiere posar en el exterior?… —Parpadeó varias veces exagerando el gesto. —… ¿Desnuda?

Se ganó un golpe en el hombro, junto con una cara de enfado.

—Estás tontísimo Ed. —Le reprendió.

—Lo sé…no todos los días se ve a tu hija en foto…—Se levantó y le tendió la mano. Bella rodó los ojos.

—Si no has visto nada…—Dijo por lo bajo. —Si no tenemos ni idea de lo que esa masa gris de la pantalla es…—Edward se encogió de hombros.

—Cierto. —Le susurró al oído cuando se levantó. —Pero si a mí el doctor me dice que es la nena…

—O el nene…

—O el nene…pues me vale. —Miró  a Jazz y a Alice. —Chicos nos vamos a la cabaña, que no nos molesten para nada ¿Si?

—Si, si, vosotros aprovechad ahora a darle, que cuando llegue vuestra hija al mundo no vais a poder…—Contestó Alice riendo.

—Eres mala Al. —Le susurró Jasper.

—No paran, en serio, son como conejos…—Le devolvió en el mismo tono.

—Seguimos aquí. —Reclamó Bella.

—Pensé que habíais salido corriendo. —Volvió a reír la pequeña mujer.

—No vamos a eso…—Devolvió Bella con un tono enfadado.

—Ya, ya…

Edward tiró de su manos suavemente y se fueron dejándolos solos.

—Tenemos muy mala fama Ed. —Se quejó.

—No es mala, es la que es…—Dijo orgulloso. Bella rodó los ojos de nuevo, pero tenía que admitirse que a pesar de las bromas, se sentía feliz y pletórica de la vida que tenía.

De camino a la cabaña se encontraron con Jacob que caminaba pensativo.

—Que bien que te veo. —Dijo el moreno dirigiéndose a Edward.

—¿Lo has pensado?—La pareja le miró expectante.

—Como las clases son por la tarde casi noche, creo que me voy a meter en el berenjenal contigo. —Le sonrió encogiéndose de hombros.

—Genial. —Edward contuvo  las ganas de gritar y se acercó a abrazarle por los hombros, cuando le apretó un poco fuerte Jaco empezó a reír.

—Para Romeo… que no te vas a poder contener con mi sex—appeal…—Bromeó. Edward se separó y elevó las cejas.

—Encima de que te doy una oportunidad de estar muy cerquita de mi…esto no se va a volver a repetir…lo perdiste. —Le dijo fingiendo seriedad. — Bueno, ahora estoy un poco ocupado… ¿te parece si mañana hablamos en serio de todo esto?— Alargó la mano y el profesor de yoga le chocó con la suya.

—Es genial Jacob. —Bella le sonrió encantada de que fuera el socio de Edward en el negocio del submarinismo.

—¿Sabes que ahora me está dando un poco de corte hacerlo?—Belle estaba arrodillándose al lado de la piscina privada de la cabaña, todavía llevaba una camisa que había cogido de Edward para cubrirse hasta comenzar.

—¿En serio?—Él le miró con un atisbo de preocupación. —Si tu quieres lo dejamos Bells…no quiero que estés incómoda.

—Es que es…raro, me va a ver mucha gente… ¿Y si alguien compra la foto y me pone en el salón de su casa? Donde cada vez que se reúnan por Acción de Gracias, la familia completa, esté contemplando  mi desnudo. O si me ponen en la habitación…y cuando…

Edward dejó la cámara y apagó los focos, de manera que en segundos se arrodilló con ella al filo de la piscina.

—Si no quieres hacerlo no lo hacemos preciosa. — Rodeó su cuerpo con los brazos, y la acogió en su regazo. Bella se recostó sobre su pecho y ambos metieron los pies en la piscina.

—¿Nos bañamos y luego continuamos?—Le dijo en voz baja Bella mirando el agua de la pequeña piscina.

—Lo que tú quieras pequeña.

Bella se quitó la camisa quedando desnuda y se metió al agua. La temperatura era perfecta, el agua estaba fresca comparada con el calor de la tarde, y Bella comenzó a sentirse mejor. El ataque de vergüenza le había subido el calor del cuerpo. Edward se quitó los vaqueros gastados que llevaba, Bella le miró y sonrió.

—¿Crees que es sano ir sin ropa interior?—Bromeó.

—No sé si sano, pero cómodo si. Además se que te enciende— Le contestó llegando hasta el borde de la piscina y se  metió.

