_3.

Tara miró las cajas de cartón con resignación. No había manera de alargar más su estancia en Charming. Ya no trabajaba, la guardería había cerrado y su tiempo en ese pueblo se terminaba.

Llevaba días revisando el periódico local y, excepto un puesto de camarera en una heladería, no había encontrado nada. No obstante la oferta, con el teléfono correspondiente, colgaba de la nevera pegado con un imán.

Se sentó en una de las sillas de la cocina y miró el papelito. Tenía que dejar de mentirse, no solo era el no querer volver a San Francisco, Jax Teller había tocado algo en ella que no sabía muy bien lo que era, no tenía evidencias palpables de que el tonteo que tenían fuera algo con futuro, ni  siquiera sabía si era un tonteo como tal. Hacía una semana que no tenía noticias de él, y eso todavía le ponía peor, porque sentía que le había dejado con la miel en los labios después de esa promesa de “esto no se queda aquí”

Cuando pensaba en él una vibración se extendía por su cuerpo, una necesidad de hacer algo, y ella sabía lo que era. Quería ir a buscarlo y saldar esa promesa, porque se lo merecía, porque nadie calentaba y prometía a Tara Knowles y luego se iba y desaparecía como si no hubiera existido.

Se levantó y sacó una cerveza del frigorífico, la abrió y se tomó media de un trago, sintiendo como el líquido frío le saciaba por dentro, para luego sentir acto seguido el calor que quedaba en el cuerpo por la diferencia de temperatura, hacía demasiado calor en esa casa a pesar de tener las persianas bajadas para evitar que ese sol recalcitrante entrara y convirtiera su próxima ex casa en una hoguera sin fuego.

Tenía que salir de allí. Fue a su cuarto y se puso unos vaqueros oscuros y ajustados, una camiseta de tirantes negra dejando a la vista los tirantes del sujetador rojos y antes de salir de casa cogió su cazadora vaquera clara y el casco.

En realidad no se sorprendió de estar en TM, pero sí que sintió los nervios al entrar en la zona vallada y ver cómo varios tipos se bajaban de las motos  aparcadas y en fila a su mano izquierda. No necesitó revisarlos mucho, distinguió entre todos a su rubio.

—¿Mi rubio? —habló con el casco puesto y se burló de sí misma.

Con seguridad se aproximó con su moto hasta donde ellos estaban. Sintió las miradas de los cuatro mientras apagaba la moto y, marcha atrás, la dejaba justo enfrente de las otras, evitando ponerse en el acceso al taller.

Bajó mientras miraba, a través de la visera, a Jax, que pareció reconocerla en el mismo momento en que hizo aparición. Se quitó el casco, sacudió la melena, inspiró profundamente y se dio valor.

No tenía ni idea de qué iba a hacer allí, pero ya que estaba, no podía amedrentarse cual colegiala pillada en su propósito de ver a su amor platónico en el parque. ¿Qué le iba a contar? Pues nada, la verdad, no tenía ninguna información común.

Dejó el casco en el manillar y se volvió para darse cuenta de que él no se había acercado a ella. Una sonrisa pícara trataba de esconderse en los labios de él y Tara subió su ceja izquierda al ver como no podía reprimirla. Estaba jodida, iba a hacer el ridículo pero, como siempre que actuaba impulsivamente, algo la llenó de valor y comenzó a caminar hasta donde él estaba.

—¿Forastera? —Jax alzó una ceja, sonrió levantando solo una comisura de sus labios y se apoyó en su moto cruzándose de brazos.

—¿Te pillo en un mal momento? —Tara miró alrededor y los otros tres hombres rieron sonoramente.

Reconoció al gordito como Bobby, el de la noche del billar, y a Opie, que le saludó, demostrando más cortesía que el resto, con una inclinación de cabeza. Los otros dos, rapados y uno de ellos con unos tribales tatuados en la cabeza, la miraban de arriba abajo como si fueran a sacar una fotocopia de su cuerpo por la boca en algún momento.

—No. —Miró a los tipos y estos se marcharon despidiéndose con algún comentario más salido de tono que otro.

Jax miró a ambos lados y se enderezó dejando el apoyo de la moto. Comenzó a caminar despacio hacia ella y Tara sintió el corazón en la garganta. Tenía una necesidad urgente de ese chico y su cerebro hizo un click en su cabeza.

—¿Me puedes dedicar quince minutos?

Jax entrecerró los ojos, no tenía idea de lo que la chica, que le había quitado el sueño durante  esa semana fuera de Charming, quería.

—Claro. ¿Todo bien? —Él sabía los planes de Gemma, quizá era algo sobre eso.

—Sí —respondió tajante, necesitaba todo el arrojo que tenía dentro, no lo iba a volver a ver, así que tampoco estaba perdiendo nada—. ¿Algún sitio privado?

—Claro —asintió Jax.

Caminaron en un silencio tenso para ella e intrigante para él, hasta llegar a la habitación donde habían pasado la noche juntos. Tara se encendió mucho más al ver esa cama.

Jax cerró la puerta a sus espaldas y ella inspiró, se dio la vuelta y cuando él iba a pasar a su lado lo cogió por el brazo y lo encaró. En un segundo agarró su cara con las manos y mirándole a los ojos durante un instante, con los suyos cargados de un deseo insaciable, acaparó su boca.

El beso fue un chocar de dientes y una apropiación de labios y lengua por parte de ella. Todo sobre la sonrisa de un muy satisfecho Jax. Esa chica resuelta que había decidido dejar de jugar al gato y al ratón le gustaba mucho, y su polla estaba de acuerdo, reaccionando como se esperaba.

Tara le sacó el chaleco mientas no soltaba sus labios, con movimientos rápidos y algo torpes, y las manos de Jax le agarraron la cara cuando se vio libre de la prenda de cuero.

La sujetó y las tornas cambiaron, en el beso mandaba él. Con su mano derecha desabrochó el pantalón vaquero e introdujo la mano para tocar su sexo por encima de las bragas. Se separó un milímetro de sus labios y la dejó boqueando, por su caricia sutil y por su parada repentina.

