Capítulo 38

6 Agosto

Bella POV

 

—Esto es una gozada chicas, no esperaba tanto. —Ángela dejando su albornoz en una de las hamacas se metió en la piscina de agua templada con nosotras.

 

Llevábamos todo el día en el Spa, haciéndonos tratamientos de belleza, masajes, baños de chocolate. Hubo un momento que no sabía si estaba dentro de mi cuerpo o me observaba desde el techo.

 

—Querías relax Ang, y eso te daremos como despedida de soltera, yo habría optado por fiesta salvaje pero…

 

—Buff Rose, estoy molida, creo que en una fiesta salvaje la primera en abandonar hubiera sido yo. — Cogió una brocheta de frutas que estaba en las bandejas al lado de la piscina. —Estas semanas con los preparativos de la boda no he tenido tiempo ni para respirar, créeme que esto es lo mejor que me ha pasado en todo este tiempo.

 

—Parece como si casarte fuera una tortura Áng. —Rose me pasó una copa de cava.

 

—Casarme no lo es, prepararlo si, y eso que sólo somos cincuenta y dos invitados, no me quiero imaginar si fuera una boda estilo realeza. —Todas reímos.

 

—Creo que es lo adecuado, eso de invitar únicamente a la gente cercana, nunca entenderé que hacen en las bodas esos primos lejanos y tíos abuelos que solo has visto una vez. —Añadió Alice tras dar el último sorbo de su zumo de frutas.

 

—Llevas razón Al, pero por favor, dejemos de hablar de la boda , que esto es para desconectar un poco ¿verdad?. —Rogó Ángela dándome una fresa en la boca.

 

—Está delicioso, creo que podría acostumbrarme a esto. —Añadí. — Mi cuerpo se ha vuelto gelatina en las manos de esos chicos.

 

—Hay otros métodos para que eso suceda sin salir de casa. —Dijo Rose. La explosiva risa de mis tres amigas resonó en toda la piscina.

 

—Mmmm…—Alice levantó la copa. —Por esos momentos que te transforman en gelatina. —No entendí nada, pero igualmente brindé.

 

—Bells…—Rose me miró. — ¿Todavía no te han convertido en gelatina?

 

—Es que no entiendo lo que queréis decir.

 

—Nos referimos a las relaciones sexuales. —Noté cómo el calor iba subiendo hasta mi cara.

 

—A hacer el amor Bells. —Añadió Ángela para más información.

 

Me acordé del fin de semana pasado en brazos de Edward en su terraza.

Nuestras respiraciones entrecortadas, los besos profundos, sus manos recorriendo mi cuerpo, sus dedos sobre mis pezones…Si, seguro que yo era gelatina en ese momento, lo estaba sintiendo ahora con solo pensarlo…

 

—Estás muy colorada cielo. —Me dijo Alice acercándose. — ¿Estás bien?

 

—Estoy…bien…ya entiendo lo de la gelatina…—Sonreí rodando los ojos.

 

—No te avergüences nena. —Me dijo Rose poniéndose a mi lado. —Es de lo mejor que hay en esta vida, y no pasa nada por compartirlo con amigas. —Le miré súbito.

 

—¿Compartir a Edward?—Todas rieron estrepitosamente.

 

—¡¡No!! me refiero a hablarlo, somos amigas y siempre hemos hablado de todo.

 

—Yo no lo he hecho todavía…la semana pasada empezamos algo… pero tenía la regla… y no quise hacerlo así.

 

—Será por tiempo, cielo—Dijo Alice. — Tenéis todo el del mundo.

 

—De todas maneras a veces tener la regla no es un impedimento Bells. —Dijo Rose.

 

—¿No?, ¿con todo eso ahí?

 

—No, del sexo se puede disfrutar siempre. —Levantó la copa de nuevo.

 

—Brindemos por ello. — Me hicieron reír, levanté la copa con ellas.

 

—Por el sexo. —Dijo Alice, y bebimos.

 

—¡A todas horas y donde sea!—Añadió Rose tras beber de su copa y terminarla.

 

—¡¡Rose!!—Ángela le miró escandalizada.

 

—Por favor, no me digáis que no lo disfrutáis, ¡¡y que si hubiera más tiempo no lo haríais más!! Sé, a ciencia cierta, que desde el libro que mi Em se compró, todas, y digo TODAS lo habéis estado pasando muy bien. — Reímos, aunque yo no sabía a qué libro se refería.

