#11#

Los dos días en la Isla de Pemba habían llegado a su fin, ahora todos se encontraban en la avioneta que les llevaría a Unguja.

—Es algo increíble lo de esta Isla. —Emmet miraba por la ventana. —Es como salvaje, virgen.

—Casi, ten en cuenta que hasta 1980 esta isla estaba cerrada al turismo, por ello está sin explotar, solo espero que no se desmadre lo de la construcción, y que no especulen demasiado. Si no respetan la naturaleza de la isla, se perderá su esencia. —Bella arrojaba datos sin apartar la vista de la ventanilla.

Se encontraba furiosa consigo misma. Desde el momento del roce de labios en la playa había decidido no hablar con Edward, era infantil y bastante estúpido, pero como no sabía cómo llevar la situación había decidido hacer lo más sencillo, ignorarle. El dormir con él en la tienda no había supuesto ningún inconveniente, cada uno en su saco—sábana hacía que no se rozaran siquiera. Esto provocaba en el grupo una tensión extraña. Rose y Emmet lo habían hablado y ante alguna de las situaciones no podían evitar reírse, el deseo era palpable, y lo peor para Bella, Edward parecía disfrutar de la situación.

Flash Back.

El fuerte De Chake—Chake presentaba una luz preciosa en el atardecer. Edward tenía unas fotografías perfectas y comenzó a hacer fotos distraídas al resto que caminaban por los alrededores.

—¿Por qué no nos hacemos una foto los cuatro?—Rose emocionada al ver cómo Edward orientaba el objetivo hacia ella gritó y Emmet y Bella se aproximaron. — No te importa que nos hagan la foto ¿verdad?

—No…no hay problema. —No era reticente a dejar la cámara, siempre que fuera alguien que demostrara algo de destreza en ello, por lo menos que llevara una cámara encima.

—Bien…—Rose se aproximó a una pareja que estaba cerca y el señor se ofreció sin problemas.

—Muy bien chicos, ahí quedará preciosa. —Edward le dejaba la cámara y le indicaba cómo hacerlo, por su parte el hombre estaba encantado de hacer de fotógrafo y no paraba de hablar. —Además con lo guapos que sois los cuatro, ¿viste Gladis?, ¿no crees que son muy atractivos?, seguro que son modelos…

—Bien caballero, es solo enfocar y apretar este botón ¿de acuerdo?—El hombre asintió y sujetó la cámara.

—¿Solo una?—Le preguntó cuando Edward comenzó a caminar hacia el grupo.

—Bueno…no…saque un par o así…. —Edward se encogió de hombros.

—Está bien chicos…juntaros. — Gritó como si fuera un fotógrafo profesional.

Edward se colocó al lado de Em y Bella al otro lado, Rose estaba delante de ellos. Emmet cogió a  la rubia por la cintura, le susurró algo al oído y ella se rió de una forma que al hombre le pareció encantadora. Disparó una foto.

—Vamos, a ver la morenita, ponte con el rubiales, si hacéis una pareja estupenda…juntaros. —Rose estalló en una carcajada. —Mira Gladis, que hermosos son ¿no te recuerdan a nosotros?, deben de estar enfadados.

—Te tienes en alta estima Joseph—Rió Gladis.

—No si no…—Bella empezó a hablar y sin terminar se encontró con Edward a su espalda sujetándola firmemente  por la cintura, pegándola a su cuerpo, ella se estremeció y volvió su cabeza para mírale mientras él le devolvía la mirada y una sonrisa arrebatadora.

—Hacemos una pareja preciosa Bella…por mucho que quieras ignorarlo.

—¡¡Mira que foto Gladis!! Debería dedicarme a esto. —La mujer sonrió encantada con el resultado de la instantánea. —¡Y ahora una todos juntos!—Los chicos se le quedaron mirando extrañados. — Perfecta.

Cuando durante la cena vieron las fotos, Edward quedó sorprendido por la foto suya y de Bella, se miraban como si hubiera un hilo entre ellos irrompible, como si entre ellos el magnetismo fuera visible.