—Empapada, forastera —susurró y lamió sus labios despacio—, me pones muy duro.

—No te quites méritos, tú ya eres muy duro. —Se separó un poco de él y sin dejar de mirarlo, y tentarlo con una ceja subida, se quitó su propia camiseta.

Jax seguía con su mano dentro del pantalón y en cuanto ella se quedó enseñándole un sujetador rojo de lo más sugerente, él la sujetó por el cuello con la otra mano y se comió su boca.

Tara sintió como sus dedos jugaban con sus pliegues húmedos. Tanteaba todo sin llegar a nada y eso la tenía muy al límite. Mientras se besaban ella contoneó las caderas un poco más para hacerle saber que lo necesitaba más centrado ahí abajo.

—¿Tienes prisa? —jadeó sobre la boca entreabierta y deseosa de Tara.

Ella sonrió y metió la mano en el pantalón bien holgado del motero, traspasando la barrera de sus bóxers de algodón, y agarró con contundencia su erecta polla, moviéndola entre su mano mientras lo retaba con la mirada. Le encantó ver como el chico duro se encogía ligeramente con sus caricias.

—¿La tienes tú?

—Oh no, nena… para nada —y dicho esto volvió a besarla con ímpetu mientras ambos se masturbaban sin piedad.

El chico caminó llevando a Tara de espaldas hasta que chocaron con la pared al lado de la puerta. Ella se carcajeó y él sonrió sobre su boca, sin dejar de acariciarla.

De repente Jax sacó la mano del sexo de la chica y se agachó para bajarle los pantalones, arrodillándose. Evidentemente Tara se quedó con la mano libre y parada ante su reacción. La descalzó y dejó los vaqueros en los tobillos.

—Vamos, cielo, sal de esta trampa —dijo mirándola con los ojos entrecerrados y unas  mejillas coloradas que a Tara le hicieron sonreír.

Cuando los vaqueros quedaron tirados en el suelo y las piernas de Tara liberadas, Jax dobló la rodilla de la chica y se la colocó sobre el hombro. Ella se apoyó en la pared y, a la vez que echó su propia cabeza hacia atrás, sujetó la de Jax cuando sintió cómo este se pegaba a su húmedo sexo y sobre sus bragas inspiraba.

—Joder… —él soltó el exabrupto ahogado de deseo por ella—. Llevo pensando en esto toda la puta semana. —Acarició el sexo con la punta de su nariz, regodeándose en la sensación y sonriendo por los gemidos que llegaban a sus oídos.

—Pues dámelo —exigió Tara encrespando los dedos sobre el cabello rubio y alborotado.

—Me gustas exigente, forastera —se había separado de ella solo un poco para mirarla a la cara y sonreírle como sólo él sabía, mientras apartaba la tela de algodón y pasaba la yema de su dedo índice por la brillante rajita, ella casi maulló suplicante—. En realidad me gustas y punto.

Tara parpadeó rápidamente, tragó saliva y casi perdió el conocimiento dejando de pensar en lo que estaba diciendo, cuando la boca rosada de él se posó en sus labios. Sin querer tiró de su cabello haciéndolo gemir, y vibró con él y con su diabólica lengua que lamía y golpeaba a placer.

—Vamos, nena… —susurró contra ella y alzándola, mientras ella se apoyaba en la pared y en la cómoda alta que tenía a su derecha —temiendo perder el equilibrio—, puso la otra pierna sobre su hombro y la sujetó en volandas con las manos desplegadas sobre el culo de la entregada chica—. Córrete en mi boca —pidió y acto seguido la penetró con la lengua varias veces para volver a su clítoris y lamerlo con fruición.

Tara ahogó un gemido, se mordió el labio y lanzó su mano izquierda sobre su propia cabeza para agarrarse a la pared. Sentía que iba a despegar como un cohete. Y vaya que lo hizo, no pasaron ni tres segundos que el orgasmo arrasó su cuerpo, convulsionando sobre Jax y tratando de no apretar las piernas alrededor de su cuello, la postura no le dejaba mucho margen de maniobra.

—Eso es, preciosa —besó con cariño el sexo hinchado y sonrió.

—Bájame —susurró—voy a caerme.

—Tranquila, no se me ocurriría soltarte.

Despacio bajó las piernas, una después de otra, en el suelo, permitiendo que la pared le diera apoyo. Una vez que estuvo en el suelo, Jax la abrazó, entrelazando sus manos por su cintura, dejándole en bandeja que ella se sujetara de su cuello, algo que Tara hizo sin pensárselo.

Tenía los ojos cerrados, y gracias a que él la sujetaba no se caía al suelo. Se había corrido en la boca de ese tío como un tren de mercancías. La sonrisa se fue formando en sus labios sola, se encontraba entre sus brazos cálidos y sabía que él la estaba mirando de cerca, sonriendo y con una erección de caballo entre sus piernas.

Tres golpes secos en la puerta hicieron que Tara abriera los ojos y su cara mudara de la languidez que deja un orgasmo a la sorpresa incómoda de sentirse atrapada en una situación incómoda.

Entonces le tocó a Jax cerrar los ojos y resoplar. Se pegó más a la chica y dejó caer la cabeza sobre el hombro desnudo.

—¡Ey JackieBoy! —tres golpes rápidos de nuevo en la puerta sobresaltaron a Tara.

—Joder… —el siseo de Jax sobre su piel le erizó el vello.

—¡Tenemos capilla!

Se separó de Tara y le sonrió con una disculpa en los ojos, sin soltarla.

—¡Cinco minutos, Chibs!

—Joder… Qué situación —dijo ella rozando la vergüenza sin querer que se le notara. Había entrado como un tifón y no quería amedrentarse—. ¿Vais a rezar? Tú ya llevas un rato de rodillas, ¿no te lo convalidan de alguna manera?

Jax sonrió, subió las cejas, parpadeó y soltó una carcajada.

