Capítulo 29

1 Julio.

Edward POV.

Me desperté, era algo tarde, dormir con Bella era una gran sensación. Como si nada hubiera pasado, como si todo el tiempo que había transcurrido desde el fatídico día hasta hoy no hubiera existido.

Preparé un desayuno como le gustaba a Bella, con huevos revueltos, fiambre, tortitas, cereales, zumo… Hoy haríamos un tour completo por nuestra relación. Era necesario, no necesitaba contar con la aprobación de Charlie y Reneé, las circunstancias lo pedían, así que así sería.

No quería que Bella tuviera más inseguridades respecto a ese tema, tenía que tener la certeza de que yo estaba con ella, no sólo por lo que hubo y por cómo llegó a ser, sino por lo que había, y seguía existiendo en este presente. Tenía que encontrar la manera de enlazar pasado y presente para no dañarle, no hacerle anhelar lo que era, sino simplemente, hacerle recordar cómo fue nuestra historia.

Estaba contento, aunque, por dentro, las ganas de estrangular a esa recepcionista metiche, afloraban por momentos.

—Buenos días. —La preciosa voz adormilada de Bella me llegó haciéndome sonreír.

Me di la vuelta, se había sentado en uno de los taburetes altos de la cocina, se frotaba los ojos con fuerza. Me acerqué.

—¿No sabes que los ojos solo se frotan con los codos?—Le susurré, y le besé en la mejilla.

—¿Eh?—Me miró confundida.

—Buenos días pequeña. —Le di un beso dulce en los labios. Se sonrojó, me tenía cautivado.

—He dormido tan bien…—Se estiró con los brazos sobre su cabeza, y bostezó profundamente. —Creo que fue tanto llorar.

Serví los huevos revueltos sobre su plato.

—¿Mi compañía no tuvo nada que ver?—Le recriminé bromeando.

—Cierto…— cogió un tenedor y comenzó a comer. —Lo que más…—dijo con la boca llena sin dejar de mirar con ojos hambrientos el desayuno completo. — Tengo hambre…mmm delicioso.

No pude dejar de sonreír, era simplemente ella.

—¿Qué vamos a hacer hoy?—Vertió el sirope de chocolate sobre una tortita, mientras se relamía ante el espectáculo. No era nuevo que Bella se levantaba hambrienta, y que el desayuno, siempre fue su comida favorita. — Mmmm…no sabía… que hacías unas tortitas tan ricas. —Dijo más para ella.

—¿Además de desayunar?—Me reí, estaba tan graciosa comiendo a dos carrillos y cerrando los ojos como si no hubiera placer que lo igualara.

Me miró mientras masticaba, y finalmente tragó.

—Podría estar desayunando todo el día, es más, voy a imponer desayunos en vez del aburrimiento de la comida y la cena.

Me levanté y acerqué a ella, bajo su mirada, sorprendida. Se mordió el labio inferior en un gesto habitual. Pensaba que mis fuerzas me flaquearían y me la desayunaría sin ningún otro ingrediente. Cálmate Edward.

Con mi dedo recogí el chocolate que le caía de la comisura de los labios, y sin esperármelo, lentamente, se metió mi dedo en su boca, lamió el chocolate, sin dejar de mirarme a los ojos con esa inocente mirada. Controlarse era cada vez más difícil, pero era solo yo el que quería derivar aquello a otras situaciones.

—Es mío. —Dijo soltándome el dedo. —El chocolate, digo…—Y sonrió, volviendo al desayuno, para beberse de un trago el vaso de zumo.

—Eres voraz por las mañanas. — No pude evitar que lo que acababa de decir a mi cerebro le sonara con segundas. Estaba fatal, desde luego.

—¿Entonces…—me miró con una loncha de jamón entre sus dedos. —…cual es el plan?

—El plan, bien,— me recompuse. — Nos vamos a la playa.

Los ojos de Bella se abrieron como platos, su expresión me dio el visto bueno sin abrir la boca. Se levantó de la silla y se me echó encima para abrazarme.

—¡La playa Edward!, ¡me encanta!

Llegamos a Long Island pronto, no había mucho tráfico, y la moto ayudaba bastante.