Fin Flash back.

Desde esa tarde en el fuerte, Edward había bromeado continuamente con su condición ficticia de pareja. Llamaba a Bella muñeca y nena, ella trataba de ignorarle, pero, aunque no le hablaba, era innegable que le provocaba escalofríos que erizaban su piel cada vez que esos apelativos se los pronunciaba a una distancia políticamente incorrecta, para alguien que no fuera pareja. Ella deseaba con todas sus fuerzas que esa semana terminara, no se veía muy capaz de luchar contra sus instintos, cada vez eran más evidentes.

Llegaron al hotel en Zanzíbar  Town. Bella ya había hablado con la dirección hacía unos días, y le habían informado que estaban muy justos de habitaciones, aún así había conseguido que les reservaran dos para esa noche.

—Bella. —Rose se adelantó a los chicos y se puso a la altura de Bella que llevaba la voz cantante para hablar en la recepción.

—Dime guapa. —Bella le sonrió, Rose estaba realmente feliz con Emmet, parecía que habían avanzado bastante.

—Hoy no nos movemos de aquí ¿verdad?

—¿Del hotel?—Bella preguntó extrañada.

—Si…bueno, de la ciudad me refiero.

—No, estaremos dos noches. ¿Estás bien?. —Notaba a su amiga cohibida y eso era bastante extraño.

—Me gustaría pedirte un favor…

—Dime. —Bella intuyó por donde iba.

—Solo hay dos habitaciones reservadas…y sé que te había prometido dormir contigo en esos casos pero…

—Si…

—¿Te importaría dormir con Edward esta noche?—Le miró con ojitos de cordero. Bella quedó en silencio, ella y Edward en la misma habitación, una cosa era la tienda de campaña, otra una habitación, con su baño y su cama con sábanas normales. —En serio se que te estoy pidiendo algo que te cuesta, pero te lo prometo que no lo haría si no fuera necesario. —Rose seguía suplicando con la mirada.

—Claro…—Bella quedó de nuevo pensativa. —Trataré de que nos den tres habitaciones, yo pago la mía.

—¿Y si no la hay?—Rose  habló contenida, esperaba de veras que le hiciera el favor, necesitaba estar con Emmet y algo de intimidad, durante los dos días atrás habían retozado en la arena, en el agua, se habían besado furtivamente tras alguna zona arbolada, y habían llegado a perder la respiración porque el deseo les consumía. Pero las pequeñas tiendas apenas les habían dejado espacio, y los dos estaban ansiosos por una cama.

—No te preocupes, dormiré con él. — Con el pulgar señaló hacia atrás sin mirar. Le sonrió. — ¿no puedes aguantar más eh?

—En serio que no Bells, necesito conocer la fuerza que tiene en la cama. —Puso los ojos en blanco. — Y gritar…si sigo relatándote así estoy convencida que mojo mis bragas. — La castaña rio con ganas.

—Oh Rose…hacía mucho que no te veía así de ansiosa.

—Hacía mucho que no encontraba un hombre así, supongo que esto será una aventurilla, pero yo voy a aprovecharla, siempre que  a ti no te suponga un gran— abrió las palmas de sus manos hacia arriba pronunciando la palabra con grandilocuencia—esfuerzo.

—Si Bella ha accedido, por mi perfecto tío, ya sabes que todo lo que me facilite las cosas… —Edward dejó inconclusa la frase y se frotó las manos.

—No me jodas Ed, pórtate bien.

—Quien eres tú y qué has hecho con mi amigo.

—No se  Ed…quizá  Bella no esté interesada en ti. — Emmet trató de poner un tono de voz serio, pero sus pensamientos reales sobre lo que pensaba no le dejaron. Edward le golpeó en el hombro.

—Venga ya…—Se rió el chico de pelo broncíneo. — Se ve a la legua que ella desea llegar a donde yo quiero llevarle, es cabezona, sin más, y si dormimos en la misma cama, con este calor…tu ya me entiendes, no voy a forzar nada, solo se lo dejaré en bandeja. —Le guiñó un ojo a su fornido amigo y este  se rio de forma estruendosa.

