Capítulo 45

27 Septiembre.

Edward POV.

Bella se había pasado toda la mañana durmiendo. Sobre las tres y media de la tarde se despertó, escuché la ducha y al rato la puerta del baño, apareciendo por el salón con una camiseta mía que le llegaba casi hasta las rodillas.

—No pienso beber nunca más en la vida, creo que tengo la cabeza deshecha por dentro…—Casi se arrastró hasta el sillón.

Yo estaba tumbado en el sofá y le abrí mis brazos, ella directamente se enterró en mí.

—Ay mi pequeña beoda. — Un gemido lastimero salió de su cuerpo, besé su cabeza y aspiré su olor. — Que bien hueles.

—No sé cómo has podido dormir conmigo, seguro que olía a alcohol que tiraba para atrás. — Sacó la cabeza del hueco de mi cuello.

—Si apenas te has movido del sitio, te abracé y así te has quedado toda la noche. — Besé su nariz. —Además tú no hueles mal, tonta.

—Supongo que arruiné nuestra primera noche…—Me miró con pena.

—Hagamos como que esta noche es la primera…—Moví las cejas. — Además estoy tan contento que estés aquí ya como inquilina permanente que me da igual…—Las tripas de Bella sonaron alto. — ¿Te parece si comes algo?

—Tengo un hambre voraz…aunque no sé si me sentará bien, tengo el estómago un poco extraño.

—Quédate aquí. — Me levanté a la cocina y preparé un zumo de frutas grande, saque un bote de sopa que tenía de la noche anterior y lo calenté.

Le llevé todo a la mesa del salón, Bella se había tumbado en el sillón y tapado con una manta.

—Esto te sentará bien, come despacio y solo lo que te apetezca.

—No te merezco. —Dijo mientras se sentaba para alcanzar el plato. — Mmm está deliciosa ¿la has hecho tú?

—Es una receta de mi abuela Myrta, vivía en Calgary, y esa sopa levantaba a un muerto.

—Ni que lo digas.

Pasamos la tarde viendo la televisión, Bella dormitaba de vez en cuando, y las veces que no lo hacía hablamos del fin de semana con mis padres y también de las pegas tontas de Reneé cuando le contó lo de venirse aquí. Bella demostraba la paciencia de un santo.

Estábamos tumbados en el sofá, Bella delante de mí, de lado. Sentí que estaba despierta por la respiración. Comencé a acariciar su barriga por debajo de la camiseta.

—Se te va a acabar el sueño para la noche…—susurré a su oído. Se removió sobre mí sonriendo.

—Duermo tan bien a tu lado…eres como mi somnífero—No abría los ojos todavía.

—¿Me vas a contar cómo acabasteis con la nevera de la terraza?—reí suavemente.

—Hubo que sacar la artillería pesad con Alice, conseguí que riéramos sin parar, bueno…yo no…las cervezas. — Rió y abrió los ojos. — Por cierto hay unas negras que las odio. —Hizo un gesto de asco. —Exactamente, ahora las odio todas.

—Debería haberos grabado cuando llegué, erais un poema. Alice no se tenía casi en pie…y tu ni siquiera lo intentaste. — Descendí mi boca hasta rozar su cuello, el cual lo tenía despejado por la inclinación de su cabeza sobre mi brazo. — Estabas muy graciosa, me llamaste “mi hombre”— Reí sobre su piel, y la sentí vibrar con su risa.

—¿Acaso no lo eres?— Dijo remolona, frotando su espalda contra mi pecho y disfrutando de mis mimos.

—Lo soy, pero nunca había sonado tan… posesivo, me gustó que “mi mujer” lo dijera sin pudor alguno. —Atrapé el lóbulo de su oreja y un gemido bajo escapó del pecho de Bella, hizo que mi entrepierna despertara, y de forma sinuosa, mientras no dejaba de acariciar su abdomen, rocé su trasero con mi despierto miembro.

—Creo que ya me estoy encontrando mejor…—Repentinamente se desperezó y se levantó.

