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Mientras dejaba pasar el rato en el salón tratando de no pensar mucho en lo que estaba por suceder, su móvil sonó, se acercó hasta su abrigo colgado en el perchero de la entrada y miró quien era en la pantalla.

—Amigo Em. —Le saludó efusivamente al descolgar.

—Papá Cullen. —Se carcajeó al otro lado de la línea.

—Venga ya tío, papá Cullen será siempre Carlisle. —Le reprochó.

—Ay amigo, Carlisle es  abuelo Cullen. — Una risotada inundó la línea. —Ya estáis por aquí ¿no?, ¿Qué tal el vuelo?, ¿Cómo está Bella?

—Bien, ahora descansando un poco hasta la hora de comer. ¿Qué tal vosotros?—Fue hasta el salón de nuevo y se sentó en el mismo sillón donde acostumbraba.

—Pues yo ahora salgo de la editorial. Vacaciones ¿sabes? Estoy como loco por llega r a ver a Rose.

—Ella no trabaja tampoco. —Afirmo Edward, esa información la conocía por Bella.

—Así es, somos afortunados tío, unas vacaciones de quince días seguidos, sin viajes fuera, ni maletas para arriba y abajo. Y es cojonudo porque incluso os habéis venido vosotros, así no tendremos que cruzar medio mundo. Rose está pletórica con la noticia.

—Si, la verdad es que diez días por aquí nos vendrán bien.

—Sigue en pie la invitación en Nochebuena a tu casa ¿no?

—Por supuesto. No te voy a desamparar en esa Noche, no sería buen amigo. ¿ÇY cómo que tu madre se fue de crucero?

—Está como loca con esa Asociación de amas de casa que se ha apuntado, se va con tres viudas al Caribe. Miedo me da. —Edward rió.

—Que disfrute. Oye, Dentro de tres días es la exposición en el Soho, de las fotografías para beneficencia. ¿Vendréis?

—Por supuesto tío…son desnudos ¿no?—No le pasó desapercibido el tono socarrón.

—Em, eres un enfermo, ¿Rose no te da lo que necesitas?

—Me lo da, pero seguro que las comparaciones con su cuerpo son odiosas. —Edward rodó los ojos. Sabía que Emmet bromeaba seguido, no había que tenerlo en cuenta.

La puerta de casa se abrió, y aparecieron James y Carlisle hablando, no muy animadamente. Edward sintió su estómago botar.

—Em tío, te tengo que dejar, hablamos para vernos ¿de acuerdo?

—Bien tío, saluda a Bella.

—Y tu a Rose.

Colgó y se levantó, con el móvil en la mano y los nervios atesorados en su estómago se acercó a los hombres que se quitaban los abrigos y gorros.

—Hijo. Carlisle que estaba de frente le saludó efusivamente abrazándose a él.

—Papá. —Palmeó su espalda.

—¿Qué tal el viaje?—Se separaron y Carlisle leyó la tensión en sus ojos, asintió de forma imperceptible para James.

—Perfecto. —Miró a James a la cara. —Bella está descansando. James. —Tendió su mano a la vez que observó su ligero gesto de triunfo en su cara. Edward tenía que fingir no saber nada, le iba a costar horrores.

—Edward. —Agitó con contundencia su mano. Edward contuvo su ira.

El ambiente en casa de los Cullen se enrareció en cuanto todos estuvieron en el salón sentados en los sillones de la estancia.

Carlisle y Edward hablaban de sus actividades en la isla y de sus proyectos de fotografía, tratando de sobrellevar la situación, Edward no dijo mencionó a Bella ni una sola vez, si veía a James regocijarse en su nombre no iba a dudar en darle un puñetazo en su perfecta nariz.

Kate estaba continuamente pendiente de James, a su lado, tratando de tocarlo, de acaparar su atención, de una forma extremadamente cariñosa. James estaba ligeramente agobiado por los gestos de cariño que su mujer le prodigaba, y con un extraño gesto entre la contención y el triunfo que a Edward  y a Esme conocedores plenos de todo lo que pasaba allí, les daba repulsión.

