Capítulo 48

14 Noviembre.

Bella POV

Volvía a casa y notaba cómo mi estómago estaba encogido. Le dije a Edward que no viniera a recogerme a pesar de que insistió bastante. Seguro que tanto sus padres como los míos ya estaban en casa, y yo tenía la extraña necesidad de que estuviera con ellos sin dejar que quedaran solos, estaba nerviosa por Reneé, podía ser bastante impertinente si se lo proponía.

Ahora que estaba en el ascensor solo hacía que golpearme mentalmente por haber cedido a este experimento de juntar a los cuatro en Nueva York. Durante todo el día la sensación de tener una piedra en el estómago era patente, pero ahora se había convertido en un peñón. Solo quería sumergirme en Edward y olvidarme del fin de semana que teníamos por delante.

No había metido la llave en la cerradura y la puerta se abrió, dando paso a un Edward que en un movimiento rápido me abrazó y me apoyó contra la pared del pasillo, fuera del piso.

—Dime que me amas…—Su aliento colonizó cada parte de mi cuerpo, y sus labios casi pegados a los míos afianzaban más el pensamiento que había tenido en el ascensor. —…dime que esto que hacemos es necesario…—Siguió susurrando con cara de saturación.

—Te amo vida…— Le besé atrayendo sus labios con mis manos enredadas en su pelo, y sintiendo cómo inspiraba con fuerza, mientras con el beso transmitíamos claramente que cada uno era en cuerpo y alma del otro. —…Pero esto que vamos a hacer…—corté el beso. —…es puro masoquismo, y para nada necesario. —Le sonreí y nos quedamos unidos por la frente y la nariz.

—Bueno, pero me amas, y eso me ayudará a superarlo sin incidencias. —Se rió sobre mi boca. —¿Preparada para el combate?. —Asentí, aunque lo que quería hacer era escapar de aquello.

Edward me cogió la mano y cruzamos la puerta, no sin antes echar un último vistazo a las puertas del ascensor, que en ese mismo instante se cerraban, indicando que la última oportunidad de desaparecer se había esfumado.

—¡¡Dulce!!—Reneé y su energía tsunami se abalanzaron sobre mí, haciendo que con el ímpetu, exagerado, la mano de Edward resbalara de la mía.

—Hola mamá. ¿Qué tal el viaje?—Estaba cansada.

—Bueno, apenas podía mover las piernas, tan pegadas al asiento de delante. He tenido que salir al pasillo varias veces, ya sabes lo que dicen de los problemas de circulación que pueden causar estos viajes en avión. He tenido que discutir con tu padre, porque no me entiende…Claro como él no se cuida…—Sentí cómo Charlie y los padres de Edward se acercaban mientras el parloteo de Reneé no cesaba.

—Papá. — Me acerqué para abrazarlo.

—¿Qué tal hija?. Te veo muy guapa. —Me alejó la distancia de sus brazos para mirarme de arriba abajo. — Te veo muy…estás preciosa hija. —Me abrazó de nuevo susurrando a mi oído. —Nueva York te sienta bien.

—Gracias papá. —Le sonreí con cariño, le había echado de menos. — Carlisle, Esme. —Me acerqué a ellos y les besé, sentí su ligero apretón sobre mis brazos en el contacto.

—Querrás arreglarte Bella, así que como vamos a ir a cenar fuera, lo mejor será que os dejemos un rato de espacio y nos veamos para la cena. — Carlisle, tan atento como siempre, pensó en darnos un rato a Edward y a mi. Vi el agradecimiento en los ojos de mi chico al mirar a su padre, y no me pasó desapercibida la cara de Reneé , estando en desacuerdo completamente, mirando a mi padre. — Ed ya sabe donde hemos reservado, y mientras podemos ir los cuatro caminando, que nos vendrá bien desentumecer el cuerpo tras el vuelo. —Miró a Reneé, que asintió tratando de sonreírle un poco.

Sin que se hubieran ido y con la excusa de ir al baño me fui a la habitación donde no encontré las maletas de mis padres. Me senté en la cama y me quité los zapatos, los nervios del día junto con el trabajo de toda la semana me estaba pasando factura, me sentí cansada de verdad. Escuché la puerta, y en un acto reflejo me dejé caer sobre la cama cerrando los ojos.

