#42#

La galería de arte estaba atestada de gente, lo más cool de la ciudad se encontraba allí. Modelos, actores, artistas conocidos.

La publicidad realizada por la ONG había dado sus frutos, los fotógrafos de la exposición habían llamado atención lo suficiente para que toda aquella gente se reuniera en ese punto. Como bien dijo Kevin, las Navidades era la mejor época para que la gente aflojara el bolsillo y su solidaridad, en  esas fechas, aumentaba.

Bella y Rose hablaban animadamente en un rincón de la exposición. Allí no las molestaban mucho, Edward y Emmet estaban saludando a gente que entraba y salía.

—Estas increíble en las fotos. —Rose se llevó la copa de  champan a la boca dando un vistazo a la sala en general.

—Edward es un crack, en serio, no esperaba que salieran así. —Bella estaba ruborizada.

—Vamos, no te avergüences, no se te reconoce. —Rose le sonrió tratando de ocultar la risa.

—Rose. No  me tomes el pelo, son las fotos de Edward y yo vengo con él, embarazadísima. —Señaló su barriga.

—Vaaaale, pero no creas, la gente no están obvia, es posible que piensen que es otra.

—Mientras no me digan nada. —Se encogió de hombros.

—Edward y Emmet vienen hacia aquí, con un hombre rubio y apuesto,y una mujer elegante con los cabellos canela oscuros.

—Son ellos. —Bella sintió bombear el corazón.

—Lo suponía, no te pongas nerviosa cielo, piensa en el bebé, ese que no hace más que daros el culo para que Edward no confirme que es nena. —Consiguió hacer reír a Bella.

Sintió una mano en su espalda baja, era Edward transmitiéndole toda su tranquilidad. Le besó en la sien, en un gesto tierno, ella sonrió tímidamente y se volvió hacia sus padres.

—Bella cariño ¿Cómo estás?—Esme se acercó y la abrazó con inmensa ternura.

—Yo…Esme…lo siento de verdad.

—No cielo, tranquila, No pidas perdón. Lo que has hecho por Kate es algo muy importante, ahora no lo ve pero lo hará. Sé que te costó muchísimo, y que ayer padeciste como si fuera en tus propias carnes la situación, pero quiero que te quedes tranquila respecto a nosotros. —Las palabras de Esme le tranquilizaron completamente.

La tarde anterior se fueron de su casa como unos ladrones, ella ni siquiera se despidió, no así Edward, que al parecer que habló con ellos una vez llegaron a casa de Rose.

—No sabes lo que significa que me hayas acogido así entre vosotros, después de todo…

—Tú no has sido la culpable de nada…—Le reprendió Esme de manera firme, sin dejar lugar a dudas del apoyo que pretendía transmitirle.

Entonces sí, Bella sonrió abiertamente. Edward no había soltado su cintura en ningún momento, sintió como le apretaba ligeramente con su mano, como si de alguna manera hubiese escuchado lo que habían hablado entre su madre y ella.

—Por cierto Bella, estás preciosa en las fotos, mi nieta produce un efecto muy bonito en tu cuerpo. —Le sonrió.

—¿Nieta?—Bella casi se pone a reír.

—Edward no hace más que llamarle pequeña y esas cosas, mi hijo me ha pegado su manía—Rió abiertamente. —Por cierto, entiendo que no te apetezca quedarte en casa, pero espero que en Noche Buena estéis allí, además de que Emmet y su novia vendrán también. —Se volvió hacia Rose que estaba al lado de Edward. —Encantada querida, soy Esme.

—¿Estás bien amor?—Edward le susurró al oído, y como siempre provocó en ella ese escalofrío tan familiar.

—Si. —Sonrió. Él observó sus ojos y vio la tranquilidad en ellos, expulsó el aire tranquilo. —Lo haces a propósito ¿verdad?

—¿A qué te refieres?—Preguntó confundido.

