#4_DEL BLANCO AL NEGRO_

Los días siguientes se sucedieron sin más. Bella estaba realmente agobiada con el fin de curso, las obras de teatro, los papeleos y demás, y yo seguía con mi rutina de trabajar 24 horas y librar cuatro días.

Habían pasado ya tres semanas del “día de la olla”, como mi mente, de una forma sarcástica y haciendo un símil con la ida de olla de Bella y el momento olla tras el polvazo, le llamaba en secreto. Y curiosamente no habíamos vuelto a acostarnos. No sé si mi polla temió por su vida tras el sueño vivido, o Bella ya no estaba tan apetente y exhibicionista como esos dos días, o el estrés de su vida esos últimos días de trabajo, pero el caso era que no hacíamos ni el amor, ni follábamos,  ni nos excitábamos juntos.

Si he de ser sincero, yo estaba tranquilo, disfrutaba de una extraña paz conmigo mismo, y mi mente tenía incluso el cartel con el NO en grande apoyado contra la pared. No volvió a salir el tema y yo lo agradecía. Soy un jodido egoísta, pero así eran las cosas. Si no se hablaba de ello no me parecía en absoluto necesario preguntar el por qué.

Estaba haciendo escalada con Emmet, era parte de su entrenamiento, y yo me había ofrecido sin problemas. Me encantaba sentirme libre y coronar alturas impresionantes tirando de la fuerza de mis propias piernas y brazos. Era el primero de la cordada, siempre nos lo echamos a suertes, porque en esta posición la adrenalina se desmadra que da gusto. Era el ascenso de una ruta ya abierta, por lo tanto el material era más ligero, habíamos dejado los friends (material de escalada para insertar en las fisuras y crear puntos de anclaje) en el coche, no queríamos ir abriendo rutas, era un entreno para Emmet, y lo otro  era para el deleite personal.

—¿Cómo lo llevas tío?—Pregunté desde mi posición alta asegurando la cuerda a la fijación en la roca.

—Bien tío, pero esto de no utilizar magnesio (polvo blanco que reduce la humedad de las manos y así evita que resbalen durante el amarre a las cuerdas), es una tremenda putada, ya te lo digo.

Normalmente el magnesio lo utilizábamos siempre, pero en esa pared, al pertenecer a un Parque Nacional, no estaba permitido bajo ningún concepto. La razón de estar allí y no en otro sitio era la cercanía a casa y la ruta, que era acojonante y tenía la complicación adecuada para el entrenamiento que necesitaba Emmet. El estar a pleno sol de Junio dificultaba que las manos estuvieran secas.

Aseguré mis pies en la roca y me solté las manos, secándolas contra un trapo pequeño lila que Bella me había comprado en un momento de pánico cuando hablamos de la inseguridad de las manos sudorosas en esas circunstancias.

—Llegamos al saliente y paramos. ¿Te parece?

—¡Dale!

Tras el último paso complicado prácticamente en horizontal, para acceder al saliente en el que nos encontrábamos, contemplábamos las vistas impresionantes del sol comenzando su descenso.

—No podemos demorarnos mucho, no puedo llegar muy tarde a casa. —Emmet se recostó sobre la roca y cerró los ojos. —Me tiene agotado tío…—Bufó.

—¿Estás hablando de lo que creo que estás hablando?—Parpadeé en su dirección.

—En casa ni se habla ni se hace otra cosa. — Le noté algo irascible con el tema y le dejé hablar sin más. — Cada dos días follo, todos los días como tomate, y los momentos de descanso se habla de ¿sabes que postura es la mejor para concebir? Oh…Joder…Me estoy llevando la contraria a mí mismo tío…¿alguna vez pensaste que te cansarías de follar? Y solo llevo tres semanas, pero joder…—Palmeó el suelo. —Que a veces llego reventado ¡¡y estoy hasta los cojones del misionero!! En la mesa no que luego no puedo estirar las piernas, de pies tampoco que no ayudamos, en la ducha nada de nada, no se pueden desperdiciar los espermatozoides. ¿Una mamada? ¡¡Se me ha olvidado lo que es una mamada!!—Gritó tanto que la palabra mamada quedó haciendo su propio eco contra la pared de en frente. —En serio ¿a esto se refería cuando concretamos que esto iba a ser “con calma”?—No solo entrecomilló la frase, sino que imprimió un tono burlón con una mueca digna de grabar. — Pues cuando nos pongamos a ello se me va a romper la polla, te lo digo en serio.

