#20# Calor.

 

Gracias a mis betas y prelectoras Mabel y Nurymisu. Os quiero con locura, y no solo por esto.

 

21 Febrero 2011

BELLA

Estoy muerta. Menudo fin de semana más ajetreado. Tengo que agradecer a mi gran amiga Rose que me haya tenido sin parar, cansándome y respetando mi decisión de no hablar en absoluto de Edward y mi “no relación” con él.

¿Para qué? No ha contestado mis mails, indicándome que no tengo ni voz ni voto en esto. Se fue de mi vida y no queda nada. Vacío. Pues que le jodan… Me duele, porque esto no parece tener vuelta atrás, y olvidarle después de saber lo que podría haber sido va a ser más difícil que nunca.

Salgo del coche y voy a la parte trasera para sacar mi maleta. He ido directamente a trabajar a la Clínica desde Seattle, porque he preferido madrugar allí que dormir en mi casa sola.

Sé que vivo sola, pero desde que Edward se fue y no volvió, la casa se siente brutalmente vacía.

Entro en casa y, después de dejar la maleta en la habitación de cualquier manera, voy a buscar mi móvil. Me lo he dejado, soy un desastre, no sé dónde tenía la cabeza —por supuesto que lo sé, en irme de casa antes de sentirme sola—, pero me di cuenta a la altura de Port Ludlow que no lo llevaba y no iba a dar la vuelta a por él, son cuatro horas entre ir y volver y estaba a apenas hora y media de Seattle, ni hablar.

Lo conecto al cargador, porque está apagado, y me voy a la cocina a prepararme una gran taza de leche caliente. No puedo evitar mirar la mesa de la cocina y acordarme de ese primer viernes con Ed a la hora de la comida, cómo me hizo el amor, me estremezco solo de rememorarlo. El timbre del microondas me saca de la entrada en barrena por lo que no voy a poder tener.

Joder, esa sensación me ahoga.

Comienzo la rutina de: leche, cuchara, cacao y galletas, de una forma meticulosa para no dejarme llevar.

Me siento en el sillón del salón, me echo una manta por encima y acerco la bandeja con mi cena. Cojo mi móvil, lo enciendo, meto el pin y espero a que se actualice. Hasta el mismo aparatito me recuerda a Edward, por él me lo cambié, para empezar a escribirnos por WhatsApp.

Se actualiza y salen tres llamadas perdidas, cuando lo miro el calor anega mi cuerpo: Edward.

 

 

12 enero 2011

BELLA

Ed

¿Te conectas a Skipe? 20:32

El mensaje de WhatssApp me hace sonreír. Hoy es la cita por Skipe con Ed. Llevamos desde que se fue hablando por teléfono y por mensajes. En el trabajo tengo FaceBook siempre abierto y los mensajes se suceden continuamente. No podemos mantener una conversación continua, pero es genial porque parece como si lo tuviera en la consulta.

Dame un segundo. 20:33

Pongo el portátil en la mesa y voy corriendo a por el sándwich y el zumo que me he preparado para la cena. Vuelvo a tener catarro.

Cuando le doy a la tecla para descolgar, lo veo sonriente y con gafas. ¡Con gafas! Está tan bueno todo interesante. Y es mío, aunque esté en otro uso horario.

—Hola pequeña.

—Hola sexy —tengo que decírselo, está para morirse. El pelo revuelto, la camisa blanca con los últimos botones sin abrochar, y las gafas…

—¿Te lo parece? —Eleva una ceja y yo me muero por saltarle encima, necesito tocarlo y besarlo.

—No sabía que llevaras gafas.

—Estoy trabajando —se justifica, pero no tiene que hacerlo, quiero que trabaje sobre mí y, a ser posible, con gafas.

Me estoy acalorando y lo siento. Doy un mordisco a mi sándwich.

—¿Por qué llevas tanta ropa? —me pregunta de repente y veo como la sonrisa va creciendo en su cara hasta que su gesto se vuelve salaz.

—Porque estoy muerta de frío, y con catarro —acompaño mis palabras de un puchero y veo como su gesto decae.