—A tus susurros—Le devolvió en su oído esperando crear en su cuerpo lo mismo que él hacía con ella.

Edward se estremeció con su aliento y se carcajeó por lo bajo, atrayéndola y abrazándola.

—Te quiero, y esta noche estás preciosa. —Murmuró en su cuello.

—Aquí o en las fotos. —Dijo juguetona alejándose un poco y mirándole a los ojos.

—En los dos sitios. —Besó levemente sus labios. —Solo acordarme porque tu piel en las fotos luce así y…

—¡Edward!—Le reprendió golpeando de manera juguetona en el brazo.

—Ni se te ocurra hacerla rabiar. —La voz de Esme hizo que los dos se envararan y rieran.

—Ni dos días por aquí y tienes aliadas. —Edward soltó su agarre de la cintura y quedaron de frente  a Esme y Rose que les miraban con unas enormes sonrisas.

La conversación entre todos fue fluida, Bella se sintió realmente bien entre los padres de Edward, pero de momento, sabiendo que Kate seguía en mal estado, no quería tentar a la suerte y hacérselo pasar mal. Se quedaría en casa de Rose.

—¿Edward?— una voz femenina y efusiva interrumpió la conversación cargada de humor que el grupo mantenía.

El mencionado se dio la vuelta a la vez que todos miraron en su dirección.

—Jane. —La cara de Edward quedó ilegible, Bella sonrió a Rose que le miró interrogante. El cuerpo de Edward tapaba completamente a la propietaria de la voz.

—Cuando me llegó el correo electrónico con la exposición y vi tu nombre no me lo pensé dos veces. — Su aguda voz cargada de alegría y algo más, que Bella no quería reconocer, inundó el círculo en el que se encontraban.

—Si…—Edward trató de bajar la voz para que ella hiciera lo mismo en sus respuestas. —No me pude negar, trabajé con Kevin en Bolivia, y me apeteció hacerlo.

Emmet miró a Jane y acto seguido a Bella que seguía oculta a los ojos de la interlocutora de Edward. Bajó la mirada al suelo ocultando  su azoramiento. Bella que lo vio se puso un poco nerviosa, dio un pequeño paso hacia atrás para obtener un campo de visión amplio.

Lo que vio despertó algo en ella que no había sentido. La mujer dueña de esa voz, que continuaba hablando con Edward sin que Bella atendiera a sus palabras, era escultural, más que Rose, alta, esbelta; su cuerpo lo cubría un vestido muy corto con un imponente escote drapeado, todo ello formado por pequeñas chapitas metálicas que le conferían un aura mágica. Miró sus pies, y unos altos y finos tacones hacían que sus piernas fueran kilométricas.

Su pelo rubio estaba sujeto a un moño elegante y alto, dándole si cabía, la sensación de más altura. Sus enormes ojos azules, sus pómulos marcados, su delicada nariz, sus labios perfectos, su tono hablando con Edward, ese tono que denota que ha habido algo más que una amistad, o trabajo. Su dedo en el pecho de él, para reír por un comentario estúpido.

—Si…— Ella moduló su voz, y seductora era la palabra exacta. — No me extraña que tus fotos sean las mejores, siempre has sido el mejor fotografiando desnudos.

Bella que justo salió de su trance en ese momento frunció el ceño, se le estaba insinuando descaradamente, y ella estaba detrás de él sin que nadie se percatara de su existencia. Claro, semejante mujer era capaz de eclipsar a cualquiera, pero sobre todo a ella. Tragó saliva y miró al resto que se habían apartado de Edward para darles su espacio, y a hablaban tranquilos. Rose le miró y captó su inseguridad al vuelo. De una manera sutil se puso a su lado y sujetó su brazo.

—¿Estás bien?—Le susurró.

—Claro. —Dijo tratando de componerse. — Soy un botijo con cambios de humor y en zapato plano que porta en el vientre un hijo de Edward Cullen, el mejor fotógrafo de desnudos de La Gran Manzana. —Ironizó mirándola con una expresión cínica en la cara.

