#6#

Bella se levantó temprano. Desayunó y le informaron que el grupo de la revista de moda había salido hacía un rato hacia alguna parte de la isla, que volverían por la noche.

Eso le tranquilizó hasta tal punto que el sosiego invadió su cuerpo, no vigilaba su alrededor, y eso implicaba menos energía gastada. El día anterior no le había visto tampoco, y eso ayudaba a que su mente no estuviera pensando continuamente en él.

Al pasear por el recinto vio  a Jazz salir de la cabaña de Alice.

—Buenos días madrugador…tenía entendido que no estaban ya.

—No lo están, pero…—Le sonrió cómplice. —Me he quedado dormido después de que se fuera Alice.

—Por lo que veo va fenomenal. —Levantó sus cejas para darle ímpetu a la pregunta.

—Demasiado bien…—Sonrió soñador. — Es la primera vez que me siento tan libre con alguien.

—Se te ve tan diferente…estás guapo… —Rió.

—¿Acaso no lo estoy de normal?—Preguntó zalamero, sonrió . —Es perfecta Bells. —Una sombra cruzó sus ojos de repente.

—¿Qué pasa?

—Se irá. Su trabajo no es compatible con esta vida, y aunque se quede unos días de vacaciones, la vida en la gran ciudad siempre ofrece más.

—Pero Jazz eres de los de disfrutar el momento, optimizar pensamientos… ¿Por qué te lo planteas ahora así?, faltan casi dos semanas  o más para que se vaya. Tiene claras las vacaciones que le deben y las va a coger…

—Ya…pero ahora siento que nos pertenecemos…y al final el capitalismo que es lo que rige esta sociedad, aunque yo haya tratado de hacer el avestruz,  manda…nadie escapamos a él.

—Estás de bajón. —Afirmó Bella, nunca le había visto en esa tesitura tan decadente.

—No es eso…la realidad a veces golpea fuerte, nunca pensé que encontraría a la persona que me completara, y cuando lo hago, me doy cuenta de todo lo que implica, de las diferentes vidas que se llevan… Sufriré Bells—Le miró sacando de nuevo la sonrisa resplandeciente. —Pero disfrutaré de esto como si fuera algo que la vida me ha puesto, para darme cuenta que la perfección está en tu vida por periodos de tiempo, a veces más largos, a veces más cortos.

—Estas chicas me sacan de mis casillas, no pensé que serían tan difíciles. ¿Has hecho algo con ellas?, Están especialmente idiotas cuando estás tú. ¿Les debes algo?—Alice directa y concisa taladró con la mirada a Edward que, haciéndose el desentendido de la bronca que acaban de presenciar entre las dos hermanas, guardaba unos filtros en uno de los bolsillos de la mochila.

—¿Yo?—Ladeó la cabeza para mirarla desde su posición. — No. — Dijo frío.

En el fondo sabía que el mal ambiente radicaba en él y en esa metedura de pata en la cabaña. Lo que no entendía eran los celos que Tanya destilaba sobre su hermana haciendo que tuvieran esas peleas delante de cámara. Trataban de acaparar el objetivo pisándose una a la otra.

—Pues en serio que no lo entiendo, voy a tener que ser clara con ellas, se está convirtiendo en un jodido infierno. Y es necesario que trabajen juntas. — Estaba realmente enfadada. Salió caminando hacia la zona donde Mike , Louis y Christian preparaban a las modelos. —Como se carguen el reportaje las machaco. — Farfullaba para sí misma. —Respira Alice, respira.

Edward por su parte no dejaba de pensar en la casualidad del día de ayer, en un recinto no muy grande no había visto a Bella en toda la jornada, es más, desde que le tiró por encima el té hacía dos, no sabía nada de ella. No tendría por qué importarle, en dos días se iría del complejo a buscar a  Emmet para hacer el otro trabajo, y le daba igual donde se metiera. Estaba claro que era una estrecha, alguien en quien no debería invertir ni tiempo ni siquiera pensamientos.