—¿En serio no hay más habitaciones?—Bella hablaba con la chica de recepción.

—Estamos completos, de hecho solo están libres las dos habitaciones que tiene reservadas, y ambas tienen camas de matrimonio.

—¿Quedan plegables?— Su voz denotó desesperación.

—Un momento…—Tecleó algo en el ordenador. —Quedan…dos cunas. —Le miró disculpándose con el gesto.

Se rió para sí misma, ¿podría meter a Edward en la cuna?, a veces se comportaba como un crío, un atractivo y sensual…vale, dejó de pensar en él, era imposible no hacerlo en esos términos, de hecho tratar de ignorarle había funcionado para su mente pecaminosa.

—Está bien, entonces no hay opción. —La chica le tendió las llaves.

Bella se volvió a Rose y esta le miró impaciente.

—¿Cuál tiene cama de matrimonio?—Preguntó con una enorme sonrisa en la cara.

—Ambas. —Bella le dijo quedamente y Rose le miró directamente a los ojos.

—Bells…

—Anda coge la llave y enciérrate con Emmet en la habitación antes de que recule.

Rose le dio un sonoro beso en la mejilla y agarró la llave volviéndose hacia Emmet y agitándola en un gesto suave  mientras le sonreía pícaramente. Bella entendió que ya no les iban a ver el pelo, se preguntó si el reportaje de Emmet  iba a ser el que esperaba hacer, había pasado más tiempo contemplando a su amiga que al lugar que había venido a visitar.

—Bien muñeca…—Edward llegó a su altura. — ¿Subimos a nuestra habitación?. — Le miró sonriendo de lado, de una forma que Bella había comprobado anteriormente que le quitaba el aliento, se compuso y dio la vuelta hacia los ascensores tratando de ignorar a su compañero de habitación. Se preguntó cómo era posible que ese tipo arrogante hubiera atravesado barreras que ella había levantado con fuerza, obvió el pensamiento, si dejaba salir todo lo que realmente sentía estaría perdida. Prefería mentirse y seguir con su plan.

—Nena, creo que vamos a pasar más horas juntos hoy de lo que nos pensábamos. —Edward estaba tumbado en la enorme cama King Size tras las mosquiteras. —Deberías hablarme.

—Cuando dejes de llamarme…nena—habló con burla— muñeca…y todos esos apelativos que no te he dado derecho a llamarme. —Bella le miró lanzando dagas con la mirada, era la única manera de hacerle frente.

—Está bien Bella…—El tono de Edward mejoró notablemente, sintió que su táctica el día de hoy tenía que cambiar, llevaba molestándola casi desde que salieron de su hotel. — ¿Te parece si firmamos tregua por hoy?.

—¿Por hoy?

—Si…

—Bien, eso quiere decir que a partir de mañana empezamos otra vez con el muñeca…—Ironizó.

—Depende…—Edward sonrió y bajó el tono, pensó que si definitivamente esa noche conseguía llegar a su meta, no iba a ser necesario molestarle al día siguiente y los sucesivos. Al fin y al cabo Edward tenía claro que solo tenía que probar su cuerpo y olvidarse de la chica que se filtraba en  sus pensamientos más calientes.

—No me digas de qué…simplemente disfrutemos del día de hoy ¿sí?—Bella ni siquiera quería preguntar ni saber, solo quería que el día pasara, de la forma más tranquila posible.

—¿Qué propones?—Se levantó de la cama, Bella pensó que en otras circunstancias ella tampoco querría salir de esa habitación, con semejante ser como compañero, se golpeó mentalmente por tales pensamientos.

—¿Conoces algo?

—Bueno, el día que estuve…—Edward recordó la resaca, y su paseo por las callejuelas por haber perdido el barco en el que quedó con Alice. — Pasee sin más.

