Capítulo 31

3 Julio

Edward POV

—¡¡Bella dulce!!—Reneé recibió a su hija con un fuerte abrazo y besos sin parar.

—Mamá. —Bella le devolvió los besos pero tras ver que su madre no la soltaba trató de separarse de ella mientras reía. —Que solo me he ido una semana.

—Qué desapego con tu madre hija…

Bella saltó a los brazos de su padre, entretanto Reneé me daba dos besos, además de una leve mirada reprobatoria. No la entendí, esa forma de tratarme me hacía sentirme culpable de algo que ignoraba, pero culpable de igual manera.

—Edward hijo—Charlie me abrazó, dándome unas palmadas en la espalda.

—Vamos, la cena está lista. —Noté a Reneé molesta.

Durante la cena Bella habló inagotablemente de todas las cosas que habíamos hecho en Nueva York. Charlie la miraba obnubilado, supongo que mi cara al escucharla sería la misma, porque no me cansaba de escucharla hablar, gesticular y reír.

No mencionó, directamente, nada de las cartas y las fotos que habíamos estado leyendo juntos, pero en comentarios y en miradas, ella, me daba me dejaba claro que eso lo tenía presente, incluso desde esa tarde de recuerdos se le notaba más madura, más Bella.

Tampoco habló de la mañana en la que Chloé hizo esos comentarios, me tranquilizó, si en algún momento, sus padres, se hubieran enterado de esto, Reneé habría tenido la excusa perfecta para evitar que volviera.

—Edward, te he dejado unas toallas encima de la cama.

—No era necesario Reneé, traigo una.

Estaba abriendo la puerta de la habitación de invitados cuando vi a Bella entreabrir la suya. Vi cómo me hacía un gesto para que fuera a su habitación. Miré hacia atrás , como si fuera un adolescente a punto de hacer una chiquillada, y me metí en su cuarto cerrando la puerta tras de mí.

—¿Qué pasa?—Estaba tremendamente bonita…y sexy con un short negro pegado y una camiseta de tirantes blanca.

—Hoy no nos hemos besado nada…—Me dijo agachando la cabeza inocentemente.

—Estamos en casa de tus padres…—Era extraño, antes las muestras de cariño entre nosotros eran habituales incluso delante de sus padres, siempre dentro de lo socialmente aceptable claro, pero ahora, sería incómodo comportarnos como antes delante de Charlie y Reneé. —Además en el aeropuerto si lo hemos hecho. —Le recalqué haciendo que recordara el excitante beso que nos habíamos dado mientras llegaba la maleta en la cinta.

Se sonrojó, recordando. Yo ansiaba devorarle los labios, ese beso en el aeropuerto había sido otra revolución para mis más bajos instintos, una y otra vez los tenía que reprimir, pero no podía dejar de besarla así, que se abandonara de esa manera, tenía que controlarme, no quería molestar a sus padres.

—Solo uno de buenas noches. —Me miró sonriendo a la vez que encogía los hombros, de verdad que era cautivadora.

Me acerqué a ella y le rodeé la cintura con los brazos, ella puso sus manos en mi pecho y se alzó de puntillas, con una deliciosa sonrisa en sus labios. La impulsé un poco para que llegara mejor, estábamos cerca, aspiré su olor, el olor de Bella era sugestivo para mis sentidos, justo antes de aproximarse se mordió el labio inferior, se me aceleró el corazón. No pude reprimirme y tras un roce exquisito de sus labios, atrapé entre los míos el que se había mordido, lamiéndolo lentamente.

Me abandoné a la sensación y noté como ella también lo hacía, como nuestras bocas comenzaban una placentera danza, convirtiéndose, con el paso de los segundos, en un beso demandante. El cuerpo de Bella se pegó mas al mío, provocando con ese contacto que mi cuerpo reaccionara como un resorte, escuché a Bella gemir, bajo, y eso me alentó.

