Capítulo 14

9 Noviembre

Edward POV

Veníamos del aeropuerto de Boston en el coche de Bella. Hacía dos semanas que no la veía, cómo le echaba de menos. Casi ni las llamadas ni los mensajes ni las cartas eran suficientes, siempre necesitaba más.

Ahí la tenía, a escasos centímetros de mí, intentándose concentrar en la carretera.

—Paaaara. —Me reprendió en un Stop.

—¿De qué?—Le respondí poniendo cara de niño bueno

—De mirarme…no puedo conducir si sigues mirándome así.

—La próxima vez volvemos en taxi, y así te puedo tener en mis brazos. —Le acaricié la mejilla.

Salimos del coche, no pude esperar más. Se fue al maletero para sacar mi mochila y le abracé por detrás, aspirando su olor, me volvía loco. Le empecé a besar el cuello.

—Ed…—ante su suspiro seguí besándole, y apreté su trasero contra mi entrepierna.

Estaba más que listo para realizar la incursión más placentera de todas las guerras, la escuché reírse y tensarse a la vez. Le abracé recorriendo su vientre con mis manos, quedando estas bajo sus pechos. Me volvía loco sentirla.

—¿Lo notas eh?—Le susurré al oído, con mi cara enterrada en su cuello.

—¿Mamá?—¿¡Eh!? Me paralicé.

Levanté la cabeza para ver algo obvio, una señora en la puerta del portal de Bella, con bolsas en las manos y mirándonos.

Parpadeó por lo menos quince veces, supongo para quitarse de la mente la imagen del salido del novio de su hija.

Sentí la transpiración en todo mi cuerpo, tragué seco y retiré mi ya recuperada, por el shock, arma de guerra, del trasero de mi chica.

—¡Hija, dulce!—Pasaba su mirada de Bella a mí una y otra vez. Vino hacia nosotros. —Tú debes de ser Edward, ¿verdad?—Asentí con movimientos rápidos de cabeza como si fuera un imbécil.

—Mamá…—el tono de Bella era cansado. —Sabias que venía, te lo dije el domingo en casa. —Mi preciosa chica miraba a su madre recriminándole con los ojos.

—Se me olvidó. —Respondió resuelta. —Preséntanos hija, que te quedas ahí como un pasmarote. Hazlo formal.

—Edward,—me miró aguantando la risa, la situación desde luego no podía haber sido peor…o si…—Ella es mi madre, Reneé, mamá…

—Es guapo hija, es muy guapo. —Se acercó y poniéndose de puntillas me dio sendos besos en las mejillas.

—Un placer Señora Swan. —Contesté dejando de hostigarme mentalmente.

—¡No me llames Señora Swan!, Reneé está bien, Edward. Bueno— miró a Bella— me tengo que ir que tengo la comida a medias. Os esperamos a cenar.

—Edward viene cansado y…

—Pero si Nueva York está a poco de aquí, ha venido en avión, hija, no seas así. Si tu padre se entera que de nuevo ha estado en Taunton y no habéis pasado por casa, se enfadará.

—No mamá, no se enfadará. —Bella empezaba a irritarse.

—Si hija, lo que pasa es que no te lo dice, y después me viene a mí con cuentos…—se quedó como pensativa durante un segundo. —Y si no acuérdate de la última vez que estuvo, papá te preguntó qué tal con él…

—Un “qué tal con él”, no es un “me molesta que no hayáis venido”. — Bella respondió, yo miraba como en un partido de tenis a ambas mujeres.

—¡¡Ay hija!! Qué poco conoces a tu padre, se hace el despistado pero lo caza todo al vuelo…

—Te llamo en un rato y te confirmo ¿Vale?—Esta era Bella terminando la conversación.

—Claro Bells—empezó a repartirnos besos a ambos. —Pero que sea que si hija…que sea que sí, haré lasaña…—le dijo con un movimiento de cabeza tentándola.

Reprimí la risa.

—Te llamo mamá…—Se dio la vuelta y abrió el portal.

—Hasta la noche chicos. —Se despidió con voz cantarina. Bella bufó.

—Así es mamá. —Me dijo ya en el ascensor.

—Vaya pillada. —Negué con la cabeza, Bella comenzó a reírse como si se lo hubiera recordado.

—Piensa que podría haber sido mi padre. — Me tapé la cara pensando en Charlie Swan en vez de Reneé. —Que no tonto, que mi padre no se aparece así como por casualidad…

—Joder Bella, y yo frotándome contigo, como una gata en celo. —Ella no paraba de reír. —¡¡No te rías!!—Pero era imposible, me pasaba siempre con ella, me contagió.

