#38#

Bella caminaba por la orilla de la playa, acariciaba de vez en cuando su panza y hablaba mentalmente con su madre. Por estas razones sonreía sin parar, aunque de vez en cuando sentir que Reneé no estaba con ella hacía que la nostalgia alcanzara ligeramente su sonrisa.

Sonó el teléfono que llevaba en uno de los enormes bolsillos de su vaporoso vestido.

—¿Si?

—Buenos días, preciosa.

—Ed…

—¿Cómo te encuentras hoy?

—Bien cielo, estoy paseando por la playa.

—Me encanta que te tomes momentos para ti, no todo es trabajar, a demás para eso eres la jefa. —Le regañó.

—Tengo que dar ejemplo. —Le dijo riendo.

—Te llamo para decirte que hoy tampoco iré a comer. —Bella hizo un puchero inmediato. — en serio que me encantaría, lo sabes, y más estos días que …. —Bella frunció el ceño.

—No importa Ed, nos veremos a la noche. —No quería ponerse a discutir sobre lo que él quería saber y ella no le contaba, llevaban una semana con un ambiente enrarecido, en cuanto él le preguntaba por sus preocupaciones, la situación entre ellos se afeaba.

—Sabes que os quiero.

—Y tu sabes que nosotras a ti también. —Todavía no sabían el sexo, el bebé se había negado a enseñarse.

—Te veo esta noche. —Edward también notaba cuando ella no quería continuar con el tema.

Estaba verdaderamente preocupado, y convencido con que tenía que ver con su viaje a Nueva York. Habían hablado de su familia, y de que ellos querrán conocerla, pero aún así, aunque ella parecía que se quedara conforme con sus argumentos, había algo que no se borraba de su mirada, una tensión que no conseguía quitar.

Se despidieron lanzando un beso al auricular y colgaron.

—Otro día completo sin papá—Habló hacia su barriga.

Pasó parte de la mañana en una hamaca bajo la sombrilla, sola, Alice se había ausentado una semana por su trabajo a distancia, y los chicos estaban todos ocupados, pero no le importaba, podía convivir con su soledad, la cual no era tanta porque realmente disfrutaba de sus ratos a solas con el bebé, excepto cuando James incordiaba su mente.

El teléfono volvió a sonar y Bella descolgó pensando que volvería a ser Edward.

—¿Hola?

—Hola Belly. —La voz de James hizo que la sangre comenzara a bombearle deprisa por todo el cuerpo, sintiendo la sien palpitar.

No esperaba que volviera a llamar y cada día se planteaba si era buen momento para intentar ponerse en contacto con él, finalmente se lo había puesto fácil.

—James…—Le tembló la voz.

—Perdóname por la última llamada. —Pero su voz no mostraba  arrepentimiento, más bien parecía autoritaria.

El cerebro de Bella comenzó a procesar lo que estaba pasando y de repente la luz iluminó sus pensamientos.

—Ahora me pillas en mal momento. —Trató de ocultar su nerviosismo y poner una voz dulce. — Me gustaría hablar contigo, pero de manera más privada. ¿Me das diez minutos y te llamo?— Contuvo la respiración esperando que él cayera en la trampa.

—¿En serio ahora quieres hablar conmigo?—La incredulidad fue la constante de su pregunta.

—O escuchar que es lo que tú me tienes que decir. —Dijo con voz melosa.

—Vaya…no lo esperaba. Te llamo en diez minutos. —Colgó ansioso y Bella inspiró profundamente, el corazón latía desbocado, se puso la mano en el pecho e hizo varias respiraciones profundas para tranquilizarse.

—Bien Bella, el papel de tu vida cielo. —Se dijo a sí misma y se levantó de la hamaca  para dirigirse a la recepción.

Habían paso semanas desde la llamada de James y Jasper llegó al despacho de Bella con un cd en la mano.

—Aquí lo tienes, pero te voy a dar un consejo, que te va a sonar casi a orden, pero me tienes preocupado. Díselo a Edward, háblale de todo, ahora ya tienes pruebas y necesitas un apoyo en esto. No te hagas la súper héroe. Por favor. —El rostro de Jasper se endureció con sus palabras.

—Das miedo Jazz. —Le dijo encogiéndose en la silla.

—Bella, esto no es ninguna tontería. No puedes ir a casa de sus padres a los que vas a conocer y soltar la bomba, necesitas a Edward contigo.

—Se enfadará cuando se lo diga. —Se excusó.

—¿Y qué crees que hará cuando se entere a la vez que los demás? Tienes que confiar en él, y demostrarle que lo haces. Ya se va a enfadar cuando sepa que no ha estado en esto desde el principio. —Dejó la caja de plástico en la mesa.

—Ya…—Bella la miró. — Lo haré.

—En seis días os vais a Nueva York, mejor pronto que tarde Bells. —Le volvió a advertir.

