Capítulo 32

10 Julio.

Bella POV

Esa tarde había ido a buscar a Charlie al trabajo, era el cuarto día que lo hacía, y la primera vez sola, las otras fui con Reneé, me iba quedando con todas las calles, tanto a la ida como a la vuelta, y esta vez a pesar de que mamá estaba empeñada en que no lo hiciera, me aventuré, a pesar de que tuve que preguntar una vez, llegué a mi destino.

Desde que había vuelto de Nueva York necesitaba más actividad.

—Bella hija, ¿estás segura?—Me preguntó mi padre.

—Si papá, quiero hacer algo, no puedo estar en casa todo el día metida, y aquí tampoco hay muchas cosas que hacer. — Le cogí del brazo en un gesto mimoso mientras caminábamos.

—Bueno hija, está bien, podemos decirle a Lisa, la chica de la mercería debajo de casa, si necesita a alguien, es muy amiga de tu madre, quizá no le importe.

La mercería, no me desagradaba, al revés, eso de los botones, los hilos, los colores…me llamaba bastante la atención. Con tal de hacer lo que fuera para salir de casa y sentirme un poco útil, suficiente.

—Podemos probar, si no es un estorbo para ella, yo no quiero serlo.

Charlie quedó pensativo.

—¡Charlie, Bella!— un señor en frente de nosotros nos paró con su saludo.

—Martin, que alegría,—saludó Charlie. —Bella…—le noté dudar. —Él es…Martin, era tu jefe en la clínica veterinaria.

La verdad es que no lo conocía en absoluto, pero cuando me dio la mano y me dedicó una sonrisa cálida, me di cuenta que tenía que haber sido alguien cercano.

—Hola…Martin. —Le saludé.

—¿Qué tal va todo?—Preguntó a mi padre. Noté a Martin tenso.

—Bien, Bella ha ido a buscarme al trabajo. — Mi padre tampoco estaba cómodo. Decidí romper un poco la tirantez que envolvía el ambiente.

—Sí, desde que he venido de Nueva York necesito más actividad. Me agobio tanto tiempo en casa.

—¿Has estado en Nueva York Bella?—Preguntó interesado Martin.

—Sí, Edward me ha llevado, es una ciudad realmente cautivadora, hay tantas cosas que hacer allí.

—Te veo bien Bella. —Me dio una mirada comprensiva, estaba claro que el tema del accidente costaba bastante de asumir.

—Si Martin, estoy bien. De hecho estoy pensando en hacer algo, invertir mi tiempo de alguna manera. —Mi padre carraspeó molesto. —Vamos papá…

—Apenas lo acabamos de hablar Bella. —Me miró tratando de que dejara el tema.

—Si quieres…y vosotros estáis de acuerdo , Charlie,—Miró a mi padre pidiendo permiso— puedes pasarte un día por la clínica, quizá nos podrías ayudar a preparar a los animales en los preoperatorios, incluso en la venta de material y pienso, Margaret está de vacaciones hasta Septiembre y entre Alissa y yo a veces no damos abasto.

Se me iluminó la cara, yo en la clínica veterinaria, esa idea me gustaba bastante más que la de la mercería. Vi cómo Charlie miraba a Martin, no supe muy bien interpretarla.

—Bueno, si quieres Bella…podemos probar… —Martin dijo con cautela.

—Me encantaría Martin. —Miré a mi padre pletórica.

—Te llamaremos, Martin, para confirmártelo, gracias por el ofrecimiento de todas formas. —Mi padre le habló con algo de recelo.

—No hay de qué, no hace falta que llaméis, los horarios son de mañana y tarde…bueno , ya lo sabéis…—me dedicó otra mirada benévola. —Bien, tengo que irme, me alegra mucho haberos visto.

—Igualmente Martin. —Respondió mi padre.

—Gracias Martin. —Alcé la voz cuando se estaba alejando, este levantó la mano en un gesto de “no hay de qué.”

—Papá, esto es genial…yo era veterinaria…—dije soñadora.

—Bella, pero ahora no lo eres…lo sabes ¿verdad?—Preguntó prudente.

—Si papá, no lo soy, pero tengo la oportunidad de estar de nuevo allí, sé que eso no significa que vuelva a ser veterinaria, pero…creo que me gustará estar en ese ambiente. ¿No es genial?

Comencé a saltar y a bailar alrededor de mi padre, el cual, poco a poco dejaba salir su sonrisa.

—¡Cariño!, ¿qué tal has llegado?, he estado a punto de llamar al astillero Charlie, os habéis retrasado. —Mamá me besó efusivamente.

—Hemos venido paseando. —Le dijo papá mientras le besaba a ella en la mejilla, mirándola en un gesto de advertencia.

