Capítulo 20

Me asfixiaba, la angustia oprimía mi pecho sin darme tregua. Quería volver a verla de nuevo, pero no quería volverla a ver así, quería mi sueño…era un egoísta. Un gran egoísta.

Estaba en la cocina tomando una tila, con los ojos cerrados, tratando de mitigar el ataque de ansiedad que estaba por darme ante la imposibilidad de cambiar el transcurso de lo sucedido. Intentando por todos los medios serenarme, escuché la puerta abrirse, era Rose.

—¿Cómo has dormido, Ed?—Pasó a mi lado, posando su mano en mi hombro.

—Despertar ha sido trágico, Rose…—Sentí como se servía café, se acomodó en una silla mi lado.

—Es duro, tenemos que ser fuertes. —Me sonrió para infundirme fuerza.

—Lo sé, voy a salir a correr, creo que me hará bien.

—Te ayudará.

Corrí, como si pudiera dejar atrás todo lo que sentía, lloré deshaciéndome de la desdicha que me recorría sin descanso. Respiré profundamente, y volví a vestirme con mi traje de Edward. El Edward que Bella quería, el que le transmitía en cada mirada y en cada gesto, el amor que sentía por ella, el Edward que lucharía por derrotar al egoísta llorón que poseía mi cuerpo en soledad.

He de admitir que la pregunta de Bella no me la esperaba. Planteármela y sentir que mi voluntad flaqueaba otra vez, fue todo uno.

Bella POV

—Si quieres puedes hacérmela, solo si tú quieres. —Apretó la mano dándome seguridad.

—¿Tu…— dudé—tienes a alguien como Jake a Ángela?

Le miré directamente, el miedo se instauró en mi corazón, si realmente era así no sabía cómo iba a reaccionar. La sensación continúa con él era de pertenencia, como si tuviéramos un vínculo que solo nuestras entrañas entendieran. Ni siquiera me lo podía explicar, solo visualizarme con él como nuestros amigos Jake y Ángela y me recorría un escalofrío de lo más reconfortante.

Vi como hizo un extraño gesto, me miró con los ojos vidriosos. Volvió a mirar hacia delante, sacudió ligeramente la cabeza y parpadeó varias veces. Me miró de nuevo. Sonreía, pero no era de las sonrisas que me daba en otras ocasiones, era triste. Entonces comprendí que no me gustaría la respuesta, y me removí inquieta, la mano que él me tenía cogida comenzó a sudarme. Dudé si retirarla o no, pero como si él me intuyera la apretó con fuerza. Le miré interrogante.

—A ti… ¿qué te gustaría Bella?—Abrí la boca pero no sabía que decirle.

¿Y si se enfadaba?, ¿Y si me decía que entonces no vendría a verme?, lo pensé un momento, tenía claro que no podía mentirle, no a él, así que le expuse mi deseo.

—Que no, así yo podría ser para ti como Ángela para Jake. —Le miré esperando su respuesta, tragando saliva.

Se puso en frente de mí, y colocó un mechón de pelo detrás de mi oreja, acarició con su pulgar mi mejilla, y en un acto reflejo yo incliné mi cara para aumentar su contacto.

—Entonces no, no tengo a una “Ángela”. —Me sonrió, y reanudamos el paso.

Mi cuerpo se irguió de alegría, de forma espontánea le apreté la mano, por la emoción, y cuando me di cuenta que lo había hecho le miré, el me correspondió con su mirada tierna y ese intento de sonrisa indescifrable.

Se pasó el tiempo muy rápido, y tuvimos que volver a casa. Los chicos se tenían que ir.

—Ha sido un fin de semana genial Bella. —Rose me abrazó muy fuerte. —Ya sabes que el sábado vengo a verte, y te traeré a mi novio conmigo, ¿Te apetece conocerlo?

—¿Emmet?, si, claro. Hablas de él mucho, me apetece conocerlo. —Le dije encogiéndome de hombros.

