Capítulo 37

29 Agosto

Bella POV.

—Como este año no se han ido los chicos a su travesía en moto, y hacíamos el año juntos, nos fuimos ese fin de semana a la playa.

Me quedé pensando en lo que Alice estaba diciendo, me resultaba extraño y difícil hacerme a la idea de que hiciéramos cosas hacía un año.

Edward me contó que nos conocimos en la playa, en Agosto del año pasado, al igual que las chicas, que en seguida se hicieron parejas. Cuando hablábamos de ello las imágenes se me formaban en la cabeza, pero no eran más que eso, imágenes. Era incapaz de ponerles un sonido, una sensación, un aroma, por ello me era complicado pensar en esas situaciones anteriores.

Edward también me contó que solían irse los chicos en verano con las motos, y por lo que Alice acababa de decir, este año no hubo salida. Me negué a saber cosas de Edward durante este mes, entonces, esas pequeñas perlitas que se les escapaban con información, las reclutaba haciéndome mis propios esquemas.

En el fondo me moría por volver a verlo, si eso significaba que podíamos estar como antes, y después de lo que me contaron las chicas, que ellas le creían, veía que eso podía ser factible. Lo que no soportaría sería verlo con otra, más en concreto con ELLA. No estoy segura de que mi corazón lo soportara.

Mientras mi mente vagaba, Ángela salió del probador. Estaba preciosa, era un vestido sencillo, palabra de honor en blanco roto, corte imperio, y un broche de plata bajo el pecho.

—¡Ang!, ¡Jacob se va a caer de culo en cuanto te vea!—Rose exclamó.

Las tres con la mano en la boca y los ojos como platos no podíamos dejar de mirarla. Ella dio un par de vueltas sobre sí misma, haciendo que las capas del vestido se inflaran ligeramente. Radiante, la sonrisa no se le quitaba de la cara.

30 Agosto

Estaba literalmente destrozada, desde la mañana no habíamos parado más que para comer, y mi visita mensual no ayudaba.

Por fin teníamos los vestidos, los zapatos, los tocados…me di cuenta, tarde, que esto de ir de tiendas no me apasionaba tanto como a mis amigas.

Yo me quedé con el segundo vestido que me había gustado, mientras que Alice y Rose se probaron alrededor de… ¿doce, dieciséis?…perdí la cuenta.

Después de comer seguimos con la lencería, yo les explicaba una y otra vez que no era necesario, no era como si yo no tuviera bragas o sujetadores. Se pusieron, de verdad, muy pesadas.

—Que bien que tú lo tienes todo ¿no?—Miré Ángela que se reía sin parar ante mis sonrojos cada vez que me enseñaban una prenda.

—Ya va siendo hora de que conozcas cómo se desenvuelven estas depredadoras de moda. —Y rodando los ojos me entregó un conjunto. —Esto me lo ha dado Rose para ti.

—¡¡Es el último que me pruebo!! Y me voy a tomar algo que me muero de sed. —Volví a escuchar la risa de Ángela.

Llevé a cabo mi amenaza, me compré el último conjunto, y con Ángela nos fuimos a tomar un granizado, además de una botella de agua que me tragué de golpe.

—Hola Emmet cariño, si, vamos para casa, estamos agotadas. Llevaremos helado que Alice está misteriosamente de antojo. —Rose movió las cejas de forma sugerente y Alice le sacó la lengua. — Hasta ahora corazón.

Llegamos a la puerta de la casa de Rose, yo tenía una necesidad imperiosa de ir al baño.

Cruzando las piernas con fuerza esperé en la puerta del portal, con las manos llenas de bolsas.

—Chicas por favor, no puedo más. —Les apremié.

—Nosotras vamos a por helado. —Alice se llevó a Ángela del brazo, a la cual habían cargado de bolsas aunque no hubiera comprado nada.

—Apura Rose…—Le supliqué.

—Ya va, ya va. —Me miró sonriendo mientras sacaba las llaves del bolso.

—¡¡Vamos!!¿Acaso no está Em arriba?, ¡¡Toca el timbre por favor!!— Estaba a punto de perder los nervios, le estaba diciendo que no aguantaba más, y estaba con una parsimonia pasmosa.

—15 H. —Me dijo mientras seguía buscando en su enorme bolso.