Llegó hasta ella y le abrazó con dulzura por la espalda, rozando su vientre y besando su cuello hasta llegar a la altura de la oreja.

—No quiero que te sientas obligada a nada. — Le susurró y atrapó el lóbulo de su oreja haciendo las delicias para ella.

Bella inclinó su cuello para darle más espacio. Las manos de Edward acariciaron su vientre con deleite, subieron a sus pechos y los masajeó con ternura. Bella gimió en su contacto y cerró los ojos llenándose del placer que su tacto le otorgaba. Él se inclinó hacia ella buscando su boca y le besó despacio retirándose cuando ella comenzaba a responder, haciendo que emitiera un quejido bajo y provocando una sonrisa del fotógrafo. Bella se dio la vuelta siempre sujeta por los brazos de Edward y mirándole a los ojos, sujetó su cabeza por la nuca para atraerlo a la boca, uniendo sus labios, dejando que fueran ellos y sus ganas los que marcaran el ritmo.

Bella notó como su chico estaba más que listo para ir más allá y sonrió contra su  boca. Las manos de Edward bajaron por su trasero acariciándolo con firmeza, hasta llegar a su sexo desde atrás. Bella sujetó sus piernas en las caderas de él y las manos del chico entraron en contacto con la zona más sensible de ella. Frotó la mano contra su clítoris y ella jadeó rompiendo el beso.

Se quedaron mirando a los ojos fijamente, las bocas entreabiertas, las respiraciones erráticas. Edward  introdujo un dedo en el interior de su chica observando cómo su cara cambiaba abriendo ligeramente la boca y los ojos por el placer. El miembro de Edward quedó atrapado por los dos cuerpos y Bella comenzó a presionarlo con su sexo contra el marcado abdomen de él, haciendo que también se sobresaltara. No abandonaron ninguno la vista fija en los ojos del otro, mientras los movimientos comenzaban a ser más rápidos y Edward añadía un dedo más a la incursión.

—¿Puedo?—Preguntó él en un gemido.

—Siempre. —Contestó ella sin aliento.

La elevó ligeramente y ayudado de su mano colocó la punta de su miembro en la entrada de Bella, jugando durante unos segundos en ella, separando sus pliegues mientras la observaba perdida en el placer. Entonces de manera lenta comenzó a enterrarse en su sexo, pausadamente, disfrutando de cómo su interior le iba acogiendo, de la presión que ejercía sobre él, del roce exquisito que le proporcionaba ese momento. Cuando se introdujo por completo ambos dejaron escapar un jadeo.

Edward caminó hasta que Bella quedó apoyada contra un lado de la piscina. Los dos querían besarse, pero la realidad era otra, el vientre de Bella estaba entre ambos, ella se metió el dedo índice a la boca y lo lamió, de manera que Edward viera cómo la lengua jugaba con él. Las embestidas tenían una cadencia absolutamente deliciosa para los dos. Bella sacó su dedo de la boca y lo introdujo en la de él, quien lo lamió con avidez, recreándose como si realmente fuera un beso con ella, mientras seguía entrando y saliendo de ella, creando una fricción que los impulsaba a las puertas del cielo.

Perdidos como estaban en sus ojos, y sin acelerar siquiera el ritmo, llegaron al orgasmo a la par.  De la misma manera, luchando por no cerrarlos, en ese momento de éxtasis, de ambas bocas se escaparon unos te amos  tan sentidos, como una caricia para sus almas.

Edward recuperó el aliento y salió de ella para abrazarla y besarle de una manera profunda y a ella le provocaron unas irrefrenables ganas de llorar. Se sentía tan completa con él, tan correspondida, que le parecía increíble estar viviendo todo aquello.

Después de unos minutos entregados a ese intenso beso se separaron quedando unidos por sus frentes.

—Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. — Le dijo ella sin aliento.

—Podría decir lo mismo preciosa. —Rozó su nariz contra la de ella y sonrieron embobados.

—¿Me haces las fotos?—Edward se separó de ella y la miró interrogante. —En serio, ya se me ha pasado la tontería…—Bajó la cara tímida.

—No lo hagas por mí, puedo pedir permisos y exponer las que tengo archivadas. —Bella frunció el ceño divertido.

—¿Archivadas?…no. Expón las mías.

—Pues van a ser una pasada. Porque después del sexo la piel se te pone preciosa, y aunque no vaya a exponer ninguna mostrando tu cara tengo que hacer alguna solo para mí. —Le sonrió pletórico.

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