—¿Estabas incómoda?— Le miré con el ceño fruncido, se volvió y me tiró un beso para desaparecer tras la librería

Cuando vino su mirada estaba cambiada,no se le notaba tan cansada. Podía sentir la lujuria que comenzaba a desprender, seguramente mis juegos anteriores habían despertado más cosas.

—¿Quieres que hagamos algo? Podemos ir al parque…está muy bonito , y todavía se puede disfrutar del buen tiempo…— Estaba claro, ella tenía otros planes y la anticipación me recorrió de manera exquisita por todo el cuerpo. — Podemos llamar a los chicos…—seguí obviando su mirada, como si no me diera cuenta— …seguro que te apetece saber cómo le va a Alice y Jazz, o pasar tu primer fin de semana en la gran manzana con tus amigos…— Llegó al sofá, y se puso a gatear hacia mi. — Quizá lo mejor sea llamar a Sally y quedar con ella para llevar a cabo esa mentira que le has contado a Reneé…—Puso su cara en frente de la mía. —…que estás hecha una mentirosa…—susurré con su boca cerca. — Mira que si te llama Reneé y se entera que estás de resaca tirada en el sofá…

—¿Y si…— Besó mi boca rápidamente—…hacemos algo para lo cual no haya que vestirse?… — Sacó su camiseta de un movimiento quedando desnuda, con sus piernas a cada lado de mi cuerpo.

Tenía que decir que Bella había recuperado su picardía sin perder un ápice de sensualidad, es más, podría decirse que era más insaciable que antes, y yo estaba gratamente complacido de su disposición.

—Vaya Señorita Swan…ya no tiene resaca por lo que intuyo ¿verdad?—Puse un dedo en su boca, el cual lamió haciendo que mi miembro reaccionara al momento. Era una imagen demasiado erótica para aguantar.

—Alguien me dijo una vez que lo mejor para las resacas era el sexo…— Acomodó su entrepierna sobre la mía, rozándome deliciosamente y gimiendo bajo, haciendo que yo me contrajera perceptiblemente.

—Llevemos a cabo el tratamiento entonces. — Deslice mi dedo húmedo desde su boca por su mentón, pasé despacio por su cuello, descendí lento entre sus pechos y allí, con mi pulgar masajeé uno de sus pezones hasta dejarlo erecto. Todo sin dejar de mirarla.

—Quiero…—gimió. —Que me enseñes…Ed quiero aprender…a darte placer…— Se balanceaba hacia delante y atrás rozándome, haciendo que mis caderas se elevaran, demostrando cómo me tenía.

La cogí de la cintura y la eché sobre mí para perderme en su boca, deleitándome con su sabor, jugando con su lengua, mordiéndola, succionando sus labios, bajando por su cuello y atrapando su lóbulo, sabía que le encantaba, volviéndola loca, tanto como ella a mí con sus gestos y palabras, con sus sugerentes movimientos.

—Dime qué quieres hacer…—Le susurré al oído, podría convertirse en un juego muy interesante.

—Llevar yo las riendas…dime cómo…— Se incorporó de nuevo sobre mí, sentí su humedad sobre mi abdomen, y agitó algo que llevaba en la mano, era un preservativo.

—De acuerdo pequeña, ¿primera lección entonces?— Suspiré, estaba muy excitado.

—Yo te lo pongo…—Susurró y se mordió el labio mientras me dejaba espacio para quitarme los pantalones.

Bella estaba sobre mis rodillas, sin sentarse en ellas, y tenía mi erección en frente. Abrió el condón y lo sacó entre sus dedos. Sujeté mi miembro, completamente erecto delante de ella.

—Colócalo sobre la punta. —Lo hizo y con su otra mano me quitó la mía para sujetar mi pene con cuidado. —No se va a romper cielo…—Le sonreí, me encantaba verla tan atenta, entonces la sujetó por la base con un poco más de fuerza, gemí involuntariamente. — Bien…desenróscalo presionando la puntita de la goma…puedes…soltarlo…y ayudarte con las dos manos… — nunca había sido tan placentero colocarme el preservativo, me estaba matando. —Oh…Bella …perfecto. — Se quedó con su mano masajeando mi longitud palpando el condón.

