#14#

Bella estaba en la puerta de la habitación, dudando de si entrar o no. En el fondo le gustaba la idea de que Edward durmiera con ella, era absurdo, pero así lo pensaba. Por una parte le gustaría que nada más entrar él se abalanzara sobre ella sin dejarla pensar y terminar aquello que habían comenzado, claro , ella no tenía agallas suficientes, así, si se arrepentía, no tendría la culpa. Era una cobarde. Pero lo asumía, no solo eso, sino que también sabía que había sido ella la que había cortado cualquier tipo de posibilidad con Edward.

Entró, la habitación estaba vacía, las sábanas de la enorme cama se encontraban revueltas y la puerta del balcón abierta, la cortina se inflaba con el aire caliente que el atardecer ofrecía. Se sentó en la cama, rozó las sábanas. Una imagen de ella y Edward desordenándolas le vino a la mente, y suspiró.

—Que pronto, pensaba que cenaríais por ahí…es más, pensaba que rogarías a Rose para que Emmet viniera a dormir aquí. —La voz áspera de Edward le llegó clara, estaba enfadado con ella.

—No soy tan mala amiga…—No se volvió. Solo soy una estúpida, pensó. Edward se quedó en el quicio de la puerta del balcón.

—Ya…—Captó el tono de desprecio de su voz.

—Pensé que estarías con la francesa, esperaba dormir sola igualmente. —  No soportaba sentirle así.

—Encima celosa…—Una risa sonora inundó la habitación. —Eres un bicho bien raro…—Bella se levantó de la cama y le enfrentó, mal hecho, solo llevaba los pantalones vaqueros puestos, y el pelo mojado y revuelto, demasiado atractivo, ni siquiera esa palabra era adecuada para definirlo. — De todas maneras podría haber estado con ella, seguro que después de haber tenido una experiencia como la del taxi, ella sí que habría accedido a terminar lo que comienza, sin miedos.

—¿Me quieres decir que yo tengo miedo?—Claro que lo tenía, nunca  había sido una miedosa, pero los acontecimientos recientes le habían dotado de un miedo claro a avanzar en cuanto a las relaciones personales se trataba, lo que no entendía era por qué se empeñaba en no admitirlo.

—No sé cómo llamarlo, bicho raro te queda bien. — Le dijo quedamente. — Ya ni siquiera me apetece analizarlo.

Bella se sentía impotente, ella tampoco se entendía. Cobarde, cobarde, cobarde…se  repetía una y otra vez. Estaba deseando besar a ese hombre que tenía delante, y lo único que podía hacer era decir tonterías que no dejaban de ponerla en evidencia.

—Tenía pensado llamar al servicio de habitaciones para cenar, el restaurante está abarrotado. ¿Has cenado?—Le dijo ella tratando de sonar serena.

—Fuera hay cena de sobra, ha llegado hace unos minutos y es fría. —El tono de él también parecía diferente.

Cenaron en silencio. Bella era consciente de que se estaba comportando como una cría, pero no sabía cómo afrontar el tema.

—Solo queda  una cerveza en la nevera, si no te importa compartir. —Edward salió al balcón con ella en la mano.

—No me importa…—Bella la tomó y le dio un largo trago refrescándose y dándose ánimos para hablar. —Perdona. —Dejó la cerveza en la mesa.

—¿Por beber?—Le dijo acercándose el botellín a los labios. Ella se los quedó mirando y el deseo se apoderó de su mente. Respiró hondo.

—No…por mi comportamiento, debes de pensar que soy una niña caprichosa, un poco estúpida…

—Bipolar. —Dijo mirando hacia el horizonte mientras el sol se zambullía en el agua.

—Vale…—Sonrió. —Puede que eso también.

—No entiendo Bella, ambos queríamos que pasara…

—Lo sé…es…me dio vergüenza salir de esa burbuja, me sentí…sucia…utilizada.

—Espero que no sea por mí. —Le dijo dándose la vuelta y abriendo los ojos de par en par. —Creo que soy claro, creo que lo he sido, estábamos disfrutando el uno del otro. Es sexo, entre dos personas que se atraen, que se gustan, ya está. —Bella se quedó mirando el coletero de abalorios que tenía en su muñeca, y se preguntó por un instante porqué lo seguía llevando, y porque  a veces la tocaba sin pensar, no era nada del otro mundo, y ni siquiera le pegaba.

—Ya…la idea me seduce, pero la realidad es otra…

—Mira, creo que soy bastante estúpido por hacer lo que voy  a hacer, esto es como pegarse contra la pared. —Se alborotó el pelo y volvió a beber de la cerveza.

