Capítulo 34

31 Julio

Edward POV

Ni siquiera sabía para que había ido a la fiesta del aniversario de la Clínica, de lo que menos tenía ganas, era de socializar.

Estábamos en el fabuloso lobby del hotel Westin, en el times Square. Y no solo con las diez personas del equipo médico y trabajadores de la clínica, sino con aquellos médicos cirujanos que colaboraban con nosotros de vez en cuando, algún que otro pez gordo del hospital Mont Sinaí, además de socios, accionistas, y acompañantes. Celebrando el veinticinco aniversario de una Clínica que además de su actividad habitual era resaltada por su importante labor social en el barrio de Harlem.

—Edward, ¿cómo va eso?—Phil, la única persona con la que de verdad me podía sentir a gusto dentro de esta celebración, se sentó a mi lado en la barra. —No te puedes quedar pegado al taburete toda la noche, no hasta que la gente vaya un poco más ebria por lo menos.

Riéndose, se dio la vuelta, haciendo girar su asiento para mirar al grupo de personas, que vestidos de forma elegante, tomaban champan entre el mobiliario del distinguido lobby.

Le seguí en su acción tomando mi whisky con hielos en mi mano.

—¿Y crees que me apetece hablar de la Criptorquidia y su intervención con James Mancell?—Le señalé con un discreto movimiento de cabeza. — ¿O del gran trabajo de prevención que Andrew Kobac está realizando con el Buried Bumper?

—¿Te noto molesto? O son imaginaciones mías…—Me miró de soslayo mientras ponía a tención a las contoneantes caderas de la joven esposa del Doctor Beadle.

—No seas tan descarado Phil…—Rodé los ojos.

—Esa chica es preciosa, apuesto un riñón a que ni siquiera hace deporte para mantener ese cuerpo. — Siguió con el escrutinio exhaustivo que le estaba realizando.

—¿Será porque tiene veintidós años?, venga ya Doctor Morgan, está fuera de tu alcance. —Me miró alzando una ceja—Está casada, Phil.

—Hoy en día eso no tiene nada que ver, pero a lo que íbamos, ¿qué carajo te pasa Ed?—Me di la vuelta colocando los codos sobre la barra.

Negué con la cabeza una y otra vez en un gesto de completo hastío, observé cómo se giraba haciéndole un gesto al camarero para que le pusiera una copa.

—¿Bella?—Asentí.

—Bueno, no exactamente. Más bien Reneé.

—Más normas para estar con ella.

—Cree que estoy haciendo que se haga ilusiones, ha comenzado a trabajar en la Clínica veterinaria de antes, echando una mano. Dice que soy culpable de ello, cuando lo único que a mi me provoca, es una satisfacción y orgullo hacia ella enorme. —Negué una y otra vez con la cabeza, incrédulo. — Piensa que me cansaré de ella, que encontraré a otra y que la destrozaré. —Di un trago apurando mi vaso. — Ni siquiera le han dejado venirse el fin de semana Phil. —Le miré desganado. —Ni siquiera sé que cojones hago aquí, debería haberme plantado en Taunton en el mismo momento en que me colgó el teléfono…

—¿Y armar gresca en su casa?, seguro eso empeora las cosas. Solo el tiempo y la paciencia…

—Cantidades ingentes de paciencia con Reneé. —Le corté.

—Exacto, solo eso puede resolver las cosas, demostrar que sigues ahí, que Bella quiere estar contigo, que ella evoluciona. —Puso su mano sobre mi hombro en un claro gesto de aliento.

Asentí. Me di la vuelta y divisé el panorama.

—Anda, vamos a charlar un poco de medicina con esta gente. —Dije señalando el tumulto que ya se había formado alrededor. — A ver si mi cabeza deja de trabajar sin resultado.

—Edward. —Me volví ante la mención de mi nombre sabiendo a quien pertenecía esa voz.

—Señorita Olsen. —Saludé con voz cortante.

El trato con Chloé desde la visita de Bella a la clínica se había convertido meramente en laboral. No es que antes hubiera sido mayor, pero la extrema frialdad para con ella, sin explicación ninguna, por supuesto, era la moneda de cambio ante sus comentarios dolientes. Ella, como si el momento en el que besé a Bella delante de sus narices no hubiera existido, seguía on sus intenciones conmigo, con más fuerza que antes.

—¿Podemos tomar una copa y hablar Doctor Cullen?— Sonó a ronroneo.

Reí para mí negando con la cabeza.

—No, no podemos. —Me di la vuelta y continué con Phil hacia el grupo de médicos a donde nos dirigíamos en un principio.

—¿Qué hay con Chloé?.

—Nada Phil, no hay nada. —Traté de evitar el tema, demasiadas cosas en mi mente como para comenzar de nuevo con esa batalla.