Bella se quedó mirando el mar durante diez minutos, podría decirse que apenas parpadeó. Yo saqué la mochila de las alforjas, donde tenía la caja de cartas y fotos con Bella. Me quedé en un segundo plano, dejando que su “primera visita” al mar fuera un momento especial. Me moría de ganas por saber qué le pasaba por la mente, si estaba haciendo alguna conexión con el pasado, pero tenía que concederle su espacio.

—Es tan inmenso Edward…puedo respirar más de lo normal. —Tenía los ojos cerrados y los brazos abiertos, como si palpara el aire.

Me acerqué a ella, le abracé por detrás, y recordé la primera vez que estuvimos en la playa.

—¿Sabes que nuestro primer beso fue en la playa?—Se volvió con la sorpresa e ilusión tatuada en la cara.

—¿En serio?, ¿en esta?

—No en esta, en Miami. —Sujeté un mechón de su pelo, que jugaba con la brisa, tras la oreja. Mientras con el otro brazo le sujetaba por la cintura.

—¿Y tú te acuerdas?—Preguntó curiosa.

—Claro. —Le atraje hacia mí y le di un casto beso en los labios.

—¿Fue así?—Asentí.

—Pero en la orilla…

—¡¡Vamos a la orilla!!—Y tiró de mí, corriendo hasta llegar a la arena, deprisa, casi cayéndose al descalzarse, para sentirla directamente con sus pies.

Entonces la mente me transportó a aquella primera vez en la playa, extrañamente sin el anhelo de ese momento, si no con ganas de vivir este. Me descalcé y ella me había tomado mucha distancia, se había quitado los pantalones y corría hacia el agua. Esa playa estaba casi desierta, no era muy concurrida, por eso la había elegido.

Llegué a la orilla, Bella estaba con los pies enterrados hasta los tobillos por la fuerza del agua. Era tan bonita, todo el desasosiego del día anterior había desaparecido, éramos ella y yo de nuevo.

—¿Paseamos?—Le pregunté después de un rato mojándonos en la orilla. Asintió y me cogió la mano.

—Cuéntame más—Pidió ávida.

—Empezamos regular ¿sabes?

—¿Si?, ¿No me gustaste nada más verte?—Se sonrojó furiosamente. —No me lo puedo creer, ¿A qué chica no le gustas? O…no te gusté…

—No es eso, nos chocamos en el baño de una discoteca. —Le dije mientras le pellizcaba cariñosamente la nariz. — Yo pensé que estabas flirteando conmigo descaradamente. —Frunció el ceño, yo me reí. — Pero no era así, a ti solo te empujaron. Luego me fastidió un poco que no hubieras intentado ligarme ¿sabes?—Le guiñé un ojo.

—Así que yo te gusté… —Se sonrió a sí misma.

—Dormimos juntos esa noche…—formó una o con su boca, el color volvió a su cara. —Pero porque Ángela y Jake durmieron juntos en una cama, Rose y Emmet en otra, y Alice con Jasper, no había más camas. Compartimos por obligación. —Su expresión se relajó. —Al día siguiente estuvimos en la playa todo el día todos juntos.

—Y ese día nos besamos. —Asentí. —Más que lo que has hecho antes. —Asentí de nuevo. —¿Y te gustó cómo te besé.?

—Eres exquisita besando, siempre lo has sido. — Sonrió abiertamente.

Me paré atrayéndola a mí, quedándonos con las frentes pegadas, sentí cómo sus ojos no se apartaban de mis labios, los atrapé juguetonamente con los dientes, provocándole una sonora carcajada. Echó su cabeza hacia atrás y no pude reprimir pasear los labios por su cuello, la escuché gemir conforme subí hasta el lóbulo de su oreja, el cual mordí ligeramente. Era excepcional tenerla así entre mis brazos y sentir cómo se derretía con mis caricias. Me encontraba dichoso. Ella se sujetó a mi cuello, y sin esfuerzo la levanté para comenzar a dar vueltas.

—¡¡Edwaaaard!!—Gritaba y reía.

Caímos a la arena, las olas rozaban nuestros pies, Bella seguía abrazada a mí.

