#20#

No podía ser posible que estuviera pasando eso, es como si su mente se hubiera puesto a alucinar. Nunca le había caído bien James, era el marido de su hermana y el padre de su sobrina, lo había tolerado por respeto a Kate, pero ver cómo abrazaba a Bella…y como le besaba.

No sabía si la rabia que le consumía por dentro era saber que ese bastardo le era infiel a su hermana o que era Bella con quien lo estaba llevando a cabo, se le nubló tanto la mente al verle en esa actitud con ella, que ni siquiera había reparado en que la mujer estaba tratando de quitárselo de encima.

Entonces se le encendió la luz en su cabeza, él era el James del que le habló Bella, era el que le había chuleado hacía seis meses, ¡con el que se iba a casar! El que había hecho que Bella desconfiara de todos los hombres. El que había traído a su mujer…Kate…claro, ella había venido a la isla hacía unos meses, ni siquiera lo había pensado, ¿pero cómo hacerlo?, tantos viajes en común…el mundo y sus infinitos lugares con la enorme cantidad de población…¿cómo era posible?

Tenía que calmarse y hablar con su madre, saber si es que estaban pasando por un mal momento. No se habían separado eso seguro, en la isla había hablado con ella y le habría informado de eso, solo le contó que tenía a la pequeña Sofía con ella porque Kate estaba en Chicago en una conferencia  y James estaba de viaje…maldito bastardo…Apretó las manos con fuerza, se bebió el whisky de trago, solo quería dormir, quedaban horas para llegar a Nueva York.

—Pero eso es imposible hijo. —La madre de Edward, horrorizada, no dejaba de negar. — No es que James fuera santo de mi devoción, pero siempre pensé que con tu hermana se portaba bien.

—A mi no me cayó nunca bien, pero le respetaba. En serio mamá, créeme, yo tampoco me esperaba esto.

—Y le pegaste…por besar a otra…—Esme miraba a un punto fijo. —Ay hijo, eres muy visceral  a veces, a ver si te vas a buscar un lío con la policía.

—No creo que ni se atreva a denunciar. —Dijo asqueado acordándose del momento, sin poder dejar de pensar en Bella acorralada, entre sus brazos y la pared. —Es mezquino

—¿Qué vamos a hacer?, hay que contárselo a tu hermana.

—Lo sé, se va a romper…bastardo de mierda. —Siseó entre dientes.

—¿Y cómo sabes que tenían una relación hacía tiempo?—Esme no salía de su  asombro.

—Me lo contó ella, la…chica en cuestión. — Bella en el mirador de Zanzíbar se personó en su mente, cerró los ojos ante el pensamiento y la sensación residual en su cuerpo.

—¿Y si se lo inventó?, no sé hijo, puede que lo de estos días haya sido una reacción estúpida, un fallo.

—No se lo inventó. —Dijo tajante. —Ella no se lo inventaría. —Susurró mirando al suelo. —Además, ni siquiera sabía que era James cuando me lo contó, ni ella sabe que lo conozco. ¡Maldito cabrón!—Por momentos la ira le cegaba.

—Hijo contente, deja de jurar por favor. —La puerta de la calle se escuchó. — ¡Carl!—Esme se levantó de un salto y se dirigió a su marido.

Carlisle se asustó por la llamada de su esposa, y se aproximó a ella con prisa, la abrazó.

—¿Qué pasa?—Edward había salido detrás de ella. — ¿Kate?, ¿Sofía?—Preguntó con un gesto de terror mientras Esme le abrazaba con fuerza.

—Es James. —Le dijo soltándose del amarre.

—¿Un accidente?—Miró a  Edward negar.

—¡¡Tío!!— Sofía recién levantada corrió hacia Edward frotándose los ojos. Los rubios rizos estaban alborotados alrededor de su cara.

—Se ha vuelto loca cuando le he dicho que estabas aquí. —Dijo Esme apareciendo detrás de ella.

—¿Quién es esta preciosa señorita?—La cogió en brazos y la besó mientras los pequeños brazos de la niña se agarraban a su cuello. —¿Te conozco?—Bromeó.

—Zoy yo tío, Zofía. —Edward la hizo volar mientras ella reía sin parar, era su debilidad.

Esme miró a Carlisle negando al incorporar las noticias que Edward había traído, a la realidad de su nieta.

—¿Ya ez mi cumple?— Le preguntó mirándolo con una sonrisa enorme.

—No, no es tu cumple. —Le dijo Edward sonriendo.

—¿El tuyo?

—Tampoco…

—¡Zon Navidadez…!—Sofía levantó los brazos como si aquel descubrimiento fuera lo mejor que le hubiera pasado nunca.

