Capítulo 22

Edward POV

—Bueno, por las caras de Charlie y Reneé se lo has planteado ya. —Rose se ponía el cinturón y en un gesto rápido arrancaba el coche.

—Finalmente me he armado de valor. —Asentí sopesando para mí las posibilidades que tenía de una respuesta afirmativa.

—¿Fue el detonante que hablaras con Bella de vuestra relación?— Miré a Rosalie directamente, sonreía.

—No te lo conté anoche…—Ni se me pasó por la cabeza, llegué cansado y con ganas de meterme en la cama para evocar una y otra vez la conversación con Bella…y ese beso tan ansiado…tanto tiempo sin el roce de sus labios, yo, que era un adicto a ellos.

Me dije a mi mismo que tenía que controlar mis impulsos, no quería dañarla en absoluto.

—No pasa nada Ed, me ha pillado un poco de sorpresa cuando Bella me lo ha contado. —Desaparcó y comenzó a callejear en ese recorrido que tan trillado estaba ya para ambos, directos al aeropuerto de Boston. —Creo que me asusté cuando me lo dijo. He hablado tanto con Reneé que supongo que me transmitió sus miedos.

—Lo sé, y lo he notado, pero…¿crees en serio que puede ser perjudicial para Bella venirse allí conmigo? —Rose asomó la cabeza haciendo el Stop—Nadie por la derecha Rose. —Le advertí.

—Gracias. —Se incorporó a la vía. —Sabes que no, creo que desde que estás en la vida de Bella los avances son notables, es como si cada vez que estuviera contigo madurara un poquito más. Es solo que las largas charlas consolando a Reneé me han confundido un poco.

—¿No crees que la sobreprotege?, quiero decir, yo protegería a Bella de cualquier cosa mala que pudiera pasarle, pero es que me da la sensación que la protege hasta de su propia evolución, es como si quisiera que quedara estancada. Soy mala persona por pensar esto de alguien que ha estado a punto de perder a su hija ¿verdad?—Suspiré.

—No, no lo eres, en realidad todos intuimos lo que dices, quizá no tan radical, pero yo creo que hasta Charlie se da cuenta. Además tú quieres lo mejor para Bella, y algo muy bueno, es que evolucione en su proceso a tu lado. Le enseñas, le hablas de antes y eso hace que Bella cada vez conecte más con su yo anterior. Pero piensa que para ti es fácil, la quieres contigo y Reneé…

—Fácil, fácil no es Rose. —Le corté y le miré reprochándole ligeramente lo que acababa de decir.

—Bien, fácil no es, pero a lo que me refiero es que Reneé no quiere que su hija se vaya de su lado, vivir todo lo que Bella ha pasado, cuidarla… le es complicado pensar que Bella se irá de nuevo. No sabes lo que le costó irse a vivir a su ático cuando empezó a trabajar.

—Sí, supongo, y también por qué Bella se quedó en Taunton trabajando…—Era algo de lo que Bella apenas me había hablado, pero en pequeños detalles se dejaba ver lo posesiva que Reneé era con ella. —Los hijos tienen que prosperar, tienen que volar del nido. —Comencé a exasperarme un poco, porque sabía que todo esto era lo que Reneé pensaba y podía ser un impedimento férreo al desarrollo de Bella como persona.

—No le estoy defendiendo, de verdad, no digo que lo apruebe, solo quiero que veas lo que pasa por la mente de Reneé. A mí me encantaría que Bella estuviese contigo, ten en cuenta que he palpado y sigo haciéndolo el amor que destilas por ella, Edward. —Me dio una mirada comprensiva.

Rose se había convertido en una gran confidente, y llena de información, porque al fin y al cabo, era ella la que más cerca había estado de Bella tras el accidente. A veces dejaba ver que pasaba mucho tiempo con Reneé, y la empatía de Rose con su gente cercana le llevaba a posicionarse demasiado, cosa, que misteriosamente, no afectaba a su trabajo como abogada. Pero al final la prevalencia sobre todo esto era Bella, y que ella en estos casos me diera la razón, hacía que mis decisiones no parecieran las de alguien obsesionado con tener a Bella por encima de todo. A veces llegaba a pensar que quererla tanto no me hacía objetivo.

