#17#

El día había amanecido soleado y caluroso, además de pegajoso por la humedad que reinaba en el ambiente.

Cuando se levantaron a Bella le dolían músculos que hacía tiempo no sentía, pero esa sensación le encantó. Se sentó en el borde de la cama, sintió una punzada en la cabeza, algo de resaca, mientras Edward utilizaba el baño. A su mente vinieron muchas de las imágenes del día anterior, y se acaloró al instante. Pensó que se moriría de vergüenza en cuanto viera a Edward esa mañana.

—Buenos días Señora. —El hombre más imponente y atractivo de la tierra, a sus ojos, salió del baño y la saludó de una manera demasiado formal. Ella sabía que tenía que ver con sus juegos de la tarde, y con la vuelta en el camión.

—Buenos días Ed. —Susurró mirándole a través de sus pestañas.

—¿Algo de lo que te arrepientas?—Por un momento su tono le asustó, pensó que había vuelto a darle demasiadas vueltas a la situación. Bella le miró y le sonrió negando.

—Me toca ducha. —Fue hacia el baño y antes de cerrar Edward sugirió.

—¿Necesitas ayuda?

—Entiéndeme Ed, me encanta y me halaga tu ofrecimiento, pero creo que va a parecer que he estado cabalgando dos días, necesito reponerme un poco.

Edward rió y ella le sacó la lengua antes de cerrar la puerta. Estaba alucinado con ella, ni por lo más remoto se habría imaginado la destreza de Bella. Todavía en la ducha le habían resonado palabras que ella, de una manera completamente sensual, le había pronunciado bajo la palmera, y su miembro se sacudió protestando, a pesar de lo saciado que debería encontrarse.

Él acusaba un poco de resaca, pero se encontraba extrañamente confortado.

Alquilaron dos motos para ir visitando la zona sur.

—Bien yo te llevaré preciosa. — Em se montó delante en la moto y Rose se abrazó como una lapa.

—Yo piloto. —Bella dijo segur y miró a Edward a través de las pestañas, todavía no se podía creer lo que ese hombre hacía a su antojo con su cuerpo.

—Ni lo sueñes morena, yo llevaré la moto. —Edward levantó un ceja.

—Soy yo quien conoce la zona.

—¿Tú conduciendo el trasto?

—¿Es que piensas que no se llevarla?—Bella abrió los ojos como platos.

—No te enfades—levantó las manos en señal de paz. —Está bien, así yo podré sacar fotos, si es que no nos caemos.

Bella bufó, pero entre la sonrisa de Edward y su “es broma” mudo, no le quedó otra que bajar la vista para que no le viera los colores que habían brotado en sus mejillas, después de todo lo que habían hecho juntos todavía conseguía sonrojarla con pequeños detalles.

—¿Listos el perro y el gato?—Preguntó Em en un tono socarrón. Edward abrazó a Bella por la cintura y ambos se deleitaron en el tacto.

Recorrieron la zona haciendo paradas en lugares paradisiacos, vieron los delfines a lo lejos, pararon para que Edward pudiera tomar unas fotografías.

—Eres una buena piloto. —Edward pasó su mano deliberadamente por el abdomen de Bella, por debajo de su camiseta antes de bajar, esta sintió un escalofrío y  la risa del fotógrafo en su oído.

—Tú no eres mal paquete. —Le miró decidida y se mordió el labio inferior, incitándolo.

Edward le apuntó con el objetivo acto seguido y captó una instantánea de Bella en una actitud que a Edward le estaba volviendo loco. La chica se sonrojó furiosamente ante el hecho y él volvió a reírse.

—¿El objetivo no eran los delfines?—Gritó Em desde el acantilado.

—Si amigo, lo son, lo son. —Edward se volvió un segundo a Bella y le guiñó el ojo travieso.

Decidieron quedarse a comer en un restaurante en la playa. Bella dijo que era uno de los mejores sitios para probar su comida autóctona, procedente del mar.

Se sentaron en un mesa que se encontraba en la arena y a Bella le apeteció darse un baño en esas aguas cristalinas, habían pasado bastante calor durante el camino, y no solo por el efecto del sol, se dijo Bella.

—Yo te acompaño Bells. —Rose se levantó con ella y los chicos decidieron que se quedaban pidiendo lo que Bella les había dictado. Habían tenido muy poco tiempo de hablar desde de que Bella y Edward empezaron a llevarse mejor, y Rose se moría por cotillear del tema.

