#2_ ¡TÚ, JODIDA OLLA!

El cuerpo se me quedó rígido. Un calor abrasante lleno de paranoias que englobaban pezones agrietados y horas sin dormir arrasó mi mente como un huracán. Tragué varias veces mirando al techo. Mi mujer estaba a mi lado en esa extraña posición mientras mi vida se ponía patas arriba.

—Mamá…—Eso implicaba irremediablemente que mi nombre dejaría de ser Edward para convertirse en…Papá…

—Ed…

—Bella. —Me senté en la cama cortándole cualquier cosa más que pudiera decir para aumentar un cabreo que se estaba fraguando en algún sitio de mi interior.

Me levanté y desnudo comencé a pasear por la habitación, la cual no era muy grande y creaba paseos restrictivos y poco liberadores. Desnudo salí al pasillo y comencé a andar y desandar ese espacio, introduciéndome en la habitación y completando mis pasos. Me había corrido dentro, poseído por mi locura lujuriosa de rozarme con ella sin barreras y descargarme sin salir de su cuerpo, sin plantearme nada más. Esperando que no estuviera en esos días en los que se supone que una mujer es más…

—¿Estás en esos días?— Las palabras brotaron solas, me paré a los pies de la cama y froté mi cara. Ya no sentía el entumecimiento de mis piernas por el sexo que acabábamos de practicar, algo que no sabía definir había barrido con toda esa sensación.

Bella trató de mirarme pero dada su posición el cuello no le daba para mucho más que para soslayarme.

—Dios Bella…¡Deja de hacer eso!… —Extendí las manos frustrado porque ella no cedía en su posición extraña.

—No puedo…Es para que los espermatozoides tengan mejor acceso a mi óvulo.

—¡¡¿¿Eh!!??— Arañé mi cuero cabelludo con las pocas uñas que tenía y sentí como mi presión intraocular aumentaba. — ¿Qué es para qué?— Me quedé estático, los pies se pegaron al suelo de parqué y no podía moverlos.

—Es una posición que ayuda gracias a la gravedad…

—¿Gravedad?—Estaba convencido que la mecha de la bomba interna se había prendido, no había vuelta atrás. — ¡Gravedad la de esta situación!— Grité. No me lo podía creer, sin hablar siquiera una sola vez de bebés en nuestra vida, Bella estaba transportando mis espermatozoides, lujuriosos y ajenos a todo esto hacia su… ¿óvulo?

—Ed cielo…

—No…Ni Ed cielo, ni nube, ni amor, ni corazón…¡Ed tormenta es lo que hay ahora!— caminé a los pies de la cama dando una zancada a un lado y otra a otro hasta pararme de nuevo en el mismo lugar. —¡¡Y baja las piernas por el amor de Dios!!

—No puedo Ed. — Estaba tan tranquila, sin variar su posición.

—¿No crees que deberíamos hablar antes de ayudarles en esa empresa?… —tiré de mi pelo con fuerza, pensando en levantarla y sentarla en el váter para que la amiga gravedad nos ayudara en el otro sentido.

—¿No quieres ser padre?—Su dulce voz calmada llegó a mi enturbiada mente.

—No lo sé Bella…—Respiré hondo. — Solo sé que esta conversación no la podemos tener así, tú con mis mini Edwards dentro y en esa postura. — Me tapé la boca con desesperación, ahogando un grito de maricona total. — Baja las piernas por favor. —Rogué lloriqueando y me fui al salón, desnudo, ardiendo, porque la espalda y la quemadura del sol estaba empezando a picar, y con el calor del desmoronamiento por todo mi ser.

