Capítulo 41

19 Septiembre

Bella POV.

Si era sincera conmigo misma, estaba más nerviosa de lo que quería demostrar. No todos los días se conocen a los padres de tu novio. Estaba encantada con ese título, se me hinchaba el pecho. Desde la noche de la boda de Ángela y Jacob, sentía que nos pertenecíamos el uno al otro.

No habíamos vuelto a tener relaciones sexuales otra vez, pues tras esa primera vez, y una charla con Edward, decidimos que lo mejor sería ir con los chicos.

Flashback boda Ángela-Jacob

Llegamos a la terraza donde todo el mundo bailaba al ritmo de la música que salía por los altavoces colocados estratégicamente.

Nos quedamos apoyados sobre el muro de la terraza contemplando las fabulosas vistas de Manhattan por la noche. Mi espalda apoyada sobre el pecho de Edward, sus brazos sujetándome, sus labios regalándome caricias por mi mejilla y cuello. Era completamente feliz, hacía unos minutos me había llevado al cielo, y ahora me acunaba en sus brazos. Estaba extasiada de dicha.

—Vaya que aparecen por fin estos chicos. —Rosalie se puso a nuestra altura con Emmet de la mano.

—No sabía que vosotros fuerais los novios. —Em movió las cejas de forma sugerente.

—Se te ha caído el recogido ¿eh?—Rose me susurró al oído. Rápidamente me toqué con la mano uno de los bucles.

—Qué vergüenza Rose. —Noté el calor en mi cara.

—Anda vamos al baño, que te apaño un poco ese pelo. —Me dedicó una amplia sonrisa y un guiño pícaro.

Me volví hacia Edward, que sonreía, supongo, de la misma forma que yo. Era incapaz de reprimir la perenne sonrisa de mi cara.

—Me voy a peinar un poco con Rose. —Le dije sin soltarle la mano. —Vamos al baño.

Me atrajo hacia él y besó mis labios, dejando una sensación electrizante en mi cuerpo, algo que me hizo erguirme en el momento.

Bajamos al baño que había en la segunda planta.

—Entonces dime… ¿Ha ido todo bien?— Rose me sentó enfrente del espejo y comenzó a domar mi largo cabello.

—Ha sido…—vi en mi reflejo que los colores de las mejillas no se iban. — ¡Oh Rose!, ¿será siempre así?

—¡Será mejor!—Rose rompió a reír y de repente Ángela y Alice aparecieron por la puerta.

—Genial, chicas, pasadme las horquillas que hay en ese neceser.

—Los chicos nos han dicho que estabais aquí. —Dijo Ángela dándole una horquilla a Rose.

—¡Sí!—Alice iba un poco chispa, se le notaba. — Mmm…¡hueles a sexo Bells!

—¡¡Alice!!—Grité escandalizada.

—Vamos Bella…no me digas que no…—Puso pucheros y me hizo reír.

—¿Todo bien?— Ángela me sonrió. — ¿Fuera dudas?

—Mejor que bien… pero el caso es que yo no he hecho nada…—Les contesté encogiéndome de hombros.

—Tranquila cariño, ya lo harás, lo que no sepas lo preguntas, a Ed digo. —Todas volvieron a reír. — ¿Qué bebes Ang?—Rose preguntó sin dejar de apartarme mechones.

—Ron Cola.

—Dame un poco, me estoy quedando seca, y veo que Alice nos lleva delantera. — Ángela le puso el vaso en la boca.

—Oye Bells…—Alice se sentó en el borde de la bañera. — Te he visto muy suelta con Edward todo el día.

—Creo que la charla del día del spa no cayó en saco roto. — Ángela empezó a reír.

—Se me ha notado mucho. — Me moriría de la vergüenza si alguien más se había dado cuenta.

—Bueno, se puede decir que cada vez que estabais cerca, estábamos un poco pendientes. —Me dijo Rose colocando la última horquilla y alzando mi mentón con un dedo.

—Sí, que somos unas cotillas sin remedio. — Añadió Alice. — Pero cielo, has estado sublime, comedida, pero sin perder el ritmo. — Una enorme carcajada brotó de su pequeño pecho.

—Tenías a Edward al límite. — Dijo Rose.

—Yo solo esperaba que al postre llegarais, porque si no…¡a ver que hacía yo con el ramo!