—Ha cambiado tanto el ambiente en dos días, parecen semanas diferentes —Estaban con los pies metidos en el agua, en la orilla.

—Estaba convencida de que la otra noche  se iría con la francesa. —No podía dejar de sonreír.

—Y se quedó contigo. —Rose le empujó con el hombro despacio.

—Bueno, el esperaba que fuera Emmet a dormir en vez de yo.

—Venga, vale, déjate de rollos. Ayer con la historia de la boda, y lo poco que estuvimos a solas, no hablamos nada. Cuéntame. —Le pidió impaciente.

—Si claro y todo lo que estuviste jodiéndome…—Se quejó la morena.

—Venga, venga…—Hizo un gesto histriónico de súplica provocando la risa de su amiga.

—Lo pasamos bien.

—Bien…sólo bien…—Puso pucheros.

—Oye, yo a ti no te he preguntado nada todavía, tú estás aquí como si fueras un fiscal. —Protestó Bella.

—Emmet es una máquina en la cama, un Sex Machine, en serio, nos complementamos, y me hace unos cun…

—¡¡Para!!No me obligues a visualizar nada…—Le rogó Bella, tarde, porque la imagen ya había llegado a su mente.

—Pues dime tu…—Soltó Rose de forma inocente. —Primero rezasteis el rosario ¿verdad?—Empezó a reír. — Y ayer debajo de la palmera, os confesasteis los pecados.

—No Rose…—Se acaloró pensando que las confesiones hechas de viva voz bajo la palmera, no fueron pecados precisamente.

—Es que a veces te pasas de puritana, no hay nada de malo en comentar las prácticas sexuales entre amigas. Además, tus acciones son mucho más fuertes que comentar que Emmet me lame el cuerpo y me hace temblar.

—Lo sé…—Se sonrojó. — Joder, lo sé. Pero es que están ahí detrás Rose. —Señaló con el pulgar.

—Venga, que nos desviamos. ¿Cómo es?, Teníamos muchas expectativas puestas en él.

—¡Bufff!—Rodó los ojos—  En serio que es un amante excepcional, un as en la cama, no te equivocaste ni una miajita el día que lo pronosticaste, y algo me pasa a mi cuando me toca, que estoy viviendo como una liberación sexual…. —Ambas se rieron como histéricas y Rose levantó la mano para chocarla con Bella que lo hizo mirando en dirección a los chicos.

—Y habéis hablado de algo…—Preguntó Rose sin aliento.

—No, solo estamos divirtiéndonos. — Una sensación extraña le brotó de la boca del estómago, y ella nerviosa respiró profundo.

—Waw Bells, así que en serio simplemente pruebas, me tienes anonadada.

—Sí, así es…anda vamos al agua, tampoco van a tardar mucho en traernos la comida, y no es cuestión de hacerles esperar.

Bella no se había permitido pensar en nada durante el tiempo que llevaba inmersa en un affaire con Edward, ni en la sensación constante que trataba de brotar cuando extasiados quedaban abrazados y acariciándose solo por el mero placer de sentir su piel. Se remojó y de repente se le quitaron las ganas de seguir chapoteando.

—Rose, yo voy a subirme. —Le dijo saliéndose.

—Bien, yo me quedo unos minutos, esto es una gozada.

Rose hizo el muerto y se quedó en el agua, mientras Bella se secó con la toalla y fue subiendo hasta la mesa donde los chicos se encontraban de espaldas a la playa.

—Me alegra de que hayáis medido vuestras diferencias en horizontal. —Dijo Em guiñándole un ojo.

—No me hagas hablar Em…que luego sacáis los colores a Bells—. El chico de ojos verdes se le quedó mirando con falso enfado, era imposible sentirse mal después de cómo estaban.

Todas las sensaciones eran buenas, demasiado, pensó. Desde el buen sexo con Bella, la sensación de dormir con alguien que se acoplaba perfectamente a su cuerpo y respiración, hasta la necesidad de tenerla cerca constantemente. En ese momento, incluso se vio tentado de abofetearse a sí mismo por el pensamiento ñoño que estaba teniendo, ya que pensaba que la echaba de menos y envidiaba a Rose por estar bañándose con ella. Se dio cuenta de que todavía no se podía quitar el olor de Bella de encima, e inspiró con fuerza.

—Vamos, eso lo hace Rose, y es por lo que ella le cuenta. —Dijo haciéndose el inocente.