—Te la vas a terminar y estábamos compartiendo. —Le dijo Bella en tono jocoso, tratando de suavizar un poco la tensión.

—Perdona, toma…—Se puso en frente de ella, apoyado en la baranda del balcón. — Me gustas, me apetece acostarme contigo, y creo que el hecho de que estemos aquí sin discutir, hablado de lo ocurrido…

—Y que tú no te hayas ido con la francesa…—Dijo Bella sonriendo.

—Bien, —sonrió zalamero. —Funcionó entonces…

—¿A qué te refieres?

—Te picaste un poquito cuando estuve jugando con ella. —Bella levantó una ceja. — Es obvio.

—Sí, pensar que hacía una hora estábamos como estábamos. —Se ruborizó y el tuvo tentaciones de tocarle la mejilla, se contuvo. — Y que en ese momento no hacías más que tontear con ella…me cabreó…solo certificó lo que pensaba…

—¿Y qué pensabas?

—Pues que eres así, que incluso si nos hubiéramos acostado, estarías haciendo lo que hiciste.

—¿Crees que soy un monstruo o algo parecido?

—Creo que eres un depredador, un golfo, un vividor…un ligón.

—Quizá tengas razón pero nunca sabrás como hubiera actuado si tú y yo…—bajó el tono de voz.

—Nunca lo sabré. — Edward se puso en cuclillas y su cara quedó a la altura de la de Bella que estaba abrazando sus rodillas, sentada en un sillón de rafia.

—Pero si quieres puedes comprobar cómo me comportaré mañana…—Bella sintió el calor recorrer su cuerpo. —Si quieres podemos aclarar términos…dime Bella… ¿quieres?, porque yo estoy deseando tenerte entre esas sábanas. — No sabía hasta que punto deseaba a aquella mujer, hasta que comenzó  a decirle a las claras lo que él quería.

—Y mañana…

—¿Quieres volver a ser perro—Bella, Edward —gato?—Le dijo sonriendo. —Podemos ser amigos para empezar.

—Para empezar…—Oh Dios mío, Bella casi temblaba por la situación, se sentía excitada. Le tenía enfrente, solo debía dejarse caer sobre él y lo que había anhelado secretamente todo el día lo conseguiría.

—Y sin bloqueos mentales…—Le susurró acercándose a su cara.

—Solo disfrutar…—Le dijo en otro susurro. Su aliento le llegó y Edward acortó la distancia.

Bella bajó las piernas y le dio más espacio para acceder a su cuerpo sin dificultad. La sensación de ralentización era patente, estaban a milímetros de distancia, seguían con los ojos abiertos, las respiraciones se intensificaron.

Edward necesitaba no sentir que estaba haciéndolo todo él, no después del comportamiento de ella, quería que se lanzara, y solo estaba esperando que se acercara a sus labios.

—No vas a besarme…—El susurro de Bella sacó  a Edward de su ensimismamiento y no pudo evitar una risa fluida.

—Espero a que tú lo hagas…

—Pensaba que estabas esperando a que te suplicara…haciendo gala de lo que me dijiste la ultima vez…—La cercanía hacía que el aliento de ella le hiciera mella como un afrodisiaco.

—Todavía no hemos llegado a ese punto Bella…—Él sonrió y se acercó un poco más, con un ligero movimiento de cualquiera de los dos sus labios entrarían en contacto.

—¿Ah no?—Siguió susurrando.

—Bueno…realmente no lo sé, si no doy el paso ¿me rogarás?—Curvó una de sus comisuras, su mirada ladina tenía a Bella al borde del colapso interno, pasó saliva con dificultad y él apreció el gesto. — Vaya…si estamos en ese punto…

—No, no lo estamos, antes de rogar me arriesgaré a empezar yo…

—Entonces ¿a qué estás esperando?—Aunque no quiso la desesperación se filtró en la pregunta y ella rió.

—A que me supliques tú…—Ese toma y daca estaba encendiendo a Edward y frustrándolo a partes iguales, no esperaba que ella jugara tanto.