Las risas de todas rebotaron contra las paredes del baño, haciendo que pareciera un estruendo.

Fin flashback.

Fue una boda fantástica, tras la charla con las niñas fuimos a bailar con los chicos. Todos bailamos con todos, nos reímos, bebimos… y Edward y yo aprovechábamos cada instante que podíamos para sentirnos, bien con una caricia, una mirada, una sonrisa, todo ello me hacía estar feliz.

—Disculpe, ¿me deja salir?— El pasajero de mi derecha me pidió paso, de forma un tanto brusca, sacándome de mi ensoñación.

Me di cuenta que habíamos aterrizado, el pasillo estaba vacío, y éramos los únicos que estábamos sentados.

—Perdone, lo siento. —Me levanté y salí al pasillo abriendo el compartimento para sacar mi mochila.

Los nervios atenazaron mi estómago, iba a ver a Edward otra vez, estaría esperándome, su avión llegaba por la mañana.

—¡Ed!—Agité la mano en cuanto le divisé. Corrí hacia él para arrojarme en sus brazos y sentir cómo el cuerpo se me destensaba con solo su contacto.

—Hola preciosa…—me susurró a la vez que me abrazaba levantándome del suelo. — Que ganas tenía de verte.

Nos separamos y volvió a atraerme para dejar un beso sobre mis labios.

—Y yo… Cada vez son más difíciles los días sin ti. — Atrapó mis labios con los suyos para profundizar suavemente con su lengua en mi boca y dedicarnos durante un minuto a deleitarnos con nuestros sabores.

Me encantaba perderme en esas sensaciones que me provocaban sus besos.

—¿Vamos?— Abrí los ojos para encontrarme con su sonrisa. Solté el aire de golpe, y le sonreí nerviosa. — ¿Estás bien?

—Estoy algo nerviosa, no sé cómo voy a caerle a tus padres.

—Ya les caes bien, te adoran sin conocerte, cuando lo hagan te querrán más que a mi. —Besó la punta de mi nariz.

Entrelazó sus dedos con los míos y salimos del aeropuerto. En un gesto ágil consiguió taxi entre la marabunta de gente que salía. Ese tipo de gestos tan autosuficientes me volvían loca de él, saber que pedir en un restaurante, su seguridad al llegar a los sitios aunque fueran desconocidos. En cierto modo lo envidiaba, pero no mal, sentía auténtica devoción por él, era muy afortunada de tenerlo para mí. Esa sensación me recorría dejando un cosquilleo agradable en todo el cuerpo.

Subí las escaleras con desgana, detrás de Edward, era una gran casa, y la entrada estaba integrada en un tremendo porche decorado con mucho gusto, con unos muebles coloniales. Los nervios se me agarraron al estómago, estaba a escasos metros de conocer a sus padres, y solo tenía ganas de irme corriendo… ¿y si pensaban que no era suficiente para su hijo?

La puerta se abrió de repente. Una mujer muy guapa, con el pelo castaño y una dulce expresión apareció tras ella.

—¡¡Cariño!!…¡Carlisle ya está aquí!— Esme se abalanzó sobre mí para abrazarme . — Soy Esme. —Se separó sin soltar mis hombros. —Pero claro cielo, eso ya lo sabes. — Su voz era más suave de lo que recordaba.

—Yo…Bella. —Sonreí bastante cohibida.

—Vamos no te avergüences, estamos encantados de que estés aquí…

—Sí y todavía más contentos de que hayas hecho que Edward se abra al amor así. — El padre de Edward era realmente apuesto, más rubio que él y sus ojos eran azules. Estaba claro que los ojos de Edward eran los de su madre.

—¡Papá! —Reprochó mi chico.

—Hijo, es así. Bella te ha hecho despertar a lo amplio que significa la palabra amar. — Carlisle se acercó a mí y me besó en la mejilla. — Hola Bella, bienvenida a casa.

Se puso al lado de su mujer abrazándola por los hombros, ambos me miraban con una enorme sonrisa en la cara. Edward cogió mi mano y la apretó, transmitiéndome su apoyo. Le miré de soslayo, él también sonreía abiertamente.

—Entremos. ¿Has comido Bella?—Esme nos apremió para entrar.