Sin pensarlo toqué, el portero tenía cámara, así que ni siquiera contestaron, abrieron la puerta. Entré como una exhalación. Llamé al ascensor y en seguida abrió sus puertas. Rosalie no entraba y asomé la cabeza.¡¡Estaba mirando el buzón!!

—¡Rose!—Casi grité. —¡Yo subo YA!—Toque el piso 15 y me centré en aguantar mis ganas.

Solo pensaba en que no llegaba. ¿Cómo era posible que hubiera bebido tanta cantidad de líquido?

Me planté en la puerta y llamé, tocando varias veces el timbre.

—Por favor por favor por favor…—Susurraba mientras miraba la cerradura de la puerta como si me ayudara en mi situación.

Por fin la puerta se abrió. Y tragué saliva olvidándome por unos segundos de mi cometido ante tanta prisa. Edward estaba allí plantado, guapísimo, mirándome fijamente.

—Hola Bella. —Cuanto había echado de menos esa voz, pero entonces mis necesidades fisiológicas me dieron un toque mental.

—¡No puedo más!—Le aparté y corrí hacia el baño cerrando la puerta y por fin llegando a mi objetivo.

Me estaba lavando las manos, y me di cuenta de lo que pasaba. Edward estaba en casa de Rosalie. ¿Por qué Emmet no le dijo nada a Rose? ¿Acaso acababa de llegar? ¿No era esto lo que yo en el fondo quería?, verle…quería verle.

Pero… ¿Qué le diría yo? ¿Me va a pedir disculpas? ¿Y si no lo hace y me dice que está con Chloé?

Bueno, las chicas estaban al llegar, no podían tardar mucho, y Emmet estaba también en casa. En cuanto volviera a escuchar la puerta saldría, con todos sería más fácil. Notaba mi cara arder y mi corazón golpearme el pecho con fuerza, era posible que saliera disparado.

Edward POV.

La cara de desesperación que Bella tenía por la cámara del portero automático me asustó un poco. Cuando en la puerta la vi sola, pensé que el plan estaba saliendo perfecto. Desde que había recibido la llamada de Rose mis pulsaciones habían aumentado notoriamente.

Sólo deseaba que me escuchara, y por supuesto que me creyera. Las chicas me habían dicho que no habían insistido mucho con ella, que simplemente le habían dejado claro que ellas me habían creído completamente. ¿Sería esto suficiente?

Estaba como un crío. Era increíble cómo Bella podía hacerme entrar en este estado de inseguridad ante su rechazo, siempre había sido un hombre seguro y tajante en mis relaciones anteriores, si es que se les podía llamar así. Claro, ninguna era como Bella, y con ninguna sentía lo que con ella.

Llevaba por lo menos quince minutos encerrada en el baño, y yo estaba a punto de hacer un surco en el suelo del salón. Me aproximé a la puerta, no se escuchaba nada.

—¿Bella?—Llamé suavemente.

—¿Si?—Contestó débil.

—¿Estás bien?— Pregunté más firme, el escucharla me inundó de tranquilidad.

—Si. —Su respuesta escueta me indicaba que lo que no quería, era salir, simplemente estaba haciendo tiempo.

—No vas a salir ¿verdad?—Me sentía un estúpido. Habíamos planeado esto para que Bella y yo nos pudiéramos encontrar, y aquí estaba, hablando con la puerta del baño.

—No. — Vale, esto no iba bien.

—Me gustaría hablar contigo…

Silencio.

Si no me abría se lo contaría a través de la puerta, mis nervios no daban para más.

—El día que…—Que duro era mencionarlo, solo saber que le había hecho tanto daño sacaba la fiera que me hacía ir a buscar a Chloé y…— …que viniste a casa a darme la sorpresa…—No , no podía empezar así,¡¡por favor Edward!!, ¿Cuántos años tienes?. Patético.

Bien, respira Edward, respira y tranquilízate. Ella no va a irse, es lo bueno de que esté encerrada en el baño. Me reí ante lo absurdo de la situación.

