Capítulo 19

5 Abril

Bella POV

Las semanas pasaban yo me negaba a salir a la calle, solo lo hacía para ir al psiquiatra, a la logopeda y a rehabilitación, de la que apenas necesitaba ya , pues caminaba y me movía sin casi problemas, solo con una muleta .

¿Por qué insistían?, yo estaba segura en casa, me encontraba bien allí. A veces me exasperaba ver toda la intención que ponían en convencerme.

Me gustaba leer, me costaba, pero María mi logopeda me había dado libros que me resultaban más sencillos, los cuales cada vez leía más deprisa. Lo de escribir era más complicado.

Alice y Rose venían una vez por semana, me costaba menos hablar con ellas, incluso a veces me reía, era placentero, y después odiaba que se tuvieran que ir.

Las visitas de mis tías también me alegraban, de repente la casa se convertía en un hervidero, la semana que se quedaron entera fue muy divertida, mi madre no lloraba tanto.

Un sábado como otro cualquiera me levanté pensando en que vendrían las chicas de nuevo.

Mamá y papá se miraban continuamente entre ellos, como preocupados. Sobre todo mamá, y me chocó a la par que me alivió que no comenzaran con su constante intención de hacerme salir con ellos a pasear.

Estábamos en la cocina terminando de comer, apenas habíamos hablado y eso era extraño, normalmente mamá y papá hablaban sin parar y me preguntaban continuamente, para empezar en un descuido con los “porqués” de no querer salir.

—Mamá, ¿pasa algo?—Dejé los platos sucios en el fregadero, apoyada en la silla no me tenía que sujetar en la muleta.

—No, dulce…—Miro a Charlie interrogante, papá le hizo un gesto para que continuara. —Bueno… ¿Recuerdas que hoy vienen Alice y Rose?

—Claro mamá, es sábado. —No entendía que tenía hoy de particular, se había convertido en una visita habitual por su parte.

Se sentó y me hizo un gesto para que yo lo hiciera también.

—Si—me cogió la mano y la acarició suavemente. —¿ Y recuerdas que también viene Ángela con su novio?—Asentí.

—Estuvieron aquí.

—¿Tienes ganas de verles?

—Sí creo…eran agradables ¿verdad?—No pude reprimir una sonrisa.

Recordaba a esa chica morena, era realmente cariñosa conmigo, recuerdo que estuvieron unos días seguidos viniendo por casa, y su novio Jake, era guapo…me sonrojé cuando me besó al conocerlo.

—Sabes que vienen con otro amigo—papá habló detrás de mí.

—Si, papá. —Me volví hacia él. —Alice me lo dijo por teléfono. Se llama Ed…Edgard…

—Edward cielo, se llama Edward.

Después de comer me senté en el mirador de casa, con uno de los libros que me gustaba leer, y no tardando mucho sonó el timbre.

Papá leía el periódico en el sofá, la música clásica sonaba de fondo, vi a mamá pasar delante de la puerta del salón dirección a la puerta.

Tenía ganas de ver a las chicas, y me puse nerviosa por Jake, ¿seguiría siendo tan guapo? Dejé el libro en la mesita. Me levanté, sujeté mi muleta y fui hasta el sillón. Mi padre me hizo un gesto y me senté a su lado.

Se oían voces en el pasillo, se acercaban. Rose entró la primera. Papá y yo nos levantamos.

—¡Que guapísima Bella!, el rojo te sienta de maravilla.— me quise poner mi jersey favorito, me gustaba ponerme un poco guapa, ellas eran preciosas. Me dio dos sonoros besos y un apretón.

—Si es que eres un bellezón—Alice se echó a reír mientras me abrazaba, y yo con ella, era muy graciosa, siempre me contagiaba con su risa.

—Hola, Bella. — Ángela se acercó y me dio un beso.

—Hueles a flores como las otras veces—Le dije, ella asintió y con una expresión en los ojos que no reconocí me reagaló una sonrisa amplia con la cual sentí calor, era bueno sentirles así.

Miré la puerta y Jake entró, era tan guapo como la otra vez, pero entonces otro chico apareció detrás de él.

Nuestros ojos se quedaron anclados. Esos ojos verdes… me tensé. Noté la mano de mi madre asiéndome el brazo.

Y de repente me sentí a salvo de todo, perdida en su mirada, pero en casa. Un calor agradable dominó mi cuerpo, no podía dejar de mirarlo, ya no tenía miedo. Noté mi cara tensarse en una enorme sonrisa. Como si de un imán se tratara, caminé hacia él, casi sin darme cuenta del ritmo de mi muleta, no sé si hablaban, pero yo no escuchaba nada a mí alrededor.

Esquivé a Jake, me acerqué, él no se movía, no obstante parecía que quisiera decirme algo, alcé mi mano y le toqué la mejilla, no me daba vergüenza, era cercano a mí, lo sentía como mío. El contacto con su piel provocó una respuesta inmediata en mi corazón, se me disparó. Noté mi cara arder.