—¿Porqué no les decimos que estamos demasiado cansados para ir a cenar esta noche?— Edward se tumbó a mi lado atrayendo mi manejable cuerpo hacia el suyo. Solo gemí de manera lastimera ante su idea, no debía hacerlo, aunque podía, habíamos accedido a esto y ahora tendríamos que llevarlo a cabo.

—¿Dónde están las maletas de mis padres?.

—Eso te va a encantar. Resulta que mi madre llamó a Reneé, y les convenció de alojarse en el hotel en el que ellos se alojan siempre.

—¿Han accedido?, Edward…si es un hotel carísimo. — Intenté levantarme para mirarle.

—Shhh…—Me tranquilizó. — Mis padres llevan años quedándose allí, y normalmente se quedan en una habitación que es casi un apartamento, tiene dos habitaciones y un pequeño salón—cocina.

Dejé de pensar en cómo les habrían convencido, en las protestas entre Charlie y Reneé, en el proceso para que eso ocurriera.

—Es perfecto, entonces ya no me da tanta pereza ir a cenar, porque en cuanto acabemos pronto, con la excusa de nuestro durísimo día de trabajo, nos vendremos los dos SOLOS a casa. —Me revolví en su abrazo y le miré a los ojos. — Cuando lleguemos voy a hacerte algo que te va a volver loco,—Me acerqué a su oído y le ronroneé— he aprendido unas cosas geniales para hacer una felación perfecta.

—Bella…—Se rozó con mi abdomen, su amiguito despertaba con mis palabras.

—Esta noche. —Besé su nariz y me deshice de su abrazo, a pesar de que él con una mirada adorable se resistió.

Mientras me duchaba pensaba en lo que había leído en la revista de moda, en la sección de sexo, y al acordarme de la reacción de Ed a mis palabras sentí ese delicioso hormigueo entre mis piernas. Nunca me cansaría del sexo con Edward, era demasiado bueno como para no pensar en ello varias veces al día.

—Si, en dos semanas salimos para España, Sofía ha llevado un embarazo muy bueno, parece ser que cumplirá las semanas de gestación establecidas. — Esme estaba encantada con la llegada del nieto.

—¿Ya saben el sexo?—Reneé, se comportó muy bien durante la cena, y yo estuve bastante tranquila por cómo se desarrolló esta.

—No quieren, están esperando al mismo día.

—Ahora que pueden saber casi todo con eso de las ecos en 3D y demás, la gente joven se empeña en hacerlo como antes, a ciegas. Hay cosas que no entenderé. Fíjate que la hija de una amiga. —Reneé me miró— Susan la de la carnicería. —Asentí, la conocía. — Está embarazada, y está como loca porque ella se ha empeñado en tenerlo en casa, ¡¡En casa!!, ahora que tenemos un montón de facilidades en los hospitales y esa chica se empeña en complicar las cosas.

—A mi me parece perfecto siempre que el niño venga bien. —Dije sin pensar, metiéndome en un berenjenal por la postura de mi madre.

—Hija, no digas tonterías. ¿Me quieres decir que tú en tu caso harías lo mismo?—Me miró con la indignación asomando a sus ojos, Edward apretó mi mano bajo la mesa.

—No sé si haría lo mismo mamá, solo digo que es respetable, siempre que no venga con complicaciones.

—¡Si está diciendo de parir en cuclillas!, como las mujeres de las tribus que salen en la tele.

—De esa manera la gravedad ayuda, no es ninguna locura mamá. —Le dije tranquilamente.

—Solo te digo que si a ti se te ocurre hacer algo así , me tendrás medicada durante todo el embarazo. — Ahí estaba la advertencia intransigente por parte de mamá.

—¿Qué tal te va con los cursos Bella?. Edward me dijo que los estabas haciendo y que te estaban sirviendo de mucho para recordar ciertas habilidades. —Carlisle en un silencio tenso tras la amenaza de mi madre cambió de tema.