Se tensó al darse cuenta de que pensaba más en ella de lo que quisiera. Necesitaba que Em llegara, tomarse unas cervezas hasta perder el sentido, hablar de  mujeres sin que les importara lo que pensaran…quizá debería de intentar el trío propuesto con las modelos una vez finalizado el reportaje. El día de la fiesta estaría bien, para rematar el trabajo…

Se sonrió para sí y miró a las chicas que venían con caras de enfado seguidas de una Alice muy contenta.

Algo que no parecía tan difícil, se había transformado en una completa odisea.

—Muy bien chicas a trabajar y a ser profesionales, o ya sabéis…—la última parte la cantó y se ganó un mirada de ira por parte de la rubia.

—Veamos…necesito que relajéis los rostros preciosas…si no pareceréis orcos…—Edward les sonrió desde detrás de la cámara y a diferencia de Tanya Victoria se derritió perdida en su boca. —Perfecto Victoria…Tanya ¿para cuándo?— Levantó las cejas en señal de apremio. — Perfecto.

—De acuerdo. —Bella tomaba nota de toda la información. — Sólo una habitación por noche, bien, no dietas, no desplazamiento…si, se que la vida aquí en  ese sentido es barata, vivo aquí. No, está bien…gracias.

Rose le observaba jugando con la pajita del zumo. Bella colgó.

—Una vez me dijiste que beber con pajita provocaba arrugas imposibles en los labios Rose. —Bella le dijo sin dejar de repasar la lista. Rose retiró la pajita en el acto.

—De vacaciones se me olvidan los trucos de belleza. ¿Eran los del reportaje?—Bella asintió. —¿Todavía quieres que vaya?

—Por supuesto Rose. ¿Por qué no? Bueno, puedes elegir, claro está. Si has escuchado no entran las comidas, ni el transporte.

—Claro que iré. Estoy cansada de tanto descansar. —Se rió con un gorgorito.

—El cambio no está mal. Pagarán las habitaciones durante los siete días de curso para los profesores que vengan de Thanjamir, y la mitad del alojamiento para los alumnos. Contando que las dietas las abonan los de la revista de moda, tengo todo listo.

—¿Cómo va la fiesta de Bollywood?— Bella le miró extrañada.

—¿Bollywood?, ¿De dónde sacas eso?

—Jazz me dijo que la temática  de la fiesta era hindú. —Bella rió.

—Sí pero…no de Bollywood exactamente. —Recogió los papeles en una de las carpetas.

—¿No va a ser en plan baile cine y eso? ¿Me quieres decir que van a estar tocando  La Hansa Vina hasta que caigamos al suelo?—Rose le miró fastidiada.

—No nena, será en plan gastronomía y cultura hindú… Y lo de la Hansa Vina lo dejaremos para la semana de la meditación y el yoga, conozco  un DJ que mezcla música hindú y es genial, te va a gustar. — Se quedó pensativa. — Si, quizá sea un poco Bolliwwodiense… —Se levantó de la mesa de la terraza. —…los sarees son preciosos, vas a estar espectacular. —Le guiñó un ojo. — Me tengo que ir a revisar la asistencia a la fiesta, creo que han fletado un dalla para venir desde Chake—Chake, y no quiero que esto se desmadre, hay que cortar antes.

—Hasta luego Bells… ¿Comemos juntas?

—Cuando te vayas echaré de menos esto. —Señaló a Rose y a ella alternativamente y asintió.

Bella llevaba muchas cosas en la cabeza, eran semanas de mucha ebullición con los preparativos de la semana del yoga y además las cosas habituales de la fiesta semanal.

—Hola Fátima, ¿Tienes por ahí  la lista de externos para la fiesta?—La chica  le sonrió a modo de saludo y le pasó un folio repleto de nombres. — ¡Madre mía!— Bella quedó lívida. — ¿Tantos?

—Ha debido de correr la voz con las fiestas anteriores y los alojados en Chake, no se lo quieren perder.

