#26#

Amaneció en la casa de los Brandon, Alice corría de una habitación a otra, Rose se encontraba de pies,  en la puerta de la suya con el pelo revuelto y cara de sueño, Judi y su hermana Mari Alice no paraban en el piso de abajo.

—¡¡Ha llegado el ramo!!—Gritaban al unísono.

—¡¡Esconderlo!!—Alice bajaba las escaleras a todo trapo. —¡¡Jasper no lo puede ver!!…¡¡No lo puede ver!!

Bella se desperezó ante tal revolución y al abrir los ojos después de frotárselos con fuerza se encontró con la cara de Edward peligrosamente cerca de ella. Como algo inevitable inspiró su aroma, lo había echado de menos, y aunque esto no significara nada, tenerlo tan cerca le reconfortaba.

—¡¡Esto parece la casa de Troya!!—El padre de Alice asomó la cabeza por la puerta de su habitación y miró hacia las escaleras—¡¡Judi por favor relajaros de una maldita vez!!  ¡¡Faltan como diez horas para la boda!!

A Bella le dio un ataque de risa incontrolable, no le faltaba razón, era una completa locura lo que se escuchaba desde la calma de su habitación.

—¡¡Levántate Jhon!! ¡¡Tienes que ir a lavar el coche!!—Judi le respondió en el mismo tono.

—Pero si lo lavé ayer…—le reprochó cansado.

—¡¡Me da igual!!—Judi no lo vio, pero el resoplido de su marido indicaba que su paciencia estaba por agotarse, y esto no había hecho más que empezar. — ¡¡La niña tiene que ir en un reluciente coche!!— Judi siguió corriendo de un lado para otro, como si tuviera una velocidad supersónica.

A Edward, a pesar de que se había acostado tarde hablando con Emmet, no le pasaron inadvertidos los ruidos y gritos, y por último la cama vibraba como si fuera a haber un terremoto.

—¿Qué está pasando?—Dijo somnoliento.

—Esto es mejor que Friends…—Bella seguía riendo.

—¡¡Meted las flores en el frigorífico del garaje!!… —Alice gritaba. —¡¡Jasper no las puede ver!!

—Madre mía…—Edward se frotó la cara. — Se va a caer la casa encima…—Y por primera vez miró a Bella, tumbada boca arriba, con solo la camiseta puesta, una mano en su vientre y riendo sin parar.

Le pareció una imagen hermosa, y se dio cuenta de que era imposible que se cansara alguna vez de admirarla, de que le había echado de menos como a nadie, y de que sus apenas dos días de aventura habían significado más que cuatro años con Irina.

—Lo siento…—casi no podía hablar. — Pero no puedo parar…—Se puso la mano en la boca pero seguía vibrando, y su espontaneidad contagió a Edward que comenzó a reírse con ella.

—En esta casa están girados…

De repente la marcha nupcial comenzó a sonar a todo volumen, mientras el tío de Alice la acompañaba con palmas.

—¡¡Tío por favor, Bella está durmiendo!!— Alice gritó desde lo alto de la escalera.

—En momentos como este me encanta explotar mi embarazo y mi somnolencia. — Bella se tapó la boca tratando de evitar la carcajada.

—¿Y no se ha dado cuenta de que su chillido es posible que ya te haya despertado?— Edward se incorporó. —A ti, y a los vecinos de setenta kilómetros a la redonda.

—Jazz tiene que estar flipando. —Ambos seguían riendo y de repente el ruido y el jolgorio paró.

—Se terminó el show, me pregunto que estará pensando Em de todo esto. — Edward levantó las cejas mirando a Bella.

Ella, tumbada en la cama, sintió esa mirada y no pudo evitar gemir ante esos ojos en los que había pensado más de lo necesario.

—¿Estás bien?

—Si…—Ambos estaban ya calmados.