—Yo no estoy en ese punto todavía. —Con un movimiento rozó los labios de Bella, y observó con regocijo cómo ella se acercaba como si estuvieran imantados. — Pero por mala…te haré llegar a ese momento…—Se separó de ella muy poco para rozar con la punta de la lengua el labio inferior de Bella, delineárselo de una forma exquisitamente lenta, ella no pudo evitar un gemido, algo que él sí que logró, sentir sus labios suaves le provocaba. — Estas deseando besarme, pero eres cabezona. —Bella entreabrió los labios y Edward aprovechó para mordisquearle un poquito, siempre volviendo a la distancia mínima anterior, Bella soltó una bocanada de aire y se lamió la zona con la que  él había estado jugando. —Comenzamos…

Edward la atrajo con sus manos por las caderas mientras le besaba con hambre, deleitándose en su sabor y en su contacto. Bella sintió un mareo placentero ante la incursión de su lengua y con sus manos  sujetó su nuca para hacer el beso más profundo. Edward la pegó a su pecho rodeándole la espalda con sus brazos con sus manos ya instaladas bajo su blusa y Bella sintió cómo se mojaba cuando todo su cuerpo entró en contacto con el abdomen desnudo de él.

Las manos de ambos volaban por sus pieles como si ninguno quisiera dejarse nada por tocar, Bella sentía sus marcados músculos bajo las yemas de sus dedos y se deleito en su dureza, Edward acunó en sus manos la redondez de sus pechos y contuvo el aire.

Las respiraciones eran entrecortadas cuando terminaron el beso. Edward recorrió su mentón besándola y lamiéndola mientras ella dejaba caer la cabeza abandonada otra vez a esa sensación tan familiar cada vez que estaba junto  a ese hombre.

Bella no supo en qué momento había dejado de estar en el balcón, pero de repente se encontró sobre la cama, con él besando su pecho, mientras desabrochaba los botones. Gimió fuerte cuando la boca de Edward succionó un pezón y sin darse cuenta impulsó sus caderas para aumentar el contacto con su cuerpo. Él se sintió duro, estaba gozando  encendiéndola, pero estaba muy excitado, y no sabía cuánto tardaría en no poder esperar, sentía las uñas de Bella arañar su espalda y sus dedos tirando levemente del pelo mientras se estremecía bajo sus caricias, y quería prolongarlo, pero no podía, los jadeos de ella le abrasaban.

Sin pensárselo más bajó una de sus manos a la entrepierna rozando su abdomen y deslizándose entre el pantalón y su piel, para luego adentrarse suavemente entre sus bragas y su humedad, ahora le tocó el turno de gemir a él, estaba preparada.

—Estás jodidamente empapada…—Le dijo mirándola a su arrebolada cara, ella hizo una o perfecta con sus labios, ¿avergonzada?, quizá un poco,  pero sobre todo excitada.

—Quítame los pantalones…—Le ordenó. Y él obedeció, pensó en responder, estaba tan caliente que solo pensaba en entrar en ella, sin bromas, sin juegos.

Le quitó los pantalones, arrastrando con ellos las bragas, y antes de que a ella le diera tiempo a reaccionar él estaba desnudo sobre su cuerpo. Le volvió a besar en la boca, con muchas ganas, y ella le correspondió, esta vez la mano de Bella se coló entre sus cuerpos, y encontró lo que buscaba, el miembro erecto de Edward aprisionado contra su abdomen. Él se ahuecó al sentirla, y le dio vía libre para su movimiento, cuando le abrazó con los dedos su excitación, Edward sintió que estaba llegando demasiado rápido a su culmen, y no quería, ¿tanto se había contenido estos días que iba a quedar como un adolescente?, si esa misma tarde se había corrido una vez tocándola prácticamente, ¡¡solo tocándola!! Y otra vez estaba que no podía.

Se separó de ella y Bella se le quedó mirando extrañada.

—Me encanta lo que me haces, pero…—jadeaba.

—Me vas a suplicar, por incitador. —Una mirada maligna y pícara cruzó la cara de ella y Edward se sorprendió.

En un movimiento que  él no esperaba, se colocó a horcajadas sobre su cuerpo, apoyando las manos ambos lados de la cara del atractivo chico que le miraba tremendamente caliente. Dejó que su pelo cayera a un lado, le lamió los labios en un movimiento rápido, y sin perder el ritmo  comenzó a besar su cuello mientras con su húmedo centro rozaba su erección.

Bella tampoco quería tentarse, estaba al límite, no entendía cómo era posible  después de lo de esa tarde. Descendió besando su pecho, dio un pequeño mordisco en un pezón. Edward sentía la adrenalina correr por su cuerpo, era mucho mejor de lo que imaginaba, tomaba las riendas por su cuenta, y qué manera de hacerlo.

—Bella…—Sonó como un  jadeo, Bella lo disfrutó.