Cerró los ojos ante mi contacto y perdí la conexión con su mirada, con sus manos sujetó la mía que la mantenía en su cara, la puso en sus labios y la besó. Un agradable hormigueo recorrió mi cuerpo. Su olor me envolvió, me sentí protegida, por primera vez nadie me tenía que decir que era alguien especial para mí, lo era.

—Hola Bella— su voz era una hermosa y suave melodía, mi mente la catalogó de íntima mía en ese mismo instante—soy Edward.

—Sí, lo sé. —Se escuchó una especie de gritito, reconocí a mi madre en él. Salí de mi burbuja, esa burbuja de paz que Edward me había proporcionado con sus adorables ojos verdes  y su familiar fragancia. Qué bien me sentí a su lado.

Me volví hacia todos, me miraban con diferentes caras, mi madre parecía que se iba a poner a llorar, mi padre le sujetaba por la cintura mirándome con sorpresa. Las chicas sonreían tanto que parecía que tuviesen más dientes de lo normal.

—Hey ,Bella—Saludó Jake, rompiendo el silencio que había quedado—¿te acuerdas de mí?

—Me acuerdo, pero ya…no me gustas tanto…es mejor para Ángela también. —Miré a Edward de reojo, me sonrojé. Todos se echaron a reír.

Cuando les conté a Alice y a Rose que Jake me hizo ponerme colorada, ellas me contaban una y otra vez que siendo novio de Ángela eso no podía ser, porque ella también era amiga mía.

Comenzaron a tomar asiento.

—¿Todos, un cafecito?—Mi madre salió hacia la cocina, Rose con un paquete, seguro que de pasteles rellenos de chocolate, mis preferidos, le siguió.

Yo estaba de pie, mirando a Edward, se sentó en el sofá grande, mientras hablaba con mi padre que se sentó en el orejero a su izquierda. Me miró.

—Bella. ¿Te quieres sentar a mi lado?—Sonreí y mis ojos se agrandaron de sorpresa.

—Claro. —Despacio, me fui acercando preparándome para sentir su cercanía de nuevo.

Me senté rozando su pierna con la mía, otra vez a salvo. ¿Era normal sentirme así conél?

Mamá y Rose llegaron con los cafés y los pasteles. Miré a Alice y me guiñó un ojo.

—¿Qué libro estás leyendo, Bells?— Ángela a mi derecha desvió mi atención del contacto con Edward, en el cual no había dejado de pensar desde que me había sentado.

—Está encima de esa mesita, me lo dejó María, lo he leído ya dos veces, me gusta leerlo.

—”Eres Único”, —leyó Ángela—¿De qué va?

—Son historias de animales. Son muy divertidas. —Comenté contenta por tener a toda esa gente en mi casa. Era como si todo el ambiente hubiera cambiado en ella, ya no la sentía tan vacía y triste. Era mejor que cuando mis tías se quedaban, y una parte de mi no lo entendía.

—¡Casi lo olvido! —La voz aterciopelada de Edward me devolvió el calor que sentía con su cercanía. Se levantó y salió al pasillo.

Me quedé pendiente de él, ansiosa por sentir su roce otra vez. Entró de nuevo con un paquete en la mano.

—Esto es para ti. —Me miró a los ojos sonriéndome, cada palabra la sentía como una caricia por su parte. ¿Era bueno sentir ese calor cada vez que me miraba? A mí me gustaba sentirlo.

Se sentó de nuevo a mi lado. Cogí el paquete, y rompiendo el papel lo abrí.

—Faa…buu…laas…, fábulaas . ¿Fábulas? ¿Qué son fábulas?—Miré interrogante a Edward.

—Son cuentitos cortos, algunos de animales, otros de personas, te van a gustar, lo sé. —Acarició mi mejilla en un suave movimiento, y cerré los ojos ante su roce, inspirando profundo. Noté el calor subiendo a mis mejillas, y en mi pecho algo se aceleró.

—Gracias. —Le sonreí, abrí los ojos y contemplé su rostro de nuevo, me miraba expectante.

Los demás comenzaron a hablar mientras yo me centré en el preciado regalo que el chico de mirada serena me había hecho. Abrí la tapa del libro, había algo escrito a mano, no entendía la letra, pero si el nombre que estaba al final, era de Edward. Pasé le hoja rápido, antes de mirar a Edward de nuevo, me había visto y me dio otra preciosa sonrisa, sin saber muy bien por qué me avergoncé un poquito.

Pensé que lo único que me apetecía hacer era pasarme la tarde mirándolo. Era el chico más guapo que había visto, su mirada desprendía tanta ternura… diferente al resto, ninguno me miraba como él, nadie me hacía sentirme así.

Hacía un rato que habíamos terminado el café.