—Que si…—Dijo en tono cansado.

—Pues eso. —Bella rodó los ojos y Jasper salió visiblemente afectado, del despacho.

Bella caminaba de un lado a otro de la cabaña, como si fuera un león enjaulado. Edward tenía que estar al caer, Alice le había llamado hacía dos minutos diciéndole que él y Jacob habían llegado al complejo. El hormigueo en su trasero le indicaba cuan nerviosa estaba. Respiraba profundamente, coma Jacob le había enseñado para encontrar la calma, pero su mente no le dejaba desconectar.

La puerta se abrió y Edward sonriente entró en la cabaña.

—¿Cómo está mi preciosa chica?—Se encontró a Bella en medio de la estancia y vio en la mesa de la terraza una cena preparada. —Me han dicho que cenábamos en la intimidad esta noche. —Se acercó a ella con intenciones de besarla hasta hacerle perder la coherencia, pero los marrones ojos de Bella le frenaron en seco. —¿Estás bien? ¿Pasa algo?—Edward cogió sus manos con ternura.

—Ed…—Susurró ella  y se acercó a su cuerpo para sentir su abrazo.

—Bells…—el corazón de Edward comenzó una carrera nerviosa, no sabía que pensar de todo esto. — ¿Qué pasa?

—Tengo que hablar contigo. —Edward abrió los ojos en toda su capacidad, era consciente que esas palabras nunca eran buenas en una relación, él las había pronunciado muchas veces cuando las chicas de una noche querían convertirse en como poco, de temporada.

—¿Me tengo que asustar? ¿Tú y yo estamos mal?—Le preguntó dudoso.

—No, tú y yo, estamos bien. Te quiero, te sigo amando y quiero seguir estando contigo. —El miedo que Bella atesoraba en su estómago comenzó  a perfundirse por todo su cuerpo.

Edward respiró liberado y la llevó a la cama, para que se sentara. Él se arrodilló entre sus piernas.

—Dime entonces.

—James me llamó hace unas semanas. —El rostro de Edward se tensó, sus labios formaron una línea, su mandíbula se apretó, y su mirada se volvió fría.

—¿Por qué no me dijiste nada?—Le preguntó en un duro tono monocorde.

Bella estaba viendo una expresión que solo había visto una vez, el día que le pegó un puñetazo al susodicho.

—Estaba borracho y me dijo que me seguía queriendo, que volviera con él…—Bajó la mirada y se centró en las manos que sujetaban las suyas, pero de repente estas dejaron de tenerla.

Edward se levantó y comenzó a caminar nervioso, peinando con los dedos su incontrolable pelo.

—No entiendo por qué no me dijiste nada.

—No tenía pruebas de ello, y no quería preocuparte. —Se volvió hacia ella, que le  miraba como un animalito asustado.

—Esto quiere decir que ahora si tienes pruebas de la llamada, si no, no me lo habrías dicho. —Edward hervía de rabia, se crujió los nudillos y Bella puso cara de asco ante el sonido que le provocaba repelús. — Maldito hijo de puta. —Siseó. Estaba furioso por lo que le estaba haciendo a su hermana, pero que osara importunar a Bella, esto era demasiado.

—Si…—Susurró. Se levantó y sacó de la mesilla el CD de la conversación gravada que Jasper le había facilitado. —Volvió a llamar y yo le di a entender que también le correspondía. —Los ojos de Edward expulsaron fuego, no eran verdes, se volvieron de un  color del más negro carbón. —Para que él hablara libremente de lo que quería conmigo, para tener pruebas para tu hermana de que realmente no quería estar con ella y de que todo aquello que le hizo creer era mentira.

Edward no se podía creer lo que le estaba diciendo. Miró el CD de sus manos, si reprimía su ira, se tenía que aceptar que era un gran plan, pero a qué precio, Bella llevaba semanas nerviosa y tensa, ocultándole cosas que dañaban su interior. Respiró tratando de calmarse.

—No entiendo por qué no  me dijiste nada. Podría haberte apoyado, ayudarte a no llevar esa carga tu sola. — Seguía envarado por la ira.

—Pero si no resultaba tu ibas a estar todavía peor sabiendo lo que ese desgraciado le estaba haciendo a tu hermana. — Se acercó a ella y la abrazó con toda la ternura que fue capaz dado su estado nervioso.

—Bella…Bella…no deberías haber cargado con esto sola…—Le separó de su cuerpo para mirarle a la cara. — Entiendo que lo has hecho para protegerme, pero…eres tú la más vulnerable de los dos, no creo que haya sido bueno tu continua estado de nervios. —Besó su frente y volvió a abrazarla mientras acariciaba su cabeza con dulzura.

Cuando Edward pareció haberse calmado, ya que se sintió con el poder de derrocar a ese cerdo infame, Bella volvió a hablar mientras estaba entre sus brazos.