—Muy bien señor Cullen, afamado fotógrafo…—Se incorporó sobre él y retrocedió sobre su cuerpo, colocándose a la altura de las rodillas. —Va a rogarme. — Y tras mirarle a los ojos cogió su miembro entre las manos y comenzó a masturbarlo lentamente, el abdomen de Edward se tensó, y ella aprovechó que cerró los ojos y ladeó la cabeza para agacharse y lamer su punta con fruición. Edward abrió los ojos para mirar el espectáculo, sumamente erótico del que era protagonista, observó cómo Bella introducía su excitación en la boca y sintió sus dientes acariciarle suavemente.

No veía el momento de explotar, y así no quería, esto se había convertido en una batalla deliciosa, y él era más fuerte. Bella parecía disfrutar de lo que estaba haciendo así que en un momento él se incorporó y la alejó  de su actividad, sintiendo la pérdida de contacto.

—Estás siendo muy mala. —Le dijo Edward entrecerrando los ojos mientras la tumbaba sobre la cama. —Bella…Bella…—ella se mordió el labio cuando sintió la rodilla de él abrirle las piernas demasiado cerca de su zona ardiente, estaba convencida que hasta sus muslos estaban mojados. — Tengo más fuerza que tu…

Su tono era ronco, y sus ojos desprendían tanto fuego que ella podría haber ardido en ese instante. Sintió como sus muñecas eran apresadas por encima de su cabeza, y la sonrisa de Edward era cada vez más pícara. Mientras una mano le inmovilizaba la otra comenzó a bajar sinuosa por su cuerpo, rozando puntos que le sacudían. Y llegó, su mano separó sus pliegues, sus yemas pasearon de nuevo por su clítoris, por su entrada, y ella gemía sin abrir la boca, él se burlaba con la parsimonia de sus movimientos.

—Te gusta…estás muy mojada…— Él tenía su boca pegada a su oído, y sus susurros solo la catapultaban a ir más allá. —Y si hago esto…— Lentamente uno  de sus dedos se abrió paso en su resbaladiza cavidad, y Bella se sentía en las puertas del cielo.

Estaba disfrutando de una manera increíble de su toque, y no estaba segura si pedirle que aumentara el ritmo o que siguiera torturándole de esa manera que le estaba haciendo perder el norte.

—Tu…—Bella sabía que ella podría jugar, si su orgasmo no se adelantaba a sus planes. —tú también estás caliente Edward…cuando te he tocado, estas…—Aguantó la respiración, sus dedos la tenían al límite. —…tan duro…y tu punta en mis labios…mis dientes rozándote…—Hablaba y gemía. No era muy consciente de lo que decía, pero sabía que eso iba a hacer mella en su ¿contrincante?— Adoro sentirte tan duro en mi boca…

Inconscientemente sus caderas se movían contra la mano de Edward que mientras la miraba gozar, y aguantaba el efecto de sus palabras, introdujo otro dedo en su interior.

Edward notó un escalofrío, sabía que estaba cerca. Jugaba con parsimonia con sus dedos, mientras con el pulgar hacía círculos sobre su clítoris, presionando ligeramente, conteniéndose como nunca lo había hecho y sintió como ella presionaba con sus músculos  internos, iba a llegar a pesar de su contención.

—Lo dejaremos en tablas…—Necesitaba sentir cómo ella se corría.

—Perfecto. — Gimió. Ella necesitaba liberarse tanto como él, y era una locura alargarlo.

Se levantó, Bella se quedó aturdida, por un segundo pensó que le iba a dejar así.

—No pienses eso…—Le dijo en un tono bastante ronco. — Solo estoy protegiéndonos. —Y le guiñó un ojo mientras rodaba el preservativo por su miembro. — ¿Te imaginas que me diera por ponerme a pensar como tú?  — Sin darle tiempo a contestar, pero si a que  su cara hiciera una mueca de sorpresa, se tumbó sobre ella y sin apenas proponérselo entró, dejándolos  sin aliento, no había mucho tiempo, él sentía sus estrechas paredes presionando, deslizó su mano y acarició su clítoris mientras le embestía lentamente.

—¡Oh que rico!—Ella gimió, perdida en las gigantescas sensaciones de placer que recorrían su cuerpo y su alma.

—Si preciosa…Te siento tan bien…— Le miró a los ojos y ambos se perdieron en ellos, tratando de no cerrarlos, a pesar de que el abandono en esos momentos era algo inmediato.

Él aumentó el ritmo y las piernas de Bella abrazaron las caderas de Edward, sabía que no necesitaba más. La cavidad de ella comenzó a estrecharse contra el duro miembro de él, ambos contuvieron el aire, él sintió con una última entrada que estaba alcanzando el clímax.

