#25#

—¿Pero es posible que tengas semejante barriga?—Rose se abalanzó sobre Bella abrazándola con cuidado. Bella reía sin parar ante la efusividad de su amiga. — ¡¡La siento!!—Rozó ligeramente su abdomen con el bulto de Bella.

—Ya ves, se supone que no se debe de notar tanto, creo que estoy comiendo demasiado. —Se pasó la mano acariciándose.

—Pero estás guapísima Bells. — Le miró sonriendo. — Todavía no le has visto ¿verdad?—Bella negó. —Pero finalmente me ha dicho Em que viene, que aunque le ha costado salir de allí, que se está liando parda, ha conseguido colarse en uno de los vuelos. —Bella asintió, no podía ocultarlos nervios. — ¿Cuándo será el encuentro?

—Pues creo que en la boda, porque me dijo que pararía a ver a sus padres y a su hermana, que debe de haber pasado una mala racha.

—¿Y eso de que habláis a menudo?—Rose la guió hacia una de las ventanas del salón. Se sentaron en un banco de madera que rodeaba el mirador.

—Sí, cada dos o tres días hemos hablado, lo hemos cogido por costumbre este mes.

—¿Y de qué?—Le preguntó ansiosa.

—De todo y de nada. De cómo estoy, de si se me nota. De la boda hemos hablado mucho, de la situación allí. Me ha contado que es lo que ha estado  haciendo.

—¿Y de vosotros?

—No. —Pero no perdió la sonrisa.

—¡¡A comer!!—Alice sacó la cabeza por la puerta de la cocina. — ¿Dónde están los chicos?

—Creo que en la piscina. —Rose miró a Bella analizando sus gestos, la conversación quedaba pendiente.

La comida era copiosa, Judy Brandon, la mamá de Alice cocinaba muy bien y muy abundante.

—Debes de comer por dos. —Le sirvió  a Bella un enorme plato de comida.

—Todavía es como un huevo, o menos Judy. —Le dijo Bella sin ocultar su mirada hambrienta ante la copiosa comida.

—Come lo que quieras Bells, mamá por favor, no la atores. —Alice le lanzó una mirada comprensiva a su amiga y esta se encogió de hombros, como si no fuera con ella.

El teléfono empezó a sonar y Alice, que estaba más activa que nunca, saltó como un gamo hacia él.

—Cielo, mañana quiero una novia entera. —Le dijo Jasper asustado del exceso de energía de su prometida.

—¿Le ponemos Valium en su comida?—Le susurró Emmet al  futuro marido. —Ahora que está distraída no se enterará, y lo vas a agradecer.

—Intentaré que esta noche medite un poco. —Dijo convencido.

—Pues yo apostaría más por un camión de sedantes. —Sonrió socarrón.

—¿Casa de los Brandon?—Contestó Alice.

—¿Con Alice Brandon por favor?— Una voz seria habló al otro lado de la línea.

—La misma.

—Mañana tiene reservada una boda en el Restaurante Village ¿verdad?

—Correcto.

—Para sesenta y siete comensales ¿cierto?—Alice volvió a confirmar.

—Bien, ha surgido un pequeño problema, pero está resuelto, solo le llamo para informarle. —Alice se alarmó de inmediato. — El caso es que la tarta no es posible realizarla, ha habido un percance con los ingredientes, pero lo hemos solucionado, no se preocupe.

—¿Cómo?—Era solo un hilo de voz.

—Pondremos bizcochos para untar en el café, lo hemos hecho otras veces, y la gente ha quedado encantada.

—Pero…—El pánico se apoderó de su pequeño cuerpo. —¡¡Jasper, está hablando de bizcochos!!—Alice gritó si acordarse de que al otro lado de la línea había una persona.

—No se preocupe, está todo arreglado, el bizcocho se lo regalamos nosotros.

—¿Regalo?—Jasper se acercó a ella despacio. — Si me hubiera dejado a mi llevar la tarta…—La ira contenida en su cuerpo comenzó a fluir a su aire y Jasper se alarmó.

—¿Qué pasa?—Le preguntó susurrando.

Alice se colocó el auricular en el pecho para hablar con su prometido.