—Estoy muy contenta, la verdad es que hay cosas que simplemente con mencionarlas y me vienen a la mente.

—No tengo ninguna duda que en menos de lo que esperamos Bella vuelve a la práctica veterinaria, Sally está alucinando. —Edward cogió mi mano y le dio un suave apretón.

Durante un rato hablamos de todo aquello que implicaban los nuevos cursos, y de que mi intención era seguir estudiando hasta por lo menos llegar a un nivel mínimo para practicar algo de cirugía. El estar metida en quirófano en cuanto tenía oportunidad refrescaba mi memoria, y despertaba mis ansias por conocer más.

—Bueno, yo creo que es hora de irnos cariño. —Edward me habló a mí con un tono lo suficientemente alto como para que el resto de la mesa lo escuchara. — Estamos cansados. —Asentí. Esme me sonrió y le devolví la sonrisa, qué diferencia había entre las dos mujeres.

—Lo entendemos hijo, nosotros nos quedaremos a tomar una copa ¿no Charlie?—Carlisle miró a mi padre.

—Si Reneé quiere…—Miró a mi madre que asintió.

Se encontraba a gusto, eso era positivo, solo esperaba que no sacara de quicio a Esme, que tenía la paciencia de un santo. Carlisle y mi padre hicieron buenas migas, se les vio hablar durante toda la cena y reír de manera amigable.

—No ha salido tan mal. —Edward se estaba desnudando sentado en el lado de su cama.

—No, la verdad es que no. Tengo poca confianza en Reneé, pero al final parece que sabe comportarse.

—Ya sabes, es así, tiene sus ideas, pero es civilizada.

—Lo sé. — Dejé los pendientes que me habían dañado las orejas en la cajita de madera que hacía de joyero. —Pero a veces lo olvido.

Me metí en la cama solo con las braguitas puestas mientras Edward seguía de espaldas a mi quitándose sus calcetines.

—¿Qué opinas de las formas alternativas de dar a luz?—No había dejado de pensar en ello desde que habíamos salido del restaurante.

—Siempre que el bebé venga bien, pienso que hay que tratar de hacer un parto lo menos traumático posible, tanto para la madre como para el niño.

—Una de las chicas de la Clínica, Savannah, va a dar a luz en la clínica WaterLife. Dilatan en el agua con el papá abrazando a la mamá, y aunque a veces dan a luz allí mismo, la idea es hacerlo en cuclillas, siempre asistida por un equipo médico.

—A mí eso me parece bien, es hacerlo de forma natural, y estás “vigilada”. — Se metió en la cama y me atrajo hacia él, abrazándome con ternura. — Si fueras mamá, ¿te gustaría hacerlo así?

—Me parece algo bueno. —Me puse sobre él. —Solo eso. —Le besé.

—¿Piensas en bebés?. — Le noté cauto en la pregunta.

—Cómo en bebés. — Fruncí el ceño.

—Quiero decir en tener hijos.

—Bueno…desde que tu madre estuvo hablando de nietos insinuando…ya sabes, que tú y yo…Pero creo que es pronto, que todavía tenemos que vivir nuestra relación un poco más…solos…

—Han pasado muchas cosas. —dijo con una sombra en la mirada.

—Si, no ha sido fácil, pero es como si nos hubiéramos puesto en un punto parecido a cuando pasó todo…—Según me había contado Edward estábamos a punto de dar el paso de vivir juntos, con mi trabajo en Nueva York.

—Es cierto. —Sonrió, pero sus ojos quedaron ligeramente aguados.

—Te gustaría que no hubiera pasado. — Claro, que pregunta, era obvio. Yo tenía una rara sensación con ese tema, y quizá era muy brusco exponerlo.

—Claro…—Acarició mi mejilla con el dorso de su mano y me besó en los labios dulcemente.