—Bueno, aprovechando esta quietud, quizá momentánea, —rodó los ojos— puede ser que el tío de Alice nos ponga el Bolero de Ravel de un momento a otro… ¿te apetece que hablemos de nosotros?

—Nosotros…—Asintió y se incorporó en la cama.

—Empiezo yo. — Dijo y ella asintió. — Me consta que es difícil, por la localización geográfica de ambos trabajos, pero…a mi me gustaría que me dieras la oportunidad de conocernos. No solo quiero formar parte de la vida de mi hijo, me gustaría formar parte de la tuya. — Había ensayado cien veces ese discurso y lo había cambiado otras tantas, pero al final, el objetivo, era el mismo. —Creo que hemos empezado una tarta por la guinda pero…podríamos empezar a conocernos como amigos, pareja…poco a poco…— había hablado rápido, sin coger aire, dudó y le miró para que ella dijera algo.

—Tener una relación. —El interior de Bella botaba, pero se impidió a si misma ser tan obvia.

—Sabemos que sexualmente somos compatibles, probar si lo somos en otros aspectos.

—Entonces…sin sexo. —Para sorpresa de Bella Edward se sonrojó. —Oh Dios mío, me encanta este nuevo Edward al que puedo sonrojar…—Se tapó la cara con la sábana y él se la bajó.

—Tú  también estás colorada.

—Ya, pero… eso ya lo sabíamos.

—¿Y bien?

—¿Sin sexo?—Bromeó de nuevo Bella.

—Ya veremos, de momento déjame que te muestre que no soy tan jodido como te mostré en el  hotel.

—Eso ya lo sé.

—¿En serio?—Sonaron dos golpes en la puerta, alguien llamaba desde fuera.

—Hazte el dormido. Si no, pringaremos. —Susurró Bella tumbándose rápido y ocultando la cara contra la almohada.

Edward se tumbó de lado mirando a la puerta y dándole la espalda a Bella. Emmet entró despacio.

—Ed…—Susurró. —Ed…tío. —Llegó hasta él y le zarandeó despacio. —Despierta tío…

—Para Em…vas a despertarla. —Le miró como si acabara de despertarse con los ojos entrecerrados.

—Tú ya estás despierto, levántate y vente.

—¿Dónde?—Le miró con el ceño fruncido, no quería abandonar la cama al lado de Bella, y  más cuando se habían quedado a medias de una conversación que a ambos les interesaba.

—Jazz y yo tenemos que ir al restaurante a llevar unas conchas o no sé qué historias para los centros. Las chicas están como locas, todavía no entiendo como no os ha despertado el atajo de cencerros que contiene esta casa. —Edward reprimió una carcajada, Emmet estaba visiblemente molesto y con cara de sueño.

—Yo me quedo con Bella…

—¿Acaso necesita asistencia para dormir?—Le preguntó incrédulo alzando ligeramente la voz.

—Lárgate Em, la vas a despertar. —Susurró.

—Si llego a saber yo de estos privilegios, duermo yo con Bella. —Dijo enfurruñado.

—¿Me habrías dejado dormir con Rose?—Le preguntó pícaro.

La mano de Bella se deslizó hasta el trasero de Edward pellizcándole, este aguantó el sobresalto como pudo, y Bella trató de controlar las risas.

—Que te jodan Ed, eres un jeta. —Enfadado y somnoliento salió de la habitación donde sin cerrar la puerta se encontró con Rose.

—¡No les habrás despertado!—La puerta se cerró  a la par que Edward y Bella ahogaban las risas contra la almohada.

—¿Por qué me has pellizcado?, has puesto la simulación en peligro. —Se volvió hacia ella y le miró fingiendo estar molesto.

—He olido a ese Edward golfete cuando le has tentado a Em con el cambio de cama…no lo he podido evitar. — Sonrió radiante, él le había declarado sus intenciones con ella, y Bella se sentía pletórica por ello.

—Se me olvidaba que eres bastante celosa. —Achicó la mirada.

