#24#

—Creo que Edward Cullen llamó ayer…—Fátima y su indiscreción  fue con lo primero que se encontró Alice al hacer con ella el cambio en la recepción.

Marian entraba en unas horas y Alice, que seguía trabajando a distancia y por internet con la revista, se ofreció voluntaria para cubrir esas horas hasta que llegara su turno.

—No te creo. —Se quedó parada a la entrada del mostrador.

—Estoy convencida de ello, esa voz no se olvida, eran las tres de la mañana y pidió hablar con Bella. —Asintió en un claro gesto de cotilla empedernida, como quien goza de información irrefutable.

—Justo anoche. —Alice no salía de su ensimismamiento.

Fátima la miró extrañada y se dispuso a recoger su libro y pertenencias que tenía por encima del escritorio para irse a dormir. La noche, además de la llamada de Edward, había sido movidita gracias a unos huéspedes; que bebidos la estuvieron vacilando hasta que Vasu apareció somnoliento y cabreado por la llamada que esta le tuvo que hacer en mitad de la madrugada. No entendía que hacía una excursión de jugadores de Rugbi en un lugar tan pacífico si lo que ellos querían era emborracharse.

A las once de la mañana Bella apareció por la recepción, ya había ajetreo en el hotel.

—Tienes mala cara cariño. —Alice le escrutó de arriba abajo.

—Tengo muy mal cuerpo, he vomitado el desayuno, y parece que el estómago no me asienta.

Las voces de dos chicos comenzaron a subir de volumen mientras otros alrededor explotaban en unas ruidosas risotadas.

—Hay que llamarles  la atención, no dejan de molestar. —Dijo Alice mientras Bella les miraba con un gesto alarmante. —Esta noche han debido de montarla, Vasu se ha hecho cargo, pero están molestado al resto de huéspedes.

—Hablaré con el entrenador. —Dijo de mala gana.

—Yo creo que deberías irte a la cama, ¿quieres un infusión?—Bella negó.

—No gracias, y tengo que mantenerme en pie, si voy a estar nueve meses así, debería hacerme fuerte ante esto.

—Espero que no sean los nueve meses así Bells. —Alice se moría por preguntarle por la llamada. —Oye…me ha dicho un pajarito que anoche recibiste una llamada.

Bella comenzó a sonrojarse y su gesto mejoró notablemente, era como si no se hubiera acordado hasta ese momento debido al  mal cuerpo que había tenido durante toda la mañana.

—Fátima es una chismosa. —Dijo sonriendo.

—Te ha cambiado el semblante nena…cuéntame porfa…—Rogó.

—Desde luego que tendré que hablar con el responsable de estos energúmenos. — Vasu llegó  hasta el mostrador, hablando para sí, apoyándose sobre sus codos para frotarse la cara con las  manos. —¿Cómo estás Bells?—Le sonrió abiertamente. —Te veo…embarazada. —Y soltó una carcajada.

—Estoy rodeada de cotillas…—Dijo Bella. — Y yo a ti…correspondido. —Le miró directamente y Vas se sonrojó en el acto.

—Como corren las noticias.

—¡Dímelo a mí!—Dijo mirando a Alice.

—Hola chicos. —Marian entró a la recepción casi sin hacerse notar. —Gracias guapa. —Le dio un beso en la mejilla a Alice y esta le sonrió.

—¿Bells?—LE dijo Alice. — ¿Nos tomamos un zumito juntas?—Levantó las cejas sonriente.

—Finalmente voy a optar por la manzanilla. —A pesar del regocijo por el recuerdo de la llamada de Edward el malestar no había cedido un ápice.

—Creo que estáis destinados, y por eso te llamó anoche.

—Y yo creo que pasas mucho tiempo con Jasper.

—Claro que lo paso, y porque la vida no me deja más, si no seríamos como siameses, he pensado en comprar una mochilita estilo bebé y pegarme a él.

—Estás un poco loca ¿sabías?

—Ya, son tonterías  que se me ocurren. Bueno, entonces se vendrá a verte.

—Eso dijo, pero claro, las cosas no son tan fáciles, está al otro lado del mundo. Desde luego que como poco, es complicado. —Bella seguía soplando su infusión.

—Y ¿no te mueres por verlo?—Preguntó ansiosa, como si fuera ella la que lo fuera a ver.

—Si…pero no puedo hacerme ilusiones, todavía pienso que llamará de un momento a otro para decir que ha recapacitado y que se alegra de mi embarazo, pero que él va a continuar con su vida a lo largo del mundo. —Hizo un ademán de incomprensión con las manos. — Ni sé si tendrá a alguien, quien sabe si no está con una chica, ha pasado un mes y medio… No se Alice, esto es algo que se me escapa de las manos.