—Adivinad quienes vienen mañana. —Mamá sacudió la cabeza ligeramente ante el gesto de papá.

Me quedé pensativa, yo quería volver a ver a Edward, no me cansaba de verlo nunca, pero claro si se había ido hacía unos días dudaba bastante que fuera él. Y si no era así no me interesaba mucho quien vendría.

—No sé mamá pero tenemos algo que contarte. —Me moría de ganas de que supiera lo de la clínica.

Mi madre me puso mala cara.

—Bella, cielo, ¿no ves que mamá quiere decirnos algo?, ¿en serio no te importa quienes van a venir a casa?—Se me quedaron mirando serios.

Vale, estaba claro que no podía ser tan egoísta, no solo me podía preocupar por Edward, aunque se hubiera convertido en el centro de mi mundo.

—Vale mamá. —Le hice unos pucheros y me aproximé a ella para abrazarla. —Lo siento, dime, ¿Quién viene mañana?

—Vienen tus tías, ¿te acuerdas?—Asentí.

Hacía unos meses cuando yo todavía me movía con el andador vinieron un par de días, y otra vez se quedaron una semana entera en casa. Me alegré de que fueran ellas, eran como torbellinos, sobre todo tía Hilary.

—¿Y cuanto se quedan?—Pregunté.

—Pues supongo que la semana entera, vendrá bien porque yo esta semana que viene trabajo de tardes, así se quedarán contigo en casa, para que no estés sola.

Fruncí el ceño y miré a papá, que me lanzó una mirada de advertencia, ya había hablado con él de la manía que tenía mamá de no querer dejarme sola.

—Me encanta que vengan las tías, pero yo puedo quedarme sola mamá. —Le recriminé.

—Bueno hija, no lo tengo yo tan claro. —Y se metió a la cocina.

Me enfadaba cuando mamá hacía eso, era como si yo fuera un bebé que no pudiera estar sola, ni siquiera cuando leía en mi cuarto me dejaba estar con la puerta cerrada, que ella entraba varias veces a ver cómo estaba.

Desde que había venido de Nueva York me molestaba más que estuviera encima de mí, no me dejaba ni a sol ni a sombra, y eso me fastidiaba.

Estábamos cenando mientras veíamos las noticias, y a mí me vino a la mente la conversación con Martin, todavía no le habíamos dicho nada a mamá.

—Mamá, tengo que contarte algo. —Le dije con una sonrisa de oreja a oreja.

—Dime dulce, ¿ha pasado algo?—Me lanzó una cariñosa mirada.

—Hemos hablado con Martin, me ha dicho que vaya a la Clínica para ayudarles en la venta de piensos y materiales, además de para echar una mano. —Pinché ensalada mientras observaba el cambio en la cara de mi madre.

—¿Charlie?—Le miró mamá. Papá levantó la vista del plato.

—Reneé, quiere hacer algo, no veo por qué no. —Dijo mi padre sin darle mayor importancia. —Martin es alguien de confianza, y fue él quien se lo ofreció.

—¿No quieres que vaya?—inquirí.

—No es eso hija, no sé si estarás preparada para ello. —Me dijo acariciándome la cara.

—Sí, pero si no lo pruebo, nunca sabré si estaré o no preparada. —Estaba empezando a enfadarme.

—Ya lo iremos hablando corazón, ya veremos cómo van las cosas. —Miró de nuevo el televisor.

—No mamá, no iremos viendo, ¿no cuenta lo que yo quiera hacer?, ¿es que acaso no quieres que tenga la oportunidad de probar?— me levanté de la silla.

—Relájate Bells. —mi padre se levantó conmigo. —Vamos a hablar esto tranquilamente hija, siéntate.

—No, no me quiero sentar,—mi madre me miraba sorprendida. — ¿Quieres que esté todo el día metida en casa?, quiero hacer algo mamá, no entiendo por qué tú no lo quieres.

Me fui a mi cuarto, estaba enojada con ella, no entendía su afán de tenerme así, sintiéndome una inútil.

Escuché el teléfono y cómo Charlie contestaba. Ya se me había pasado el enfado con mamá, la verdad es que me duraban poco, pero tendría que hablar con ella, yo quería ir a la clínica y ver qué tal se me daba, quizá podría llegar a trabajar.

Tocaron a la puerta.

—Pasa.

—Hola ranita. —Mi padre asomó la cabeza. —Tienes una llamada. —Me sonrió.

—¿Edward?—Salté de la cama, el calor me subió de golpe desde los pies hasta la cara provocándome un hormigueo a su paso.

Mi padre asintió riéndose por mi respuesta inmediata.