Mi mano derecha ascendió por su espalda, acariciándola, como si pudiera traspasar la camiseta, sus dedos se enredaron en mi pelo subiendo desde la nuca y alborotándolo a su paso. Mi mano izquierda bajó más allá de su espalda, el beso estaba cargado de pasión, incluso lujuria. Presioné su trasero y le hice sentir mi erección, ambos ahogamos el gemido que se escapó con nuestras bocas.

Ni siquiera había pensado en abandonar ese beso, ni siquiera me había parado a pensar donde estábamos, hasta que de repente la puerta se abrió, nos separamos, quedando agarrados de las manos, sentí palpitar desde mi garganta hasta la sien.

Miré la puerta, Reneé estaba junto al quicio, roja, como si fuera a estallar de un momento a otro.

—Esto…Reneé…—Soltamos nuestras manos y Bella se sentó en la cama, mirando al suelo.

—Buenas noches Edward. —Ni siquiera me miró a la cara, en vez de estar ya en la treintena parecía como si tuviera quince de nuevo, era algo absurdo.

—Buenas noches, Reneé. Bella… que descanses. —Le besé en la cabeza y me fui a la habitación.

Dormí a medias, sin saber realmente como sentirme ante la situación vivida en el cuarto de Bella.

Me levanté y en la cocina ya estaba la mamá de Bella, mi avión salía en cuatro horas.

—Buenos días Reneé.

Me senté en la mesa donde el desayuno estaba para servirse.

—Edward…—Me volví hacia ella, me miró con semblante serio. —Lo de anoche…

—Lo de anoche Reneé, no fue más que una demostración de cariño entre ambos, lo que hay…—Comencé a explicarle sin entender porqué lo tenía que hacer.

—No Edward, no te das cuenta lo que estás haciendo con Bella. —Me quedé perplejo ante sus palabras.

—No te entiendo Reneé…—le contesté serio.

—¿Eres consciente del daño que le puedes hacer?— Su mirada era acusatoria.

—¿Perdona?— A mí se me estaba agotando la paciencia.

—¿Qué va a quedar de Bella cuando tú te des cuenta que no es la de antes, y que no volverá a serlo?, ¿Cuándo encuentres a alguien a tu altura que te siga el ritmo?, ¿Cuándo te canses de cuidar de ella?— Estaba fuera de sí, no gritaba pero el tono acusatorio bañaba cada palabra.

—Estás tan equivocada. —Yo negaba una y otra vez, tratando de controlarme ante el menosprecio que hacía hacia Bella.

—No Edward, no lo estoy, lo sabes que será así, que te cansarás de tenerla a tu cargo, y cuando eso pase la tendremos que recoger Charlie y yo, destrozada por el mundo de ilusiones que has creado a su alrededor. Anoche le dijo a su padre que quería trabajar, hacer algo para sentirse útil. Nadie más que tú le ha podido meter en la cabeza esas cosas, a sabiendas que no pasará.

—No te estás dando cuenta que Bella está madurando poco a poco , que está comenzando a forjar su propia persona, que tiene ganas de hacer cosas, que es ella la que quiere derrumbar esas barreras, y que además es posible…

—¡¡Alentada por ti!!—Levantó un dedo acusador.

—No Reneé, los psicólogos dijeron que si Bella era capaz de crear una memoria podría desarrollar una vida normal, con obligaciones, que podría trabajar, a pesar de que los conocimientos que tenía no los tiene, ¡¡no es una discapacitada mental!!—Me levanté de la silla, se me había quitado el hambre. Me acerqué a la ventana mientras pasaba mis dedos a través del cabello en un gesto nervioso.

—Yo creo que no deberías seguir viéndola. —Soltó seca, sin más.

Me di la vuelta como un resorte.

—¿¿¡¡Qué!!?? ¿Es posible eso que me estás pidiendo?, ¿Es posible que estés decidiendo por Bella?— Estaba saliéndome de mis casillas.

Charlie entró en la cocina.

—¿Qué es lo que pasa aquí?— Se quedó mirando a ambos.

