#31#

Bella miró hacia su derecha, sabía que en la zona que estaba no habría mucho problema de que la gente les viera, además de que tampoco había muchos huéspedes en el hotel. Se sonrió al llegar a la orilla, sentía que Edward estaba detrás, entonces llevando las manos a la espalda se desabrochó la parte superior del bikini. No quería volverse, estaba segura de que Edward estaba pasmado porque de repente dejó de escuchar sus pasos hacia ella. El mar estaba muy tranquilo.

Edward se quedó de piedra al ver cómo Bella salía de su parte inferior del bikini sin mirar atrás, la tenía delante completamente desnuda y metiéndose en el agua. Su dureza protestó y le sacó de su ensimismamiento. Sin pensárselo salió de su bañador y se acercó a ella por detrás, pegándose a su espalda, haciéndole notar como su miembro clamaba por ella, mientras ella se sacudía ante su tacto y su presión.

—Te he echado de menos…—Edward susurró en su oído y tras su gemido apenas audible continuó besando suavemente su cuello, lamiendo su piel y perdiéndose en su sabor.

Bella ladeó la cabeza para darle más acceso y Edward continuó con su cometido de hacerla gozar,  levantó las manos posadas en sus caderas y arrastrando deliberadamente despacio los dedos por su vientre, subió hasta sus pechos, acariciando sus pezones como si sus yemas fueran plumas. Bella se arqueó ante el sutil contacto y dejó escapar un gemido.

—Oh Dios mío tus pechos…me encantan, están tan llenos…—Comenzó  a masajearlos con sus manos acaparándolos mientras sus besos se esparcían por los hombros de la temblorosa chica. —Camina…vamos más adentro.

Siguieron caminado hasta que el agua les llegó más arriba de la cintura. Bella se dio la vuelta y se quedaron con las frentes unidas, respirando con dificultad, las manos de Bella se enredaron en su pelo y Edward acariciaba su espalda llevando sus largos dedos hasta la zona más baja para presionarse contra ella, haciéndole notar el estado en el que se encontraba.

Una risita tonta se escapó de Bella al sentir su erección, comenzaron a besarse perdiendo las lenguas en una danza ya conocida, bajó su mano hasta la dureza de Edward, sujetándola con firmeza y haciendo que él se contrajera de placer.

—Mmmm preciosa, me tienes muy mal…—Sonrió contra su boca y ella volvió a reclamar sus labios con ansias, estaba tan excitada por volver a estar en sus brazos, y por todo lo que esa noche se habían dicho, que en ese momento no existía ni mañana ni despedida.

Bella continuaba masajeando su duro miembro mientras disfrutaba  de sus manos por su espalda y sus labios ansiosos succionando de sus pezones de una manera completamente exquisita, se sentía tan poderosa en ese momento. Nadie podía hacerla sentir así, solo Edward, y lo tenía con ella, regalándole placer a todos los niveles.

—Tienes que parar Bells…—Le susurró rompiendo el beso. —No quiero terminar así, y te estás aplicando demasiado. —Ella volvió a reír tontamente y él sonrió ladino bajando su mano al vértice de sus piernas, donde ella se abrió ligeramente par darle acceso, resbaló sus dedos a lo largo de todo su sexo sintiendo lo lubricado que ya estaba.

—Oh…Edward. —Dejó caer la cabeza hacia atrás mientras rodeaba su cuello con los brazos para poder mantenerse de pies.

Los diestros dedos del chico comenzaron a torturar su clítoris despacio, la mano izquierda de él sujetaba la cabeza de Bella para mantenerla en una posición en la cual él pudiera ver cómo su cara se sumía en el placer que le estaba provocando, ver cómo ella se mordía el labio inferior para evitar gemir le llevaba al extremo absoluto del placer.

Despacio y gozando de su entrecortada respiración metió dos de su dedos en el interior, mientras no cesaba de martirizar su hinchado clítoris con el pulgar. Bella se retorcía y empujaba contra su mano, él dobló sus dedos tocando esa zona rugosa que sabía que la catapultaría al borde del precipicio, y así fue, ella abrió los ojos para encontrarse con el deseo tatuado en los verdes de su compañero y se contrajo, él paró y le sonrió.

—Sigue por favor. —Suplicó en un suspiro.

—No cierres los ojos. —La escasa luz de las velas y antorchas de su picnic iluminaban tenuemente a la pareja, y Edward quería perderse en la lujuria que esos ojos desprendían ante su toque.

Comenzó de nuevo los movimientos en su interior y se regodeó en la cara de su chica, la boca entreabierta, la mueca de contención, los ojos brillantes…La presión en sus dedos y su dificultosa respiración le dijo que ya la tenía.

A Bella no le dio tiempo a soltar un gemido; completamente derretida y prácticamente partida en dos, por el placer que comenzó a recorrerla como un misil por todo el cuerpo ,Edward se apoderó de forma voraz de su boca, ahogando todos los sonidos que podía desprender su cuerpo mientras el orgasmo devastaba sus entrañas a su paso.