—No admitas a nadie más, la lista está cerrada. ¿La ha visto Jasper?— Asintió.

—Ya me dijo que cerrara la admisión esta mañana, he rechazado a más de diez personas, me han rogado que si hay bajas que avise al hotel. Estás causando furor con tus fiestas temáticas Bells.

Bella sintió que el corazón salía de su pecho al ver cómo Alice se tiraba encima de Jasper, eso significaba que Edward tambien había llegado. Estaban en la playa, habían cenado y Rose, Jazz y ella estaba tomándose una infusión relajante escuchando el mar.

—¿Me has echado de menos?—La pequeña Alice estaba acurrucada en el regazo del calmado y rubio chico que la miraba con devoción a través de sus pacíficos ojos azules.

—Más de lo que crees…—Le susurró al oído. —  ¿Qué tal tu día?

—Horrible, las chicas están insoportables. —Jazz notó cómo el pequeño cuerpo se tensaba entre sus brazos al hablar de lo sucedido, y comenzó a hacer tranquilizadores círculos en su espalda.

—Bien…no hables más de ello, olvídalo, ya estás aquí. — Depositó un tierno beso en sus labios y Alice se dejó mecer por su hombre, se sentía plena en ese lugar.

Rose y Bella se fueron alejando del lugar con disimulo, sin apenas hacer ruido para evitar romper el momento. Bella no podía controlar el martilleo de su pecho, no quería encontrarse con Edward Cullen. Se sentía ansiosa.

—Creo que me voy a dormir, Bells ¿Te queda mucho?— Bella, mirando a todos los lados negó.

—Iré a recepción a  revisar las entradas de mañana y subiré a dormir. Que descanses Rose. —Besó a su amiga en la mejilla y esta se despidió ahogando un bostezo con la mano.

—Marian, Buenas noches.

—Hola Bells, ¿Te importa si me ausento unos minutos?—Hizo un gesto de disculpa.

— No, ve tranquila, está todo el mundo durmiendo. — Le sonrió, apenas había nadie en las zonas comunes, era tarde, y el bar estaba cerrado.

Sonó el teléfono interno.

—Buenas noches ¿en qué puedo ayudarle?—Bella respondió casi mecánicamente.

—Buenas noches. —Tragó seco, imposible no reconocer su voz. —Me gustaría saber si ha llegado un paquete a nombre de Edward Cullen, es algo urgente.

—Un momento por favor. —Dejó en espera y se sintió acalorada, era un soberana estúpida por su comportamiento, en su fuero interno se admitió que  había echado de menos esa voz, entonces  se enfadó consigo misma.

—Vamos Bells, deja de pensar chorradas. —Desvió la vista hacia la derecha y ahí se encontró un paquete de mensajería con unas pegatinas que rezaban FRÁGIL  y URGENTE, a nombre de Edward Cullen.

—¿Señor Cullen? Aquí está, ¿ desea que se lo suban?

—Si fueran tan amables por favor. — Si es que cuando era educado ganaba más. Se dijo para sí.

—De acuerdo, en un rato mandaré a alguien para que se lo entreguen.

—No se demoren, es un poco tarde. — ¡Pues baje usted a por él! Pensó. Miró el reloj, si, la una de la madrugada era tarde.

—Lo sé, en seguida lo tendrá.

Colgó y buscó a su alrededor. Si fuera otro huésped lo llevaría ella al subir a su habitación, ya había comprobado todo y no tenía más que hacer, además, le pillaba de paso, pero a ÉL en concreto…

Esperó unos minutos a Marian, seguro que estaba aprovechando para comer algo dado el poco movimiento.

Golpeó el suelo varias veces con el zapato y miró el paquete. “Se lo puedo llevar, no pasa nada por entregárselo sin más.” Pensó nerviosa.

—Te estás comportando como una cría. — Masculló entre dientes.