Miré hacia el sol y afirmé sin saber por qué, bueno si que lo sabía, me iba a entrar la risa Aunque lo más normal sería echarse a llorar, pues era cierto que lo que describía parecía un infierno y mi vida sexual comparada con la suya desde el mismo “día de la olla” era el cielo, desde luego que lo mejor era un término medio, la tierra era lo adecuado.

—¿Estáis llevando otra rutina?— Esto demostraba que no habíamos vuelto a hablar del tema, a mi desde luego no me compensaba después de mi sueño con Bella y la Bruja del Oeste, y esa especie de desconfianza a que ella me hiciera algo contra mi voluntad. Definitivamente  ponerlo de manifiesto me hacía ser un miserable. —Mira, si lo estáis haciendo de otra manera, por favor habla con Bella para que se lo diga a Rose. Tiene que estar equivocada, esto es una forma de destrozar vidas…Entro en casa acojonado, te lo digo en serio y odio el tomate. — Su cara era un poema, digno de lástima. Todo un hombretón como él rogando en silencio por abandonar una vida sexual activa al doscientos por cien, era para darle la absolución sin duda.

—Eso del tomate…—Escudriñé la mirada sin desviar mi vista del frente. No entendía a que venía lo del tomate, y si me lo planteaba en serio me daría por descojonarme delante de él, y sinceramente, él, mi amigo, estaba mal. Estaba convencido de que si le proponía un fin de semana de rabos el mismo organizaba ya el inicio para esa misma noche.

—Para la cantidad de esperma tío…todo eso que lee debe ser un cuento chino, a estas alturas mi semen debe ser rojo, pero claro, como todo se lo traga su útero…—Puso los ojos en blanco como si no se pudiera creer el giro que había dado su vida.

—Nosotros no lo hacemos. —Dije sin más.

—¿Ves? ya sabía yo que eso del tomate era una chorrada mundial, eso sí, tengo la piel como nunca…—Paso su mano por el antebrazo y asintió orgulloso. Así era, podía desviarse del tema que le traía de cabeza en una décima de segundo.

—No… no…Nosotros no follamos.

—¿Sexo tántrico para concebir un súper bebé?—Torcí mi cuello y le miré de frente, su ceño estaba arrugado, estaba claro, no entendía nada.

—Que no huevón, que no estamos haciendo nada para tenerlos. —Dije con voz cansada.

—Vaya, yo pensaba que finalmente…¿no?—Negué con la cabeza repetidamente.

—Le tiene que bajar la regla esta semana que entra, y estoy acojonado.

—¿Pero no hablasteis finalmente de…

—No, no mucho, la verdad.

—¿Y cómo estáis?

—Pues comparado contigo amigo…tranquilos…—Sonreí sarcásticamente. —No, estamos…pues ni bien ni mal. No nos hemos vuelto a acostar, y en casa, estamos…normal. No excesivamente cariñosos he de decir, pero bueno, fin de curso, ya sabes. —Me encogí de hombros.

—El curso termina esta semana.

—Sí, esta semana es determinante para todo. —Asentí

—¿Y si no le baja la regla?

—Pues tendremos un bebé. —Dije sin pensar.

—Pues como hayas acertado con un solo polvo, Rose me castrará. —Negaba asustado. — Te lo juro, lo del tomate se nos quedará pequeño y me hará comer, ¿Qué se yo? Sandía oh…—De repente me miró como si su cabeza hubiera activado el resorte de la emergencia. —¿Crees que puede estarlo?

—Pues no lo sé Emmet, nunca he visto a Bella embarazada. — Soplé al decirlo.

Si realmente lo estaba tendríamos que asumir demasiadas cosas, no solo que un niño vendría al mundo, y sería de los dos, obvio, si no, el mes que habíamos pasado evadiendo un tema importante con ello en camino. A mí se me hacía más cuesta arriba que nunca. Si no ¿de que llevaba tres días mirando dentro de la papelera del baño y en la basura, por si  estaban los paquetitos típicos de esos días? En vano, por supuesto.

—¿Le han crecido las tetas? Mírale la tripa, Rose está todo el día mirándosela y buscando una línea rosa o algo así.