Como si Edward hubiera intuido el malestar de Bella se volvió hacia ella dejando espacio suficiente para que se midieran la una a la otra sin obstáculos.

—Ella es Bella, Bella, —Le miró orgulloso y la mujer embarazada se ruborizó porque en ningún momento pensó que la presentaría, es más, estaba segura de que se estaba arrepintiendo de todo tras ver las mujeres que se le habían acercado. — Ella es Jane, es una modelo con la que trabajé hace un tiempo.

—Trabajar. —Jane sonrió a Edward y batió las pestañas haciendo que a Bella se le contrajera el gesto. —Encantada, entonces… ¿eres la modelo de las fotos?, no pensé que te daría por fotografiar embarazadas, aunque en serio son preciosas. —Jane haciendo caso omiso de Bella siguió a la caza de una mirada del fotógrafo.

—Bueno Jane, estaba loco por hacerle las fotos a mis tesoros más preciados. —Jane frunció el ceño sin entender, para después componerse en esa extraña postura de suficiencia y glamour. —Si, Bella es mi mujer y seremos papás en unos meses.

—Oh. —Bella sintió como si le hubiera arreado un puntapié en el culo, aunque siendo realista, ella no habría llegado a su elevado culo, y menos con su barriga. —No sabía…

—No tenías por qué. —El apuesto chico rodeó a Bella por la cintura, y le besó en la sien, haciendo que se relajara por completo.

—Enhorabuena entonces. — Jane se sintió fuera de lugar, había desplegado sus encantos como un abanico y se había dado cuenta que no hacía tanta calor como para emplearlo. —Creo que he visto a Dave, debería saludarlo.

—Cuídate Jane. —Se despidió Edward.

Bella no dijo ni una palabra, solo se quedó sonriendo estúpidamente por todo lo que su mente le había enviado.

—Te veo mejor…—Le susurró Rose bromeando y riendo por lo bajo. Bella asintió resuelta, a la par que se integraban en la conversación del grupo.

Bella estaba sentada en la cama de invitados de Rose, Edward entró con sus pantalones de franela de cuadros y sin camiseta.

—¿Andas así por la casa?—Bella fingió enfado.

—¿No puedo?—Se paró delante de la cama.

—Es peligroso. —Su tono bajo indicó a Edward los derroteros de la situación. Era consciente de cómo Bella había actuado durante la exposición.

—¿Tú crees?—Ella asintió.

Edward se quitó los pantalones inmediatamente y quedó completamente desnudo. Bella abrió los ojos sorpresivamente y se quedó anclada en la erección de Edward.

—Pero…—Le miró a la cara, tenía una expresión de suficiencia. — ¿Así estás?… ¿De dónde vienes?… ¿En qué…mejor dicho quien has estado pensando?

Edward se fue acercando a la cama lentamente, tras salir de los pantalones enredados en los tobillos.

—¿Piensas que me he creído,  que tus acciones en el taxi han sido deliberadas Señorita Swan?—Bella se sonrió, pero rápido cambio su cara a otra más seria.

—No sé de qué me hablas. — Se arrastró en la cama quedando apoyada en el cabecero. Edward comenzó a gatear hasta ella.

—OH si…—Dijo ronco y bajo. — Cuando su mano se posó en mi muslo…sus uñas arañaban mi pantalón…—Levantó una ceja. —Y todo mientras hablaba con Rose…como si nada…Si…y creo recordar cómo sus finos dedos se han deslizado por mi ingle…haciendo que sus nudillos me rozaran…—Llegó a su altura. —He visto a pesar de su tortura, como se acomodaba presionando sus piernas al notarme duro. — Su cara estaba a milímetros de la de Bella, y ella se encontraba empapada por sus palabras.

Bella solo gimió. La lengua de Edward salió de su boca para lamerle de manera rápida sus labios.