—Como me gustas. —Acarició la nariz de ella con la propia—. Pero tranquila. No pasa nada —Sujetó su cara con una mano y se acercó despacio, la sonrisa fue creciendo y la besó, despacio, acariciándole los labios, mimándola, para terminar mordisqueándole el inferior, juguetonamente.

Cuando el beso terminó ella se dio cuenta de que había cerrado los ojos dejándose llevar y olvidando que estaba desnuda con solo su ropa interior, rojo coral, frente a ese rubio que le quitaba el aliento, vestido completamente.

—Sal cuando quieras, estaremos encerrados y no te verá nadie… Bueno, —apartó un mechón de pelo que le caía sobre la cara y aprovechó para acariciarla la mejilla y seguir sonriéndola— es posible que Mediohuevo ronde por el bar…

—Tranquilo, no hay problema. Ahora lo que tengo que hacer es vestirme y escapar.

—Claro, pero sabes que yo sé dónde vives —volvió a acariciarle los labios con los suyos.

—Y yo donde encontrarte —la mayoría del tiempo, pensó.

—Esta noche te busco y me cuentas de qué querías hablarme.

—Ah…

—Sí, ¿el orgasmo te ha hecho olvidar, forastera? —la mirada taimada hizo a Tara casi sonrojarse.

—No —la respuesta fue rápida, tenía todo el día para pensar en lo que podría haberla llevado al taller con esa intención.

Se separó, cogió el chaleco del suelo y se lo puso, se lamió los labios mientras no dejaba de mirarla, ella se terminó de sonrojar por la obviedad el gesto y Jax se acercó a la puerta.

—Nos vemos esta noche —dijo abriéndola y saliendo de la habitación.

—Jo-der que ida de olla, Taradita. —Miró a los lados localizando su ropa por todo el suelo de la habitación y comenzó a reírse como una loca, fidelizando el apodo cariñoso por el que se refería a sí misma cuando las situaciones se le iban de las manos.

Tara llegó a casa e hizo recuento cuando cerró la puerta. Cajas, mudanza, San Francisco, su familia, un orgasmo por cuenta de la boca de Jax Teller…

—Bonita manera de resumir tu vida. —Resopló y miró buscando la cajetilla de tabaco.

Salió al jardín y se encendió un cigarro sentándose en el suelo y recostándose contra la pared. ¿Qué le pasaba con ese tío?

El timbre sonó parando sus pensamientos en seco. Se levantó apagó el cigarro y al cruzar la puerta de la cocina decidió que al día siguiente se iría a casa de sus padres, era absurdo seguir alargando todo aquello sin sentido ninguno.

—¡Gemma! —La señora le sonrió cuando Tara abrió la puerta—. Pequeño bichito. —Besó el moflete de Abel y la abuela se lo pasó a sus brazos.

—¿Podemos pasar?

—Claro. —Achuchó al pequeño y volvió a besarlo— ¿Cómo estás, ratón? Hacía mucho que no nos veíamos, ¿qué tal en el cole nuevo?

Entraron en la casa y Tara le indicó a Gemma que se sirviera una cerveza o un café si quería, ella se sirvió un café con hielos.

—No va al cole nuevo, y los tres niños de las mujeres del club que estaban en la guardería, tampoco —dijo con rotundidad sentándose en la mesa de la cocina.

—¿Por qué? Si teníais plaza, Gemma. —Se sentó con ella y puso al pequeño en su regazo.

—Porque te queremos a ti —sentenció y dio un sorbo al café helado.

—¿A mí?

¿Estaba entendiendo bien? No podía cerrar los ojos del asombro.

—Sí, he hablado con las tres mamás, estaban encantadas contigo, y los niños también. En el Club no nos gusta mucho eso de dejar a los niños al cuidado de extraños…

—Gemma, por favor, no me conocíais hace un mes y medio y allí estabais. —No daba crédito a los derroteros que estaba tomando la conversación.

—Sí, lo decidimos así para que los chicos estuvieran juntos, conocíamos a Soniah, y después nos encariñamos contigo.  ¡Denúncianos por tenerte aprecio! —dijo haciendo un aspaviento y riendo.

—No es eso, Gemma, no entiendes que…

—No hay nada que entender —cortó de forma radical—. Vengo a proponerte algo.

Tara parpadeó, miró la mesa, frunció el ceño y volvió a dirigir su vista a la mujer que estaba frente a ella con una sonrisa que ocultaba información.

—Dime, no tengo nada que perder —respondió resignada.

—Y mucho que ganar. —Gemma lo decía con conocimiento, sabía que Jax y esa chica, que le caía tan bien que casi la tenía adoptada como a una hija, tenían algo importante de lo que no querían hacerse responsables, pero que a ambos les arrastraría, conocía de primera mano la química que se fraguaba entre ellos, esa que había visto la semana anterior cuando Jax estuvo en casa de la motera y esa misma mañana cuando ella había ido a buscar a su hijo al taller.

—Dispara —alentó.

—Queremos que te encargues de los niños. En un principio te iba a pedir que te quedaras por Abel, pero al ver a Maggi y a Giorgia tan descontentas con la asignación de sus plazas pensé que se querrían unir…

—Un momento, Gemma, ¿Tú te estás dando cuenta de lo que estás diciendo? ¿Dónde voy a hacerme cargo de cuatro niños de entre nueve y doce meses? —negó y pensó en lo descabellado del plan.

—Hay un local que el club tiene vacío. Está bastante bien, en realidad necesitaría muy poco para habilitarlo porque hace seis meses era un parque interior para niños, con una pequeña cafetería para las madres. El negocio creció y se fueron al centro comercial que han abierto.

Tara abrió la boca como un buzón, esa señora lo tenía todo planeado, controlaba tanto que si no fuera porque la conocía un poco y le caía bien, le tendría miedo.

—Gemma, no es tan fácil, hay que conseguir permisos, habrá que alquilar el local, material… es una locura, yo no puedo hacer eso.

—Pero el Club sí. Es por el bien de sus hijos, Tara. En dos semanas podríamos tenerlo listo.

