Capítulo 18

29 Enero

Edward POV

Enero terminaba.

Finalmente hice caso a todos aquellos que estaban conmigo, todos los fines de semana estaba con Bella, no me separaba de su lado salvo lo imprescindible, pero entre semana volvía a Nueva York.

Me había convertido en un muerto en vida. A pesar de que Jasper, Jacob y Emmet trataban de distraerme, mi vida era gris sin ella.

Trataba de ejercer profesionalmente, pedí a Phil que si no me veían rendir me lo hicieran saber. Me convertí en un actor de mi vida, comenzaba la consulta y sacaba todo mi repertorio para no flaquear y no transmitir la desdicha que convivía conmigo en su ausencia.

Durante las horas con Bella era el Edward al que ella estaba acostumbrado, sin decaer, hablaba sin parar, si realmente lo percibía, yo quería transmitirle fuerza y ganas.

Otra historia era el Edward que abandonaba el hospital y la clínica.

El Edward que se encontraba con la noche, donde todos los fantasmas, el desaliento, la apatía, se reunían en mi interior sin descanso. Era una sombra de lo que había sido, pero nada ni nadie me podía sacar de ahí. Supongo que podría llamarse autocompasión, pero la verdad era que en mi interior no encontraba fuerzas para aferrarme a lo que fuera, no sin ella.

A pesar de todo ello, nunca perdí la esperanza de que despertara, mi corazón era demasiado frágil como para permitir que en mi mente se colara un pensamiento que fuera contrario a ello, y era solo por eso, por debilidad, que nunca deje de esperar algún milagro que me la trajera de vuelta, a Mi Bella.

Estaba en la consulta, terminando el viernes por la tarde. Recogiendo todo para irme a Boston en el vuelo a última hora, ese día se había complicado, pero cogería el avión esta noche para al día siguiente estar allí con ella.

El teléfono de la consulta sonó, era Chloé.

—Doctor Cullen, Rose al teléfono, desde Boston. —El corazón me dio un vuelco, la última vez de esa llamada las noticias eran pésimas, podrían ser peores…

Miré al frente, los ojos se me llenaron de lágrimas, sin significado real, no plantearme lo peor, pero tampoco podía plantearme lo mejor, y si no era así…

—Doctor Cullen— Insistió.

—Pásamela, gracias Chloé.

—Ed…—Rose habló.

—Si…—un susurró salió de mi boca.

—Ed…está despierta.

Un llanto silencioso se apoderó de mí, el cuerpo me comenzó a temblar, un calor abrasador comenzó a expandirse por mi pecho para terminar en la punta de todos mis dedos, creando un hormigueo, como si los estuviera despertando de la no-vida que llevaba. Me eché hacia atrás la silla de mi escritorio, clavé los codos en mis rodillas, seguía sujetando el teléfono, con la otra mano restregaba mi cara inundada de lágrimas, para después enredarla en mi pelo, tirando de él, nervioso.

—Voy para allá…—Colgué.

Bella estaba despierta, mi Bella, mi vida. Sólo pensaba en estar a su lado, en quererla, en cuidarla, en hacer algo para estar juntos para siempre, si me la volvían a arrebatar no sabía que haría con mi vida.

Sentado en el avión, como otros tantos viernes, pero esta vez con la certeza de que ella estaba aquí, que había vuelto, era consciente de lo que podría encontrarme, de lo afectado que estaría su cerebro tras el accidente y el tiempo en coma. Sabía que no iba a ser fácil. Sabía que habría pautas para introducir cada persona en su vida de nuevo, pero estaba viva, VIVA.

El mundo…mi mundo sin Bella no era mundo.

Cuando llegué a Boston hable con Rose, me dijo que fuera a su casa, era tarde para ir al hospital, contaba con ello, además, en el estado de Bella no era bueno que me apareciera allí.

Terminé de cenar, Ángela estaba también en casa de Rose y Alice. Me contaron el despertar, fue esa misma tarde. Reneé estaba con ella. No recordé lo que hacía en ese momento, pasando consulta sin más, me fastidió no hacerlo, quizá por esa necesidad continua de haber estado con ella por encima de todo, durante todo el tiempo.

Tras la cena Rose y yo nos quedamos a solas.

—Edward hay algo que no sabes todavía. —Le miré expectante.

—Dime…—rogué

—Los padres de Bella por recomendación médica han convenido una pauta para introducir a la gente que Bella conocía en su vida.

—Vale—respiré aliviado.

—Creen conveniente hacerlo poco a poco. En primer lugar están sus padres…—Miré al suelo.