—Oh… ¡Bella!… —él gritó mientras los espasmos de de Bella le provocaban el orgasmo más intenso que había sentido hasta ahora.

—¡Edward!. — Ella gimió su nombre como si finalizara la repetición del mantra del placer, sintió convulsionar con él en su interior.

Los dos tuvieron la sensación de haber alcanzado un nivel superior

Ambos soltaron el aire, y quedaron jadeando, Edward descansó la cabeza sobre el hueco de su cuello y continuaron con un ligero movimiento en la parte inferior, disfrutando de los últimos coletazos que el orgasmo bestial les había entregado.

Bella enredó las manos en su pelo, acariciándole, con una enorme sonrisa en los labios, los ojos cerrados y la sensación de su miembro todavía palpitando en su interior.

Él no quería moverse, no quería salir de allí. Normalmente había gozado de muy buen sexo, pero esto había superado con creces cualquier expectativa.

Bella nunca se había sentido tan arriba, quizá fue esa lucha absurda que se traían entre manos, quizá la contención, o quizá ese hombre experto sobre su cuerpo que parecía conocer cada punto débil de su placer, pero le había parecido demasiado bueno para ser real.

Hacía calor, y Edward despegó su cuerpo de Bella para ir al baño a beber algo de agua. Cuando volvió a la cama la luz de la luna entraba por el balcón y  atravesaba la mosquitera que cubría la cama para iluminar la hermosa cara de su acompañante, tenía la boca entreabierta, y la respiración acompasada. Se movió y quedó tumbada sobre su espalda, la sábana se cruzó por su cuerpo y parte del pecho quedó a la vista, su mano derecha descansó cerca de su entrepierna, y algo parecido a un gemido abandonó su pecho, Edward sintió cómo su cuerpo reaccionaba ante la imagen tan erótica que tenía delante, debía de estar soñando, y se veía muy apetecible.

Edward ya estaba excitado y ni siquiera pensó en una reacción negativa por parte de ella. Tiró de la sábana y la dejó expuesta ante él, ella volvió a gemir en sueños, Dios mío, se encontraba muy caliente. Se puso sobre ella sin rozar su cuerpo, con la boca a la altura de sus labios comenzó a besarla, lamiéndolos despacio, disfrutando de los pequeños movimientos que ella hacía todavía dormida y correspondiendo a su beso.

—Edward…—Gimió, el sonrió triunfal, ella seguía dormida pero le llamaba a él.

—Bella…—le susurró, y siguió besándola mientras con su mano le iba  acariciando los pechos, de forma suave, deteniéndose en sus pezones que se pusieron erectos al roce. Él sentía su miembro crecer, endurecerse sin tregua, se le hacía la boca agua solo de sentir lo que tenía entre manos, se deleitó en sus caricias, quería que cuando estuviera despierta no hubiera vuelta atrás.

Siguió bajando acariciando alrededor de su ombligo, sentía como la respiración de Bella aumentaba, y todavía estaba dormida. Cuando llegó a su zona más sensible se dio cuenta de que ella estaba tan excitada como él, le habría encantado saber que soñaba, pero se conformo con hacer algo real.

Acarició sus labios con sus dedos, introdujo uno en ella suavemente, besó su cuello y llegó a su oreja, para lamerle el lóbulo. Continuó bajando por su cuerpo mientras le acariciaba de manera muy sutil, y despacio le separó las piernas, para besarle en su centro y lamerle de forma experta, entonces Bella se contrajo y  Edward notó un cambio en la respiración, ella se había despertado.

—Edward. —Su voz trémula entre la consciencia y la inconsciencia, destilaba deseo. Empujó su excitación contra la boca  que le estaba llevando a las puertas del infierno haciendo que Edward se aplicara más en su actividad, lamiéndola y tocándola, sintiendo cómo ella se mojaba cada vez más, los gemidos de ella le alentaban.

—¡Bésame Edward!—Pidió, —Ven aquí…. —Estaba completamente entregada.

Él, sin pensárselo se apoderó de su boca en un movimiento. Mientras seguía atormentando su clítoris con sus dedos.

—Estabas soñando niña mala…—Le susurró, cortando el beso. Ella solo asintió, acalorada, excitada hasta la médula, como una marioneta en sus manos.

—Entra en mí…—suplicó. Y ahí la tenía, rogando, él no iba a negárselo, ni tampoco a torturarla, la había llevado a tal extremo que era algo impensable.

Y la penetró, de una estocada, haciendo que los dos soltaran el aire de golpe. Entregándose al puro placer nocturno que había desembocado el sueño húmedo de Bella y las ganas de él de hacerla suya una y otra vez.

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