—¿Sabe señorita Swan? Creo que tiene un problema de calentura…—Bella tragó audiblemente, y tembló de anticipación.

El caso es que cuando Edward le presentó como su mujer, haciendo que su inseguridad se fuera retrete abajo, y observó la expectación que había sobre él, el orgullo y algo más se fraguaron en su interior durante el resto de la exposición.

Él le consiguió un taburete con respaldo y le permitió que estuviera descansada todo el rato. Fue atento y además un amor, apenas se separó de ella, y cuando hablaba con alguien sus miradas se encontraban. Bella sentía su hipnotizante y poderosa energía. Por un momento pensó que no soportaría todo el rato ese tipo de miradas incendiarias, pero llegó a convertirse en un juego para ambos. Finalmente en el taxi, Bella decidió ser más física, y para entonces, sus bragas ya llevaban un rato en pésimas condiciones.

—Deben de ser las hormonas. —Trató de sonar indiferente, seguir el juego, pero su tono de entrega total la delató.

—Seguro. —Ronroneó en su oído.

Cuando las manos de Bella iban a enredarse en su cuello Edward se apartó, dejándola confundida.

Con movimientos lentos y sin abandonar en ningún momento esa pose casi soberbia, colocó una almohada en el centro de la cama.

—Coloca tu precioso culo sobre ella, y túmbate. —Ordenó

—¿Me estás ordenando?—Achicó sus ojos escrutándole desde el cabecero.

—¿Estás caliente?— Preguntó en un tono serio. Sus ojos destilaban deseo y lujuria, y desde luego Bella no quería desperdiciar ese momento.

—Si

—Te acabas de contestar a ti misma. —Le indicó, en un gesto con la mano, que hiciera lo que le había ordenado.

—Mandón. —Dijo ella entre dientes, pero se colocó como le había dicho. Edward se sonrió.

—Se que te gusta ser tú la que lleve las riendas, pero…esta noche te has pasado…si Rose se hubiera dado cuenta…y no solo Rose…—Edward le reprendía con un tono seductor, y Bella sintió que si seguía hablando así se iba a encontrar una gran piscina entre sus piernas.

—Sabes que me enciendes cuando te pones en ese plan ¿no?—Le dijo ya tumbada sobre la almohada.

—Sabes que por tu bien deberías callarte ¿verdad?—Le miró inquisitivo. Ella abrió la boca ante su respuesta.

Edward le dobló las rodillas. Acarició sus muslos y de manera lenta sacó sus bragas. Le dejó con las piernas abiertas y expuesta.

—Mmmmm. —Acarició su vientre redondo con cariño y bajó a su sexo, pasando toda la palma por él. Bella vibró. — Estás mojada. —Un dedo jugó con sus pliegues.

—Edward…—Levantó las caderas buscando más a tiempo que él retiró sus dedos.

—Shhh. No seas impaciente. — Sin quitar sus ojos de los de ella, atrajo su cuerpo hacia el extremo de la cama, con cuidado. Era una cama alta y Edward lo tenía todo pensado. Volvió a dejar caer su mano en el vértice de sus muslos y el roce erizó a Bella.

—No me lo puedo creer…Me vas a torturar ¿Verdad?

—¿Pensabas salir impune de todas esas miradas en la exposición?, ¿De tu mano ligera en el taxi?…Eres muy osada Bella, ¿Qué crees que habrán pensado mis padres…mis colegas…nuestros amigos…?—Bella no pensaba que había sido tan obvio todo.

—¿En serio crees que se me ha notado?— Él de pies entre sus piernas, sonrió de lado, taimado como el mismísimo demonio.

—Te acabas de delatar preciosa. Te has declarado culpable. Sube tus manos por encima de la cabeza. —Ordenó.

Ella tras una mueca de perplejidad lo hizo, sabía que iba a ser una buena experiencia. Edward le ató las muñecas con el cinturón del albornoz. Era lo suficientemente largo para hacerlo a su vez al cabecero de forja blanca.