—Yo…no sé, es extraño… —Me miró . — Es decir…no me acuerdo de cómo estábamos antes del accidente. Solo sé que ahora a pesar de todo, estoy bien contigo, más que bien, y no quiero volver a ningún punto, porque no lo echo de menos. Me gusta el ahora, pero… entiendo que pienses así. —Me recosté sobre su pecho , solo sintiendo el contacto de nuestras pieles, y escuchando cómo se aceleraba su corazón. — Sólo me gustaría quitaros el dolor que habéis sentido durante el proceso…los malos ratos, eso sí que me gustaría borrarlo, odio sentir que mi estado os hizo padecer tanto…

—Bella,— se incorporó suavemente haciendo que yo quedara sentada sobre él, mirándole de frente. — quiero vivir el presente y el futuro contigo. Ha sido una época dura que yo tengo la “mala suerte “—hizo la comillas con los dedos— de recordar. —Me sonrió. — Pero estamos aquí ahora, viviendo juntos, queriéndonos…¿Crees que podría pedir algo más?.

Sintiendo que el corazón se me iba a salir del pecho por las sacudidas que sus palabras habían provocado, me abracé a él y acomodé la cabeza sobre el hueco de su cuello.

—Te amo Edward, estoy convencida de que en algún lado estaba escrito que estuviéramos juntos. No creo que haya nadie en este mundo más feliz que yo, eres lo mejor de mi mundo.

—Y tú lo mejor del mío pequeña— Acariciaba con sus manos mi espalda. —Me encanta escucharte decir esas cosas. — En un lento movimiento me puso sobre la cama deslizando su cuerpo sobre el mío. Atrapó mi boca con la suya, me besó con parsimonia, haciéndome gemir por la ternura que estaba transmitiéndome ese beso. — Te A-MO. —Susurró contra mis labios cuando detuvo el beso.

Mordí mi labio inferior hallándome como la persona más dichosa de todos los humanos, acorté el espacio entre los dos y dejé un delicado beso en sus labios, al apartarme unos milímetros sentí cómo él me siguió para besarme. Entreabrí la boca para dar paso a su lengua, que con cuidado fue explorando mi boca y rozándose con la mía. La respiración se estaba volviendo un acto harto complicado para ambos. Sentí el roce de su cuerpo como un intento desesperado por fundirnos en uno solo, pero no de forma erótica, era algo más profundo .

Noté cómo con sus manos colocaba mis piernas alrededor de su cintura, y abrazándome me subió sobre él quedando verticales sobre la cama, yo sentada sobre él abrazando con mis piernas sus caderas. Mis brazos rodeaban su cuello, una de sus manos sujetando mi espalda baja, la otra en mi cuello con los dedos entrelazados en mi pelo. Por la posición estaba más alta que él, sentí cómo algo mojaba mi mano al acariciar su mejilla y me aparté despacio.

—Estás llorando Edward…—Le besé sobre ellas, limpiándolas con mis labios.

Me abrazó con fuerza, y los sollozos agitaron su cuerpo transmitiendo al mío una sensación de desasosiego.

—Llora amor…—Sentí mis lágrimas caer mientras le escuchaba respirar con fuerza.

Peiné su pelo entre mis dedos y pensé en todo este tiempo atrás, aguantando estoicamente ante mí el paso del tiempo, mientras me adaptaba y crecía emocionalmente, estando como un amarre de mi vida a la realidad y a mi pasado.

Sus manos acariciaban mi espalda lentas pero presionando, haciéndome sentir imprescindible para él en ese momento.

Me tumbó sobre la cama otra vez y quedó sobre mí, con su cabeza sobre mi pecho, abrazándome como si fuera una tabla de salvación. Los sollozos cesaron, y la respiración agitada se fue convirtiendo en un sonido rítmico y suave. Seguí acariciando su pelo, a pesar de que sentía que estaba dormido.

15 Noviembre

Bella POV

Me desperté porque sentí a Edward besando mi cara con una ternura extrema. Me desperecé despacio.

—Estás despierta cielo…—Susurró en mi oído haciéndome estremecer.

—Ahá…— le abracé y abrí los ojos. —¿Cómo estás amor?— El deje de preocupación era imposible apartarlo del todo de mi voz.

Podía entender el llanto de la noche anterior, pero en el fondo necesitaba escucharle hablar de lo que sintió para llevarle a ese estado, a pesar de sentir su fuerza abrazándome y haciéndome sentir suya.

