#5_ Y YO_

—¡¡Em!!—la voz de Rose llegó a los oídos de todos con un extra de decibelios—. ¡¡Sube!!

Habíamos terminado de comer y todos miramos hacia los lados y hacia arriba de la casa.

Alice se rió y añadió.

—Habitación de invitados, tercera por la derecha cuando llegas arriba.

Emmet se quedó blanco, y yo no daba crédito a lo que estaba pasando. ¿En serio iban a subir a follar para concebir?…Tuve la tentación de negar  con la cabeza visiblemente, pero estaba justo al lado de las chicas y no quería recibir un mamporrazo gratuito.

Miré a Emmet, porque haciendo un barrido rápido las caras de todos tenían esa sonrisa socarrona en la cara. Excepto la de mi amigo, que estaba blanco como la pared.

—Pero si no voy a poder moverme. —Murmuró negando mientras miraba al suelo. —Si me hubiera avisado no me habría puesto ciego de costillas. —Caminó con la cabeza baja como si estuviera recorriendo la milla verde. — Hoy pensaba que era día libre…—Le escuché por último al pasar a mi lado.

Dios, era digno de lástima. Emmet, el follador de chicas del instituto renegaba de sus raíces, era el animal sexual por antonomasia en el grupo. Probablemente “sexo” fue su primera palabra.

Miré a Bella, no, ella no era Rose…si hablábamos de calma no haríamos un cuadrante para hacer el amor en el calendario ¿no?

Convencido de que esto era una maquiavélica forma de hacerme entrar en razón por parte de las chicas, estaba con la pequeña Ángela en los brazos.

Porque si, era seguro que Bella les había expuesto sin obviar ningún detalle el imbécil de marido que tenía, y la situación incómoda que yo estaba creando en casa por no querer crecer y aferrarme a un  deportivo de lujo y a una serie de viajes de pareja. Y evidentemente, las chicas habían orquestado una huida rápida hacia la casa mientras los chicos, todos, ya que Emmet apareció veinte minutos después de su llamada con la cara algo descompuesta, pues se le había revuelto el estómago,  estaban en el agua, dejándome a esa pequeña preciosura en mis brazos.

Bella tuvo la paciencia de colocármela en mi regazo, haciendo mención a la cabeza, mientras yo la miraba con el susto recorriendo mis venas.

—Solo será un minuto Ed, Alice nos va a enseñar unas cosas que ha comprado. 

Asentí sin abrir la boca como un completo estúpido y ahí me quedé, con un beso de mi mujer en la boca que me supo a magdalena de vainilla y la criatura haciendo pedorretas y babeando su barbilla.

La miré, con su piel morenita, era la inconfundible hija de Black, desde luego, pero sus ojos eran azules, como los de su madre, y los ruiditos que hacían eran algo que tocaba la fibra, sin duda alguna.

Todo esto me hizo recapitular la conversación en la terraza.

Y de repente pensé en Bella embarazada, en los dos escuchando sus latidos con las máquinas esas, en una pequeña con los expresivos ojos de su madre y el pelo cobrizo y alborotado, como el mío… Miré a Ángela y ladeé la cabeza, sonriendo, y me sorprendí cuando la niña lanzó sus puñitos al aire y sonrió haciendo un gorgorito encantador. Porque era tan hipnotizante que no podía dejar de mirarla.

—Bueno…pequeña Ángela…quizá en vez de una monovolumen pueda optar por un coche como el de tu papá. No creo que esté todo perdido.

 Volvió a carcajearse y se movió tensándose un poco. Nervioso intenté acomodarla y de alguna manera se relajó en mis brazos.

Me recosté con ella y sin darme cuenta el tiempo que había pasado, entre carantoñas y tonterías que no paraba de hacer a la niña, levanté la vista y observé a Bella parada mirándome.

—Te queda bien Ed… —Bella se acercó y se sentó a mi lado.

—No se me da mal…—Contesté algo bloqueado porque todo el peso del mes estaba cayendo sobre mí, muerto, y mi mente gritaba como loca ¡¡eres un estúpido!! Me dieron ganas de meterme dentro y reventarla a golpes…¿Dónde estaba el cartel del No ahora?…Esa traidora se encogió de hombros y silbando se dio la vuelta.

—Kate la va a echar a dormir. — Miré a la niña, y vi como su gesto languidecía y los ojitos se le cerraban. No me apetecía que se la llevaran, estaba muy a gusto con ella. — Trae. —Y se la di, tras besar su moflete Bella la cargó y me miró con un brillo en los ojos que me partió el corazón. Era un completo capullo, y una vez ordenara mis ideas tenía que hablar con ella, seriamente. Porque definitivamente yo quería tener un bebé con Bella.