—Em…¿una línea rosa? ¿En la barriga? – Me quedé sorprendido.- ¿En serio me lo estás diciendo?…Yo sabía algo de dos rayas rosas…como que fuera un marcador…¿pero en la barriga en serio?- Fruncí el ceño, realmente este mundo era todo desconocimiento para mí.

—¿Y a mí que me cuentas?, es lo que le escucho decir cuando desnuda se mira en el espejo…—Puso los ojos en blanco.

Hacía tres semanas que no veía a Bella desnuda. Joder…tres malditas semanas sin hacerlo con mi mujer. Como si mi polla despertara de una hibernación, la sentí en mi entre pierna al evocar su imagen desnuda mientras echábamos un polvo en la cocina. Sus piernas rodeando mi cintura y yo hundiéndome en ella una y otra vez. EL hormigueo se convirtió en excitación y me di cuenta que estaba casi empalmado. ¡Stop!

—Mañana nos vemos en casa de Jasper. —Emmet se despidió con su mochila y las cuerdas colgando y se dirigió a su casa, como si realmente fuera un reo de  muerte.

Si, al día siguiente teníamos una barbacoa en casa de Alice y Jasper, los encantados de la vida de engendrar bebés. Lo temía, más que a una tormenta eléctrica en medio del campo.

Bella no había visto a sus amigas desde la salida de las Brujas, ese aquelarre maldito que trajo a casa una incertidumbre irrespirable. Los fines de semana estaba con los exámenes y el papeleo a cuestas, y cuando no, prefería descansar algo para coger fuerzas. Pero al día siguiente se vería con Alice y Rose, las amigas que estaban en la misión de traer un bebé a este mundo. Y eso iba a ser un desastre seguro, porque ellas no dejarían de hablar de ello y Bella se sentiría fatal.

Mientras me encaminaba hacia casa se me puso un nudo en el estómago, porque lo peor de todo era que yo ni siquiera había tratado de sacar el tema para tener las cosas claras entre los dos. Y era por mí por quien esto se había dejado de hablar. Pero es que no tenía ni puta idea realmente de que decir, ni que pensar.

Puse la radio a todo gas para evitar seguir pensando en algo que no sabía cómo hacerlo y Etta comenzó a inundar el coche con su canción mítica “I just want make love to you” Y la canté con ella, y como un imbécil sin sentido comencé a imaginarme desnudando a Bella despacio, como esas veces que pactábamos que lo íbamos a hacer lentamente. Imaginarme rozando su piel hizo que mi amiguito aletargado me avisara de su presencia. WOW, estaba poniéndome a tono de nuevo con solo una imagen de mi mujer…Estaba necesitado de su piel, así de cursi sonaba, porque eran tres semanas sin tocarnos.

Entré en casa dispuesto a comérmela, las imágenes en mi mente eran explícitas , pero necesitaba tocarla, no me iba a hacer un mano a mano con su imagen. ¡Éramos  marido y mujer!

Cerré la puerta y vi que en el salón había una tenue luz y la música clásica sonaba de fondo. Bella estaba leyendo, me asomé y la vi efectivamente contra la esquina del sofá, con su expresión perdida en la lectura. Levantó la vista y me sonrió, dulce.

Con la sinceridad en la mano podía decir que me moría por hacerle el amor, pero mi cerebro tenía residuos sobre la conversación con Emmet. Era como si se empeñara en joder cualquier situación íntima entre nosotros. Entonces los comandos enviados por el mismo cambiaron mi ruta.

—Hola pequeña…—entré tras dejar la mochila en la puerta y me incliné para besarla. Sus labios blanditos y el olor de su cuerpo activaron mi pene comenzando un pulso con el cerebro.

—¿Qué tal la escalada cielo?—su susurro llegó caliente a mi cara,  mi polla había pegado un puñetazo al cerebro haciéndolo tambalearse en la mesa y perdiendo recorrido.

—Bien. Ya sabes cómo nos gusta vencernos a nosotros mismos. —Me iba a sentar a su lado porque le iba a abrazar con fuerza, seguro, mis manos me picaban por deslizarse por su piel. El cerebro sacó un golpe de fuerza y mirando a los ojos, inquisitivo le dijo al pene  con voz sepulcral  “¿Cómo vas  a manejar que no quiera utilizar preservativo? Emmet y Rose lo hacen a todas horas y eso quiere decir que no es necesario que esté en sus días.” Sentí a mi amigo más sexual apocarse en su sitio y el dorso de su mano tocó la mesa.