Bella vivía en un ático con un salón cocina, un pequeño aseo con ducha y una habitación separada del salón por unas escaleras y unos óleos, que hacían de pared, de una feria de antigüedades que Bella había comprado ya que le encantaban ese tipo de mercadillos.

Nos descalzamos a la entrada, dejé la mochila en la habitación y baje las escaleritas hasta la salita que comunicaba con la cocina.

—La lasaña ¿no?—Pregunté.

—Mi madre hace la mejor lasaña del mundo. —Me miró desde la nevera, me enseñó dos cervezas y me miró interrogante. Asentí.

—Y te chantajea con ello. —Abrí el botellín y le di un trago largo. Me senté en el sofá.

—Vilmente. —Se sentó a mi lado y bebió. — ¿Te apetece ir?

—La verdad, después del espectáculo…no, pero creo que deberíamos. —Dejé la cerveza en la mesita y recosté a Bella sobre mi pecho. —Es la tercera vez que estoy por aquí, y ha habido una invitación directa…no quiero ser descortés.

—Oh Doctor, no es bueno resultar descortés con los Swan…—Bella se revolvió de mi abrazo, y habló con un tono dramático.

—No quiero caerles mal Bella.

—Pues a mi madre mal no le caes, creo, pero…debe pensar que estás salido— La situación de la calle vino de nuevo a mi mente, sentí como me ardía la cara. Bella intentaba ocultar su risa sin lograrlo.

—Bien, si me lo sigues recordando…lo mejor es no conocerlos…—la miré impertinente, levantó las cejas en gesto de sorpresa. —…Hasta que le pida tu mano al Señor Swan,—miré al frente para seguir hablando, observando de soslayo la cara de alucine de Bella— será un palo para ellos, no sé si me concederán tu mano cuando la única referencia que tienen de mí es que me voy frotando con tu trasero por la calle.

Le miré directamente con una mirada de suficiencia en mi cara, ella estaba magenta. Aguanté la risa como pude.

—¡¡OHH!! ¡¡Cullen!!—Se dio cuenta de mi “broma”, en el fondo no era tan broma, y se puso de pies. — ¡¡Eres tonto!!

Cogió su cerveza y le dio un largo trago. Se puso a reír nerviosa.

—Dime… ¿qué es lo que te ha molestado?—Me puse de pies con ella. —Que te haya devuelto el sonrojo…o…—me acerqué a susurrarle al oído—…que haya sido una medio broma.

Seguí besando su cuello  y acariciándole con la nariz. Sentí como se deshacía en mis brazos.

—¿Qué te parece si me sigues besando así?— su voz sonó trémula—Yo te contesto a tus preguntas luego…

La cargué en mis caderas, su voz me había devuelto la excitación perdida. Le miré a los ojos, sus preciosos pozos chocolates cargados de deseo, lamí sus labios y vi cómo ella se chupaba seductoramente el inferior.

—Mmm sabes cómo me pone ese gesto ¿eh gatita?—Asintió de forma inocente.

Me senté en el sofá con ella a horcajadas, levanté mis caderas para a través de los pantalones hacerle sentir como estaba ya. Se acercó a mi oído y siguió haciendo movimientos circulares sobre mi erección.

—Estoy empapada, Cullen…—Me susurró. ¡Oh Dios! Necesitaba desintegrar la ropa ¡ya!

—¡Quítatelo todo!—le urgí en un tono ronco.

Se levantó riéndose ante mi exigencia, yo aproveché para sacar mi pantalón arrastrándolo con los bóxers y calcetines. Completamente desnuda trató de sentarse sobre mí, yo tenía otra idea en mente. La tumbé sobre el sofá y me coloqué entre sus piernas.

Llegué a su boca y nos besamos fieramente, para después dejarle un reguero de besos hasta llegar a sus pechos, notaba como ella trataba de acercar nuestros sexos, yo lo impedía.

—Edward…— le miré mientras lamía su pezón derecho. —…vamos…no me hagas esto… —Suplicó.

Le sonreí de manera astuta. Gimió ante el contacto visual  y dejó caer su cabeza hacia atrás.

La iba a torturar, le iba a quemar en el infierno.

Mientras con mi mano acariciaba su otro pecho comencé a bajar, lamiendo el recorrido, hasta detenerme en su abdomen, le besé la zona mientras colocaba una almohada debajo de su trasero. Me coloqué entre sus piernas, ella me miró y dejó escapar un jadeo de anticipación que me alentó a seguir. Le di una lamida rápida a su sexo, volvió a gemir y levantó las caderas pidiendo más.

—Shhhh, vamos gatita, contrólate…—volvió a gemir, sentía mi miembro tensarse de una manera exquisita, no estaba seguro si me vendría solo escuchándola.