Silencio, no estaría con ella…no de momento…Levanté la vista para mirar, a la que se había convertido en una gran amiga, a los ojos.

—¿En qué lugar quedaré yo, Rose?—Sabía lo que me iba a decir, y era imposible no comenzar a sentir el burbujeo de ira en mi interior ante lo que se me venía encima. Ansioso como estaba por tenerla conmigo.

—No lo sé—Dejó de mirarme a los ojos. — Han recomendado no imponerle las relaciones, hasta que sea más consciente de lo que ha pasado.

—Lo entiendo Rose, pero… ¿me estás diciendo que no le voy a poder ver?—le dije exasperado, sabiendo que  no era ella quien tenía que pagar mi frustración, pero sin poder evitarlo.

—No lo sé Edward. —Me miró, entendí confusión por su parte.

—¿Te han dicho algo Charlie y Reneé?—Cerró los ojos, como si estuviera asintiendo.

—Ellos creen que es mejor así.

—¿Así como Rose?—Me levanté de la silla. —¿No quieren que la vea?—Me volvía hacia ella de nuevo, mi sangre ya hervía de rabia sin contención.

—Ellos…—vaciló—dicen…Charlie me dijo que no quieren que lo sientas como una responsabilidad. —Soltó casi de carrerilla.

Esto no podía ser real, ellos creían que me hacían un favor privándome de Bella.

—No es cierto lo que dices, Rose. —Negaba incrédulo.

—Lo sé Ed, creo que no confían en que vuestros cuatro meses juntos sean lo suficientemente fuertes para que tú te impliques en esto…están tratando de proteger a Bella…y en cierto modo de…hacerte libre…—Susurró.

—¿Libre?… ¿LIBRE?—Grité elevando mis manos al techo, comenzando una andada corta en el espacio que su casa me permitía. — ¿Qué tipo de libertad obtengo si me privan de mi vida?…

La impotencia anegó mi cuerpo súbitamente, durante un mes y medio un accidente me había despojado de la persona que amaba, de su luz, de mí ser…y ahora sus padres querían…hacerme libre privándome de ella de nuevo…

—Edward, por favor, tranquilo. —Rose me imploró ante mi estado casi catatónico.

Me senté con ella de nuevo, me cogió de las manos, me suplicó con la mirada.

—Rose…—Susurré—No me pueden quitar a Bella…—Las lágrimas de nuevo hicieron acto de presencia, estaba agotado, no sentía lo que estaba pasando como real, volvía a morir de nuevo.

—Habla con Charlie, seguro que esto no es definitivo, está todo muy reciente, el pronóstico de su evolución les están haciendo tomar decisiones precipitadas. No te rindas en esto, están bloqueados ante la realidad que les viene encima.

Febrero, Marzo.

Los padres de Bella me pidieron, por favor, tiempo. Alegaban que llevábamos poco saliendo juntos, que quizá yo no me podría hacer cargo de la situación, que era posible que no fuera la persona de la que me enamoré.

Vale, cuatro meses no eran gran cosa. Pero no podía medir la intensidad de nuestra relación con ello. Hablar con sus padres de eso era algo inútil. La distancia y la poca duración de nuestra relación, a sus ojos, la hacían posiblemente efímera.

Me pidieron tiempo para que en el caso de que yo siguiera ahí, algo que no dudé ni un segundo, ella fuera consciente de que, por lo menos, me estaba conociendo.

Reneé era la que más se oponía a mi visita, varias veces hablé con Charlie, diciéndole que no sería perjudicial para ella, traté de hacerle ver lo bueno que era poner a gente que ella tenía en subida para poder ir hilando en sus recuerdos si es que iban apareciendo, supongo que tenía miedo, confiaba poco en su recuperación.

Y yo no lo entendía, pensaba que lo mejor era estar con ella cuanto antes, darle todo mi apoyo, mi cariño, mi amor. No creía que le fuera a hacer mal, al revés, pero respeté a Charlie y Reneé, que al fin y al cabo, eran los que compartían su día a día con ella. No era momento de discutir, si con eso demostraba a sus padres que estaría ahí cuando ellos lo decidieran, esperaría.

Durante el mes siguiente la vi de lejos, con sus padres, con sus tías, en la silla de ruedas. Sabía que aquello no era para siempre, pero acordarme de su actividad continua, rememorar los momentos de tanto dinamismo para mi pequeña ardilla y verla ahora postrada, masacraba mi corazón.

Ni siquiera sus amigas se acercaron de momento a ella.

La observaba de lejos, mirar a la nada, a veces un atisbo de sonrisa asomaba a su cara. Me dolía ver lo poco de Bella que quedaba en ella.