—Bella, entre Chloé y yo no pasó nada. Sé que te es complicado entenderlo cuando la encontraste en mi casa…así…—pasé mis dedos por el pelo, tirando de él con fuerza, miraba la puerta de frente. — La noche anterior fue la fiesta de la Clínica y bebí muchísimo, Phil y ELLA me trajeron a casa, inconsciente Bella. —Estaba gesticulando a una puerta de madera. —Por favor ¿puedes salir un momento?, me siento un estúpido hablando así a la puerta…luego si quieres te puedes volver a meter. —Supliqué.

Esperé. Escuché el cerrojo de la puerta, y de forma lenta empezó a abrirse. Me quedé cerca de esta, lo suficiente para ver cómo Bella se asomaba primero, y luego se abría paso a través de ella. Me retiré, para no invadir su espacio, no porque no me muriera de ganas de abrazarla, después de un mes sin verla.

No levantó la vista de los pies, y se quedó pegada a la puerta, agarrándose al pomo.

—No pasó nada Bella, cuando me la encontré en mi casa al despertar, la eché. —Comencé la explicación sin dar lugar a más malos entendidos. — Tienes que creerme, Chloé no es nadie, ni lo ha sido, ni lo será. Phil me dijo que era imposible que pasara nada, él me dejó metido en la cama tan ebrio que yo ni siquiera me enteré de nada, hasta que la tarde siguiente me desperté. Ella quería intentar algo, que no…estaba a su alcance…— Vi cómo a través de su pelo me miraba de vez en cuando, y una ligera sonrisa se iba formando en sus labios. Comencé a respirar llenando en serio los pulmones, por fin. —…y nunca lo estará, porque estoy enamorado de ti, y es imposible que nadie más entre ni en mi corazón, ni en mi cabeza, ni en mi vida, nadie que no seas tú…Bells.

—¿Por qué estaba solo con tu camisa puesta?— Me miró de frente, no estaba enfadada.

Respiré profundamente.

—A ver, supongo que sus planes sí que eran acostarse conmigo, aprovechando que estaba bebido. Simplemente actuó como si hubiera pasado, todo mientras yo dormía. No sé qué demonios le pasa a esa chica, pensaba que le había quedado claro que yo estaba contigo, y que ella no tenía entrada en mi vida. —Negué, esperando que por favor ella reaccionara bien, que me permitiera abrazarla de una vez . Miró al suelo.

—No se…las chicas te creen…—Enfocó sus orbes chocolate en los míos. — ¿En serio Edward? ¿De verdad que no pasó nada? ¿En ningún momento deseaste hacer nada con ella?

—No Bella, solo quiero estar contigo…—Le cogí la mano en un gesto descuidado. — Te lo juro por mi vida.

—Tú y yo sólo nos besamos, quizá eches de menos algo más que yo no te he dado…— Con el rostro arrebolado volvió a agachar la cabeza.

—Sí que me lo has dado Bella, tú me das todo con tu presencia…—Traté de quitar importancia a lo que ella trataba de referirse.

—Ya pero no nos hemos acostado…ni nada…—Con su mirada inocente, tras sus mejillas magentas, así me hablaba, decidida. Como si este tiempo sin ella hubiera crecido más.

—Todo lleva un proceso, y nuestra relación también, cuando llegue el momento se dará. Pero no porque no pase, lo voy a buscar fuera, nunca, porque no quiero hacerlo con nadie más que contigo.

—¿Sabes que te quiero y que he tenido que obligarme a dejar de pensar en ti porque me dolía aquí?—Se señaló el corazón mirándome directamente, escondiendo una tímida sonrisa.

Tiré con suavidad de su mano, para ver si era factible recibir y darle ese abrazo que me moría por sentir, y más después de la declaración que había hecho. No se resistió, se dejó arrastrar por inercia sobre mi pecho, rodeando mi cuerpo con sus brazos, mientras yo inspiraba su aroma de nuevo, sentía con cada célula de mi cuerpo su cercanía y contacto. En mi atormentada mente volvió a lucir el sol.

Nos pasamos un rato largo así, solo sintiéndonos, sus manos palpaban mi espalda, y se sentía delicioso. Mis manos paseaban por su homóloga, y le estrechaba con mis brazos. Besaba su pelo, y sonreía para mí, era feliz, por fin pasó ese mes de calvario, ese mes de ausencia. No quería mas distancia, ni dar lugar a malos entendidos.

