Capítulo 3

—Parece un bikini. —Desvió la mirada. Me reí y salí de nuevo corriendo hacia el mar.

Un escalofrío me recorrió en cuanto mis pies tocaron el agua, pero avancé deprisa, chapoteando ligeramente, era una gozada sentirla. El mar estaba tranquilo, me zambullí sin pensar y buceé unos segundos avanzando hacia delante.

Cuando salí del agua me volví y me encontré a Edward  detrás de mí, con el pelo mojado y hacia atrás. Sus verdes ojos eran más brillantes y claros que antes, me miraba fijamente, y sonreía. Me dejó tocada y casi hundida. ¿Qué hacía yo aquí con él? ¿Cómo sería besarle, ¿Y que esa mirada suya fuera dirigida con deseo, ¿Amor?… ¡¡Vaaaale!!

—¿Qué pasa?—le pregunté ante su atenta mirada, y para cortar el hilo de mis pensamientos poco productivos en ese momento.

—Nada…—No dejó de mirarme. Yo bajé la vista a mis manos que jugaban con el agua, me estaba incomodando.

De repente se sumergió y me agarró por las piernas haciendo que mi cuerpo se elevara al incorporarse él, y tirándome después al agua mientras yo gritaba por el susto. Estaba claro que no sabía con quien se la jugaba. No salí y buceando me coloqué detrás de él.

Me agarré a su espalda y lo derribé pillándolo desprevenido. Me reí tanto que tragué agua. Que poco atractiva resultaba tosiendo ahogada. Pero daba igual ¿no?

Tras un rato de juegos y aguadillas nos quedamos tranquilos, haciendo el muerto, dejando que las pocas olas nos movieran.

No sé cuánto tiempo llevábamos en el agua, pero yo me noté arrugada como una uva pasa.

A lo lejos se escuchó gente que reía y se acercaba, observé y me di cuenta que eran las niñas con sus parejitas.

—Edward, viene la pandillita del amor…—Me reí,  estrujándome el pelo y haciendo por salir.

—Sí, dejé una nota en casa de Jake, por si se levantaban. —Se incorporó y me siguió.

—¿Se habrán acordado de mí y me habrán traído algo de ropa playera?—La pregunta fue para mí, ¿por qué no se me ocurriría mandarles un mensaje o algo?

—Eso espero, se lo puse en la nota también, tras el comentario de tu ropa supuse que si se pasaban por la playa lo mejor era traerte ropa cómoda a ti. — Era un amor…me quedé embobada mirándole mientras me adelantaba y avanzaba hasta la orilla.

—Gracias— Apenas fue un susurro, se volvió y me guiño un ojo. Me tendió la mano y sin pensarlo la sujeté.

Salimos cogidos de la mano ante todos, y yo me sentía mucho más que cómoda con ese gesto, ¿Me estaba  pillando por él?…mala idea Bells, ese chico jugaba en otra división.

—¡Madrugadores!— Era Emmet, gritando como si vendiese helado.

Las chicas estaban extendiendo las toallas, y las tres miraron nuestras manos unidas, para después sonreírme.

Solté la mano, y eché de menos su calidez y su forma sobre la mía de una manera inmediata, Edward me miró, y sonreí, ¡¡no!! Estoy pillada…

—¿Cómo fue la noche?—Pregunté socarronamente para salir de mi locura mental.

—¿Igual que la tuya?—Rose levantó las cejas insinuando algo que no había pasado.

—Pues que aburridos…—Mire a Edward que se echó a reír y me dedicó una mirada cómplice. Esa mirada era para mí…mmm…Tenía que dejar de mirarle, esto me alteraba en demasía, y seguro que él estaba simplemente siendo amable.

—¿Aburridos?— Emmet se colocó al lado de Rose y le abrazó por detrás—¿Tú crees que somos aburridos?— Rose se volvió para darle un piquito.

—No, no lo somos, aburridos ellos, lo han dejado claro. —Nos echamos a reír.