Cambie mi cuerpo para evitar caer a su lado sujetándome en el respaldo.

—Me voy a…duchar. Y antes revisaré unas cosas en internet…—ME di la vuelta para no ver cómo arrugaba el ceño, estaba convencido de que mi comportamiento evasivo no era una buena señal para ella.

A veces soy tan imbécil. ¿Y qué quieres si no has pensado en nada al respecto de tener un niño? El lado racional seguía machacándome, debería entrenar al perdedor del pulso para que le diera una paliza, aunque fuera mientras dormía.

En el salón seguía la música, prueba de que mi mujer seguía leyendo. Encendí el ordenador y en San Google tecleé la frase: “Quedarse embarazada en cualquier día del mes”. Evidentemente, foros con preguntas al respecto se abrieron paso ante mis ojos. Y algo me quedó claro, a veces ellas no ovulan una sola vez al mes…la palabra regular se repetía mucho, y el primer premio a la repetición de palabras era  para “PROTECCION”…soplé fuerte y apagué el ordenador.

Me metí en la ducha y al sentir el agua caer en mi cuerpo comencé a relajarme. Frotándome con el jabón llegué a mi polla, la cual me miró enfadada. Si, estaba de un tamaño superior al relajado, porque hacía un rato se había imaginado entrando en su lugar preferido del mundo, ¿Y se te ocurre mirar internet imbécil? Eres un pusilánime. Y como si de una película porno se tratara, el cerebro se alió con ella. Bella apareció en una imagen mental, directamente en mis brazos sobre la mesa del salón, desnuda y jadeante… ¡joder!!

Sentí como me ponía duro bajo el agua al mismo tiempo que en mi mente comenzaba a besarla sin darle tregua. Bella me atraía con fuerza y hacía movimientos ondulantes contra mi polla dispuesta, esa misma que estaba entre mis manos en ese momento, dura. Directamente aparece desnuda, ni me molesté en pensar cómo le quitaba la ropa, y yo también, ¿qué demonios?

Acaricié con fuerza mi miembro, presionando al llegar a la punta, y me imaginé a Bella haciéndolo…¡joder!!…Le toqué los pechos y tumbada sobre la mesa me lancé a lamérselos…todavía recordaba su textura, y lo que me gusta sentirlos cómo se endurecen entre mis dientes y lengua. Lentamente seguí con mis movimientos prolongados en mi erección…¡Dios!…es deliciosa, la imagine orientándola a su entrada, rozándose con ella a la vez que me tocaba de la misma manera que ella hacía en mi imaginación. En un empujón la penetré, y mi mano hizo un túnel para evocar la penetración…Jo—der…en cuatro embestidas me había corrido. Evitando el grito de liberación…y tras la pulsación acojonante por todo el cuerpo, la culpabilidad rondó por las mismas zonas…mierda.

Entramos en casa de Alice y Jasper, vi el coche de Emmet y había otro  a su lado, un impresionante Audi A8 negro, con sus 372 caballos, una máquina que alcanzaba los 100 en 5,7 segundos…y con una pegatina de un muñeco calvo y con chupete que decía “Bebé a bordo”.

—Kate y Jacob están aquí. —Bella casi salió en marcha del coche.

—¡Cuidado cielo…!— No me oyó. La vi correr para rodear la casa sin entrar por la puerta delantera.

Así era, iba cual gacela patosa, porque mi Bella corría como un precioso patito, a buscar a esa bebé que había trastornado nuestros días. Y aquí estábamos, no solo iba a escuchar a Rose y a Alice hablar del tomate y de las posturas y de los reposos a piernas alzadas, iba a tener delante la creación y el resultado de todo ese manual de actividades al que Emmet, y seguramente Jasper estaban sometidos.

—¿Cómo estamos tíos?— Entré en el salón donde Emmet, Jasper y Jacob seguían el partido de la final de la NBA. Los Celtics contra los Lakers.

Me acerqué al reciente papá y se levantó para darme un efusivo abrazo si dejar de mirar de reojo a la tele.

—¿Cómo lo llevas?— Las ojeras podrían haberme indicado algo, pero su sonrisa era más deslumbrante que las bolsas oscuras bajo sus ojos.

—Cojonudo tío, en serio. — Me guiñó un ojo y asentí contrariado.

—Coche nuevo. ¿Dónde quedó el Porsche?