—Bien, te iba a proponer visitar las casa árabes, algunas son realmente extravagantes, pasear por los bazares, y bueno…callejear…si te apetece claro…

—Bien…me dejo guiar por ti. — Le miró a través de sus pestañas y Bella sintió que ese día iba a ser más difícil de lo que pensaba.

Rose y Emmet no dieron señales de vida  por lo tanto Edward y Bella salieron a pasear por la ciudad, no les apetecía playa, en Isla Pemba ya la habían disfrutado lo suficiente, además que ella quería aprovechar para comprar algunos detalles para el hotel en  uno de los bazares.

Estuvieron en armonía, hablaban sin que se sintiera la tensión de días atrás, llegar a ese pacto para el mismo día había sido buena idea. Edward resultó ser un tipo interesante después de todo, y eso, a Bella no le condujo a nada bueno, cada vez se veía más cerca de perderse.

—Esto quedará perfecto en la recepción. —Bella sujetaba una enorme talla de madera, era parecido a una jirafa.

—Tienes buen gusto, creo que quedará bien. —Apuntó Edward mirando por encima del hombro de ella. Bella lo sintió respirar en su cuello y se tensó.

—¿Te gusta la decoración?—Trató de desviar su cerebro de las reacciones traicioneras de su cuerpo.

—No exactamente, pero el tener una madre que es decoradora de interiores hace que veas o no la armonía de los espacios con sus detalles, y eso—señaló de nuevo la talla, — va a quedar perfecto.

Bella no se había planteado si Edward tenía familia o no, y claro, todo el mundo la tenía.

—¿Los ves a menudo?—Preguntó curiosa por saber más de su vida.

Comenzaron a alejarse del bazar, la talla era demasiado grande para cargarla. Volvería a por ella en otro momento.

—Con este trabajo es complicado, ya sabes…soy nómada. Pero siempre saco algo de tiempo para ellos, sobre todo las fechas señaladas, cumpleaños, Acción de Gracias, Navidades, su aniversario…de hecho si no lo hiciera mi hermana Kate no me lo perdonaría. Y mi sobrina es un aliciente más, es fácil, con ella no hay que hablar de nada serio y disfruto jugando a los playmobil.

—Interesante, tienes dotes de canguro entonces. — Dijo divertida sin poder evitar imaginarse a Edward en esa tesitura.

—¿No tienes hermanos?

—No que yo sepa, de momento nadie ha venido a decirme que lo fuera, pero no lo descarto. —Edward le miró interrogante. — Mi padre, Charlie, se fue de nuestro lado cuando apenas yo tenía tres años, era un hippie, conoció a mi madre, se enamoraron perdidamente y mamá se quedó embarazada. —Bella rodó los ojos. — Para ella nunca hubo nadie más, pero él era otra historia, no le odio por ello, mi madre siempre me dijo que era una buena persona, pero con un espíritu demasiado libre.

—¿Y cómo terminaste aquí?, quiero decir, ¿le volviste a ver tras su partida?— Continuaron caminando por el bazar de una forma relajada.

—Solía venir cada tres o cuatro meses por casa y a los diez años vino para decirle a mi  madre que se iba a la India, que necesitaba encontrarse a sí mismo, librarse del mundanal ruido de su interior, se fue al desierto de Jaisalmer. —Bella rió quedamente. — Según mi madre estaba tan emocionado con su viaje que ni siquiera le dolió saber que seguramente no le vería en años…y tanto…—Quedó pensativa.

—¿Le volviste a ver?.

—No, hace tres años llegó a mi casa una carta de un notario y del abogado de mi padre diciendo que había heredado un complejo vacacional en Isla Pemba tras su muerte.

—Y decidiste quedarte. —Ella asintió dudando.

—¿Te apetece un té helado?—Edward asintió y se dirigieron a un puesto de la calle.

Ambos con su vaso en la mano siguieron caminando por las estrechas calles de la ciudad.

