#49#

Edward tenía a Bella sobre la cama. Sujetaba su cara entre sus manos, besando sus labios con suavidad mientras los pulgares acariciaban sus mejillas. La lengua  de Bella, ansiosa, se introdujo en su boca pillando a Edward desprevenido, ya que quería hacerlo con calma. Ahogó un gemido en su boca. Profundizaron el beso y Bella sintió la dureza de su chico contra su cadera, el cual se frotaba una y otra vez sin contención.

Edward rompió el beso y se fue moviendo hacia su cuello mientras lamía su camino de una manera que para Bella era una tortura. Ella notaba que quería hacerlo despacio, deleitarse en cada porción de piel, pero el conocimiento sobre las horas de su hija le hizo apremiar.

Mientras Edward lamía el lóbulo de su oreja  y acariciaba su pezones con muchísima delicadeza, Bella, bajó su mano para colocarla sobre su cadera, y en un movimiento rápido sujetar su masculinidad, dura, la abrazó firmemente y escuchó el siseo de Edward en su oído. Sonrió ante su sonido.

—Tienes prisa ¿cierto?—Le dijo entre jadeo y jadeo.

—Aha. — Levantó las caderas para rozar con su centro el muslo de Edward. Sentía como este se contraía y pedía un poco de roce.

—De acuerdo pequeña. —Se posicionó de lado sobre su cuerpo y sin dejar de mirarla descendió con la mano por su abdomen, el cual ya estaba poco a poco recuperando la forma. Y acarició sus pliegues húmedos una vez que llegó a destino, haciendo que Bella se arqueara contra el toque sutil de su mano.

—Vamos Edward…. —suplicó ante la broma que sus dedos llevaban a cabo.

Estaba excitada desde el mismo momento en que le vio entrar a la cama, completamente desnudo, y se encendió sin remedio mientras hablaban de las cosas del día a día y él acariciaba su costado con las yemas de sus dedos. Eso significaba que para cuando él comenzó a besarla, Bella sentía que tenía una presa a punto de reventar entre sus piernas.

Bella apresó con fuerza su miembro y Edward embistió contra su mano. Entonces embargado por la excitación pasó sus dedos por dentro de su pliegues, de arriba abajo palpándolo todo y extendiendo sus flujos. Realizó unos cuantos círculos  sobre su clítoris y Bella quedó al borde del orgasmo, pero él, bromeando y queriéndola tener de esa manera por un rato introdujo sus dedos de un embiste.

—Te quiero a ti, dentro. —Suplicó Bella en un susurro sin perder de vista que Antía dormía a unos metros en su cuna.

—Mis dedos son parte de mi…—Bromeó en su oído.

—Vale…—Dijo temblando, y comenzó aplicarse como sabía en la masturbación de su chico, dejando que su dedo índice llegara a la zona entre su ano y sus testículos en su movimiento descendente y presionando esa parte. Edward quedó sin aliento y comprendió que su mujer también estaba jugando sucio.

—Bien…—Se posicionó sobre ella y le besó mientras sentía como su miembro quedaba entre los labios resbaladizos. Hizo un par de movimientos y sintió la punta posicionarse en su entrada.

—Oh si cielo…entra. —Dijo Bella respirando como podía.

Habían sido contadas las veces que pudieron disfrutar del sexo últimamente. No habían querido alejarse de su niña, y la lactancia era algo que no lo ponía tampoco muy fácil, siendo Antía como era, una tragona de cuidado. Por lo tanto, entre juegos durante el día, que se encendían sin querer, el cansancio que a veces acusaban, y el poco tiempo del que disponían, cuando llegaban a esta situación, explotaban.

Edward la embistió certero disfrutando de la presión sobre su miembro, pensando que se iba a correr como un adolescente, y Bella sintió tan llena de él que con solo removerse un poco notaba los escalofríos precedentes al orgasmo en su bajo vientre.

Parados y disfrutando del momento como estaban, Antía emitió un pequeño balbuceo quejido, dejándolos a ambos petrificados.

—No…—susurró Edward en el oído de Bella.

—¡Vamos!—Bella le apremió  en un murmullo urgente y moviéndose debajo de él, rezando para que solo fuera un mero ruidito en sueños.

Edward comenzó a moverse rápido en su interior, por lo menos terminar rápido. Pero Antía tenía otros planes, y comenzó a  emitir los sonidos previos al llanto, la niña tenía hambre.

—¿En serio ya le toca?— Edward continuaba moviéndose, pero se dio cuenta que esto ya no tenía sentido.