—¿Nos vamos a pasear un rato?—Rose miró a todos que asintieron, para después mirarme a mí. —Estás muy guapa para quedarte en casa. —Agaché la mirada.

Sentí la mano de Edward sobre la mía. Y su calor se fue extendiendo a todo mi cuerpo. Solo quería quedarme a su lado todo el rato que estuviera allí. Solo eso.

—Será un paseo muy corto, y cuando quieras nos volveremos a casa. —Me susurró cerca de la cara.

Su aliento inundó mi interior, inspiré profundamente notando como unas incomprensibles ganas de llorar me invadían, no de tristeza, de añoranza, y acto seguido una inexplicable sensación de dicha me desbordó. Si él me lo pedía…

Miré su mano y poco a poco di la vuelta a la mía para coger la suya, me la estrechó y le miré, sus ojos, mi paz.

Asentí.

Al día siguiente volvieron todos, esta vez se quedaron a comer. Estaba deseando terminar, para salir a la calle de nuevo, salir de la mano con Edward, y sentirle, sentirle muy cerca.

Tras el café me levanté, sujetando la muleta apoyada en mi silla y me estabilicé.

—¿Saldremos a pasear hoy?—Pregunté sin poder ponerle freno a la inquietud que bañaba mi voz.

Todos me miraron con sorpresa, Rose con una sonrisa, y Edward, ese chico que hacía que mi alma rebosara de seguridad, me dio una mirada cómplice que hizo que mi cuerpo aumentara varios grados.

—Claro Bells, hace un día precioso, queda poco para que el verano llegue y por fin ha dejado de llover. — Dijo Alice con una alegría repentina.

—Si cariño, que ayer viniste hecha una sopita. —Mi madre estaba recogiendo la mesa.

Era cierto, ayer no había parado de llover pero yo me había negado a volver a casa. No quería soltar su mano, no quería apartarme de Edward, dejar de sentir esa conexión, perderme las miradas que sin decir nada alimentaban mi espíritu.

Apenas hablamos, no sabía que decirle, pero su mera cercanía era suficiente para mí.

Me levanté a ayudar a mamá, para terminar cuanto antes e irnos a la calle, era para acelerar la salida, pese a que yo, con la muleta, podía cargar solo en una mano.

Estábamos en un parque cerca de casa, Edward y yo íbamos por detrás de los chicos, de la mano, en silencio, yo solo sentía su calor.

—Bells.

—¿Si?

—Hasta dentro de unas semanas no te podré venir a ver.

Volvería…él pretendía volver a verme…sonreí ampliamente ante la noticia.

Yo no quería alejarme de él, no entendía por qué un amigo como Rose o Alice me hacían sentirme así, solo sabía que su proximidad originaba una ola de paz en mi interior, y que no quería que se fuera.

—Ya. —Lo habían hablado en la mesa. —Te vas a Nueva York. — Le miré, interesada en todo lo que quisiera decirme.

—He pensado…llamarte por teléfono algún día… — Escuchar su voz, abrí los ojos como platos, completamente emocionada.

—¡Claro!—Respondí exultante. —Va a ser el mejor momento de…—miré al suelo haciendo recuento de las horas que faltaban para escuchar su voz por teléfono. — ¿Qué día me vas a llamar?—Le miré de nuevo, interrogándole ansiosa.

—¿Todos los días? —Fue como una pregunta y una duda a la vez. Abrí los ojos y la boca como si me acabaran de hacer el mejor regalo de mi vida—Pero me tienes que prometer que saldrás a la calle con Charlie y Reneé. Así cuando hable contigo, me contarás tus paseos, ¿sí?

Asentí una y otra vez, claro que saldría, para después esperar su llamada y contarle todo, cuanto más rato saliera, más hablaríamos por teléfono.

Entonces me vino a la cabeza todo lo que había estado pensando durante la noche. El día anterior mientras paseábamos, Ángela y Jake se iban haciendo carantoñas el uno al otro y bromeando, me gustó y envidié lo que tenía Ángela, ya no por Jake, él ya no me gustaba, pero Edward…me dormí pensando en cómo sería si Edward jugara así conmigo, incluso cómo sería si me llegara a besar…

Pero era posible que él tuviera a alguien para mimarla y besarla, ese pensamiento me afligió.

—De acuerdo Edward…—¿Y si le preguntaba?, ¿y si me contestaba que si que había una chica?, ¿soportaría que alguien tuviera la licencia de sentirse en casa cuando le mirara a los ojos?…

—Dime Bella, ¿qué piensas? —Hizo que me parara con él.

Me miró fijamente, con comprensión en sus ojos. Sabía que había algo que no le contaba, era como si me leyera los pensamientos.

—No sé si quiero que me lo contestes. —Vacilé paseando mi mirada de sus ojos al suelo.

—Tienes una pregunta. —Afirmó

—Puede…

Capítulo 20

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s