Al día siguiente salí a correr después de comer y un rato de reposo, aprovechando que Bella se quedó dormida tras la comida, se había despertado tarde, y la comida ya se la tenía hecha.

Necesitaba poner en orden todos mis pensamientos. Y más después del día silencioso que habíamos llevado. Comencé por el parque de al lado de casa y conforme llevaba veinte minutos me desvié para ir hasta el parque de Bomberos, era una buena ruta, y larga.

Pensé en el mes que llevábamos, en mi reacción inicial y la mantenida prácticamente hasta el día de ayer, y me daba la sensación de que no era yo, me miraba con otros ojos. Era como si hubiera subido un escalón y me mirara desde arriba.

Me acordé de Bella y su postura el “día de la Olla”, y me sonreí, quizá teníamos encargada ya esa personita, quien sabe, el momento se había dado, y esa sensación no me desagradó, sí que aceleró mi corazón, pero bien Cullen, lo deseas, quieres ser el padre de sus hijos.

Y así, tras una última vuelta y acelerando para llegar a casa, me planté en la puerta.

Por una parte me moría de vergüenza, eso de admitir que uno es un gilipollas no es plato de buen gusto para nadie, pero supongo que tenía que hacerlo.

Sin prestarle mucha atención me di cuenta que la carrera había despertado algo más que mi cerebro pensante, mi polla estaba firme ¿por qué si ahora lo que tenía  que hacer era  hablar pequeña hija de puta? Me miró sonriéndose ladina. Y le escuché decirme, que ella hablaba mejor que yo en esos casos. Debería reventarla a golpes, pero no podía ser, era parte fundamental en todo esto de tener hijos.

El caso es que entré y abrí la puerta de la cocina, donde encontré a mi preciosa mujer con unos shorts negros  pegados a su trasero, y una camiseta de manga larga ajustada y con los hombros al aire, rosa clarita. Sus pechos se marcaban y a mí se me hizo la boca agua. Observé la encimera plagada de ingredientes para hacer una ensalada.

—Edward. —Dijo a modo de saludo, mirándome solo una décima de segundo.

Como hombre egoísta que soy, no me fijé en su semblante, no cómo debería haberlo hecho, y nada más ponerme a su altura, la sujeté abrazándola por la espalda y comencé a besar su cuello, embebiéndome de su aroma a magdalenas de chocolate y vainilla.

—Preciosa. —Ronroneé en su oído mientras mis manos arrastraban el material ligero de su ropa por su piel.

Porque si, porque mis neurona a veces se alinean con mi pene y dejan de pensar en hablar para hacer otras cosas. ¡Soy un hombre por el amor de Dios!, y llevaba un mes sin hacer el amor con mi mujer, esa preciosidad sexy y ajustada que ahora se movía ligeramente sobre mi cuerpo despertándome mucho más, si es que eso era necesario.

—¿Qué haces?—Dijo entre un gemido y una pregunta retórica.

—Te he echado de menos Bells. —Susurré en su oído y clavé mi erección en su trasero.

—Oh…—Sentir cómo ella se amoldaba a mi cuerpo y se dejaba hacer casi hace queme corra allí mismo. Palpé sus pechos despacio y mis manos se colaron bajo la camiseta para sentir su piel contra ellas. ¡¡Eso era el cielo!! Mientras jugueteaba con su pezón sentí su mano sujetarme el trasero, pegándome más a ella.

—Mmm preciosa…me tienes…—Una de mis manos pensó en coger otro camino porque necesitaba sentir esa parte que aseguraba iba a estar húmeda por mí. Sheee, esa parte de hombre de las cavernas se erigía ganadora cuando sabía que ese efecto lo provocaba YO.

Cuando iba por su abdomen lentamente y comenzaba a meter mi mano entre la goma del pequeño pantalón, Bella se dio la vuelta en mis brazos. Quitando todas mis manos de su cuerpo, que en ese momento me parecía tener como seis por lo menos, de todo lo que estaba sintiendo al tocarla.

—Vamos a la ducha…—Ronroneó contra mi boca antes de mordisquearme los labios, para lamerlos y besarlos con deleite.

Cuando sentí su lengua dentro de mi boca lamiendo la mía, mi polla pulsó de nuevo, estaba a punto de explotar por sentirla así. La alcé y la subí a la encimera de la mesa, ella enroscó las piernas a mi alrededor, apretándome allí donde necesitaba de esa presión caliente de su sexo, ¡esto sí que es el cielo!