—Si…—Se pararon unidos todavía por su parte sur. Edward le besó la punta de la nariz, y con un dolor de bolas que no se creía, comenzó a reír en bajo mientras Antía comenzaba ahora sí, su llanto demandante. —Era por esto por lo que no podíamos estarnos a besitos y bromas. —Bella le sonrió, frustrada sexualmente en ese momento.

Edward salió de su interior y se sentó en el borde de la cama, el corazón todavía le latía desbocado. Se puso los bóxers que había en el suelo y miró a Bella haciéndole un gesto para que se quedara en la cama. Bella se posicionó contra el respaldo de la cama acomodándose entre las almohadas y al momento el papá, sin dejar de mirar a su pequeña, que traía entre sus brazos, se la depositó en el regazo a la madre, que desnuda, la acercó a su pecho.

—Ay…Antía. —Edward se tumbó al lado de Bella admirando cómo su hija mamaba ávida de su pecho. —Yo también quería mamar. —Bella rió suavemente mientras le miraba.

—Y yo…—Le devolvió guiñándole un ojo.

Edward tragó fuerte y se contrajo llevando su mano a su erección, que todavía no había desaparecido, porque esta estaba al margen de todo aquello de la paternidad, y sin cerebro ni corazón, no se daba cuenta que no era momento para su estado.

—No me digas eso…me avergüenza que esta siga tan dura mientras veo a mi niña comer.

—Así son las cosas. —Se resignó Bella.

Se quedaron mirándola mientras casi se les caía la baba, durante un rato hasta que Bella alzó a su niña para incorporarse y que soltara el aire contra su hombro.

—La verdad es que es todo un espectáculo veros. Es de las cosas más bonitas que mis retinas han captado. Tú, desnuda completamente, entre las sábanas revueltas e inmaculadas, tu pelo alborotado, tus mejillas rojas producto de lo que estábamos haciendo hace escasos minutos y Antía, solo con el pañal, agarrada a tu pecho divino…—Se mordió el labio envidiando a su hija.

—¡Edward!

—Sé que es un pecado capital, y más gordo si cabe, si contamos que es de  mi hija…pero uno no es de piedra.

Se levantó y Bella la puso en su otro pecho. Edward llegó hasta los pies de la cama con la cámara en su mano. La única luz que les iluminaba era la de las mesillas de noche, y era una iluminación perfecta para lo que quería captar. A Bella se le intuía desnuda desde su posición, la sábana estaba enredada entre sus piernas y miraba a su  hija con devoción, y Antía tenía la manita en el pecho, con los ojos abiertos como si no pudieran dejar de romper el contacto visual con su madre.

Alice y Bella paseaban por la playa al atardecer.

—Apenas se me nota comparado contigo. —Dijo Alice tocando se el abdomen.

—Es que Antía nació muy grande. —Acarició a la niña que llevaba en la tela anudada a su cuerpo, la cual  Kate le había regalado y era realmente práctica.

—¿Sabes?—Alice se sonrojó ligeramente cuando se dio cuenta que se pasaba el día pensando en el sexo que tendría con Jasper o en el que había tenido—Ahora entiendo vuestra obsesión por el sexo durante el embarazo. Por  momentos pensaba que teníais un problema…no se…que tú te habías vuelto ninfómana, o que Edward tenía algún problema de priapismo…—Bella se carcajeó al escuchar a Alice.

—¿En serio?—Se paró mientras las olas golpeaban sus tobillos en la orilla.

—Era increíble, no parabais. Pero claro…—Rodó los ojos y se sonrió de sus pecaminosos pensamientos.

—Todo lo contrario que ahora…es posible que me dé un tirón en el clítoris o algo. —Se rió ante su afirmación tan cierta.

—¿Antía no os deja?

—Anoche pensó que no era lo mejor, que sus padres tuvieran un desfogue intenso. ¿Verdad cielo?—Se estaba quedando dormida en la bolsa que formaba la tela y Bella acarició su moflete gordito.

—Sí, ya sabía yo que una vez que estuviera aquí, eso se acabaría. Eso me recuerda que yo he de aprovechar, tanto como vosotros.

Las dos rieron ante la conversación subida de tono y después caminaron un rato en silencio.

—Así que… ¿Viene la familia de Edward por fin?—Alice rompió el silencio.

—Sí, eso parece. En primavera no pudieron porque salió el juicio de James, y Kate quería estar en la ciudad, no sé, supongo que de alguna manera quería cerciorarse de que ese tipo pagaba por sus errores.

—No lo entiendo. —Negó Alice.

—Yo tampoco, pero no quiero indagar en ello, cada uno con su vida hace lo que quiere. Bueno, la semana que viene, se vienen a pasar el mes completo. Y Rose y Emmet se vienen en tres semanas.

—Sí, Rose me lo dijo, es genial, todos aquí de nuevo, como cuando llegamos. —Alice apretó los puños emocionada.