—Bien…—Alzó la cabeza. —Perdona por lo de anoche amor. —Acaricio mi mejilla. — Escucharte hablar así de lo que sientes respecto al pasado…quizá fue un poco duro. —Me alarmé y él lo notó en mi gesto. — Pero me sentí tan feliz de estar en este momento, de haber pasado todo eso y de llegar aquí según estamos, tú lo dijiste, como si no hubiera pasado el tiempo. Pero bueno…creo que me pesó un poco el pasado, perdóname, liberé los meses atrás contigo, no tenía que haberlo hecho.

—No Edward, claro que lo tenías que hacer, ¿Por qué no?. Creo que eso fue cerrar un poco el círculo. No te voy a pedir que me relates tus vivencias mientras pasaron esos meses tan duros, no sé si tú quieres hacerlo y tampoco creo que sea lo mejor escucharlo, o por lo menos no de momento. —No sé si sería capaz de soportarlo. — Pero que te liberes de esas sensaciones conmigo…y abrazándome como lo hiciste, sin querer apartarme de tu lado, me pareció una forma perfecta de hacerlo. Te quiero, más que a mi vida, y me encantaría ser tu pilar, de la misma manera que tu lo has sido conmigo.

—¿Te estás escuchando?— Comenzó a jugar con uno de los mechones que se extendía por la almohada. —Tu ya eres mi pilar, eres mi Bella. —Me besó dulcemente. — Gracias por existir amor.

Nos sumergimos el uno en la boca del otro, extasiándonos con las caricias que nuestras pieles intercambiaban. Me sentía borracha de amor, afortunada como nadie, febril…deseaba fundirme con Edward en nuestra sensual locura que nos transportaba a otro mundo…

Los gemidos de ambos rompían el silencio de la habitación y yo me sentí estremecer cuando los labios de Edward empezaron a descender para atrapar mi pecho…

El timbre de la puerta de casa nos sacó del trance en el que estábamos buceando. Nos quedamos parados mirándonos, Edward sobre mí. El timbre volvió a sonar, y de repente mi móvil empezó con su melodía en la mesilla de la mesa.

—No puede ser…no puede ser…—Dijo Edward mientras dejaba caer su cabeza sobre mi estómago y siguió lamiendo alrededor de mi ombligo.

—¿Edward?— Le quise reñir, aunque más sonó a un gemido que a un reproche. Levantó la cabeza a la vez que el timbre volvía a sonar.

Alargué la mano hasta el móvil y vi que eran mis padres.

—Son mis padres…—suspiré— y los de la puerta seguro que también. ¿Papá?—Contesté.

—Mamá hija, soy mamá. ¿Es que no estáis en casa?, Estoy en la puerta y aquí no sale nadie.

—Ahora te abro, deja que nos vistamos, estábamos… durmiendo…

—¡¡Pues vaya horas!!—Colgué.

—¿Te importará quedarte huérfana?—Dijo Edward en tono jocoso mientras se levantaba.

—Tenemos problemas con la interrupciones, o quizá sea que practicamos demasiado sexo. —Me levanté.

—Nunca es demasiado preciosa. — Se acercó y me besó mientras con su mano rozaba mi sexo sobre las braguitas haciendo que me tensara.

—Si, pues tienen el don de la oportunidad, porque recuerdo que en Miami Rose nos llamó también en un momento bastante ocupado. — Me sonrojé al recordarlo. La cabeza de Edward se asomó por la puerta del baño.

—¿Lo hablaste con las chicas?, ¿Te lo contaron ellas?—Salió del baño y en seguida se puso a mi altura.

—Creo que no…recuerdo que estábamos en la habitación…después de hacer el amor y al ponernos de nuevo melosos Rose nos llamo para ir a un restaurante carísimo…—Lo recordaba perfectamente, fue como un fogonazo de recuerdos, tan nítido que parecía ayer cuando había pasado.

—Bells, eso pasó cuando nos conocimos…hacía mucho que no volvías a recordar. — Edward me abrazó. El timbre volvió a sonar varias veces, más parecía una alarma. — Oportuna…—Edward masculló entre dientes.

Capítulo 49

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