Capítulo 28

EDWARD POV

—Em, ¿no crees que te has pasado con los farolillos?

—Edward, Edward…a veces eres demasiado sobrio…Rose tiene farolillos de estos por todos los rincones, además son bien discretos. Hazme caso les van a encantar

Miré hacia arriba, la verdad que quedaban bien, eral como pelotas de tenis de colores iluminados.

La cena estaba lista, nos sentamos a tomar una cerveza en el sillón.

—Así que ha habido revolución en el gallinero ¿no?, no me digas que ha sido porque se enteró de que la otra noche le viste en braguitas.

—No Em, no fue por eso, de hecho, dormimos juntos porque ella ya lo sabía, se dio cuenta al irse a dormir, y…—no me apetecía mucho hablar de eso, estaba dándole vueltas a lo que habría causado el horrible rato que Bella pasó en la mañana. —…una cosa llevó a la otra…nos besamos…—Me pasé las manos por el pelo en un gesto de desesperación.

—Entonces…—Em bebió de su cerveza.

—Entonces nada…esta mañana, en la visita a la clínica, iba todo bien hasta que fue al baño y salió hecha polvo, llorando y pidiéndome irse a casa…

Un silencio se acomodó entre ambos.

—Es difícil ¿no?—preguntó prudente, le miré frunciendo el ceño. —Digo, estar con Bella así…—Asentí.

—En serio lo es, pensar a cada momento qué le pasará por la cabeza, cómo reaccionará. —Di un trago largo mirando al frente. —Antes era tan…clara…

—¿Duele pensar en antes?—Emmet era directo.

—Duele… y no duele. Está viva tío, además mírala cómo se recupera. Eso, después de lo que pasó es más de lo que podíamos pedir…

—¿Pero…?

—A veces, la echo tanto de menos Em…es decir, es genial estar con ella y los avances son notables, pero ver cómo aflora una inseguridad que antes no tenía, o un miedo que antes no existía… —Las lágrimas comenzaron a caer veloces por mis mejillas—…me siento mal por pensar así, cuando hace algo o dice algo como antes…—limpié mi cara mojada con el dorso de la mano. Me levanté y llegué hasta el mirador, el sol se había ido y el cielo tenía esos colores anaranjados que quedan en verano. — La vida es una puta mierda Em…tantos planes…tantas cosas, sé que somos afortunados de tenerla…y te juro que la quiero, más que a mi vida…pero ¡joder!…—Golpeé el culo de la cerveza, contra la baranda de ladrillo, haciendo que esta saliera en forma de espuma mojándome la mano y el muro.

—Shhh tío, tranquilo. —Em me hizo voltearme y me acogió en sus enormes brazos. —Cálmate Ed.

Tras el vigoroso abrazo de Em, me sosegué. Mi amigo desvió el tema para hablar de Rose y su discusión por el lado de la cama ante su inminente traslado. Me hizo desconectar de todo y terminar riéndome a mandíbula batiente.

Se escuchó cómo alguien subía las escaleras, teníamos la puerta de la terraza abierta. De repente noté mis nervios en el estómago, ¿cómo estaría Bella?

Rose entró la primera.

—Chicos, chicos, os habéis superado. —Se acercó a Emmet a besarle en los labios. — Mmm osito , tendrás premio.

Carraspeé por la situación que estaban creando.

—¿Y Bella?—Pregunté ante su no aparición.

—Quería pasar al baño…pero aquí está.

Y cruzó la puerta, preciosa, de azul, como una gran estrella. En la cara pintada una sonrisa tímida, me dio una mirada de igual manera, la cual me enterneció, mi Bella…Dios Mío estaba irrevocablemente enamorado y enganchado a esa mujer, no sabía cómo sobreviviría si ella no quisiera pasar el resto de su vida conmigo.

—¡Oh! ¡Esto es maravilloso! —Dijo desviando su mirada a los farolillos.

Necesitaba tenerla cerca, acorté la distancia entre nosotros y la sujeté entre mis brazos. Quedó un poco asombrada, pero en seguida me devolvió una mirada cálida y… ¿coqueta?, se veía tan bonita. Besé su mejilla y me acerqué a su oído.

—Tú sí que eres maravillosa Bella, te ves preciosa. —Le susurré , y sentí como se estremecía pegando su cuerpo al mío. —¿Estás bien?

—Ahora mejor…—Susurró seductora dejando caer los párpados.Y me descolocó. Ella siempre conseguía eso conmigo, cuando menos lo esperaba.

—Ejem, ejem chicos. —Emmet. —Tengo hambre.

La cena fue divertida, con Rose y Emmet era difícil que no lo fuera.

Varias veces capté la mirada de Bella, ella de forma distraída me rozaba, de vez en cuando, con su mano en mi brazo, y yo no perdí la oportunidad de tocarla, sintiendo cada respingo en su cuerpo como mío propio.

En cierta forma me habría gustado cenar solo con ella, teníamos pendiente una conversación. No estaba muy seguro si iba a querer hablar de ello.