Despacio lamí toda su excitación, saboreándola, deleitándome en sus pliegues, penetrándola con la lengua, escuchando como mi nombre se escapaba de sus labios en forma de gemidos.

Me posicioné en su clítoris, besándolo y atrapándolo entre mis labios, comencé a mover mi lengua sobre él, y con dos dedos entré en su interior.

Sus manos estaban enredadas en mi pelo, acercándome más a ella si era posible, el sonido de sus jadeos inundaba el piso por completo.

Sabía que iba a llegar su culmen, entonces con mis dedos en su interior comencé acariciar la zona rugosa ligeramente inflamada tal y como había leído en el libro, sobre el punto G, mientras con mi pulgar acariciaba su clítoris. Bella comenzó a gritar.

—¡Edward!…si…por favor…— miré su rostro, cómo se retorcía de placer, “te tengo pequeña”, era un auténtico espectáculo.

Noté como su interior se estrechaba y tras aumentar el ritmo y la intensidad de las caricias colapsó en mi mano, llenándola de sus jugos. Con mi lengua limpié su sexo, sintiendo todavía como temblaba de placer.

Yo estaba a punto, lo notaba y sin casi dejar recuperarse a Bella, coloqué sus piernas en mis hombros sin previo aviso y entré en ella haciendo que ambos gimiésemos al unísono.

Ver su cara, cómo de nuevo volvía a excitarse, su mirada casi felina invitándome a más placer, era la mejor de las vistas, cómo abría ligeramente la boca para gemir mi nombre. Algo similar a un gruñido brotó de mi interior, en pocas embestidas sentí como su interior atrapaba mi excitación de nuevo, y con sus espasmos me vine dentro de ella.

Nuestras respiraciones eran entrecortadas.

—Eso ha sido…Doctor…era…—Bella apenas podía hablar.

—¿Algo…que necesitabas?—Reí casi sin respiración.

Bella se puso un cojín en la cara.

—¡¡Madre mía!!—Gritó contra él.

El sexo con ella era realmente bueno.

De repente el móvil de Bella en la mesita comenzó a vibrar y a moverse por el cristal. Miré sin todavía salir de ella.

—La has mentado… y mira…que te ha escuchado. —Empecé a reír casi sin aliento, Bella se destapó la cara buscando aire.

—No puedo respirar…no puedo cogérselo ahora… —Ambos volvimos a reír ante la situación.

El móvil dejó de sonar, y tras unos minutos Bella se incorporó.

Cogió sus bragas y se las puso rápido, me dio un húmedo beso.

—Me hago pis…—me dijo al separarse, y con el móvil en la mano se fue al baño.

Me sonreí, mi Bella siempre tan espontánea.

Estábamos delante de la puerta de sus padres y yo estaba nervioso. Quizá ese no fuera el término más adecuado para definirme, sentir una especie de puño en la garganta lo ilustraba mejor. Bella apretaba mi mano dándome ánimo.

—Tranquilo—me susurró en los labios para después besarme y tranquilizarme definitivamente, porque sus besos me transportaban a otra dimensión.

Abrió la puerta, y tras dejar los abrigos en el perchero, entramos al salón, allí estaba su padre, con una cerveza mirando la tele.

—Hey papá. —Bella se echó a sus brazos.

—Hola ranita.

—Mira, es Edward.

Me acerqué a él para estrecharle la mano, me miró de arriba abajo, serio, seguro que su mujer le había contado la situación en la que nos pilló esta tarde, me quería morir, esto iba a ser muy tenso. Me tendió la mano y la estrujó fuerte.

—Señor Swan, encantado. —Traté de sonar seguro, era un pervertido, nunca más meteré mano a Bella en la calle, nunca más.

—Llámame Charlie, hijo. —Por fin conocí su sonrisa, miró a Bella. —Tu madre ha pasado la tarde diciendo lo guapo que era, mira que yo no entiendo pero… mi niña se los coge modelos ¿eh?—Habló guasón. Yo no sabía si reírme.

—¡Papá!—Bella le dio un codazo.

—¡¡Dulce!! Si ya estáis aquí ¿Cómo no me avisas Charlie?, con el ruido del extractor me quedaré sorda, tienes que mirarlo, debe de estar roto. —Se dirigió a Charlie, Reneé era un tsunami.

Volvió a besarnos, cómo si nos hubiera visto el mes anterior.

—Buenas noches, Reneé. —Saludé.

—¡¡Ooooy!! , que formal. —Dijo resuelta.

Aguanté la respiración, me pareció que me miró con un poquito de burla, o era yo el que pensaba que nunca se le borraría mi imagen de gata en celo.

—La cena está casi. — Reneé salió a la cocina

—¿Te echo una mano mamá?—Bella se fue detrás de ella, antes de salir del salón me dio una mirada para que me sentara con Charlie. Lo hice, y miré la tele.