Esme y Carlisle querían que su hija se sintiera arropada en casa, y desde que  había insistido tanto en recuperar la situación vivida hacía unos meses, habían accedido a que así fuera con tal de tenerla cerca.

Kate pidió por favor que olvidaran el tema de sus cuentas y de sus amantes, ella le había perdonado, y estaba luchando por tener una familia unida. Los padres, con la única intención de no cortar los lazos con su hija, aceptaron sus peticiones. Era mejor tenerla con ellos cuando ese desgraciado hiciera alguna de las suyas.

Cuando Esme dijo que la comida estaría lista en media hora, Edward subió a despertar a Bella, cuanto menos tuviera que estar con la rata de James mejor.

Entró en la habitación y Bella dormía plácidamente. Edward se sentó a su lado, viendo su tranquilidad provocada por el sueño. Acarició con amor infinito su mejilla y retiró un mechón de pelo que cruzaba su cara. Pensó en no despertarla, en comer con su familia y llevar a cabo el plan sin ella. Que se despertara y todo estuviera resuelto, pero cuando se lo propuso así a Bella en una de las conversaciones, ella le dijo que sin ella presente James podría decir lo que le diera la gana y salir victorioso de nuevo de toda esta historia.

Bella se removió en sus caricias y abrió los ojos. Se sentía descansada. Miró a su chico y vio el atisbo de preocupación que él trató de ocultar sin conseguirlo. Entonces ella se dio cuenta de donde estaba y de lo que estaba por suceder. La sensación familiar de presión en la boca del estómago volvió a ella. Sonrió, o trató de hacerlo, quería hacerse la fuerte frente a todos.

—¿Hora de comer?—Le preguntó somnolienta.

—Hora de comer preciosa. —Edward descendió a sus labios y depositó un dulce beso en ellos. —¿Hambrienta?

—Claro. —Le dijo incorporándose. En realidad no era así. La tensión le había cerrado el estómago, y sentía alguna molestia en el vientre. Convencida de que eran los nervios siguió sonriendo a Edward. — ¿Me alcanzas la ropa que está fuera de la maleta? Un chico travieso no me ha dejado ni vestirme tras la ducha. —Bromeó tratando de quitar hierro a la situación.

—Un chica preciosa me tienta enseñándome su cuerpo. —Le dijo en el mismo tono acercándole la ropa. —Sabes que te amo ¿verdad?—Se acercó a ella y sujetó sus manos.

—Lo sé, y tu sabes que yo a ti también. —El asintió mientras no abandonaba sus ojos.

—Dímelo otra vez. —Solicitó.

—Te amo Edward Cullen, como a nadie en esta vida. Grábatelo aquí. —Puso su mano en el pecho de Edward a la altura del corazón, él acortó la distancia y la besó con ternura, dejando que con lentitud sus labios se dieran paso y sus lenguas se encontraran para firmar así sus declaraciones.

—¿Quieres que te espere?—Edward sabía que no , que ella quería bajar sola, si no todo se iría al traste. Estaba convencida que si James veía como interactuaban entre ellos no se creería la farsa inicial.

—Bajaré en unos minutos, ve con ellos. —Le sonrió y comenzó a vestirse en calma, respirando de manera profunda.

Cuando se quedó sola trató de relajarse y meterse en el papel que había estado trabajando mentalmente días atrás. Tenía que parecer que ella, a pesar de estar con Edward, quería estar con James. Él lo tenía que notar y el resto no, sobre todo Kate.

Cuando bajó las escaleras se dirigió al salón, era allí donde todos se encontraban, esperando por ella para comer.