—Dice… que en vez de tarta… ¡¡van a poner bizcochos!!—Le miró roja de la ira, y Jasper pensó en lo que Emmet había dicho hacía un mito en la cocina, sabía lo importante que era para ella todo el rollo de la tarta, y esas cosas, pero  a él no le parecía tan dramático, no obstante, si le parecía curioso.

—Pues nada cariño, si total con toda la comida que hemos puesto la gente no se va a quedar con hambre. —Le tocó el hombro para tranquilizarla. Ella subió las cejas como si le hubieran tirado de un hilo y le pasó el teléfono.

—Vale…—Dijo aparentando calma. —Pues habla con ellos, diles que la figurita la pongan encima del bizcocho sin cortar, que yo llevaré nata para adornarlo y que el corte se hará como si fuera una tarta nupcial.

Jasper cogió el teléfono mientras la miraba preocupado.

—Hola buenas tardes, soy Jasper, el novio.

—Buenas tardes.

—¿Edward?— Una risa atronó sus oídos en el mismo momento que pronunció el nombre. —Cuando llegues Alice va a hacer con tu cabeza una piñata tío, la has dejado en shock.

Alice se dio la vuelta antes de entrar a la cocina, y ató los cabos tras escuchar a su novio pronunciar el nombre.

—No he podido reprimirme, cuando no me ha conocido desde el principio, no lo he podido evitar. –Decía entre risas.

—Bueno, —dijo sosegado y ahogando las ganas de reír. —Yo te la paso, y que te diga ella dónde quiere que pongas la figurita. —Tendió el teléfono a su prometida, mientras ella escudriñaba el aparato— Grítale preciosa, no me importa que mañana llegues afónica a la boda, ya hablo yo en tu nombre.

Alice decidida se acercó al teléfono. Jasper le besó en su cabeza antes de alejarse.

—¡¡Edward Cullen!!

Bella se tambaleó en la mesa de la cocina al escuchar a Alice gritar, por un momento pensó que habría llegado, y el pulso se le aceleró. Jasper entró en la cocina, todos le miraban sin entender.

—Está al teléfono, y es posible que se quede sordo. ¿Sabes hablar mediante el lenguaje de signos?—Se sentó en la mesa riéndose y negando, y los gritos de Alice se escucharon por toda la casa. — No se puede tentar así a una novia el día antes de la boda.

—¿Le ha tomado el pelo?—Emmet esperaba ansioso conocer la broma de su amigo.

—Le ha dicho que no iba a haber tarta, que pondrían un bizcocho. —Rose rodó los ojos. Emmet comenzó a reír por lo bajo, tapándose la boca con la servilleta.

—Alice le dijo la semana pasada, después de mi eco, que venían gemelos y cuando hablé con él por teléfono estaba histérico. Creo que se la ha devuelto. —Bella salió en defensa de Edward.

—¿Eso le dijo?—Jasper le miró sorprendido. Emmet , pasó de taparse, reía como un chiflado.

—Sí, —Bella asintió. —Llamó por la tarde y yo no me podía poner, estaba ella en la recepción, y decidió acojonarlo un poco. Es una bicho tu futura mujer. Le dijo que se habían escuchado dos latidos, y que los análisis habían dado muy altos en no sé qué sustancia u hormona, la verdad es que se lo curró. —Asintió mientras se acordaba de las palabras de Edward por teléfono. — Vamos, que  se preparara con la que se le venía encima.

—Por la barriga que tienes parece gemelar. — Judi, emocionada por tener a su hija y a su futuro yerno en casa, estaba disfrutando de lo lindo del jolgorio que formaban.

—No me digas eso Judi, que me han dicho que era solo uno. —Bella le miró  casi suplicando.

—Que  no soy médico ni nada cielo…—Le sonrió.

—No me la asustes, —Rose  cogió a Bella  por la barbilla. —Que si ya está temiendo por el parto de uno, si le planteas que vienen dos…

—Pues si te queda un montón aún. —Le dijo Emmet antes de meterse un bocado de carne en la boca

—Ya pero salir tiene que salir ¿no?, y ese agujero…no lo veo yo muy grande, y no te quiero ni contar si vienen dos, eso va a parecer… — La tos de Emmet le interrumpió.