—Vaya… Me jode no estar allí, hacerte un caldito de pollo y llevártelo a la cama, para luego desnudarme y meterme contigo —admite subiendo varias veces las cejas.

—Eres tan pervertido, me sorprendes —le digo negando y con los ojos como platos, sin perder la sonrisa, por supuesto, porque es imposible no sentir la felicidad rondando por mi cuerpo a sus anchas cuando hablo con él.

—El calor corporal es lo más efectivo, y tú tienes pinta de necesitar sudar. —Alza las manos y me enseña las palmas, justificando su propuesta.

Me lanzo hacia atrás riendo.

—A mí también me gustaría que estuvieras aquí. Es increíble lo que te echo de menos, a veces me asusto a mí misma.

—Deberíamos ponerle remedio a esto.

—¿A mis miedos? —bromeo, sé por dónde quiere ir, es una insinuación continua que planea sobre nuestras cabezas, pero que todavía  ninguno nos hemos atrevido a poner sobre la mesa.

—A que yo esté allí —a través de la pantalla me mira fijamente y siento como el corazón empieza a acelerarse.

Sí, es algo que me planteo continuamente. ¿Cómo lo haríamos? ¿Quién se desplazaría? Vivir así es una locura que además nos hace daño, pero apenas llevamos dos semanas juntos y parece como que es un paso demasiado importante.

—¿Lo dices en serio? —Muerdo mi sándwich, solo de imaginarme a Edward en casa de continuo se me calienta la piel.

—¿Quieres que sea en serio? —Se quita las gafas y se frota los ojos, para mirarme de nuevo fijamente.

—Claro que quiero —aseguro sin ninguna duda.

—¿Sabes que Ben y yo estuvimos hablando de su estudio de arquitectura? —me lo suelta a bocajarro y yo me quedo blanca.

Mordisqueo mi sándwich alucinada.

—¿En serio? ¿Por qué no me dijiste nada?

—Por lo mismo que tú no me has planteado lo de que fuera a vivir contigo —se encoge de hombros—. Creo que hay posibilidades, tiene bastante trabajo y podría ampliar el negocio, incluso me dijo que si estaba interesado me haría socio, porque es lo que realmente necesita.

—¡No me jodas! ¿Tan fácil? —Suelto mi cena en el plato y me llevo las manos a la boca, creo que puedo ponerme a gritar inmediatamente.

—O tan difícil… ¿Qué me dices?

—¿Y dejar Construcciones Cullen? ¿Qué dirá tu padre?

—La empresa va fenomenal, tiene gente muy capaz y, además, está Tommy, que es un fuera de serie.

—¡Oh Dios! Lo estás diciendo en serio y me estás poniendo todo en bandeja.

—Sí —se carcajea—. Pero no me estás diciendo si quieres o no.

—¿Cómo no voy a querer?

—¿No te acojona que nos pongamos a vivir juntos tan pronto? —lo dice como si me hubiera leído el pensamiento, entonces me pregunto si a él no le acojona.

—La verdad, ese es el motivo por el que me he cortado y no lo he planteado, bueno, y porque no veía muy claro el futuro profesional, ya sabes, la clínica aquí y eso… —Tomo aire, doy un sorbo a mi zumo, porque se me está quedando la boca seca de la emoción, y continúo—: Pero en realidad a mí no me parece que sea tan pronto, teniendo en cuenta que llevo enamorada de ti siete años y pico.

—Cada vez que dices eso se me parte el alma.

—Lo siento —me encojo de hombros—. Es la verdad, pero sabes que soy la culpable. Quiero que vengas, si tú quieres: hagámoslo.

—Claro que quiero, necesito pasar todos los días pegado a ti.

Lo único que deseo ahora mismo es atravesar la pantalla, caerme en sus brazos y follármelo, así como suena de rudo. Necesito el contacto de su piel ya.

—Pues, Edward… —¡Madre mía, lo vamos a hacer!

—¿Sí, Bella? —la sonrisa va agrandándose en su cara y yo me levanto del sillón y me pongo a gritar sin ser consciente de que él no me va a ver, porque lo siento como si estuviera en el salón.

Cuando me calmo me doy cuenta de que he lanzado la manta encima del portátil y corro a quitarla.

