Capítulo 30

2 Julio

Bella POV.

Cuando me levanté Edward no estaba, el día anterior llamó a la Clínica después de su ducha y le informaron que era necesario que pasara consulta por Phil, tuvo que salir esa mañana de urgencia por un problema familiar. Edward me preguntó si me importaba, le dije que para nada.

Salía de la ducha y el teléfono empezó a sonar, recordé que no le había dicho a Edward que su madre le había llamado, la estúpida de su recepcionista me había puesto tan furiosa con su desdén que lo había olvidado. Entonces dudé si cogerlo o no, finalmente dejé que el contestador saltara, me quedé mirándolo, esperando a morirme de vergüenza si resultaba ser Esme.

—Bella…soy Rose, sé que estás ahí, bueno si no es que estás todavía durmiendo con lo tarde que es…anda bonita…¡cógemelo!, que tengo unos planes para hoy que te van a encantar.

Me acerqué y descolgué.

—Rose…

—Lo sabía, bien, en un ratito te paso a buscar, no hace falta que te vistas todavía, yo te ayudaré a ello.

Al poco Emmet y ella aparecieron en la puerta de casa.

—Hola Bells. —Emmet me abrazó fuerte.

—Hola grandote…me aplastas.

—Eres muy chiquita, me pregunto si Ed…—frunció el ceño y me miró.

—Em…compórtate ¿Si?—Rose me beso con cariño. —Bien Bella, vamos a la habitación.

—¿Em no trabaja?

—Tiene tres días libres, ¿no es genial?, así el resto de la semana que yo me quedo hasta que agote mis vacaciones las pasamos juntitos. —Movió unas bolsas delante de mi. —Ahora ponte esto.

Sacó un pantalón vaquero oscuro estrecho.

—Y…¿Dónde están tus sandalias de cuña del otro día?—Las saqué del armario. —Bien, ¿Y tu camiseta azul del día de la barbacoa?. — Me acerqué a mi maleta y la saqué. —Bien, pues…manos a la obra.

Comenzó a sacar de un bolso enorme un secador, y varias cajas y cepillos.

—¿Qué es todo esto Rose?

—Hoy de nuevo vuelves a ser supermodelo, nos encontramos con Edward en su trabajo, y nos vamos a ir los cuatro a comer por ahí.

—No sé Rose, me da un poco de vergüenza en serio…eso de Besar a Edward así delante de ella.

—Mira Bella, tú tienes claro que Edward está más que encantado de estar contigo ¿no?. —Asentí. —Y esa perraca dijo cosas que eran mentira y que te han molestado ¿no?—Asentí de nuevo. —Pues nena, la oportunidad la pintan calva, no pensé que sería tan pronto, pero mira, así está reciente la cosa, y yo estoy que muerdo con esa pedorra. Te vas a sentir fenomenal, te lo garantizo. —Me guiñó. —Em pichón dame un beso, que me va a dar fuerza.

Tras un beso casto entre ellos, Rose se crujió los nudillos, algo que a mí me dio particularmente un poco de dentera, pero que a ella le dio un aire temible.

—Estas como un cencerro cielo. —Le dijo su chico sonriendo con orgullo.

—Pero me quieres ¿verdad?—Le miró coqueta.

—Eres MI chica. —Levantó las cejas. —Os espero aquí. ¡Ah!, el teléfono.

Rose asintió y después de cogerlo y metérselo en el bolso me dio la mano y entramos decididas a la Clínica de Edward.

La pérfida blonda estaba sentada y limándose las uñas. Rose se volvió hacia mí y comenzó a susurrar.

—Seguridad nena, siempre. Mírale como si fuera una cucaracha ¿Sí?—Levanté las cejas sorprendida ante la petición, ella asintió con energía. —Tú puedes hacerlo, por cierto eres un bombón. —Me dijo escaneándome entrecerrando los ojos.

Me reí porque Rose siempre me hacía reír aunque no entrara en sus planes.

—Hola Chloé. —La recepcionista levantó la vista para quedarse perpleja ante tan tremenda mujer, la desvió ligeramente, y me miró de arriba abajo, se quedó extrañada. — Mi nombre es Rose,— iba a decir algo pero mi rubia amiga no le dejó— y no, no estoy encantada de conocerte. —Le lanzó una mirada de desdén. — ¿Puedes avisar al Doctor Cullen de que su NOVIA, Bella, le está esperando en el office? Sabemos que está terminando la consulta, y cuando se entere de la visita sorpresa va a volar para verla. Por cierto querida—La miró descaradamente. —Qué lástima tanta silicona con cuantos… ¿treinta y cinco años?—Rose exageró a posta, casi se me escapa la risa.

—Veinticinco…—susurró una ojiplática Chloé.

— Que desperdicio entonces querida, hoy en día se aprecia más la belleza natural. Es bueno que lo sepas…aunque tarde. Mmm—Se inclinó hacia ella y miró atentamente su vestido y levantó la ceja izquierda— ¿Es de Chinatown?…NO pretenderás que pase por un Dior… —Se volteó y en un delicado gesto me cogió del brazo. De repente paró y se dio la vuelta. —Eficiencia querida…es muy sencillo apretar el botón verde con el número de su despacho y comunicárselo, ¿o es que te llegó la silicona de los labios al cerebro?

