Capítulo 1

19 Agosto,  Madrugada

BELLA POV

Un empujón me sacó del baño de chicas, menudo follón que tenían dentro. Choqué de frente con algo, mejor dicho, con alguien…

—Perdón…—con mis palmas extendidas traté de apartarme haciendo un poco de apoyo en… ¡¡el pecho de un dios terrenal!!

—Empiezo a estar harto de esta forma de ligar ¿eh?— Espetó el chico mientras yo lograba mantenerme en mi propio cuerpo.

—Engreído. —Solté sin más.

—¿Acaso no era premeditado? — El tono irónico me enfureció más.

—¿Acaso lo crees así?

—No sería la primera vez…

—¡¡Buff!! Esta noche no estoy para debatir con chulos de cuarta. —Me di la vuelta y salí hacia la pista de baile, iba sonriendo para mí, la verdad que estaba para comérselo, pero perdió todo con su arrogancia, que pena de chico.

Sonaba un tema conocido, la gente levantaba los brazos y bailaba sin parar. Localicé a mis amigas, estaban hablando con un grupo de chicos…moscones…¡¡no, espera!! Ángela estaba hablando con Jacob…¡¡por fin!! Ojalá se liaran y nos dejaran de cuentos.

Alice y Rose hablaban con dos chicos…muy guapos, uno moreno y fuerte,  otro rubio y más delgado.

Jacob levantó la mano, ¿me saludaba a mí?, no parecía. Me fui acercando.

—¿Qué tal?, ¡Cuánto tiempo, Jake!— Me dio dos besos.

—Cierto. Es complicado coincidir—Noté como alguien se situaba detrás de mí, había demasiada gente.

Jake desvió de nuevo la mirada hacia mi izquierda, y aproveché para lanzarle una mirada inquisitiva a Ángela, ella sonrió y levantó las cejas en un gesto apenas perceptible para el resto.

—Sí, yo es la segunda vez que vengo a ver a Ang. —Continué hablando con Jake.

—¿La última fue cuando compramos el piso?—Asentí, ante su mirada de incredulidad. — Mira Bells, te presento a Edward.

Miré a mi izquierda, no era posible…el engreído dios terrenal del baño estaba a mi lado, volví la mirada a Jake y rápidamente a él.

—¿Edward?—Sonrió de medio lado, vanidoso…lo miré de arriba abajo… ¿por qué no deleitarme?, si más hueco de lo que estaba era imposible, ya daba la sensación de que fuera un pavo real. Me acerqué y le di dos besos. —Encantada, por primera vez, y por educación. —Le susurré al oído.

Me volví hacia Ángela dándole ligeramente la espalda, vi como Rose me hacía señas para que fuera. Bien, iría, porque quedarme con Jake y su amigo no me apetecía mucho.

—Él es Emmet, ¿No está como… buenísimo?—La música estaba alta y me lo dijo al oído, después hizo la presentación con él.

Fuerte, moreno, y esos hoyitos en la cara…sonreí a Rosalie y le dije todo con la mirada, si, como un tren.

—Hola Emmet. —Nos saludamos con dos besos.

Alice se acercó y me presento a Jasper, muy guapo también, vaya elenco los amigos de Jacob ¿eh?

Era increíble, estaban emparejados ya, no estaban en grupo, hablaban animadamente por parejas, y Rose y Emmet, por momentos, estaban demasiado cerca para solo hablar.

Me volví hacia Ángela, que con Jake y Edward charlaban y reían, mi amiga captó mi mirada y se acercó.

—¿Qué ha pasado aquí? ¿Entró Cupido y a mí no me disparó? —Pregunté sarcástica.

—Muy fuerte Bells, Jake y yo estamos hablando de tantas cosas, —su tono contenido y su sonrisa enorme lo decían todo. — Aunque creo que este no es el mejor sitio, tengo que hacer algo para quedarnos a solas. —Miró alrededor, nerviosa, como si buscara una especie de salida.

—Sí, pues con ellas—miré a Alice y Rose y las señalé a golpe de mentón. — Lo tienes hecho.

—Han congeniado, sin duda—Ángela se echó a reír.

—Algo más créeme. —Rodé los ojos.

—¿Y si te vas a tomar…

—…por culo?—Terminé su frase intuyendo lo que venía después, me tocaba el tal Edward. Como si lo viera.

—¡¡Bells!! Pero si es un bomboncito.

—No te lo niego, pero es arrogante, petulante, vanidoso…—Miré al techo abriendo el abanico de adjetivos para el precioso chico.

—¡¡Pero si no lo conoces!! —Dijo exasperada.

