#37#

Bella caminaba hacia la recepción, sonriendo para sí. Edward le había enseñado las fotos de su desnudo y además de las que iba a exponer, que habían quedado perfectamente anónimas, y completamente perfectas; le había enseñado las que eran, como él decía  ”para su deleite personal”, y en ellas desprendía una luz especial que al fotógrafo le volvía loco.

Eran preciosas, su mirada brillaba más allá de lo real, a pesar de ser en blanco y negro se intuía el rubor de sus mejillas, y saber que habían practicado sexo de aquella manera en la piscina, hacía que significaran mucho más.

—Pues espere un segundo por favor. —Fátima apretó un botón del teléfono.

—Tienes una llamada personal Bella. — Esta frunció el ceño, a lo que Fátima respondió encogiéndose de hombros.

Bella le hizo el gesto de que le pasara el teléfono, apoyada en el mostrador.

—Habla Bella. —Dijo en un tono neutro.

—Bella…—La voz le produjo un encogimiento del estómago. — No puedo sacarte de mi cabeza…—Era James, y estaba bebido. En Nueva York era madrugada.

—Para qué me llamas. —No era una pregunta, la bilis que bañaba la frase decía mucho más que las palabras pronunciadas.

—Te quiero nena…—Arrastró las palabras.

Bella inspiró profundo, el odio le recorrió de arriba abajo acordándose de lo que Edward le había contado.

—En serio James, deja esto, deja de hacer daño…—Aguantó las ganas de gritarle por teléfono, no era el lugar, y él no estaba en condiciones de escuchar nada.

—Dime que vuelves conmigo, yo me hago cargo de tu hijo…dime que todavía me quieres…—Parecía que fuera a romper a llorar en cualquier momento.

—Déjame en paz. No me llames más. No te quiero. No quiero hablar contigo. —Le dio le teléfono a Fátima, que aunque había disimulado, había escuchado todo. Cogió el auricular y lo colgó mirándole con cara de confusión.

Bella sin creerse lo que había pasado, cerró los ojos para componerse, ni siquiera se acordaba de lo que venía a hablar con la recepcionista.

—Voy a la playa. —Le dijo en un tono muy bajo.

¿A qué venía todo esto? ¿Por qué le daba a James por hacer estas cosas? Estaba provocando dolor a todo el mundo. Seguro que  su mujer no sabía nada ¿Por qué continuaba con ella? Bella se sintió responsable de todo, otra vez, le era imposible no hacerlo. Tenía enterrada esa sensación, no había vuelto a hablar de ello con nadie, pero otra vez estaba ahí.

Quería desaparecer de su mente, en el fondo ni se había planteado si ella seguía ocupando sitio en la cabeza de James, sabía que en su corazón no, en su bragueta lo había hecho, pero eso se pasaría en cuanto otra persona entrara, y estaba convencida de que su mujer estaba ahí.

No se esperaba esto, no le hacía daño a ella, en todo caso diferenciaba el miedo entre las sensaciones que se arremolinaban en su mente, miedo por el daño que podría causar  a la familia de Edward. Si esto continuaba así, no iba a tener fuerzas nunca para abrirse con ellos, si es que estaban dispuestos.

Llegó a la playa y se tumbó en una hamaca debajo de la sombrilla sin quitarse el vestido que tapaba su piel.

Pensó en que James no estaba bien, parecía más una persona obsesionada con ella que alguien que realmente le amaba. Quizás todo esto de contar las mentiras que había dicho era para hacerle daño y por extensión a Edward, que era con quien ella tenía su vida.  Kate tenía que saber lo que James había hecho. Que estuviera bebido no le hacía menos culpable.

A lo lejos vio cómo Edward entraba con una lancha y tres parejas para hacer un bautismo  en una de las clases de buceo. Él miró en su dirección y levantó la mano para saludarla. Ella le devolvió el saludo, pero la sonrisa no le llegó a la cara. Estaba temblando  todavía.

El atardecer había llegado y Bella no había desconectado en todo el día de la llamada que recibió por la mañana. Estaba en su despacho, allí se sentía relativamente segura. Edward no estuvo en el complejo en todo el día, con las actividades de submarinismo, Jacob y él estaban muy ocupados. Bella lo agradeció.

Golpearon la puerta y la sacaron de sus cavilaciones.

—Adelante. — Jasper entró con el gesto preocupado.

—Buenas tardes Bells. —Su tono tranquilizador eran como un remanso de paz para ella. Jasper siempre tenía ese efecto.

—Buenas tardes.

—¿Qué ha pasado?—Bella le frunció el ceño.

—¿Por qué ha tenido que pasar algo?

—Vas por el hotel como una zombi, no creo que sea que echas de menos  a Edward, sabes que lo verás esta noche. ¿Estás bien?…me refiero a tu embarazo…físicamente. —Ella asintió, pero él seguía viendo que algo se atesoraba en su mente.

