Capítulo 36

12 Agosto

Bella POV

Llevaba una semana horrible, nunca pensé que lloraría tanto y tan seguido. Cada mañana me dolía el cuerpo de la noche casi en vela que pasaba. No podía quitarme la imagen de esa chica con tan solo la camisa de él puesta, en su casa. Y mi mente dibujaba imágenes de ambos besándose, así como me besaba a mí. Eso me destrozaba.

Había sido una idiota al pensar que él me prefería a mí en vez de a ella, era un mentiroso, todo lo que me dijo era mentira. ¿Cómo no iba a querer estar con ella si era una chica guapísima, que vivía en su misma ciudad y además trabajaba con él?

La única vez que Edward llamó a casa escuché a Charlie decir su nombre y me puse histérica, no quería escucharle, le grité que colgara, no volvió a llamar, dolió. Saber que estaba al otro lado del teléfono y que no escucharía su voz…que no volvería con él…pero las cosas eran así.

Él había elegido, y la afortunada entonces era Chloé. Me di cuenta que era una ilusa.

Con mis amigas me negué a hablar del tema, a pesar de que Rosalie, sobre todo, lo intentó sacar alguna vez.

En casa no dije nada, simplemente dejé de hablar de él, y si me preguntaban no contestaba, algo me decía que si mi madre se enteraba de lo ocurrido haría leña del árbol caído, y yo no estaba preparada para ello, seguía queriendo a Edward a pesar de todo.

Mi padre propuso que se viniera ese fin de semana que habíamos quedado, me negué en rotundo. Charlie estaba preocupado y trató de hablar conmigo, pero me cerré en banda, mamá le decía que me dejara, que mis razones tendría, a ella se le veía extrañamente feliz.

—Hola Bells, ¿Qué tal el trabajo?— Hablaba con las chicas por teléfono casi todos los días, sino era con una era con otra. Desde que pasó lo de…bueno lo que pasó, estaban muy pendientes de mí. En realidad ¿Cuándo no lo habían estado?

—Bien. —Contesté desganada, era imposible que cuando hablara con las chicas no, me acordara de ese día, dolía, pesaba. —Ya sabes me llevo bien con los bichitos.

—¿Sabes que tenemos que ir a comprar el vestido para la boda de Ang?—Le noté precavida en el tono.

—No sé si quiero ir Rose…—En realidad no quería ir.

—Bella…es Ángela, no puedes perderte su boda…

—Lo sé, pero…

—¿Edward?

—Sí, no quiero verlo, y menos con…—Un nudo se asentó en mi estómago de forma inmediata solo pensar verlos juntos, las lágrimas comenzaron a lubricar mis ojos, no quería llorar, y menos sabiendo que Reneé andaba por toda la casa pendiente.

—Bella…Edward no hizo nada, no pasó nada realmente, es difícil de explicar pero es cierto…

—No quiero hablar de eso Rose. —La ira sustituyó a todo lo demás. —No quiero saber nada, le odio, por mentiroso, le odio. —Bajé el tono, pero la rabia impregnaba cada palabra, y aunque expresaba odio la realidad era contraria, y eso dolía más.

—Bella, no te mintió…—Su tono era cauto.

—Vale Rose, no quiero hablar de eso, y no, no quiero ir a la boda. —Fui tajante.

—Cielo, Ángela desea que todas sus amigas estemos con ella en un día importante.

—Lo sé… —No estaría bien que no fuera, pero pensar en ello y saber que me lo encontraría me provocaba ansiedad.

—Creo que por ella deberías ir.

—Lo pensaré.

15 Agosto

Bella POV

Llevaba cinco minutos colgada del teléfono con Alice, me contaba cómo le iba en su trabajo, y los esfuerzos que tenía que hacer con la gente que se quería poner en forma. Me reía muchísimo con ella.