—¡Hey los Pistons!. —La euforia se me escapó al ver mi equipo en la tele.

—Hijo… ¿eres de lo Pistons?— asentí mientras el color verde de la camiseta del contrario me daba una idea de lo que vendría a continuación.

—Usted es de los Celtics. —Dije sin dejar de mirar la pantalla, asintiendo, presagiando una cena tensa.

—Llámame de tu. — Dijo serio. —Os estamos danto tal paliza, que no sé si os quedarán ganas de volver a la cancha en el último cuarto.

Me alegré, por primera vez me alegré y mucho de que los Pistons perdieran, no me importaba, más les valía no hacer un partido épico y remontar, abocándome a una horrible velada con los padres de mi maravillosa novia.

—Vah, si tampoco soy muy fanático del equipo en sí. —Si Jake me escuchara se partiría en dos de la risa.

—No digas eso, Edward. —Pasó su brazo por mis hombros, no tenía ni idea de que hacer. —Se nota que te encanta tu equipo, no pasa nada, relájate. Tengo que hacerme el duro, eres el novio de mi hija, entiéndelo, llevo el disfraz de lobo puesto y me has dejado en bandeja que te fastidie un poco. —Empezó a reír, y yo a relajarme. —Te traeré una cerveza.

Terminamos de ver el partido y yo me había relajado casi del todo. No dejaba de ser el padre de mi novia, eso impone quieras o no, pero me había permitido con sus palabras mostrarme como soy…un poco más. Vamos, que animé a los Pistons, sin echar pestes sobre el otro equipo como cuando estaba con los chicos, eso sí, con clase, como se ve un partido con el futuro suegro.

No me sonaba mal.

Era la segunda vez que mi mente se lo mencionaba a sí misma, cierto era que llevábamos poco, tres meses, pero eso me bastaba para saber que Bella sería la mujer con la que pasaría el resto de mis días.

Reneé apareció en el salón seguida de mi ángel, a la que miré con absoluta devoción. Venía con la cara arrebolada del calor de la cocina y riéndose con su madre.

—Así que eres pediatra Edward. —Charlie me preguntó.

—Así es. —Bella me miró con orgullo, esas miradas me hacían hinchar el pecho.

—Entonces los niños te , claro—Reneé tomó el relevo.

—Sí, me entiendo con ellos. — Metí un trozo de lasaña en mi boca, estaba deliciosa, Bella tenía razón. Tenía que alabar a Reneé por ello, aunque fuera algo muy manido en estos encuentros.

—Que bien Bells, a mí también me gustan. ¿Sabes? Yo a tu edad te tenía ya, es más tenías 6 años. — Tuve que parar de masticar ante la indirecta de Reneé. Bella la miró con los ojos muy abiertos.

—Reneé, mujer, qué cosas dices, hoy en día no se adelantan tanto, deja a los chicos, apenas llevan unos meses. —Charlie me sonrió, yo le miré agradecido por la intervención. —Además están en el momento de entrenar. —Charlie me guiñó un ojo. Me quedé lívido.

Bella miraba a sus padres sin decir nada.

—Si bueno, eso me consta que lo hacen. —Dijo Reneé en un tono más bajo y asintiendo mientras comenzaba a comer. A mí se me atascó la lasaña, ya no podría decirle lo buena que estaba, me hacía bola. La jodida imagen restregándome contra Bella acudió a mi mente a todo gas.

—¡¡Mamá!!—Bella saltó.

El tema fue desviado por Bella y la cena continuó tranquila, finalmente pude alabar a Reneé su destreza con la lasaña y extrañamente Charlie se convirtió en un aliado bastante simpático.

Cometí el error de admitir que en Acción de Gracias no iría a Detroit, y Reneé insistió hasta la saciedad en que fuera, bien, no tuve escapatoria

—Ha estado bien. —Bella me miró y rodó los ojos.

Íbamos caminando hacia el ático de Bella, abrazados, hacía bastante frío ya.

—Mamá ha conseguido que el puente de Acción de Gracias lo pasemos juntos. —Me dijo con tono de burla.

—¿Tenias otros planes?

—No, para nada, la insistencia de Reneé me ha hecho un tremendo favor. —Besé su cabeza.

—Y ya he pasado la prueba de fuego, además de que los Celtics y los Pistons no volverán a coincidir. —Dije haciendo un drama.

—Bueno, conocerás a mis tías…—dijo mirándome de soslayo.

—Cierto. Las primeras damas me someterán a uno de sus famosos “tercer grado.”

—No lo dudes Ed, y a un exhaustivo escrutinio

Ambos reímos.

Capítulo 15

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