Comencé a apretarme intermitentemente contra ella, rozándome contra su exquisito centro mientras nuestras bocas se comían hambrientas.

—A la ducha…—Volvió a repetir, y en un segundo me pregunté el por qué. Claro, venía de correr, estaba hecho un cerdo en ese momento.

—Si nena…a la ducha. —Y sin bajarle me fui hasta la habitación para apoyarla contra la pared del baño y descalzarme, destalonando las zapatillas, sin dejar de besarla y tocarla por donde podía, sus soniditos me estaban llevando a la locura.

Entré en el cubículo y encendí el agua. Cayó fría pero me aparté lo suficiente con ella para que no nos diera y nos dejara seguir a lo nuestro.

—Desnúdame Ed…vamos a mojar la ropa…

—Da igual pequeña…Dios…como me pones. — Bajé su camiseta cuyo cuello era enorme y dejaba ver el hombro y  así acceder a esas fuentes de locura, lamí sus pezones ávido de ella mientras Bella no dejaba de contornearse contra mí, y chupar mi cuello, y mi oreja…cuanto la había echado de menos.

Cuando el agua estuvo caliente la metí bajo el chorro mojándonos la ropa por completo y ella ahogó un grito mientras reía.

—¡Estás loco!

—Por ti pequeña…—Sentí sus manos tirar de mi camiseta pegada al cuerpo y me ahueque para que pudiera sacarla. Le miraba a los ojos y no me podía creer que hubiera estado tanto tiempo sin tocarla, como amaba a esa mujer. —Te quiero amor…como a nada…

Sin darle tiempo a réplica le besé bajo el agua tibia y ella me abrazó perdiéndose en mi cuerpo.

La postura no nos permitía desnudarnos más y era algo urgente. La dejé de pie y Bella se sacó el pantaloncito y las bragas y yo hice lo mismo con mis pantalones, quedándome desnudo y con mi polla erigida orgullosa para entrar a combatir inmediatamente.

Nos besamos como locos de nuevo y mi mano derecha bajó a sus pliegues para tocarla y hacerla gemir sin tregua, comencé lentamente por su clítoris, masajeándolo y sintiendo como se estremecía.

—Ed…

—Si nena…—Estaba tan ansioso por su lengua que apenas le dejaba hablar.

—Edward…—Gimió de nuevo en un momento en que  mi boca no le tapaba la suya. —Llevo un tampón.

En ese preciso momento mis dedos se encontraron con un hilo entre sus pliegues y quedé algo paralizado. Le había venido la regla. Eso quería decir que…¡joder!…Sentí una especie de vacío interno como nunca antes había sentido. Ahora que me había hecho a la idea de que era lo que queríamos, saber que no habíamos creado nada cayó como un jarro de agua fría.

—¿Estás bien nena?— Ella asintió y me sonrió ligeramente, mirándome intermitentemente.

—Pero me lo tendrás que quitar si quieres que tu soldadito entre en mí, los dos no caben. —Bromeó, parpadeé en confusión, y sentí su mano inmediatamente rodear mi polla algo decaída por el momento que me había golpeado.

Le besé de nuevo, renovando mis ganas, pues se estaba aplicando para que la sangre dejara de regar mi cerebro,  con más ganas si podía ser que antes y mientras jugaba entre sus pliegues, retiré el tampón de su interior.

—Espera…así voy a por un…—Tenía intenciones de tirar su útil femenino y aprovechar el viaje para enfundar a mi soldadito.

—Ed…estoy con la regla…creo que no estamos en peligro. —Entrecomilló el término y asentí. De todas formas, no importaba, porque si venía, ¡¡que viniera!! Y mi pene saltó de júbilo sabiendo que iba a entrar sin chubasquero en su destino favorito.

Volví a la ducha y la alcé sobre mí, apoyándola en la pared, le toque deslizando mis dedos por esos pliegues cremosos hasta de nuevo ponerla en el mismo estado que hacía unos segundos, introduje mi dedo en su interior sujetándola por su glorioso culo y decidí que necesitaba sentirla de nuevo a mi alrededor.

—Entra ya…—Me pidió contra mi boca, era tan bueno estar así de compenetrados.