—Quizá le haya juzgado deprisa, pero…

—Por favor…—Rogó con sus ojos y con un puchero adorable.

—No me lo puedo creer, ¿no me puedo ir a casa alegando…

—¿Por qué te vas a ir a casa? ¿Estas aburrida? — Se acercó invadiendo mi espacio personal, preocupada por mi estado de ánimo.

—¡¡AY!! —Grité crispada. —Tenéis todas planes y no me importa, en serio, sabes que tampoco es que sea una fiestas, Ang, lo sabes, me cojo un taxi…

—¿Y qué hacemos con él?—Señaló a Edward, que hablaba con Jake algo serio.

—Este se liga a alguna de por aquí y en menos de lo que canta un gallo no le veis el pelo. —Miré a mi alrededor, estaba lleno de chicas, y muchas de ellas le habían fichado, normal, ¿el más guapo y atractivo, además de alto y con un porte estupendo, de todo el garito?, si, sin duda, sin desmerecer a los ligues de las niñas, por supuesto.

—Es un poco  raro Bells, no le va eso de ligotear. —No lo dudaba, en sus propias palabras “Estaba harto”. — No digo que pase nada entre vosotros, unas copas, una charla, dame un rato para estar a solas con Jacob. —Volvió a los pucheros.

—Vale, pero atente, me dejas con el raro. —Le advertí, señalándole con mi índice en movimiento.

—Sí pero es guapo, y mira el cuerpo que tiene…

—Ya Ang, pero estamos diciendo de unas copas y charla, no de una noche de sexo desenfrenada. —Sonreí negando a la vez por mi ocurrencia.

—¿Quién sabe Bells?, siempre has sido la más lanzada.

—¡Déjalo estar! ¿Sí?—Me dirigí hacia los chicos. —Se lo propongo una vez, si es no, es no, lo siento. — No me apetecía en absoluto.

—¿Cómo va a ser no?—La voz denotaba desesperación.

Con mi mejor sonrisa, y haciéndome la simpática me acerqué a Edward, que me miró ¿desafiante? Esto iba a ser difícil. Le miré y sonriendo comencé á a proponer.

—¿Una copa, Edward?—Miré de soslayo a Jacob y Ang, quedaba claro que era un favor.

—De acuerdo, —se acercó a mi oído. — Encantado, y…porque quiero—Me sonrió, y yo levanté una ceja negando, incrédula.

—Vamos. —Incliné la cabeza hacia la barra.

—¿Ves como tengo otras armas para ligar?, me monto un operativo de esta magnitud para que finalmente yo te invite a una copa…—Se rió, y ¡¡madre mía, era adorable!! No me extrañaba que varias chicas me miraran con envidia.

—Perdona por el momento baño, no he estado de lo más acertado. — En sus ojos había una disculpa real.

—Desde luego. —Le di la copa que estaba en la barra y cogí la mía esperando el cambio. —Deberías haber invitado tú.

—La próxima la pago yo. —Sonrió de nuevo, era mejor que dejara de hacerlo, por mi salud mental.

—Descontado que sí, si es que llegamos—Levanté las cejas. Él rodó los ojos.

—No lo dudes, con ellos— señaló al grupo por parejas que había al otro extremo de la barra—Van a ser más de dos. —Reí asintiendo.

Nos sentamos en unos sillones apartados de la pista.

—No me gusta mucho esto de salir de fiesta—Me hablaba al oído por la música alta y a mí me cosquilleó la piel, me aparté incómoda.

—Bien, ya somos dos, creo que soy más de cenas y charlas tranquilas con unas copas en casa, o fuera, pero esto de las discotecas, no me van. —Asentí de acuerdo con él.

—Y lo de los empujones “casuales”, —hizo el gesto comillas con los dedos.—Me aburren ya, no es la primera vez que con la excusa se me cuelgan durante un buen rato.

—De ahí el problema en el baño ¿no?—Asintió como pidiendo disculpas—Tendrías que escuchar la última que han intentado con las chicas…

—Sorpréndeme— Clavó su mirada en mis ojos, parpadeé ¿era real?

—¿Venís mucho por aquí?— imité la voz del chico pijo del bar anterior. —Es que nos ha venido un olor a colonia que pensábamos que era de unas chicas y resultó ser de la copa…

—No lo llego a entender.

—Yo tampoco, que quieres que te diga, esto de ligar en la noche me produce pereza. —Dije en un tono cansado.