No veía el momento de estar a su lado, a pesar de todo ella era mi Bella. Pero había que tener cuidado, la situación era delicada. No recordaba nada, a mi no me recordaría tampoco, y no estaba por la labor de desatar un momento de ansiedad gratuito.

Hablaba con Charlie una vez por semana y me contaba como avanzaban las cosas. La rehabilitación, sus salidas a la calle, sus progresos con la lectura, con las cosas cotidianas como las duchas, las comidas, la ayuda en casa que cada vez estaba más presta. No dudaba de la tenacidad de Bella, sabía que a pesar del accidente, ella seguía siendo fuerte.

A medida que pasaban las semanas Bella tomaba su cuerpo, en pequeños gestos, yo de lejos se lo notaba. A veces la escuchaba al otro lado del teléfono hablar con su madre. Charlie me regalaba el momento, se quedaba callado y me permitía su voz.

Las chicas empezaron a ir por casa, y también me mantenían informado de todo.

Tras un episodio de pánico en una salida a la calle con Charlie, Bella se negó a salir de nuevo. Esto hizo que hablara con Charlie, le expliqué que era el momento. Yo no me presentaría como su novio, sería su amigo, como Rose y la chicas. No iba a precipitar nada, pero quería hacerlo ya. Me dijo que hablaría con Reneé, que trataría de hacerla entender, él me comprendía y estaba seguro de el amor que yo sentía por Bella, siendo consciente de la situación, tras las largas charlas con él, traté de hacérselo comprender, era mi aliado para el acercamiento a mi pequeño ángel.

 

15 Marzo

Bella POV

—Hola Bella, ¿Qué tal el día cielo?— Esa chica rubia, llamada Rose entró en el salón.

—Bien.

—Como siempre Rose, no quiere salir a la calle, desde la última vez nos ha sido imposible convencerla. —Mi madre habló bajito, pensando, supongo, que no le escuchaba.

—¿Quieres que salgamos a pasear un rato?—La mano de Rose se poso sobre mi mano, se notaba cálida.

Esa chica me daba confianza. Negué. Me aterraba pisar la calle, la última vez, cruzando la calle con papá en la silla de ruedas, un coche frenó a tiempo de no atropellarnos y esto me provocó un ataque de pánico.

—Bueno corazón, pues lo mejor será que nos bañemos y ya nos pongamos ropa para quedarnos en casa. —Mi madre me habló con cariño, a la vez que me sonreía, pero ese feliz gesto no le alcanzaba los ojos.

No entendía por qué mi madre se empeñaba en que me vistiera de calle cuando llevaba semanas sin salir.

—¿Quieres que lo haga yo Reneé?—Se ofreció Rose.

Negué rápidamente. Ambas me miraron para luego hacerlo entre sí.

—Gracias Rose—Reneé sonrió ligeramente a la chica— pero no tienes por qué.

—Vamos Bells, ve al baño y ve abriendo el agua, sabes cómo hacerlo.

Me levanté y salí del salón, escuché como entre las dos empezaron a hablar.

—No sé Rose, esto es tan…—escuché sollozar a mi madre— los psicólogos dicen que es lento, pero es que nos está costando tanto…ni siquiera os reconoce a vosotras, y a nosotros nos llama papás como por obligación… ¿Dónde quedó nuestra Bella?

—Oh Reneé—Rose también sonaba llorosa— tenemos que ser fuertes, poco a poco Bella, nuestra Bella, saldrá.

—No sé Rose, los médicos dicen que no siempre vuelven a ser como antes.

Las lágrimas salían sin parar de mis ojos, hablaban de mí, de alguien que no era, no entendía que buscaban en mí, en quien tenía que convertirme. Estaba parada en la puerta, y mi madre se volvió y me vio.

—¡Dulce!—Se levantó y vino, con un gesto alarmado en la cara —¿Qué haces todavía aquí?

Me abrazó por los hombros, limpiando alguna lágrima veloz que luchaba por alcanzar mi mentón. Rose se levantó con ella.

—No sé mamá…—sorbí las lágrimas— ¿qué queréis de mí?

—¡No cariño!—Sonrió limpiándose con disimulo las lágrimas. — No pasa nada, queremos que salgas a la calle, que no tengas miedo por lo del último paseo.

Me dirigió al baño con palabras cariñosas, las lágrimas desaparecieron de mis ojos. Ante mi atenta mirada abrió el grifo y puso el tapón del baño una vez comprobada la temperatura del agua.

—Desnúdate, te traeré ropa limpia. —Besó mi mejilla y salió del baño.

Capítulo 19

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