Y lo hice. Entré en ella sintiendo que del gusto de sentirla rodeándome sufriría  un infarto cerebral y  me caería allí mismo. ¿Estaba viendo estrellitas?…No podía cerrar los ojos. Los abrí y la miré, con la boca entreabierta, los ojos entrecerrados y mirándome con lujuria, sus pechos botando y apuntándome erguidos…Joder, esos pezones…Y me los comí sin darle tregua, haciendo que de su boca salieran sonidos que solo incentivaban mis embistes. Sonidos por otro lado algo controlados, siendo conscientes de que la ventilación de los baños hacía que estuvieran comunicados todos los de la comunidad de alguna manera, y eso hizo que mi boca buscara la suya y ambos comenzáramos a gemir bebiéndonos esos jadeos increíbles.

Sentirla otra vez otra vez piel con piel, fue demasiado para el cuerpo. Me dieron ganas de gritar como un loco, porque aquí estaba, sus paredes oprimieron mi miembro y ambos nos corrimos temblando como si nos fuéramos a venir abajo. Algo que pasó a los segundos de que se desataran los orgasmos. Me apoyé sobre la otra pared y con Bella sobre mí, todavía ensartada, nos resbalamos hasta el suelo.

—Te amo Bells…—Dije contra la piel de su cuello cuando ambos tratábamos de conseguir oxígeno.

—Y yo a ti mi vida.

Mientras cenábamos la ensalada que terminamos de hacer juntos después de la ducha revitalizante, nos mirábamos sin dejar de sonreírnos, pero curiosamente no hablábamos. Esto no hacía que el silencio fuera incómodo ni que tuviéramos que poner la televisión para rellenar silencios, al revés, era algo genial tenerla en frente y decirnos cosas con los gestos.

Ni siquiera presté atención a todos los tomates que tenía la ensalada, o no quise hacerlo, solo una sonrisa fugaz acordándome de Emmet atravesó mi cara, Bella me miró interrogante y yo negué quitándole importancia.

En un momento dado, lancé mi mano a su boca para con el dedo recoger parte de la salsa fría de la ensalada y ella me lo retuvo para lamerlo de una forma casi prohibida, me moví inquieto en mi silla y le levanté un ceja junto con mi sonrisa torcida, que sabía era su favorita. Ella rió con esa risa argentina que tan loco me volvía, y yo seguí alimentándome embebido de sus gestos en esa cara arrebolada.

Así fue la cena entre nosotros, seguido de un rato en el sofá viendo una película juntos, y tan juntos, pegados era más bien el término, sin decir palabra. No es que hubiera algo planeando para hablar y ambos lo evitáramos, creo que era necesario ese momento íntimo y silencioso entre ambos, después de nuestras tres semanas de convivencia como si hubiéramos sido compañeros de piso sin más y mi revelación del día anterior.

Una vez metidos en la cama, acoplé a Bella cual cuchara  mi cuerpo y la abracé pensando que durante la noche podría escaparse de mi lado. Y justo antes de caer en ese sueño profundo y reparador que durante el día y  la actividad física me había ganado ella habló claro.

—Edward…quiero ser mamá.

Mi corazón se aceleró, era el momento, sin decir los porqués, sin explicar ni justificar nada.

De repente apareció ante mí un bebé con la cara regordeta, precioso, con el pelo negro como su madre, y sin querer esa niña creció y la vi corretear por ese mismo piso que era nuestro hogar, lanzarse a mis brazos cuando yo llegaba a casa, y el golpeteo nerviosos del corazón se volvió ansioso por tener esa situación entre manos.

Con una gran sonrisa sentí que esa paz y ese anhelo se aposentaban en mi pecho, y volví a besar a Bella en el cuello.

—Y yo quiero ser papá, Bells.

_Epílogo.

2 respuestas a #5_ Y YO_

  1. Pobre Em, de verdad sentí lastima por el pobrecito, Rose lo tiene completamente dominado, espero salga embarazada pronto, porque sino lo de la fractura va en serio.

    ¡Buena esa Bella! dejarle la bebe, fue una jugada magistral, hasta el cerebro le dio la espalda.

    ¡Yo quisiera ver la mirada ladina que le dio la polla a Ed! por favor explícame ¿cómo es eso?, soy una ignorante en miradas de pollas, jajajaja

    Esas conversaciones que se dan entre Edward y su instrumento, son demasiado cómicas, que ocurrencias tienes, en serio.

    No, ni te cuento lo que me reí con la emoción del pene, porque iba a “entrar sin chubasquero”. Tus escenas eróticas me han hecho reír un montón.

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    • anaidam dijo:

      Ahora veo este coment!!! lo siento!!! que bien que te hayas reído con las conversaciones de polla/Ed 😉
      Hacer reir con la escena erótica era el reto, no solo calentar al personal y si lo he conseguido contigo ya es un gran logro!!
      Besoides cielo, muchas gracias!!!

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