Capítulo 5

19 Agosto Tarde.

Bella POV

Un suave balanceo me sacó del sueño. Abrí un ojo, vi a Rose.

—Despierta Bella, vamos a comer. —Me di la vuelta, estaba con los ojos completamente pegados.

Me incorporé. Era mediodía.

—¿Cuánto he dormido?—Miré la hamaca de al lado, Edward ya no estaba.

—Pues llevas tres horas. —Seguía hablando en susurros.

—Qué bien me encuentro, no tengo nada de resaca…mmmm. —Me estiré y bostecé profundamente.

—Genial, ya dijo Edward que dormisteis dos horas, es que no entiendo cómo puedes madrugar tanto después de salir de fiesta.

—El que Jake no tuviera persianas en el salón fue un gran detonante. — Hablé con voz estrangulada mientras ahogaba un bostezo.

—Lo sé, Edward lo ha contado todo, por cierto…

—¿Si?—Me froté los ojos con fuerza.

—¿Estás segura que al bomboncito no le gustas? —Sonrió pícara.

—Déjate de historias que estoy muy dormida para debates… —Me sentía incluso un poco irascible, supuse que el alcohol y el cansancio le dan a una otra perspectiva, pero el descanso te baja a la tierra de un empujón.

—Mira, lleva media hora despierto, y desde que se ha levantado ha venido a velarte como tres veces, pero yo ya no digo más…

—Anda, vamos a comer. —No quise pensar más en eso, no me hacía bien eso de ilusionarme.

Me puse el bikini que me habían traído. Por mucho que el conjunto de ropa interior diera el pego, no era lo más apropiado.

—Espera, vengo en un nanosegundo. —Corrí hacia el agua, y me zambullí sin pensar.

Comíamos en una de las terrazas de la playa.

—Hola Bella durmiente.

Edward me miró por encima de sus gafas Raiban, guapo a reventar. Se me aceleró el pulso, mis gafas de sol me tapaban los ojos, pero estaba  segura que mis mejillas ardían, recién levantada me era difícil estar alerta para seguir el juego de parejas que habíamos creado, y lo que era peor, no estaba muy segura de querer seguir jugándolo.

Cogí un vaso de agua y me lo bebí de un trago.

—Me moría de sed. — Sonreí a todos.

Mi sitio estaba junto a Edward, ¿acaso lo dudaba?

La comida pasó entre risas. Yo la verdad estuve un poco ausente, la mordacidad y chispa de la mañana se habían pasado. Por qué no decirlo, me quedé rayada con el comentario de Rose, ¿en serio podría gustarle?, ¿no era un juego? Todo esto me lo preguntaba porque yo, sin lugar a dudas, estaba pillada.

Quizá no era bueno jugar a las parejas con él, quizá me caía un jarro de agua fría, porque de esa manera mi tonto corazón se engañaba rápidamente. Y si llegaba un momento en que él quería flirtear con otra, otras o directamente empatarse realmente con alguien durante esos días…

Esto no podía ser, no podía caer y salir dañada, pero… ¿Cómo cambiaba de actitud sin que se notara a leguas que moría por besar sus labios, y que sus brazos me rodearan con posesión?, esto era una mierda, en unas horas todo se había complicado, y yo pensaba que lo tenía todo controlado…

—¿Café?— El camarero a mi lado me preguntó, todos me miraban expectantes.

—Vamos Bells, ¿estás en Babia?, contéstale, no tiene todo el día…—Rose a mi lado me daba con el codo a la vez.

—Cortado con hielo, por favor. — Dije abochornada, ¿Cuánto tiempo llevaba en mi mente?

—¿Estás bien?— Edward me susurró acercándose mucho, demasiado. Le miré con la cabeza agachada.

—Sí.

—No lo parece… ¿Te ha subido la resaca de golpe? — Era tan mono todo preocupado. Le miré tan de cerca que las pulsaciones me subieron.

—No, supongo que será la siesta que me ha dejado KO. —Disimulé. —No hay por qué preocuparse.

—Sí que hay, soy tu parejita de las vacaciones ¿ recuerdas? —Sonrió pícaramente. Debería estar prohibido, o peor, debería estar en la cárcel. ¿Cómo se atrevía a sonreír de aquella manera?

—Cortado con hielo. —Salvada por la campana de esa conversación que me estaba empezando a poner nerviosa. Tenía que seguir con el jueguito, ¿qué si no? Hice por recomponerme, parecer un atipa dura.

El café me despejó, y me erguí. Llegamos a la playa y las parejas se dejaron caer sobre las toallas, dispuestas a la siesta.

Edward y yo estábamos de pies. Observando el panorama.