—Está bien, pero no solo las medimos en horizontal. —Edward  trató de quitarle hierro al asunto, no pudo evitar una sonrisa cuando las imágenes se sucedían en su mente otra vez, y las mismas sensaciones se arremolinaban en la boca del estómago.

—Estás un poco reacio a hablar tío, ¿estás bien?, ¿pasó algo?—Emmet esperaba una confesión más explícita de su amigo, y este estaba como atontado.

Era cierto, sentía que no podía hablar de esto como de las otras chicas con las que se había acostado. No quería hablar de todo lo que pensaba, tampoco sabía si creérselo, el no estaba enamorado ni nada… ¿enamorado?, ni de coña, solo lo estaban pasado bien.

—No, simplemente somos dos personas sanas disfrutando el uno del otro, Em, pasa lo que tenía que pasar.

—Está bien Edward, como siempre ¿no?—Edward asintió. Él mismo le había dejado claro a  Bella que era sexo sin más, y no iba a ser él que se pusiera a darle más vueltas al asunto.

—Hola chicos. —Bella carraspeó al llegar, no pudo evitar escuchar exactamente las dos últimas frases.

Estaba claro que así era, aunque entre ellos no lo hubieran vuelto a mencionar. Pero escuchar a Edward decirlo, lo hizo obvio del todo, no era más que la confirmación de que no podía ni había nada más que disfrute y divertimento.

—Hola Bells. —De repente Edward se sintió incómodo, ¿sería posible que la hubiera escuchado?—¿Qué tal el agua?

—La temperatura es perfecta. —Le costó mirarle a los ojos, pero no podía flaquear, ella era fuerte.

—Quizá después de comer me dé un baño. —Dijo Edward tratando de mantener la conversación.

Em se quedó mirando a la pareja, hizo un imperceptible gesto de negación y miró hacia la playa.

—¿Y Rose?

—Vendrá en seguida, se quedó un rato más. ¿Cuánto tardan en traer la comida?— La tensión en el ambiente era palpable y absurda.

—Unos quince minutos, voy a bañarme con Rose, me da tiempo. —Se levantó y agradeció que su chica estuviera en el agua, esos dos estaban raros y a él no le apetecía ser el espectador de otro enredo entre ellos.

—¿Todo bien?—Edward preguntó dudoso.

El tonteo de las últimas horas ya no estaba ahí. Los dos habían perdido la espontaneidad, y ambos lo notaron. Pensaron que de nuevo en la intimidad, recuperarían el estado anterior, pero no les convenció del todo.

Bella se preguntó porqué le había tenido que escuchar, y  por qué esas palabras le hicieron mella. Edward pensaba en que no debería haber hablado más de la cuenta con Emmet, sintió que se había hecho el gallito sin necesidad, y se maldijo por la mala suerte de que Bella estuviera justo detrás en ese momento.

Se dio cuenta que no podía discernir, ni lo que pensaba, ni lo que creía, ni lo que sentía. Otra vez ese desasosiego, como cuando ella se resistía en palabras a sus encantos, y en actos se derretía ante él. Otra vez agobiado.

—Todo bien. —Bella le sonrió haciendo ver que todo estaba igual.

A los pocos segundos el teléfono de Edward comenzó a sonar. Miró la pantalla y se percató que no conocía el teléfono desde el que le llamaban. Frunció el ceño y descolgó.

—Dígame. —Su voz profunda y varonil retumbó en el interior de Bella. —¡Ah!, Jasper… si, aquí está… no, no te tenía registrado… ya…te la paso.

Bella se quedó extrañada, algo grave tenía que pasar para tratar de localizarla a toda costa a través del móvil de Edward.

—¿Jasper?—Bella estaba extrañada.

—Hola Bells, tenemos que mirar que compañía tiene este tipo porque es el único con el que he podido contactar.

—Sí, ya veo… ¿pasa algo?—Le dijo con urgencia. Edward se quedó mirando los gestos de Bella, también se había quedado preocupado.

—Bien…si, si no, no te llamaría, pero no es nada grave, ni del hotel…directamente. —Le sentía dudoso y eso no la calmó en absoluto.

—Jasper por favor.

—Hay…hay una chica aquí que pregunta por ti…

—¿Y?—Había mucha gente que preguntaba por ella.

—Si…dice ser Susan…—Bella pensó en ese nombre, no le sonaba, no como alguien cercana, miró a Edward un segundo, su gesto era de duda. Escuchó como Jazz tapaba el auricular para hablar con alguien.

—No se Jazz… ¿Qué quiere?…no te entiendo.