Y es que era tan real. Durante las noches de fiesta el ligoteo tenía solo un objetivo: El SEXO. Y a mí me aburría, no es que no me gustara una noche de cama, incluso una mañana salvaje, y la siesta, ¿por qué no?, pero me cansaba y asustaba cada vez más. A saber a quién metías en tu casa, o en casa de quien terminabas. No, ya no estaba para esos rollos, aunque si no era así, ¿Cómo conocer a alguien que te pudiera llegar a gustar? ¿los chats? Más miedo todavía.

Hablamos de nosotros, Edward era médico pediatra. Ejercía en New York, en una clínica privada. Su trabajo ocupaba casi todo su tiempo pero de vez en cuando sacaba un par de días para venir a Miami con sus amigos, a los cuales conoció en su época universitaria, y una vez al año le gustaba viajar solo a cualquier lugar del mundo.

Sus padres vivían en Detroit, donde nació y creció hasta que se fue a la universidad. Su padre era un importante cirujano cardio-vascular y su madre tenía una empresa de organización de eventos.

Su vida comparada con la mía era enorme.

Yo, veterinaria, en Taunton, Massachusetts, donde trabajaba en una pequeña clínica. Mi padre, jefe de mantenimiento en un astillero, y mi madre, enfermera en el hospital psiquiátrico.

Conocí a mis amigas en Boston, en la universidad, allí seguían viviendo Alice y Rose, Ángela se vino a Miami a trabajar, donde conoció a Jake, al cual trasladaron hace un año y medio a New York.

La tercera copa y a mí me estaban dando ganas de bailar, llevábamos mucho rato sentados en esos sillones, y era algo automático, el alcohol en mi sistema me pedía actividad.

—Quizá te suene raro, pero creo que necesito bailar, o en su defecto irme a casa a bajar el alcohol…

—Bien, estoy contigo, vamos a la pista—Se levantó y me tendió la mano. Se la cogí, y tardé en estabilizarme.

—Ups, creo que estoy en mi límite. —Reí.

—¿Te encuentras bien? —Se preocupó.

—Sí, es al levantarme supongo—La pequeña risa se convirtió en carcajada—¡¡Ay qué tontería llevo encima!!

Le vi reírse mientras nos acercábamos a la pista. Comenzamos a bailar al ritmo de La Loba de Shakira, no bailaba nada mal, o quizá esto tenía que ver con el alcohol.

Las chicas no le quitaban ojo, y cuando ambos nos dimos cuenta nos echamos a reír.

—Cuidadito con la canción, hay varias acechando…—le dije al oído, rió con ganas y antes de separarme me cogió por la cintura y me dio la vuelta haciendo que mi espalda tocara con su pecho. Guau…que pecho, ¿de acero?

—Vas a ser mi coartada esta noche. —Susurró en mi oído poniéndome los pelos de punta. No era producente eso que hacía conmigo.

—Sí, pero con cuidado rubio. —Apoyé mi cabeza en su hombro y despegué mi trasero peligrosamente pegado a su entrepierna.

Seguimos bailando, el alcohol nos estaba animando demasiado a cubrir la coartada.

Con una de mis piernas entre las suyas comencé a bajar rozándome con su cuerpo, al subir sujetó mis caderas con fuerza, nos mirábamos con intensidad. Menudos ojos gastaba el chico…¿qué le pasaba a mi estómago cada vez que me miraba así?

Me separé para tomar consciencia de la situación, sin duda era la envidia de la pista. Le miré y le canté a la vez que de lejos le bailaba sensualmente, frunció los labios y torció la cabeza, con el dedo me indicó que me acercara, y volví a pegarme a él.

Me sentí más que metida en el papel, Edward estaba muy bien…¿muy bien?, estaba  loca si creía que eso cubría realmente a ese chico. Agradecí que la canción terminara, y que cambiara a música electrónica.

Nos separamos y al empezar a bailar Ángela se acercó a nosotros.

—¿Os parece si nos vamos chicos?, u… ¿Os vais a marcar otro bailecito en plan lobos?… —Se reía sin parar y cuando me miraba lo hacía jocosa en interrogante.

Miré a Edward, y de forma sensual meneé las caderas. Me sentía muy desinhibida, probablemente al día siguiente me avergonzara, ¿pero por qué había que pensar en el día siguiente?

—¿Aguantarás otro, rubio?—Sonrió de tal manera que arrasó con mis barreras, en serio era un dios, ¡¡madre mía si este tío sabía derrumbar a cualquiera!!

—Vamos, peligrosa…—Me tendió la mano, y se la cogí, bajo la mirada atónita de Ángela  me encogí de hombros al volverme hacia ella, normal, ni yo sabía que estaba pasando, pero estaba encantada. Debían ser las copas.

 

Capítulo 2

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