—Charlie—yo negaba incrédulo tratando de calmarme— no sé que le ha llevado a Reneé a pensar todo lo que me está diciendo, pero está equivocada, respecto a mí, a mis intenciones y sentimientos por Bella, y respecto a la vida que Bella puede llegar a llevar. —Fui hacia la puerta, me volví antes de salir, Reneé estaba cabizbaja. — Me voy a despedir de Bella, mi avión sale en unas horas, os pido por favor, que no me apartéis de ella.

Me duché, tratando por todos los medios de soltar toda la adrenalina acumulada tras la discusión con Reneé.

Entendía que era madre, que siempre había sido sobreprotectora con su hija única, pero lo que estaba haciendo ahora, privarle a ella de una vida normal, querer que se quede en una situación estacionaria sin más, evitar riesgos para ella… yo no era un riesgo para Bella, Dios Mío, la amaba, quería estar con ella el resto de mis días, lo tenía claro, y más después de nuestra semana en Nueva York.

Ella había crecido en muchos aspectos, ya no se le veía a la niña que parecía cuando estaba en casa antes del viaje. Quizá esos cambios no le estaban gustando a Reneé. Quizá tras su estado de indefensión por el accidente Reneé la estaba infravalorando…

Di un golpe al agua que salía de la ducha, la impotencia se estaba apoderando de mi. Solo confiaba en que Charlie hiciera entrar en razón a su mujer, claro estaba, si no la apoyaba desde un principio, que a mi parecer no lo hacía.

Recogí mis pocas cosas que había llevado para una sola noche y fui hasta el cuarto de Bella, se escuchaba a Charlie y Reneé hablar en la cocina.

La poca luz que entraba entre la persiana dejaba ver a mi dulce chica. Mi preciosa mariposa estaba profundamente dormida, su respiración era regular, y su gesto era tierno, dulce, pacífico.

Me senté en el borde de la cama, hundiendo esta con mi peso, Bella se removió. Abrió los ojos.

—Edward…—dijo frotándose los ojos.

—Me voy princesa, mi avión sale en unas horas. —Se incorporó.

—¡¡Nooo!!—Me abrazó fuerte, pasé mis brazos por su cintura atrayéndola hacia mí. Un latigazo de desesperación atravesó mi cuerpo al pensar en las palabras de Reneé, si no me dejaban volver a verla… Hundí mi cara en su pelo, aspirando su olor, para llevármelo conmigo.

—Te llamaré, además en Agosto nos volveremos a ver. — Iba a ser dolorosa la separación.

Yo tenía el mes cubierto, entre trabajo, preparar un curso que daría en Agosto, la visita obligada a mis padres, a los que hacía mucho tiempo no veía, y otro fin de semana que ellos querían venir, hasta primeros de Agosto, que en un principio habíamos quedado en que se vendría a Nueva york a pasar unos días de nuevo, no nos volveríamos a ver.

—Va a ser mucho tiempo. —Susurró en mi cuello.

—Pasará deprisa. —Besé su mejilla.

—El tiempo solo va deprisa cuando estoy contigo. —Me habló haciendo pucheros, otro gesto tan de Bella.

Ella se volvió rápida para atrapar mis labios, sonrió sobre ellos ante mi sorpresa, y ambos comenzamos un beso tierno, el cual, yo deseaba no fuera el último.

Escuché ruidos en el pasillo, y ante la posibilidad de una situación parecida a la de la noche anterior, corté el beso, abrazando de nuevo a Bella.

—Sigue durmiendo preciosa, es demasiado temprano todavía.

Cogí mi mochila y cuando pasé por delante de la cocina Charlie salió a mi encuentro.

—Edward…— puso una mano sobre mi brazo.

—Charlie por favor,—le supliqué con la mirada— no me apartéis de Bella. Yo la amo, si la alejáis de mi me hundís. —Respiré profundo negando con la cabeza una y otra vez, no podía creerme lo que Reneé me había dicho. — Consultad con ella, dejarla que os muestre como cada día es más independiente, como está aprendiendo de todo lo que le rodea, como se está forjando recuerdos. Vosotros escuchasteis ayer sus relatos de todo lo que hicimos en Nueva York, créeme, no se olvido de nada. No es descabellado que Bella pueda tener una vida normal.

