Capítulo 21

17 Mayo

Bella POV

Hacía calor. Era un gran día, Edward y Rose vendrían esa tarde.

Esperaba el momento con verdadera ansiedad, los sueños se repitieron durante toda la semana, y cada vez con más detalles, los cuales me hacían muy feliz al despertar. Se colaron en mi mente risas con mis amigas, pero no en Taunton, en ciudades grandes, con mucha gente, en cafeterías diferentes a las de mi pueblo, en playas como las de los besos de Edward.

Animales en mis manos, enfermos, mejoraban, personas que me daban las gracias…

Mis padres…siempre conmigo.

Mis padres me enseñaron fotos, y algunas las relacionaba con mis sueños, otras se colaban en mi cabeza para quedarse dulcemente atrapadas en mis recuerdos.

El timbre sonó y salí disparada a abrir la puerta. Entraron con una sonrisa de oreja a oreja. Y yo les vi con otros ojos, en mis sueños eran más de lo que lo eran en mi vida, y aunque no lo entendía quería que fueran como en mis sueños, deseaba sentir como en ellos.

Abracé a Rose con más efusividad de lo que solía hacerlo. Ya no llevaba la muleta, yeso daba libertad a mis movimientos.

—Vaya Bells, me has echado de menos.

—Tenía muchas ganas de veros. —Me separé para echarme a los brazos de ese chico al que consideraba más parte de mí que ninguna otra persona.

—Hola, pequeña—Susurró a mi oído, y me sentí como en mi sueño. Le apreté con fuerza, no sabía cómo transmitirle que lo sentía de diferente manera.

—Hola, rubio. —Le sentí tensarse, y reaccionar al instante acoplando su cuerpo al mío, como un puzle.

Nunca le había llamado así, pero me pareció natural, tenía un color de pelo raro, se aproximaba más al rubio. Me besó en la mejilla y me miró con los ojos vidriosos, pero llenos de felicidad.

Me volví y todos me miraban. Sin soltar la mano de Edward me dirigí al salón.

—Vamos a tomar el café, Rose, no te he visto traer la bandeja, ¿no hay pasteles de chocolate hoy?

Todos rieron.

—Los olvidé, Bella, o mejor dicho, Edward tenía tanta prisa por llegar que nos dimos cuenta tarde. —Miré a Edward que me sonreía de una manera adorable.

—No importa, así no os habéis demorado en llegar, pasaremos más tiempo juntos.

Durante el café papá les habló un poquito de la charla que tuvimos hacía una semana, y mencionaron de nuevo el accidente de coche, en realidad no me ponía triste, me ponía ansiosa por conocer más de ese lado mío que estaba descubriendo y que se colaba en mi cama cada noche.

Después del café, Edward, solo, me propuso pasear, siempre nos íbamos todos juntos.

—¿Rose no viene?

—Ay Bella, tengo mucho que hablar con Reneé, además no seas así, sé que quieres quedarte con Ed a solas. —Me ruboricé.

—¿Vamos?—Edward se levantó y me tendió la mano.

Llevábamos un rato paseando por un parque, este era grande, no como el que estaba cerca de casa, habíamos llegado en coche, en su coche, olía a él y eso me tranquilizaba.

—El otro día por teléfono me dijiste que tenías que hablar conmigo de muchas cosas Bella. —Apretó mi mano dándome seguridad.

—Me siento muy bien contigo Edward…—Comencé.

—Yo también contigo. —Me miró. — ¿Nos sentamos?—Asentí y nos quedamos debajo de un árbol, sentados en el suelo, el uno frente al otro.

Edward tenía mis manos cogidas con las suyas. Su mirada era dulce, pacífica.

—¿Quién eras?…¿Por qué me siento así contigo?…¿Por qué en mis sueños…—Me ruboricé fuertemente al recordar sus cálidos y reales besos.

—En tus sueños…—Me incitó a continuar, seguía callada—Mírame Bella, en tus sueños que…—Su voz era relajada, música para mí.

—En mis sueños…nos besamos…pero de verdad…—Volví a bajar mi mirada.

—¿Qué recuerdas de Rose? ¿Qué hace ella en tus sueños?

—Nos reímos, mucho, hablamos, a veces decimos burradas y nos reímos todavía más, y a veces le cuento secretos…míos contigo…es como si fuera de verdad también, pero sé que no lo he hecho, son sueños.

—Antes hemos hablado de que estuviste muy enferma.

—Si, después del accidente.

—Dejaste de conocer a la gente de alrededor.

—Si…—Era confuso, porque eso no lo recordaba. No existía.