—¿Un paseo chicas?—Ángela lo propuso claramente para hacernos las confidencias tras una gran noche, para algunas, claro.

—Perfecto, ¿Vamos a hablar de lo que pasó anoche?—Empecé bromeando.

—Tú nos contarás lo que pasó anoche—Alice me miró directamente.

—Vaya…—Miré a todos y bajé los ojos haciendo teatro— Poco va a durar el paseo…

—¿Tan rapidito eres Edward?—Emmet al ataque. Dirigimos las miradas a Edward, yo negué mientras me mordía el labio inferior. Me dio una sonrisa torcida y me guiñó el ojo.

—Cuéntalo, cielo, deja el pabellón bien alto…—No me podía amedrantar. Y eso solo hacía que acicatear  mi mente. Era imaginarme que la noche con él hubiera sido algo más que dormir, y en serio se me erizaba el vello. No debería seguir alimentando esas fantasías.

—¿Todo todo?, creo que no son tan experimentados para escucharlo… ¿no crees?—Le devolví el guiño, completamente en mi papel de amante de ese chico de abdomen duro…

—¡¡Vaaaamonos!!—Rose tiró de mi brazo tras la explosión de carcajadas y un discreto codazo de Jazz a Edward.

—¿Qué ha pasado?—preguntó Ángela mirándome.

—Nada—Contesté neutra.

—Venga ya ¿Qué ha pasado?—Esta vez era Alice.

—Nada, en serio. —Dije como si fuera lo más obvio. No podían haberse creído el teatro.

—Ya…¿y esa manito?…— Canturreó Rose.

A Rosalie se le notaba que era abogada, en todo. Una abogada muy buena, por cierto. Hablabas con ella y las cosas siempre te quedaban claras. Ante todo aportaba la evidencia, o por lo menos lo que ella creía que era la prueba.

—Si…y esa complicidad…— Añadió Ángela.

Con Ángela a pesar de la distancia había una gran conexión, desde siempre. Ella era ingeniera industrial, trabajaba para una promotora muy importante a nivel de todo el país, con sede en muchas ciudades importantes.

—¡Nada! —Mis palmas de las manos miraban al cielo en un acto de comprensión. —Si sois vosotras las que tenéis cosas que contar. — Reí al acordarme de los golpes rítmicos de la noche. — A ver, Ángela puede hablar, pero no me hace falta saber lo gata que es  con nocturnidad. ¡¡Vaya ritmo nena!! —Solté la carcajada recordando el momento. Menos mal que estaba bastante borracha para abochornarme.

—Si fuiste tú la del bailecito de loba con Edward… —Dijo extrañada.

—Frena, me refiero al ritmo que le imprimes al cabecero. —Alice y Rose rompieron en una carcajada sonora. Ángela se puso roja—Pero tranquila, que no pasa nada, estaba claro que iba a pasar ¿no? —Elevé las cejas y sonreí plenamente.

—Ya pero…no esperaba que lo escucharas. — Se cohibió.

—Escucharais, plural querida, ambos lo escuchamos. —Asentí varias veces fingiendo consternación.

—¡Madre mía, que cuadro!—Se llevó la palma de la mano a la frente.

—¿Qué cuadro?, Que envidia, nena, porque yo estaba allí tumbada, con un tío requetebuenorro en bóxers a mi lado, bebiendo zumo y con una almohada en la cabeza… —Puse los ojos en blanco sin pensar en lo que había dicho.

—¿Te mola Ed?—Alice y Rose preguntaron a la vez.

—Pero vosotras… ¿le habéis visto? A ver, que entiendo que los vuestros, que por cierto tenéis que hablar de eso, —hice el inciso para que no se escaquearan, — están bien, pero… Edward está…—rodé los ojos mordiéndome el labio. —Y encima el tío no hace más que desplegar sus encantos…me rompe…

Reímos sin parar.

—¿Por qué no hiciste algo?— Preguntó la ingeniera.