—Me has dejado girado. Pensaba que te había pasado algo, que se había ido la luz… ¡Hostias, Bella, por poco me da un infarto! —Se lleva la mano al corazón y me mira asustado de verdad.

—Lo siento, me he emocionado.

—No lo jures. —La sonrisa y un poco de color vuelven a su cara—. ¿Lo hacemos? ¿Hablo con Ben para ver cuándo podría pasarme por su estudio y que me cuente cómo podríamos hacerlo real?

—¿Cuándo te vendrías? —Quiero que sea ahora mismo, que coja un vuelo inmediato para que yo salga  ahora hacia Seattle, reserve habitación en ese hotel y me lo coma desde los pies sin dejar una sola miga en el proceso.

—Bueno, podría ir el viernes y hablar con calma de todo. Pondré en antecedentes a mi padre y luego vamos perfilando. Tengo proyectos a medias aquí y tendría que pasárselos a Tommy, o quizá tenga que terminar alguno.

—Quiero hacerte el amor ahora mismo. Quiero que tú y yo nos metamos en esa cama —señalo mi cuarto—, y que me quites el catarro con calor humano. Joder, Ed… Quiero que estés aquí ya…

—Lo sé, Bells, a mí me encantaría. No hay nada que me gustara más. ¿Tienes la calefacción encendida?

Frunzo el ceño por el cambio de tema y asiento.

—La casa está cogiendo calor, la he encendido al llegar… ¿Estás cerca de aquí y quieres asegurarte de no morir congelado? —Sé que es absurdo, pero mi cuerpo es imbécil y se emociona solo de pensarlo.

—Ojalá… Pero podemos hacer ver que estoy —su tono ha bajado y se ha vuelto ronco.

Oh, joder, ha llegado el momento de que hagamos esto en plan peli porno a través de la pantalla. Me da un subidón de calor y retiro la manta de mi regazo.

—¿Y cómo vamos a hacerlo?

 

EDWARD

Tengo una ligera idea de cómo hacerlo, no quiero que coja frío, su voz nasal y su declaración de que tiene catarro me han echado para atrás desde que hemos conectado, pero no puedo aguantar hasta ir a la ducha para hacerme una paja yo solo, y necesito verla para seguir cuerdo estos días.

Sé que es exagerado, puedo reconocer que soy un hijo de puta pervertido cuando se trata de Bella, lo admito. Además, tenemos que celebrar la decisión que hemos tomado, y no podemos brindar.

—Quítate los pantalones y déjate las braguitas —según lo digo veo cómo ella levanta las cejas.

—Edward Cullen, nunca te ha costado tan poco tenerme sin ellos —se carcajea y veo cómo lo hace—. Pero no cuentes con que me quite los calcetines.

—Esos no me importan —replico y observo cómo se sienta de nuevo, con solo un jersey de lana color arena que deja su hombro derecho descubierto y muestra el tirante de una camiseta blanca.

Mi polla se mueve, de repente desesperada, dentro de mis pantalones.

—Ábrete de piernas, nena… —le susurro mirando cada movimiento y encontrándome con una Bella bastante tímida—. ¿Te está dando vergüenza?

—Un poco, Ed. —Se ríe y hace lo que le digo, me relamo, quisiera comérmela ahora mismo—. ¿Has hecho esto más veces?

—No —¿Con quién?—. ¿Tú?

—Nunca —dice con los ojos muy abiertos.

Me doy cuenta de que esto está bajando de intensidad y no puede ser.

—¿Sabes que me encantaría abrirte a mí? —Veo como traga saliva y agacha un poco la cabeza, queriendo que el sofá se la trague, continúo—: apartar tus piernas a cada lado y acariciarte por encima de esas bragas… —Subo las cejas y ella abre las piernas enseñándomelas, son rojas oscuras, hago un repaso de su cuerpo y veo cómo sus calcetines de lana le llegan casi hasta la rodilla, ella se muerde el labio inferior y yo necesito quitarme mi ropa también—. Tócate por encima, Bells, y cierra los ojos si quieres.

—¿Tú te vas a tocar?

—Por supuesto. —Sería imposible no hacerlo.