—Se que no te acuerdas, pero es mejor así. Tienes que saber que antes de que eso pasara, muchas de las cosas que ves en tus sueños…pasaron antes…más o menos parecidas.

—¿Antes del accidente?—Le miré con los ojos abiertos…Sentí mi corazón botar— ¿Nos hemos besado?— Su risa sonó alta, asintió, y me colmó de felicidad.

—Bella…tu y yo…éramos…—dudó—…somos…

—Novios…— Mi cabeza se fue a un gran parque, no estaba en Taunton, a lo lejos se veían edificios muy altos, yo estaba tumbada sobre Edward, y nos besábamos. —¡Oh!—Lo sentí tan real que mi estómago se tensó, como si millones de mariposas estuvieran en su interior.

—¿Estás bien?—Me sacó de mi ensoñación y colorada asentí.

De repente me sentí vergonzosa, todas esas cosas habían pasado. Me atrajo hacia él, me puso de espaldas y me abrazó. Besó mi cabeza y de nuevo la sensación de plenitud inundó mi ser. Sentí cómo se apoyaba en el tronco.

Pasamos mucho rato abrazados, nunca habíamos estado tan cerca, claro, en mi cabeza sí.

Me habló de cosas que hacíamos cuando estábamos juntos. Me contó que antes de dormir a veces me leía, y que a mí me encantaba. Que hablábamos sin parar de cosas que nos gustaría hacer, que yo se las describía con todo detalle. Que en Nueva York, los domingos que estaba con él, solíamos ir a desayunar a una cafetería donde yo pedía tantos pasteles de chocolate que cuando llegaba la hora de la comida no podía comer de lo llena que estaba.

Eran los mismos pasteles que Rose me traía todos los sábados, los compraba él para mí.

Era curioso cómo con sus historias se formaban imágenes en mi cabeza. Me hizo reír.

Noté como una gota cayó en mi camiseta, en mi hombro, le noté revolverse, y me volví a mirarle, tenía los ojos llorosos.

—¡No llores!, ¡Es tan bonito todo lo que me estas contando!—Le sequé las lágrimas.

—Perdona Bells, lloro de alegría. — me besó en los labios, haciendo una ligera presión con los suyos, me aparté sorprendida, me los lamí, una lágrima quedó en ellos, estaba salada—perdona—le sentí asustarse.

—No…me ha gustado…me ha gustado mucho. — Me había besado, sus labios en los míos, le sonreí.

—¿Quieres que nos vayamos a casa?, se ha hecho tarde. —Su mano acariciaba mi mejilla, yo no quería irme, o mejor, no quería dejar de estar en la cuna que había formado con sus brazos, pero era tarde. —No me voy a apartar de ti.

Me leía como a un libro abierto. Nos levantamos y pasó un brazo por mis hombros. Fuimos así hasta el coche. Hablando, me hacía reír con las cosas que me contaba sobre su trabajo. Trabajar con niños le hacía tener historias muy divertidas.

Al día siguiente paseé con Rose por el pueblo, tomamos café en una cafetería ya que ella insistió en hacerlo allí en vez de en casa con mis padres y Edward. Yo quería haber ido a pasear con él, pero quería hablar con Charlie y Reneé a solas.

—No entiendo que tienen que hablar con él. —Dije con fastidio.

—Bella, es Edward quien quiere hablar con ellos. —Era cierto, él lo había pedido.

—¿Sabes que Edward y yo éramos novios?—Le pregunté a Rose, parte del café se le vertió sobre el platillo y la mesa. Cerró los ojos y los volvió a abrir de repente.

—Si…y erais una pareja perfecta Bella, estabais compenetrados al cien por cien.

—Claro por eso siempre siento que estoy bien con él. Lo que no sé es si seguimos siéndolo.

—¿Se lo has preguntado?—Rose seguía empapando servilletas de café.

—Es difícil…ayer me dio un beso…y fue como en el sueño.

—Bueno…todo lleva un proceso Bells. Estáis muy bien juntos, a Ed se le ve genial contigo, tanto como a ti con él. Pero estas cosas, que tienen que ir despacio, las tenéis que hablar entre los dos.

—¿Tu no se lo puedes preguntar?

—No Bells, además, con él tú no tienes secretos.

—Lo sé pero…

—Son cosas vuestras, cielo. —Me sonrió. —¿Sueñas también con nosotras? ¿Con las chicas?

Entonces comencé a contarle los sueños que esa semana habían comenzado, y ella me contó cosas que hacíamos juntas. Como con Edward la tarde de ayer, con Rose mi mente trazó imágenes que me llevaron a determinados momentos con ellas.