Con paso firme y yo aguantándome las ganas de reír fuimos hasta el office.

—Bien ahora te vas al baño, el que está en la entrada, justo al lado de la recepción, toma el móvil de Emmet. —Me lo metí en el bolso. —En cuanto lo notes vibrar es que Edward ha salido de su despacho, sal del baño y actúa como hemos dicho ¿sí?

—¿Delante de ella?— El corazón se me disparó.

—Sí, Bella, le tiene que quedar claro de quién es ese hombre.

Me fui al baño, y apenas habían pasado cinco minutos que noté el móvil vibrar en el bolso, lo saqué, todo fuera que Emmet estuviera recibiendo una llamada de otra persona y echara por tierra todo el plan ideado por Rose.

Llamada perdida mi leona.

Me reí con el apodo, estos dos eran para partirse de la risa.

Salí segura y me quedé en la sala de espera ante la reprobatoria y atenta mirada de la arpía rubia, no la miraba directamente, pero podía notarla. Metí el móvil al bolso e hice algo de tiempo rebuscando en él, sin buscar nada claro, era el plan.

Entonces Edward con su bata blanca apareció en el pasillo, era demasiado atractivo para que no atentara contra la salud…¡¡y era mío!!

—¡¡Preciosa!!—Dijo en un tono alto mientras me alcanzó.

Me miró de los pies a la cabeza, de una manera que noté cómo el calor subía hasta mi cara, pensé que me saldrían las orejas volando.

Yo le miré y me mordí el labio, el plan era coquetear con él desde que le viera, pero a mí me obnubilaba con su presencia y no sabía hacerlo, no lo había hecho nunca.

Con uno de sus brazos me rodeó la cintura, noté cómo de soslayo miró a una alucinada Chloé. Sonreí para mí. Su otra mano me sujetó delicadamente el cuello, haciendo que mi cuerpo temblara, y mi mente omitiera la presencia de la recepcionista. Había olvidado todo lo que hablé con Rose. Ni siquiera le saludé, verle vestido de médico me tenía atontada.

—Estás impresionante pequeña. —Y sus labios cubrieron los míos.

Me dejé llevar por él, no era necesario que hiciera nada. Su lengua entró voraz en mi boca mandando pequeños espasmos a todo mi cuerpo. Estaba convencida de que si me soltaba me caería al suelo. Mis manos volaron a su nuca, apresando su cabello como si me fuera la vida en ello.

Estaba completamente entregada, hasta que escuché un carraspeo. Pensé que estábamos dando un espectáculo, supuse que habría más gente y que nos habían llamado la atención. Pero cuando Edward se apartó ligeramente de mi, y conseguí abrir los ojos, y con ello tomar oxigeno, me di cuenta que solo estaba Chloé, con la cara contraída.

—Perdone Señorita Olsen…¿Algún problema?Quizá sea hora de que usted también se vaya a comer.

Y sin más, él volvió su cara hacia mí. Mi corazón seguía su carrera sin final.

—¿Por dónde íbamos?… —Rodó los ojos sonriendo de una forma que me tenía completamente muda—…Ah— y de forma demasiado lenta comenzó a lamer mi labio inferior, saqué la puntita de la lengua para jugar con él, entonces atrapó mis labios con los suyos y me besó delicadamente.

Esto era demasiado para mi, sentí un gran cosquilleo en mi zona baja del estómago, y unas ganas irrefrenables de rozarme más con él. Se apartó, levemente agitado, seguía sintiendo su respiración en mi cara.

No abrí los ojos, solo suspiré profundamente.

—¿Estás bien?—Me susurró contra mi boca.

—Estoy mejor que bien Edward…— Seguía sujetándome con fuerza a sus brazos, temiendo caer al suelo redonda, entonces la risa de Rose me sobresaltó.

—Entiendo que estabais más que dedicados a esos pedazo de besos chicos ¡¡uau!! Pero creedme, puedo decir que he disfrutado muchísimo con la cara roja de furia de esa oxigenada cabeza hueca. —Rose se acercó a nosotros riéndose sin parar. —Tenía ganas de barrer la calle con ella, pero esto ha estado mejor.

—Rose…eres mala. —Edward la miró riéndose. — Pero… lo he disfrutado, y no solo por ver a Chloé enfadada, que apenas la he visto… ¿Bella?

Estaba aturdida, a mi me daba igual que Chloé nos hubiera visto o no, ese beso de Edward, me había despertado unas ansias, internas, de más de él, irrefrenables. Fue mi primer beso en público, y la verdad, me di cuenta que me era indiferente, los besos con Edward eran demasiado absorbentes para saber quién o qué había alrededor.

Edward al ver que no respondía se limitó a ceñirme entre sus brazos.

—Me vuelven loco tus besos Bells. —Me susurró al oído.

—Si te cuento lo que me pasa con los tuyos… —Dije para mí. Besó mi sien delicadamente.

—Cojo mis cosas y me reúno con vosotros…tengo que cerrar unas historias en el ordenador. —Me dio un pico.

Y se alejó caminado hacia su consulta, me quedé embobada.

—Está…irresistible con bata…— Mis ojos estaban clavados en la puerta por donde había desaparecido.

Escuché la risa de Rose y reaccioné.

—Lo está cielo, lo está, y a ti se te está cayendo la baba.

Capítulo 31

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s