Lo de Chloé estaba solucionado, esta era la última puntada para deshacer el desaguisado que había preparado. Cuando se pasó quince días sin aparecer por la Clínica sin avisar, ni dar motivo, se tramitó su despido.

—Estás durmiendo en casa de Ángela ¿verdad?—Asintió. —Te…¿Te apetece venir a dormir a la mía…esta noche?—Sólo esperaba no resultar osado con mi propuesta, y para que engañarme, deseaba con todo mi ser estar con Bella y no despegarme de ella. Sabía que al día siguiente ella volvería a Taunton, y quería pasar con ella todo el tiempo posible, rescatar de alguna manera el tiempo perdido.

Me miró y sonrió, sin perder el contacto de nuestros cuerpos.

—Claro…—la duda se filtró en sus ojos—…pero las chicas…

—Las chicas y yo habíamos planeado este encuentro Bella. —Se sorprendió, era tan inocente.

—Por eso no subieron ellas…—Y empezó a reír. —He estado a punto de matar a Rose por demorarse tanto en los buzones…Por momentos pensé que me haría pis encima.

—Entonces es cierto, ibas al baño. — En un primer momento pensé que al verme se encerró en el baño sin más.

—Las niñas me agotan con sus compras, y cuando he parado con Ángela no sé cuanto he bebido, estaba seca. ¿Ellas no van a subir?

—No hasta que no les haga una llamada, para contarles si ha salido bien o no…—Le miré sonriendo, pícaro, sabiendo que todo estaba bien, que no había dudas.

—Pues llámales, deben de estar terminándose el helado del que tienen antojo. —Se separó de mí pero su mano seguía sujetando la mía, la miró. — No quiero soltarte.

—No lo hagas. —Tiré de ella y fuimos al salón donde cogí el móvil y llamé a Rose.

Cenamos en la terraza, a la luz de las velas, compramos comida hecha en el restaurante favorito de Bella, y nos pasamos el rato charlando. Le había echado de menos más de lo que creía, verla hablar y gesticular, contándome cómo le iba en la Clínica, estaba embelesado. Se le notaba más madura, autosuficiente, y estaba preciosa, quizá eso hiciera que todavía me atrajera más.

—Y entonces el día que Mike trajo a sus tortugas para que Martin les hiciera la segunda revisión, me dijo que si me lo había pensado, que si quería ir con él al cine, o a tomar un café. —Frunció la nariz en un claro gesto de desagrado.

—¿Y bien?—Pregunté curioso, sin poder evitar una ligera punzada de celos en mi interior, al darme cuenta que ese mes separados podría haber acabado con todo lo nuestro.

—Qué crees. —Se rió alto. —Le dije que no, no me gusta en absoluto, supongo que después de haber estado contigo no podía compararte con otros. —Y en un gesto despreocupado posó su mano sobre mi pierna. —Ni siquiera aunque pensara que estabas con…esa—Susurró. Se quedó mirando su mano acariciando suave mi muslo sobre el vaquero.

Acaricié con mis yemas el dorso de su mano, y levantó la mirada para estancarse en mis ojos. Me acerqué lentamente a ella, noté cómo sus mejillas se encendían. Con mi otra mano le acaricié el mentón, aproximando un poco más sus labios a los míos.

—Todavía no nos hemos besado…—Susurré contra su boca, y ella cortó la distancia que nos separaba.

Comenzó rozando mis labios, suave, sin abrir la boca, le sentía inspirar profundo, y yo con ella. Vi cómo cerraba sus ojos y lamió su labio inferior, me dejé llevar, cerré los ojos y con la punta de mi lengua acaricié allí donde ella lo había hecho. Entreabrió la boca y me permitió profundizar el beso. Mi cuerpo comenzó a reaccionar ante la urgencia del momento.

Percibí cómo su mano se enredaba en mi pelo, y en un momento se sentó a horcajadas sobre mí. Me hizo falta poco para excitarme con Bella en esa posición. Sus movimientos sobre mí, el beso demandante, mis manos bajo su camiseta rozando su sujetador. Cuando pasé mis dedos cautos por encima de sus pezones y me di cuenta que estaban erectos ahogué un jadeo, algo que ella no pudo evitar ante mi contacto, y eso me pudo, sentí mi miembro crecer dentro de mi pantalón clamando por salir.