Rose tenía novio, al igual que Alice, no conocía a ninguno de los dos. Mi estómago hormigueó cuando me acordé de la conversación con Edward en el parque, a lo mejor yo también podía llamar a Edward novio algún día, sonreí para mí y al levantar la vista me encontré con la de Edward, noté el calor en mi cara y bajé la vista al suelo.

Todos me abrazaron, y por último, el chico que a partir de ahora inundaría mi mente durante muchas horas. No quería alejarme de él.

—Yo te llamaré mañana y hablaremos. —Sus palabras no me entristecieron, al revés, deseaba con fuerza que llegara el día siguiente.

Me abrazó, suave, y acomodé mi cabeza en el hueco de su cuello, aspiré su olor, para quedármelo tanto tiempo como pudiera. Seguro que si me esforzaba recordaría su olor una vez en mi cuarto, y algo me dijo que ya lo recordaba.

—Tengo ganas de mañana…—Todos rompieron en una carcajada.

Les miré frunciendo el ceño, no quería que me escucharan hablar con Edward. Eran cosas nuestras. Separamos el abrazo y él me cogió la mano.

—Pero si todavía no se ha ido, cielo. —Alice me sonrió disculpándose.

—Ya…—Bajé mi mirada, avergonzada.

—Después de cenar hablaremos un rato. Me contarás tu paseo. —Me besó en la mejilla.

Me colmó de una exquisita tranquilidad, ya no sentía su marcha.

—Gracias por las visitas chicos, en serio, esta es vuestra casa. —Dijo papá.

—Me voy a bañar. —Les dije antes de irse a todos, me sonrieron.

Edward me guiñó un ojo. Era tan guapo, y me hacía esas cosas a mí. Estaba entusiasmada.

Cerró la puerta mi padre. Mi madre se le quedó mirando en un gesto que no entendí, como si le preguntara algo en silencio.

—Vamos Bella, prepárate el baño, si necesitas ayuda iré contigo. — Mi madre apremió mientras ambos iban a la cocina.

Ya me duchaba sola, aunque tardaba un poco más que con mamá, prefería hacerlo así.

Pero antes quería verlo otra vez y caminé lo más rápido que pude al mirador, me quedé sentada en el suelo, mirando la puerta del portal.

La sonrisa no se me iba de la cara, me habría gustado hacerle una foto y quedármela para mirar sus ojos verdes cada vez que quisiera.

Tardaron mucho en salir.

—¡Vamos Bells, a la ducha!— Mi madre gritó desde la cocina.

Entonces vi como Alice y Ángela salían, mirando hacia el portal, y seguido Rose. Edward salía con la cabeza agachada, Jake le abrazaba por los hombros.

Mi chico de ojos verdes se deshizo del abrazo y dio una patada a la pared del edificio, me asusté. ¿Estaba enfadado? Jake lo volvió a abrazar de nuevo. Temblaba visiblemente, el chico del pelo cobrizo, el guapo chico de los ojos verdes, mi paz, lloraba sobre Jake.

Las chicas lo miraban con el gesto triste, Rose se acercó a ellos, le dijo algo a Edward, este pareció que se calmaba.

¿Por qué? ¿Qué le hacía llorar a mi ángel?

—Bella cielo, tu madre te está llamando. —Papá entró en el salón, y al verme aceleró el paso hacia mí. Yo también estaba llorando, ver a Edward así deshizo un nudo de copiosas lágrimas sobre mi cara. — ¿Qué pasa amor?

Vio como se metían en un coche, todos.

—No llores, vendrán a verte. —Me levantó con cariño—Vamos a bañar.

Me duché lo más rápido que pude, y cené temprano.

Ya en la cama cogí el libro de Fábulas que Edward me había regalado. Lo abrí, y de nuevo, me encontré con el escrito que sabía pertenecía a Edward.

No era capaz de leerlo, pero el hecho de que él me hubiera escrito algo en el libro que me regaló hacía que mi corazón palpitara más deprisa.

Desde ahora sería mi libro favorito.

11 Mayo 2008

Desde que Edward estuvo en mi casa por primera vez, no habíamos dejado de hablar ni un solo día, y vino a verme cada dos semanas.