—Y bueno, todavía no tenemos vestido para la boda, y nos queda mes y medio,—el cambio repentino de tema me cortó la respiración, ni siquiera había decidido qué hacer— y ya me dirás tú que van a hacer la mejores amigas de la novia sin ser las más guapas de la fiesta, después de Ang, está claro,—era una metralleta hablando, como si no necesitara respirar,— pero bueno yo pienso que lo mejor sería ir a Nueva York, allí están los mejores sitios, eso ni se duda, además que el otro día vi un vestido que te iba a quedar precioso, aunque tú la verdad con poco estás guapísima. — Increíblemente paró para tomar a aire.

—Alice…yo…

—No me digas que no vas a ir, porque a la larga nunca te lo perdonarías Bella. —Me dio una razón. —Y Ángela tampoco, aunque tratara de comprenderte es un día que nos necesita cerca. —Y ahí estaba la segunda, y de más peso.

—Bien, pero…a Nueva York…Alice. —Rogué.

—Mira si te empeñas lo haremos en Boston, pero tienes que saber la diferencia, la exclusividad de la tiendas Neoyorkinas no la poseen las de Boston, tú verás.

—Ya pero…no quiero encontrarme con…

—Bella, voy a ser sincera, porque tú lo eres, siempre lo has sido. —Las sienes comenzaron a martillearme, algo me decía que lo siguiente era sobre él. —Primero que Nueva York es muy grande para coincidir los dos en un mismo sitio, y más si se trata de ir de tiendas , y segundo, entiendo que fue horrible lo que pasó, pero tienes que saber que él no hizo nada, deberías hablar con él y que te explique.

—No Alice, no quiero. —fue un hilo de voz, no entendía porque ellas me decían esto. —Ella…estaba en su casa…

—Lo sé, a veces las cosas no son lo que parecen, cuesta creerlo, pero si nosotras, tus amigas, que te queremos más que a él, por supuesto,—una sonrisa asomó tímida a mi cara,— le creemos, ¿por qué tú no lo haces? Ni siquiera le has dado la oportunidad de explicarse.

—Si es que después de lo que vi…la explicación…no sé… —Comencé a dudar, y a sentir de nuevo, como mi corazón seguía extrañándolo y queriéndolo, cómo quería creer esas palabras de Alice.

—Bueno Bells, primero lo que tenemos claro es que hay que comprar el vestido, y en Taunton no va a ser. — Alice rió con un gorgorito e hizo que yo desconectara de mis pensamientos.

—¿En Boston?—Pregunté tímidamente.

—Vaaale, en Boston. —Accedió en tono cansino.

19 Agosto

Bella POV

—¿Y estás nerviosa? Aunque aun quede tiempo…no sé, ese día va a ser especial. — Estaba sentada en el pasillo.

—Te mentiría si te dijera que no, algo que me calma es estar al lado de Jake, es mi sosiego. Si decido algo yo sola, y de repente me llaman con que hay que modificarlo por una cosa u otra me pongo histérica. —Una risa nerviosa atravesó la línea contagiándome de inmediato. —Pero en cuanto lo comento con Jake, lo hablamos, solucionamos y acto seguido me abraza…Bells, no necesito nada más, me da la sensación, que excepto nuestra unión, lo que rodea todo ello es superfluo.

—Qué bonito Ang, supongo que vincularos de esa manera el uno al otro tiene que ser la entrega más maravillosa en una pareja.

—Lo es…le quiero tanto…menos mal que el destino nos hizo encontrarnos de nuevo…—Su tono soñador cambió de repente. — Me quedan dos pruebas del vestido, y una de ellas es el treinta de Agosto…

—Tienes que estar tan guapa…—Me imaginé a Ang vestida de blanco, con su piel siempre bronceada, su pelo negro como el azabache, preciosa.

—Bells…habíamos pensado que ese fin de semana podríais veniros aquí, y así además de verme el vestido puesto, os compráis los vuestros. —El silencio quedó colgado en la línea.

No volví a hablar con las chicas del tema Edward, ellas no me lo sacaron, pero yo seguía dándole vueltas a lo que me dijeron en las otras conversaciones, sobre todo Alice. Si ellas le creían, ¿por qué yo no?

—Esto…Creo que habíamos quedado que sería Boston Ang. —Dije dudando.