—Cuando llegué aquí para hacer el papeleo del complejo, mi intención era venderlo y volverme a casa, a mi seguridad, a mi trabajo como gestora. —Edward hizo un gesto de desaprobación. — Yo estaba cómoda allí aunque parezca mentira y ahora fuera imposible volver a meterme entre cuatro paredes.

—No te veo como tal. —Le miró de arriba abajo pensando en lo agradable que estaba resultando la conversación con ella, y en los gestos tan adorables que hacía mientras hablaba.

—He sido chica de trajes  chaqueta—pantalón y moño en la nuca.

—Sí, lo del moño me lo creo. —Le sonrió y en un acto involuntario se tocó la ahora pulsera de abalorios que le había caído del pelo aquella noche. Bella se sonrojó, aún se acordaba de cómo él había deshecho el moño de su nuca . Sus miradas conectaron y ambos pensaron en esa situación.

—Ya…—Bella agachó la mirada. —El caso es que cuando llegué aquí y me encontré con la gente que trabajaba en el Hotel, con el lugar de ensueño que mi padre tenía en propiedad, y sobre todo con Jasper, comencé a planteármelo. Claro, hay que añadir que pasé un año haciendo el papeleo para poder vender la propiedad, y cuando estaba todo listo me lo pensé mejor.

—¿Lo esperabas?, ¿Sabías que tu padre estaba aquí?—Edward sorbió su té.

—No, hacía mucho tiempo que no sabíamos nada de él, ni siquiera se enteró de la enfermedad que se llevó a mi  madre hace seis años…—La mirada de Bella se entristeció.

—Lo siento. —Dijo él sinceramente.

—Gracias…ya está…superado. —Bella le sonrió de una forma tan dulce que Edward casi tuvo que sujetarse a sí mismo para no ir directamente a abrazarla.

—Así que te enamoraste del lugar y decidiste quedarte…—Edward cambió de tema carraspeando un poco al principio para alejarse de sus pensamientos hacia Bella.

—Si…Jasper tuvo mucho que ver, durante ese año nos hicimos inseparables, y no paraba de repetirme que la vida me había traído aquí por algo…

—Jasper…siempre tan metafísico ¿no?.

—Si…

—¿Y ya sabes por qué estás aquí?

—Bueno, en parte el venirme fue una cura para mi alma después de tres años sin poder dejar de pensar en mi madre y su agonía. Sabía que incluso después de más de veinte años ella seguía enamorada de Charlie, y las noticias que no recibía de él le hacían daño, aún así nunca dejó de quererle, y pensé que podría enseñarle cómo vivió Charlie esos años, ya sabes, la llevo en mi corazón.

A  Edward le pareció una gran chica, sensible, y entregada a una familia que cada uno por su lado le dio algo de su vida. Ya no solo sintió deseo de estar con ella, despertó en él una ternura que no esperaba sentir, no de momento, más bien nunca.

—Llevo mucho rato hablando de mi, te estoy aburriendo ¿verdad?. —No entendió  por qué se sintió tan a gusto contándole a Edward sus sensaciones y su vida. Era fácil estar con él sin sus bromas y juegos.

—No…es, interesante. No siempre conoces a alguien que abandona una vida en la ciudad y se queda en una pequeñísima isla en el Índico. Por cierto ¿de dónde eres?

—Vengo de Nueva york, como vosotros, como Rose…

—Habría sido interesante conocerte allí ¿no crees?—Edward se perdió en sus pensamientos. Conocerla en un pub, de fiesta, flirtear con ella y llevársela a la cama. No, definitivamente no hubiera sido tan interesante.

—¿En serio lo dices?, no lo creo. —Bella desestimó su comentario moviendo sus manos.

—No, yo tampoco, ha sido mucho más divertido estar como perro y gato estos días. —Edward identificó  el rubor en la cara de la chica, le gustó.

—Vamos, es mejor ser civilizados, no entiendo a que viene esa pose tuya de ligón a todo trapo. — El corazón de Bella comenzó a latir como loco, otra vez sentía que se acercaba a terreno peligroso.

#12#

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