No podía ser cierto, no podía estar en este estado después de haber tenido sexo loco y rudo con mi mujer. ¿Cómo habíamos llegado a esta situación? De alguna manera me sentía engañado. Sentado en el sofá de cuero con mis pelotas apoyadas en el frío cuero esperé a que Bella llegara al salón. Soplé, me apoyé en el respaldo, arrastré mis dedos por el pelo, cerré los ojos y respiré profundamente tratando de calmarme. ¿Padres?…Pero si teníamos un viaje programado a Jamaica en tres meses… ¿Y qué pasaba con el coche que nos íbamos a comprar?, en un Audi R8spider no cabía una silla de bebé…El castillo de Naipes se caía poco a poco y a mí me entraron unas tremendas ganas de gritar.

Me levanté de nuevo y fui a la cocina a por un vaso de agua con hielos que me congelara el cerebro, estaba convencido de que una apoplejía iba a sobrevenir por tanto pensar. Miré la olla mientras sacaba el vaso del armario.

—Traidora…—Susurré en su dirección. —Deberías haber avisado antes…—Apreté los dientes y dirigí mi odio de una manera ilógica hacia ella. — Pspspspsps…—La imité absurdamente y me sentí todavía más imbécil

El vaso de agua helada me provocó un dolor en la frente que me hizo dejar de pensar durante unos segundos. ¿Por qué no venía Bella?

Me asomé a la puerta de la cocina, la de la habitación seguía abierta al final del pasillo y podía ver sus piernas sobre la pared. Gemí lastimosamente.

Ya estábamos sentados en la mesa de la cocina, frente a un plato de puré. Escuché durante toda la tarde cómo Bella con una parsimonia imperiosa canturreaba sin menearse de su posición, la cual estaba convencido de que le estaba provocando que se le durmieran las piernas, para luego darse una ducha larga y demorarse en el baño durante por lo menos una hora. La observé impasible mientras con su bata de raso negra trasteaba en la cocina hasta encontrar los útiles para triturar las verduras, que apostaba mi huevo izquierdo a que tanto tiempo en la olla debían ser ya puré.

—Joder Bells…—Después de marear la crema verde intensa me lancé a la piscina. — Nena…— Le miré a la cara la cual estaba observando su plato con intensidad.

—Lo siento Ed…—La disculpa sonó celestial en mis oídos. — Sé que deberíamos haberlo hablado antes, pero es que…

—No lo entiendo, te lo juro que no lo entiendo. Hablamos de todo, somos abiertos, no hay secretos entre nosotros ¿desde cuándo tienes ganas?…y ¿por qué he tenido que enterarme así?— Dejé la cuchara en el plato y me levanté para ponerme en la silla al lado de ella. La ira se había disipado, ahora solo había dudas que asolaban mi cabeza. – Es como si estuviera al margen de algo, como si fuera una cosa tuya y  yo solo fuera…un donante de esperma o algo así.

—Es que este fin de semana con Kate…—Levantó la mirada y sus ojos grandes y expresivos se anclaron en los míos, despertándome toda la ternura que tenía escondida en algún sitio. — Tiene una niña tan bonita Ed…Están tan contentos ella y Jake con la pequeña en casa.

Extendí los brazos y la alcé en mi regazo, su cara se ocultó en mi cuello. Lo besó despacio e hizo que me hormigueara la zona.

—¿Y no podíamos hablarlo con calma?¿pensar en cómo cambian las cosas?¿preguntarme qué me parece?

—Hace tres años que estamos casados, tengo treinta y un años Ed, Estoy en el momento.

—¿Estoy?—Respiré hondo. — ¿Se trata de ti?¿Y yo?— La ahuequé de mi cuello para mirarle, otra vez la tensión se amarraba a mis lumbares.

—¿No quieres?

—Ni siquiera me lo has preguntado y me has hecho las trece catorce nublándome durante el sexo, para después hacerme casi-casi la tijera. —No quería bromear, pero Bella se carcajeó de la descripción.

—Lo siento. —Se sentía verdaderamente culpable, pero ¿qué esperaba?, ser padres es algo que cambia completamente la vida. Y tanto que la cambia, la mía estaba patas arriba, literalmente-joder me acordé de Bella en esa postura- y eso que el niño en cuestión no había llegado.