 

—Vamos Rose, no alardees, se de buena fuente que fue Jazz quien tomó la iniciativa, yo disfruté de los conocimientos en ese plan antes que vosotras. —Y volvieron a reír.

 

—¿De qué libros habláis?—Pregunté curiosa, las burbujitas del champán se me habían subido a la cabeza y me encontraba extrañamente alegre.

 

—Los chicos compraron libros sobre cómo hacer disfrutar del sexo a una chica—Comenzó Ángela.

 

—Concretamente Jazz y Em, y estos se los dejaron a Edward y Jake. —Alice reía mientras lo contaba.

 

—¿Edward leyó un libro para hacerme disfrutar del sexo?—Otra vez sentí mis mejillas arder, pero el efecto del champan me hacía reír con ello. Estaba alucinando, adoraba enterarme de esas cosas de mi vida.

 

—Sí, y lo hiciste Bells. —Añadió Rose haciendo que todas rieran.

 

—¿Lo hice? ¿A qué te refieres?

 

—A que descubriste que Edward estimulaba a las mil maravillas tu punto G. —Estallaron en carcajadas y yo las acompañé, por inercia.

 

—No sé que es el punto G—Les pregunté mientras recuperaba el aliento tras las risas.

 

—Ninguna mujer sabe a ciencia cierta qué es hasta que lo encuentra. — Alice volvió a rellenar las copas.

 

—A mi ayer me lo encontraron…y de qué manera…—Dijo en un tono pícaro Rose.

 

—No me digas más, Em trató de extasiarte ante la inminente despedida de soltera. —Dijo Alice.

 

—Exacto, y puso todo su empeño en que quedara completamente complacida.

 

—¿No le dijiste donde iríamos?—Preguntó Ángela.

 

—¿Y perderme la sesión de sexo que me tenía preparada para evitar caer en tentaciones?…ni hablar.

 

—¿Te hizo el amor para que no te fueras con otro?—Le pregunté curiosa.

 

—En realidad fue la excusa. —Rió por lo bajo.

 

—Yo tengo muchas ganas de hacerlo con Edward. —Solté sin pensar.

 

—¿En serio?—Preguntó Ángela.

 

—Desde que nos estamos besando de forma tan intensa noto un hormigueo en el estómago y…más abajo que siento que solo lo puedo calmar estando más pegada a él. Pero…

 

—Pero qué…—incitó Alice.

 

—No sé cómo hacerlo, seguro que lo hago mal, no me acuerdo, solo lo he visto en las películas, o lo he leído en las novelitas. En realidad me pone un poco nerviosa no saber hacerlo con él, y que no le guste…

 

—No te preocupes. —Rose bebió de su copa y la dejó en el borde de la piscina. — Edward te va a llevar al cielo sin que tú tengas que hacer nada, ten en cuenta que él sí que se acuerda de cómo hacerte el amor. — Otra vez volvió el hormigueo al estómago, y los nervios. — Siempre has dicho que era un maestro en la cama, de momento solo déjate llevar y verás como con el tiempo no tienes dudas. —Me guiñó un ojo.

 

 

 

 

Cenamos en una habitación suite del propio spa, donde pasaríamos la noche.

 

—Bueno chicas y como de relax se trata…—Rose sacó una bolsita de plástico de su bolso. —Vamos al jacuzzi, aquí no se puede fumar.

 

—¿Has traído marihuana?—Preguntó Ángela casi escandalizada.

 

—¿Drogas?—Me quedé perpleja.

 

—A ver, por favor, no escandalizarse. Espero que después de esto nadie se enganche, solo es fumar un poco, al igual que tomamos unas copas de cava podemos fumarnos uno ¿no?

 

—Recuerdo que en la universidad en la fiesta de Jessica Stanley nos fumamos uno detrás de su casa y nos reímos muchísimo. —Aportó Alice.

 

—Sí y en alguna otra más. —Dijo Rose.

 

—¿Yo también?—Pregunté.

 

—TÚ trajiste la marihuana, se la pediste a James, el camello de químicas, que por cierto, moría por echarte un polvo. —Añadió Alice.

 

—Y tú lo sabías. — Dijo Rose saliendo a la terraza mientras Ángela y Alice le seguían riéndose a mandíbula batiente.

 

—¿En serio?—Comencé a reír. — ¿Era guapo?

 

—Era…—Empezó Alice pensativa.