—No digas esto en la mesa que mi chico se añusga. —Rose miró a Em y le instó a beber agua.

Alice entró en la cocina en ese instante y se sentó mirando a todos. En especial a Bella.

—Que conste que esta noche le dejo dormir en casa porque es el fotógrafo…y porque en segundo lugar es el padre de tu hijo. — Puso su  servilleta sobre las piernas y comenzó a comer como si nada.

—¿Viene esta noche?—Bella preguntó nerviosa. Cuando Alice asintió con una enorme sonrisa Bella sintió que el corazón desbocado, se le salía del cuerpo.

—Es mejor así, de esta manera tu mañana tendrás todo resuelto y no tendrás más nervios que los de llevar a Jasper al altar.

Jazz le tocó la rodilla y le dio un ligero apretón.

—Tranquila Bells, si habéis hablado mucho por teléfono.

Emmet, ya recuperado y sin necesidad de hacerle ninguna maniobra de Heimlich, le miró directamente.

—¿Estás nerviosa por verle? —Levantó una ceja. Bella se le quedó mirando, él era el amigo directo de Edward, y no tenía por qué saber que ella no le había olvidado en absoluto, y su corazón tampoco, y que el hecho de que estuviera embarazada de él  y hablaran cada poco, le había provocado un crecimiento exponencial de todos esos sentimientos.

—Claro…hay tantas cosas de qué hablar…—Miró a Rose, esta le hizo un gesto en el cual ella entendió que no le había contado nada. —Ya sabes, llevo un hijo suyo aquí. —Señaló su vientre.

—Joder, Edward padre…—Emmet abrió los ojos como si todavía no se lo creyera.

—Come Bells. —Alice cortó la conversación, sabía que se le estaba haciendo incómoda.

—No sé si tengo mucha hambre.

—Coooomeee. —Le instó.

Edward llegó a la casa de los padres de Alice sin problemas, era de noche, pero sus ganas de encontrarse con Bella le podían, y decidió, que después de haber estado un rato con su familia, no podía esperar al día siguiente a verla, y más sabiendo que estaba a solo una hora y media de Riverhead.

Emmet y Jasper salieron de la casa para recibirle.

—Ed tío. —Emmet se le echó encima para abrazarle estilo oso.

—¿Qué tal por aquí?—Le saludó Edward a Jasper. — ¿Nervioso?

—Bueno, no lo voy a negar, pero…te garantizo que Alice está peor que yo, seguro.

—Si me hubieras dejado ponerle Valium.

—Al final escapaste del país. — Jasper eludió la broma de Emmet.

—Ha estado complicado, vengo derrotado, llegué esta mañana, y casi no he dormido. Además de que he pasado la tarde entera con mi hermana.

—¿Cómo está?—Em le preguntó.

—Bastante bien…—Les miró ansioso. — ¿Bella?— Em miró a Jasper.

—Se ha subido a su habitación, últimamente duerme mucho, siesta a media mañana, a media tarde. ¿No mezclarás somníferos con tus espermatozoides no?—  Edward se sorprendió de la broma de Jasper.

—Jazz, lo esperaría de Em pero de ti…

—Llevo todo el día con él, qué quieres, no para. —Los tres rieron.

—Entonces no llego a tiempo para verla…—Dijo desanimado.

—Dijo que si llegabas antes de las doce que le despertaras, y son las once y media, estás en el límite.

—Pues vamos para dentro, solo quiero saludarla, y que siga durmiendo. — Notó el corazón en su pecho a un ritmo muy alto. — ¿Alice sigue enfadada conmigo?

—Dice que es posible que sueñe con un bizcocho gigante, pero creo que se le ha pasado. — Respondió Jasper.

Se encaminaron a la casa, la entrada estaba fusionada con el salón comedor y en ella desembocaban las escaleras. Rose y Alice bajaban hablando de manera distraída.

—Hola chicas. —Saludó quedo.

—¡Edward!— Rose le dio un beso en la mejilla. —Apura y sube, tiene ganas de verte.

Los nervios se atesoraron en su estómago, habían hablado mucho, pero esto era otra cosa, ni siquiera sabía cómo iba a ser ese encuentro.