—No es una decisión unilateral Bella…una vez pasado el shock, creo que lo que me molesta es que me he sentido fuera de esto. Tú quieres ser madre, pero tú y yo somos uno. –Me sonó bien en mis oídos, razonable, pero yo mismo sabía que mi enfado no era solo eso. Había algo de no querer…

—Lo sé…veníamos tan ensimismadas en tener un bebito propio…y yo justo estoy ovulando. — Siguió hablando y volvió a recostarse  en el hueco de mi cuello, aprovechando que me había relajado pero yo, con su confesión, me tensé de nuevo. Si, estaba en esos días. Definitivamente lo estaba. Elevé una plegaria para que mis espermatozoides estuvieran borrachos tras el fin de semana de rabos, si egoísta como soy…bueno, como ella.

—¿Veníais?— Ahuequé su postura para que me mirara en un gesto repetido, y ella asintió, parecía tan pequeña en mis brazos ahora. —¿Entonces me quieres decir que Jasper y Emmet se encuentran en esta situación ahora mismo?

—Probablemente. —Ahogué una carcajada, porque imaginarme a los chicos tras ese momento de locura me provocaba la risa.

—Dios…estáis locas…en serio. Creo que los fines de semana de Brujas os trastornan. —Parpadeé rápidamente. — ¿Por eso nos hemos ido todos tan temprano de casa de Jasper?—Asintió y se puso a mirar como sus dedos hacían nudos entre ellos. —Jo-der.

—¿No vas a cenar?

—No tengo mucha hambre la verdad. – Negué pensativo.

—¿Quieres que hablemos en serio de esto?

—No sé si es un buen momento ahora, yo he dormido poco, estoy ligeramente en shock, y no quisiera analizar las cosas con la mente embotada tras el fin de semana.

Bella asintió y se bajó de mi regazo, algo dolida, seguro, por mis pocas ganas de tratar el tema. Pero no podía remediarlo. No tenía todas conmigo a que fuera a ser racional, y más cuando no dejaba de pensar en que ella había estado patas arriba forzando a mis bichos a introducirse en su útero. Casi podía imaginármelos agarrándose a las paredes para evitar caer, porque si de alguna manera pensaban como yo, no querían entrar allí, a pesar de que cuando salieron y se encontraron con su carne blandita se pusieran a correr como locos descabezados.

Al día siguiente tenía guardia en la Estación, eran 24 horas seguidas, y aunque siempre las afrontaba con una sensación de ausencia por no poder estar con Bella durante todo ese tiempo, ese día llegué con mi bolsa a la habitación común, con una sensación de liberación total. Necesitaba pensar fuera del alcance de Bella, lejos de sus ojos suplicantes, de sus caricias chantajistas.

La noche anterior, vimos una película después de que me duchara, y contra todo pronóstico me quedé dormido en el sillón con su cabeza apoyada en mis piernas, agradecido por mi sueño profundo y mi incapacidad de pensar, por la mañana me levanté revitalizado.

El móvil no tardó en sonar, era Emmet y me solicitaba una hora de mi día. Le dije que se acercara a la Estación, y sin dudarlo se presentó allí como si estuviera solo a dos manzanas de la misma.

—Tío, tío, tío…—Llegó hasta mi negando con la cabeza. —Tío…

—Emmet. —Le saludé levantando la cabeza y con el rostro serio, sabía de lo que me iba a hablar, y no estaba seguro de querer darle vueltas al asunto. Aunque quizá me vendría bien comparar y compartir ciertas cosas con mi amigo del alma.

Se quedó parado frente  a mí con los brazos cruzados, pero no se le veía muy preocupado, o no al menos como pensaba que se me veía a mí. Y tras un silencio evaluatorio de ambos se pronunció de nuevo.

—¿Hay algún sitio donde podamos hablar?

—Claro. —Caminamos hasta un despacho que quedaba para nuestro uso y normalmente estaba vacío. —Dispara. —Dije mientras me sentaba.