—Juega en otra división…no es para mi

—Andaaa. — Rose me miró lentamente. —Deja de decir gilipolleces…si veníais dados de la mano del agua, deja de inventarte películas…

—A ver, que no pasa nada, que nos ha tocado empatarnos porque todas os habéis liado. Así que a por ello ¿Cómo es ese pedazo de tío en la cama Rose?—Tenía que desviar el tema de conversación. Y le imprimí el tono socarrón a mi pregunta.

—Jo-der, estoy encantada. — Nos echamos a reír. — A ver, no en el sentido de la cama…

—Ya, ya…— Añadimos todas al unísono.

—En serio, es un cielo, tan delicado con lo grande que es. Y te ríes muchísimo con él.

—Si, Em es súper simpático, la pimienta en todas las fiestas. —Ángela abogó por el de los hoyuelos.

—Y Jazz ¿Alice?—Pregunté.

Alice era especial, era tímida a la hora de las relaciones de pareja, le habían roto el corazón demasiadas veces, quizá por eso apenas demostraba muy abiertamente nada por un chico. Era preparadora física, a pesar de lo pequeñita que era, físicamente era potente. Imposible seguirle el ritmo. Trabajaba en un prestigioso centro de Fittness en Boston.

—Ay no sé, es muy rico, y la verdad que estoy muy a gusto con él. Parece tímido y no lo es, o por lo menos no conmigo. — Su expresión soñadora me hizo quedarme algo alucinada, ahí había más que una noche loca.

—¡¡Es un tigre no me digas más!!—Dije poniéndole un punto cómico.

—Joder, que no voy por ahí…que estás…—Negó abochornada.

—Si Alice, salida, lo sé…—Reímos de nuevo todas.

Llegamos donde estaban los chicos, había una gran sombrilla y cuatro hamacas extendidas, Edward estaba boca abajo sobre una de ellas, a la sombra, Jacob con un sombrero de ala ancha, leía el periódico, mientras que Jazz y Emmet jugaban a las palas en la orilla.

—¿Os apuntáis a unos dobles Rose?—Gritó Em.

Alice y ella cogieron los útiles correspondientes para jugar y se unieron.

Ángela se acercó a Jacob y le dio un largo beso en los labios, que él trató de ocultar con el periódico.

—¿Me has echado de menos? —Ángela preguntó melosa.

—¿Y tu cariño…me has echado de menos?—Era Edward que tenía la cara hacia ellos y se incorporó como pudo, me miró y puso morritos. Si quería jugar…

—Más de lo que crees, cielito. — Le sonreí con cara de enamorada total, fingida, por supuesto, pero no era difícil, dios…estaba de verdad muy, muy bueno. — No te beso porque me acabo de poner Gloss. —Y le puse morritos.

Jacob lanzó el periódico hacia Edward.

—Envidiosos…—Y cogió a Ángela para sentarla en su regazo.

—Esto va a ser duro. — Dije mientras me sentaba en una de las hamacas a la sombra. Me tumbé del todo, y suspiré profundamente, el sueño me estaba venciendo.

—Si te apetece podemos hacerlo fácil. —Era Edward que volvió la cara hacia mi hamaca. ¿De qué estaba hablando?

—Déjalo estar, no te voy a preguntar cómo…—Cerré los ojos, por el sueño y porque no quería seguir mirándolo, era peligroso y la resaca estaba atenazando mi cuerpo y llevándolo contra las cuerdas del sueño, le iba  a dejar hacer, desde luego.

—¿Desconfías de mi?, te he traído a la playa, y he conseguido que te traigan ropa apropiada, además que anoche te saqué a bailar, y te di zumito para tu borrachera, ¿y desconfías de mi?— El tono era jocoso. Abrí un ojo para mirarlo. ¿En serio quería jugar?

—¿Cómo voy a desconfiar de mi caballero de brillante armadura y alucinante moto?… ¿estás de broma?…simplemente me da pereza aquí y ahora pensar en hacer algo fácil ante el plan de tres acarameladas parejas recién formadas…entiéndelo, dulce. —Abrí los dos  ojos y le sonreí, para cerrarlos después.

Capítulo 4

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