—Pero…

—Solo piénsalo. Yo había pensado que de momento podríamos hacerlo como si fueras la canguro de los niños que se queda, en vez de en una casa, en un local, de momento a título personal y conforme vaya pasando el tiempo podemos plantearnos, si quieres, montar la guardería en condiciones.

Tara tapó las orejas de Abel con cariño y miró asombrada a Gemma.

—Me estas jodiendo —siseó.

—No, en absoluto. He pensado que estos pequeños irán al colegio, y tú querrás tener algo más seguro, si es que quieres quedarte por aquí.

—No puedo asumir todo lo que estás diciendo, Gemma.

—Sí puedes. De los gastos se encarga el club y yo como socia capitalista. Tú tendrás tu sueldo por ser la directora del centro… Pero bueno, eso es a largo plazo, de momento necesito que pienses si te vas a quedar para hacer de la canguro de nuestros pequeños.

Se tomó el último trago del café y sonrió cruzando los brazos por encima de la mesa.

—Tendría que mirar piso, y no tengo nada ahorrado, ya sabes que este piso es de la guardería…

—Hasta que encontraras algo y pudieras pagarlo yo podría darte un lugar para quedarte. No hay problema por eso.

—Por favor Gemma, no me puedo creer todo lo que me estás diciendo.

—Pues no me estoy inventando nada, querida. —La sonrisa de la mujer indicaba que sabía el resultado final de toda esa conversación.

Tara volvió a pensar en que esa mujer asustaba por su determinación.

Cerró la puerta de su casa y caminó despacio hasta la nevera. Sacó una cerveza fría y cuando llegó al sofá se dejó caer sobre él y bebió un largo trago, refrescándose, buscando despejar su mente. Aunque después de la oferta de Gemma habían estado hablando de varios cotilleos del pueblo, de cosas del taller y del matrimonio de Gemma, que ahora pasaba por un buen momento pero no siempre había sido así, la mente de Tara no pudo desconectar de toda la propuesta de la abuela de Abel.

Miró las cajas de sus cosas, apiladas contra la pared y ocupando todo el espacio del pequeño apartamento. Pensó que si su mirada fuera aire las habría erosionado de todas las veces que las había mirado.

Ahí tenía una buena oportunidad. Rápida, pero buena. No quería decir que todo lo rápido tuviera gato encerrado, porque le daba la sensación de que se le estaba escapando algo. Era como si todo aquel nombre del Club tuviera algo profundo que no se viera a simple vista, como si una vez que estuvieras dentro no pudieras salir, demasiada facilidad. Y luego estaba esa mujer, Gemma, no solo se limitaba a ser una madre y esposa controladora, era algo más, y la música del la peli del Padrino sonó en su cabeza.

Decidió que antes de pensarlo necesitaba hablar más con ella… ¿A quien quería engañar? Le había venido tan bien la idea y sus ganas de volver a casa eran tan pocas que su mente ya se veía en ese lugar cuidando a cuatro niños… de momento. Llevar una guardería y no tener que poner nada de capital era algo que nunca habría pensado que pudiera hacer, y aquí lo tenía. Le contrataban como la directora y ella podría hacer la gestión de todo… Increíble. La música de la peli de Coppola volvió a repetirse.

Después de un rato sentada sin hacer nada más que darle vueltas a su situación decidió levantarse y calentar el horno para hacer una pizza mientras se daba una ducha rápida. Lo necesitaba, casi más que el respirar.

Cuando se dirigía a la ducha el teléfono sonó y lo miró con recelo. Sabía que era su madre. Llevaba toda la semana insistiendo en que fuera ya a casa y Tara lo había alargado con excusas estúpidas sobre papeleos con la guardería que no existían. Cómo le costaba volver a casa. Así que otra noche más, su madre volvía a apuntalar todos los beneficios de estar con su familia durante… los próximos años.

Decidió no cogerlo y llamarla después, como si ya le hubiera pillado en la ducha.

Cuando salió con la toalla rodeándole el cuerpo mojado escuchó el sonido avisador del horno.

—Todo calculado. —Y a su comentario le acompañó el rugido de su estómago.

Sacó la pizza y la dejó sobre la mesana de la cocina, cuando iba a entrar por la puerta de su habitación para vestirse el timbre de la puerta sonó y Tara frunció el ceño, no esperaba visita.

Fue hasta la puerta decidida a averiguar quién se presentaba en su casa a esas horas para echarlo con cajas destempladas y volver a su cometido que era ropa cómoda y cena, tenía mucho en qué pensar y todavía debía devolver la llamada a su madre.

Abrió la puerta solo una ranura con la cadena puesta y la sonrisa de Jax le deslumbró. El chico no se cortó en mirar todo lo que la apertura le dejaba y volvió a sus ojos.

—¿No vas a dejarme pasar?

Tara se quedó bloqueada, ¿dónde estaba la osadía que le llevó esa misma tarde a Club y le lanzó a sus brazos?

—¿Por qué debería? —Pensó en su indumentaria, ir con solo la toalla le ponía claramente en una situación vulnerable. No había pensado en el momento sexual vivido esa tarde porque Gemma y sus noticias habían colapsado su mente.

—Porque tenemos algo a medias.

Sonreía y lo hacía de esa manera que Tara sabía que no podía decir que no. No recordaba que hubieran quedado, pero estaba claro que el momento post orgasmo y la  interrupción no era uno de sus mejores instantes para la memoria.

—Adelante.

Y ni se lo pensó, directamente cerró la puerta para retirar la cadena y volver a abrir. No tenía remedio, lo sabía, pero su mente estaba dispuesta a dejar su cuerpo caer de vez en cuando en los brazos de ese chico.

Jackson entró y volvió a mirarla de arriba abajo.

—¿Me lo estás poniendo fácil? Llevo toda la tarde pensando en ti desnuda y me esperas con una toalla y mojada —dijo torciendo la sonrisa.

—No te aceleres, rubito, por mucho que me empapes ahora mismo necesito comer. —Jax elevó la ceja izquierda—. Comida.

—Por supuesto, nadie dice que no lo sea.