—Empiezo desde el principio…—Rodó los ojos y lo dejó fluir—Rose quiere ser mamá. — Me miró para valorar mi expresión, seguí impertérrito. — Cuando ayer nos fuimos de casa de Jasper se frotó como una perra en celo y eso sabe que me pone, me dijo guarradas al oído, y con eso ya sabía que estaba empalmado, como un mástil, casi rompiendo los…

—Ya, Em, ya sé a qué te refieres. —Frené la incontrolada descripción de su excitación.

—Pues eso, y después en el coche, me suelta la bomba. — Dio una palmada que me hizo dar un ligero salto en mi silla y abrió los brazos de manera dramática. —Jodiendo todo el calentón, de pleno, sin más…— ¿Por qué sonreía?

Vaya, por lo menos él estaba avisado antes de dejar marchar a sus soldaditos hacia el cadalso.

—Esa visita a Kate le ha trastornado, me habló de no sé qué historias de su reloj interno o biológico, ¿un despertador?…que si ya iba siendo hora de formar una familia, que necesitaba legar su cariño a otra personita…—Se levantó de la silla y se llevó las manos a la cabeza. —Yo pensaba que esas cosas se hablaban de otra manera, no fue legal…pero…

¿Legal? Si lo de Rose no fue legal lo de Bella era punible seguro.

—Bueno, las mujeres son algo malvadas…¿A quién se le ocurre calentar el horno así y después lanzarte una ráfaga de hielos?…Tío…eso es premeditación y alevosía—Se sentó dejando caer todo su peso en la silla de nuevo, y seguía sonriendo, era algo incomprensible para mí.

—Bueno, por lo menos tú pudiste pronunciarte antes de ceder tu simiente. —Dije sin mirarle a la cara.

—¿Cómo?— Cuando le vi tenía los ojos como dos platos bajeros.

—Si tío, lo que oyes. A mí me lo dijo después de haber…—Asentí con obviedad.

—Jo-der… ¿Sin protección?—Asentí de nuevo con  desgana. — Vaya con la dulce de Bella…—Levantó las cejas.

Así era, mi mujer era la más dulce de las chicas, la que siempre decía las cosas sin herir, la más sensible de todas, y la que no tuvo consideración con mi opinión para ordeñarme sin tregua…bueno, el polvazo fue memorable, pero los fines truculentos de todo aquello que creó no fueron legales. Esa era mi Dulce Bella.

—Deberíamos prohibirles los días de brujas, porque en serio que aunque fue un apodo cariñoso a sus reuniones creo que tienen mucho de realidad.

—¿Y que habéis decidido? Rose y tú, después de hablar digo. —Me moría de curiosidad por saber cómo habían manejado el asunto, porque yo no tenía idea de por dónde empezar.

—Cuando me bajó el calentón de repente, tras un rato en blanco, yo creo que hasta que no se me descongestionaron los cojones, el cerebro no me empezó a rular. —Reí a través de la nariz, Emmet era incorregible. — Hablamos largo y tendido. Yo empiezo a prepararme las oposiciones ahora, son ocho horas de estudio, y el entrenamiento, van a ser meses muy duros. —Yo lo sabía y él también, el año anterior le habían tirado en una de las últimas pruebas por un esguince. — Con el dinero que tenemos ahorrado vamos bien, al final vender la casa de los abuelos de Rose, en Nueva Orleans nos ha dado un colchón, pero ella está en esa revista, y quiere crecer. Todo no se puede tío, y es como si ella tampoco lo hubiera pensado mucho, Kate y su hija le han vuelto loca, pero…

—Pero…

—Sí, pero. —Asintió solemne. — Si todas estas cosas nos detienen, ella dice que se le pasará el arroz, y…finalmente nos pondremos a ello. — Levantó las manos al cielo. —Relajadamente, sin prisas.