De todas maneras, después de estar con Rose se le veía bien, bueno, se le veía mejor, incluso un poquito provocadora, sin ella darse cuenta. Quizá una tarde de solo chicas era lo que necesitaba.

Durante la tarde descubrí que Bella había estado leyendo las cartas que me había mandado, y viendo fotos, la caja metálica estaba abierta en el suelo. No me sentó mal que lo hiciera, pero si me asustó, ¿qué estaría pasando por su cabeza?, leerlas, era encontrarse con ella misma.

Después del disgusto que tenía esta mañana, y las ganas de irse a casa con sus padres, analicé mucho las cosas. No era tan fácil, realmente Bella tendría que ir poco a poco.

Tiempo, es lo que necesitábamos, tiempo para que se hiciera auto suficiente, para salir a la calle, para trabajar si así lo quisiera.

Tras el episodio de la mañana me di cuenta de cuánto me había engañado pensando que podría venirse conmigo en poco tiempo, las ganas de tenerla cerca y su ausencia durante su convalecencia me habían cegado.

—Muy bien guapos. —Estábamos en la puerta despidiéndonos de la pareja. Rose nos besaba con entusiasmo, el vino le hizo estragos. — Espero vernos pronto.

Bella se puso discretamente delante de mí, y apretó su cuerpo contra el mío, creando una sensación a su roce que me hizo aguantar momentáneamente la respiración. La abracé por la cintura, quedando mi barbilla a la altura de su cabeza, la cual rocé con un pequeño movimiento de mi cara. Volví a centrarme con esfuerzo en la conversación de despedida.

—Tú en cuestión de unas semanas ya te has hecho neoyorquina, así que seguro que nos vemos a menudo. —A Emmet se le veía radiante con la próxima mudanza de su novia a casa, le guiñé un ojo cómplice.

Emmet hizo un gesto obsceno con los brazos y caderas, y vocalizó sin sonido “todo el día”. Se llevó una colleja de Rose al segundo de su acción. Bella se llevó la mano a la boca y acto seguido rió con una carcajada. Emmet se llevó la mano a la nuca para frotarla.

—Pimpollo, siempre igual. —Le dijo Rose. — ¡Ah! ¡Edward!

—Dime Rose. —Todavía reía ante la cara de Em.

—Algún día pasaré por la clínica. —Guiñó un ojo a Bella. Esta abrió los ojos asombrada. Le noté ponerse tensa.

—¿Nos traéis retoño Rose?, ten en cuenta que soy pediatra y no ginecólogo, a mi barrigas no. —No entendí muy bien el intercambio de gestos entre ellas.

—Es para que me presentes a Chloé. —Sonrió con suficiencia y de nuevo miró a Bella. Esta se puso colorada y bajó la mirada.

—Ahá…cuando quieras … —Miré a Bella de nuevo.

—¡Hablamos preciosos!—Emmet saludó con la mano y acto seguido se metieron en el ascensor.

Chloé, algo me decía que era probable que Bella nos escuchara a Phil y a mí.

En cuanto el ascensor se cerró, Bella disolvió el abrazo y me dejó en la puerta anhelante de más. Inspiré y sentía toda su esencia en mi interior.

Estaba tumbado en la cama, leyendo el libro, algo tenso. Desde que Rose y Emmet se habían ido Bella no había pronunciado palabra.

Salió del baño y me dedicó una sonrisa tímida. Le hice un gesto para que se metiera en la cama. Saltó hacia mí como una ardilla, no podía evitar acordarme de otros momentos en los que lo había hecho.

Separé mi brazo del cuerpo y le invité a que se recostara sobre mí. La sensación de tenerla a mi lado, siempre era alentadora.

Continué leyendo ante su mutismo, sentí como se acomodaba sobre mi pecho.

—Edward. —Susurró, tomé aire.

—Dime Bella.

—Perdona por esta mañana ponerme así. —Ella seguía refugiada en mi abrazo.

—No hay nada que perdonar.

—Sí, no te conté lo que pasó…solo te pedí irme a casa, puede que eso te hiciera daño. —Besé su cabeza, sonriendo para mí.

—Todo lo que sea alejarme de ti me duele Bella, pero si tú quieres irte, lo entenderé pequeña.

—Yo no…me quiero apartar de ti…pero…creo que no soy suficiente…—Me removí incómodo por lo que estaba empezando a decir— yo no hago nada Edward, todos tenéis obligaciones y yo no, en casa con mi madre, le ayudo a las tareas, voy con ella a la compra…No soy buena para estar contigo, hay chicas muy bonitas que te pegan más…y aunque me duele no tenerte…

Me incorporé haciendo que Bella me siguiese y la enfrenté callando lo que quisiera que quería seguir diciendo.

—Bella… ¿qué estás diciendo?—negaba para mi mismo. — No quiero a ninguna otra chica,—la miré directamente a los ojos alzándole la cara desde la barbilla. —Yo quiero estar contigo…Eres preciosa Bella, y seguro que con el tiempo tienes ocupación, estás…recuperándote de un accidente—me dolió pronunciarlo—pero pronto podrás valerte por ti misma.