—Pizza —añadió remarcando la palabra—. Y ahora saca unas cervezas y ten la pizza cortada para cuando llegue, no pienses que voy a servirte todo en bandeja.

Se dio media vuelta y se fue a la habitación. Emocionada, no lo podía negar. Él estaba en su casa y sabía lo que iba a pasar. Por lo menos esa misma noche. ¿Tenía que plantearse algo más? No lo tenía claro.

Miró encima de la cama y vio la camiseta de él y sus calzoncillos, todo limpio y dispuesto para volvérselo a poner. Claro, no pensaba tener visita y había hecho de ese atuendo su uniforme más cómodo. Se encogió de hombros se quitó la toalla, sacudió su pelo quitando un poco de humedad para recogerlo en un moño, que sujetó con un lapicero, y se puso exactamente la ropa que pensaba ponerse. ¿Qué más daba? Si esa misma tarde él se la había comido porque ella había ido cual loba hasta su lugar de trabajo para ponérselo fácil.

Jax estaba sentado en el sofá, sin el chaleco de cuero, ese que ella pensaba que debía de dar un calor atroz, con el mando de la tele en la mano, la cerveza en la otra y la pizza en la mesa de centro.

—Pensaba que cenaríamos en la cocina.

El rubio se volvió y la miró, su sonrisa creció según observaba su propia camiseta y bóxers cubriendo el cuerpo de su chica. Si, para él ya era su chica, no iba a tardar mucho en proclamarlo si ella estaba de acuerdo y finalmente había aceptado lo que su madre le había propuesto, las cajas de mudanza esperaba que fueran simplemente a donde tenían que ir.

—Y yo estoy pensando en no cenar… —Su mirada fue lobuna, hambrienta—. Espero que no lleves bragas.

Apagó la tele, dejó el mando en la mesa y no dejó de mirarla en ningún segundo.

—No las llevo —contestó sin pudor y se sentó a su lado, cogió la cerveza y bebió de ella echando la cabeza para atrás y dejando que la bebida fría refrescara su cuerpo a su paso.

Jax tenía una potente erección en ese momento y solo quería lamerle el cuello expuesto para continuar hasta los pechos que se adivinaban sin sujetador bajo su  propia camiseta que le quedaba perfecta.

—Comamos —anunció la chica mientras dejaba la cerveza en la mesa y cogía un pedazo de pizza.

—Lo que tú digas, forastera.

Tara lo miró con una sonrisa mientas él la soslayo a la vez que probaba la cena.

Durante unos minutos se dedicaron a comer, a mirarse y a sonreír. Tara estaba disfrutando del momento hasta que Jax, bebió de su cerveza y habló.

—¿Qué era lo que querías decirme esta tarde cuando has llegado al taller? Creo que nos hemos desviado de tu objetivo.

Tara comió más pizza mientras él la miraba directamente. Tara masticó despacio y él bebió cerveza. Tara tragó poco a poco y finalmente no supo que decir.

—Nada.

Jax subió sus cejas sorprendido.

—¿Nada?

—Nada —confirmó.

—Me gustas —el rubio asintió con la cabeza y le dedicó una sonrisa antes de volver a beber. En realidad le parecía una chica increíble, lo sorprendía constantemente y eso le volvía loco.

—Lo sé —admitió ella y soltó una carcajada ante la expresión de incredulidad de él.

Jax terminó la cerveza, la dejó en la mesa, se levantó y con la cabeza señaló la puerta de la habitación, pidiendo permiso.

Tara abrió los ojos como platos.

—¿Así? ¿Sin más?

—Supongo que el baño está dentro de tu habitación, no veo más puertas.

Tara abrió la boca y parpadeó.

—¿Eso? Claro. Faltaría más.

Vio como se metía en su habitación mientras reía.

—¡Estás muy seguro de tus posibilidades, rubito! —gritó algo avergonzada.

Sí, el problema era que ella pensaba continuamente en sexo cuando estaba a su alrededor, y su subconsciente le había traicionado por el juego que él había preparado. Porque bien podría haber preguntado si podía pasar al baño.

Recogió los restos de la pizza y los botellines vacíos para llevarlos a la cocina. Cuando se lavó las manos en la pila notó como las manos de Jax la agarraban por la cintura pegándola a él y sintiendo así la erección contra su espalda baja

—¿Te parece si continuamos donde lo dejamos? —le susurró en el oído.

Mojó las bragas.  Ella se preguntó por qué era tan eficaz.

Se dio la vuelta despacio, rozándose contra él todo lo que pudo, algo que fue fácil teniendo en cuenta que él ayudó en la labor.

—¿Y si empezamos desde el principio? —Tara le susurró sobre la boca.

—No tengo ningún puto problema.

Con una mano, Jax le sujeto el mentón y le acarició los labios con los suyos, mordisqueó el inferior y cuando ella entreabrió la boca, para soltar una especie de suspiro, él se pegó a ella metiendo la lengua en ese descuido, dominando el beso. Sacó el lápiz de su pelo y lo dejó caer húmedo por su espalda.

Tara se entregó a la boca demandante y se dejó hacer. Sintió las manos de él en su culo, metidos dentro del bóxer que llevaba puesto, y haciendo presión con sus manos, le indicó que quería que le rodeara la cintura. Algo que hizo sin dudar y se regocijó en la fortaleza de sus brazos, podía hacer con ella lo que quisiera, literalmente, porque no tenía remedio.

En apenas unos segundos se encontró sobre la mesa de la cocina con él entre sus piernas y presionando su cuerpo. Jax besó su cuello y ella rió rememorando la primera noche con él en el club.

—¿Tenemos una fijación con las mesas?

—Habla por ti —jadeó en su oído y mordió el lóbulo de su oreja haciéndola estremecer—, yo con lo que tengo fijación es con tenerte a mi alrededor.

Tara entrelazó sus dedos con el pelo rubio del chico acariciando su cuero cabelludo con las uñas recortadas y haciéndolo sisear. Jax presiono su erección contra el sexo de ella otra vez y esta tembló.

—Pues has estado sin dar señales una jodida semana —susurró sin darse cuenta.