—Hay más…—Susurró. Edward recuperó la tensión liberada y se envaró de nuevo.

Bella nunca había viajado en primera clase, pero Edward insistió, dado su embarazo y la comodidad que suponía hacerlo así. Jake quedó al mando de las actividades de submarinismo y Edward se iba muy tranquilo, era muy competente. Estaba preocupado por su chica, se le veía por momentos demasiado nerviosa, y solo pensaba que no había sido bueno que se metiera en la boca del lobo como había hecho con la historia de James, a pesar que solo ella podía sacar las cosas a la luz.

Estaba molesto con ella porque había pensado más en el resto que en ella, y tenía miedo de que esto le pasara factura.

—Tengo un hambre atroz. —Bella se despertó en mitad de la noche, Edward le cogió la mano y s e  la acercó a los labios.

—Pediremos algo. ¿Qué te apetece?

—¿Tengo donde elegir?—Preguntó adormilada pero con una sonrisa en la boca. Él le sonrió y se acercó besar sus labios.

—Estamos en primera, los billetes son caros, podemos si quieres pedir una chica que nos baile la danza del vientre. —Le dijo fingiendo seriedad.

—En ese caso prefiero un buen mozo que baile tango. —Le dijo sagaz levantando una ceja.

—Mejor lo dejamos en comida.

Bella se terminó el pescado en salsa sin dejar nada en su plato. Estaba satisfecha. Por momentos se encontraba tan distendida con Edward que olvidaba por completo todo lo que iba a suceder en los días posteriores en Nueva York. Lo bueno, se había dicho, era que al día siguiente los nervios se habrían terminado.

Bella se quedó dormida todo el viaje hasta llegar a JFK la mañana del 20 de Diciembre.

—Llegamos pequeña. —Edward le despertó con un beso en la mejilla, mientras con el pulgar le acariciaban tiernamente la otra.

—Soy como una marmota…pero es que estos sillones parecen más bien cunas. —Se estiró y miró por la ventana. Los alrededores del aeropuerto estaban cubiertos por una capa de nieve espesa. —Hace cuatro años que no paso frío, ¿lo sabías?

—Yo te daré calor. —Le susurró pícaro en su oído haciendo que se sonrojara.

—Bicho. — Le dijo volviéndose para besar sus labios. Tenía intención de que fuera un beso casto y sin más intenciones, pero Edward sujetó su nuca con firmeza y profundizó con su ávida lengua en su boca, haciendo que de repente ambos se sintieran en otra dimensión, transportados a su país personal del deseo. Bella gimió bajo en su boca y Edward notó que su masculinidad protestaba.

Un carraspeo les sacó de su burbuja.

—Perdonen. Es necesario que pongan los sillones rectos y se abrochen el cinturón. —LA azafata miró a la pareja con ligera envidia, no le había pasado desapercibido durante el largo viaje, el atractivo de ese hombre entregado en cuerpo y alma a la embarazada mujer de su lado.

Bella con las mejillas escarlata,  buscó la palanca para incorporar el asiento. Edward como si lo que hubiera interrumpido hubiera sido una sopa de letras, asintió sin apartar la vista de Bella y le dio a la palanca que ella buscaba nerviosa.

Mientras Bella miraba de soslayo a la azafata que tenían pendiente de sus movimientos, Edward no dejó de sonreírle y morderse el labio inferior, como si siguiera con su juego ajeno a todo.

—Edward. —Le regañó en bajo.

—Eres adorable. —Sonrió y acarició su labio inferior con el pulgar, haciendo que Bella tornara rojo pasión.

Cuando la azafata desapareció del pasillo y ambos estuvieron en la posición correcta Bella la reprendió, pero sin poder evitar la sonrisa que pujaba por aparecer en su cara.

—Eres un descarado, la señorita ahí pendiente de nuestros movimientos y tu…

—Yo, qué. —Volvió a acercarse hasta su boca.

—Tú haces esto. —LE susurró haciendo que el aliento se chocara contra los labios de Ed.

—No nos debería haber interrumpido. —Le devolvió en un murmullo ronco.

—Es cierto deberían haber dado un par de vueltas al aeropuerto dejando que nuestra pasión se desatara aquí delante de los pasajeros. —Trató de sonar molesta, pero pareció más bien un chiste.

—Pero si a ti esto de los sitios públicos te pone. — LA lengua se deslizó entre sus labios y alcanzó los de Bella lamiéndole el inferior. Bella sintió la punzada de excitación en su vientre bajo.

—¡Edward!

—Apostaría mi gran angular a que estás mojada. —Bella abrió los ojos como platos y sus mejillas brillaron con su tono rojizo. Edward la escudriñó con la mirada para al segundo mirarla con devoción. —Te amo Bells. —Y le rompió. Bella se sintió completamente derretida.

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