22 Mayo

—Iré a cenar al Veselka, inauguran la terraza y Thomas me ha insistido. ¿Te apetece venir? —Mientras metía la ropa sucia en la lavadora hablaba con Emmet por teléfono.

—Pues es un buen plan. Qué pronto abren la terraza¿ no?

—Ya ves, el calor de este año se ha adelantado y no van a desperdiciar estos días. Ya sabes. —Cerré la puerta y accioné los botones. — Yo estaré por allí en una hora.

—Bien tío, nos vemos allí.

Me fui a duchar. Mientras caía el agua como si fueran manos que me quitaran el cansancio del día en la Clínica, pensé en Bella. Lo hacía casi constantemente.

No había recibido respuesta alguna por parte de sus padres, en las llamadas durante los días anteriores se habían limitado a saludarme antes de pasarme con ella. Me ponía ansioso la respuesta que estaban por darme.

Hacía una noche espectacular, desde luego que era normal que quisieran estrenar la terraza.

—¡Edward!—Thomas me interceptó entre la gente que trataba de conseguir una mesa para la cena.

—Thomas. —Le saludé con un abrazo. — Habéis elegido una noche sensacional.

—Aforo completo. —Me sonrió orgulloso. —Ven por aquí, tienes mesa reservada.

—Gracias, estaba empezando a pensar que tendría que volverme a casa a cenar. Por cierto viene un amigo conmigo, estará al caer.

—Perfecto.

Me acompañó a una de las mesas estratégicamente ubicada en una de las mejores zonas, tranquila. Al llegar vi que en la mesa de al lado estaba Sally con sus tres hijos.

—Edward cariño. —Se levantó a saludar. — ¿Cómo estás? ¿Qué tal Bella?

—Bueno, ahí estamos, ha mejorado mucho, sigue siendo mi chica tenaz. —Sonreí evocando su imagen de nuevo.

—Con el amor que le profesas le va a resultar más sencillo Edward, el amor lo puede todo. —Me acarició la mejilla en un cariñoso gesto.

—Se le nota semana a semana. Estoy convencido de que va a ser una chica autosuficiente. Cada día que pasa se aprecia más.

—Espero de verdad que vaya mejorando, creo que este no es el momento ni el lugar, pero de todas formas decirte que en el caso de que con el tiempo veas la posibilidad de que ella se venga aquí y quiera empezar a trabajar o hacer algo por ella misma, puedes contar conmigo y con la clínica. Llevamos un mes con un departamento nuevo, es un spa para las mascotas, estoy convencida que su mano con los animales no la ha perdido, los veterinarios de corazón lo llevamos dentro, y Bella lo es. —Me sonrió dulcemente. —Así que ya sabes, hablaremos si lo ves oportuno.

—Gracias Sally, no sabes lo que me alegra escuchar eso, lo tendremos en cuenta si se da el caso. — Una luz esperanzadora me iluminó, pero primero necesitaba saber que responderían sus padres ante mi primera petición.

—Por favor. —Hizo un gesto desestimando mi agradecimiento.

Me dio dos besos a modo de despedida y se sentó con sus hijos, a la vez que yo tomaba asiento en mi mesa esperando a Emmet.

Imaginarme que podríamos retomar viejos planes de nuevo, hizo que me recorriera un cosquilleo por todo el cuerpo. Me obligué a frenar la sensación.

Tiempo, era necesario el tiempo y que los padres de Bella comenzaran a pensar en ella. No es que estuviera obcecado en que lo mejor para ella era venirse conmigo, creía fervientemente que lo mejor era que tomara sus propias decisiones, pero para eso habría que darle opciones, y quedarse en casa para siempre con su madre sin hacer nada era sólo una opción más.

—Mmm tío, nunca pensé que me gustaría la comida Ucraniana. —Emmet se relamió apurando su último bocado.

—Si es que hay que ser más abierto con la comida, Em. —Le piqué.

—Si ya, ya. —Se recostó sobre la silla.

—Este fin de semana viene Rose ¿no?

—Sí, la echo de menos. Sé que está al cien por cien con Bella y me parece perfecto, pero no te voy a negar que le extraño. Antes del…—Me miró retrayéndose, comprendí por donde iba.

—Accidente de Bella…—Añadí asintiendo.

—Si…se venía prácticamente todos los fines de semana, y si no iba yo allí, pero ahora…

—La verdad es que todo esto ha cambiado el curso de la vida de todos.