—Sí, tomé unos sándwiches antes de subir al avión.

—Entonces prepararé un té helado ¿te apetece?—Asentí agradeciendo con la mirada, desde luego que con el calor que hacía era lo que mejor me iba a sentar. —Edward cariño, acompáñala a la habitación y que se ponga cómoda, serviremos el té en la piscina. — Abrí los ojos como platos.

Esme se dio la vuelta para ir a la cocina, y sentí los labios de Edward sobre mi mejilla.

—Sí, tenemos piscina. —Me susurró al oído.

—Me apetece muchísimo bañarme, esto es como…un hotel ¿no?—Le miré sorprendida.

—Bueno…—Rió. — Vamos arriba, te enseñaré nuestra habitación.

Un escalofrío me recorrió la columna al escuchar las “palabras nuestra habitación”, eso quería decir que esta noche dormiría con Edward y… ¡¡Oh, podría decirse que estaba salida con todos los pensamientos que se agolparon en mi cabeza!! Inconscientemente me eché a reír.

—¿Cuál es el chiste?—Edward iba detrás de mi subiendo las escaleras.

—Nada…son tonterías mías. — Estaba bien que fuera detrás, en ese momento yo debía parecer un farolillo chino.

—¿No me lo vas a contar?—Insistió.

—No.

—Vamos, no puede ser tan malo.

—No. —Llegamos al final de la escalera y caminamos unos metros hasta llegar a una puerta.

—No…me lo cuentas, o no…es tan malo. —Esto estaba complicándose ¿qué si se lo contara?, era Edward.

—Cuando entremos te lo cuento, pero con condiciones. —Le escuché reírse mientras pegado a mi espalda abrió la puerta del cuarto.

—Pasa…—Me susurró, si seguía haciendo eso no saldríamos de la habitación, vamos, no haría falta ni que le contara de lo que me había reído segundos antes.

Era una habitación amplia, con una enorme cama de matrimonio mirando hacia los ventanales, los cuales se abrían hacia una gran terraza, el cabecero de la cama era un mueble lleno de cajones en su parte posterior, encarados a un gran armario. Y en la pared izquierda había una puerta, supuse sería el baño.

—Oh…nos ha tocado la suite…es preciosa…—Fui hasta la ventana y salí a la terraza mientras de fondo escuchaba la risa de Edward.

Las vistas de esta eran a la enorme piscina, la cual tenía una cascada preciosa, y un jacuzzi tan grande como el que utilizamos en la despedida de Ángela.

— Oh Dios mío… pediré a tus padres que me adopten…

Sentí como me abrazaba desde atrás.

—Siempre quisieron una hija, pero…a mi no me gustaría que fueras mi hermana. — Besó mi cuello en la zona bajo la oreja para atrapar el lóbulo y jugar con él entre sus labios y dientes, haciendo que la piel de esa zona se me erizara descendiendo esa sensación hasta mis pechos, y dejando los pezones claramente erectos a través de la tela de la camiseta. Suspiré. — ¿Me lo vas a contar?

—¿El qué?— Era más un jadeo que palabras.

—El chiste, de lo que te reías antes. Vamos, sabes que me gusta saber en lo que piensas, sobre todo si te hace reír. — Ronroneó en mi oreja.

—No sé si ya es necesario. —Me volví en su abrazo y le besé dando rienda suelta a la pasión creada por esos pequeños gestos que había tenido conmigo, no era proporcional, desde luego. Un roce, un susurro, un beso, eran el catalizador para una gran explosión en mi interior.

Sin romper el beso me llevó en volandas a la habitación, con mis piernas abracé su cintura, y le sentí sentarse en la cama. Mi sexo rozó con el suyo haciendo que los dos gimiéramos al unísono. Nos separamos levemente.

—Así que…intuyo que tenía que ver con…— lamió mis labios con su lengua, en un gesto que me pareció de lo más erótico del mundo— …esto…

—Aha…—Asentí mientras mordí mi labio inferior, chupando allí por donde su lengua había pasado a la vez que con mi centro apretaba ligeramente su sexo.

No tenía ninguna vergüenza con él. Desde que pasó lo de la boda de Ang, había pensado tantas veces en volver a hacer el amor con Edward, que parecía que no fuera a ser la segunda.