El embarazo la había relajado bastante, comparado con su energía anterior. Incluso ya no se metía con Jacob, el cual se había convertido, durante la temporada que Bella había estado fuera, en su mayor confidente.

Vieron de lejos como Jacob y Edward estaban en la terraza del restaurante, acababan de llegar de las clases de buceo.

—Por cierto Fátima está en el hotel Mashariki Palace.

—Vaya…—Bella se asombró.

—Sí, trabajar en este hotel da mucho caché.

—Fue una pena que se obsesionara tanto con Vasu, a mi no me parecía mala chica.

—Ya, a mi tampoco, pero fue el colmo cuando lo acorraló en el baño de hombres. El palo fue gordo para Jazz también que estaba dentro de uno de los sanitarios. Dice que no se lo podía creer. Se puso en plan loba y cuando salió del cubículo, tenía a Vasu acorralado contra el mármol del lavabo.

—Si, se le notaba que le gustaba, y que cuando comenzó con Jacob se decepcionó bastante pero para llegar  a eso…

—Fue un palo, en serio, pero la chica nueva es maja ¿no?

—Sí, desde luego, solo espero que a Fátima le vaya bien después de todo. —Comenzaron a caminar hacia el restaurante. Bella ansiaba estar con Edward, su trabajo no le permitía mucho tiempo libre, y más, porque quería compensar a Jacob por su ausencia durante los tres meses. Menos mal que estaba a punto de entrar Ben a trabajar con ellos, eso les daría más tiempo.

—Oye ¿es cierto que Emmet quiere alquilarse un barco unos días por aquí? Algo me dijo Rose, pero no sé si le entendí bien.

—Si. —Afirmó Bella abriéndolos ojos  en sorpresa. —Se ha sacado el título de patrón y todo eso, está realmente emocionado.

Como todas las noches los seis amigos se reunían alrededor de la mesa para disfrutar de la única comida al día que realizaban todos juntos. Era un momento en el cual compartían como una gran familia.

—Pásame la salsa Jake. — Alice extendió la mano por encima de la mesa sin llegar a su objetivo.

—Este año ha sido muy bueno para el hotel. —Jasper bebió un poco de vino blanco y miró en la dirección de Bella.

—Sí, he mirado en internet y tenemos las mejores valoraciones en cuanto a los Hoteles de la Isla, la gente se va encantada de aquí.

—De todas maneras creo que deberíamos tomarnos en serio eso de reformar unas cabañas para hacerlas superiores. —Respondió Jasper mientras pinchaba varias verduras de su plato.

—Cuanto antes. —Concordó Bella. —Además, Edward y yo hemos pensado, que…aprovechando eso de las reformas, deberíamos construir tres cabañas grandes, algo así como unos apartamentos.

—¿Tres?—Vasu se le quedó mirando extrañado.

—Tres. Respondió Edward. — Somos tres familias, y…pensamos que lo más correcto es que tengamos una especie de hogar. Vivir en el hotel, en habitaciones y en las cabañas, está bien, pero, creo que tendremos momentos en los que nos apetecerá estar más…en familia, me refiero, hacer cenas de este tipo pero en nuestra casa…por ejemplo—Pasó su brazo por la espalda de Bella y descansó su mano en la zona baja, haciendo que esta se regodeara en la sensación.

—¡¡Eso es ideal!—Alice les miró a todos con la cara iluminada. — Creo que es la mejor idea de todas. ¿Tendré que aprender a cocinar?—Miró a Jazz alertada y este le sonrió levantando las cejas ante la sorpresa.

—¿Intimidad en serio?—Jacob miró a Vasu y le dio una mirada pícara. — Podremos hacerlo en un salón Vasu…—Susurró, pero todos lo escucharon y contuvieron la risa rodando los ojos.

—¡¡Jake por favor!!— Edward le reprendió. — Hay señoras en la mesa, embarazadas y una niña pequeña. —Señaló a su hija que estaba dormida en una sillita sobre una de las sillas al lado de la mesa.

—Tú me parece a mí que estás en otra onda, ¿no? ¿Has escuchado a estas, —señaló a Bella y a Alice mientras a la vez se limpiaron con la servilleta ocultando su cara. — hablando del sexo que tienen con vosotros?—Inquirió levantando una ceja.

Jasper y Edward se volvieron hacia las chicas preguntando con la mirada.

—¿En serio?—Edward susurró a Bella que comenzaba a ponerse del color de las fresas tras su servilleta.

—No sabéis nada de ellas, son despiadadas hablando de sexo, más bien de vuestro sexo. —Jacob dio la puntilla remarcando la palabra vuestro.