Bella se agarró a su pelo y tiró de él suavemente, haciéndole ver la intensidad de su éxtasis, y Edward pensó que se iría con ella. Tembló contra su cuerpo, se abrazó a su hombre, anudó sus piernas a la cintura de él y de forma sutil, la masculinidad de Edward entró en su interior, llenándola por completo y haciendo a los dos jadear en el contacto.

—Este es mi lugar favorito en el mundo. —Edward se pronunció en un murmullo haciéndole sonreír.

—Con todo lo que viajas…—Trató de bromear, y él sujetó su trasero para volver a salir y a entrar, esta vez con más ímpetu.

—Solo yo tengo visado para este sitio…—Le dijo taimado en su empuje.

—Ah…—Bella se mordió el labio de nuevo mientras el declaraba el lugar como propio, con otra embestida más.

La flotabilidad del agua le daba vía libre para tenerla en esa postura, sujetándola por la cintura y la espalda, se hundía en ella una y otra vez disfrutando de cada deslizamiento en su interior.

Los gemidos de ambos comenzaron a ser más audibles, Bella trató de contenerlos apoderándose con la boca del hombro de Edward, sintió cómo en su bajo vientre comenzaba a apretarse cada vez más el deseo puro y sabía que el nudo estaba por deshacerse súbitamente.

—Oh…Edward…. —Jadeó contra su piel, apretando los ojos sabedora de que estaba en la cúspide, a décimas de caer sin remedio.

Edward sintió cómo su interior comenzó a temblar y no pudo prolongar más esa agonía deliciosa en la que estaba sumido, estallando en su interior, sintiendo cómo sus músculos se tensaban a una para provocarle un orgasmo fiero, que le hizo aguantar la respiración.

Bella ronroneó en su oído mientras besaba lánguidamente su cuello.

—Mmmm…solo espero que no nos haya visto nadie. —Edward jadeó con el toque de los suaves  labios en su garganta.

—No es momento para pensar en eso. —Bella ahogó una carcajada. —A buenas horas…

—Ya me di cuenta que eres una exhibicionista. — Acarició con sus palmas la espalda de Bella que segúia enroscada en su cuerpo.

—Antes de conocerte no era así. —Puso su cara a la altura de la de Edward y le lamió los labios despacio, sintiendo cada milímetro de su palpitante piel en ese lugar. Edward se dejó hacer disfrutando de su dulce tacto.

—¿Te parece si nos vamos a la habitación?—Le preguntó en un susurro.

—Si…estoy agotada. — Y deshizo el nudo de sus piernas alrededor de las caderas de Edward, haciendo que él saliera de su interior, provocando en ambos una sensación de vacío.

Cuando Bella tocó el suelo, Edward le cogió en brazos de nuevo.

—Puedo andar. —Le dijo riendo.

—Y yo no quiero dejar de sentir tu piel, preciosa. —Le besó el pelo y salió con ella en brazos del agua.

Edward estaba sentado en la cama observando a Bella inmersa en su profundo sueño. Miró hacia la puerta donde el petate y las cámaras esperaban para partir. Con el pulgar acarició su mejilla, rosada, suave,…se sonrió en el tacto. La iba a echar de menos más que nunca, la distancia iba a ser más dura esta vez. Notaba su corazón golpearle el pecho ante la inminente despedida.

Tenía que despertarle, se lo había hecho prometer varias veces, una de ellas de una manera demasiado intensa, se sonrió de nuevo y se estremeció recordándola.

—Bella…—Susurró en su oído y continuó besando su cara y perdiéndose en su dulce aroma.

Le parecía tan increíble la situación de correspondencia en la que se encontraba con ella. Volvió a besarla hundiendo la nariz en su cuello. Se puso completamente encima de ella, apoyado sobre sus rodillas y brazos.

—Hmmm…—Bella comenzó a despertarse.

—Pequeña…—Le susurró de nuevo y besó la esquina de sus labios. Con el pulgar acariciaba su sien, apartando el pelo de la zona.

—No…—Bella se dio cuenta de lo que estaba pasando y las ganas de llorar anegaron su corazón—no…—abrió los ojos y se revolvió bajo Edward quedando de frente.

Edward bajó su cara y unió su nariz a la de su chica, la acarició suave, besó sus labios que ahora hacían un puchero.

—Lo sé…—Le dijo contra su boca, la cual volvió a besar para dejar un reguero de besos por su mandíbula hasta llegar a su cuello.

Bella se abrazó a él hundiéndose en su olor, queriendo mantenerlo hasta mucho después de que se fuera. Inspiró profundo y las lágrimas hicieron acto de presencia, ya no las podía retener.

—No llores preciosa. —Edward en su abrazo la sintió temblar. No sabía que más decirle, era un mes, y eso siempre es mucho tiempo. Se odió por haber aceptado el proyecto, aunque era algo importante para su trabajo, en ese momento solo quería estar con ella.

—No quiero que esto pase…—Susurró contra su cuello.