—Ah…pequeña…—jadeó—…es una pena pero… creo que nos están esperando…

Me paralicé, había perdido completamente el sentido de la realidad.

—Tus padres…—Susurré. —Lo había olvidado por completo. — Edward rió.

—Adoro que te olvides del mundo en mis brazos. Pero si, la visita a Detroit es para conocerlos, aunque podríamos decirles que estamos malos y no salir de aquí. —Levantó las cejas en un gesto sugerente.

—¡Edward!, eso no lo podemos hacer. —Le regañé. —Que vergüenza.

—Es broma pequeña, vamos, levántate de aquí antes de que deje de ser broma y ponte el bikini. —Me palmeó el trasero y besó mi nariz.

—No tengo, no he traído bikini. Si me hubieras dicho…

—Es cierto, no te avisé, no me di cuenta. — Se dirigió al armario y sacó un paquete que me dio al llegar a mi altura. — Espero que te sirva, me acordé antes de ir al aeropuerto y te lo compré.

Salí del agua, había sido una gozada darme un baño. Me sequé con la toalla y me aproximé hasta la mesita en el cenador donde estaban Esme, Carlisle y Edward, hablando animadamente.

—Siéntate cariño. —Esme me invitó a la par que Edward movía una silla a su lado. — ¿Quieres te?

—Gracias Esme. —Asentí.

—Edward nos estaba contando que ya has terminado de trabajar en la Clínica de Martin.

—Si. — Contesté tras un largo trago al té helado que me refrescó por dentro haciendo que se me pusiera el vello de punta. —Perdón. — Esme me sonrió. —Tenía mucha sed. Si, terminé hace una semana allí, estaba muy contenta, cada vez hacía más cosas en la clínica, llegué a estar en un par de operaciones asistiendo a Martin cuando tenían mucho trabajo.

—¿Te has planteado seguir trabajando en alguna clínica más?—Carlisle me miró interesado.

—Bueno…creo que lo de la clínica de Martin surgió porque ya me conocían, no creo que en otras clínicas me dejaran trabajar así. Hay gente con más aptitudes que yo.

Sentí la mano de Edward caliente sobre mi muslo, el cual estaba frío tras el baño, buscó mi mano que la tenía sobre mi regazo y entrelazó los dedos, le miré y sonreí. Sentirle tan cercano, en estas situaciones, me daba seguridad.

—¿Habéis hablado con Sally, Ed?— Esme miró a su hijo y le dio un trago a su té helado.

—Si bueno…ella me dijo hace un tiempo que Bella tenía un puesto allí cuando quisiera. — Miró a su madre de soslayo para posar sus preciosos ojos verdes en mi. —Estaba esperando el momento para decírtelo, claro, tendrías que vivir en Nueva York.

—¿Sally?—No entendía de qué hablaba.

—Verás, ella antes del accidente estaba muy interesada en que trabajaras con ella en la Clínica Veterinaria que tiene en Manhattan, de hecho casi teníais las cosas habladas para en un par de meses fueras a trabajar allí.

—Trabajar en Nueva York…en una clínica…—La idea me entusiasmó, no estaba segura cual de las dos ganaba, el caso es que noté cómo se me aceleraba el pulso.

—Quería proponértelo este fin de semana, pero mamá…—Le miró reprobatoriamente. —…se me ha adelantado.

—Pero… ¿ahora sigue queriéndome allí?, yo no puedo hacer lo mismo que antes.

—Sí, estaría encantada de que estuvieras, han abierto un spa para mascotas, y de momento empezarías allí. —Volvió a apretar mi mano.

—Yo creo que sería estupendo que trabajaras allí Bella, Edward me ha dicho que tienes mucha mano con los animales, que tu jefe está encantado contigo. Además así vivirías con Edward, que me parece a mí, que eso de estar tanto tiempo separados, da lugar a muchos quebraderos de cabeza, hablo por mi hijo claro está.

—Mamá…— Algo me decía que la historia de Chloé había llegado a sus oídos.

—Perdona hijo, pero es que creo que os merecéis tanto estar juntos…

—Luego lo hablamos ¿te parece?, si quieres claro. — Me miró directamente.

Asentí y le apreté la mano, en ese intercambio de apoyo mudo que me había transmitido momentos antes.

Capítulo 42

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