—Y que conste que a mí me parece que es lo suyo, que quede claro. Rose siempre se ha hartado de decir que Bella siempre ha estado con ella al pie del cañón, en sus fracasos amorosos era Bells la que se pasaba los días con Rose en su casa comiendo helado y haciendo que al final se riera de todo. Y Cuando su madre murió de cáncer Bella fue su pilar, así que, qué no haría Rose por ella.

—Tienes una chica genial Em, es en serio de las personas más entregadas y más amigas que conozco.

—Es mi mujer, sin duda. —Em lucía orgulloso.

—Quien te ha visto y quién te ve. —Nos dejaron un surtido de postres ucranianos en la mesa.

—Gentileza del jefe. —El camarero señaló a Thomas que estaba en la barra coordinando.

Saludó alzando la mano y le respondí con un movimiento de cabeza agradeciendo el detalle.

—Es lo mejor que me ha pasado, ¿tú sabes lo que es que te sigan el ritmo en todo?, ¿qué disfrutes con cada momento que te brinda?¿que no haya nada que no te apetezca hacer con ella?, tío incluso nos hemos ido de tiendas juntos, ¡¡y he disfrutado!!.

—Sí que lo sé créeme. —Pensé en todos esos momentos vividos con Bella, y entendí perfectamente a Em. Si incluso yo me había planteado por primera vez con una chica referirme a ella como mi mujer.

—Lo siento tío…no quería hacerte recordar…

—No Em, así son las cosas, no vas a dejar de contarme que eres feliz y por qué, por el hecho de que se me hayan torcido las cosas. Qué clase de amigo sería. —Le sonreí a la vez que le golpeaba el brazo ligeramente con el puño cerrado, quitándole hierro al asunto. — Además que no quiero olvidar nada de lo que he vivido con ella. —Consideré positivo un cambio de tema. —Bueno ¿qué me dices de la idea del cambio de bufete de Rose?

—¿Qué te voy a decir?—Una enorme sonrisa iluminó su semblante, era genial ver a Emmet tan enamorado, podría jurar que era la primera vez que le veía así. — Estoy deseando que llegue el momento. Por ahora solo ha dado el aviso en Boston, ya que aquí en el de Nueva York la solicitan desde ya, pero sabes cómo son estas cosas, tiene que dejar casos cerrados, y no es cuestión de hacerlo mal y cerrar puertas.

—Las puertas que se cierren que sean por obligación, desde luego.

Nos tomamos un par de cocteles que Thomas se había empeñado en invitarnos, finalmente nos sentamos en la mesa con su familia ante su insistencia, y como Emmet y yo ya habíamos hablado todos los temas íntimos, accedimos a la invitación.

Supongo que lo que peor llevamos fueron las descaradas insinuaciones por parte de las adolescentes hijas de Sally y Thomas, a mi me conocían de hacía tiempo, pero no me libraba de ello. El caso, es que con Emmet descargaron su artillería pesada, desde piececitos hasta las manos sobre su muslo, sobre todo de Christine, que estaba a su lado.

—Tío, son pulpos con las hormonas revolucionadas…—Emmet bufaba en la parada de taxis. Yo no podía dejar de reír, las caras que había puesto durante toda la velada habían sido tronchantes. —Tú te ríes tío, pero lo he pasado mal. —Ponía cara de niño bueno y a mí me provocaba más. —Te tenían que haber metido mano a ti, Ed.

—Venga Em, no me digas que no es gracioso. Yo ya lo he sufrido durante un tiempo, así que te entiendo, lo que pasa es que me ha hecho gracia como lo has llevado, sobre todo cuando Thomas ha pillado a Christine dejando caer su mano sobre tu ¿pierna?—Una gran carcajada brotó de mi pecho de forma automática ante el recuerdo de la imagen.

—¡¡Casi el paquete tío!!¡¡Qué descarada!!—Em abrió los ojos como platos. — He echado de menos a Rose, en estos casos marca el territorio de un modo felino y me evita estos bochornos.

—Si es que no se puede estar tan bueno. —Seguí riéndome casi hasta desencajarme.

Estaba en la cama, la sensación de normalidad estaba casi instaurada en mi, después de tantos meses de momentos difíciles parecía que comenzaba a ver la luz.

Capítulo 23

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