—Trataré de hablar con Reneé, ella no lo ve así, entiéndelo, pasamos por mucho con el accidente, Bella quedó tan desvalida…

—Pero está cambiando Charlie…Yo solo os pido que dejéis que ella y yo sigamos viéndonos, que dejéis que venga conmigo de vez en cuando…

—Bien, hijo. —Me abrazó y me miró compasivamente.

—Espero que siga en pie la visita a principios de Agosto…—Charlie asintió.

Estaba sacando la poca ropa que había traído de Boston. El teléfono en el salón comenzó a sonar.

—Hola Jake ¿Qué cuentas?—Lo cogí mientras llevaba la ropa sucia a la lavadora.

—Que tal Ed, pues contar, contar, algo hay.

—¿Todo bien?

—Si tío, perfecto. ¿Podemos quedar a comer?

—Dime donde y acudo, hasta mañana que hago unas horas en la Clínica no tengo trabajo.

—En el Málaga, en una hora, y encargo una paella ¿te parece?

—Perfecto Jake.

Me vendría bien depurar pensamientos y desconectar del lío que había con los padres de Bella.

Llegué al restaurante andando que estaba a quince minutos de mi casa, y allí me encontré con Emmet y Jasper sentados en una mesa.

—Chicos. —Le saludé a ambos. — ¿Y Jake?

—Pues no sabemos, hemos quedado con él pero todavía está por llegar. —Jazz contestó.

—¿Pasa algo?, ¿estáis al tanto?—Les pregunté.

—Ni idea tío, a mi me llamó hace menos de una hora y me dijo de comer juntos…—Emmet contestó y los dos miramos a Jazz.

—A mi no me preguntéis, estoy igual.

Apareció Jake sonriente por la puerta.

—Hey tíos, ¿Cómo andáis?—Jake se sentó después de saludarnos a todos.

—¿Cómo andas tú?, eres el que nos tienes intrigados. —Le dijo Emmet.

—Yo estoy mejor que bien, de momento pidamos unas cervezas que vengo seco. — Asentí.

Todos con las birras en la mano nos que damos pendientes de Jake.

—Vamos tío, desembucha, esto es por algo…—Jazz nos miró a todos— no es una quedada normal ¿no?

—Bien, bien amigos. —El tono de Jacob se volvió solemne de golpe. — Tengo treinta y dos años y muchas experiencias vividas…

Yo miraba a los chicos que estaban alucinando tanto como yo.

—¿Es malo lo que no s vas a contar tío?, porque a mí me estás dando mal rollo…—Emmet le cortó el discurso.

—Joder Em, déjame terminar

—Vale, vale tío, pero solo dinos si es malo…—Emmet insistió.

No parecía que fuera malo por la forma en la que Jake estaba actuando. Yo miré a Jazz que levantó las cejas en un movimiento rápido y esperé a que Jake terminara.

—No lo sé si es malo, Em, quizá para ti lo sea. —Le dijo Jake perdiendo un poco la paciencia.

—Joder que humos Jake. —Em dio un trago a la cerveza y esperó.

—Como os iba diciendo,— el tono dejó de ser tan grave como al principio— pues que ya soy mayorcito, bueno, como vosotros, pero…mira que Em me ha jodido todo el papelón…me caso con Ángela el trece de Septiembre.

Sonreí a mi amigo, mientras Emmet quedaba medio atragantado con la cerveza.

—Enhorabuena Jake, le di unos golpes suaves en el hombro, a diferencia de Em que cuando se recuperó le pegó un golpazo que le meneó entero.

—Es malo y no es malo. —Decía Em en un tono de cachondeo. —Ya va siendo hora tío.

—Yo me alegro por vosotros Jake, os lo merecéis. —Jazz llevó su cerveza al medio de la mesa. —Por los novios.

Capítulo 32

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