—A ver…perdona Bells, seré conciso. —Bella aguantó la respiración y la expulsó despacio.

—Dispara, no te entiendo.

—Dice ser Susan Swan…— Bella se quedó un segundo en shock.

—Susan Swan…

Edward le miró extrañado, ella estaba con la vista en el horizonte. Había hablado con ella de su familia, y le había quedado claro que no tenía hermanos, al menos que conociera, ¿una tía?

—Creo que lo mejor es que vengas, se que estás trabajando también, pero es que solo quiere hablar contigo.

—¿Pero no te ha dicho nada?, ni que quiere, ni porque me viene a buscar…

—Solo dice que hasta que no te vea no hablara con nadie que no seas tú.

—Y…—Sintió el corazón acelerarse al pensar en la próxima respuesta a su pregunta. —¿Quién dice ser?…¿Es hermana de mi padre o algo así?

—No dice quien es Bella, solo va a hablar contigo. —La voz de Jazz denotaba preocupación y Bella empezó a ponerse nerviosa en serio. —Pero creo que eso no es muy posible, es más joven que tú.

—Vale, llegaré cuanto antes, trataré de arreglar esto y en cuanto pueda me presento allí…dale…alojamiento ¿no?— No sabía cómo actuar, solo tenía claro que al ser familia de su padre tenía que ser cortés con ella.

—Vale Bells, le informaré.

—Por lo demás… ¿todo bien?

—Todo bien. — Jasper dejó escapar un suspiro, esto había sido una sorpresa muy extraña.

—Espera, espera—Rose le miraba como si le hubiera salido un tercer ojo. —¿Swan?, pero Bella…

—Lo sé Rose, mi padre no tenía más familia, o por lo menos eso parecía…quien sabe…una hija…—Bella se encogió de hombros. —En cierta manera es algo que nunca había descartado, pero no entiendo a qué viene tanta impaciencia y secretismo.

—Voy contigo. —Rose no se lo pensó ni un segundo, iba a estar junto a su amiga en ese momento fuera lo que fuera.

—No Rose, no es necesario.

—Si Bella, lo es.

Los chicos se miraban entre ellos, Edward no salía de su asombro, se había complicado todo en unos minutos, y sin quitarse de la cabeza la sensación de desazón, pensaba en que la despedida definitiva con Bella estaba al caer, y todo con la tensión que se había generado entre ellos hacía un rato.

—Emmet, gracias por permitirme marchar, en serio, os dejaré la ruta para estos días que os quedan, lo más detallada posible, en realidad me siento fatal por dejaros así, pero es que…

—No Bella, no hay problema, no siempre hemos viajado con guía.

—Ya pero la revista, teníamos un contrato.

—No se enterará  de esto.

—Gracias Em.

Bella miró a Edward de soslayo, sabía que no se volverían a ver, se dijo a si misma que esto solo era algo que formaba parte de lo que habían hecho, daba igual la despedida dentro de unos días que ahora. Si todo hubiera seguido su curso, habrían disfrutado un poco más de la compañía, pero nada que fuera a llegar más lejos. Y entonces pensado en eso, su estómago se cerró del todo, se  le había pasado el apetito.

Durante la comida Bella se dedicó a realizar la ruta para los días que les quedaban para terminar el reportaje, era una forma de comer poco, y de no prestar atención a las miradas que Edward le dedicaba, tratando de no ser muy obvio.

Mientras, Rose y Emmet se fueron a pasear por la orilla, para despedirse. Hacían sus planes para verse.

—Bien, entonces hasta aquí llegamos. —Dijo Bella en un arranque de valentía para romper el hielo.

—Sí, ha estado bien. — Edward miró hacia el mar  y se acomodó en el respaldo de su silla.

—Hemos disfrutado. —Sonrió acordándose de los días anteriores, parecían semanas, mas bien.

—Poco…han sido más días discutiendo, pero bueno…ha estado bien.

La conversación poco fluida y estúpida por encima de todo, enrarecía el ambiente todavía más de lo que ya estaba.

—Nos veremos algún día. —Dijo Edward.

—Puede, si ellos—Dijo señalando a la pareja que paseaba abrazada—siguen, es posible.

—Quizá en Nueva York.

—No he vuelto desde que vine.

—Lo sé. Pero algún día, para entender de nuevo porque estás aquí. —Edward trató de poner un poco de humor.