—Hola Bells. —Su voz baja y cargada de cariño me acarició el alma. Cerré los ojos para imaginármelo.

—Hola Ed.

—¿Qué haces?

—Estaba leyendo un rato, en la cama.

—Es un poco tarde ¿verdad?

—¡No!, no estaba durmiendo, ni tampoco mis padres. Además tengo cosas que contarte.

—Dime preciosa. —Cuando me llamaba así mis mejillas se encendían automáticamente.

—Esta tarde me encontré con Martin.

Le conté lo que me había propuesto, pero no que había peleado con mamá, eso esperaba solucionarlo.

—¿Y estás contenta?

—Si Ed, ¿Te imaginas que se me da bien?, trabajaría cerca de los animales de nuevo. —Mientras se lo decía me lo imaginaba, y me entraban ganas de empezar cuanto antes.

—Yo estoy totalmente convencido que se te va a dar genial.

Me vino a la cabeza la llamada que Ángela me hizo hacía dos días.

—¿Sabes lo de Ángela?

—Pues…—vaciló. — ¿Qué sabes tú?

—Que se casa. Con Jake.

—Sí, lo sé. ¿Qué te parece?

—Es genial, estoy ansiosa por que llegue. Ayer me llamó Rose y me dijo que tendríamos que ir a comprar los vestidos. Ya sabes cómo es, así que como en unas semanas iré de nuevo a tu casa…

—¿Si?—Me animó a continuar.

—Claro, pero si estoy trabajando no podré…si se me da bien…digo…

—Lo vas a hacer estupendamente Bells, no te quepa duda. Y los fines de semana no se trabaja pequeña.

—¡Cierto!, pues entonces una vez allí haremos una tarde de chicas, Rose está emocionada con eso, y además de ir a ver a Ángela probarse vestidos, nos compraremos los nuestros, pero…

—Eso es genial, ¿de qué dudas?

—No estaré contigo. —Y lo que más me gustaba de mis días era estar con él.

—No será todo el día, ni todo el fin de semana.

—Obvio, eso sería demasiado cansado. —Le escuché reír, me gustaba oírle cuando lo hacía. Me lo imaginaba tan guapo. — ¿Sabes?, echo de menos estar contigo.

Me acordé del beso en la habitación, y provocó un efecto en mi cuerpo que me hizo contener la respiración. Una sacudida interna, más que agradable, mucho más.

Desde que los besos se habían vuelto tan intensos no dejaba de pensar que quizá algún día podríamos llegar a más, y esa situación solo en mi mente me ponía cardiaca, imaginarme en los brazos de Edward haciendo el amor…Cada vez que en alguna película veía escenas de sexo, el calor se apoderaba de mi cuerpo, más concretamente de la zona baja del estómago, y si visualizaba a Ed, hasta los sudores hacían su aparición. Necesitaba tanto su cercanía.

—Yo también Bells, demasiado.

—¿Demasiado?, eso duele…

—Así es, pero al hablar contigo se me pasa un poquito.

Me decía esas cosas y se me olvidaba el mundo. Me di cuenta que podría vivir sentada en el pasillo con el teléfono en la oreja y escuchando su voz y sus palabras. Se borraba el espacio que me rodeaba.

14 Julio

—Gracias por ayudarme con mamá tía. —Estaba calzándome en mi habitación y tía Jackie se acercó a la puerta.

—No hay de qué, dulce. Es normal que mamá tenga miedo, eres la niñita de sus ojos. —Se sentó a mi lado.

—Ya pero…quiero hacerlo tía, además, si no trabajo no podré irme con Edward. —Confesé.

No levanté la vista del suelo, a pesar de que había atado mis zapatillas. Sentí la mano de mi tía en el hombro, hacía presión para que me incorporara, lo hice, pero sin mirarle directamente.

—¿Quieres irte con Edward?—Levanté la vista, ratifiqué con un movimiento de cabeza. — ¿Le quieres?

—¿Le quiero?—Mire hacia un lado sin ver, pensé en los momentos que pasaba con él, en las sensaciones que me embargaban a su lado. —Supongo que le quiero… podría pasar la vida entera a su lado, mirándole… escuchándole y sintiéndole. Cuando me mira, me toca, me sonríe…—noté el calor subir del pecho a las mejillas —me besa…si tía le quiero.

Volví la cabeza para encontrármela con un brillo en los ojos, me cogió las manos.

—¿Lo saben los papás?—Negué con la cabeza. —Bueno cariño, de momento será un secreto entre las dos. —Me atrajo hacia ella y tras besar mi frente me abrazó. —Y ahora a trabajar que vas a llegar tarde a tu primer día.

Capitulo 33

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