—De momento espera a ver qué pasa. No pienses más allá. Tienes que estar relajada para transmitir a tu bolita paz y sosiego. —Bella sonrió.

—Estoy tan feliz de estar embarazada Alice .No me lo había planteado nunca, pero te juro que me siento como en un estado turiya constante. Ya lo quiero y no sé ni lo que es…—Dijo con una sonrisa pletórica.

—Es que es algo increíble.

—He estado hablando con mi madre, es como si la historia se repitiera. Edward no es un hippie de la vida, pero es un fotógrafo del mundo, y para el caso…— Seguía sonriendo.

—Tiene similitudes, si…—Dijo Alice pensativa. — Pero no es lo mismo. —Le dijo seria.

—Me encantaría que mi mamá estuviera conmigo, ahora más que nunca. Sé que no estoy sola, vosotros estáis conmigo como mi familia de verdad pero…— el recuerdo de Reneé cruzó su mente y la echó en falta con fuerza.

—Claro que estamos contigo, va a ser la sobrina más mimada del mundo. Y no te preocupes, si quieres contacto directo con una mamá, por lo de las dudas y eso…mi madre estará encantada de resolverlas, sabes que le encantas. —Bella rió con las lágrimas asomando a los ojos, recordando las veces que había hablado con la madre de Alice el último mes.

—Hablo yo más con ella que tu. ¿Sobrina?

—Sí, sobrina. —Bella rodó los ojos.

—¿Cómo va lo de la boda?

—Está todo listo. Por lo que estoy nerviosa es por Jazz, está advertido de cómo es la Señora Brandon. —Puso una mueca de susto. —Pero aun así no quisiera que le desestabilizara con su locura.

—¿A Jazz?—Bella rió de inmediato. Alice asintió. —Vale Al, las cosas son así nena, a Jazz nada le perturba, y se ha enamorado de ti, que eres la hija de la Señora Brandon. Si por algo tienes que temer es porque tu madre de repente cambie y se vuelva una mansa.

—No le vendría mal relajarse un poco. —Dijo Alice sopesando.

—Pero Al, si tú estás como una cabra, no entiendo que tienes que objetar.

—Ya, pero a mi Jazz me adora. —Dijo quedamente y ambas siguieron riéndose.

Bella tomó un sorbo de su infusión y de repente la mueca le cambió completamente, salió disparada a los servicios.

En dos días no había tenido noticias de Edward, pero decidió no pensarlo mucho. Se estaba metiendo en la cama derrotada. Y el teléfono de la mesilla empezó a sonar.

—¿Si?

—Hola Bella, soy Edward. — Solo escuchar su voz le provocaba estragos.

—Hola…Buenas noches.

—Claro, Buenas noches para ti. ¿No estabas en la cama ya no?

—Casi.

—Perdona, como son las diez no pensaba que…dijiste que hasta las once…—Edward estaba nervioso, hablar con ella le ponía así.

—Tranquilo, solo me estaba desnudando. —Las palabras simples de Bella hicieron que Edward tragara en seco, solo pensar que esa mujer estaba al otro lado de la línea con alguna porción de piel que él había besado, a la vista, hizo que su entrepierna reaccionara.

—Bien…si quieres te llamo mañana, era solo para informarte.

—¿Edward?

—Si

—¿En serio eres ese chico que conocí que se ponía el mundo por sombrero y que embaucaba a cualquier chica con su verborrea?—Dijo casi riéndose, sin poderse creer la timidez que demostraba en esos momentos.

—Ya…es que esto me pilla de nuevo.

—Claro, el embarazo, ya te dije Edward que…

—Antes de que digas nada…no te llamo para informarte de que me he echado atrás ni nada por el estilo. —Su voz cobró seguridad.

—Vale, pero que sepas que no tienes ninguna obligación. Además, no quiero que interrumpas tu vida, ni siquiera sé si hay alguien en ella…te lo solté de repente, y la verdad, no evalué nada más.

—No…no hay nadie, y en cuanto a la responsabilidad, quiero tenerla…—El estómago de ella tembló, y Edward pensó en lo complicado que era hablar de esto por teléfono. —El caso es que no sé si voy a poder verte antes de la boda de Alice y Jasper. —Bella se desinfló. — Hay problemas con el transporte, politiqueos y esas cosas, no se sabe si va a haber golpe de estado, y los aeropuertos están bloqueados por los campesinos, al igual que las rutas terrestres.