Al entrar miró a todos en general, inspiró profundamente, sonrió y se tropezó con la mirada verde esmeralda de Edward, apoyándola desde lo más profundo. En seguida buscó la de James, no quería ni una sospecha, y allí estaba su ladina mirada dirigida hacia ella con descaro.

Gozaba de una posición privilegiada, estaba el más alejado de la puerta y en cuanto ella entró y el resto se volvió él pudo dejar de fingir indiferencia para comérsela con sus oscuros ojos negros. Abrió la boca ligeramente  y sonrió, su prepotencia se filtraba a través de su gesto, se sentía ganador. Bella le sonrió ligeramente en un gesto cómplice y caminó hacia el grupo, mirando al resto.

—Papá, ella es Bella. —Edward se puso a su lado y le rodeó la cintura acercándola a Carlisle.

—Encantado Bella. Ya era hora de conocer a la mujer que ha hecho que nuestro hijo sentara cabeza. —Su tono alegre distendió el ambiente.

Ella sonrió de una manera adorable y saludó a Carlisle con sendos besos en las mejillas.

James desvió su mirada  hacia sus zapatos, ocultando su sonrisa vencedora, a Bella no le pasó desapercibida.

—Bueno, creo que lo mejor será que vayamos a comer. — Esme apresuró a todos, tenía tantas ganas de que terminara todo esto como Edward y Bella.

—Bueno Bella, —James fingió sentirse ofendido con su presencia, todos se volvieron a él. —Creo que deberíamos saludarnos, parece ser que…vamos a ser familia. —A ninguno de los tres conocedores del plan le pasó desapercibido las segundas intenciones que ocultaban sus palabras.

Kate se tensó mientras Bella se acercó a saludar a su marido con dos besos rápidos.

—Y creo que deberíamos también mejorar el trato entre nosotros. —dijo de manera neutra una vez se separó de ´le.

Kate detrás de ella se encontraba rígida ante su cercanía. Bella aprovechó que nadie le veía la cara para dedicarle una sonrisa coqueta a James, este se hinchó complacido sin dar muestras bajo la mirada atenta de su mujer.

—¿Dónde está Sofía?—James desvió el tema preguntando a su mujer. — ¿Ya ha subido a dormir?

—Sí, mi madre la ha acostado ya.

Bella se acercó despacio a Edward que le esperaba en la puerta del salón y abrazándola la acompañó al comedor.

La comida no fue para nada amena, las conversaciones contenidas de todos eran difíciles de mantener, solo James parecía estar a gusto en esa situación. Bella solo esperaba no tener que hacer ninguna demostración privada con él de lo que se habían prometido, no lo soportaría, por ello apenas bebió agua, una salida al baño sin compañía podría ser algo complicado de afrontar si James se las apañaba para ir tras ella.

Cuando llegó el momento del café y todos se reunieron en el salón, la tensión de Bella Edward y Esme estaba por las nubes. Su hinchado vientre volvió a molestarle de nuevo. Se obligó a tranquilizarse mientras se sentaba en un sillón en el salón al lado de Edward.

—¿Te encuentras bien Bella?— Carlisle le notó el gesto compungido, todos los ojos se posaron en ella. Asintió con una sonrisa.

—Es el viaje, ha sido agotador, y esta barriga cansa mucho.

—El cambio de horario es complicado ¿verdad cielo? —Esme le miró con cariño y comprensión, Bella sintió su fuerza para lo que estaba a punto de pasar.

Edward acarició su pierna con cariño y James miró raudo a Bella. Se sentía celoso de los gestos cariñosos de Edward hacia ella. Bella le miró de soslayo y él se tranquilizó. No veía el momento de robar un momento a solas con ella. Cuando al terminar la comida él se había ausentado al baño, esperaba que ella le siguiera de alguna manera para poder estar a solas unos segundos, estaba loco por besarla de nuevo. Kate le notaba inquieto, y no dejaba de preguntarle si estaba bien, algo que estaba desquiciándole.