—Eres un traidor. —Dijo Alice entre dientes mirándole con los ojos entrecerrados.

—Deberíais de tener más confianza entre vosotros. —Dijo Jacob muy tieso volviendo a su cena.

Bella comenzó a reírse tras su servilleta mientras Edward trataba de contener su sonrisa.

—¡Vamos! ¿Qué tiene de malo?—Miró a Ed. —¿Acaso entre vosotros no habláis del sexo que tenéis con nosotras?, ¿De cómo  lo hacemos o de cómo nos movemos?¿Del tamaño de…

—Para para Bells…—Jasper le miró de repente asustado. —No, no lo hacemos de esa manera.

—Bueno…no pasa nada porque nosotras seamos un poco más…crudas hablando de ello. —añadió Alice.

—¿En serio le has dicho a Bella el tamaño de mi…?—Jazz susurró al oído de Alice y esta parpadeó varias veces contestándole sin necesidad de palabras. —Dios mío…sois perversas…

Nadie había escuchado su pregunta, pero Edward se hizo una  idea de lo que hablaban y no pudo evitar hablar en alto hacia las dos mujeres de la mesa.

—Y luego dirán de los hombres, no quisiera estar presente en una de esas charlas. — Bebió de su copa y miró a Bella sonriendo, haciéndole saber que él realmente no estaba enfadado, cosa que ella agradeció.

—Pues no sabéis lo interesantes que son. —Apostillo Jake, sintiendo cómo Vasu le golpeaba la espinilla por debajo de la mesa.

—Eres un bocazas cielo. —Le reprendió con cariño.

—Pero ya lo sabes…no me des patadas. —Dijo meneando la mano con un ademán fluido.

—¿Delante de Jake?—Jasper preguntó riendo y mirando a Alice que se encogía en su silla.

—Es una más…—Susurró Alice, a la vez que se encogía de hombros, haciendo que todos estallaran en carcajadas.

Que Jake era el componente femenino de la pareja, no era ningún secreto.

Bella había terminado de alimentar a Antía y la colocó sobre el pecho de su padre que estaba tumbado en la cama, recostado sobre las almohadas. La acogió inspirando su dulce olor a bebé mientras se acurrucaba sobre él.

—Es tan bonita…—dijo en un susurro completamente feliz mientras Bella caminaba por la cabaña. —No sé si quiero que crezca Bells. —Le dijo en un arrebato cuando su mente le mandó imágenes de ella siendo mayor y los chicos acechándola. Pensó que padecería de úlcera cuando fuera mayor.

—Pues si se queda toda la vida así me quedaré seca. — Bromeó Bella apoyándose en uno de los postes de la cama y contemplándoles  a ambos. —Además de que no nos dejará tener sexo…

—Ya. —Edward recapacitó. —Con las ganas que te tengo. —Le miró de arriba abajo.

Llevaba un camisón blanco casi transparente, con el cuello y el escote abierto, pues la cuerdas que lo anudaban estaban deshechas tras el momento de lactancia de hacía unos minutos. Se le transparentaba el sujetador que tenía que llevar para evitar mojar la ropa. La túnica le llegaba hasta los pies y le daba un aire totalmente etéreo, con la melena hacia un lado cayéndole en una cascada de tirabuzones color chocolate.

— Estás preciosa Bells. —Ella le devolvió una sonrisa sincera y se acercó a ellos sentándose a su lado en la cama, pasó su mano por la espalda desnuda de Antía y besó a Edward en los labios.

—¿Te gustaría casarte conmigo Edward?—Bella lo soltó sin pensar.

Es decir, era algo que le había rondado de alguna manera por la cabeza. Era consciente que quería unirse a ese hombre, más de lo que ya lo estaba, y como si el momento lo pidiera, de una manera más que sencilla, las palabras brotaron solas.

Edward le miró sorprendido, el corazón se le aceleró de tal  manera que pensó que interrumpiría el sueño que su hija estaba empezando a coger.

—Bella…—Susurró sonriendo.

No se lo podía creer, lo había pensado miles de veces desde que estuvieron en Nueva York, nunca encontraba el momento indicado. No sabía si el hecho de que ya se vistiera una vez de blanco y le resultara tan traumático sería algo que haría que lo rechazara, y ahora se encontraba que Bella se lo había soltado a quemarropa.

—Quiero decir…—Comenzó Bella nerviosa de repente. —Si te apetece…yo…estoy bien…pero…

—Claro que quiero. —Se incorporó y acogió a su hija entre sus brazos, se aproximó a Bella y la atrajo con una mano agarrándola por el cuello para acercarla a su boca y besarla, despacio, para alejarse un milímetro de su boca. —Si quiero Bells. Nada me hace más feliz que pertenecernos también de esa manera.

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