 

—Era un fumeta, pero era guapo, si no fuera por la cara de colgado que llevaba todo el día, y los ojos de cordero degollado que ponía cuando te veía… —Dijo Ángela volviendo los ojos y haciendo que todas riéramos.

 

Dejé que el albornoz cayera al suelo y me metí en el jacuzzi, era agradable sentir el agua burbujeante. Rose se quedó fuera y encendió el cigarrito de la risa.

 

Tras una calada me lo pasó. Me puse nerviosa, no sabía fumar esto, bueno ni esto ni nada.

 

—Despacio Bells, aspira solo un poco. —Me dijo.

 

Lo hice, y noté cómo me quemaban hasta los pulmones. Me dio un ataque de tos y antes de arrojar el origen de mi ahogo al agua se lo di a Alice. Tras recuperar el aliento les miré. Quedamos en silencio, las miraba fumar con toda naturalidad.

 

—Esto es malísimo…—Dije en un hilo de voz. Les hizo gracia, que se pusieron a reír como tontas.

 

—No puedes hacerlo como si fueras una aspiradora…— Dijo Alice.

 

—A mi no me hace gracia…—Pero inexplicablemente me dio la risa floja.

 

La ronda me llegó, y esta vez le di dos caladas sin que me atragantase con el humo. Crucé los ojos para ver cómo salía por mi boca una bocanada que se me antojó como la chimenea de una locomotora. ¿Qué?…me entró un ataque de risa y las lágrimas se me escapaban por las comisuras de los ojos. Mis amigas se unieron a mi paranoia como si hubieran pensado lo mismo que yo…supongo.

 

Pasamos unos minutos riendo, sin saber muy bien de qué.

 

—Esto no me hace bien, mira… que tontería… llevamos encima…—Me trabé al hablar. — Ni siquiera habéis visto lo que yo y os estáis riendo…vah…ni sé de qué me estoy riendo.

 

Otra vez estallé en risas, madre mía que felicidad tan absurda…

 

—¿Sabéis de lo que me estoy acordando?—Dijo Rose con una risita floja al rato. — De aquella vez que pillamos a Alice montándoselo con Ben en el salón de casa.

 

—Por favor Rose ¿por qué sacas eso ahora?—Alice se sonrojó pero tenía una mueca como si fuera a ponerse a reír de un momento a otro.

 

—Seguro que a Bella le hace gracia cuando le contemos cómo reaccionó. ¿Quieres oírlo?—Rose preguntaba asintiendo como loca para que le dijera que sí.

 

—Claro…—Dije cerrando los ojos fuertemente para despejarme un poco. Me notaba un poco adormilada.

 

—Tenéis que contar que llevábamos una cogorza impresionante. —Advirtió Alice.

 

—Estuvimos todas de copas en el Cantab. —Empezó Rose.

 

—Es de ambiente. —Apuntó Ang.

 

—¿Gay?—Pregunté, a lo que las tres asintieron.

 

—Entonces entró Ben con unos amigos. —Dijo Rose.

 

—¿Te acostaste con un gay?—Le pregunté a Alice, con un gesto de sorpresa.

 

—¡No!—Gritó.

 

—SI—Dijeron Ángela y Rose al unísono.

 

—Ya no es gay, chicas.

 

—Bueno, pero lo era, otra cosa es que esa noche decidió que…—Angela comenzó a hablar ehizo un parón para mirar a Rose directamente.

 

—¡¡El pequeño y estrecho agujero de Alice le gustó más que la puerta trasera!!—Rose y Ángela lo corearon como si fuera un lema.

 

—Qué cruz chicas. —Alice lejos de parecer molesta comenzó a reírse. —Puedo jactarme de traer a un chico del reverso, ¡JA! ¿Algunas de vosotras se ha traído de nuevo a un chico a la misma acera?

 

—Amén hermana eres una diosa. — Rose chocó la mano con la de Alice.

 

—Bien bien, nos estamos perdiendo…estábamos con que llegó al bar ¿y?… —Apremié.

 

—De acuerdo, el caso es que como Alice ya lo conocía de la facul, tras una apuesta que perdió, le propusimos, más bien la idea fue tuya. —Me señaló. — Que tenía que marcarse un baile sensual con él.

 

—Oh Dios Mío. —Me llevé las manos a la cara. —Soy perversa.

 

—Lo eres…—Alice me miró riéndose.

 

—Con todo lo que disfrutaste tonta, ¡¡lo desvirgaste!!— Rose gritó desaforada.