—No me veréis el vestido, y a mí me encantaría compartir ese momento con vosotras. Sé que suena a chantaje emocional Bella, pero es que solo me lo ha visto Rose, mi madre y mi hermana no han podido venir a vérmelo, y me muero de ganas de tener vuestra opinión, la de Rose cuenta, y mucho, ya lo sabes, pero la vuestra sería importante para mí.

Me sentí fatal, hasta intuí sus pucheros. Ya bastaba de pensar solo en que no quería ver a Edward, Nueva York era enorme, no solo era él, además ya no estaba tan segura de no querer encontrármelo…

—No, claro, claro…iremos Ang.

—Genial Bella, te quedarás en mi casa, Alice irá a la de Rose. —Me dio la sensación de que esto estaba ya más que planeado.

Cuando papá vino de trabajar sobre las diez de la noche, mamá y yo estábamos preparadas para ir a cenar fuera. Charlie decía que hacía mucho que no salíamos a cenar por ahí, yo ni siquiera me acordaba de haberlo hecho alguna vez.

Llegamos a una terraza la cual a pesar de ser martes estaba llena de gente.

—Hace una noche muy agradable. —Mi madre estaba encantada, se le notaba a la legua.

Yo llevaba una chaqueta de punto sobre mi camiseta de tirantes, a pesar de ser agosto, el clima era húmedo en Taunton.

—Desde luego, y hay que aprovecharlas, que el verano se nos escapa de las manos. —Mi padre continuó la conversación poco trascendental del tiempo.

Nos dejaron las bebidas en la mesa tras habernos tomado nota de la cena.

—Tengo que deciros algo. —Me lancé, no se lo había dicho a mi madre mientras esperábamos a mi padre. Me había dado cuenta, que todo aquello que implicaran planes fuera de casa, era mejor plantearlo con Charlie delante.

Ambos me miraron, mamá comenzó a respirar de forma audible y eso a mí me puso nerviosa.

—Dinos hija. —Papá me miró comprensivo.

—Dentro de dos fines de semana me voy a Nueva York.

—¿Pero no que no querías volver a ver a Edward?—Reneé dejó escapar su pregunta con una voz de pito que se me clavó en el tímpano.

No entendía esa aversión por Edward, y eso que no sabía nada de lo que había pasado con esa…

—Reneé por favor. —Charlie le dirigió una rápida mirada de reproche.

—Es para comprar el vestido para la boda…

—¡Ah!, a ver si esta vez es la definitiva, porque parece ser que en Boston no había suficientes boutiques. —Reneé, inexplicablemente, continuaba utilizando su tono molesto. El recuerdo de ese fin de semana me pinchó en el pecho.

Empezaba a estar cansada de que se metiera en todo lo que hacía o quería hacer, solo estaba contenta cuando me quedaba en casa con ella, si hasta me había pedido que dejara la clínica.

—Así veremos a Ángela vestida de novia. —Mi tono era neutro, a pesar de que mi madre estaba despertando una enigmática ola de furia en mí.

—A mi me parece perfecto, la boda está al caer, tiene que tenerlo todo listo ¿verdad?—El intento de mi padre por cambiar de tema fue en vano.

—¿Dónde te quedas a dormir?, porque no creo que esté bien que lo hagas en casa de Ed…

—¡¡Vale mamá!!—No pude evitarlo. —No entiendo que tienes en su contra, pero yo en ningún momento he hablado de él, deja de sacarlo a relucir por favor. — Rogué en un tono imperativo.

—Bueno hija, no te pongas así…—bajó el tono. —Nos están mirando…

Encima ahora era ella la que me pedía que no gritara, estaba harta de que me tratara como una niña.

—Vale, pues aprovechando que no podemos gritar ninguna, te diré también que si quisiera quedarme en casa de Edward lo haría sin más. Así que deja de prohibirme cosas, deja de darme permisos y deja de tratarme como si fuera un bebé.

Mi madre hizo un exagerado gesto con la cara, como si la indignación se la fuera a tragar de golpe, y se llevó la mano a la boca mirando a mi padre.

—Charlie por favor, di algo. —Le exhortó.

