#13#

—Hey chicos ¿Qué tal el tour?—Edward se dio la vuelta mientras observaba a Bella pedir la llave en recepción.

—Em…No esperaba verte hasta…—tragó saliva—mañana por lo menos…—Se sintió incómodo, necesitaba subir a su habitación, y no solo para quitarse los pantalones empapados que cubrían su camisa.

—Ya…—él sonrió socarrón ajeno a la cara de circunstancias de su amigo. — Pero después de una gran sesión…—Le guiñó un ojo y Edward sonrió casi sin ganas. — Rose y yo habíamos pensado ir a dar una vuelta, y como sabemos que entre vosotros no hay mucho buen rollo pues…ya sabes, Rose sintió pena y propuso salir a buscaros. Me ahorro la llamada. — Le palmeó el hombro.

—Emmet…—La voz de Bella llegó a los dos amigos, Edward le miró de forma inexpresiva, ella, a pesar de que conservaba el rubor de su cara, se quedó petrificada. — ¿Rose?—Ni siquiera pudo mirar a Edward, fue como volver al mundo real y él lo notó, la magia había terminado.

—Baja ahora mismo, tarda más que yo en prepararse. —Le dijo riendo— Tenía que ponerse mil cremas en la cara y el cuerpo. Yo me he ofrecido a ayudarla pero ella…

—Em…—Reprendió Edward.

—Ya tío…se me va. —Tenía una sonrisa radiante. — ¿De dónde venís?.

—Esto…de…—Bella comenzó a hablar sin saber que decir, por su mente solo pasaban las imágenes y las sensaciones del trayecto en coche, estaba bloqueada, y convencida que se le notaba a la legua lo que acababa de pasar.

—De pasear por la ciudad, hace un calor inhumano y hemos decidido venir a  ducharnos. —Edward capeó el temporal. — El turismo a pleno sol del mediodía, no es recomendable tío.

—¿Y si os ducháis y nos vamos a comer algo por ahí?, ¿Habéis comido?

—No. —Contestaron al unísono.

—Perfecto, nos vemos en…

—¿Dos horas?—Preguntó Edward. Bella volvió su cabeza a él como un resorte.

—¿Para ducharos?… ¿dos horas?… —Emmet rió.

Edward trataba de hacerle entender a su amigo con la mirada que no solo era una ducha, pero este, obnubilado en su experiencia personal, era incapaz de leer a través de sus ojos.

—Media hora…—Dijo Bella, nerviosa por ser descubierta.

—Está bien, subiré a hablar con Rose, seguro que se alegra de tener tanto tiempo…aunque quizá entonces nos demoremos…—comenzó a reír. Edward rodó los ojos.

Subieron los tres en el ascensor. Emmet silbaba encantado y satisfecho.

Edward a su derecha miraba al frente, pensaba que la suerte no estaba de su parte, ¿estaría pensando ella en llegar a la habitación con el mismo propósito que al salir del taxi?, de todas maneras, se planteó, que no le apetecía un revolcón rápido, sin tiempo, y tampoco quería a Emmet en la puerta de la habitación golpeando para que saliese por su demora.

Bella por su parte, a la izquierda de Emmet, tenía la cabeza echando humo, se había dejado llevar por completo con Edward, había hecho algo que nunca se le habría pasado por la cabeza, él le había tocado íntimamente, claro, ella encantada, pero solo dentro de esa atmósfera que habían creado durante una hora para ellos. El mundo ahora no era esa burbuja. Se quería golpear la cabeza y perder la memoria a corto plazo. La Bella racional había vuelto a su cuerpo y mente, ¿cómo iba a mirar a Edward ahora?, ¿Cómo iba a compartir habitación con él?

Ambos entraron a la habitación en silencio. Bella se dirigió a su mochila y sacó ropa limpia.

—¿Te importa si paso yo primero?—Edward se le quedó mirando fijamente, el tono empleado significaba que ya no era la misma chica osada. Ella bajó la mirada.

—Bella…—Empezó Edward.

—No…déjame ducharme ¿vale? Y si quieres luego…hablamos. —Edward asintió, por supuesto que iban a hablar, eran adultos por favor, y no había pasado nada malo.

—No te puedo dejar duchar a ti primero…—Le dijo él ante la mirada atónita de la chica. — Tengo más urgencia que tú. —Y señaló su pantalón, estaba pegado, el no llevar ropa interior le estaba haciendo sentir muy incómodo. —Teniendo en cuenta que tus braguitas han recogido tu culminación…Creo que tengo preferencia.