Noté cómo con su sexo se apretó contra el mío buscando ese roce exquisito en ese punto que pedía por más. No pude evitarlo, y la tumbé sobre el sillón, me puse sobre ella, entre sus piernas, la miré, sus ojos estaban chispeantes, y los labios rojos me llamaban sin hablar.

Volvimos a enzarzarnos en esa pelea de besos, combinados con roces, mis manos viajaron bajo su sujetador, ahora sin cautela, y rocé el cielo, sentí mi espina dorsal electrizarse cada vez más, volvió a gemir, dejando caer mi nombre entre tan incitante sonido. Creí volverme loco, tuve que contenerme, no podía convertirlo en el sexo salvaje que luchaba por salir de mí. Tanto tiempo reprimiendo estas ansias de estar así con Bella, podían pasarme factura, y sobre todo, a ella.

Deslicé mis labios por su mentón, para llegar a su cuello, y lamer el camino que se dirigía hasta el lóbulo de su oreja, sabía que eso le encantaba, y le sentí estremecerse a la vez que su cadera hizo un movimiento ascendente, buscando más fricción. Entonces no reprimí el jadeo, salió presto para llenar sus oídos y sentir su mano más firme sobre mi pelo.

Mi mano bajó por su abdomen rozando cada centímetro de piel, recreándome en su tacto hasta llegar a la cintura del pantalón, queriendo ir despacio volví a recorrer el camino de vuelta, quedándome anclado en su pecho, el cual estaba al descubierto porque el sujetador estaba por encima, rocé con mi pulgar su excitado pezón, y sonreí para mí al percibir su reacción de goce. Mi Bella, mi pequeño volcán, sintiendo de nuevo todo aquello que nos hacía gozar tanto, mi corazón golpeó fuerte el pecho. Entonces mientras volví a sus labios mi mano se aventuró a bajar al sur, desaté su pantalón, despacio, mientras la besaba y la notaba abandonada al placer de nuestras bocas, mi mano entró pausadamente para acariciarla por encima de sus braguitas, aprecié su calor…

—¡Para!—Cortó el beso de repente. La sentí tensarse, sus piernas se cerraron quedándose rígida.

Maldije mi osadía y mis prisas, seguro que aunque traté de ir lentamente, mis ganas echaron al traste las intenciones.

—¿Estás bien?—Le pregunté quedándome recostado sobre un lado para no pesarle.

—Si…no…no—Se incorporó y comenzó abajarse la camiseta y a mirarse el pantalón abierto.

—Lo siento Bella, lo siento. —Me sentí un imbécil.

Ambos nos sentamos en el sillón, yo pasaba una y otra vez las manos por mi pelo.

—Es…—Comenzó a titubear, no me había mirado ni una sola vez. —…yo…no puedo.

—Perdona, Bella, he ido muy deprisa quizá, ¿estás bien?, lo siento. —Ni siquiera sabía qué decir, ni qué hacer. Había sido un imprudente, pero ella parecía dispuesta.

—Es que estoy…—Y de repente me miró sonrojada hasta la extenuación, con las pupilas dilatadas. — Estoy con la regla Edward…—y volvió a mirar al suelo.

El alivio sustituyó la culpa al instante, bien, no habían sido las prisa, ¡¡había sido la maldita menstruación lo que nos había cortado el momento!! Una sonrisa pujaba por salir de mí, la reprimí tanto como pude, aunque supongo que la cara de desahogo dejó que se escapara.

—No pasa nada pequeña. —La abracé y ella se dejó caer sobre mi pecho. Nos recostamos en el sillón y acaricié su cabeza de forma suave.

Por un momento pensé que la había fastidiado, que ella no iba a querer acostarse conmigo, que me había pasado, vamos, no me voy a engañar, un miedo atroz recorrió mi cuerpo. Imaginarme que pudiera repudiarme por un momento de debilidad…Bien, con ella entre mis brazos y sabiendo que el motivo no fue su miedo me hacía estar feliz.

—Yo si quiero hacerlo Edward…pero esto…así no…—Dijo en un tono muy bajo.

—Tenemos tiempo de sobra Bella. —Besé su cabeza.

Capítulo 38