Jax rió en su cuello mientras lamía y besaba la piel que encontraba. Tara tuvo un segundo para arrepentirse de las palabras antes de sentir la mano del chico colarse entre sus piernas y acariciar sus humedad con destreza. La lujuria les estaba consumiendo a ambos.

—Yo también te he echado de menos. —Introdujo un dedo en su resbaladizo coño y Tara adelantó las caderas gimiendo—. He estado fuera.

—Lo sé… joder… —dijo entre dientes mientas sentía como él torturaba su clítoris con los dedos y comenzaba a morder su pezón, que no sabía cómo había accedido a él sin ella darse cuenta.

—Sabes que entonces no te puedes ir —Jax dejó de tocarla, se irguió y se bajó los pantalones.

Tara lo miró aturdida por la falta de contacto y por su pregunta. Él no le dio tiempo a mucho más, tiró de su cintura hacia él y volvió a besarla y a pegarla a su cuerpo. La bajó de la mesa y tiró de los calzoncillos de ella hacia abajo.

—Joder, no puedo más —el susurro caliente de Jax espoleó a Tara y esta sujetó la dura erección entre sus manos, acariciándola con fuerza.

Él llevó su mano a la muñeca de la chica y la sujetó con fuerza, haciéndole que parara.

—No lo hagas, quiero terminar dentro de ti —dicho esto la volvió poniéndola de espaldas a él, le quitó la camiseta y la dejó completamente desnuda.

Tara apoyó las manos sobre la mesa y él acarició su abdomen con la mano desplegada mientras besaba la espalda con besos húmedos y lentos. Cuando llegó al vértice de los muslos de la chica ella profirió un gritito contenido, la piel de ese hombre sobre la suya la tenía ardiendo y estaba tan mojada —estaba segura de que sus  muslos estaban empapados después de los previos que había tenido con ella— que sintió hasta vergüenza cuando él la tocó sin previo aviso.

El motero tiró de ella hacia atrás y ella se apoyó con los antebrazos en la mesa.

—Voy a follarte así, forastera…

—Perfecto —dijo ella sin dejarlo terminar y esperando sentirle en su interior cuanto antes.

No se hizo esperar mucho, rasgó el envoltorio de un preservativo que tenía en el pantalón, mientras reía entre dientes por la respuesta rápida de ella, y, tras desenrollarlo en su dureza, colocó la cabeza de su polla en la entrada. Jugueteó con ella para abrirse paso mientras escuchaba los gemidos contenidos de ella y él aguantaba las ganas de rugir, y la embistió, clavándole la mitad para volver a salir y entrar de nuevo metiendo un poco más, abriéndola y notando, con esa posición, todo el recorrido.

Tara estaba sin resuello, lo sentía taladrándola hasta las entrañas y cuando dio su tercer embate se sintió tan llena que pensó que se correría en ese instante.

—Más —pidió en un suspiro y su deseo fue concedido.

Jax imprimió un ritmo diabólico, agarrando las caderas de la chica sin notar que estaban desplazando la mesa de su lugar original.

A punto de correrse, él tiró del hombro de ella y la irguió, pegándola a su pecho y sin dejar de moverse en su interior. Sujetó el pecho y pellizcó con gentileza el pezón, su otra mano torturó el clítoris hinchado y ella respondió entregándose a un beso incómodo pero fogoso.

Ambos llegaron a un orgasmo que les hizo gritar sus nombres y se dejaron caer hacia atrás, sentándose en el suelo y ella sobre el pecho de Jax que subía y bajaba buscando aire.

—Ni siquiera te has quitado la camiseta —dijo ella boqueando.

—Tenía prisa —dijo sonriendo y mordiéndole el cuello de una forma juguetona.

Estuvieron unos minutos así, hasta que normalizaron sus respiraciones y Tara se dio cuenta de que él llevaba todo ese rato acariciando el dorso de su mano y su brazo de forma descuidada. Tragó saliva y se despegó de él. Levantándose. No necesitaba crear esa intimidad con él, lo que tenían, si es que se podía llamar así, estaba bien como estaba, juegos, sexo… Suficiente.

Cuando le iba a tender la mano y vio su ceño algo fruncido el sonido de su teléfono móvil la libró de lo que parecía iba a ser una conversación incomoda por su retirada brusca.

—¡Mamá! —respondió al teléfono y no miró hacia la cocina, donde se suponía que Jax estaba sentado en el suelo.

—Te he llamado hace un rato y no me has cogido, hija.

—Estaba en la ducha —se disculpó cerrando los ojos.

Se sentó en el sillón, estaba desnuda y no le importó a pesar de que por el rabillo del ojo vio como el chico con el que acababa de echar un polvo aparecía en la pequeña sala.

—¿Cuándo vienes?

Tara miro alrededor y se trabó con los ojos azules que le miraban directamente, sin pestañear.

—Estoy valorando una oferta aquí.

Jax controló la sonrisa que estaba a punto de plantarse en la cara al escucharla decir eso. Podía obviar el momento brusco que ella había creado en la cocina porque si estaba de verdad pensando en quedarse solo necesitaba tiempo.

—¿En serio? —Tara sintió como el tono decepcionado de su madre se filtró por el teléfono.

—Sí, mamá —soslayó de nuevo al chico, no estaba segura de si lo que decía era cierto, solo necesitaba más tiempo para que su madre le dejar un poco de espacio.

—Estuve hablando con Joshua

—Mamá… —la voz le tembló.

—Me preguntó por ti, hija y le dije dónde estabas, insistió tanto en que necesitaba verte…

Tara sintió el miedo recorrer su espina dorsal y la piel se le puso de gallina, incluso de un color algo cetrino por el frio que sintió de repente.

Jax vio el cambio extrañado, no solo su cara había palidecido y había desaparecido el precioso rubor del orgasmo que tenía hacía un instante, fue testigo directo de cómo ella se encogió sobre si misma como muerta de frío.

No lo dudó y en un instante se quitó su camiseta, cálida del propio calor que su piel deprendía, y se levanto para ponérsela.