Bella, arrebolada, se le quedó mirando mientras asentía para darle paso, no pensaba que él estaba en esa situación, apenas le había tocado, unos roces con su trasero…quizá en su orgasmo había acrecentado el ritmo. Sus mejillas ardían.

En quince minutos ambos estaban en la habitación duchados.

—A ver…estoy descolocado Bella…no hablas… ¿qué pasa?—Edward se levantó de la cama y ella se volvió del espejo en el cual se peinaba con parsimonia.

—Nada Edward…ya está, no quiero hablar del tema…

—¿Del tema?…entonces ¿Cómo estamos?, que yo recuerde veníamos a la habitación a echar un polvo, estábamos realmente calientes. Entiendo que ahora se nos han cortado los planes pero… ¿es esto necesario?— Señaló a ambos de forma rápida. — Dios Bella…ha sido algo bestial…—No podía dejar de pensar en ella encima de él temblando, y no podía evitar imaginársela provocándole orgasmos de otras maneras.

—No…me lo recuerdes…— Sus mejillas se volvieron a encender.

—¡Oh! bien…volvemos a ser los de antes, perro—Bella, Edward—gato…bien. —Dejó caer los brazos y sus palmas golpearon sus muslos en una sonora palmada. — Perfecto, maduro, muy maduro…me  voy abajo a esperar a Emmet y a Rose…—si finalmente Emmet no hubiera aparecido, maldita casualidad…ellos habrían subido y se habrían entregado el uno al otro, habrían disfrutado…pero ahora algo pasaba por la mente de Bella que volvía a estar cerrada en banda. Maldita chica obcecada.

Cerró de un portazo y Bella se sobresaltó. Necesitaba serenarse y dejar de pensar en cómo Edward le había provocado un orgasmo en público prácticamente, en lo osada y provocadora  que se había sentido con él,  tenía que pensar que había sido un desliz de su mente, la había amordazado. Bien, pues ahora su mente hablaba y le reprendía, con razón, ella no tenía esa fortaleza para afrontar un buen rato, y después vivir unos días con él simulando que no pasaba nada, ella no era así. Y si Edward no lo entendía tenía varios problemas, a ella le daba igual. El caso era que tampoco podía evitar acordarse del orgasmo tan brutal que le había proporcionado, del morbo de la situación y también, sin quitarle importancia, que él también lo había gozado, o por lo menos eso decían sus pantalones. La conclusión final era que tenía la cabeza hecha un lío, y que lo único que deseaba con más fuerza, era desaparecer de allí.

Paseaban de nuevo por las calles de la ciudad, para Emmet y Rose no habían cambiado mucho la relación entre sus amigos, estaban quizá más distantes, pensaban que con cualquier roce habían provocado otra pelea, claro que no se imaginaban el roce en cuestión, ni en un millón de años.

—Comamos algo, estoy hambriento. — Emmet se paró en un restaurante que parecía tener la cocina abierta a pesar de las horas.

—Por mi perfecto. —Dijo Bella tratando de mantener su compostura.

Se sentaron, Emmet y Rosalie no paraban de reírse y hacerse carantoñas, Edward y Bella era la visión opuesta. Sus caras largas eran tremendas, no se habían dirigido la palabra en todo el paseo.

—¿Ya saben lo que van a tomar?—Una camarera morena y de piel pálida se les acercó a la mesa. Radiografió a los dos hombres y en cuestión de segundos, al ver cómo Rose se pegaba al moreno, se decidió por el atractivo chico de ojos verdes.

Preguntaron por platos típicos de la isla, Bella quería que probaran variedad, no estaba segura de que ese fuera el mejor lugar. Ese día estaba siendo raro para el objetivo de la excursión, no era como si estuvieran trabajando en un reportaje. La camarera hablaba de los platos y especialidades y lo hacía mirando a Edward directamente.

—No eres de aquí ¿verdad?—Preguntó el fotógrafo cuando terminó de escribir la comanda.

—No, soy de Lyon, Francia. Vine hace un año y medio a la isla. Me enamoré del azul verdoso de sus aguas. —Le dijo mirándole directamente a los ojos. Bella bufó por lo bajo, a Edward no le pasó desapercibido.

—Si fuera posible que los platos llegaran cuanto antes…tenemos hambre. —Rose viendo la mueca de su amiga le echó un capote.