—Ángela no cabe en él. — En cierta manera me veía reflejado en Jacob antes de que su niña naciera. No es que nos viéramos mucho, por las distancias, pero teníamos cosas en común, una de ellas la pasión por los coches.

—¿Y un Cayenne?— Sugerí, sin creerme que el fetichismo de Jacob por los Porsche se hubiera esfumado.

—Este Audi es mejor…—Se sentó y miró de reojo a la pantalla de nuevo. — Además, me lo regaló mi suegro. — Apretó la boca resignado y elevó las cejas. — No podemos gastarnos una pequeña fortuna en el Cayenne que…

Asentí y le entendí en el momento. Un coche impuesto por el rígido padre de Kate. El día de su boda pasé miedo a su lado, y eso que siendo bombero no me puedo quejar de mi fuerza, por no mencionar el cuerpo duro que tengo, pero el tipo  no sonrió ni un solo segundo, o por lo menos mientras estaba cerca de nosotros. Ese hombre gigante nos miraba a los amigos de su yerno como si fuéramos piojos que iba a extirpar con sus dedazos en forma de salchichas Alemanas de un momento a otro.

—A mí me parece cojonudo. — Palmeé su espalda y asentí. Era verdad, me encantaba ese coche.

—Porque estás obsesionado con Audi. — Aseveró Jake.

—Puede ser…—Admití, joder…cuando vi esa máquina con la pegatina de bebé a bordo me pareció una buena alternativa. Me acerqué a Em y golpeé su  bíceps duro con el puño cerrado a modo de saludo.

—Coge sitio tío, pedazo de partido que está haciendo Gasol…este español es oro …—Emmet no se perdía ni un solo fotograma , prácticamente no parpadeaba y por un momento llegué a temer por que sus ojos se secaran. —¡¡¡WOW!!!… —Saltó a la par que el español y gritó cuando encestó el triple. — ¡¡Increíble!!— Se volvió hacia todos rojo como la grana y con las venas del cuello a punto de estallar. — ¿Lo habéis visto?…¡¿Lo habéis visto?!— Observé a Jacob bufarle en respuesta.

—¿Qué cojones le pasa?—Pregunté a Jazz sentándome a su lado y  cogiendo un ganchito de un bol de cristal.

—Ha apostado contra Jacob. —El veterinario se encogió de hombros y alcanzó de un recipiente más pequeño un pedazo de apio pelado, lo hizo crujir en su boca y lo mascó ante mis narices reprimiendo un extraño gesto.

—¿Qué haces?—Espeté sin creerme lo que acababa  de ver. — ¿Apio y baloncesto?—Ladeé la cabeza alucinado, sabía por dónde iban los tiros. Mis amigos estaban subyugados a sus mujeres y estaban hinchándose a tomate para que sus espermatozoides rojos llegaran al óvulo como unos apaches y lo conquistaran, y apio, para que ¿les creciera una polla sana? Abrí los ojos en su dirección sin creérmelo.

—Es mejor que toda esa concentración de colesterol tío, y…no está tan malo…además…

—¡¡¡Sheeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!!….¡¡¡Triiiiiiiiiiiiiiiple!!!—La carcajada estruendosa posterior a la hecatombe provocada por Emmet dejó a la sala sorda. Yo no escuché a Jazz terminar y simplemente me di cuenta sin que me dijera nada, que yo estaba irascible con ese tema que se estaba llevando a cabo entre mis amigos.

—Perdona tío. —Sujeté su rodilla y me tranquilicé.

—¿Vosotros no?—Jazz tranquilo y recostado mientras Emmet había comenzado a hacer cortes de mangas a todos aquellos que apostaran por los Celtics, me miró directamente.

—No, parece ser que no…y soy yo…lo sé, pero es que no sé qué pensar, y creo que si sigo en esta tesitura, perderé a Bella.

—Habla con ella,

—¿De qué?, no sé qué decirle Jazz. No creo estar preparado para…cambiar pañales y… para compartirla.

—¿Por qué dices eso? Si va a ser tu hijo también, vas a disfrutar tanto o más que ella, seguro. –Se incorporó y me hizo un gesto para que le acompañara.

Caminamos hasta la terraza que daba a la piscina y cenador donde las chicas estaban con Kate y la niña. Bella la tenía en sus brazos, y desde la distancia pude ver su sonrisa.