—Te gusta…—Me miró con los ojos brillantes de excitación.

—No sabes cuánto…—Seguía moviendo su mano de arriba abajo, presionando un poco más.

—Se está poniendo durísimo…— Le vi relamerse.

—Nena… ¿quieres que entre en…ti?—Me estaba costando hablar y no abandonarme a sus caricias.

—Si…perfecto, pero yo arriba…. —Ascendió con las piernas a los lados de mi cuerpo y con su mano puso la punta en su clítoris, acariciándose, mientras miraba. —Oh…—Gimió. Pensé que me correría solo así.

—Mmm…Bells…—Cerré los ojos disfrutando de las caricias que su sexo me proporcionaba, tras unos minutos así noté como su mano guió mi miembro a su entrada, abrí los ojos y me estaba mirando, complacida por mis gestos.

—Voy a hacerlo…quiero tenerte en mi…—susurró. Asentí.

Ambos jadeamos al unísono, Bella quedó sentada sobre mí, quieta, con la cabeza inclinada hacia atrás, sus manos comenzaron a tocar mi abdomen.

—Dime Ed…— Y comenzó a menear la pelvis hacia delante y atrás.

—Es…to…está bien…— Mi respiración entrecortaba mi frase, era inevitable.

—¿Si?…oh…— Desde luego que sí…Dios mío…

Sujeté con mis manos sus caderas, hundiendo mis dedos en su trasero. Ante más demanda de su placer empecé a notar cómo comenzó a subir y bajar despacio sobre mi sexo, entonces le ayudé con mis manos, marcado el ritmo.

—¿Esto te gusta?…

—Todo lo que me estás haciendo… ¿A ti?— Se estaba marcando una galopada impresionante, simplemente seguía sus instintos, y ¡¡Dios Mío…!!No creía que tuviera nada que enseñarle.

Bella gimió mordiéndose el labio y asintiendo, me miró destilando lujuria sin dejar de moverse. Moví mi mano hacia el interior de su muslo y con mi pulgar comencé a acariciar su clítoris, estaba tan mojada que sus jugos se esparcían por nuestras pieles.

—Oh… ¡Edward!—Echó la cabeza para atrás, imprimió más ritmo y yo me sentí a punto.

—¡No pares…Bells…sigue!

Aumentó el ritmo, marcado por mis manos en sus caderas y sentí cómo sus paredes apretaban mi sexo, y un grito con mi nombre dentro abandonó su boca. Culminé entonces, sentía palpitar mi pene dentro de ella, sus exquisitos espasmos prolongaron el placer de ambos, Bella cayó sobre mi pecho y nos regodeamos en la sensación de liberación que estábamos teniendo.

Pasé mis manos por su espalda impregnada de sudor, besé su cabeza, seguíamos jadeando, ella más que yo, por el esfuerzo. La abracé con fuerza.

—¿En serio quieres que te enseñe?, Eres increíble, te dejas llevar y me llevas contigo…—Besé su sien mientras despacio trataba de dirigir su cara hacia la mía.

—¿De verdad?—Preguntó con una sonrisa radiante, tratando de acompasar su respiración.

—Ahá— Alcé su cara y lamí sus labios, respondió calmada abriendo su boca, entré con mi lengua despacio y la besé suavemente, acariciando su lengua con la mía, con mis dedos entre su pelo y sujetando su cuello la atraje hacia mí.

Podía estar horas así, dentro de ella, conectados. Se apoyó en sus brazos para subirlos hasta mi cara, y mientras nos devorábamos acariciaba mi cara. Rompió el beso.

—Necesito respirar…ojalá fuéramos vampiros, podríamos estar así eternamente.

—Y no nos cansaríamos en absoluto de hacer el amor… ¿Qué tal tu resaca?