Emmet seguía en una especie de trance con todo aquello, porque en un principio, parecía como si fuera a estallar con la historia, pero según habló fue como asumiendo que estaba de acuerdo con los planes. Quizá si Bella me lo hubiera dicho antes, yo no tendría semejante lío en la cabeza.

Parpadeé varias veces. Emmet había llegado a la conclusión de ser padre con Rose, pausadamente y en contra de toda la situación a priori difícil que podría ser la suya. Y yo no me creía con fuerzas para hablar con Bella de ello, con nuestra vida estable y sin complicaciones.

—Joder… ¿qué voy a hacer sin el R8?—Dije de repente sintiéndome un gilipollas por reducirlo todo a eso. —Tendremos que comprar un monovolumen.

—Que faena Ed, ese coche es todo un sueño. Pero ahorrareis dinero. —Estaba claro que eso no iba a ser así, un niño era una hipoteca de las gordas.

—Era el dinero de la venta de unas acciones que mi padre había repartido entre mi hermano y yo, supongo que ese dinero lo invertiremos mejor. Pero joder…ese pedazo de coche…—Sentía como el sueño de tenerlo en el garaje y limpiarlo los domingos con un pedazo de piel de cabra, se esfumaba de mis manos.

—Entonces ¿vosotros también os vais a poner a la bendita acción de hacer hijos? No es por nada, pero me consuela no ser el único que va a perder la libertad de ser una pareja solo.

—Yo no he hablado con Bella, me dejó KO cuando me dijo que quería ser mamá después de…Ya sabes.

—Ya.

—Tenemos que hablarlo. No creo que un R8 se interponga en algo tan vital como ser padres.

—Sientes como si estuvieran cortando tus alas ¿eh pequeño Ed?—Asentí mientras abría los ojos de par en par asimilando el futuro.

—Em ¿Tú sientes las ganas de ser papá?, ¿en serio?— Formulé la pregunta para saber en qué punto de egoísmo me encontraba yo al sacar a colación el coche, y los planes de viajes siendo solo dos.

—Bueno, al principio cuando me lo planteó, no. Por supuesto, mi despertador ese no me sonaba ni nada. Pero ayer, tras hablar durante horas y escuchar a Rose describir cómo podrían ser nuestros hijos…—Los ojos se desviaron hacia un lado y continuó soñador. —…imagínate una pequeña Rose correteando por las habitaciones del piso y llamándome papá…se me encogió el culo Ed, y no de miedo amigo, de ganas. — La cara se le expandió en una mueca de felicidad.

Bueno, quizá era eso, que nosotros todavía no nos habíamos permitido fantasear con esa imagen porque no habíamos  ni hablado, ni concretado. Pero era posible que uno de mis espermatozoides estuviera ya en contacto con un óvulo de Bella, por lo tanto, quizá estaba más cerca de lo que se pensaba. La sensación me abrumó y no me sentí bien, el estómago se me revolvió, otra vez. Quizá no estaba preparado para ser padre, ni siquiera me lo permití pensar.

Emmet se quedó un rato más charlando animosamente y cuando se fue me dirigí a la cocina a hacer la comida para todos, me tocaba a mí. Mis compañeros estaban en la calle disfrutando del sol de finales de Mayo como si fueran lagartos.

_3.

2 respuestas a #2_ ¡TÚ, JODIDA OLLA!

  1. Me reí muchísimo con los desvarios de Ed, de verdad que lo de culpar a la olla fue de lo mas loco.
    Pero me dio mucho coraje con la reacción sobre no querer al bebe, si bien fue un acción egoísta de Bella no consultarlo con el, Ed esta siendo mas egoísta negándose a considerarlo, me da curiosidad como va ha terminar todo esto.

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    • anaidam dijo:

      Como irás viendo mis personajes no son muy políticamente correctos… Y este Edward es algo jodido, pero tb lo es Bella, si señora.
      Besoides y muchas gracias por dedicarle tiempo a mis locuras.

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