—Si…por supuesto. —Se disculpó la joven sin dejar de mirar a Edward, le correspondió con un guiño.

—Es guapa Ed…no te ha quitado ojo. — Emmet dijo riendo a su amigo.

Las chicas se pusieron incómodas. Rose tenía claro, como el agua, que su amiga iba a dejar a Edward a un lado por su cabezonería pero no porque no le gustara.

—Lo es…y que me dices del acento… —Edward barrió la mesa con su mirada sin detenerse mucho en los ojos chispeantes de Bella, que a diferencia de su rostro, de falsa serenidad, llameaban.

Se sonrió para sí, claro Bella…no se puede ser el perro de Hortelano…pensó.

—He pensado en alquilar unas motos para ver el sur de la isla, es la mejor manera de conocerlo. ¿Qué os parece?, Emmet. —Bella dejó claro que se dirigía a él. Estaba realmente enfadada, si esa era la manera que Edward tenía de demostrar su madurez, flirteando con una camarera pues que le aprovechara, bien, qué le importaba a ella lo que el estúpido fotógrafo hiciera.

—Me parece perfecto.

—Yo no voy a conducir la moto. —Dijo Rose. — No tengo ni idea, me dan algo de miedo. Pero vamos que ir de paquete no me importa. —Batió las pestañas y bromeó con Em.

—Vendrás conmigo. —Le dijo Emmet sonriendo.

Se les veía encantados en el punto en el que estaban, y Bella sintió envidia de su amiga,  pasándolo bien y sin negarse a sí misma, mientras ella se reprendía con su mente machacona, que no dejaba de enviarle las sensaciones vividas en el taxi, el aliento de Edward en su oído , las palabras llevándole al  límite, sus besos…

—Aquí tenemos parte del pedido. —La morena llegó y depositó los platos en la mesa, antes de irse miró a Edward y este le devolvió una sonrisa.

Bella estaba hirviendo de rabia, pensar que podría estar como Rose…o por lo menos…sentirse un poco  más cercana a Edward, quizá no iba a ser así, quizá aunque se hubieran acostado juntos, él estaría tonteando igual con la camarera, ese pensamiento le reconfortó ligeramente, por lo menos no se había acostado con él…la vergüenza asoló su cuerpo, pensó que casi había sido peor lo que había hecho, algo tan morboso y subido de tono, algo que aislado era bochornoso.

Salieron del restaurante saciados y Rose se aproximó a Bella, estaba realmente preocupada.

—¿Estás bien cielo?

—Bueno…—le dijo mirándole cohibida.

—Eso no es estar bien, durante la comida has estado tan  ausente, tu cara era todo un poema Bells. ¿Habéis discutido fuerte Edward y tú?

—No…—Pensó en el portazo de Edward al abandonar la habitación. —No podría llamarlo discutir, pero hemos estado muy cerca y de repente nos hemos alejado el doble de lo que estábamos antes. — Bella se volvió y vio como Edward metía el papel, con el teléfono que la camarera le había dado con muy poca discreción, en su bolsillo del pantalón.

—No te entiendo, ¿ha pasado algo?

—Si…es  vergonzoso. —Rose abrió los ojos como platos.

—Estoy perdida Bells.

—Vale, —se acercó a ella agarrándola del brazo y acelerando un poco el paso se alejó de los chicos, bajó la voz. — Nos hemos besado, y nos hemos puesto muy a tono…yo me he permitido ser osada…y digamos que el camino en coche al hotel ha sido verdaderamente… excitante…

—¿En qué sentido?, tía, se más clara. — Rose no quería decir lo que pensaba, a veces Bella se escandalizaba con sus suposiciones.

—Me ha provocado un orgasmo en el coche. —Rose le miró con la boca enorme como un plato, definitivamente su amiga no era tan mojigata.

—¿Hemos pasado de odiaros a excitaros mutuamente?, interesante ¿No? Ahora no entiendo como después de… ¿¡en el taxi!?—ahogó una carcajada—…Pero eres una exhibicionista Bells, picaruela. —Bromeó

—Rose, por favor. —Rogó

—Vale…pero no entiendo como pasáis de lo uno a lo otro y ahora resulta, que Edward ha estado toda la comida tonteando con esa chica.

—Íbamos a la habitación cuando nos hemos encontrado a Emmet.