Tara se dejó vestir mientras no decía nada y su madre empezó a llamarla al no escuchar respuesta.

—¿Puedo llamarte mañana? Estoy algo cansada…

—Sí, hija, pero llámame.

El olor de Jax junto con su calor le habían reconfortado de tal manera que estaba confundida. Él no podía ser consciente de lo que había significado lo que acababa de hacer. Le había protegido del miedo, le había tendido su cuerpo como escudo, Tara se tragó las lágrimas mientras colgaba.

—¿Estás bien? —Jax se aproximó a ella en el sillón y pasó un brazo a su alrededor.

Tara asintió sabiendo que el gesto era completamente contrario a lo que estaba sintiendo.

Joshua sabía dónde estaba. En realidad había sido un milagro que no lo hubiera sabido antes, después de las intenciones que siempre había tenido su madre para que ella volviera, y no solo a casa, sino también con él, era hasta raro que no se lo hubiera dicho hacia tiempo.

Metida dentro de la camiseta que desprendía ese afecto se hundió contra el cuerpo de Jax. Estaba en shock, ¿y si se le ocurría ir a buscarla? Menuda tontería, eso era un hecho, sino no había lugar para que preguntara por su paradero.

—No lo parece, forastera. —Acarició su brazo y besó su cabeza, sentía cómo ella de vez en cuando temblaba.

¿Era una señal que todo esto hubiera pasado con Jax en casa?

—¿Te puedes quedar a dormir conmigo? —De repente tras darse cuenta de lo que le había pedido reculó— Perdona, de verdad. —Se separó del cuerpo musculado del chico. —Abel, lo sé, no importa, olvídalo.

No es que conociera a esa chica como para apostar su moto por algo que ella pudiera estar pensando, pero sintió su miedo, y sus instintos nunca le fallaban.

—¿A qué tienes miedo? ¿Qué te ha dicho tu madre?

—Nada. —Parpadeó confundida, no le gustaba que la leyeran así, y mucho menos parecer vulnerable, algo que acababa de pasar en ese mismo instante, ella se había delatado.

—Tara, no pienso dejarte sola. —Fue determinante, no se lo iba a contar, perfecto, pero ella se iba con él a su casa.

—No pasa nada —frunció el ceño—. Ha sido una tontería, hablar con mi madre me ha puesto tonta y he echado de menos la compañía familiar.

—No hay que ser un erudito en lenguaje no hablado para darse cuenta que no has tenido una charla afectuosa, Tara. —No quería ser irónico, pero ella se lo ponía difícil.

—No en serio, voy a estar bien.

Y ni ella se lo creía, se había esfumado su entereza, su juego, la noticia de Joshua le había robado la vitalidad que había construido tras resurgir como un Ave Fénix después de escapar de esa relación de pesadilla.

—Mira, —la apretó contra él de nuevo—, yo no puedo quedarme, llevo una semana fuera y mi madre está con Abel en mi casa. Tú te vienes conmigo.

—No. —Se separo de él inmediatamente, no podía aceptarlo.

Hacía un rato que ella había huido de su contacto íntimo tras haber tenido sexo, no podía ir a su casa y quedarse a dormir con él.

—No voy a aceptarlo. —La enfrentó cuadrándose delante de ella, sin levantarse del sillón. No pudo reprimir una sensación agobiante al sentirla acurrucada contra una esquina, no entendía que había pasado pero algo había obrado ese cambio en ella—. Tienes dos opciones, preparas tu bolsa con cosas y me sigues en tu moto o te saco yo sobre mi espalda y te llevo en la mía a mi casa.

Tara le miró con los ojos muy abiertos, se sentía tan bien sabiéndose protegida por él, porque no le quedaba duda de que si Joshua iba a buscarla y se encontraba con Jax las cosas serían muy diferentes a si se la encontrara sola.

Jax se levantó, había visto como su nada férrea postura flaqueaba a su favor y le tendió la mano.

—Vamos a preparar una bolsa, o si prefieres puedes venirte así aunque no te voy a dejar ir sola en la moto.

Tuvo que sonreír, el gesto salaz del chico despertó un poco su lado juguetón y consiguió salir un poquito de su letargo. Si era sincera sabía que quedarse en su casa era una estupidez, no sabía cuando su madre le habría contado a ese cabrón su paradero, pero aunque no fuera hasta allí, el miedo era tan real y tan tóxico que sabía que no iba a estar bien ella sola en casa.

—No te voy a dejar pensarlo mucho más, nena, así que decide pronto.

_4.

11 respuestas a _3.

  1. Rocio dijo:

    Buffffff….me encanta!!! me tienes totalmente enganchada y esperando mas capitulos…….espero verlos algun dia en un libro.Escribes y describes muy,muy bien.Mi enhorabuena y hasta pronto.

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    • anaidam dijo:

      Gracias Rocío!!
      Me alegro muchisimo de que te hayas pasado por aquí, dediques tu tiempo a leer mis locuras y desvaríos y que encimas disfrutes haciéndomelo saber.
      Esta historia la voy escribiendo muy poco a poco porque este fic sale de la frustración que me provoca la serie y ahora estoy escribiendo otra historia.
      Besoides.

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      • Rocio dijo:

        Yo tambien estoy muyyyyyyyyyyyyy frustrada por no verle todas las semanas un ratito……y esta historia hace que se me haga un poco mas corto.Lo de Tara y Jax va viento en popa,como a mi me gusta y quiero……pero Gemma???? No puedo olvidarme de las cosas que ha hecho……..NUNCA la vere como una amiga ni como nada bueno……no se por donde la vas a llevar…..pero me encanta esta incognita.