—La cabeza me da vueltas…—Dijo contra mi pecho ahogando su risa.

—Perdona, te he mareado…—Me preocupé por la explosión repentina de felicidad que me había llevado a hacer eso.

—No…—Me miró a los ojos transportándome a su interior, quedando transparente ante mi vista, se mordió el labio—…eso que me has hecho…en el cuello…creo que me ha trastornado. —Y volvió a refugiarse en mi.

La estreché en mis brazos, sintiéndome afortunado de tenerla.

—Adoro trastornarte así pequeña. —La sentí temblar por la risa que le había causado.

Paseamos hasta llegar a una cala apartada, allí saque unas toallas de la mochila, el oleaje era menor, y podríamos bañarnos.

Tras un rato de juegos y roces, que a mí me tuvieron con las defensas a todo gas, salimos a las toallas.

Habíamos hablado nuestro primer encuentro, de los primeros días, en los cuales Bella se acaloró solamente insinuando el tiempo que pasamos en la habitación de hotel, de su forma de ser con Emmet, gastándole bromas y rebatiendo sus jocosos comentarios. Era precioso ver cómo asimilaba todo, cómo ansiaba saber más, y cómo no dudaba de ello, porque en el fondo se sentía identificada con cada anécdota que le contaba.

—Entonces empezó la distancia. —Le dije sacando de la mochila la caja metálica que sabía que ella había visto antes. —Y con ello las cartas notas y fotos que nos mandábamos, además de mensajes al teléfono y llamadas interminables. —Se la puse en su regazo.

—Ayer la abrí. —Dijo bajando el mentón claramente avergonzada, y pasando las yemas de los dedos delicadamente por la tapa.

—Lo sé, pero es que son tuyas. —Con un dedo le levanté la cara.

—¿No te molesta?

—En absoluto Bells. Ábrela de nuevo preciosa. —Le animé.

Comenzó a sacar las fotos.

—Mira esto fue acción de Gracias, lo pasé un poco mal. —Me reí acordándome del día.

—¿Y te ríes?—Me miró extrañada.

—Bueno es que mal, mal… —Rodé los ojos. —Vamos que tus tías me conocieron es día, y me hicieron bastantes preguntas…

—La verdad es que son incansables con las preguntas. ¿Me porté bien contigo?, es decir… ¿Te ayude?— Miraba fijamente una foto en la que estábamos los dos abrazados, nos la hicimos nosotros mismos, y salíamos riendo.

—Siempre Bella, eres incapaz de quedarte parada o callada cuando sabes que puedes echar una mano. —Acaricié su mejilla. —Esta—le señalé la foto— la hicimos en tu habitación, en un momento en que tú me metiste dentro para que…”pudiera respirar” dijiste. —Y me reí acordándome de que salí más que sofocado de allí.

Le conté cómo sus tías indagaron sobre mi familia, y le mencioné la intención de su tía Hillary con mi padre, comenzó a reír sin parar. Respondiendo, casi de la misma manera, que cuando lo hablamos en la cama de su ático, esa misma noche.

Me leyó una de las primeras cartas que me había mandado, y en ella se hacían alusiones a los mensajes picantes que a menudo recibíamos. Sus mejillas tornaron a magentas en segundos, abriendo desmesuradamente los ojos.

—Nos mandábamos mensajes al móvil de todo tipo, y muchas veces eran más que sugerentes, Bells. —Le guiñé un ojo. — La plena confianza entre nosotros siempre será una constante.

—Me gusta ser sincera contigo, respecto a todo, no te quiero ocultar nada. — Dejó la carta en la caja de nuevo. Se puso sobre mi regazo, dejando que mi cuerpo formara una cuna a su alrededor. — Edward…

—Aha…—le besé en su cabeza mientras acariciaba su espalda.

—Gracias por todo…lo que has hecho…lo que haces…

—No me las des, estar contigo así es más que un premio.

—Que hoy me estés transportando a nuestra realción…—Se apretó fuerte contra mí. La estreché más si eso era posible. —Tengo tanta suerte de tenerte a mi lado…

BELLA POV

Era media tarde y aunque habíamos comido unos sándwiches que Edward había preparado, ya teníamos hambre de nuevo. Sería el aire de la playa, pero mi estómago pedía comida a gritos.