—¿También al cabecero?

—Bella cielo… ¿Quieres dejarme hacer? ¿Acaso crees que no lo vas a disfrutar?

—Vale. —Admitió en voz baja y decidió meterse en el papel. De todas maneras estaba realmente excitada, y no había vuelta atrás en ello.

Edward se tumbó a su lado y besó la delicada piel bajo su antebrazo, haciendo succión y lamiendo a su paso, Bella se regodeó, cerró los ojos y de repente sintió la boca de Edward en la suya, abriéndosela de una manera voraz, creando una demanda en su cuerpo, haciendo que sus piernas se juntaran para sentir fricción.

—Abre las piernas. —Le ordenó en un susurró cortando el beso. Bajó a su cuello y lo lamió con la punta de la lengua, despacio, hasta llegar al valle entre sus ahora grandes pechos. Lento.

—¿Así de lento va a ser?… — Su lastimera voz hizo que Edward sonriera contra su piel. Estaba ansiosa y excitada. — Moriré…—Jadeó.

—No pienso dejar que pase…—susurró contra su pecho, jugó con un pezón entre sus dientes, y bromeó con su lengua sobre él.

Bella movió sus manos para sujetar su cabeza, dándose cuenta que no podía bajarlas, se frustró, y decidió simplemente dejar que él hiciera lo que estaba haciendo, tratando de reprimir las ganas que tenía de tocarle.

Que Edward se pusiera a jugar con su otro pecho le sacó de la línea de sus pensamientos, y gimió alto.

—Bella, no estamos solos. — Advirtió Edward sonriendo. — ¿Acaso quieres que Emmet te tome el pelo mañana?

—Lo siento…—Murmuró sumida en el placer.

Edward por su parte adoraba darle placer  a Bella, el era recompensado con creces, tocarla a sus anchas, marcar su ritmo, escuchar su respiración entrecortada…

Dejó un reguero de besos por su abultado abdomen, gateaba por la cama y Bella se perdía en su cuerpo desnudo, cohibiendo sus ganas de tocar su cuerpo. Se fijó en su trasero y se mordió el labio.

—Si solo pudiera tocarte el culo…—Sonó a ruego y Edward soltó una carcajada.

—¡¡Bella!!—Le miró riendo. —Estás rompiendo el ambiente.

—Lo siento…es que estoy tan cachonda…—Se disculpó. —Me callo, me callo, pero por favor, ya que me has privado de tocarte, haz el favor de penetrarme ¿sí?—Las caricias de Edward por su cuerpo, sus besos y lamidas la tenían ida del todo, y ansiaba tenerlo en su interior, y por supuesto ver cómo él gozaba con ella.

—Eres imposible. — Alcanzó sus labios y le besó con ansia.

Su mano se movió con presteza hasta el centro de la excitada mujer, acariciando sus húmedos pliegues, introduciendo sus dedos y procurándole placer mientras ahogaba sus gemidos en su boca. Una vez terminado el beso Bella le miró hundida en su deleite personal.

—¡Déjame tocarte!—Suplicó.

—No. —Dijo tajante y seguro mientras le miraba a los ojos. Se levantó y se colocó entre sus piernas. — Exiges muchísimo nena…—Le regañó.

Le encantaba tenerla así, sabía que gozaba, pero era tan obstinada como siempre. Con su duro miembro abrió sus pliegues, Bella se retorció y dejó caer su cabeza a hacia atrás cerrando los ojos.

—Hazlo Edward…—Rogó de nuevo.

—Está claro que la próxima vez te voy a amordazar también ¿sabías?—Y de forma lenta pero certera le penetró haciendo que los dos dejasen escapar todo el aire que sus pulmones guardaban.

—Sabes que todas estas cosas me las cobro…—advirtió exhausta y casi vencida por el sueño.

—Y no puedo esperar a que lo hagas. — Apagó la pequeña luz de la mesilla y se volvió para acercarse a su cálido cuerpo.

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