Adoraba su compañía, su cercanía hacía que mi cuerpo se sintiera vivo del todo, como si al respirar entrara aire de verdad en mis pulmones, el tiempo con él pasaba más deprisa que cuando no estaba.Yo a él le veía contento a mi lado, me gustaba que cuando podía me abrazaba y estrechaba en sus brazos, esto era cada vez más habitual, y a mí me reconfortaba, me sentía diferente a cuando estaba con mis padres o con las chicas, me sentía llena de…algo…¿libre?.

Una noche antes de dormir, como siempre, cogí el libro de Fábulas, que ya había leído, pero lo releía una y otra vez. Abrí de nuevo la tapa y me encontré con el escrito de Edward, de nuevo, pero esta vez ya entendía la letra, había avanzado con mi lectura. Lo había olvidado por completo.

“Para mi niña, mi cielo, mi todo…para la mariposa más bonita, para mi Bella”

Edward

El escrito provocó un vuelco en mi pecho…mi Bella…mi Edward. Entonces me comencé a plantear algo que no había hecho antes…quien era Edward… y esa sensación me llevó a hablar con mis padres un domingo después de cenar.

—Mamá…

—¿Si cielo?

—¿Quien es Edward?…

—¿Cómo?—Me miró extrañada.

—Yo…me siento diferente con él…

—¿Cómo te sientes?—Mamá a mi lado me cogió la mano entre las suyas.

—No lo entiendo, pero…me vienen cosas a la cabeza, tengo sensaciones con él que no tengo con el resto, como si tuviera más confianza que con nadie, y eso me da libertad cuando estamos juntos, me asusta, pero…me gusta.

Mi madre y mi padre se miraron entre sí.

—Verás Bella. —Mi padre comenzó a hablarme. —Primero tenemos que contarte algo. —Les miré interrogante— Pero necesitamos saber qué piensas mientras te lo contemos ¿vale?

Asentí.

—Eres veterinaria Bella, una buena veterinaria, te encantan los animales, siempre lo han hecho.

—Sí, me gustan. Pero…si soy… ¿Por qué no les cuido?— Era veterinaria, me fascinó ese dato, en un acto reflejo me miré las manos, cuidaba de los animales.

—Verás cariño, hace seis meses, conduciendo un coche…—los ojos de mi madre se llenaron de lágrimas. Mi padre desvió mi atención y siguió hablando.

—Tuviste un accidente, y estuviste muy enferma. —Hizo una pausa, y a pesar de que trataba de sonreír, la fingida alegría no le llegaba a los ojos. — Se te olvido quien eras.

—¿Se me ha olvidado quién soy?

—Olvidaste quiénes éramos nosotros…

—Mis padres…—Eso lo sabía, eran mis papás, siempre conmigo.

—Tus amigos…

—Rose…Alice…Ángela…—Según decía sus nombres sus caras venían a mi cabeza.

—¿Estás bien, cariño?— Mamá con los ojos llorosos me miró.

—Sí, mamá, no llores…a ti te conozco, eres mamá. —Y acaricié su rostro, el mentón le temblaba de aguantar las lágrimas. —Estoy bien, me gusta lo que me contáis, aunque no lo entiendo bien, es como si estuviera leyendo un libro.

—Bien cielo, poco a poco lo entenderás mejor, eres una gran chica, eres nuestra chica. —Y ambos me abrazaron, me sentí especial en sus brazos, era como un abrazo nuevo.

—Soy veterinaria, como la chica del libro…—Me separé de ellos, con una sonrisa radiante en la cara. —Pero… ¿Quién es Edward?…es…mi amigo…

—Mira Bella, este fin de semana viene de nuevo a verte, tú sientes que es alguien especial ¿verdad?—Papá me habló con cariño.

—Lo es—Tenía toda la certeza que así era.

—Pues se lo preguntarás, y él te contará.

Esa noche dormí inquieta, y por primera vez me acordé de mis sueños. Una playa, en el agua, sus ojos verdes…y un beso en los labios…de sus labios…lo sentí real.

Capitulo 21

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s