Esme sirvió el café  a todos excepto a Bella, que apenas había comido tampoco. Edward se levantó y se dirigió al equipo de música, cogió el CD que había dejado encima de este y lo introdujo con el sonido del corazón golpeando fuerte contra sus tímpanos. No había mucha conversación, únicamente Kate y Esme hablaban de los avances de Sofía en el colegio. Carlisle prestaba atención a dicha conversación y Bella miraba a James de manera intermitente mientras estaba pendiente de Edward. Este trató de hacerle un gesto con los ojos, ella trató de hacer que no le vio.

Edward le dio al play y se dirigió estratégicamente a la puerta.

—¿Has puesto música?—Le preguntó Carlisle extrañado.

—Es algo que quiero que escuchéis atentamente por favor.

Todos le miraron directamente, Esme nerviosa, Carlisle extrañado, Bella asustada, Kate interrogante y James como si la cosa no fuera en absoluto con él. Su mirada desdeñosa encendió a Edward, que tuvo que contener las ganas de patearle la cabeza, ya que la tenía a una altura perfecta si levantaba la pierna.

—¿Dígame?—La voz de Bella sonó clara por los altavoces.

 

—Bella. —James se reconoció de inmediato y sus ojos se agrandaron sabiendo lo que venía después.

—James, ya podemos hablar mejor, perdona por cortarte antes, estaba ocupada, tu mejor que nadie sabe cómo son las cosas en el hotel.

 

El aún marido de Kate trató de levantarse y Edward lo pilló por sorpresa sentándole de nuevo, Carlise se levantó y reforzó el agarre sobre su yerno.

Ya, lo sé. —James sonó serio. —Es una sorpresa encontrarme que te apetece saber lo  que tengo que decirte. Pensé que no querías volver a hablar conmigo. — La voz de él parecía desconfiada en un principio.

 

James trató de hablar y Edward le enseñó el puño cerca de su cara con una mirada de advertencia.

—Ya pero…las cosas con Edward no son lo que yo esperaba y…

 

La confusión de Kate era una realidad, sentía cómo sus ojos querían salirse de las cuencas, miraba a su marido y a Bella alternativamente. Trató de decir algo pero Esme le sujetó las manos pidiéndole que escuchara unos segundos, conocedora del contenido del a grabación

—¿Me echas de menos también?

—Si.

—¿Sabes que no he dejado de quererte?

Kate se llevó la mano a la boca para ahogar un grito en ella y mirar James sin entender nada de lo que estaba escuchando. Esme apretó su agarre sobre las manos de su hija, acariciándola de manera tranquilizadora, Kate ni lo notó, estaba en otro mundo en el cual las palabras de James resonaban en su cabeza.

—Ni yo. No te he podido olvidar.

—Dios Bella…—Se escuchó como James espiró fuerte y su tono de voz serio cambió radical a uno completamente entregado. —Quiero estar de nuevo contigo, quiero tenerte  a mi lado, no tiene sentido todo esto.

—Pero James, Edward me dijo que habías dicho un montón de cosas de mí, que te había molestado cuando te fuiste, que te dije que estaba embarazada de ti…no se…te quiero pero no se qué pensar de todo eso.

 

Kate agrandó los ojos esperando la contestación por su parte, le había creído a pies juntillas, incluso las pruebas de su padre contra él las había pasado por alto con tal de seguir a su lado, pensando que eso no volvería a pasar.

James se desmoronó por dentro, sabía que ya había perdido, que se había destapado por completo, y que en la caída no habría red. Ni siquiera miró a Kate, y Bella estaba fuera de su enfoque, Edward le tapaba con su cuerpo en un acto de protección.

—Fue una vía de escape, no quería perder a mi hija y si no te tenia a ti por lo menos estar con ella.

 —¿Y Kate? ¿Qué pasa con ella? ¿La amas?

—Te amo a ti Belly, desde que te vi por primera vez te amo y no hay nadie más.