—No pequeña, estoy aquí porque…no he podido esperar a tu cumple para verte. —Las risas de la niña con el juego inundaron la cocina.

—Vamos Sofía, tienes que vestirte, mamá vendrá en seguida a por ti. — Esme se acercó a ellos.

—¡¡El tío, el tío, que me vizta el tío!!—Gritó.

Mientras Edward ayudaba a su sobrina a vestirse en el piso de arriba el teléfono de la casa Cullen sonó varias veces.

—¿Dígame?—Carlisle cogió el auricular.

—¿Papá?—Con una punzada en el estómago distinguió el tono de llanto que su hija tenía.

—Kate, cariño… ¿Has llegado?

—James me ha llamado. — La voz nasal indicaba que ya llevaba un rato llorando. —Quiere el divorcio papá…¡¡no lo entiendo!!…¡¡Por teléfono!!—Gritaba desesperada —¡¡Me lo ha pedido por teléfono!!

Carlisle miraba a Esme dolido, se sujetó el puente de la nariz.

—¿Estás en el aeropuerto?

—Sí, papá. No puedo…—el tono fue bajando. —No puede ser…—Empezó a susurrar. —Dice que me quiere pero que tiene que ser así. —La voz se perdió como un suspiro y Carlisle apretó los ojos con fuerza.

—Voy inmediatamente cielo.

Edward y su madre estaban en el salón, Sofía jugaba con un muñeco en la alfombra y en el piso de arriba, en la cama y casi completamente sedada. Habían decidido no contarle nada, era absurdo hacer leña del árbol caído. Al fin y al cabo él había terminado con todo de la manera más ruin, dejando los pedazos de Kate únicamente.

—Estuve con la madre de Irina. —Dijo Esme de repente. Edward frunció el ceño pero no dejó de leer el periódico. — Otra vez volvió a sacar el tema de vuestra relación. —Parecía temerosa de hablar.

—Pues después de cuatro años debería dejarlo estar, es absurdo que te lo repita una y otra vez.

—Entiende hijo, no sabemos a qué vino esa ruptura tan de repente. —Edward bufó, y su sobrina levantó la cabeza pendiente de él en todo momento.

—Tio Ed ze eztá enfadando…—Canturreó, y Edward le miró sonriendo.

—No preciosa, no me estoy enfadando. Mamá, ¿en serio quieres sacar otra vez el tema?—Dijo más calmado.

Su móvil empezó a vibrar en el bolsillo, Emmet de nuevo, lo dejó sobre la mesita que pegaba al sofá. Otra vez Bella en su cabeza, y en su piel, y en su…no era posible, no estaba preparado, él no era para ella, tampoco quería sufrir. Si las circunstancias le habían llevado a alejarse, él lo haría y punto. Quizá estuviera con James, no sabía si la celeridad con la que ese desgraciado estaba llevando a cabo el divorcio era por Bella. Pero se dio cuenta que tampoco quería saberlo.

—Si tan solo me dijeras el por qué. Es que hasta me agobia que esa mujer me venga con la historia cada vez que me la encuentro. Que si Irina quedó muy mal, que si le costó recuperarse mucho…—Hablaban en un tono bajo para que la pequeña no se sobresaltara.

—¿Eso dice?—Se quedó alucinando.

—Si hijo, no soporto que entre esas palabras quiera dejarte como el malo, no eres mala persona. Pero no tengo con qué rebatirle. Siempre le digo que vuestras razones tendríais.

—Es una cínica, y una falsa. —Negó. — Me engañó con Riley durante los últimos tres meses. —Rió de forma sarcástica. — ¿Increíble no? Ahí tienes la explicación. — Esme se quedó con la boca  abierta.

—¿Y por qué en vez de largarte por el mundo no me lo contaste?—Dijo visiblemente molesta pero tratando de controlarse por su nieta que canturreaba mientras jugaba con las muñecas.

—Necesitaba desconectar.

—Ay hijo mío, menuda…—Miró a su nieta y se mordió la lengua. —Y anda que Riley…con razón dice tu padre que lo evade cuando lo encuentra en el barrio. ¿No lo has vuelto a ver?

—Alguna que otra vez. —Dijo con indiferencia. — Ya me da igual.

—¿Por esa… no has querido más relaciones? Porque no todas son así…no lo creo.

—No quiero nada, me divierto de vez en cuando, pero relaciones…—Bella, su risa, su cercanía, su sinceridad, su…posible relación con James…Inspiró profundamente—No quiero nada de eso mamá, y vamos a dejar de hablar de esto. Ya sabes lo que pasó, y espero no sacar más el tema.

Esme se levantó y besó a Edward en la mejilla.

—Es la primera vez desde hace mucho que me hablas así cielo, estás diferente. ¿Quieres merendar algo?