Edward se sentó sobre la cama arrastrándola con él y acomodándola en su regazo. Fuera, las luces rosadas del amanecer comenzaban a teñir el cielo.

—Tiene que ser Bells. —Le sonrió con los labios, no así con los ojos, ella sabía que para él estaba resultando tan duro como para ella.

—¿Me vas a echar de menos?—Le dijo mimosa en un susurro casi infantil.

Edward le miró sonriendo por su tonta pregunta. ¿Cómo no hacerlo?, si ahora había algo seguro era que echarla de menos no caería en saco roto, estaba convencido que la intensidad de ese sentimiento era comparable al que ella tendría por él.

—¿Acaso lo dudas pequeña?—Besó su nariz y ella volvió a ahogarse en el llanto. Edward la abrazó y la acunó mientras besaba su pelo. —No me hagas esto por favor…—Suplicó inspirando profundamente. —No lo puedo soportar…

—Lo siento…—Bella se apartó de él y trató de sonreírle, conocedora de que era duro para ambos. — ¿Te vas ya?, ¿ya de ya?—Le preguntó con los ojos abiertos de par en par.

—¿Ya de ya?—Edward frunció el ceño y sonrió.

—ME refiero a si ya te están esperando. —Edward asintió  y Bella notó el azote interno.

—En diez minutos sale el pick up, me lleva Ismael, quiere ir a por pescado y no puedo retrasarme. —Rodó los ojos. —Ya lo conoces tú mejor que yo.

Bella se alzó en su regazo para alcanzar sus labios, si le quedaban tres minutos con él, quería pasarlos perdida en su sabor. El beso comenzó lento, ambos se iban deleitando en sus aromas, enredando las lenguas despacio, disfrutando de cada pequeño movimiento. Bella anudó sus dedos entre su pelo arrastrando las uñas por su cuero cabelludo, Edward acarició su espalda desnuda con la mano que sujetaba su pequeño cuerpo entre sus brazos, mientras la otra mano masajeaba con entusiasmo su trasero. Bella ahogó un gemido en su boca cuando él pasó con su mano por la parte posterior de la unión de sus muslos. Que ese hombre la tocara le encendía daba igual la situación. Edward taimado pensó en que quería llevarse un mejor recuerdo de Bella que sus lágrimas, y de manera sinuosa colocó su traviesa mano entre sus piernas.

—Edward…—Bella se sobresaltó y rompió el beso.

—Shhhh…— Le besó con fervor y comenzó a jugar con sus dedos en su sexo, complacido de encontrarlo lubricado. Le acarició suavemente su entrada introduciendo solo la punta de uno de sus dedos, Bella de manera casi involuntaria abrió sus piernas para darle más espacio y él no dudó en aprovecharlo , acariciando suavemente todo su sexo, esparciendo sus jugos, y sintiéndose excitado por la calidez y fogosidad de Bella.

—OH…Edward…—Ella ya estaba perdida en sus caricias y su respiración era completamente errática.

—Si preciosa. —Susurró contra su cuello lamiéndolo y besándolo con fruición mientras no cesaba en sus caricias notando como a cada instante ella estaba más empapada. Deslizó un dedo en su interior observando cómo ella se estremecía y en el segundo bombeo lo acompañó con otro más.

Bella comenzó a retorcerse y Edward, en un movimiento rápido, la tumbó en la cama sin dejar de tocarla, colocó su cabeza entre las piernas de Bella e inició la tortura con su lengua. Ella dejó escapar un grito de sorpresa y excitación. Sujetó la cabeza entre sus piernas haciendo que las lamidas contra su sexo no cesaran.

—¡Ed!—Bella gritó y se convulsionó derramándose en su boca mientras él seguía lamiendo y embistiendo con sus dedos. — Si…. —Se dejó caer entre las suaves y poderosas sensaciones del orgasmo.

Edward besó su sexo y lo lamió despacio una vez que ella estaba en calma, depositó besos en el interior de sus muslos para colocase sobre ella manteniéndose sobre sus brazos y rodillas.

Bella exhausta sujetó su cabeza para besarle profundamente, saboreando su propio sabor en su boca.

—Te recibiré de la misma manera que tú te has despedido. —Susurró contra sus labios.

—Duerme preciosa, descansa que es muy temprano. —Un lánguida sonrisa quedó en la cara de Bella mientras el besaba su frente y se retiraba con pesar y una erección de mil demonios entre las piernas.

Salió de la cabaña y su pantalón le molestaba en la entrepierna, se sonrió, a pesar de la sensación tensa de su masculinidad. No tenía tiempo de más, y aún así estaba seguro que Ismael protestaría por el retraso. Era una forma de recordar lo que había pasado, y le gustó la idea de que ella quedara agotada para que pudiera dormir.

—¿Quien me iba a decir que llegaría solo a querer la liberación de una mujer sin buscar la mía?—Se habló en voz alta mientras llegaba a recepción, donde el enorme Ismael le esperaba con el ceño fruncido.

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