—Sí, para eso si, para estresarme y desear salir corriendo, quizá tengas razón. —Y lo consiguió, Bella se sonrió y le miró a los ojos. —A lo mejor algún día necesitas desconectar y te apetece volver por aquí…—Se atrevió. — O  por trabajo, aunque claro, hay muchas playas paradisiacas, y no todas están tan lejos. —Sintió el calor en las mejillas y se arrepintió de decirle aquello, ¿por qué iba a querer volver si ya lo ha conocido? La inseguridad apareció de nuevo, y se sintió infantil.

—Y darme cuenta que se puede vivir mejor en un lugar así. —Dijo Edward  casi sin pensarlo, solo imaginándose levantándose con ella en la habitación de su hotel, todas las mañanas.

—Sabes que cuando quieras, y si yo no estoy por alguna remota ocasión, Jasper estará encantado de atenderte. —Edward agitó su cabeza ligeramente y frunció el ceño un segundo.

—Sí, es posible.

Llegaron en una hora al lugar donde habían alquilado las motos, al fin y al cabo, habían estado en los alrededores y la distancia no había sido mucha.

Esta vez Edward condujo la moto y Bella se abrazó a él. Le sintió por encima de su ropa, se despidió mentalmente de su calor, de sus roces, de sus besos interminables, de su forma de salvarla de las bromas de Rose, de su taimada sonrisa, de su seguridad, y la que a ella le daba estar a su lado, y mentalmente también le agradeció la intimidad de la que habían gozado.

Edward tenía una sensación extraña mientras ella se abrazaba a su cuerpo, le reconfortaba demasiado su cercanía. Estar cerca de ella le había mostrado que todavía había algo dentro de él que le hacía temblar, algo que pensó que nunca volvería a sentir, pero le pareció tan complicado todo. ¿Y si estaba confundido? ¿Y si en el fondo era un capricho? Bella era una gran mujer. ¿Quién no se sentiría abrumado después de conocerla a tan poca distancia?

Bella y Rose  cogerían el dalla—dalla para ir hasta Stone Town y de allí salir hacia Pemba. Rose y Emmet se fundían en un beso apasionado ante la mirada incómoda de Bella y Edward, que se dieron la vuelta para darles intimidad en un momento bastante tenso para ellos.

Edward le hizo un gesto a Bella y le abrió los brazos, ella sonriendo y agachando la cabeza se aproximó y sintió su abrazó traspasándole la piel. Se quedaron estáticos, escuchando sus respiraciones, ambos con los ojos cerrados, queriendo lo mismo, sintiendo lo mismo, y tratando de callar todo eso que pujaba por salir de ellos; una oportunidad de tener algo más.

Se despegaron y se miraron a los ojos, queriendo ocultar con un gesto tonto sus verdaderos sentimientos.

—Que tengáis buen viaje Bella…o…Isabella…—Rió Edward.

—Bella ya ¿no?—Él asintió sonriendo. —Disfrutad de lo que os queda de la isla, en serio, seguro que os gusta, quedan zonas muy bonitas, he apuntado en el trayecto las mejores vistas, tu controlarás las horas para sacar las fotos. —Le guiñó un ojo.

—Claro, yo soy el profesional. —Dijo con un tono grave. Rieron. —Pero las leyendas y explicaciones…—Le traspasó con el verde de sus ojos y ella pesó que perdería la respiración.

—Rose, el camión sale ya. —Ni siquiera sabía cómo cortar el momento que se estaba alargando haciendo la situación más difícil.

Esta se despidió de Edward, mientras Bella hacía lo propio con Emmet. La pareja se volvió a fundir en un beso, y Bella se acercó a Edward. Ambos morían por besarse de esa manera que les consumía, pero la tensión les provocaba no ser los de siempre,  ella cohibida le dio un beso rápido en la mejilla.

Edward se tensó con el gesto y sacó sus ganas en un arranque de desesperación final, la retuvo y posó sus labios sobre los de la estática chica ante su reacción. Él movía sus labios despacio sobre los de Bella, esta, sintiendo que podría ponerse a llorar en ese mismo instante, le siguió el ritmo, pero ante los sentimientos prestos por salir a flote, se apartó, depositó un pico rápido  en su boca,para volverse hacia el camión sin dejar que él le viera los titilantes ojos .

Entonces Edward decidió que Bella lo tenía más claro que él, y no podía permitirse el lujo de pensar en otra cosa que no fuera lo que ella le había demostrado, y él se había empeñado en dejar claro. Simplemente un buen rato. Disfrutar de la libertad sin ataduras. Sólo sexo.

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