—Me encuentro bien…—No mintió, ya que físicamente no tenía nada.

Bella le mantuvo la mirada por un instante y se estableció entre ellos un silencio vibrante. La sensación de Jazz fue como si algo estuviera a punto de explotar. Probó suerte.

—Me vas a odiar pero…no te creo…—Bella inspiró de manera profunda y se rindió con él.

—Es imposible odiarte por ser intuitivo Jazz. —Le miró con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Quizá si lo hablas… ¿es con Edward?—Jasper intuía que no, se les veía genial juntos. Bella se lo confirmó negando.

—James ha llamado esta mañana. —Le dijo en un susurro.

Jasper quedó sorprendido, pero trató de controlar su gesto.

—¿Con que motivo?

—Estaba borracho y…decía que me quería y…que volviera con él…—Bella anudaba sus dedos entre sí, y los miraba de vez en cuando, se sintió débil con esa historia, y responsable.

—Dijiste que seguía con la hermana de Ed.

—Así es. —Le miró los ojos, Jasper tenía un gesto neutro.

—Se lo deberías de contar.

—Se va a poner como una fiera, imagínate. Esto no solo implica lo que me dice a mí, significa que está con su hermana y no la quiere…siempre que esto sea verdad…

—Si estaba bebido y te ha llamado en un momento de debilidad…dicen que los borrachos nunca mienten.

—No sé si esto lo hace solo para dañarnos, a mí,  a Edward, a la familia…no se Jazz, esto es  una auténtica mierda.

—Su hermana debería conocer esta forma de actuar de  su marido. —Dijo Jazz calmado.

—No quiere hablar con nadie de su familia, dice que todos están en su contra. Me siento fatal. Creo que esto no puede llegar a sus oídos, solo creará impotencia para Edward y sus padres…

—Estás planteándote no decirle nada.

—No lo sé Jazz, quizá pueda evitarle un sofoco absurdo. ¿Qué pasa si se encuentran, y James lo niega todo?—Negó con una mueca amarga. —A padecer, a sufrir.

—Si al menos tuvieras pruebas.

—Pues la verdad, que como creo que el teléfono no lo tenemos pinchado, esto se ha quedado entre él y yo. —Dijo cínica.

—Ya, ya…perdona.

—No perdona tú, en serio que esto me supera. —Chascó la lengua de impotencia.

—El teléfono tiene una función para gravar las conversaciones, ¿te acuerdas cuando nos lo instalaron que nos reímos de ello?—Bella asintió pero no entendía a donde quería llegar.

—La verdad es que ni se utilizarlo, pero da lo mismo, la llamada fue esta mañana, a no ser que tengas una forma de meditar y volver el tiempo atrás.

—¿Crees que volverá a llamar?

—Me da que no. —Negó pensando en la manera en que había colgado sin despedirse.

—¿Y si le llamas tú? Porque su móvil lo tienes…

—Y si no el teléfono estará registrado en recepción, pero Jazz…—Su cara formó una mueca de asco.

—Es una forma de hacerle repetir sus intenciones contigo, y luego mandárselo a Kate, a través de Edward y su familia. —Bella sintió como el corazón se le aceleró pensando en el plan de Jazz. Tragó audiblemente.

—No se… no sé qué decirte…—Bella sintió terror por hablar de nuevo con él.

—Está bien, no tiene por qué ser ahora. Además si dices que estaba borracho estará de resaca.

—Pero bueno, podemos pensarlo…con más calma. — Inspiró profundamente, haciendo un gesto de liberación, por el momento.

—¿Se lo dirás a Edward?

—No de momento, a ver cómo nos sale toda esta historia.

Edward entró en el despacho una hora más tarde que Jazz, ella estaba sola, dándole vueltas a lo que había hablado con su amigo.

—Un penique por tus pensamientos. —Llegó hasta ella y apartó la silla del escritorio para quedarse en cuclillas entre sus piernas.

—Tonterías. —Dijo tratando de disimular. — ¿Cómo ha ido el día?—Edward se alzó y besó su labios, primero suave y al segundo los atrapó en sus dientes para jugar con ellos en su boca, abrirlos despacio con su lengua y saborear la boca de su chica.

Ella se perdió en la sensación, como siempre. Se derritió por dentro, y sujetó su cabeza por la nuca, con firmeza, para continuar con la actividad que tanto le gustaba, impidiendo que nada más entrara en su mente, nada más que ese hombre haciendo de las suyas para que perdiera la consciencia.

Demasiado rápido para ella terminó el beso, pues era como un ansiolítico, el más potente, y absorbía todas sus preocupaciones. Ella quedó con los ojos cerrados, por miedo a que  descubriera que algo le atormentaba.

—Deseando hacer esto…—Le susurró provocando una sonrisa en su boca. — ¿Y tú?—Besó su nariz.