—Si es con Rose con quien me tengo que medir….entiéndeme. —Solicitó.

—Para mí no hay color, ella no tiene nada que hacer a tu lado. —Bella le golpeó el hombro de manera juguetona, intentando desviar la atención del sonrojo inminente de su cara.

—Vamos…no hagas eso. — Y se ocultó con la sábana.

—Tenía ganas de volver a verlos…

—¿A quiénes?

—Los coloretes de tus mejillas. —Con el dedo índice le bajó la sábana y le acarició una de ellas. Bella se estremeció con el contacto.

—Y yo que pensaba que tenías tus dotes de flirteo aletargadas…

—No puede ser, tengo que conquistarte. —Le dijo muy pagado de sí mismo.

—Conmigo no funcionan. —Devolvió tratando de sonar segura.

—Tardan en hacer efecto. —Bromeó y Bella volvió a sentir demasiado calor.

—Te estás aprovechando de mis hormonas ¿verdad?

—Ya, sí. Y en la isla también eran las hormonas. —Se carcajeó.

—Oh…venga… ¡déjalo!—Rió disimulando su sofoco. —No quiero seguir hablando de esto. —Edward se aproximó a ella quedando a milímetros de su cara.

—Solo quiero que sepas, que desde que me fui de la isla, no he dejado de pensar en ti, y que voy en serio contigo, y con nuestro hijo. —Le besó la punta de la nariz. —No te quepa ninguna duda. —Se levantó de la cama.

Bella se quedó paralizada en la cama, sonriendo tontamente, y un escalofrío la recorrió de arriba abajo haciéndola sentir borracha de endorfinas, casi tanto como si hubiera tenido sexo con ese hombre al que ahora contemplaba sin barrera ninguna.

Edward conducía su Volvo plateado mientras en la parte de atrás Jasper, visiblemente nervioso y Bella, con una sonrisa adorable, se daban la mano para infundirse serenidad.

—No puedo creer que estés tan nervioso. —Le dijo Bella.

—Tú no te has enterado de la mañana que hemos pasado, creo que mi familia política necesita terapia.

—Enséñales a meditar. —Sugirió Bella.

—Creo que los fármacos serían más acertados. —Bufó. Bella miró por el retrovisor  a Edward alarmada, Jasper estaba como nunca le había visto.

—Bueno Jazz. —Comenzó sosegado Edward. —Así que viviréis en la isla, en el Hotel…¿Y Alice…y su trabajo?—Jazz respiró hondo.

—Pues la verdad, no lo esperaba, pero Alice decidió pedirse un año de excedencia. — Bella agradeció con la mirada a  Edward el desvío de la conversación, ella sabía que él conocía la historia, pero esto hizo que Jasper se relajara en terreno seguro. — La sorpresa vino cuando la directora de la revista le pidió por favor que trabajara en la distancia y por internet, que no la querían perder. Supervisaría los reportajes y asesoraría en ellos vía mail. Solo la solicitarían en la Semana de la Moda en New York y en Milán.

—Eso es cojonudo ¿no?— Edward sonrió ampliamente y Bella sintió mariposas en su estómago, se sintió orgullosa de que ese hombre fuera el padre de su hijo.

—Desde luego, son solo dos semanas al año fuera. Y así sigue trabajando en algo que le encanta, que eso era algo que me preocupaba. Sé que la isla le gusta y es feliz allí, pero ella es de más acción…—Pensó en la mañana que habían pasado en la casa y casi le dio por reírse. — Yo no quería que se frustrara, ya sabes, la isla tampoco da para mucho más.

Las palabras de Jasper resonaron en el interior de la chica sentada su lado, el futuro con Edward también era ambiguo respecto a ese tema. Era difícil, pero cada cosa a su tiempo, quizá Edward tenía algún plan del que no le había hablado.