—Pues está para hacerle un favor Ed…—Phil volvió su mirada a la recepcionista de la Clínica con una sonrisa taimada en su cara.

—Para ti entera amigo.

Hablamos durante un par de horas de todos aquellos temas médicos que en estas fiestas se podían hablar. Hasta que el alcohol comenzó a hacer mella en algunos, y la hora provocara que los más formales abandonaran la recepción. Pasaban canapés de vez en cuando, yo apenas los probé, sabía que con el alcohol que estaba tomando no me haría bien, pero la comida no me pasaba, ni siquiera esa minúsculas muestras de víveres que tan bien presentadas estaban.

—¿Nos tomamos las últimas en el bar?—Sugirió Phil.

Estiré la cara en una mueca tratando de espabilarme un poco.

—Uf Phil, no sé, eso de últimas suena a…—Casi arrastraba la lengua al hablar.

—A plural amigo, mañana tú y yo no trabajamos.

—De acuerdo, Phil. — Estaba claro que con un par de ellas mi nivel de inconsciencia sería insuperable.

Estábamos en unos sillones de piel individuales alrededor de una pequeña mesa en el poco iluminado bar del hotel. Había bastante gente, los jueves se habían convertido en una noche de marcha con el tiempo.

—Hola chicos, ya veo que también os resignáis a acabar la fiesta. —Chloé apareció como de la nada. —¿Puedo?—Preguntó señalando un sillón vacío.

Yo iba a contestar que no, desde luego no me apetecía compartir el rato con ella, pero Phil, pensando que podría lograr algo con la rubia siliconada asintió caballeroso al momento, dándome una pícara mirada.

—Bueno preciosa Chloé. —Comenzó Phil, en mi poca lucidez vislumbré una mirada de desagrado por parte de ella. — ¿Qué quieres tomar?

—Un Cosmopolitan gracias. —Contestó como si estuviera dando la orden a un camarero.

—Bien, ¿Edward?

—Yo nada gracias, de hecho ya me iba.

—Vamos Ed, un whisky con hielo ¿no?—Me guiñó el ojo mirando de soslayo a Chloé. Dios, por qué estaba haciendo esto.

Asentí con desgana y Phil se alejó hacia la barra, perdiéndose entre la gente.

—Edward…—Arrastró cada letra dejando caer los párpados lentamente ante mi indiferente mirada.

—Doctor Cullen. —Corté el flirteo.

—¿Formalismos ahora?—Preguntó en un cínico asombro.

—Conmigo siempre Señorita Olsen. — Me sentía realmente cansado y ebrio, no me apetecía una guerra dialéctica con esta cabeza hueca, por lo que cuanto más cortante fuera menos trabajo me daría.

—No entiendo a qué viene ser tan arisco conmigo. —Reprochó con falso aire indignado mientras con su pierna trataba de acariciar la mía.

—No hay porqué entenderlo, es lo que hay. Por favor, limítate a beber y a hablar con Phil, por lo que respecta a mí, como si no estuviera ¿de acuerdo?. —Fui tajante.

Aparté mis piernas la cuales estaban desparramadas.

—Bueno las copas nos las traen a la mesa, esto está imposible. —Phil se sentó de golpe en su sillón, y yo, agradecido, respiré.

Las ganas de decirle a Chloé todo lo que pensaba de ella pujaban por salir al exterior, pero se lo había prometido a Bella, y en realidad, no había mayor desprecio que no hacer aprecio.

Bella, de nuevo me sumí en ese mundo tan difícil en el que se había convertido nuestra relación, ardua, por el empeño de Reneé. No entendía qué le llevaba a esto, entorpecer el vínculo que con amor y entrega, además de paciencia, habíamos creado. Pensaba que no tenía nada que demostrar, que todo lo que hacía manifestaba con creces que yo no estaba de paso.

Estos pensamientos, mezclados con el alcohol que corría por mi cuerpo, estaban causando una desolación interna, devastando sin tregua las ganas de luchar.

El whisky llegó y tras él alguno que otro más. Ni siquiera me acuerdo cómo abandoné el local.

1 Agosto.

Entreabrí los ojos, el dolor de cabeza me atravesó cual aguijón envenenado. Con pequeños movimientos comencé a mover cada músculo de mi cara, la sensación de embotamiento desaparecía dejando a su paso un malestar propio de una gran resaca. Mi boca, correosa y pastosa, mi cuello en una posición imposible, contracturado, como si no hubiera cambiado de postura en toda la noche. Comencé a moverme despacio, de forma torpe, pesada. Miré el reloj de la mesilla, las cinco de la tarde. ¿Cuándo fue la última vez que había dormido hasta tan tarde?, solo recordaba nuestros momentos, Bella y yo en la cama, haciendo el amor, durmiendo, comiendo, solo entonces se alteraban mis biorritmos, sonreí en una extraña mueca al acordarme de aquella época.