Estaba siendo algo precioso, los recuerdos de nuestra relación comenzaron a sucederse por mi mente según me los narraba, los incorporaba a ella como si hubieran sido propios. El hecho de que entre él y yo no hubiera apenas secretos, hizo que me contara cosas que sentía, cómo actuaba y porqué. Fue la mejor tarde junto a Edward de todas las vacaciones, éramos una pareja, y yo lo sentía en cada célula de mi piel.

Llegamos a casa y yo corrí hacia el frigorífico. Saqué las tortitas que habían sobrado de la mañana y sin calentar las llené de chocolate.

—Te he matado de hambre. —Edward con la mochila todavía en el hombro y las llaves en la mano me miraba perplejo.

—No es eso Ed…—Tragué. — Debe ser el mar.

—Me voy a duchar…o quieres pasar tú antes.

Con la boca llena y haciéndole un gesto, le indiqué con la mano que fuera él. No podía creer lo deliciosas que estaban las tortitas, este chico lo tenía todo.

Terminé de recoger la cocina y me senté en el sillón, colocando en mi mente el día entero, reviviendo sus palabras sus roces, sus besos…suspiré con una sonrisa bobalicona en la cara. El sonido del teléfono me sacó de mis ensoñaciones.

En un acto mecánico lo descolgué.

—¿Dígame?

Hubo un silencio corto.

—¿Hola?, ¿Bella?… —La voz suave de una mujer que no conocía me saludó.

—Si…yo misma…—Me dejé caer sobre la alfombra, resbalando desde el sillón.

—Hola cielo, soy Esme la mamá de Edward. — Avergonzada miré hacia la habitación, por si Edward salía del baño. — Tenía ganas de conocerte, aunque sea por teléfono.

—Encantada entonces señora Cullen. —Una risa cantarina me llegó por el teléfono. Nerviosa comencé a anudarme la suave lana de la alfombra en los dedos.

—Llámame Esme por favor…

—Esme…Edward está en el baño, es que hemos estado en la playa y mientras yo comía algo, que he venido muerta de hambre, él se ha metido a ducharse…—Los nervios hicieron que las palabras comenzaran a salir solas de mi boca.

—No hay problema, llamaré más tarde para hablar con él. ¿Qué tal lo estáis pasando?—Su voz sonaba como si estuviera sonriendo de forma constante.

—¡Genial!—Dije demasiado efusiva. — Me encanta Nueva York, y Edward me está enseñando tantas cosas…

—Me alegro Bella, a ver si algún día nos conocemos en persona. Edward no deja de hablarme de ti, y la verdad, tengo mucha curiosidad por saber quien tiene por fin a mi hijo tan feliz.

—Algún día ¿no?—Devolví, se me estaba haciendo un poco raro hablar con ella.

—Bueno Bella, dentro de un ratito volveré a llamar, ¿le das el recado a Edward?

—Claro Esme, encantada y hasta pronto.

—Hasta pronto Bella.

Colgué. Me di cuenta que el corazón se me había acelerado, y el calor me cubría por completo el cuerpo. Me levanté a por agua, y cuando terminé mi vaso con ansia, el teléfono volvió a sonar.

—Qué poco ha esperado…—Lo cogí. — ¿Dígame?

Silencio de nuevo.

—¿Con Edward Cullen por favor?—Esa estridente voz entró en mi cerebro como si fuera el aguijón de una avispa. Me quedé callada por un momento, pero recordé todo lo que había hablado con Rose, sobre el atractivo de Edward y el deseo que despertaba, y el día con Edward, sus palabras la noche anterior, sus gestos conmigo. Me armé de valor.

—En este momento no se puede poner. — Le dije en un tono ligeramente enfadado.

—Necesito hablar con él urgentemente, así que por favor déjele el mensaje, ¿podrá?—Me irritó, estaba segura que Chloé sabía que hablaba conmigo.

—Por supuesto que le daré el mensaje, ¿Quién le llama?

—De la Clínica por favor, que se ponga en contacto cuanto antes. —Y colgó sin despedirse, la muy mal educada.

Capítulo 30

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