—Mamá…—Le miró sonriendo. —Tengo edad para hacerme yo la merienda ¿no crees?

—Ya…—Le devolvió la sonrisa. —Pero es que tenerte aquí en casa tantos días, aunque sean estas las circunstancias…—La sonrisa se borró al acordarse de su hija.

—¿Un bocadillo de Nocilla?—Le preguntó él con intención de sacarle una sonrisa.

—¡¡Ziii!!—Su sobrina que había escuchado la petición de Edward se levantó como un torbellino. —¡¡Yo también quiero Nocilla abuela!! –Esme rió encantada.

Bella y Rose se abrazaban en la recepción del hotel. Dos enormes maletas descansaban a su lado.

—Llámame cuando lleguéis. Te deseo toda la suerte del mundo con Emmet, Rose. — Bella susurraba en el oído de su amiga.

—Y en cuanto tenga noticias de Edward, te lo haré saber

—Tranquila, al fin y al cabo no teníamos nada. — El tono de Bella era convincente.

El hecho de haberse despedido de él antes de volver a la isla le había dejado tranquila. Y aunque Emmet le dio a entender que venía a hablar con ella, no se hizo ilusiones por ello, prefirió desechar todas las esperanzas, ni siquiera se quería plantear de momento, si la visión de James con ella le había hecho irse así de esa manera. De momento, no.

Además, todavía estaba todo aquel rollo de Garret, Susan y la herencia. Y todo ello con la Convención de Yoga en curso, gente yendo y viniendo y la paz de todos ellos siendo palpable en el ambiente, pero no le llegaba a traspasar. Agradeció que finalmente Jake hubiera ido sin más problemas, pero algo pasaba, que cuando estaban todos en un lugar común, se mascaba la tensión. Y Vasu estaba extrañamente hermético. Se sentía agotada, lo único bueno de todo ese trajín continuo, era que dormía como un mamut, sin darse tiempo a pensar durante las noches.

El abrazo entre las amigas se hizo más fuerte.

—Ojalá pudiera quedarme contigo más días. —Le decía Rose al oído mientras ninguna de las dos cedía en dejar el abrazo. —Mierda de trabajo. —Bella rió.

—Voy a estar bien. —La voz sonó amortiguada contar Rose.

—Prométemelo. —Se distanció y le hizo un puchero, Bella asintió. —Solo espero que te cuiden bien. Es increíble la revolución del hotel en apenas un par de días.

¿Un par de días?, Bella pensó que eran bastantes más, desde que Edward irrumpió en la isla aquello se había convertido en una serie loca de acontecimientos. Y aunque solo hubieran pasado dos semanas de aquello, a ella le parecía una eternidad. Apartó a Edward del frente, besó a Rose y le dedicó una mirada de agradecimiento.

—Nena. — Emmet interrumpió. —Tenemos que irnos.

—Ed tío, ¿ por qué no me coges el teléfono?— Em se sintió aliviado cuando su amigo por fin dio señales de vida.

—Lo siento Em, todo está siendo un poco raro.

—¿Qué paso?, ¿Estás bien?—No entendía nada. — ¿Quedamos? ¿Estás en Nueva York?

—Estoy de camino al aeropuerto, me voy a Sucre, a Bolivia.

—¿Cómo?… ¿Trabajo?

—Si…y no…necesito hacer algo diferente, estoy un poco…superado por algunas cosas y necesito desconectar de todo. No sé si te acuerdas de Robin, el chico de la ONG médica, me voy a hacerle un favor con un reportaje que quiere para una revista y para su página web, y supongo que me quedaré más de la cuenta.

—Eso en ti son meses…

—Sí, creo que sí.

—¿Me vas a contar qué paso?…no se tío, te fuiste así de esa manera.

—Joder, es largo…—Dijo cansado.

—Solo si quieres. Sabes que soy yo, cuando quieras puedes contar conmigo. —Edward resopló.

—James, el…tío al que pegué…era mi cuñado. Bella estuvo con él hace un tiempo, mi hermana no lo sabía. En cuanto llegó aquí de la isla le pidió el divorcio. Está destrozada, ella y la niña están en casa de mis padres. Kate no se lo esperaba, el muy…se lo dijo por teléfono. La ha roto, tío, está como un zombi por casa, no reacciona.

—Jo der…—Emmet quedó lívido.

—Hazme un favor, supongo que sigues con Rose, no le cuentes nada, no quiero que Bella lo sepa, suficiente tiene con lo que el hijo de…—Apretó la mandíbula tanto que le rechinaron los dientes. —…le hizo, como para que encima se martirice con esto.

—¿Y tú y Bella?, ¿La vas a llamar?

—No.

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