Inicié mi incorporación cuando al colocar mi mano en el otro lado de la cama para estirarme me topé con algo…alguien, volví mi cabeza tan deprisa hacia el objeto de mi sorpresa que hasta me mareé ligeramente. Me quedé en shock al ver una cabellera rubia esparcida sobre la almohada, sentí náuseas y corrí al baño, a vaciar la bilis que sin más contenido subía por mi esófago.

Me levanté torpemente del suelo y me lavé la cara. ¿Quién estaba en mi cama?, traté de recordar mientras el agua fría despejaba solo tenuemente mis pensamientos. Me miré al espejo y mi boca se abrió automáticamente al observar que estaba totalmente desnudo. Llevé mi mano al pelo, tirando de él con fuerza. Tranqué la puerta y me dejé resbalar por ella quedando desnudo contra el frío suelo. ¿Qué había pasado?, ¿qué había hecho?. Era imposible, no lograba acordarme de nada. Estaba demasiado borracho, si ni siquiera recordaba cómo había llegado a casa.

Me metí en la ducha, negando sin cesar la realidad que se presentaba al otro lado de la puerta. Froté mi cuerpo sin piedad. No podía haber pasado nada, trataba de acordarme de algo, NADA. Nada me indicaba que había hecho algo de lo que arrepentirme, salvo por la obviedad de aquella mujer en mi cama, no había rastro de culpabilidad en mí.

Me sequé, sintiendo como si el estómago estuviera vuelto. Me puse el albornoz negro que gracias al cielo podría cubrirme al salir y abrí la puerta sin vacilar.

Un jarro de agua fría me cayó de repente, cuando vi a la mujer dada la vuelta en la cama, dormida. Era Chloé, la ira me recorrió de arriba abajo como un relámpago. No dudé, me acerqué y empujando su cuerpo sobre la sábana la desperté sin miramiento alguno.

—¿Edward?— Su voz somnolienta y llamándome irritó mis terminaciones nerviosas provocándome repugnancia.

—¡¡FUERA DE MI CASA!!—Bramé.

Chloé abrió los ojos y rápidamente se incorporó, dejando caer la sábana y descubriendo su desnudez. Me volví acto seguido para quedarme de espaldas a ella.

—¡¡LÁRGATE HE DICHO!!— La ira bañaba cada palabra. Sentí mi cabeza explotar.

—Vamos Ed…—Ronroneó, la estupidez mental de esa chica no conocía límites. —¿Después de lo de anoche me echas así de tu cama?. Eres un maleducado, anoche no gemías otro nombre que no fuera el mío, parecía como si hiciera mucho que no estabas con alguien…¿Es que Bella no te da lo que quieres?. — Su tono hiriente me sacó de mis casillas.

—¡¡NO SEAS EMBUSTERA!!— Recogí del suelo lo que parecían ser sus pertenencias y se las tiré a la cama con fuerza, para salir del cuarto, sin mirarla. —No quiero verte, no quiero escucharte, quiero que te vayas de mi casa. Si en cinco minutos no estás fuera lo haré por la fuerza. —Me di la vuelta y la encaré, mirándola a los ojos a pesar de que ni siquiera se había cubierto sus pechos desnudos. —Y no dudes que lo haré. —Mi voz era gélida.

Saqué un brick de zumo de la nevera y con un vaso me subí a la terraza. Soplaba una brisa que me ayudó a despejarme. Tendría que llamara Phil, el sabría a ciencia cierta qué era lo que habría pasado. A pesar de estar seguro de no haber hecho nada, sobre todo mi amor hacia Bella me lo impedía, y mi repugnancia por Chloé lo hacía imposible del todo.

Gracias al cielo Chloé desapareció de casa sin dejar rastro de su estancia. Quité las sábanas con movimientos bruscos, tratando por todos los medios de acordarme de la noche, esperando que un flash me iluminara con alguna imagen de algo, era inútil, no recordaba nada.

El fin de semana traté de contactar con Phil, imposible, su teléfono estaba fuera de cobertura. No tuve valor de llamar a Bella, no sin antes aclarar qué era lo que había pasado la noche del jueves.

Por lo que esos tres días se convirtieron en un infierno, hacía mucho que no había hablado con ella, desde que Reneé me dijo que no vendría, las dos llamadas que había hecho a su casa, después de ver una perdida desde su casa, fueron infructuosas.

Pensaba en ella constantemente, en su risa, en su inocencia ante las cosas, en su espontaneidad, y me sorprendí a mi mismo recordando a la Bella de ahora, sin añorar a la Bella anterior al accidente. Entonces, al darme cuenta de ello, me sobrevinieron las ganas de golpearme porque de repente se colaba en mi mente la imagen de Chloé en mi cama, mi imagen desnudo ante el espejo.

¿Y si a pesar de no recordar nada lo había hecho?.

Capítulo 35

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s