Miró a Jasper, que hablaba relajado del tiempo con Alice en el Hotel, y de lo que había cambiado su vida. El trayecto pasó más rápido de lo que esperaban.

—Llegamos chicos, ahora a esperar a Alice. —Anunció Edward.

Jazz, tranquilo y emocionado por su unión con esa pequeña mujer que le había robado el corazón, bajó del coche para encontrarse con la gente a la que Alice había invitado, ya que por su parte, solo estaba Bella y esos amigos que había hecho en la isla, pero que se habían convertido con pequeñas cosas en amigos reales.

Como siempre, la boda se fue pasando con mayor premura que la esperada, tanto para los invitados, como para los novios, que ni siquiera sentían el tiempo pasar. Jasper y Alice se miraban a cada instante, y desde fuera se percibía su conexión. Aunque ellos tenían la sensación de no estar juntos en ningún momento, los invitados sentían que no había situación en la cual no se sintiera ese hilo invisible que les unía.

Muchos de los invitados se habían ido a dormir, por las horas que eran, y los padres de Alice junto con sus tíos se retiraron de la fiesta. La música seguía sonando, Alice, Rose y Bella bailaban en el centro de la pista. Emmet, Edward y Jasper, ya sin las corbatas puestas, contemplaban el espectáculo desde las sillas que había alrededor de la pista.

—No queda nadie más. —Emmet arrastró las palabras mientras se llevaba su copa a los labios.

—Y estas no parece que estén cansadas. —Jasper sonrió al ver cómo Alice bailaba con la cola del vestido en las manos, se la había quitado al empezar la cena, y su vestido se había convertido en algo muy cómodo para seguir la fiesta.

—Bella si. —Afirmó Edward viendo cómo esta disimulaba un bostezo.

—Cierto, que es doña marmota. —Bromeó Emmet.

—Tío, un respeto, está embarazada. —Se quejó Edward.

—Que si, que si…que había olvidado que tú en vez de espermatozoides tienes moscas tze tze…—Jasper sin poder evitarlo soltó una carcajada.

—Que ganas tengo de que se queden en estado las vuestras…—Dijo amenazante Edward.

—Si Alice comienza a dormir más de lo que lo hace, la dejo embarazada esta noche misma.

—Yo voy a esperar…Oye Ed, ¿Cuándo le vas a contar a Bella lo de tu ex—cuñado?—Jasper les miró extrañado.

—No lo sé…—Dudó. —El caso es que aprovechando que se va a quedar por aquí unos días me gustaría llevarla a casa de mis padres, y conocerá a Kate y…

—Si amigo, antes de eso deberías decírselo.

—¿Qué le pasa a tu ex—cuñado?—Edward inspiró profundo y dejó la copa en la mesa.

—Es James. —Jasper se quedó paralizado. —Si tío, el hijo de puta que estuvo con Bella.

—Vaya…creo que sería bueno que lo supiera, y más si pensáis en tener algo entre los dos, ya sabes…—Jasper volvió a mirar a su esposa. —Y yo me voy a consumar el matrimonio, que esta mujer no tiene stop. —Dicho esto se levantó.

Jasper, inusualmente a lo hombre de las cavernas, recogió a Alice por la cintura cargándola al hombro. Ella gritó y rió sin parar.

—¡No me lo creo!, ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi marido?—Agitaba las piernas sobre Jasper.

—Cuando lleguemos a la habitación te cargo como a una novia, que si no te me escapas. —Guiñó un ojo a los chicos que seguían sentados en las sillas y salió por la puerta.

—Esto me pone a tono, hombre rudo. —Bromeó Alice mientras Jasper rodaba los ojos.

Rose y Bella se acercaron a los chicos, esta última con la cola del vestido de Alice enrollada a la cintura.

—He estado a punto de llamar a Jazz para que hiciera eso mismo hace media hora… ¿será posible la tía venga a bailar…?—Rose se sentó en el regazo de Emmet. — ¿Nos vamos?—Le puso pucheros.