 La tensa situación en el salón se rompió con el grito de Kate.

—¡¡Hijo de puta!!—Se abalanzó contra él zafándose del agarre de su madre y Edward soltó a James tras el bofetón sonoro que le prodigó su hermana. — Eres un vil traidor rastrero hijo de puta…¿¿¡Qué ha sido todo esto!??—Bramó a la altura de su cara.

James se levantó, Bella entró en su campo de visión,  y le miró con odio, se sintió perdido, no tenía mucho que decir ante las pruebas. Edward se puso delante de su chica de nuevo, impidiendo que tuvieran siquiera contacto visual.

Miró a su esposa tirada en el suelo llorando sin consuelo, Esme a su lado abrazando el tembloroso cuerpo de esta.

—¡¡Dime que ha sido todo esto!!—Aulló Kate de nuevo. — ¡¡Di algo maldita sea!!

James seguía confundido, hacía unos minutos pensaba que lo tendría todo. La conversación seguía sonando en el CD, pero ya nadie le hacía caso. Él y Bella habían acordado ser amantes, ella iría con frecuencia a Nueva York , y él conseguiría escaparse a Zanzíbar donde ella alegando viaje de necesidad por el hotel, se escaparía para estar con el. Era un plan que habían perfeccionado en llamadas posteriores, solo tenía que volver a recuperar la confianza con sus suegros, algo que había empezado a hacer un mes atrás, y todo sería perfecto, serían amantes sin perder sus posiciones en la familia Cullen.

—Vete de mi casa, y no se te ocurra a parecer por aquí. —Carlisle habló severo pero sin subir la voz. —Me voy a encargar de que  no veas un solo centavo de mi hija, se que estas arruinado y no tienes donde caerte muerto. —James le miró con odio, el tiempo no había sido suficiente para crear la sociedad de gananciales con Kate, y eso le dejaba en mal lugar.

Sintiéndose perdido en todo aquello y sin ofrecer lucha salió de allí. Edward le miró con odio, sabía por su cara que si se le ocurría abrir la boca volvería a llevarse otro puñetazo de la firma Cullen en su cara, y no le convenía pasearse magullado entre su gente de nuevo.

Cuando la puerta se cerró y la tensión se marchó con James, en la estancia quedaron los sollozos de una Kate hundida.

Edward se volvió hacia Bella que seguía sentada en el sofá con la palidez absoluta en su cara. Miraba  a Kate, paralizada, sus sentidos la aislaron de la habitación, solo Kate estaba en su radio sensorial. Los sollozos se integraron en su respiración haciéndola dificultosa, la agonía ante la decepción de James, se ancló en su corazón. Sentía que se ahogaba al igual que la hermana de su novio, su empatía por ella la tenía suspendida en una nada dolorosa. Se consideró la fustigadora de aquella situación, culpable, víctima…fuera de lugar. Quería desaparecer de allí, ni siquiera veía a Edward, estaba realmente aterrorizada. Por mucho que pensara en el resultado de aquello, nada le podría haber prevenido de algo así.

—Quiero irme…—Susurró y Edward se sentó a su lado cogiendo sus manos con fuerza, tratando de que su mirada perdida enfocara en sus ojos, no lo consiguió.

—Tranquila, amor, vamos a la habitación. — Edward se levantó con sus manos cogidas, esperando que le siguiera, pero no pasó. Se acuclilló en frente de Bella, preocupado por el terror que vio en su cara.

Bella solo pensaba en salir volando de allí, en cerrar los ojos y olvidar aquello. De repente dirigió su vista a los desesperados ojos de su novio y comenzó a llorar.

—No…—susurró atemorizada—me quiero ir… Rose—Se acordó súbitamente de su amiga y pensó que era el único sitio donde quería estar.

Edward decayó por dentro, los marrones y aguados ojos suplicantes de Bella expresaban su anhelo y él no iba a decirle que no.

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