—Oh Dios Mío. —Bella se imagino una guerra civil y temió por él. — ¿Pero es peligroso?, ¿Estás bien?

—Si, en las ciudades no hay problema. El caso es que en quince días esperan que estas medidas de presión cedan, por lo tanto tendré vía libre, y como somos mucha gente queriendo salir, no podré hacerlo rápido. He pensado que es una locura ir hasta allí para luego a los pocos días volver a Nueva York. —Edward se moría de ganas de ir con ella, pero las cosas se estaban torciendo demasiado. — Aunque si prefieres que viaje contigo…

—No…claro, es…es una locura Edward, es mejor que ya nos veamos allí. —La decepción se coló en sus palabras y ella se enfadó consigo misma por transmitírselo.

—En serio Bells, me encantaría poder ir de inmediato. —Era sincero.

—Me alegra que me digas eso. No he dejado de pensar que en algún momento me llamarías para decirme que lo habías pensado mejor.

—Y lo he hecho, he pensado muchas cosas. ¿Qué tal te encuentras? El otro día ni siquiera me dio tiempo a preguntarte.

—Las mañanas son lo peor, y la verdad, no hago más que pensar en la cama, estoy cansada todo el día. —Se encontraba tan a gusto hablando con él, que le parecía mentira. —¿Sabes?, me he dado cuenta que me repugnan las infusiones. — Dijo poniendo un tono de asco, el fotógrafo al otro lado se rio sin poderlo evitar. — Si…ese olor a aguarrucho…calentorro. — Sintió una nausea.

—Vamos, no te pongas a recordar, me voy a sentir un inútil si vomitas y no te puedo sujetar la frente desde aquí. — Bella sonrió, por el gesto que él describió, le pareció muy tierno.

—¿En serio eres tú?—Le dijo riéndose.

—¿Cómo?—Edward se quedó extrañado.

—No te recuerdo tan solícito conmigo, más bien lo hago…—rodó los ojos—eras bastante jodón…

—No siempre. —Le recordó él. Bella se sonrojó, sabía exactamente a qué se refería.

—Sí, siempre, si no era de una manera, era de otra…—Rió. Al saber que su color no se veía a través del teléfono se sintió osada.

—Apuesto mi réflex a que estás colorada. —Le incitó.

—Y si no lo estaba con ese comentario lo has conseguido.

—Lo sabía.

—A ti no te ruboriza nada ¿no?

—Pocas cosas. —Dijo sobrado.

A Bella le habría gustado seguir hablando con él en ese tono jovial, como si hubieran tenido algo más que dos días de aventura sexual, pero inevitablemente se le abrió la boca.

—Lo siento, pero…la bolita microscópica demanda descanso. —Edward al otro lado sonrió, esa bolita era de ambos.

—Nada Bella, descansa. Te volveré a llamar en unos días…para ver cómo estas.

—¿Y yo te puedo llamar?—Preguntó en un arranque de sinceridad y anhelo de poder comunicarse con él. Arrugó la cara pensando en que no debería haberlo hecho.

—¡Eso estaría bien!— Contestó efusivo. —Siempre y cuando cuentes bien las horas. —Bromeó.

—Teniendo en cuenta que te debo una llamada a las tres de la mañana…—La voz de Bella sonó cansada. Estaba tumbada en la cama y con el teléfono encima de su oreja sin sujetarlo.

—Llámame cuando te levantes. —Le susurró como si estuviera a su lado.

—Sí, algún día de estos, para pillarte desprevenido. —Dijo somnolienta.

—Buenas noches. Descansa. —Le devolvió bajito.

—No me queda otra…

Cuando Edward colgó estaba sonriendo como un tonto. No estaba seguro en calidad de qué iba a estar al lado de Bella, de momento como padre de la criatura, eso seguro. Se tensaba solo de pensarlo, en apenas unas horas se había admitido que pensaba en Bella más de la cuenta, y en poco menos se había enterado de que iba a tener un hijo. En las dos veces que había hablado con ella tampoco podía discernir si ella quería algo más, la retahíla que le soltó el día que le comunicó la noticia no sabía si había algo producto de su imaginación,  y bueno, apenas se conocían mucho. Todo era un lío, pero a pesar de ello, él solo pensaba en que los días raros en el país en el que se encontraban duraran menos de lo que se esperaba.

Al final, si podía llegar a tiempo a la boda de Alice y Jasper, iba a ser de chiripa. Cuando se lo contó a Jasper por teléfono, justo antes de hablar con Bella, este le dijo que entendía las razones, pero aún así, Edward no quería fallarles en eso. Tenía que hacer lo posible para salir de allí cuanto antes.

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