—Vamos al revés ¿no crees?— Me dijo quitándose la camiseta y dejando su maravilloso y esculpido torso al aire…mis babas…madre mía…

—Desde luego, yo no tengo ya nada de sueño, ¿te apetece pasear?— ¿Por qué era tan estúpida de meterme en la boca del lobo yo sola?, me había convertido en mi peor enemigo, sin duda.

—Claro cielo, daremos un romántico paseo por la playa.— Grandilocuente en su speech, me tendió la mano. ¿La cogía?, ¿estaba  de cachondeo?, siempre que me la había  dado se la había  cogido… Y se la di, y me sentí reconfortada.

Comenzamos a pasear.

—¿Por qué tan pensativa en la mesa?— ¿De qué iba? Miré hacia el mar, para ganar tiempo. ¿Qué le decía?

—No pensativa, más bien empanada tras la siesta. Si creo que hasta se me ha caído la baba durmiendo, imagínate que espesura de sueño. — Me salí por la tangente, pero no había otra forma de responder, no con la verdad por supuesto.

—No se te ha caído, estabas preciosa durmiendo— Roja, como un tomate, como un fresón…no, no, frio… frio como hielo, traté de relajarme… miré nuestras manos unidas, y me paré, él lo hizo un paso por delante, sin soltarme. Le miré a la cara cuando se volvió.

—¿He dicho algo que sea mentira?—Sonrió.

—No lo sé, yo no tengo la capacidad de verme mientras duermo… — ¿Era solo yo? ¿Estaba desvirtuando la conversación a mi favor para escucharle decirme eso?

Se acercó y con sus dedos tocó muy suavemente mi mentón, alzando ligeramente mi cara. Sus labios a milímetros de los míos.

—Preciosa…también despierta— Y me besó, un apoyo sobre mis labios. Rápido, demasiado. Se separó y me sonrió. — ¿Seguimos?

Me dejó aturdida, ¿Pero qué había pasado que a mí me había transportado a un mundo paralelo de mariposillas locas en el estómago? Me di cuenta que estábamos andando, y seguíamos de la mano.

Me volví a parar.

—¿Perdona?— Pregunté confusa. Me quité las gafas de sol.

—¿Sí?—me miró con una sonrisa de lado, perfecto, guapísimo. Se levantó las gafas.

—¿Has intentado noquearme?— le miré interrogante.

—No. —Se acercó de nuevo. Y me habló cerca de mis labios— Te he besado.

Esta vez fui yo quien acortó distancias, le besé despacio, acariciando sus labios con los míos, no tardó en responder. Sus manos se abrazaron a mi cintura, y las mías se instalaron en su nuca. Su lengua delineó mi labio inferior, despacio, tanto que dolía. Entreabrí mi boca y le di paso, se convirtió en un beso lento, profundo. El sabor de su boca inundó mis sentidos.

Nos alejamos lo suficiente para respirar, nuestros labios entreabiertos seguían rozándose, y a mí se me escapó un gemido, bajo, pero estábamos tan cerca que era imposible que él no lo hubiera escuchado. Sonrió sobre mis labios y comenzó a besarme de nuevo, este beso tenía más pasión, más urgencia que el primero. Un nudo se instauró en mi estómago y un delicioso hormigueo bajó hasta mi centro. Sus manos acariciaban mi espalda, y yo con mis dedos despeinaba su pelo. Me separé de golpe, se nos estaba yendo de las manos.

Seguíamos abrazados, yo bajé la cabeza, ¿avergonzada?, claro…

—¿Estás bien?— Preguntó cauto. Levanté la cara y le miré, sus ojos brillaban, me gustó, bien, eso era definitivamente quedarse corta… ¡¡me volvió del revés!! Sonreí.

—Sí… pero creo que hemos perdido un poco el control. —Miró alrededor, había gente en la playa, paseando, bañándose. Una risa preciosa abandonó su boca. Este tipo no era real…

—Llevas razón, ¿seguimos caminando o volvemos a las toallas? — Dio las opciones, tan tranquilo, mientras mis nervios quedaban de punta. Nos habíamos besado ¡¡dos veces!!

—Caminemos. —Necesitaba tiempo, espacio… si, caminar.

Íbamos en silencio, y él me llevaba de la cintura, pegados el uno al otro, de vez en cuando nos mirábamos y sonreíamos, no decíamos nada. ¿Estaba segura de que no estaba dormida todavía?

—Esto… ¿Va a ser más difícil que si hubiéramos echado un polvo una noche loca, y nos despertáramos juntos sin recordar mucho?—Rompí el silencio. Me sentí más cómoda hablando de nuevo, como si le diera realidad a todo aquello.

—No es difícil ¿no?