—Entonces no cuentes con que los cierre.

Me río y vuelvo a centrarme.

—Acaríciate, imagina que es mi mano, quiero ver como mojas la tela. —Llevo mi propia mano a mi paquete y lo aprieto un poco, quería aguantar hasta no poder más, pero verla así me está poniendo jodidamente malo. No puedo dejar de tocarme mientras veo como ella se roza a sí misma con las yemas de sus dedos, por todo su sexo cubierto, arriba y abajo—. Estás tan sexy, nena… —Ella gime y un latigazo de placer recorre mi columna, adelanto mi culo en la silla y meto la mano en mi pantalón.

—Quiero verte, Ed —susurra mientras sube las piernas a los reposabrazos del sillón y la postura que tiene me hace querer atravesar la pantalla a pollazos.

Me retiro hacia atrás y veo en mi pequeña pantalla que ya me está viendo, me acaricio de arriba abajo esparciendo el líquido preseminal por toda mi longitud, pero sé que no es suficiente.

—Vas a mojarme la polla con tu coñito empapado, nena. —Cojo la loción que tengo preparada, porque seamos realistas, yo tenía esta intención desde el principio, y me echo en la mano—. Mete un dedo y sácalo varias veces, no te apartes las bragas.

Muevo mi mano despacio, y trago saliva, quiero aguantar, no quiero ser un cabrón desesperado que acelere los movimientos para correrse inmediatamente. Joder, quiero que sea lento.

Y según lo pienso veo como ella sigue mis órdenes, veo su mano moverse dentro de las bragas y cuando ella suelta mi nombre en un suspiro paro mis propios movimientos.

—Sí, nena… enséñame tu mano empapada.

La saca despacio, desvía su mirada de mi polla a mis ojos y veo, al igual que  en una película a cámara lenta, cómo se lleva la mano a la boca.

«¡Joder la hostia puta!»

Aprieto el culo porque si me toco ahora mismo me voy a correr, mi polla es puro titanio y la muy perra está llorando por liberarse.

—Quítate las bragas —se que ha sido una orden bastante brusca, he intentado modular mi voz, pero no he podido.

Ella lo hace y  no me toco mientras la veo moverse, vuelve a la misma postura y abre su sexo mojado para mí.

—Quiero pasar mi lengua por tus pliegues nena, joder, te penetraría con ella sin parar hasta que te corrieras en mi boca —ella gime y se toca con todos sus dedos, yo me masturbo, estoy presionándome demasiado, pero parece que no tengo voluntad por muy despacio que quiera ir.

—Quiero que me folles, Ed —ruega con un jadeo—. Es lo que quiero ahora mismo.

—Métete los dedos, vamos, déjame ver cómo te lo hago. —La velocidad de mi mano va por libre, ya no puedo controlarla, así como no puedo dejar de mirar cómo se toca para levantar la vista y verla acalorada, sonrosada, sin dejar de mirar de forma alternativa mis ojos y mis movimientos, que son cada vez más duros sobre mi erección.

Verla penetrarse con dos dedos  mientras con la otra mano empieza tocarse el clítoris me hace dejar de respirar, y dejo de presionarme, me voy a ir…

—Nena… Dime que…

—Me corro, Ed… ¡Me corro!

«¡¡Sí, joder. Sí!!»

Siento como mi semen cae sobre la camiseta que llevo puesta, y me da exactamente igual, porque no puedo apartar los ojos de la pantalla mientras Bella se contorsiona en su orgasmo, yo he terminado, y ella sigue temblando y ahogando un gemido eterno que traspasa la pantalla.

Quiero estar allí.

—Mañana mismo empiezo a barajar todas las opciones para irme contigo.

Ella abre los ojos, ruborizada y con los ojos lánguidos. Su mano todavía está en su sexo, sus piernas cerradas. Se sienta un poco mejor ya que ha estado a punto de resbalarse hasta el suelo.

—Por un momento he pensado que mañana mismo te pillabas un vuelo —dice con una sonrisa cálida y relajada.

—Ojalá pudiera, nena. Ahora es mejor que te vistas, no quiero que cojas frío.

 

Capítulo siguiente

 

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