EDWARD POV.

Se escuchó la puerta, Bella y Rose se habían ido a tomar el café fuera de casa.

—Tu sí que quieres café ¿verdad Edward?—Reneé tan servicial siempre, asentí mirándola, noté algo de miedo en sus ojos.

Intuían seguramente lo que les iba a decir, estaba tan meditado, estaba tan decidido, que solo el pensar que me pudieran decir que no, no entraba en mis posibilidades.

—Dime hijo, cuéntame de qué quieres hablar. —Charlie habló, su mujer todavía estaba en la cocina.

—Esperamos a Reneé, quiero que lo escuchéis los dos. —Asintió.

—Solo te pido que pienses bien las cosas, no queremos que Bella salga dañada, que tú te dañes a ti mismo. — Estaba claro que ya sospechaban mis ideas.

Sirvió el café y se sentó, al lado de su marido, él le sujetó las manos.

—Charlie, Reneé. —Les miré. — Sabéis lo que os voy a pedir, y espero de verdad que después de que lo exponga, no me deis una respuesta inmediata, que lo reflexionéis, que miréis por el bienestar de Bella, que no me cabe duda que es lo primordial, y vosotros lo consideráis así.

Ambos asintieron a la vez, invitándome a continuar.

—He respetado cada una de vuestras indicaciones, a pesar de no estar de acuerdo del todo con ellas, hasta ayer mismo no le he contado el tipo de relación que teníamos, y porque ella lo preguntó, lo hubiera hecho antes, lo sabéis, pero acaté vuestras normas. Entendí que me dabais tiempo, con treinta y dos años soy consciente y consecuente siempre con las decisiones que tomo, pero bien, consideré que si me lo pedíais era por el bien de Bella. —Inspiré profundamente antes de continuar. —Quiero a Bella. No me estoy refiriendo solo a que quiera a la Bella de antes, quiero a esta Bella, la amo. Estoy seguro que ella siente una gran conexión conmigo, me da la sensación por momentos que me reconoce, con esto no quiero decir que la quiera porque crea que ella volverá a ser la de antes, con esto quiero explicar que la unión entre ambos no se ha roto, por mi parte nunca ha quebrado.

Les miré, haciendo una pausa, monitorizando sus caras, intentando averiguar por sus gestos qué era lo que pensaban al respecto, si realmente creían que todo esto seguía estando en mi, y que en ningún momento me había abandonado.

Reneé tenía los ojos llorosos, Charlie me miraba con comprensión. Ambos se apretaban las manos, apoyándose ante lo que les decía.

—Quiero estar con Bella, quiero enseñarla a vivir, a convivir con nuestro amor, quiero que esté a mi lado… A mi ya no me es suficiente las horas y los paseos, a mi me falta en mi vida, y creo que yo a ella también.

Las lágrimas de Reneé ya no se detenían, caían sin piedad sobre las manos entrelazadas del matrimonio.

—Espero que lo penséis, me gustaría que se viniera a Nueva York conmigo. He pensado que primero podría venirse a pasar unos días, una semana quizá. Y probar que tal le sienta. Creo que sería bueno que la tratáramos como la chica de 29 años que es, que intentáramos que su vida sea lo más parecida a lo que debería ser. Con el tiempo va a tener autonomía, por su evolución sabemos que la tendrá, no sabemos hasta qué punto, incluso puede que llegue a trabajar. No digo que con vosotros esté mal…solo pensadlo. Me gustaría de verdad que lo considerarais. La quiero, más que a mi vida.

—Edward…—Reneé sollozó—No dudo en absoluto de lo que me has dicho…¿pero has pensado que Bella de momento no puede estar sola?

Realmente no lo creía, Bella era muy capaz de pasar ratos sola. No se autolesionaba, y razonaba, pero estaba claro que su madre la seguía tratando como a una niña después de los meses que habían pasado.

—Las semanas que se venga de prueba no voy a trabajar, tengo vacaciones…y si ella se viniera a vivir conmigo, el primer año lo pediría de excedencia, en la clínica no habría ningún problema. Si fueran necesarios más, no dudes que lo haría Reneé.

No pensaba que realmente fuera necesario pero si Reneé necesitaba garantías de que no la iba a desamparar se las daría, y lo haría en el caso pertinente.

—Está bien Edward, déjanos pensarlo, confiamos plenamente en ti, por supuesto, pero danos unos días. —La mirada de Charlie era de entendimiento.

Capítulo 22

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