Decidida cogió el paquete.  Y en su camino hacia las habitaciones superiores no se encontró con nadie que pudiera hacerle el favor de entregárselo por ella. Estaba claro que bastaba con  necesitar a alguien para que  el destino se pusiera en tu contra, haciendo desaparecer a todo el mundo del trayecto.

Le dio la sensación de que había tardado menos de lo que esperaba, ya estaba en la puerta de la habitación, y apenas había sido consciente del trayecto. Era como si su subconsciente le hubiera hecho acelerar el paso.

Bien, ahora solo tenía que tocar la puerta y entregarle el paquete con un “buenas noches” cordial. Miró hacia atrás, nadie en absoluto, ni siquiera se escuchaba a nadie cerca. Quietud.

En el interior Edward estaba tumbado en la cama, desnudo, acalorado, apenas corría el aire esa noche. Haciendo esfuerzos para no dormirse, quería dejar preparado el objetivo para el día siguiente. Tardaban y se levantó para coger el pantalón de lino blanco y ponérselo, bajaría él mismo a por su paquete. De repente llamaron a la puerta y suspiró aliviado.

—Ya va. —Contestó mientras se ataba la cuerda que hacía de cinturón de la prenda.

En varias zancadas alcanzó el pomo y al abrir se encontró con una visión que, internamente  admitió, había echado de menos.

La Directora del Hotel con cara de cansada, el pelo recogido en una coleta alta y varios mechones enmarcando su cara, arrebolada, y con los ojos brillantes se encontraba en frente, con la caja en sus manos. Edward dejó de pensar con claridad, tragó y la escrutó de arriba abajo en décimas de segundo, para terminar clavándole sus ojos verdes en las enormes y expresivas orbes chocolate de ella.

Ella se sintió traicionada por su cuerpo, todo el calor del día le subió desde los pies a la cara, haciendo un recorrido exquisito a la vez que molesto por lo que significaba. En frente tenía a ese hombre de nuevo, con el torso marcado, bronceado, y solo vestido con un pantalón de lino blanco. Era demasiado sexy, y eso era algo que debería estar prohibido, su mente no le recordaba así de perfecto y no estaba preparada para ello. Se dijo a si misma que en dos días desaparecería del lugar y así terminaría la tortura. Sin poder evitarlo se mordió el labio inferior pensando solo por un nanosegundo lo que sería que ese hombre la poseyera. A  Edward  se le aceleró el pulso con ese gesto, para él, era una clara invitación a besarla.

—Señorita Swan. —Ella se sintió intimidada por sus ojos, pero no podía dejar de mirarlos.

—Señor Cullen…Aquí está…—Alargó los brazos para hacerle la entrega. —Su paquete…— Y sin darse cuenta del juego de palabras, su mente le hizo una jugarreta desviando la vista hacia la entrepierna de Edward, observó con asombro que el lino blanco no era para nada discreto. Se recompuso y volvió la vista al frente, Edward la atrapó de nuevo en sus ojos. Sonrió pícaro, a pesar de estar cansado sus  alertas se desplegaron en el momento en que la vio en la puerta.

—Vaya…no pensé que sería usted la portadora, si lo llego a saber le recibo en mejores condiciones. —El tono seductor de él comenzó a desatar una ira interna en Bella, era un presuntuoso, pero algo en su cuerpo le impedía reaccionar.

Edward sintió que la quería desnudar en ese momento, casi de forma inconsciente desplegó sus armas más tóxicas. Le sonrió de lado y no apartó la mirada ni un solo segundo. Además, notó que ella estaba bloqueada, el factor sorpresa de su vestimenta, y el cansancio acumulado del día, habían jugado a su favor.

Con sus manos y asegurándose de rozar las de la chica recogió el paquete. Bella sintió cómo se le erizaba el bello con ese sutil contacto, y deseaba que su cuerpo obedeciera a su mente para retirarse antes de que fuera demasiado tarde.