—No sé, nos hemos callado, pero nuestros cuerpos están más juntos que antes del beso… — ¿Podría meter la pata siendo tan…yo?

—De los besos…mmm deliciosos besos. —Me faltaba el aire, me moría por volver a besarle, por tocar su cuerpo…estaba alterada. La euforia me poseyó al escucharle… ¡había dicho deliciosos! Sus dedos jugaron con la piel desnuda de mi cintura y me hizo estremecer.

—No ayuda, en serio, eso, — miré hacia su mano — no ayuda para nada. —Porque desde luego no lo hacía, solo espoleaba el crecimiento exponencial de mi deseo.

—Lo siento. —Quiso retirar la mano de mi cintura.

—No, no lo sientas. Puede que sea yo, que estoy muy sensible. Sensible no es la palabra. — Dudé, por favor…estaba tremendamente excitada y eso me convertía en una degenerada, pero era lo que realmente me pasaba. —¿Quieres que sea sincera?

—Bien, creo que somos mayores ya. Podemos hablar sin tapujos ¿no?— Seguíamos caminando, abrazados.

—Como te lo digo sin quedar como una…pervertida…—Se paró, y me obligó a mí.

—¿Te has excitado con nuestra cercanía?— Ladeé la cabeza, miré a los lados varias veces, sopesando la gente de alrededor  y le miré, si, definitivamente, si la noche anterior hubiera sentido lo mismo, el empujón hubiera sido adrede.

—Qué fácil es hablar contigo… —Asentí, no había más que decir.

—Me gusta…—Reanudamos el camino y él me abrazó un poco más, piel con piel. Sentí calor.

—¿El qué?

—Lo que te pasa cuando nos acercamos. —Por su tono sonreía, aunque solo le viera de lado.

—¿Solo me pasa a mi? — Le pregunté osada.

—No. —Y volvió a jugar con sus dedos sobre mi piel. Haciendo que aguantara el escalofrío por su contacto, y decidí no quedarme quieta.

Rodeé con mi brazo su cintura y jugué a la par, sintiendo como se le erizaba la piel siempre que acariciaba sutilmente la zona. Me atrajo más hacia él y me besó en la cabeza. Me derretí con el gesto.

Durante el paseo hablamos de todo un poco, además de bromas, tonteo y besos robados, nunca tan apasionados como el que tuvimos que cortar, pero para mí todos excitantes de algún modo. Me gustaba, y ya no solo de una forma superficial, que eso era más que evidente, hablar con él era muy fácil, y para nada era el chico arrogante que la noche anterior me había parecido.

Llegamos a las toallas. Los chicos jugaban a las cartas.

—Edward ¿Un mus?—Jazz preguntó al acercarnos, casi sin dejar de mirar a las cartas.

—Estáis jugando a Póker. — Señaló las cartas.

—Ya, porque no éramos cuatro, ¿te hace?— Sugirió Em.

Edward me miró, le di un corto beso en los labios, como para remarcar que lo que había pasado no eran imaginaciones mías, y porque esa boca suya era un llamado constante a mi voluntad, a lo que los chicos levantaron sus cabezas casi a la vez. Me giré, para no enfrentarme a las caras de posible desconcierto y me fui hasta la orilla.

Allí estaban las chicas, sentadas mojándose con las olas que llegaban.

—Se me están llenando las braguitas de arena. —Alice se ahueco la parte de abajo del biquini.

—Esta noche ducha vaginal, si no… ¡rasca mamá!— Añadí acercándome a ella y sentándome a su lado.

—Bella… —Rodó los ojos divertida, mirándome. —Siempre igual.

—¿Acaso no es cierto?— Todas reímos. — ¿Qué tal la siesta?

—Genial, pero creo que me habría gustado más intimidad. —Rose apuntó con un puchero y una sonrisa que se fue tornando cada vez más taimada.

—Ya, se ha notado, de repente se han escuchado unos chasquidos…—Ángela añadió para delirio del resto.

—Besos, eran besos, pasionales, lujuriosos… ¿No os gusta la hora de la siesta?—Rose de nuevo se metió en su burbuja de pasión.

—A mi, Rose, — suspiré— me gustan tooodas las horas. — Solté casi sin pensar en lo que decía, únicamente me acordaba del paseo, de sus manos en mi piel, de sus labios pidiendo más… Madre mía, volvía a estar muy caliente.

—¿Nos hemos perdido algo tras ese, “está en otra división”?— Ángela preguntó directamente.

—Es que esto ya después de la noche que habéis pasado, del momento siesta de Rose etc etc…no ha lugar. —Sonreí pensando todavía en mi momento íntimo con Edward.

—O sea que… —Alice me animó con gestos a que hablara.