—Yo…también quiero estar contigo pero…no así, no sin ser nada, no siendo una carga. —Dijo en un susurro con los ojos llenos de lágrimas.

—Nunca Bella…—acerqué su rostro al mío—…nunca serás una carga para mí. Entiendo que quieras ser algo, ocupar tu tiempo, incluso trabajar, pero déjame decirte que si quisieras pasarte el día leyendo y yendo a conciertos y al teatro, yo estaría encantado de seguir estando a tu lado. De vivir cada uno de mis días con tu compañía.

Me abrazó, sollozando, quedó a horcajadas sobre mí, hundió su cara en mi cuello.

—Soy tan afortunada de tenerte, hay tantas chicas que quisieran estar contigo como lo estoy yo…que me parece irreal.

Me reí apartándola un poquito de mí.

—¿Tantas chicas Bells?, creo que solo tú me soportas, seguro. — Sonrió tras su cara llorosa.

—Eres fácil Ed, es muy sencillo estar contigo. Velas por mí desde que te conozco, haces que descubra las mejores cosas, me proporcionas unos días fáciles y divertidos, y estás ahí conmigo, después de que con mi accidente…te hiciera tanto daño…

De nuevo una sombra cruzó su rostro. La volví a abrazar.

—Bella cielo, estamos aquí y ahora, no vale la pena pensar más en lo que pasó.

Estuvimos un rato en silencio, abrazados, en la penumbra que la luz de la mesilla de noche nos proporcionaba.

—Bella…—se apartó para mirarme, asintió. —… ¿has estado hablando de esto con Rose?

—Un poco…—bajó la mirada avergonzada.

—¿Tiene que ver con la visita a la clínica y con Chloé?—Abrió los ojos como platos y se ruborizó furiosamente.

—Se que no debería haberla escuchado, que está mal pero…

—¿A Chloé? —Estaba confuso.

—Dijo todo eso…y que tú querías acostarte con ella…que yo no valía nada…—Parpadeé varias veces…¿Chloé había estado hablando de Bella y de mí?.

—Bella…—respiré profundo —Chloé y yo no somos ni hemos sido nada, es más yo no quiero ser nada de ella. No tienes que hacer caso de lo que diga. —Me puse algo furioso, traté de contenerme.

—Lo sé, Rose me dijo algo así también. No te enfades por favor. —Me suplicó. La abracé de nuevo.

—No me enfado contigo…cuando llegue a la clínica esa chica se va a…—Bella se volvió a separar de mi súbito.

—No Ed…no por favor…no le digas nada…yo no tenía que haber escuchado…—Era cierto no tenía porque decirle, pero si le demostraría cuando llegara el momento quién era Bella en mi vida.

Asentí besando sus labios, dándole a entender que no diría nada. Quedamos a escasos milímetros el uno del otro, le sentía respirar, y sus ojos no se apartaban de los míos, me perdí en ella y sin saber cómo estábamos inmersos en un beso, profundo, anhelante, deseoso. Bella atrapó mi nuca con sus manos asiéndome fuerte, mis manos viajaban de sus caderas hacia arriba, sin llegar a sus pechos, su piel quemaba bajo la mía, su sabor nublaba mis sentidos, su lengua acariciaba de manera experta toda mi cavidad, mis labios, mi propia lengua, estaba sediento de ella, nos costaba respirar. Estaba a punto de caer al precipicio y de repente Bella se separó de mí, con su cara completamente sonrojada, los ojos brillantes y con una sonrisa para embarcarse al mismísimo infierno sin retorno.

—Me gusta muchísimo cuando me besas así. —Dijo con voz trémula, a la vez que dejó caer los párpados para ocultar su momento de vergüenza. —Me da calor…¡¡buff!!—Se abanicó con la mano.

Mi autocontrol casi saliendo de la habitación volvió a mí, el dolor de mi erecto sexo me lo recordó.

Levantó de nuevo la mirada, y me dio un beso casto en los labios. No podía hablar, tenía ganas de llorar, porque no podía seguir pensando en hacerla mía en ese instante, porque no podía hacerlo, y porque mi entrepierna dolía. Le guiñé un ojo y le sonreí.

—¿Dormimos?—Preguntó ladeando la cabeza.

Asentí y le ayudé a salir de encima de mí, ella de forma descuidada rozó mi erección. ¡Oh Dios Mío!, me contraje sin dejar de sonreírle, ella no dejaba de mirarme.

Nos tumbamos abrazados en la cama, Bella descansaba sobre mi pecho, en seguida noté su respiración regular que me indicaba que estaba dormida. Acaricié su cabello. Le besé sobre él y con cuidado salí al baño, no estaba seguro de si la ducha me iba a hacer efecto, si no lo hacía recurriría terapia manual, estaba siendo realmente insoportable llegar a este punto.

Capítulo 29

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