—¿Está despierta?

—Si. —Alice le abrazó. —Sube, la puerta del fondo. Luego te presento a mis padres, y te pego una colleja. —Le guiñó un ojo.

Edward tocó la puerta.

—Adelante. — Bella se incorporó en la cama, estaba enfadada con ella misma, no podía evitar quedarse dormida pasadas ciertas horas, a pesar de que quería esperarle despierta.

Alice y Rose habían estado con ella y se reían porque incluso se le cruzaban los ojos de sueño.

—Hola. —La puerta se abrió y Bella se dio cuenta que ni las fotos ni su mente podían hacer justicia a semejante hombre. — ¿Cómo está la futura mamá?—Se derritió con su tono, con su gesto amable, y con el apelativo tan cariñoso, incluso sintió ganas de llorar, y para evitarlo abrió la boca ligeramente, evitando así que sus ojos la delataran.

—Bien…—Susurró bajo una enorme sonrisa. A Edward le pareció la mujer más bonita del mundo, atractiva, sexi, encantadora, dulce. Su cara de sueño la delataba, estaba a punto de caer rendida.

—Perdona por ser tan molestón…—Se disculpó. —Las horas…—Caminó hasta la cama, y las ganas de tenerla se mezclaron con la incertidumbre de la situación que tenían entre manos.

—Te recuerdo bastante más molestón Edward. —Dijo bromeando.

—Ya… ¿puedo?—Le dijo señalando la cama. Bella asintió y él tomo asiento.

—Esto es…raro… ¿verdad?

—Si…—Edward quería besarla, y no sabía qué hacer. Por teléfono hablaban de muchas cosas, pero su relación personal siempre quedó en el aire.

—¿No me vas a saludar?—Bella quería sentir sus labios aunque fueran en la mejilla.

Edward se acercó a ella y depositó un beso suave en la cara. Inspirando su aroma. Bella también le besó, movió la cara buscando un poquito de fricción contra su barba.

—Rascas. —Le susurró, y sintió cómo él vibraba contra ella. Los brazos de él sujetaron su espalda, y ella lo estrechó en un abrazo, poniéndose sobre sus rodillas. Edward sintió la barriga incipiente de Bella, y un pinchazo de júbilo le sobrepasó.

—Te siento la barriguita…—Ahora fue ella quien rió contra él, haciéndole vibrar.

—Es que creo que va a ser enorme, como su padre, si no, no me lo explico. —Se alejaron, echándose de menos.

—¿La puedo tocar?—Ella asintió y de una manera muy natural se recostó y se subió la camiseta con la que dormía.

Llevaba solo unas braguitas debajo, y eso a Edward, no le pasó desapercibido. Le miró a los ojos y vio cómo le brillaban a pesar de su cara cansada. Ella cogió su mano y ambos se regodearon en ese mínimo tacto, sin darse cuenta que en seguida iban a tocarse mucho más de lo que parecía. Con la suya por encima puso la mano sobre su barriguita, y un escalofrío le recorrió de arriba abajo.

—¿Está muy fría?—Él trató de retirarla.

—No…que va. —Le sonrió. —Yo creo que el huevito se encuentra por aquí. –Y le puso la mano en un lateral.

—Pero si es muy pequeño, no lo puedes notar.

—Le intuyo, a mi pequeño ratoncito le siento. —Dijo soñadora a la vez que divertida.

Edward descansó la mano allí donde se la había dejado, no sabía si realmente había sido una excusa para tocarla, pero ahora se sentía muy unido a esa mujer, más que nunca. Movió los dedos despacio, acariciando su piel, y Bella sintió como esa caricia recorría todo su ser. Inspiró profundamente y se dejó caer sobre las almohadas, le pareció increíble, pero su presencia no la ponía nerviosa, al contrario. Cerró los ojos y sin vergüenza ninguna se dedicó a sentir la mano de Edward en su pequeña barriga.

—Creo que debería dejarte dormir. — No sabía cómo sentirse, ella se veía natural a su lado, era una mujer con una seguridad impresionante.

Bella abrió los ojos.

—No te voy a engañar, estoy cansada, pero…—le miró directamente. —…tienes que saber que duermes conmigo.