—No Reneé, creo que ella lo ha dicho todo. —Charlie le miró apenado.

Yo sentía la tensión fluir por mi espalda, como si esta se fuera a romper, había perdido el apetito del todo, y algo me decía que el hecho de que Charlie le dijera eso, iba a desencadenar una bronca de órdago.

Esperé pacientemente a que Reneé se desatara, pero no pasó nada. El silenció se hizo presente hasta que trajeron la cena, y entonces Charlie inició una conversación intranscendente sobre un documental de monos babuinos que había visto en televisión, en seguida me uní a su charla y, con Reneé sumida en su enfado, estuvimos riéndonos de los robos que estos animales cometían en Ciudad del Cabo.

Era como si Charlie se mimetizara conmigo, todo lo que tenía que ver con animales a mi me fascinaba de tal manera que perdía el norte y a él parecía pasarle igual.

22 Agosto.

—Mamá por favor…—Rogué sentándome en la cocina mientras ella terminaba de servir la comida. — No puedes estar sin hablarnos.

Se volvió y me miró, no se le notaba enfadada, más bien triste. Dejó los platos en la mesa, mientras yo fui sacando los cubiertos del cajón.

—Venga, ya vale. —Los dejé en la mesa y la enfrenté sujetándola por el brazo, en el fondo me sentía culpable de que no nos hablara desde hacía tres días, si hubiera sido solo conmigo quizá lo habría tolerado, pero a Charlie ni siquiera le miraba, y eso si que me dolía, mi padre bebía los vientos por mi madre a pesar de que ella era especial.

—Yo solo quiero lo mejor para ti. —Su voz, sumida en un llanto descontrolado, hizo que me alarmara. Comenzó a temblar a la vez que trataba de secarse las lágrimas con las manos.

—Sí, lo sé, eres mi mamá. Claro que quieres lo mejor, pero a veces estás demasiado encima. A mí me gusta hacer cosas por mi cuenta, ahora puedo hacerlas. Tú me cuidaste mientras no podía, pero ahora estoy mejor y eso es bueno ¿no?—Me agaché para mirarle a los ojos. No me gustaba estar enfadada con Reneé.

—Lo sé dulce, lo sé. — Sorbió sus lágrimas, le sequé las que salían disparadas de sus ojos. —Me cuesta mucho sentir que te vas alejando, pensar que quizá te vayas un día, me consume hija.

—Pero antes vivía sola…

—Y me costó mucho que te fueras, eres mi única hija Bella. —Sus ojos vidriosos se clavaron en los míos.

—Ya, pero que yo haga cosas fuera de casa, con mis amigas, o que alguna vez me vaya a vivir a otro lado no significa que te deje de querer…

Se lo dije calmada, era bueno prepararla para si yo me fuera algún día, en su momento lo pensé, con Edward, ahora la situación era distinta, menos mal que no se lo dije a mamá. No sabía hasta que punto eso iba a afectar a Reneé, pero estaba claro que no llevaba bien que yo estuviera lejos.

—Cuando seas mamá lo entenderás.

—Sí pero… si no me permites irme de tu lado, vivir lo que me toca… nunca seré mamá…¿quién querría tener un hijo conmigo si sigo estando en casa de mis padres?, si ni siquiera puedo tener una relación así mama… —Nos quedamos mirándonos fijamente, por su rostro pasaron varios gestos, como si de repente lo que le había dicho, que no sabía muy bien por qué lo había hecho pero me parecía lógico pensar así, hubiera obrado un cambio en su forma de ver las cosas.

El silencio, esperando la reacción final de mamá, se hizo demasiado espeso.

Charlie entró en la cocina, mamá le miró de soslayo.

—¿Cómo están las dos mujeres de mi vida?—Papá no cesaba en sus intentos por mejorar las tensiones que se palpaban desde la bronca en el restaurante.

Mamá me sonrió y se levantó.

—Bien querido, estamos bien. —Y le dio un beso en los labios, dejando a Charlie sorprendido.

Papá me miró interrogante, y yo alcé las cejas sin comprender bien que había pasado.

Capítulo 37

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s