—Si es que al final deberíamos habernos quedado explorándonos más a fondo. — Dijo Rose reprochándose a sí misma.

—Casi que habría sido mejor, porque así  nos habríamos acostado y no tendría que estar pensando en lo escandaloso que es que él me haya masturbado en un taxi, soy una buscona.

—Dices unas tonterías insuperables Bella.

—¿Eso crees?

—Sí, sin duda. Emmet no tiene la culpa de que te hayas reprimido. —Le miró directamente. —Asume las cosas y se más valiente. Te gusta, no entiendo a que tanta cuestión. Si te has dejado llevar en un determinado momento con él… ¿qué ha pasado para enfadaros?…voy a obviar lo de tu orgasmo en el taxi, añádelo a tu lista de cosas excitantes y deja de reprenderte sin más.

—He frenado mi osadía, le he dicho en la habitación que no quería saber nada, ni hablar de lo que había pasado en el trayecto.

—En serio, te pierdes cosas por tu cabezonería. No es que te quiera arrojar a un mundo de lujuria pero…chica, un poco de mesura en el tema, que te voy a tener que comprar unas sandalias y mandarte a las Carmelitas. —El tono de reproche de Rose era evidente. — Ahora por imbécil, ese picha brava va a andar suelto por ahí, delante de tus narices, cuando eras tú la que le tenías que haber dado caña.

Bella se fue haciendo pequeñita con la charla de Rose, llevaba razón en todo, porque ahora le iba a tocar ver cómo el atractivo fotógrafo tonteaba con otras, y agradecida si solo fuese un tonteo…

—Muy bien…Me concentraré en qué esto es trabajo, estoy para enseñar la isla, no para tener un affaire.

—En serio Bells…

—Vale Rose, lo he entendido, pagaré por mi estupidez. No quiero hablar más del tema.

—¿Por qué no me dijiste algo?

—Estaba ella delante.

—Un gesto tío…algo

—Estabas en la parra Emmet, seguro que recordando tus revolcones en la habitación, si ni siquiera enfocabas.

—Entonces ahora chungo ¿no?, ¿por eso flirteabas con la francesa?

—He notado que a Bella le ha molestado, de todas maneras estoy perdiendo el norte, se está convirtiendo en una obsesión, en serio…—

—Ya lo veo, no es que te reconozca mucho. Nunca te había costado tanto llevarte a la cama a una chica.

—Me saca de mis casillas, es como si fuera varias personas a la vez. Cuando está en su ámbito es divertida, inteligente, locuaz, amable, si yo me interfiero en su espacio se vuelve una borde…Esta mañana hemos logrado hablar de cosas nuestras, más bien ella, yo tampoco es que haya contado mucho de mí, pero hemos logrado un ambiente agradable, he empujado un poco sus límites y hemos acabado…bueno…ya lo sabes…

—Calientes como antorchas. — Emmet empezó  a reír como demente ante la reprobatoria mirada de Edward. —Perdón.

—Y luego en la habitación…otra vez esa coraza. Joder tío, estoy hasta las pelotas de esto, necesito que se acabe esta semana de mierda y largarme de aquí. Es una tía…— negó mientras cerraba los ojos— es bipolar…

—En serio Ed… ¿a ti  esa chica no te estará gustando más de la cuenta?

—No. —Dijo tajante sin pararse a pensar en su respuesta.

—Me descolocas, nunca te había visto pensar tanto en la forma de ser de uno de tus ligues.

—Es que no es mi ligue…—Por un momento la sensación que tenía en su mañana con Bella le impactó fuerte, no era solo buscar la satisfacción sexual, estaba todavía ese pensamiento que le golpeó, la ternura que le inspiró, las ganas de estar cerca, y sobre todo las ganas de hacerla gozar, de hacerle olvidar lo que ese tío había hecho con ella, de que se relajara y temblara en sus brazos…hacía mucho tiempo que no había tenido esa necesidad con nadie.

—¿Estás bien?—Edward tocaba la pulsera de abalorios mientras miraba en dirección a las chicas que se habían alejado bastante.

—Estoy cansado. Creo que me voy al hotel, necesito dormir algo…

—¿Te acompaño?

—No Em, gracias.

—No estarás pensando en llamar a la francesa. —Le dijo moviendo las cejas en un gesto pícaro.

Edward negó con una sonrisa mientras arrugaba el papel que tenía en el bolsillo, no pensaba en ello, para nada.

#14#

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