—¿No te importa?—Le miró sorprendido.

—No. —Sonrió. —No será la primera vez que compartiremos cama. — Y Edward Cullen se sonrojó provocando una risotada enorme en la mujer que estaba tumbada en la cama. — En serio, pareces otra persona…nunca hubiera imaginado que te sonrojarías por recordarte los momentos en los que creamos esta vida. —Y sonriendo se señaló el vientre.

—Y tengo que decirte, que tú también has cambiado, bueno del principio a ahora. Eres más…decidida.

—Me conociste anulada…—Edward pensó en James y el enfado hizo por brotar, lo contuvo. —Pero mejoré notablemente…—Desvió la mirada, era difícil de mantener la fuerza de sus verdes ojos.

—Te voy a dejar descansar, mamá. —Enfatizó la palabra. —Voy a saludar a la familia de Alice, que ni siquiera les he visto. —Se levantó, le besó en la frente, y Bella se deleitó en el gesto y en el cariño que ese chico le regalaba.

—Pues hasta mañana, porque te garantizo que no te esperaré despierta.

—Descansa.

Edward abandonó la habitación con un montón de sensaciones en el cuerpo, y todas buenas, aunque la incertidumbre, sobre el futuro de todo ello, planeaba sobre todo eso.

—Gracias Alice por hacerme un hueco a última hora, aunque haya sido en la cama de Bella. — Sonrió alzando las cejas, el gesto era muy evidente y todos lo pillaron al vuelo.

—Anda…que mira el gallito por donde sale. —Dijo Alice riendo. —Tenemos la casa ocupada, y a ella no le importó.

—Deberíamos no ponértelo tan fácil, deberías ganártelo como cuando llegaste, —Rose le habló bromeando. —Se lo has dejado en bandeja Alice. — Edward recogía información de aquella charla aparentemente despreocupada, si Rose hablaba así de sus posibilidades, algo tenía a favor.

—¿Habéis hablado?—Emmet le preguntó mientras troceaba unas galletas en su leche con cacao.

—Pues claro, he estado como quince minutos con ella, ¿Qué esperas que hiciéramos?

—No me retes Ed…no me retes. —Ambos amigos rieron.

—Pues yo no esperaría que hicieran algo más que hablar. —Protestó Rose.

—Ya preciosa, pero es que tu no conoces a Edward. —Se ganó una mirada reprobatoria por parte de todos excepto de Edward, que se quedó pensativo, no se veía muy reflejado en el chico que era antes de estar con Bella, habían pasado muchas cosas.

—Pues creo que te voy a hacer la cama en el porche. — Dijo Alice resuelta mirando al chico del cabello broncíneo.

—Que es broma…—Dijo Em levantando las manos. — Que este chico desde que se enteró que iba a ser papá es otro. Joder tío, vas a ser padre. —Añadió como si lo acabara de descubrir.

Edward asentía mirando al centro de la mesa, como ido.

—Chicos. —La madre de Alice entró a la cocina. — Nos vamos a dormir.

—¿Todos?—Preguntó Alice.

—Sí, tus tíos vienen muy cansados. Y tú debería s dormir también, a ver mañana que hacemos con las bolsas de los ojos. Tómate una tila, o mejor mézclala con melisa. —De repente Judi comenzó a buscar por todos los armarios, Jasper rodó los ojos y Alice se levantó de la mesa.

—Déjalo mamá, vete a dormir, ya me la preparo yo…

—Y…

—Si, a Jasper, a pesar de que es la personificación del mantra más relajante, también le daré una infusión.

—¿Mantra?—Le miró con cara de susto mientras era empujada hacia la puerta. —Edward, encantada, y haces una pareja estupenda con Bella, os va a salir un niño como los de los anuncios…—Alice la terminó de sacar de la cocina.

—¿Tú sabes dónde te has metido? Se supone que Alice se parecerá a su madre cuando sea mayor. — Emmet se metió una cucharada de galletas mojadas en leche y asintió mientras le miraba.

Edward pensó como nunca lo había hecho en el bebé que traía Bella en su vientre, se sonrió, sintió ansias de subir a dormir con ella y que llegara mañana para hablar.

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