—¿Qué resaca?…Ah…la resaca

—Sí, es…una mujer…simpática…si— Bella hablaba con su madre, era la tercera llamada de esta al móvil y no pudo dejarla pasar. Yo estaba preparando algo de cena, Bella tenía mucha hambre, me lo había dicho después de salir de la ducha.

—¿Cómo te iba a coger el teléfono?… —Me miró y se rió de manera muda. —…mamá, estaba con Sally, estábamos viendo la clínica…sí, claro que te iba a llamar…— Volvió los ojos en blanco y se acercó hasta la mesa de la cocina sentándose en uno de los taburetes. — Preciosa…no…no es como la de Martin…—Me miró encogiendo los hombros. Terminé de mezclar la pasta con el pesto y dejé la ensaladera encima de la mesa. Mirándola negué riendo.

—Pues…un spa para mascotas. — El tercer grado al que le estaba sometiendo Reneé estaba resultando duro. Bella agachó la cabeza, vi como se ponía colorada. —Si…¿Edward?…bien—Me miró taimada. —¿Quieres hablar con él?—Comencé a negar con la cabeza y con los brazos.

—Ni se te ocurra pasármela…—Susurré.

—Si mamá…—estaba cansada. — Vamos a cenar ahora mismo, se va a enfría la cena…vale…se lo digo— Me miró de nuevo, le lancé un beso—Ed te manda un beso…—Rió bajo—…yo también.

—¿Todo bien?—Serví en los platos.

—¿Cómo lo he hecho?

—Fatal, tu cara decía sexo y alcohol cada vez que mentías…—Le miré serio tratando de aguantar una carcajada ante su cara preocupada y colorada hasta el éxtasis.

—¿En serio?

—Sí, pero como tu madre no te veía no creo que lo haya notado. — Reí.

—¡¡Eres tonto!!—Me tiró la servilleta enfadada, y yo la atrapé en el aire para dejarla al lado de su plato.

—Tontita…tontita…si tu cara de sexo es genial…a mi me encanta…—La abracé por detrás besando su cuello. La sentí abandonarse a mi carantoña.

—Me noqueas…—suspiró. — Cuando me mosquees no te acerques mucho…por favor… ¿sí?—Me alejé levantando las manos.

—De acuerdo. Si estás enfadada…—Me senté a comer fingiendo ofensa.

—Me siento fatal mintiendo, sé que lo hago horriblemente mal, y últimamente solo hago que mentir a Reneé. Por cierto te manda un saludo. —Asentí.

—Creo que mentir a tu madre es algo necesario, es demasiado…

—Pesada. — Dio varias vueltas a los espaguetis sobre la cuchara con el tenedor y se lo metió en la boca. — Edward…—Asentí. —Cuando mi madre te decía que era mejor que te alejaras de mí, y todas aquellas cosas… ¿qué hiciste?—Dejé el tenedor en la mesa.

—Le dije claramente lo que pensaba y no deje de demostrar que era real, que te quería a mi lado y que te amaba con locura. — Volví a mi comida. — ¿Me lo preguntas por algo en particular?

—Alice…lo está pasando fatal…

—Algo sé, pero es diferente. Yo sí que tenía que plantarle…cara…—le miré de soslayo, no quería resultar muy hiriente con este tema. — Tú no estabas en “condiciones” para hacerlo, y ella estaba decidiendo por ti en un momento en el cual tú estabas empezando a fraguar tus propias decisiones.

—Ya…—Se quedó pensativa.

—Lo de la madre de Jazz es algo…complicado. Mi opinión es que tiene que ser él quien deje las cosas claras, incluso tú al final has sido la que enfrentó a Reneé.

—Son imposibles…Tener solo un hijo no es sano. Nosotros vamos a tener más de uno ¿verdad?—Me miró interrogante y se metió otro rollo de pasta a la boca.

—Claro, claro. Por supuesto. —Afirmé sin pensar. Y de repente me vino a la mente Bella embarazada y con otro niño correteando por casa. Mi cara se tensó en una sonrisa.

Capítulo 46

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