El fotógrafo sonrió taimado ante la sensación de su piel, le gustó el efecto que le provocó, y tuvo la necesidad de besarla. Así que sin dar tiempo a reaccionar dejó el paquete en la mesa que tenía a su derecha y se acercó a Bella justo en el momento en que ella comenzaba la retirada.

—Que descanse Señ…—Edward invadió su espacio y a la vez que atrapaba sus labios con la boca, amarraba sus brazos a la cintura y cuello de una bloqueada Bella.

El beso comenzó ansioso por parte de Edward, Bella  simplemente se dejó hacer y comenzó a danzar con su lengua en la boca de ese hombre. El contacto entre sus labios lo sintieron como único por ambas partes.

Él la metió en la habitación alzándola con su brazo, apenas sin esfuerzo por su menudo cuerpo y con destreza le quitó la goma que ataba su pelo, pensó que suelto le daba un aspecto más salvaje.

Las manos de Bella volaron al pelo de este, y Edward se regocijó como nunca lo había hecho en un primer beso con nadie, supuso que por que nunca le había costado tanto conseguirlo.

Bella sentía el estómago vibrar, y descender ese mismo estremecimiento  hacia su centro.  Estaba contra la pared de la habitación, y sentía como las manos de Edward estaban acariciando su cuerpo por encima de la camisa, calcando los dedos y haciendo estragos en su sensibilidad. El beso era furioso, las respiraciones de ambos y las ansias en cada movimiento eran perceptibles por los dos.

Edward la alzó y automáticamente las piernas de Bella se enroscaron a sus caderas, la falda se le enrolló a la cintura con el movimiento y  sintió la dureza de ese hombre contra su propio sexo. Un gemido ahogado contra la boca del hombre salió de Bella para regocijo de él y Edward comenzó a presionar intermitentemente contra su excitación con la suya propia. Edward pensaba que iba a explotar, esa mujer le estaba elevando al infinito con solo unos roces y un beso apasionado.

Entonces separaron sus bocas unos milímetros para coger aire, frenaron los locos movimientos, quedaron quietos. Respiraban con dificultad, el aliento de uno entraba en el otro.

Bella entreabrió los ojos y observó cómo los labios de Edward acariciaban los suyos de una manera deliciosa, cómo la punta de su lengua humedeció de nuevo y con parsimonia su labio inferior, mientras su aliento le golpeaba en su interior, ella estaba perdida en las poderosas sensaciones que la boca de ese hombre le estaban provocando.

La sensación de abandono al placer, de las caricias, la presión de su cuerpo, la fuerza de sus brazos sobre ella, enviaban miles de descargas a su sensibilidad, las ganas de continuar aquello que habían empezado como un torbellino imposible de parar, fue sustituida inmediatamente por un golpe de consciencia.

—¡Oh Dios Mío!… —Edward levantó la vista, sabía lo que acababa de pasar,  había notado el cambio en ella, no debería haber sido cauto en su segundo beso, pero algo le impedía volver a besarla con rudeza, quería saborear sus labios de forma suave, y eso había hecho que ella fuera consciente de todo, era demasiado racional para su gusto. —Bájeme…—Dijo en un suspiro con el corazón alocado en su pecho.

Ella retiró las manos de su pelo y Edward la deslizó por la pared mientras Bella desenganchaba las piernas de sus caderas.

Una vez en el suelo y entre el cuerpo del hombre, que le había hecho perder la cordura, y la pared, trató de serenarse, bajó su falda con prisa, se estiró la camisa y se atusó el pelo sin levantar la vista, con movimientos nerviosos.

Edward seguía en frente a escasos centímetros de ella, mirando al suelo, intuyendo sus movimientos, con una  mano sobre la pared, sin decir nada. Sintiendo que no quería que eso pasara, no quería que se fuera, pero ya no había vuelta atrás.

Bella salió del espacio y alcanzó la puerta, Edward no varió su postura.

—Que descanse Señor Cullen. — No recibió respuesta por su parte, salió de la habitación y cerró la puerta.

#7#

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