—Claro nena. —Se levantó. —Chicos, hasta mañana…sobre la hora de cenar, que aprovechando que no estamos en esa jaula de grillos durmiendo, yo voy a dormir hasta que mi estómago ruja de hambre.

—Entonces nos vemos en el desayuno. — Devolvió Edward riendo.

—Bueno…—Bella sentada en una silla al lado de Edward se tapó la boca para bostezar. —Yo me voy a subir también a dormir.

—Y yo contigo. —Se levantó y le tendió la mano. Bella se la sujetó. — ¿Qué tal te lo has pasado?

—Ha estado bien, —Sonrió y caminaron juntos hacia las habitaciones. — Has sido una boda genial, todo les ha salido a pedir de boca. ¿Y tú?

—He echado de menos tenerte más cerca. —Bella aún casi sin fuerzas para hablar se sonrojó.

—Vaya…

—¿Tu no?

—Supongo que si…

—¿Supones?

—No, no supongo, es así. —Se pararon en el pasillo donde tenían las dos habitaciones y ella le miró  directamente. — Porque no solo te he echado de menos hoy…llevo echándote de menos desde que te fuiste de la isla. — Miró al suelo sin saber qué hacer.

Edward le levantó la cara por el mentón y se acercó a ella rodeando con un brazo su cintura, pegándose del todo a su cuerpo, sintiendo de forma gratificante la redondez de su vientre. Con la yema del pulgar acarició suavemente su mejilla mientras la miraba con adoración, los ojos cansados de ella brillaban ante su contacto.

—¿Me vas a besar?—Le preguntó ella anhelando que así fuera.

—Solo si tú quieres. —Ella acortó la distancia y posó los labios sobre los de él, rozando con suavidad.

—Lo estoy deseando. —Le susurró en su boca.

Los dedos de Edward se entrelazaron con su melena a la altura de la nuca sujetando firmemente a esa mujer que le volvía loco.  Presionó sus labios con los de ella, moviéndolos lentamente, delineando con la punta de su lengua la entrada de su boca. Bella sentía que se derretía en cada diminuto movimiento que él hacía sobre su cuerpo, y gimió bajito, algo inconsciente. Abrió la boca y permitió que la lengua de Edward entrara saboreando cada parte, acariciándola como si con solo ese beso le estuviera haciendo el amor. La cadencia del beso era lenta, exquisita para ambos, no tenían prisa.

Edward se sintió profundamente feliz con la respuesta de Bella, anheló cada segundo que estaba con ella, el tacto y el sabor de su boca. La tenía entre sus brazos, completamente entregada, y él correspondía con el mismo entusiasmo. Nadie le había hecho sentir como ella, con nadie había sentido que sus entrañas se abrieran para dejar paso a lo que tuviera que venir, de una manera tan absoluta.

Las manos de Bella acariciaban los brazos de Edward. Sus pechos se aproximaban al cuerpo de ese hombre que la estaba tentando. Las manos de él acariciaban la espalda de ella por encima del vestido, y en un instante ambos necesitaban más el uno del otro, en mitad del pasillo, en la quietud de la noche.

Se percataron de su situación y de forma igualmente pausada y gozosa, con varios mordisquitos débiles por parte de Edward en el labio inferior de Bella, el beso terminó. La distancia entre ellos era mínima, sus bocas se rozaban de manera que a ambos les recorría un escalofrío por todo el cuerpo. Edward acarició los labios de Bella con sus homónimos, saboreando el momento, entregado a lo que ella quisiera en ese instante. Ninguno abrió los ojos, solo sentían.

—¿Duermes conmigo?— Bella la susurró, estaba excitada, pero el cansancio del día le hacía sentirse pesada.

—Claro…—Él en un gran esfuerzo se separó de ella; besando primero sus labios de una manera fugaz.

De la mano llegaron a la habitación 709.

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