—Edward, creo que no lo has enfocado bien. Un hijo no es algo que quita tiempo, es alguien en tu vida, tuyo, y de la persona que más quieres. Alguien que va a hacer que cada jodido instante en esta vida merezca la pena. Te llamará papá y serás lo máximo para esa personita, y lo único que hará entre vosotros, no va a ser separaros. Al contrarío tío. Os va a unir como nunca. Seguro.- La cara de Jazz me pareció la de un médico que anuncia con certeza que algo va a salir bien.

—Perdonad…—La voz de Jacob nos llegó desde atrás. —No he podido evitar escucharos. —Fantástico, más audiencia para ver la obra de “Cullen es el mayor egoísta del reino”¡¡¡paaaasen y vean!!!.

—Adelante. —Le dije sonriendo ya sin plantearme más.

—Estás acojonado ¿eh Cullen?— Me lanzó una mirada conocedora que me reconfortó en seguida.

—No tengo ni puta idea de cómo gestionar esto. — Moví las manos rápido y mi cara debió de darle la pista definitiva.

Asintió y se puso a nuestra altura.

—Cuando Kate se quedó embarazada, que fue sin buscarlo, fue un palo enorme para mí. Teníamos planes, un montón de viajes, proyectos, los cuales con un niño eran inviables. –Se apoyó en la barandilla y divisó a su familia, lo supe porque sonrió de una manera impresionante, con un orgullo que le hinchó el pecho. — Pasé unas semanas horribles tratando de pensar que hacer para dejar de ser un egoísta que solo pensaba en mí, porque…joder… ¡¡no quería esto!! Pero entonces llegó el día de la Ecografía. — Negó varias veces y sonrió. —Estaba aterrado, sentí como si un miserable hubiera poseído mi cuerpo ese tiempo, porque al saber que íbamos a observarle, o a escucharle, necesitaba que esa pequeña cosita que se estaba formando estuviera bien, por encima de todo, y ahí…tras llorar como un jodido marica cuando escuché su corazón, mi vida se llenó de expectativas con ellos, y mírame…

—¡¡Jodete Jacob Black!!…¡¡Te voy a sacar los higadillos con esta apuesta, deberías haberte apostado ese coche tuyo, y me lo hubiera llevado a casa encima del mío!!—Emmet sacó la cabeza por la terraza para gritar desorbitado ajeno a todo, y volvió a meterse dentro.

Jacob se rió y volvió a negar.

—¿Pero cuánto os habéis apostado?—Le miré desconcertado. Ya completamente convencido de que Emmet estaba sufriendo demasiado con la dieta a base de tomates y los ordeños a días alternos. ¿Seguro que no había alguna estadística que indicara que eso no era bueno para la salud mental? Bien, Emmet es un loco del deporte, pero estaba demasiado enfocado…¿una gran suma de dinero? Sería eso.

—Diez dólares—El chico moreno se encogió de hombros y yo me quedé mirando hacia el interior observando a un desaforado Emmet agarrado a un cojín. Increíble, definitivamente Rose estaba creando un ser elemental a base de drenajes cerebrales a través del pito…

—¡¡Sheeeeeeeeeeeeee!!— y saltó como un gamo, corrió hasta donde estábamos y comenzó a balancear el culo como Cuba Gooding Jr en Jerry Mcguire— ¡¡enséñame la pasta!!…¡¡Enséñame la pasta!!— Con la mano extendida llegó hasta Jacob. —¡¡Enseeeeeeeeñame la pasta!!

Y le puso los diez dólares en la mano. Le miré preocupado y posé una mano en su hombro tratando de serenarle, me miró y comenzó  a cobrar una pose más natural, no como si estuviera en un laboratorio de pruebas sometido a electroshock.

—Has ganado, no volveré a apostar por los Celtics, desde luego. — Admitió Jacob.

—Son los Lakers tío. —Em levantó una ceja en advertencia. —Y ahora, ¿nos vamos a comer?…me muero de hambre.

_5.

2 respuestas a #4_DEL BLANCO AL NEGRO_

  1. Oye lo del tomate me tenia en ascuas, casi dejo la lectura por ir a buscarlo en “san google” menos mal luego lo aclaras, pero definitivamente pobre Emmet, con la polla al punto de fractura y rojo de tanto comer tomate, y según Ed le exprimen el cerebro con cada eyaculación, jajaja
    Con esta charla de amigos, el pobre Edward, como que quedo mas paranoico.
    Que tierna la forma como explica Jacob su experiencia, espero que esto ayude un poco a Ed.

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