—Bien. —Al sentir que él se desplazaba hacia atrás y que no estaban tan pegados ella abrió los ojos y bajó la mirada. —Sin novedad, ha sido…un día aburrido.

—¿Te apetece pasear? O estás cansada.

—Claro. —Se levantó con él. —Me vendrá bien que me dé el aire, llevo aquí mucho rato.

—Pues para no tener nada que hacer podías haberte ido a la playa un rato. —Sujetó su mano y salieron del despacho.

—Prefiero esperarte a ti, y pisar la playa juntos.

—¿Estás mimosa?—Le abrazó pegándola a su cuerpo.

—Si. —Contestó infantil.

—Pues déjame mimarte toda la noche ¿vale?—Bella solo asintió contra su abrazo mientras caminaban.

—No pensé que a Jake se le diera tan bien, es muy bueno en esto.

—Es profe de yoga.

—Se le nota, tiene mucha paciencia. —Caminaban abrazados con los pies descalzos, sintiendo la arena de la orilla y las olas besando sus pieles una y otra vez.

—¿Qué tal la gente?

—De momento solo hemos dado con un repugnante, ya sabes, estos que se creen que saben más que nadie. Ponen en peligro al grupo, de verdad. —Negó mirando al frente recordando a un hombre que pretendía alejarse de la zona marcada.

—Bueno, es lo que tiene trabajar con humanos. — Pensativa se acarició el vientre.

—¿Has pensado en algún nombre?—Edward se fijó en su caricia.

—Pues…—Tardó en relacionar todo. —No sé…—Le miró y por fin sonrió de verdad, dejando de lado su mente acelerada. Cerrando de golpe y porrazo la puerta de esos pensamientos oscuros, todo para que camparan a sus anchas la felicidad que le provocaba su bebé y su papá.

—Yo tengo algunos. —Dijo quedo.

—¿En serio has estado pensando en nombres?

—Sí. Y para niña me encanta Antía, Emma…

—¿Antía?—Bella se quedó extrañada.

—Estuve haciendo un repor en España, en el norte, y había una niña que se llamaba así. En serio, me quedé con ese nombre y nunca se fue de mi cabeza.

—Antía. —Repitió. —Suena bien. ¿Y si es niño?

Bella sintió una sensación en el vientre que le hizo reir en el instante, reconociendo a su bebé. Edward se paró con ella y la miró radiante.

—¿Qué pasa?

—Me acaba de dar una patada. —Pasó la mano por la zona donde lo había notado.

—¿En serio?—El orgulloso papá abrió los ojos como si hubiera ganado la lotería.

De manera automática tendió su mano y Bella se la sujetó, pero el bebé no tenía ninguna intención de repetirlo ante el puchero de su padre.

—Eso es que te gusta Antía ¿verdad bebé?. —Se arrodilló y puso su oído a la altura de la barriga de Bella y le habló suave. — Soy papá, ¿me dejas sentirte?

Bella no pudo reprimir la carcajada ante el mohín de Edward por la no respuesta del bebé.

—No es justo que todavía no las haya sentido. —Se incorporó.

—Habrá más. —Bella sujetó su cara con ternura y le besó en los labios, él le respondió con fervor.

Pasearon en silencio unos minutos. Les gustaba sentirse el uno al lado del otro. Edward sentía que Bella estaba tensa por momentos, ida era más bien la palabra, y le preocupaba que estuviera ocultándole algo.

—Las Navidades están cerca. —Rompió el silencio y al hacerlo notó como ella se envaraba.

—Si…—Susurró, la puerta cerrada con llave se abrió, y James y su llamada entraron en su mente como un elefante en una cacharrería.

—¿Sigues queriendo ir verdad?— La tensión seguía en su cuerpo.

—Claro. —Sonrió a su pesar.

—Bien. —Besó su coronilla y siguieron paseando.

—No entiendo ese empecinamiento tuyo de que sea niña. —Bella intentó calmar su mente nerviosa ante la perspectiva de su viaje y la cercanía entonces con su familia y, ese lío de James…

—Ya, es un poco obsesivo ¿verdad?—Edward rió.

—Exacto. —Bella le acompañó.

—Digamos que la visión o ensoñación de la noche de los espíritus fue más reveladora de lo que pensaba.

—Me dijiste que no viste que fuera niña, ni niño.

—Pero lo sentí…—Se encogió de hombros y se paró  con ella. La abrazó por la espalda encarándose al mar. — Se que puede parecer una tontería, pero lo siento. Nunca me había fiado ni de intuiciones ni nada, pero…en fin…quizá sea una estupidez. Me da igual lo que venga, solo quiero que sea sano. —Bella abarcó con sus brazos el abrazo estrecho de él y acarició con sus dedos el vello de su brazo. —Y ahora… ¿me vas a decir que es lo que  te preocupa?

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