 

—¡¡Es cierto!!—Alice se unió a la locura del grito. Lo de la marihuana nos tenía desatadas, yo estaba encantada con el jaleo y no paraba de reírme. —Aunque luego saliera mal la cosa…—Dijo de repente un poco apenada. —El caso es que lo hice, y con la borrachera que llevaba creo que me sobrepasé. Entonces empecé a sentir su abultada entrepierna pegada a mi trasero…—Alice miró al cielo y se relamió.

 

—¡¡Pervertida!! Pienso decírselo a Jasper. —Le dijo Ángela riendo sin parar.

 

—¡EH!, ni media palabra,—puso un dedo sobre su boca cerrada, haciendo el gesto de silencio,— que mi chico es un portento y nada tiene que envidiar de Ben, nada en absoluto. —Dijo echando una mirada de suficiencia. — Bueno, la historia sigue con que me llevó a los baños y me metió la lengua hasta la campanilla, con unas ansias que me pusieron muy cachonda.

 

—¡UUUUHHHH!—Sin entender muy bien porqué, de mi boca salió ese grito al igual que de Rose y Ángela.

 

—Nena si lo vas a contar así, me voy a poner cachonda yo también. —Apuntó Rose.

 

—Sí creo que yo estoy notando cosquillitas. — Dijo Ang. Estallamos en una enorme carcajada.

 

—Resumiendo entonces, que no tenemos a los chicos cerca…—Sonrió levantando las cejas. —Le sugerí ir a casa, teniendo en cuenta que estaba cerca, y a mí eso de los baños no me van, ya lo sabéis. Y puse un poco de música.

 

—Lo que hizo que no nos escucharas entrar. —Continuó Rose.

 

—¿Por qué no fuisteis a tu habitación?— Preguntó Ang.

 

—Pero si quería hacerlo en los baños, ¿tú crees que me dio tregua en cuanto entramos al salón?, justo para encender la música con el mando. —Alice abrió las manos negando con la cabeza para que le comprendiéramos.

 

—Bella, entraste la primera, riéndote sin parar porque Ángela se había empeñado en traerse una silla de playa que habíamos encontrado en la basura.

 

—Era buenísima, luego todas os peleabais por ella.

 

—Y encontramos a Alice encima de Ben ¡¡como un muelle!! Dándole que te pego, ¡¡y sin enterarse que estábamos ahí!!—Las carcajadas comenzaron de nuevo.

 

—Entonces empezaste a gritarles. —Me miró, las lágrimas de la risa inundaban mis ojos. — ¡¡Mis ojos vírgenes!!—Y te tapaste la cara para empezar a caminar por el salón, como una gallina decapitada, chocándote con todo, a Ángela y a mí nos entró la risa…—Rose tuvo que parar porque además de que apenas la escuchábamos ella casi no podía hablar.

 

—¡¡Y Ben se quedó paralizado mirándoos!! Y yo…—Tomó aire. —¡¡Sin enterarme de nada, estaba súper aplicada con el tema!!—Dijo Alice para añadir más leña al fuego. —Hasta que escuché cómo se cayó una del las sillas del comedor y al girarme vi a Bella en el suelo, y a vosotras en cuclillas sin poder aguantar la risa.

 

Sentía que me quedaba sin aire, y me dolía la tripa de la risa, la cual, no podía ni frenarla.

 

 

Tras un rato de risas y darle vueltas a la historia, enterarme de que Alice salió un tiempo con el tal Ben y que le hizo tanto daño cuando lo dejaron que se recluyó bastante, Rose propuso fumar otro cigarrito más.

 

—Yo creo que mejor que no…—Dije. —No vaya a ser que nos dé un amarillo como le pasó a Ang en la fiesta de Lauren Mallory. —De repente todas se me quedaron mirando. —¿No os acordáis?, tuvimos que llevarla a casa y la pobre no paró de vomitar, todavía me acuerdo de lo que me decía: ¡¡No pienso fumar más de esa mierda!! con la cabeza metida en el váter.

 

Las imágenes vinieron a mi mente como si lo hubiera vivido hace unas semanas, al igual que me acordaba del fin de semana de compras con las niñas.

 

—¿Te acuerdas?—Me dijo Ángela con una sonrisa enorme en la cara.

 

—Si…—Las miré a todas, y me di cuenta que había tenido un recuerdo anterior al accidente.

Capítulo 39

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