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  2. Está Tara es un tanto egoísta ¿pensaba largarse dejando a Jax con un par de narices? Que ella se ha llevado su premio ya, pero vamos yo no me iba sin darle al nene lo suyo, lo de su primo y lo del vecino de Nury ( que ganas del saber más del cantante bajo la ducha por cierto)
    Así que Jax estaba al tanto de los planes de mother, ¿va a seguir pareciendo tan buena? Porque creo que hasta yo he oído la músiquita del Padrino te lo juro.
    Me gusta que Jax se de cuenta que algo le pasa a Tara y que sea capaz de averiguarlo, pero sobre todo que ante su ingnorancia intente protegerla.
    Con ganas de más nena.
    No te voy a negar que cuando leo Forastera, siento algo de añoranza y también esa tristeza que me produce el hecho de no volver a ver junta a esta pareja.
    Como siempre insuperable.
    Besos

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    • anaidam dijo:

      Creo que Tara no se aclara y actúa por impulso, es un poco dolor de… eso, jajajaja!! ¿Sabes? yo tambien siento muuuucha nostalgia al saber que no van a volver… de hecho me inflo a videos de los dos intentando ignorar el final que ya conocemos…
      Ayyy ese vecino de Nury…jajajaja!!! me parto.
      Besoides y gracias por dejar coment 😉

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  3. cleo dijo:

    Asi es carajo, si uno quiere va y lo busca… Y se lo tira y punto, Jajajaja, me gusto mucho que ella se lanzara a por él. Pero Di, que Joderrrrrrrrrr con los que llaman o interrumpen en lo mejor??? . Jax, debe de tener un síndrome de bolas azules, jajajjaa, me encanta, todo al estilo mafia, pero tiene su lado tierno y protector, y ya se dio cuenta que la chica esconde algo, y si no te vas conmigo te llevo la fuerza!!!. Dios pues si Tara no se va que venga por mi, yo no lo pienso mucho y me enganchó en esa moto, jajaja. Y sigo insistiendo, la suegrita se las trae, yo al igual que Tara le tengo sustico, mejor tenerla de amiga que de enemiga. La amarró con la propuesta que le hizo de la canguro provisional y la guardería, como que tiene todo bajo control, obviamente ella no se puede negar, si esta huyendo del tal joshua, lo mejor es estar segura bajo el ala protectora de la madre de la mafia No? De mas esta decirte que capitulo excelente, dios y la follada de lengua y correte en mi boca!!! Mierda Di, que casi yo de leerlo tambien me voy. Jajajajaja. …. Que te leo en el próximo nena. Besos.

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    • anaidam dijo:

      Jajajaja!!! me parto contigo. Jax puede ser … no, Jax es un mafias, él y su club, no hay duda, su madre es como tú lo has llamado la madre de l a mafia, completamente de acuerdo, si no…¿ de que´se va a sacar un negocio así de la manga la señora? Pero Jax es tierno y me da que esta realmente pillado por Tara.

      Gracias nena, un placer eer tus comentarios tan expresivos.

      Besoides

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  4. nury misu dijo:

    Hagan sitio para mi moto que aquí me aparco yo!! Madre mía lo que me estado perdiendo…
    Como follan estos dos!! Por Dior bendito!! Me encanta lo duros que son, las respuestas rápidas y esos besos donde lo dan todo sin importarles que se note la necesidad que arrastran.
    Que gustazo que Tara vaya a por él. ¿Que le pica el coño y necesita una polla? pues va, le agarra, se le sube a los hombros y enga, dale!! Claro que SI!!!! Una tipa dura que no necesita excusas.
    Lo que me he reído con esto:
    “—. ¿Vais a rezar? Tú ya llevas un rato de rodillas, ¿no te lo convalidan de alguna manera?”
    jajajajaja, que ocurrencias!!
    Definitivamente Gemma da miedito. Sus ofertas parecen exigencias y ya leyendo los comentarios la “mama mafias” se que nos va a dar mucha tela.
    Mi culo apretado como un piñón, ¿como es que Tara no le explicó a su madre que le tiene miedo al ex? Y mas sabiendo que a ella le cae bien el ex yerno… supongo que sus motivos tendría pero eso ahora le va a costar dormir en la cama de Jax… pensándolo mejor… No se me ocurre mejor final, jajajaja. Cualquier cosa que la acerque a su cama ya es un logro, sobretodo contando que por las ansias suelen acabar follando en mesas, mostradores, contra paredes y etc. Así follaran sobre blando, jajajajajaja.
    Sigo sin haber visto ni un solo capitulo de la serie pero entiendo perfectamente que es lo que os tiene tan pilladas con Jax, ese aire tierno y protector que se adivina debajo de todo ese cuero y esa fanfarronería…. Mojaría las bragas de cualquiera. Las mías seguro!!
    Gracias Di por seguir compartiendo tu cerebro de genia con nosotras. Como escribes cabrona!!!

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    • anaidam dijo:

      Jajajaja!!! que viene la motarra de Nury!!! me ha encantado tu aterrizaje.
      Lo del ex es una mierda, pero la relación d eTara con su madre es rara, o mejor dicho, Tara no es una persona muy abierta y se le da mejor huir… creo qu ese nota.
      Yo intento plasmarlo y las chicas que ven la serie y están leyendo la historia dicen que este es el JAx de las primeras temporadas y es que para mí, es el mejor, así que me alegro que se vea ese aire protector y tierno bajo la dureza de… de… espera ¿De que estaba hablando? jajajaja!!!
      Pues eso, que hablo de algo duro en Jax y se me va la olla.
      Gemma, en fin, es como es… pero es que es la Old LAdy del CLub, la mujer del presidente, y ojo, aunque ha habido otro presidente ella siempre ha sido la mujer del presidente ¿lo captas? Así es Gemma.
      Gracias por tus comentarios, me encantan, de verdad. Besoides cielo mío!!!!

      Me gusta

  5. Ebrume dijo:

    Hola!
    Me gusta la actitud juguetona y fuerte de Tara y me encantó esa contestación de ella es como un ‘ perfecto pero no pierdas el tiempo con palabrería’.
    La de él tb es genial y ahora q sacó su lado protector y de buen tío más aún.
    Me da muy mal rollo su ex ya su madre ya podía conocer un poco mejor a su hija y darse cuenta de q le tiene miedo, pq es algo evidente.. Ainsss!
    Espero q no la encuentre y si lo hace q no esté sola.
    Gracias por el capi. Nos leemos :*

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