—Nos hemos besado. —Declaré orgullosa.

—¿Solo?

—Estamos en la playa Alice. Si por ambos hubiera sido, y la gente hubiera desaparecido así sin más…buff, no solo estaría contando unos besos. — De verdad que lo que estaba diciendo podía haberse convertido en una realidad.

—Desde anoche tras el baile, se veía algo más. Lo que no entiendo es que con lo que eres hayas esperado hasta la tarde. –Dijo Ángela. Llena de razón.

—Me estás pintando de calentorra, y tampoco soy una come-hombres. —Intenté no ofenderme pero algo me dolió.

—No, no digo eso, solo que eres más lanzada de lo que has estado haciendo. —Se disculpó con la mirada.

—Bueno, —me encogí de hombros. — Quizá no las tenía todas conmigo. No pensaba que Edward podría fijarse en mí.

—Pues porque estás tonta…—Apuntó Rose. Yo le miré haciendo mueca de burla.

Nos quedamos mirando al mar. Alice suspiró.

—Vaya cuadrilla de pilladas. —Dije.

—Aja— Ángela asintió. —Me voy a Nueva York con Jacob.

—¡¡¿¿Eh??!!—Todas gritamos a la vez, abrí los ojos como platos.

—Sí, pediré el traslado en la empresa, hace tiempo me lo ofrecieron y quedó ahí, esperando por alguien, todavía no lo han solicitado, y la plaza está vacante. Ahora que hemos empezado de nuevo quiero hacerlo bien. —No había más que observar su sereno y feliz rostro para darse cuenta que era lo que quería, que no había una sola duda en su determinación. — También estaremos más cerca, ¡Cinco horas en coche!, porque esto de Miami, está muy lejos. —Añadió riendo.

Hubo un silencio, fue para reposar la información. Yo lo entendí, desde luego que la distancia les había llevado a no estar juntos a pesar de que se querían con locura, a ambos les había llevado a buscar a personas que no les dieron ni mucho menos lo que entre ellos se daban, y tras un año de obviar sus sentimientos, volvían a mirar hacia delante, juntos.

—Me parece lo más acertado Ang, —Cogí su mano y le di un apretón ligero. —Además chicas—mire al resto—¡¡tenemos casa en Nueva York!!.

—Bueno, quizá tú ya la tenías sin necesidad de que Ángela se fuera. —Alice me miró levantando las cejas una y otra vez.

—¿Por unos besos?, pues si que está el alquiler barato en La Gran Manzana. —Devolví jocosa.

—Qué pava… ¿Se va a quedar en unos besos?—Rose volvía a la carga.

—A ver, estamos hablando de que nuestra Ang se va a Nueva York y nos estamos desviando del tema…

—Ya, Bells, pero es que estás rara. — Ángela siguió— En otros casos te habrías ido con él directamente a casa tras el comentario de antes, es decir, notas que los dos queréis, y sin embargo habéis paseado por la orilla ¡¡dandoos besitos!! —Elevó las manos como si no lo entendiera. — Entiende que nos has descolocado…

—Yo creo que te mola más de lo que admites…—Dijo Alice resuelta.

—Es posible…es que ha sido como progresivo…y de repente me he sorprendido pensando en cómo sería besarle…estoy un poco atontada, será la resaca…— Resolví pensativa.

—¿Has notado la complicidad que tenéis?— Preguntó Ángela.

—Si…—miré al frente. —No quiero pillarme, puede que sea algo pasajero para él… y creo que no sé cómo hacerlo. — Ya estaba dicho, y esa era la realidad. Había sido progresivo, pero que ese chico ya me atraía de una forma peligrosa era un hecho.

—Porque ya estás hasta las trancas, y no me extraña, te mira y te trata como si fuerais algo desde hace tiempo. —Dijo Rosalie—Vuélvete, mira a los chicos. Sé descarada, ya no importa ¿no?—Sonrió abiertamente.

Lo hice, y como si sus ojos fueran un imán, nuestras miradas se unieron, y me dedicó una sonrisa y un pequeño saludo inclinando la cabeza. Emmet le dio en el hombro para que prestara atención al juego y volví mi vista hacia delante, colorada, y con el hormigueo en mi estómago amenazando con crear un grito muy potente.

—Ay niñas…me encanta…—Suspiré.

—¡Otra en el bote!—Alice se levantó. — ¿Vamos al agua?, mi braguita parece un remolque de arena.

—Sí será lo mejor. —Apunté. —Y así bajamos los calores.

Riendo nos metimos al agua.

Capítulo 6

2 respuestas a Capítulo 5

  1. eli dijo:

    Es una historia adictiva …m he enganchado !!!

    Le gusta a 1 persona

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